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Revista de Folklore

MURCIELAGOS: PRINCIPES DE LAS TINIEBLAS

CHARRO GORGOJO, Manuel Angel

Revista número: 220     Año: 1999     Páginas en la revista: 111-118    

"...y los murciélagos que nacían noche a noche, a cada puesta de sol, se han dormido para siempre como ensimismados faquires".

(C. J. Cela)

"Si dejaba dormir a la razón, caerían sobre él los sueños, sueños yermos, sueños llenos de monstruos con alas de murciélago y caras de gato”.

(Goya, L. Fenchtwanger)

El murciélago, con su aspecto de diminuto diablo vagabundo, es siempre un poco la huidiza representación del miedo. Su figura de máquina voladora del Renacimiento, su negro e impreciso color, su penetrante y agrio chillar e incluso su extraña forma de dormir, son elementos suficientes para que en su entorno se levantara la fábula del pavor y el artilugio del espanto.

Para la mayoría de las personas estos animales evocan historias de casas encantadas, cementerios y vampiros sedientos de sangre. Pero la verdad de estas historias son tan fascinantes como los mitos de los que se ven rodeados. Los murciélagos, lejos de ser los monstruos de las leyendas populares, tienen verdaderamente una importancia capital para la vida de nuestro planeta.

La general aversión que acompaña a estos animales ha de atribuirse a sus hábitos nocturnos, a su semejanza con los ratones, a su atemorizadora estructura facial, a la extraña conformación de sus extremidades o al ámbito siniestro de sus refugios. Su extravagante aspecto ha hecho que la imaginación popular los convierta en animales de mal agüero, compañeros inseparables de brujas y duendes.

SIMBOLISMO Y SUPERSTICION

El murciélago, por su condición de mamífero y volador, sirvió a Pedro para recrear la fábula en la que estaban los pájaros en guerra con los cuadrúpedos, con la explicación moralizante de que cualquiera que desea congraciarse con dos bandos contrarios, acabará por resultar ingrato a ambos. Alusiva a su carácter de mamífero, es la adivinanza que dice: "Estudiante que estudias filosofía, ¿cuál es el mamífero que vuela y cría?".

A este mamífero, por su similitud con el ratón, se le ha llamado ratón volador. En esta característica basa Esopo la fábula El murciélago y las comadrejas, en la que instruye sobre la necesidad de adaptarse a las circunstancias y cuya moraleja tiene un matiz político. San Isidoro dice que es un animal semejante al ratón, emite chillidos y por su aspecto externo es un ave y un cuadrúpedo al mismo tiempo.

En la antigüedad el murciélago era símbolo de vigilancia o alerta y se decía que su ojo protegía contra la somnolencia. En este sentido el mismo Alciato compara el murciélago con un discípulo de Sócrates que, por estudiar y trasnochar para sus estudios, llegó a perder el color y se puso macilento y amarillo. La lección que debemos extraer es que no se pueden realizar tareas sin un trabajo dedicado y constante. Según el Libro de las utilidades de los animales, cuando se pone la cabeza de este animal en una almohada bajo la cabeza de un hombre, éste ya no duerme.

Eliano recoge la creencia de que un simple toque de los murciélagos hace hueros e infecundos los huevos de las cigüeñas y para evitarlo llevan hojas de plátano a los nidos; así, cuando se acercan a ellos se quedan paralizados e imposibilitados de hacer ningún daño.

Para los griegos el murciélago era un animal híbrido, de aspecto siniestro y fantasmal. Fue considerado símbolo de inteligencia seguramente por su habilidad para volar por la noche sin tropezar con los obstáculos. Por su condición híbrida, descrita en los libros de Historia Natural, se le ha atribuido el simbolismo de la hipocresía. También contribuyó a este significado la fábula etiológica de Esopo titulada "El murciélago, la zarza y la gaviota".

Junto a las rapaces nocturnas se les ha bautizado como los señores de las tinieblas. En una de sus fábulas Esopo comenta que, como la lechuza y otras aves nocturnas, huye de la luz del día porque cometió un delito y desea ocultarse; en este caso simboliza a los que se esconden de los acreedores. Alciato, en su emblema LXII, dedicado al murciélago, que aparece al atardecer, sirve para designar a los hombres de mala fama, que no salen de casa ni a lugar público por temor a la justicia, a los filósofos que están ofuscados y sólo ven falsedades y a los astutos que hacen obscuros manejos y no tienen crédito en ninguna parte (Fig. 1). Según Marino Ferro en algunas obras de inspiración germánica es atributo de la envidia, pues lo mismo que el murciélago no vuela más que al caer la noche, los envidiosos trabajan en la sombra y no se muestran a plena luz. Piero Valero asocia la luz con la sabiduría, mientras que las tinieblas en las que realiza su actividad el murciélago, representan la ignorancia.

En muchos bestiarios medievales se afirma que allí donde los murciélagos se deciden por una estancia prolongada, se sujetan unos a otros y forman grandes racimos, una especie de recíproco servicio de amor como sólo raramente puede encontrarse en los humanos. Esta actitud elogiosa no logró imponerse en la creencia popular.

Una antigua superstición estaba arraigada en algunas comarcas rurales donde había la costumbre de clavar murciélagos en las puertas para la protección contra demonios nocturnos y maléficos. Gotas de sangre de murciélago bajo la almohada de una mujer le aseguraban la bendición de tener hijos. Se tenía al murciélago gran simpatía como remedio contra las plagas de hormigas, langostas y la mordedura de serpientes.

En occidente se le considera como una criatura siniestra que presuntamente se enreda en los cabellos de los seres humanos. En Soria, cuando entra un murciélago en una casa, creen que va a morir uno de la familia; si se posa sobre algún familiar, el muerto será él. En Cantabria se decía que eran criaturas sietemesinas de diablos que esperaban en el crepúsculo a las brujas para acompañarlas a Cernégula (Burgos) cuando estaban colgados de alguna viga. El odio del vulgo a estos animales se explica porque lo suponían una forma de transmutación de las brujas y sabían del uso que de ellas se hacía. Señalar que en la misma región, de esta criatura noctivaga, se recoge la curiosa adivinanza que indica la postura adoptada al cobijo de algún alero.

"Sin plumas vuela y cabeza abajo duerme".

Amades menciona la creencia de que cuando los murciélagos vuelan alejados de zonas pobladas, es señal de buen tiempo, puesto que, cuando la temperatura es baja, nunca se alejan de los núcleos de población. También se cree que cuando vuelan en abundancia y por la noche anuncian buen tiempo.

En muchos pueblos españoles, especialmente castellanos, tienen la costumbre supersticiosa de clavar detrás de la puerta un murciélago que haya entrado en la casa, porque se considera un amuleto de buena suerte.

En la fauna, hay animales para los que existe un nombre objetivo, pero a los que se les atribuyen características reales o imaginarias, muchas veces heredadas de supersticiones y miedos atávicos, que translucen creencias en los nombres que reciben. La expresividad maléfica del murciélago se manifiesta en la tradición de algunos lugares de la geografía gaditana con denominaciones como diablillo y pajarito del diablo. Sin embargo, en el folklore popular el nombre de murciélago es una denominación jocosa para personas trasnochadoras.

Los fenómenos celestes y las constelaciones ocupan un lugar selecto en los mitos etiológicos de América del Sur. Así, entre los bakairi es creencia muy difundida que los eclipses están causados por inmensos murciélagos que esconden el cielo con sus alas.

Para los indios zuni los murciélagos son anunciadores de la lluvia. En un mito de los indios chami, el héroe mítico Aribada mata el murciélago Inka, para apoderarse de su poder de adormecer a sus víctimas.

En la mitología Yanomami, Murciélago se desplazaba de un lugar a otro y resucitaba a los Yanomami que estaban muertos. Acudía junto a aquellos a los que afligía un duelo e incluso tenía el poder de hacer revivir a los niños cuyo cadáver ya olía mal. Cuando quería hacer recobrar la vida a un muerto, deslizaba los dedos a lo largo de las cuerdas de la hamaca donde yacía el difunto y suavemente le palpaba recobrando la vida.

Según Lévy-Straus, de forma general, los mitos asocian estos animales con la sangre y los orificios corporales. Así los Kogis de la sierra de Santa Marta (Colombia) conciben una asociación entre el murciélago y la sangre menstrual. ¿Te ha mordido el murciélago? se preguntan las mujeres para saber si una está indispuesta. Los jóvenes dicen de una muchacha núbil que ya es mujer, puesto que el murciélago la ha mordido. También en la mitología de los Kogis, el murciélago es el primer animal de la creación, producto del amor incestuoso entre el sol y su hijo.

En Tikopia (Polinesia) la gran mayoría de especies se asocian con seres sobrenaturales. Los indígenas cuentan que cuando un hombre sorprende a un murciélago que come frutos en su jardín o que roe una nuez de coco, si es una persona prudente, no busca matarlo, pero se contenta con hacerlo huir, rezándole bajo el nombre de Pu (antepasado), en el momento que alza el vuelo batiendo las alas, para ir a buscar su alimento a otra parte. Se trata con miramiento, por miedo de que no sea más que un atua (espíritu) disfrazado de animal, pues no le perdonará tratarlo brutalmente y se vengará volviendo continuamente a robar su fruta.

En África, según una tradición iniciática peúl, el murciélago reviste una doble significación. Por un lado es la imagen de la perspicacia ya que ve incluso en la obscuridad cuando todo el mundo está sumergido en la noche. Por el otro es la figura del enemigo de la luz, del extravagante que hace todo a contrapelo y que ve todo al revés como un hombre suspendido por los pies.

Cuenta Frazer que en algunas tribus de Victoria (Australia) el murciélago pertenece a los hombres, que le protegen de todo daño, aunque tengan que matar a la mitad de las mujeres para su seguridad. La celosa protección se basa en que el hombre cree que su propia vida, la de su padre, hermanos, hijos y demás parientes, está ligada con la de los murciélagos particulares y que, protegiendo la vida de este animal, protege la de todos sus parientes masculinos tanto como la suya propia.

Es posible que las grandes poblaciones de murciélagos inspirasen a nuestros antepasados a venerarlos como símbolos de fertilidad. Así, en Australia eran un tótem sexual para los aborígenes. En algunas zonas de México, las mujeres embarazadas continúan visitando las cuevas habitadas por los murciélagos portando ofrendas para pedir un parto fácil como el de estas criaturas.

HECHIZOS Y REMEDIOS MAGICOS

El médico Arnaldo de Vilanova escribió un tratado sobre los hechizos que ofrece numerosos remedios para la impotencia causada por la magia y señala que la brujería es ocasionada por una inscripción con caracteres escritos con sangre de murciélago.

La obra más famosa de magia astral fue un texto árabe conocido en occidente como Picatrix y traducido al castellano a instancias de Alfonso X el Sabio. En ella se ofrece una lista de sustancias mágicas con propiedades maravillosas, entre las que figuran el cerebro de abubilla y la sangre de murciélago.

A los murciélagos se les han atribuido poderes naturales. Así, las brujas de las diferentes razas primitivas las utilizaban como parte de sus amuletos y los brujos Ndoki se servían de ellos para volar. También en los preparativos del aquelarre, para empezar, se preparaba el ungüento o grasa de las brujas en cuya composición entraba sangre de abubilla y de murciélago, polvo de campana y hollín. En todas las épocas han existido recetas y fórmulas destinadas a curar. Así, el Libro de las utilidades recomienda la bilis del murciélago mezclada con espinas de serbal y si se echan gotas en el ojo corrige la hemeralopía. Los antiguos egipcios, para la irritación de la córnea, prescribían un remedio a base de estiércol de murciélago, pues es rico en vitamina A y es también un excelente antibiótico que se corresponde con el tratamiento moderno. Y si se frota la frente de una mujer a la que le resulte difícil parir, dará a luz. Si una persona se unta la parte inferior de los pies con su cerebro, prolonga la duración de su coito. Su excremento mezclado con arsénico y vinagre agrio, y untado en el cuerpo después de la depilación, hace que no salga pelo. Los eruditos recopilaban este saber popular y codificaban esas fórmulas eternas. Este es el caso de Alberto Magno con su obra de vulgarización "Gran Albert", donde se habla de secretos maravillosos y naturales. Los libros de los antiguos doctores árabes contienen numerosas prescripciones que utilizan animales completos o partes de los mismos y los charlatanes medievales de Europa los incluían frecuentemente en sus curas. Binger menciona una receta poco amante de estos animales. Cuando alguien padece de ictericia, debe ensartar el murciélago con cuidado para que permanezca vivo y luego atarlo con su espalda contra la suya. Después, debe atárselo sobre el estómago, hasta que muera.

Se trataba de que el animal pudiera sacar la enfermedad del cuerpo del paciente y atraerlo hacia el suyo. En la India se venden todavía murciélagos en bazares para fines médicos. Se les quitan sus pieles frescas y se aplican a las partes enfermas del cuerpo. En el folklore cubano, sus huesos, en polvo, mejoran la vista debilitada, y se ve en la oscuridad. Si a un niño se le da a comer uno, jamás se embriagará cuando sea hombre. También es un remedio eficaz contra la epilepsia cuando la Luna está en menguante.

En la tragicomedia de Lisandro y Roselia se dice que la Celestina utilizaba en los hechizos erótico-maléficos todo un conjunto de porquerías que iban desde tripas de alacrán y cangrejo, hasta sangre de murciélagos, estiércol de lagartos, huevos de hormigas,...

DIOSES O DEMONIOS

No podemos saber la idea que el hombre primitivo tenía de este vecino cavernícola, pues, aunque vivía en las mismas cuevas, no lo representó en sus pinturas rupestres. Las primeras noticias sobre el murciélago nos llegan, a través de la Biblia, donde se le muestra como animal impuro y es considerado como encarnación del demonio al que en numerosas ocasiones se le representa con alas de murciélago (Fig. 2). Moisés los consideraba impuros y prohibió a los israelitas que los tocaran. Este quiróptero está incluido entre las "aves abominables" del Levítico (11, 19), pese a su carácter mamífero, según el simplismo de la clasificación zoológica mosaica. También lo encontramos en Isaías (2, 20): "Aquel día arrojará el hombre a sus ídolos entre topos y murciélagos".

En Europa se temió con frecuencia a los murciélagos, que fueron relegados a la sombra de lo sobrenatural, pero para algunas civilizaciones formaban parte del orden natural de las cosas.

La mitología maya honraba a un murciélago en su panteón de deidades: el dios Zotz. Se representaba como a un humano con la cabeza y las alas extendidas de los murciélagos y lo reverenciaban sacrificándole animales y llevando tamales y flores. Los mayas lo consideraban como el dios del Mal, y ahora sabemos que ya desde entonces tenía capacidad de transmitir la rabia; no se ha podido comprobar su presencia en los restos humanos que han llegado a nuestros días. Evidentemente, todo indica que ese temor que sentían y la adoración que profesaban al vampiro estaba íntimamente relacionado con la presencia de rabia, pues en el Popol-Vuh se hacen referencias directas de que eran transmisores de esta enfermedad. Pueden observarse imágenes de esta figura en columnas de piedra, jeroglíficos y jarrones de arcilla que fueron hallados en las excavaciones cerca de los templos de hace 2000 años.

Thompson, uno de los más prestigiosos investigadores sobre la cultura maya, cuenta algunos de los dichos populares. Uno de ellos es que, cuando una persona no puede recordar lo que iba a contar, es que "el murciélago se ha llevado su historia".

En el Popol-Vuh, se dice que el cuarto lugar de castigo en Xibalbá era la casa de los murciélagos, en donde había muchos de ellos encerrados que chillaban y revoloteaban constantemente, una de las regiones subterráneas que es necesario atravesar para alcanzar el país de la muerte. Es igualmente la divinidad de la muerte para los mejicanos, que lo asocian al punto cardinal norte y lo representan a menudo combinado con una mandíbula abierta, a veces reemplazada por un cuchillo de sacrificio. Parece tener igual función para los indios tupi-guaraní del Brasil, y para los tupinamba el fin del mundo será precedido por la desaparición del sol devorado por un murciélago. Los mayas lo representan con ojos de muerto y lo nombran "aquel que arranca cabezas". En el códice Vaticano b aparece un personaje con un disfraz de quiróptero, posiblemente un vampiro, ya que el cuerpo del animal es rojizo y lleva en sus manos sendas cabezas de las que emanan chorros de sangre. Como el vampiro es el único animal que chupa sangre de los seres vivos, ello hace pensar que este animal se asoció con los sacrificios cruentos.

La importancia de los murciélagos y vampiros en el pensamiento mesoamericano se advierte en que un pueblo del estado de Chiapas adoptó el nombre de tsotsiles "hombres murciélago".

Su condición de animal nocturno ha servido para incluirlo entre los animales satánicos. Pero, además, su figura, como la del diablo, se asemeja a una pequeña caricatura humana. Según Baltrusaitis, las primeras representaciones del Diablo con alas de murciélago son del siglo XIII. En la antigua Roma, el divino Basilio escribió: "el murciélago por naturaleza está relacionado con el demonio". En el período Barroco también se le consideraba el símbolo del anticristo y por tanto del demonio. Esto explica por qué el arte cristiano representa al demonio y a su séquito infernal con las alas de murciélago, mientras que a los ángeles se les muestra con alas de pájaro.

Algunas personas los temen por ser compañeros del diablo, otros por ser emisarios de la muerte (Fig. 3). Han recibido nombres tales como ratones voladores, aves sin lengua, rata de la suerte, ave de las brujas y arranca pelos.

EL VAMPIRO: CRIATURA FANTASTICA

El mito más vinculado a la imagen del murciélago quizás sea el del vampiro. Se introdujo en la leyenda moderna cuando los exploradores de la América Central descubrieron un murciélago con horribles costumbres alimenticias. A este desafortunado murciélago se le ha asignado el papel de villano en las historias de terror tradicionales. Se encuentra en el folklore de todos los países y en la literatura con el célebre Drácula de Bram Stoker se fijó en la imaginación popular. A través del cine se mantiene la creencia de que sólo buscaban el momento en que la víctima empezaba a dormirse para morderla en el cuello y tomar la sangre de sus venas, lo cierto es que muerden en cualquier parte del cuerpo. La idea de un murciélago demoníaco, capaz de chupar la sangre de hombres y mujeres dormidos en la cubierta de los barcos, tiene su origen en los relatos de viajeros que regresaban del Nuevo Mundo.

En el continente americano existen tres especies pertenecientes a la familia Desmodóntidos que se alimentan de la sangre succionada a animales, incluido el ser humano. La gravedad de su mordedura reside en la transmisión de enfermedades a través de la saliva. La extraña sintomatología producida por algunas de ellas, como la rabia, inducían en las mentes de la época la creencia de posesiones diabólicas en quienes la sufrían. Francisco de Montejo, conquistador de Yucatán, fue uno de los primeros en sufrir las consecuencias, ya que sus caballos murieron de una enfermedad que entonces se atribuyó a la hemorragia que causaron las mordidas de los vampiros. Pero casi seguro que perecieron porque se les transmitió el desaforado mal de la rabia.

Ciertos relatos sobre murciélagos vampiros chupadores de sangre en Sudamérica contribuyeron, incluso en Europa, a que se considerase como criaturas terroríficas a los murciélagos, inofensivos y exterminadores de mosquitos.

Un ilustrado como Rousseau daría pábulo a la veracidad de la historia de los vampiros, aduciendo la existencia de informes oficiales, el testimonio de personas solventes, como médicos, teólogos y juristas. La Universidad no fue ajena al interés suscitado por la enigmática figura del vampiro. Desde finales del siglo XVII hasta mediados del XVIII, un cuantioso número de monografías, tesis y tratados académicos, surgidos en su mayoría en ambientes universitarios de la ciudad de Leipzig, se encargaron de analizar la rara naturaleza de estas extrañas criaturas. La conclusión de Feijoo acerca de lo que se cuenta de vampiros no puede ser más clara: "todo es patraña, ilusión y quimera". El vampiro es producto de la ofuscación colectiva de las mentes, que es aprovechada en muchas ocasiones por gentes sin escrúpulos. Si la creencia en el vampirismo, aunque intensa, fue efímera, no puede afirmarse lo mismo de su atractivo literario, que ha seducido desde su aparición a poetas y narradores.

La actitud crítica de Feijoo hacia la tétrica imagen del vampiro sería aprovechada por José Cadalso para zaherir a ciertos escritores apegados al pasado, que aún creían en esos seres fantásticos que atormentaban la imaginación popular.

GENESIS DE LOS MURCIELAGOS

Amades, mediante relatos fantásticos, trata de explicar el origen de los murciélagos y por qué no son animales con plumas ni con pelos. Cuenta cómo un ratón subió a un campanario donde la golondrina había hecho su nido y le pidió protegerlo durante unos días y que le ayudara a empollar sus huevos, pues acababa de perder a su pareja. El ratón aceptó y cuando los huevos eclosionaron salieron, en lugar de golondrinas, murciélagos, es decir, mitad ratón y mitad pájaro. La golondrina murió de vergüenza. El rey de los pájaros se encargó de los pajarillos, pero les obligó a vivir de día en las grutas y lugares escondidos. No podían salir más que de noche, para que nadie los viera y que la vergonzosa aventura de la golondrina permaneciera en secreto. En otro cuento narra la guerra entre los animales con pelo y los animales con plumas; el murciélago, que era un pájaro se pasa al enemigo, viendo que los suyos eran pisoteados. Pero los animales con pelos le trataron como un bastardo y juzgaron que era indigno de su tropa. Muy avergonzado, el murciélago no quiso jamás salir a pleno día cuando el sol brilla.

Una de las fábulas de Esopo nos cuenta que en el pasado los murciélagos fueron aves que deseaban convertirse en seres humanos; desarrollaron dientes y pelos pero el resto de su morfología permaneció sin variaciones; avergonzados por su aspecto, decidieron salir sólo por la noche.

Ruiz Alarcón recopiló el mito del origen del murciélago que lo relaciona con Quetzalcóatl. Un día estaba lavándose Quetzalcóatl cuando tocó con sus manos su miembro viril y echó de sí la simiente que arrojó encima de una piedra y allí nació el murciélago, el cual fue convertido en mensajero de los dioses.

Una leyenda shuar cuenta que los animales y las aves estaban en guerra. Los primeros fueron a llamar a Jeencham (murciélago) para que luchara con ellos contra los pájaros. Le decían para persuadirlo: "Tú eres de los nuestros", y él les respondía: "No, yo no soy animal, soy pájaro, vean que tengo alas como los pájaros". Otra narra que Etsa le dijo a Jeencham: "Toma una mujer y arréglate". Caminando, sintió que despedía un olor exquisito y se puso la mujer en la nariz, por eso se le quedó chata y se convirtió en murciélago.

ARTE Y HERALDICA

El murciélago está frecuentemente representado en la escultura gótica española en las sillerías de coro de las catedrales de Yuste, Astorga, León y Sevilla, en las que aparece con sus alas membranosas extendidas.

En la iconografía del Renacimiento, ilustrando viejas leyendas, el murciélago, único ser volador que posee mamas, simbolizaba a la mujer fecunda y quizás con este sentido, puedan interpretarse las tallas de Astorga y Yuste. Se le ve junto a Artemisa, la diosa de numerosas mamas que, aun siendo virgen, protegía el nacimiento y el crecimiento.

El diablo, como ángel caído, está dotado en el arte de alas de murciélago, ya que él, como este animal, teme la luz. Representa con este atributo la personificación de la envidia, que no se atreve a manifestarse a plena luz del día; o también la propiedad del murciélago es que la luz lo ciega, como a las personas rencorosas que no pueden soportar la mirada de otras. En cuadros de aquelarres casi nunca faltan murciélagos.

Uno de los más enigmáticos grabados goyescos Mucho hay que chupar refleja la truculenta imagen del que vive a costa de la sangre de los otros, referida casi siempre a los representantes de la España absolutista. Para ello Goya aprovechó ciertas particularidades que se contaban sobre los vampiros como punto de partida para su simbólica composición. El pintor se sirve de la concreción del animal repugnante que muestra similares hábitos alimenticios a los que viven a costa de la sangre ajena, encarnada en la siniestra figura del vampiro, que es la metáfora utilizada para denostar prácticas abortivas y actividades de celestineo y rufianería (Fig. 4).

Leonardo da Vinci, genial pintor y científico, percibió a los murciélagos de forma diferente a la mayoría de la gente. En los planos de construcción para su máquina voladora observó que el patagio de este animal podía servir como modelo. Uno de sus dibujos muestra claramente que la forma de las alas y las estructuras que las mantenían muestran cierta similitud con sus extremidades.

En la Melancolía I de Durero, un grabado sobre metal de 1514, se representa la imagen sentada de una mujer con un perro dormido y toda una serie de objetos geométricos y de trabajo. Al fondo, sobre un paisaje iluminado por una extraña luz, un murciélago porta la cartela con el título del grabado (Fig. 5). Según Panosky, la imagen del murciélago simboliza el ocaso que está mágicamente iluminado por el fulgor de fenómenos celestiales, que hacen que el mar del fondo se tiña de fosforescencia, mientras el primer término parece estar alumbrado por una luna alta en el cielo que arroja sombras profundas. Este crepúsculo fantástico más que basarse en condiciones naturales, denota el crepúsculo extraño de una mente que no puede arrojar sus pensamientos a la oscuridad ni sacarlos a la luz.

En la antigua China y Japón, el murciélago se consideraba como símbolo de buena suerte, primordialmente a causa de que su nombre (fu) significa murciélago, además de buena fortuna. Un talismán típico es un medallón que representa a un árbol con raíces y ramas como símbolo de vida. El árbol está rodeado de cinco murciélagos pintados de color rojo, que significan asimismo muchos bienes de fortuna, como la longevidad, riqueza, salud, amor a la virtud y muerte natural (Fig. 6). A menudo se representaron magos amistosos que de un jarro dejan salir revoloteando cinco murciélagos.

El murciélago, que goza del aprecio de los valencianos, es un animal heráldico, que figura en la cima de la corona del escudo de la ciudad de Valencia. Históricamente ha desempeñado un papel destacado como lo atestigua su presencia coronando los escudos de armas de los Reyes de Aragón, Valencia, Mallorca y Barcelona, y Condes de Barcelona y Urgel. Se cuenta que el rey Jaime I el Conquistador descubrió, durante el sitio de la Valencia morisca, que un murciélago había anidado en la cúspide de su tienda de campaña y entendió que auguraba un signo de victoria. Una noche se oyó batir el tambor. En pie el ejército pudo rechazar un ataque por sorpresa de la morisma. Identificado el murciélago como el autor de la alarma el rey quiso premiarlo colocándolo sobre la corona de su blasón. El murciélago que el rey Jaime I habría atribuido como emblema de Valencia desde la conquista de la ciudad no es más que una leyenda. Sánchez Guarner afirmaba que era necesario ver el origen del animal heráldico de Valencia en el dragón alado inspirado del Apocalipsis, utilizado por los reyes de Aragón como cimera y reinterpretado por la imaginación popular como un murciélago. En 1610 el cronista Gaspar Escolano retomaba la profecía de Arnau de Vilanova Vae mundo in centum annis (1297-1301) por la cual se prometía a su soberano que haría la conquista de Jerusalén y hacía un largo desarrollo retórico sobre las virtudes del murciélago, devorador de mosquitos moros, símbolo de la ciudad y del rey de España. Esto no explica más que el origen escatológico del murciélago en la profecía de Arnau, muy anterior al dragón alado en las armas del rey de Aragón. Las profecías bizantinas y sarracenas de finales del siglo XII y principios del XIII anunciaban la llegada inminente a Constantinopla, a Egipto y Tierra Santa de un rey rubio de occidente y la ruina de los musulmanes. No debe extrañar que el visionario Arnau de Vilanova, al servicio de la casa imperial de Aragón, haya transformado en profecía, fundada sobre un bestiario apocalíptico, el "vesper" en vespertilio, imagen de su soberano según Milhou.

Como todas las criaturas nocturnas, el vulgo de todas las épocas ha relacionado al murciélago con brujas y prácticas diabólicas. Estos mamíferos voladores han sido temidos y adorados, estudiados y medidos, pero cuando los comprendamos mejor dejarán de parecemos seres sobrenaturales.

No podemos finalizar este artículo sin recordar la imagen poética que el escritor argentino Mújica Laínez, evoca en su novela histórica Bomarzo sobre este singular animal: "Una angustia indescifrable, honda hasta las lágrimas y el escalofrío, pero alucinante de tenebrosa hermosura, cuando la noche brotaba como un vaho de los secretos cursos de agua, en el aletear de los murciélagos persiguiéndose y llamándose con áridos gritos de pájaros, cual divinidades furtivas".

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