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Revista de Folklore

LAS FORMAS E IMÁGENES DE LAS VELETAS

TEMPRANO PEÑIN, María Soledad

Revista número: 203     Año: 1997     Páginas en la revista: 147-153    

1. LAS FORMAS DE LAS VELETAS

Siempre cerca de las alturas, recortando sus siluetas en el cielo, las veletas rematan multitud de torres, espadañas o cumbreros de tejados. Catedrales, iglesias, ermitas, castillos y otras construcciones como ayuntamientos, palacios, casas particulares,... son el soporte sobre el que se asientan, ocupando siempre los lugares más altos y ofrecidas al libre impulso de los vientos.

La veleta es algo más que un instrumento meteorológico destinado a señalar la dirección del viento es también un adorno de los edificios y un soporte en el que se expresan simbolismos y motivaciones que se relacionan con el uso de esos edificios, la simbología cristiana o pagana, los lugares o los sentimientos del artista.

En esencia la veleta se compone de un eje vertical (que es el que une y sustenta al conjunto y al que van engarzados el resto de los elementos constitutivos) y, fundamentalmente, la parte móvil (que hace que la veleta responda a su función de girar con el viento); el resto de la veleta es casi accesorio y en realidad los otros componentes se aprovechan como adornos o como reflejo simbólico o señas de identidad.

Aunque es cierto que podrían señalarse una gran variedad de formas en las veletas, no es menos cierto que casi todas responden a un esquema de organización de las partes que no es más que una muestra de la petrificación a la que tantas veces se ha llegado en el arte y en la artesanía por el paso del tiempo y la repetición exhaustiva de las formas por los artistas y artesanos a lo largo de ese tiempo; lo que hace que se impongan de forma casi exclusiva determinadas soluciones para los «problemas» artísticos, como es el caso de las formas de las veletas. No por imposición, sino más acertadamente por una costumbre o tradición, de forma automática, las veletas se hacen de una manera a lo largo de los siglos en los que podemos rastrear su existencia. Quedan siempre ejemplos que se apartan del convencionalismo y de la norma, pero constituyen «excepciones» mínimas en su número, aunque tengan importancia precisamente por su originalidad.

El arranque del eje vertical de la veleta, insertado en la obra del edificio suele ser una esfera, bien de metal o de piedra, maciza en ocasiones, calada, cuando se trata de esferas metálicas en otras, a modo de los meridianos de la tierra. En otras ocasiones la esfera única es sustituida por una secuencia de varias bolas, en número máximo de cuatro, de diámetro semejante en algunos casos o, como ocurre más comunmente, de diámetro decreciente en sentido ascendente. Esta secuencia de esferas parece ser un préstamo de la arquitectura árabe, que remata los alminares y las cúpulas de sus mezquitas con el «yamur», compuesto de varias esferas de diámetros decrecientes colocadas unas sobre otras y que a la vez que adornaban el conjunto tenían la misión de defender la cúpula o la torre de los impactos de los rayos, de manera que las esferas de metal se fundían pero el resto de la obra no sufría. El mundo cristiano, en sus contactos con la cultura árabe tomó este elemento ornamental y lo adaptó para su uso en torres y tejados, en muchas ocasiones conjuntamente con la veleta como ocurre en el Alcázar de Segovia, en la iglesia de San Nicolás en Madrigal de las Altas Torres (Avila), en San Gregorio (Valladolid), en la Catedral de San Antolín en Palencia o en la Torre del Gallo de la Catedral Vieja de Salamanca, pero también se encuentra en ocasiones aislado como adorno en edificios.

A continuación de la esfera o esferas, caso de existir -pues puede ser que el eje arranque directamente-, se encuentra la parte móvil de la veleta; en la mayoría de los casos se trata de flechas con cola o banderola, la punta de la flecha indica la dirección de dónde proviene el viento, mientras que la cola, que ejerce de contrapeso para que la parte móvil gire correctamente se aprovecha para realizar en ella adornos calados (letras, fechas, escudos,...) o tomar formas muy variadas. Encontramos ejemplos además, de partes móviles constituidas por figuras de animales (gallos, caballos, unicornios,...) representaciones antropomorfas (ángeles, demonios,...) o, como caso curioso cabezas de animales fabulosos, simples banderas,...

Sobre la parte móvil, y rematando el conjunto, aparece casi siempre la cruz, tal vez el símbolo más conocido del cristianismo; aunque la cruz está presente en muchas de nuestras veletas, incluidas las de las construcciones no religiosas. El tamaño y la forma de esta parte de las veletas es muy variado y va desde las más sencillas, formadas por dos varillas cruzadas, hasta las más complicadas con multitud de adornos, tramas y calados, creados en hierro por la imaginación e inventiva del artista o artesano.

Podemos decir que las veletas que hay en muchas de nuestras iglesias, castillos, torres u otros edificios, responden, en su mayor parte, a un esquema que se repite una y otra vez, con variantes en las formas de sus diversos elementos, pero con una uniformidad que podemos definir como «clásica».

2. CINCO VELETAS DE SALAMANCA

Salamanca «Roma la Chica», es famosa por sus numerosas iglesias y edificios religiosos, incluidas dos catedrales, además de otros muchos monumentos construidos en su piedra dorada.

Rematando la mayor parte de esas construcciones, fundamentalmente las torres de catedrales y otros templos, encontraremos muchas veletas.

Como un componente arquitectónico más, su importancia es sólo relativa, pero su ubicación en lo más alto de los edificios hace que sean muy visibles aunque estén en algunos casos muy alejadas del suelo y sean por eso grandes desconocidas; esa situación privilegiada dota también a las veletas de un especial carácter simbólico, no en vano son ellas las que se hallan más cerca del cielo y dominan toda la construcción.

¿Cuantas veletas hay en una ciudad como Salamanca? Algunas decenas sin duda, pues sólo la Catedral Nueva tiene nueve ejemplares; muchas de esas veletas responden a un esquema que podemos denominar «clásico», y en el que se combinan diversas formas de flechas y cruces, asentadas en la mayoría de los casos sobre esferas que también presentan formas varias. Entre estas veletas de corte «clásico» se deben incluir las de la Catedral Nueva, la mayor de las cuales, sobre el gran campanario, es obra del rejero Juan de Salamanca(1) en el S. XVI; asimismo, son de ese mismo estilo las veletas de la Clerecía, de San Esteban, de la iglesia de La Purísima, Las Ursulas,...

Unas pocas, sin embargo, entre las veletas de Helmántica, son especiales porque escapan a lo antes definido y dibujan sobre el cielo de la ciudad figuras y siluetas de gran singularidad. Siguen siendo una parte arquitectónica del edificio y cumplen la función de señalar la dirección del viento dominante, pero en ellas hay un simbolismo y una belleza que las hacen diferenciarse del resto de sus compañeras.

Quizás la más emblemática de las veletas salmantinas sea la que se asienta sobre la cúpula de la torre de la Catedral Vieja, iniciada en los primeros años del siglo XII y que hoy está casi oculta, minimizada por el volumen de la Catedral Nueva que se edificó pegada a ella; esta torre se llama «Torre del Gallo» precisamente porque la figura que presenta su veleta es la de ese ave, y sólo resulta visible desde ese hermoso rincón que es el Patio Chico. Sobre tres bolas de diámetro casi similar, bolas que son una herencia de la arquitectura árabe, del yamur (2) -como quedó dicho- que remataba los alminares de las mezquitas y las cúpulas de sus construcciones, se sitúa el hoy casi destruido gallo, ejecutado toscamente en chapa; éste no es el ejemplar original, que se conserva en la capilla de Santa Catalina en la propia Catedral Vieja, sino que data del año 1927 en el que se restauró el edificio. Poco tiempo ha durado la nueva veleta, copia exacta de la anterior, pues le faltan trozos de las esferas y el cuerpo del gallo está muy dañado.

Nos parece mucho más artística la veleta que encontraremos en la Capilla de la Vera Cruz; originalmente del siglo XVI y reconstruida en el XVIII, es obra dirigida por Joaquín de Churriguera; la poca altura de esta iglesia y el hallarse cerca de un alto permite apreciar la belleza de este ejemplar que representa al arcángel San Miguel en actitud de atacar con una espada en su papel indudable de vencedor del mal (3). Se trata de una obra de Miguel Rodríguez realizada en el siglo XVIII. Su perfección deriva de que el autor, el citado Miguel Rodríguez, no es un maestro rejero dedicado al trabajo del hierro, sino un orfebre, que trabaja los metales nobles y que está acostumbrado a dar unos acabados más finos a sus obras.

La figura del arcángel está recogida en el momento de atacar con su espada al demonio; las alas extendidas, la cabeza cubierta por un yelmo empenachado, como un guerrero, porta una espada en su mano izquierda que con su filo curvado simula ser flamígera, de fuego, y en su derecha alza una cruz. Sobre la figura del ángel una cruz de brazos iguales en el centro de la cual, en un círculo, se pueden ver las iniciales M y A, correspondientes probablemente a Miguel Angel; una esfera calada sirve de base al conjunto.

San Marcos, iglesia que estaba en tiempo situada en la entrada norte de la población, la que aún se llama «La Puerta de Zamora», por ser el acceso desde la ciudad hermana, es uno de los pocos templos circulares del románico; su construcción se inició a finales del XII (año 1178) bajo los auspicios del conde Raimundo de Borgoña. Sobre su modesto campanario podemos observar la figura de un animal que, aunque en ocasiones se ha querido ver como un toro, es en realidad otro que no es nada propio de las tierras castellanas; un león.

La veleta de San Marcos se inicia con la tan común esfera, calada en esta ocasión, formada con pletinas de hierro que siguen la estructura de los meridianos terrestres y está atravesada por un eje al que se encuentra unida la figura del león y rematada por una cruz de brazos iguales y con diversos adornos. El animal está recostado en chapa, y parece tener la lengua fuera, lo que puede inducir a verlo como un toro al confundir esa lengua con un cuerno,... La iglesia está consagrada al evangelista (4) San Marcos y precisamente un león es el símbolo de éste, por lo que no es de extrañar que aparezca en la veleta de su capilla.

San Martín es una iglesia románica del siglo XII de la que apenas se pueden apreciar detalles de su estructura exterior, como no sean dos puertas y una artística ventana enrejada que da a la Plaza del Corrillo, y todo esto por hallarse adosada al lado norte de la Plaza Mayor por su parte exterior y rodeada de edificios que se apoyan en ella. Tres son las veletas de esa iglesia, dos de ellas con la clásica flecha que con variaciones vemos en tantos casos, pero la tercera veleta, la que se sitúa sobre el ábside casi oculto, tiene en su parte móvil la figura de un unicornio en actitud de salto; sobre una rosa de los vientos con la indicación de los cuatro puntos cardinales, la silueta recortada en chapa del unicornio se une al eje de la veleta; una cruz con adornos remata el conjunto.

El unicornio es un animal fabuloso, creado por los poetas desde antiguo, de figura de caballo, casi siempre en color blanco, y con un cuerno recto en mitad de la frente. Se cree que el mito se formó de la mezcla de tres factores: el rinoceronte, el colmillo del narval y las antiguas figuras que representaban los toros de perfil, con un solo cuerno. El por qué de la imagen de un animal mitológico de origen pagano en un templo cristiano deberíamos buscarlo en la asociación del fabuloso animal con la virginidad de María y la Encarnación de Cristo. El unicornio sólo podía ser capturado por una virgen, en cuyo pecho la fiera apoyaba su cabeza, lo que El Fisiólogo (5) considera como un símbolo de la Encarnación de Cristo.

Por último, haremos mención a una veleta especial cuya característica distintiva está en que es temporal, es decir, que sólo permanece un tiempo en las alturas girando al impulso del viento. Es «La Mariseca», actualmente compuesta por la silueta en chapa de un toro sujeta en lo alto de un mástil en el que además se sitúa la bandera del estado español. En la figura del toro, pintada en negro, se anotan con pintura blanca las fechas de inicio y final de las ferias de toros del mes de septiembre en Salamanca.

«La Mariseca» se coloca bien en la festividad de Santiago, el 25 de Julio, o como mucho en la Virgen de agosto (15 de este mes), en lo alto del Pabellón Real de la Plaza Mayor salmantina, obra de Andrés García de Quiñones en 1755 y que es el actual Ayuntamiento. Se tienen referencias de «La Mariseca», ya con ese nombre, desde las Ordenanzas compiladas en 1619 en las que se dice: «y otro toro se dé al que tuviese las medidas y cuidados de poner la mariseca y pintarla a 13 de agosto de 1.455». No se hace mención a su forma en aquél, si bien se sabe que antes de ser toro fue un simple rectángulo, y que con el nombre de Mariseca, parecido a los que en Castilla se asocian tanto a campanas como a mujeres tales como maripacha, maricastaña o marimenga, bien pudiera tratarse de un maniquí o monigote con figura humana, con figura de mujer en este caso.

Este breve recorrido por las veletas de Salamanca sólo nos ha acercado a unas pocas de las muchas que se recortan en su cielo; nos muestra, sin embargo, las más características y nos servirá de breve guía para acercarnos al conocimiento de estos interesantes elementos artísticos y arquitectónicos.

3. IMAGENES DE ANGELES Y DEMONIOS

Las veletas que coronan los edificios religiosos de nuestra tierra recurren muy a menudo a figuras de la iconografía cristiana que no sólo armonizan con el entorno de iglesias, catedrales o ermitas, sino que poseen una fuerte carga simbólica relacionada con la mitología de los valores cristianos.

Entre todos los elementos representativos de la cultura cristiana dos polos destacan como opuestos y como ejemplos del bien y del mal: los ángeles y los demonios; entre los primeros sobresale la figura del arcángel San Miguel (6), asociada a la lucha contra el demonio, al que vence y arroja a los abismos infernales.

Los ángeles (7) son seres intermedios entre Dios y los hombres; los teólogos han debatido extensamente y los han clasificado en ángeles buenos y ángeles malos (éstos últimos conducidos por Lucifer, el demonio, el ángel caido). Los ángeles principales son llamados arcángeles (8) y participan al lado de Dios en la lucha contra los ángeles malos.

San Miguel tiene una gran cantidad de templos dedicados en muchas localidades y pueblos, pues a su carácter de vencedor del Demonio se une el que se le haya atribuido especial protección contra el rayo.

La figura del demonio aparece casi siempre representada en el momento de su abatimiento y derrota por las fuerzas de los ángeles, aunque determinadas imágenes, frecuentes en algunas zonas castellanas pueden asimilarse a representaciones alegóricas de la bestia, el dragón o la serpiente, todas ellas variantes del diablo, pero su presencia en las veletas de los templos cristianos tiene sin duda una explicación más compleja y sólo pueden aventurarse hipótesis.

No resulta pues extraño que en las veletas de las iglesias y otros edificios religiosos aparezcan representaciones de ángeles y del diablo, ni tampoco que sea San Miguel el ángel más representado, por tratarse del vencedor de las fuerzas del mal encarnadas en Lucifer. La rica imaginación popular y sus artistas han creado productos sorprendentes, en muchas formas y variantes de estas imágenes en las veletas.

Podemos establecer una simple clasificación de las representaciones de ángeles y demonios en las veletas atendiendo al carácter de la representación, según sea más o menos elaborada la manera de representarlas.

Como ejemplos de aquellas con una elaboración más esmerada señalaremos las imágenes de ángeles que existen en la Catedral de Segovia y en la Capilla de la Vera Cruz en Salamanca. El ángel de la Catedral de Segovia es una figura de regular tamaño, asentada sobre una esfera metálica y su cuerpo constituye la parte móvil de la veleta; en posición de correr tiene las alas extendidas; lleva un casco emplumado o con penacho y toca una trompeta que sostiene en su mano derecha. La imagen de San Miguel de la Capilla de la Vera Cruz de Salamanca (fig. 6), es obra -como ya comentamos- del orfebre Miguel Rodríguez, quien nos lo presenta en ademán de volar, con las alas extendidas, sosteniendo una cruz en su mano derecha y una espada flamígera en la izquierda; está construida en chapa de hierro y también en este caso la imagen del ángel es ella misma la parte móvil de la veleta. Con bastante semejanza a estas imágenes, sobre todo a la de la Catedral de Segovia, encontramos la figura de un ángel tocando una trompeta en la iglesia de Molacillos (Zamora).

Otras dos representaciones de San Miguel de estructura bastante similar y que nos lo presentan como guerrero con armadura, las hallamos en la iglesia de San Miguel de Peñaranda de Bracamonte (Salamanca) y en la de los Santos Juanes de Nava del Rey (Valladolid). En el templo de Peñaranda, San Miguel ataca al demonio con su espada, con la particularidad de que el diablo está representado en forma de dragón alado y su larga cola forma la punta de la flecha que señala la dirección del viento. En Nava del Rey, San Miguel, con las alas abiertas y la espada en la mano, se apoya sobre la banderola de la veleta.

Como caso de representación ingenua y popular por excelencia de ángeles y demonios ninguna mejor que la que encontramos en la iglesia de San Miguel en Cuéllar (Segovia); en una de sus veletas, en la otra aparece la figura de un pavo, se aprecia la forma de lo que suponemos un ángel, en ademán de golpear con su espada al demonio que está a sus pies. El ángel carece de alas y lleva una especie de gorro frigio (9), mientras que al diablo se le reconoce por la presencia de cola. Todo el conjunto tiene, pese a su tosquedad, la belleza de las cosas populares. Una figura semejante a la de este peculiar ángel la encontramos en la veleta de la iglesia del pueblo de Pinarejos (Segovia), situado a pocos kilómetros de Cuéllar.

Señalaremos, por último, que en lugares como Manganeses de la Lampreana (Zamora), Tordesillas (Valladolid), Zamora capital y otros muchos, encontramos veletas en las que las banderolas están conformadas a modo de cabezas monstruosas, cosa que también podríamos asociar a la imagen de la bestia, del mal, pero su significado posiblemente sea más oscuro y difícil de desentrañar.

NOTAS

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(1) Juan de Salamanca: existen dos personajes con este nombre; probablemente padre e hijo, nombrados como "el joven" y "el viejo" respectivamente; ambos contrataron en 1576 la reja de la capilla del presidente en la Catedral Nueva. Uno de los dos o quizás ambos crearon la gran veleta de la catedral.

(2) El Yamur es en las mezquitas el talismán mágico que las protegía de los rayos; era de bronce y estaba formado por varias bolas; tres o cuatro. Este motivo puede apreciarse en muchos edificios como remate de cúpulas o torres.

(3) Miguel Arcángel: uno de los príncipes de los ángeles. Según la Biblia "En aquel tiempo surgirá Miguel, el gran Príncipe que defiende a los hijos de tu pueblo" (Daniel, 12, 1), o "Entonces se entabló una batalla en el cielo; Miguel y sus ángeles combatieron con la Serpiente" (Apocalipsis, 12, 7).

(4) La iconografía más usual representa a los evangelistas con los atributos del escritor y en compañía de los animales de la visión de Ezequiel en el Apocalipsis: un ángel con San Mateo, un buey con San Lucas, un León con San Marcos y un águila con San Juan.

(5) Fisiólogo: el más famoso de los Bestiarios, que eran libros medievales que tratan de animales, reales o imaginarios.

(6) "Miguel, uno de los Primeros Príncipes ha venido en mi ayuda" (Daniel, 10, 13). "En aquel tiempo surgirá Miguel, el gran Príncipe que defiende a los hijos de tu pueblo" (Daniel 12, 1). "Entonces se entabló una batalla en el cielo; Miguel y sus ángeles combatieron con la Serpiente" (Apocalipsis, 12, 7).

(7) Los ángeles (del griego aggelos, mensajero) es una noción que existe en el Judaísmo, el Cristianismo y el Islamismo.

(8) Los Arcángeles son seis: Gabriel, Miguel, Uriel, Rafael, Azrael y Ariel.

(9) Gorro frigio: tipo de gorro procedente de esa antigua cultura de asia y que se actualizó durante la Revolución francesa; se simboliza tocada con él a la libertad.