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Conversaciones con Agapito Marazuela en torno a Cantabria y a la canción tradicional

GOMARIN GUIRADO, Fernando

Publicado en el año 1983 en la Revista de Folklore número 31.

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Este breve texto, extraído de unas conversaciones que tuve en el verano de 1975 con Agapito Marazuela (1) en el local de la Cátedra de Folklore de Segovia, recoge aquella parte en la que el maestro hablaba del canto tradicional montañés, de sus impresiones, viajes y otras vivencias, que tanto gustaba recordar, relativas a Cantabria.

Pretendo realizar una transcripción rigurosa de la conversación (2) con el maestro. Aunque a primera vista la lectura entraña ciertas dificultades, no son insalvables. Por otro lado soy consciente de que el verdadero alcance de este texto radica en su fidelidad a los modos de ser y expresarse del genial músico, un hombre del pueblo que contaba en el momento de esta conversación con más de ochenta años.

Maestro, háblenos de sus recuerdos sobre La Montaña de Santander, sobre sus cantos...

-Yo sentí mucha simpatía por el canto montañés y le oí con mucho agrado. Yo oí cantar a Aurelio Ruiz (3), era uno de los que yo escuchaba con mucho interés, porque sin conocer yo La Montaña, yo no había estado en Santander nunca, la sentía, la sentía porque me la hacía sentir él con sus cantos, con esa forma de... esa forma tan larga, esas notas terminadas tan flexiblemente. Yo había oído mucho a los asturianos, pero siempre vi la diferencia; vi que el canto montañés tenía una personalidad aparte. Ahora mismo, en los discos que tengo, que los pongo muchas veces, oigo también al hijo; al principio cuando oí el disco (4) me extrañó mucho que Aurelio Ruiz pudiera tener todavía esa voz si vivía, y claro, me enteré que es el hijo el que canta; tiene, desde luego, una voz muy parecida a la del padre. Yo, sin conocer La Montaña, sentía simpatía por ella. Soy también muy partidario de los cantos, de las canciones, especialmente de las canciones asturianas, las vaqueiras y de esos cantos de larga duración montañeses que son muy distintos. Ha habido mucha gente que los ha confundido, que ha creído que son casi iguales, y la malo es que ha habido gente culta inclusive que los ha confundido, y no es así. No hay que ser muy lince, ni muy músico, para ver la diferencia que existe entre los cantos de una región y los de otra a pesar de estar tan próximas. Ahora mismo, entre las cosas que tiene publicadas Pedrell en el Cancionero Español (5) hay cosas como La despedida, que le mandó el padre Otaño desde Potes, que yo la canto mucho, la canto muchas veces porque me gusta mucho cantarlas.

-¿Me la puede cantar, maestro?.

-A ver cómo tengo la voz... sí, sí, si me acuerdo de ello -toma el Cancionero que está sobre la mesa, localiza la página donde se encuentra la partitura y prosigue- sí me acuerdo, me acuerdo, me acuerdo de ello; está en compás ternario y binario, no de una manera amalgamada, de manera de amalgama, sino que tiene algunos compases que son especialmente una sucesión...

-¿Suele cantar alguna canción montañesa más?

-Aquí viene otra a la izquierda (6), que se dice es de León, pero tiene carácter verdaderamente montañés, tiene el ambiente montañés, y puede ser, porque el Valle de Liébana y todo eso es montañés, aunque perteneció políticamente a León; físicamente es La Montaña, es otra Montaña. De esta otra canción no me acuerdo bien pero ésta de La despedida la canto muchas veces. Es que los siento, me gustan mucho los cantos montañeses.

-¿Maestro, cómo es el romance de la loba parda (7) que usted recogió? ¿Lo recogió en la provincia de Avila?

-En Avila, sí, le recogí en Avila.

-¿Cómo es la parte en la que interviene el rabel?

-¿La parte del rabel?

-Sí.

-¿Qué, quiere que le cante una parte? Voy a cantarlo con la zambomba, pero tengo que mojarme las manos...-se incorpora, moja los dedos de la mano derecha en un pequeño recipiente con agua, abraza la zambomba con su brazo izquierdo y frota la caña, obteniendo así el sonido deseado, seguidamente comienza a cantar:

Vide venir siete lobos
por una oscura cañada.
Venían echando a suertes
cuál entrara en la majada.
La tocó a una loba vieja
patituerta, cana y parda,
que tenía los colmillos
como puntas de navaja.
-¿Dónde vas, loba maldita,
donde vas, loba malvada?
-Voy por tus siete...

-Un saludo muy sincero y cariñoso para los amigos que tengo en Santander y para los montañeses en general, por los que siento gran simpatía; siempre sentí mucha simpatía por sus cantos cuando oí a Aurelio Ruiz, padre, y luego me ha producido mucha emoción al oír a su hijo con una voz idéntica a la de su padre y con el estilo que da a esos cantos que tienen tanta emoción; esos cantos libres, esos que no son rítmicos, pero que tienen desde luego una personalidad muy grande que dan mucho...mucho carácter a La Montaña. Aun sin conocerla hay que sentirla y tendría sumo gusto de que en alguna ocasión pudiéramos hacer algo en Santander con el folklore nuestro de Castilla y además oír también a los buenos folkloristas que hay en Santander, en La Montaña; oírlos para poder contemplar con mayor amplitud el estilo que me gusta tanto: porque yo siento mucha simpatía por el Norte en general, pero especialmente por La Montaña, pues sus cantos me gustan extraordinariamente.

La Montaña yo no la conozco más que de el año veinticuatro, durante el que di conciertos de guitarra en los balnearios: estuve en Puente Viesgo, en Solares, en Liérganes y en Santoña, donde di un concierto también a los presos del Dueso; subieron conmigo, desde Santoña, catorce y pasamos un rato allí, haciendo disfrutar a los pobres hombres aquellos que estaban tan necesitados de ello. También tuve el gusto de bañarme en la playa esa tan hermosa de Laredo. Vine muy impresionado, pero no conocía bien La Montaña. Un poco más tarde, hace muy poco, hace dos años, tuve el gusto de subir inclusive en el telesférico de los Picos de Europa y estuve en Potes. Vine impresionado porque fuimos desde León por el puerto de San Glorio, lleno de excelentes paisajes; cuando llegamos a Potes fue admirable, estaban los Picos de Europa, claro, muy nevaos; estuvimos también en el Monasterio de Santo Toribio, oyendo el canto gregoriano. Me traje una impresión admirable. Tengo deseos de volver otra vez por Santander; así que espero, si por bien es, de no morirme sin hacer algo allí, en Santander, y oír más a los folkloristas montañeses.

____________
(1) Para conocer la vida y obra de Agapito Marazuela, es obligado consultar los trabajos de Pedro Fernández Cocero, Agapito Marazuela, el último juglar castellano. Santander, 1976; así como la biografía inédito aún de Eugenio Urrialde Garzón, Agapito Marazuela (Apuntes sobre un maestro). Oviedo, 1982 (mecanografiado).

(2) Las conversaciones fueron recogidas magnetofónicamente por María del Carmen Gruber, guitarrista, músico y alumna de canto castellano del Maestro Marazuela.

(3) Las grabaciones a las que se hace referencia son las de Aurelio Ruiz Crespo, REGAL RS 223 y RS 224 (25 cms. 78 rpm.). Cf. F. Gomarín Guirado, Apuntes para una discografía básica de la canción y música tradicional en Cantabria (en prensa).

(4) Se trata de la grabación de Aurelio Ruiz Bolado: Canciones montañesas a "lo pesao" y a "lo ligero". MOVIEPLAY S 21389 (30 cms. 33 1/3 rpm.), 1971. Cf. Apuntes para una discografía...Op. cit.

(5) F. PEDRELL: Cancionero musical popular español. Vol. II. Barcelona, 1958, pág. 213. Cf. N. Otaño, El canto popular montañés. Santander, 1915, pág. 52.

(6) Se refiere a la canción ¿A dónde fue? que se incluye en Cancionero musical popular español. Op. cit., págs. 210212, que precede a La despedida.

(7) Cf. A. MARAZUELA ALBORNOS, Cancionero segoviano. Madrid, 1964. Ejemplificación musical, tema 172, pág. 129 y texto págs. 333-334. Y Cancionero de Castilla. Madrid, 1981. Ejemplificación musical, tema 172, pág. 133 y texto págs. 337-338.