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EL TRAJE DE CHURRA, Campaspero (Valladolid)

GARCIA CAMPO, Oroncio Javier

Publicado en el año 1985 en la Revista de Folklore número 54.

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Desde que el hombre, hace miles de años, se irguió sobre sus piernas, su mayor preocupación, junto con la de alimentarse, ha sido la de cubrir su cuerpo, y no solamente para defenderse de los rigores del clima, sino también por razones de jerarquía, estética, coquetería, etc.

Hoy nos es imposible distinguir la nacionalidad, jerarquía o clase social de una persona por sus ropas, pues exactamente igual viste un americano que un ruso, el jefe del estado que un obrero, un catedrático de universidad que el último de sus alumnos. Hasta hace muy pocos años esto no era así, pues como todos sabemos no sólo era diferente la forma de vestirse en unas naciones que en otras, sino que dentro de la misma región y de la misma comarca había diferencia entre unas poblaciones y otras; a parte de las existentes entre las distintas clases sociales, jerarquías, profesiones, etc.

El saber vestirse adecuadamente es un arte, y una de las artes más nobles, pues no es un arte de ficción sino real, y como la misma persona, única y diferente en cada caso. Esto es un hecho cultural al que se le ha dado muy poca importancia. Mientras a otros aspectos de la vida del hombre se le han dedicado infinidad de publicaciones, sobre este tema apenas si existen unas pocas y aún así casi todas ellas tratan el tema de una forma muy superficial, limitándose, la mayoría de ellas, a exponer dibujos y cuadros antiguos sin profundizar para nada en el tema, por lo que prácticamente no se saca nada provechoso de ellas.

También resulta extraño que los estudiosos del folklore no hayan investigado más a fondo sobre este tema, que prácticamente se halla inédito y que para el folklorista puede tener tanta importancia como la pueda tener la danza, la música o la gastronomía.

Después de hacer todas estas consideraciones he pensado aportar un pequeño granito de arena, pues desde hace bastante tiempo llevo madurando la idea de escribir algo sobre el traje típico de mi pueblo. Esta idea, a la vez que me obsesionaba, me daba un gran miedo el abordarla, hasta que una charla sostenida con Joaquín Díaz me decidió.

Soy profesional del vestido, hijo de sastre y modista, llevo toda mi vida dedicado a esta profesión y conozco la técnica de este arte. Esto me hace ver la gran dificultad que encierra el escribir algo que sea útil, claro y, sobre todo, veraz.

No quisiera caer en el error que se comete muchas veces de intentar describir o, peor aún, confeccionar trajes regionales, e incluso de época, basándose únicamente en grabados o cuadros antiguos. Los que esto hacen no reparan en que el pintor o dibujante que realizó estas obras era un artista plástico y no un profesional del vestido y, por ello, en los cuadros o dibujos plasmó lo que, a su sensibilidad de artista, más le llamó la atención en el momento de realizar la obra, resaltando, en unos casos, e ignorando en otros, detalles que no sólo son capitales para la fiel reproducción de estas prendas, sino que, además, muchos de ellos son auténticos símbolos que representan edad, estado civil, profesión, clase social, jerarquía...

Si queremos que estos trajes no se pierdan hay que intentar reproducirlos copiando los antiguos con toda exactitud, pues todo lo que sea suprimir detalles o añadir otros nuevos es desvirtuarlos y si admitimos que esto se puede hacer, acabaremos convirtiéndolo en un modelo más de cualquier tienda de modas.

Lo más seguro para no caer en errores es buscar los trajes antiguos que, aunque inservibles para el uso, aún se conservan en muchas casas como recuerdo de familia, investigar sobre su antigüedad, usos, significados, comprobar la clase de los tejidos, adornos y hasta el más mínimo detalle de su corte y confección. Solamente en el caso de que no sea posible encontrar alguna de las prendas, porque materialmente no exista, podemos recurrir a alguna fotografía antigua, que siempre refleja la realidad mejor que la pintura o el dibujo. Aún así no podemos asegurar que la prenda realizada por este segundo método sea igual que la auténtica.

No faltará quien objete a todo esto que el corte y la confección son fáciles de repetir, pero que los tejidos y adornos ya no es posible encontrarlos iguales. Los que esto piensan están muy equivocados, pues, aunque parezca mentira, aún siguen haciéndose tejidos prácticamente iguales a los de hace un siglo. Lo que ocurre es que estos tejidos se usan para confeccionar prendas muy distintas. En cuanto a los adornos ocurre lo mismo.

Hablando con Joaquín Díaz sobre este tema comentábamos que es una pena que mientras en otras regiones la gente acude a las fiestas ataviada con el traje típico, en Castilla, y concretamente en Valladolid, no es así. Unicamente algunos grupos de baile folklórico intentan buscar algo que represente a la provincia de Valladolid. Me decía Joaquín que varios de estos grupos le habían consultado sobre el tema y que no había podido darles ninguna contestación positiva pues no habían conseguido encontrar nada que fuera representativo de toda la provincia. Después de estudiarlo llegamos a la conclusión de que el traje típico de la provincia de Valladolid, como tal, no existe. Esto no quiere decir que en la provincia de Valladolid no haya trajes típicos de gran riqueza, sino todo lo contrario, pues es una de las que más variedad de trajes típicos tiene, ya que al estar conformada por varias comarcas naturales, que hasta hace pocos años tenían muy poco en común unas con otras, cada una tiene sus características propias que van desde el traje más sencillo y pobre, al más lujoso y rico. Lo triste es que la mayoría de los grupos de danzas, de que hablábamos antes, unas veces por ignorancia y otras por comodidad de las personas que los dirigen, al no querer molestarse, han elegido casi siempre el más sencillo, modesto y pobre de todos.

En la conversación que tuve con Joaquín él me animó a hacer algo sobre el traje típico de mi pueblo, Campaspero. Intentaré describirlo de la forma más clara y sencilla que me sea posible.

Campaspero está situado en el centro de una de las comarcas de Valladolid, ésta es "LA CHURRERIA". Está situada al sureste de la provincia, en una meseta completamente llana, de unos veinte kilómetros de diámetro, que forman los llamados Altos de la Mula, a la que pertenecen, además de Campaspero otra docena de pueblos que están situados en las laderas de esta meseta.

La mitad de estos pueblos pertenecen a la provincia de Segovia y la otra mitad al igual que Campaspero, a la de Valladolid.

El traje típico de esta comarca es el de "CHURRA". Es, sin duda alguna, no sólo uno de los más bonitos y ricos de toda la provincia, sino de toda España. Algunas de las distintas prendas de este traje tienen un cierto parecido con las del traje segoviano, ya que esta comarca perteneció hasta hace pocos años toda a Segovia. No obstante, hay diferencias apreciables entre uno y otro.

El traje de Churra era usado únicamente por los labradores, mientras que las personas que no pertenecían a esta profesión usaban los vestidos corrientes de la época.

El vestido femenino se compone de las siguientes prendas:

-Interiores: Camisa, justillo (corsé), enaguas, pantalón (pololo) y refajo.

-De falda: Manteo (liso o de tiranas) y delantal.

-De abrigo: Basquiña, toquilla y mantón.

-De cabeza: Lazo para el moño, pañuelo y mantilla de tronco.

-Medias, zapatos y botas, bolso bajero y lazos para la cintura.

Además de estas prendas, hay otras de menor importancia como ligas, cintillos, etc.

Estas prendas alternaban unas con otras según la ocasión (trabajo, fiesta, ceremonia religiosa) o según la época del año. Con lo que en realidad no es un traje, sino varios, los que forman con todas ellas.

Las joyas son: pendientes de plata, collares de perlas, relicarios y crucifijos de plata con cadenas del mismo metal.

Como vemos, hay una gran variedad de prendas, pero lo verdaderamente extraordinario es el valor de algunas de ellas.

El vestido masculino consta de las siguientes prendas:

-Interiores: Camisa y calzoncillos.

-De cuerpo: Chaleco, chaqueta, faja, bragas y pantalón.

-De abrigo: Capa y tapabocas.

-De cabeza: Pañuelo y sombrero.

-Medias, calcetines, peales, botas y albarcas.

Este traje es de una gran sobriedad, formando un gran contraste con el femenino.

A las niñas se les vestía igual que a las mujeres. Los niños, hasta los cinco años, también llevaban manteo y demás prendas femeninas; a partir de esta edad se les vestía como a los hombres.

Varias de estas prendas: manteos, basquiñas, enaguas, camisas, capas, tapabocas, faja, ...eran totalmente autóctonas, pues la materia prima (lino y lana) se producía en el pueblo, incluso la rubia para teñirlo, y el proceso de elaboración (hilado, tejido y confección) lo efectuaban artesanos de Campaspero (hilanderas, tejedores, sastres y modistas). También había en el pueblo grandes zapateros.

Algunas de estas prendas aún se conservan perfectamente, y en gran cantidad, éstas son: enaguas, manteos y delantales. De otras existen muy pocas, tales como: armillas, chalecos, chambras, jubones, refajos, basquiñas, mantillas...Y algunas, prácticamente, han desaparecido, como el dengue o los zapatos y las botas, conservándose de .ellos sólo algunas fotografías. Pero lo que resulta más difícil de encontrar son las prendas masculinas; después de un gran trabajo de búsqueda se ha podido reunir un traje: chaqueta, chaleco, pantalón, capa y la pechera y los puños de una camisa, y aunque cada prenda es de distinta procedencia, todas juntas forman un traje completo. Lo que no ha sido posible encontrar son bragas, pues esta prenda hace ya muchos años que dejó de usarse y no se conserva ninguna. No obstante yo hace años vi alguna y sé cómo eran y cómo estaban hechas.

Casi todas estas prendas fueron realizadas hace más de un siglo y aún hay personas que usan algunas de ellas, por ejemplo el refajo y el manteo. La forma de conocer la antigüedad de las prendas es muy simple, las que fueron confeccionadas con anterioridad a 1880 tienen todas sus costuras cosidas a mano, mientras que las hechas con posterioridad a esta fecha llevan las costuras exteriores cosidas a máquina y las interiores a mano. La razón de ello es que más o menos alrededor de ese año se introdujeron en el pueblo las primeras máquinas de coser. Con anterioridad a esa fecha es poco probable que hubiera variaciones en las prendas y lo más seguro es que tanto la técnica de confección como las formas y el corte no hayan cambiado durante muchos años. Este razonamiento se apoya en lo siguiente: hasta la introducción de la , máquina de coser los sastres y modistas trabajaban a jornal en las casas de los clientes y, normalmente, copiaban prendas antiguas pertenecientes a la familia para la que, en cada caso, trabajaban. Con la llegada de la máquina, estos artesanos pusieron su propio taller, introduciendo nuevas técnicas, no sólo de costura, sino también de corte; con ello las prendas se fueron modernizando y perdieron sus formas tradicionales. Este es un fenómeno general en la mayoría de los pueblos pequeños, al que Campaspero no fue ajeno. Lo raro es que esta modernización es mucho más acusada en las prendas masculinas que en las femeninas, ya que éstas apenas han tenido cambios notables hasta bien entrado este siglo. La única razón de esto es que la confección de las prendas femeninas siempre estuvo muy poco profesionalizada y siguió haciéndose en las casas hasta no hace muchos anos.

Para que los lectores tengan una mejor idea de cómo son estas prendas, trataré de hacer una pequeña descripción de las más importantes.

PRENDAS FEMENINAS

MANTEO

De todas las prendas femeninas el mateo es la más importante, variada y rica. Hay varias clases de manteos, desde el de gala al de trabajo. La forma del corte y la confección es la misma en todos ellos, pero hay una gran variación en los colores y sobre todo en los adornos. Los colores son: negro, azul, rojo, amarillo, morado..., con variedad de tonos en cada color.

El de diario o trabajo es de jerga, un paño de lana hilado y tejido a mano y tintado con rubia u otros tintes naturales, no lleva ningún adorno. El dominguero es también de jerga adornado con una tirana de terciopelo. El de las fiestas menores es de estameña, también de lana hilada y tejida a mano, va adornado con tirana de terciopelo, dos trenzados de plata u oro y dos de abalorios. Por último está el de las fiestas mayores o de gala, éste es de pañete de Béjar, hay algunos azules, pero la mayoría de ellos son rojos. Llevan dos tiranas de terciopelo negro adornadas con bordados o lentejuelas de oro, o ambas cosas a la vez (las tiranas son rectas o formando castañetas), de seis a diez trenzados de plata u oro y otros tantos engarces de abalorios de azabache negros o de colores, según el color del manteo. El primero de estos adornos está colocado a diez centímetros del bajo y los siguientes, alternándose unos con otros con una separación de dos a cinco centímetros, cubren toda la falda.

El adorno de las lentejuelas es una de las cosas que lo diferencian del manteo segoviano.

Debajo de este manteo solían ponerse varios de los de jerga superpuestos unos sobre otros. Cuentan que había algunas mozas que llevaban al baile hasta catorce manteos; hay que tener en cuenta que cada uno pesa de dos a tres kilos y que pasaban toda la tarde bailando jotas.

Corte y forma del manteo

El largo es desde la cintura hasta el tobillo, tiene cinco varas de vuelo (más de cuatro metros) que va recogido en la cintura con pliegues dirigidos hacia el centro de la espalda; en la parte delantera sólo lleva cuatro y el resto del vuelo va todo recogido en la espalda. Lleva dos aberturas en los costados de veinte centímetros rematadas con adornos de terciopelo. Los pliegues de la cintura van rematados con cintas que en las caderas quedan sueltas, con un largo suficiente para atar la parte trasera adelante y la delantera en la espalda. El bajo va rematado con una cinta negra y lleva por el revés una franja de paño de otro color, generalmente verde, de un ancho de 8 centímetros, cortada a picos.

El manteo de paño de Béjar sólo lo usaban las labradoras de clase más elevada (las ricas), mientras que todas las demás usaban el de jerga o estameña.

DELANTAL

El delantal es de raso o terciopelo negro con adornos de abalorios de azabache, terciopelo o trenzado de plata u oro, según los casos, a juego con el manteo. El largo es desde la cintura hasta 15 centímetros del bajo del manteo. El ancho son 60 centímetros, lleva pliegues en la cintura, rematados con cintas que sirven para atarlo. Los adornos van en los bordes, todo alrededor y también lleva el mismo adorno a 15 centímetros del bajo. Todo él va forrado de satén.

JUBON

De raso o terciopelo negro, liso o labrado.

Corte ajustado al cuerpo, en la espalda lleva corte de costadillo, mangas muy amplias cosidas a la sisa con pliegues, puños ajustados de 15 centímetros de ancho adornados con agremanes y abalorios y cerrados con botones de plata; el borde de los puños, así como el escote, van rematados con puntilla blanca. Tiene aberturas en el centro de los delanteros y en el centro de todas las costuras, desde la cintura para abajo. El cierre delantero es de cintas o botones de plata. Va forrado de lienzo o satén. El largo es de 15 centímetros por debajo de la cintura.

CHALECO

De terciopelo labrado en colores muy vivos, verde, amarillo, granate e incluso con mezcla de varios colores. Forro de lienzo. Lleva adornos de trencilla de plata y oro. Va rematado el escote, sisas y cantos delanteros con cinta de distinto color. El corte es muy ajustado. La espalda lleva corte de costadillo. Tiene aberturas desde la cintura para abajo en el centro de los delanteros y en todas las costuras. El escote termina a pico tanto en el delantero como en la espalda. El cierre delantero es de cintas. Largo hasta 15 centímetros por debajo de la cintura.

ARMILLA

Esta prenda es una chaquetilla muy ajustada y corta, de paño negro muy fino, forro de satén, lleva adornos de abalorios y agremanes en los puños. El cierre delantero es con botones de plata, al igual que el de los puños. El corte es muy ajustado, con espalda de costadillo. En la manga, a la altura del codo, lleva una roseta de cintas ,de colores. El largo es hasta la cintura.

BOLSO BAJERO

Es una faltriquera que se lleva debajo del delantal, sujeta a la cintura con cintas. De terciopelo o raso, rematada con trencillas y adornada con bordados, agremanes y abalorios. De 20 centímetros de larga por 15 de ancho, la parte de abajo suele ser redondeada.

JUSTILLO

De lienzo blanco. Corte completamente ajustado al cuerpo, abierto en la parte delantera con cintas para ceñirlo al cuerpo lo más posible. Lleva forma en la cintura, pero no en el pecho. El largo es desde 15 centímetros por debajo de la cintura hasta la altura de las axilas, se sujeta con hombreras de cinta. Normalmente no lleva adornos.

ENAGUAS

De lienzo o hilo blanco. El largo va desde la cintura hasta la mitad de la pantorrilla, muy amplia de vuelo, que va recogida en la cintura con pliegues, abertura en uno de los lados de la cintura, se sujeta a ésta con cintas. En el bajo lleva puntilla de bolillos o ganchillo.

PANTALON

De lienzo o hilo blanco. Largo desde la cintura hasta por debajo de la rodilla, bastante amplio, va fruncido en la cintura y en el bajo, se sujeta en ambos con cintas. En el bajo tiene un volante de puntilla o ganchillo.

CHAMBRA

De percal, satén u otros tejidos finos, blanca, en color o negra. Corte ajustado, abierta adelante con cierre de botones, escote ajustado rematado con un bies o puntilla, manga larga y amplia con puño, cerrado con botones. Normalmente no lleva bordados ni adornos.

REFAJO

De jerga o punto hecho con hilo de lana hilado y tejido a mano. Es una especie de camisa de corte amplio y recto, sin mangas, larga hasta media pantorrilla. Normalmente no lleva adornos.

BASQUIÑA

Esta prenda es muy parecida al manteo. En tiempo de invierno se usaba para arroparse con ella el cuerpo. Las mujeres la llevaban sujeta a la cintura, lo mismo que el manteo, y cuando hacía frío levantaban la parte trasera hasta taparse con ella la cabeza, mientras la delantera caía de la cintura para abajo. Es de estameña de lana hilada y tejida a mano, tiene el mismo corte que el manteo y no lleva adornos.

MANTILLA DE TRONCO

Esta prenda se usaba exclusivamente para las ceremonias religiosas. Es de terciopelo y raso negro labrado, con adornos de abalorios de azabache, el forro es de satén. Tiene forma triangular, uno de los lados mide 125 centímetros de largo y los otros dos 92 centímetros, lleva una pinza en el vértice del triángulo para dar la forma de la cabeza. En la parte del borde, todo alrededor, tiene una franja de terciopelo de 16 centímetros de ancha, mientras que el centro es de raso labrado. En la unión del terciopelo y el raso lleva los adornos de abalorios de azabache.

DENGUE

De esta prenda prácticamente no queda ninguna en el pueblo, pues a principios de este siglo fue sustituido por el mantón de merino estampado o el de crespón negro bordado, o de Manila. Pero se conservan algunas fotografías en las que se puede ver perfectamente. Era de paño a juego con el manteo y con adornos de terciopelo, trencillas y abalorios. El corte es en forma de pico en la espalda, pasando por los hombros y cruzando por el pecho, para terminar anudado en la espalda a la altura de la cintura.

MANTON

A finales del siglo pasado se usaba el mantón de merino, liso o estampado. Este era de un tejido de lana merina, muy fino, con flecos también de lana, no muy largos. En colores oscuros: negro, marrón, morado..., liso o estampado con flores de colores muy vivos. Era de dimensiones bastante reducidas.

A principios de este siglo se comenzó a usar el mantón bordado, de crespón negro, mucho más grande que el de merino. Todo él está bordado con hojas y flores (se le conoce como "manton de ramo"), tiene un fleco muy largo, también de seda.

Pero el mantón, tanto el de merino como el de crespón, y a pesar de ser una prenda muy elegante y bonita, hay que reconocer que no es propio del traje de churra, pues este traje es anterior al uso del mantón y llevaba jubón y dengue o chaleco y armilla, según los casos.

LAZOS

Cuando se vestía la armilla, que era una chaquetilla muy corta, justamente hasta la cintura, se llevaba un gran lazo en la cintura anudado en la espalda, cayendo las puntas hasta el bajo del manteo. Este lazo tiene una anchura de 8 a 10 centímetros, es de seda en tejido adamascado con dibujos de flores en colores combinados (amarillo, verde, rosa, morado, y en algunos casos negro sólo). Este mismo lazo se usaba en el pelo para sujetar el moño de picaporte (éste era una coleta trenzada de a ocho, que se doblaba por la mitad, uniendo el final con el principio por medio de este lazo). El lazo de colores lo usaban las solteras y el negro era propio de las casadas.

MEDIAS y ZAPATOS

Las medias eran de lana muy fina o lino hilado y tejido a mano, en unos casos blancas y en otros a rayas blancas y de otro color (morado, amarillo, verde. ..). Las medias de rayas se usaban preferentemente para las bodas.

Los zapatos eran negros de tafilete, abotinados y atados con cordones, excepto para las bodas, que eran de raso o terciopelo negro bordado. Tanto los zapatos como las medias para la boda eran siempre regalo del novio.

Respecto a los regalos de boda, ocurrían casos curiosísimos. Antes de la boda se firmaba un contrato por los padres de los novios en el que entre otras cosas, se especificaban los regalos que los novios se harían mutuamente. En cierta ocasión los padres de la novia exigieron que a su hija le regalaran dos pares de medias; como los del novio no estaban dispuestos a regalar más que uno, la boda se suspendió. O este otro en que los padres del novio mandaron hacer los zapatos de la novia a un determinado zapatero del pueblo, el señor Tomás Mellizo, y como los padres de la novia querían que los hiciera otro, el señor Canene, no llegaron a un acuerdo y también se suspendió la boda.

Este último caso fue muy celebrado en el pueblo, siendo cantado en coplas por las gentes del pueblo. Una de ellas decía así:

Los zapatos de la novia
ya no los hace Tomás
con ninguna condición,
porque dice la María
que les tome la medida
Canene, que es lo mejor. ..

A este aspecto de los regalos se le daba gran importancia, pues eran un determinante de clase y prestigio social para las familias.

PRENDAS MASCULINAS

CHAQUETA

De paño de Béjar negro, con adornos de trencilla también negra en los cantos, cuello y bolsos. El forro es de franela de cuadros en colores oscuros. Corte muy ajustado, la espalda lleva corte de costadillo, los bolsos van en sentido vertical, no lleva ojales pero sí dos filas de botones de plata, el cuello y puños son de terciopelo, el largo es hasta la cintura.

CHALECO

De terciopelo negro labrado. En la espalda lleva un adorno de piqué blanco en forma de pico en la parte de arriba y de ondas en la de abajo. Tiene trencillas que rematan los cantos. El forro es de lienzo blanco. El cierre es de botonadura de plata.

BRAGAS

De paño negro de Béjar, forro de lienzo. El corte es muy ajustado, largo hasta diez centímetros por debajo de la rodilla. Tiene aberturas en el bajo cerradas con botones de plata. El cierre delantero es de trampa con abertura en los costados y bolsos interiores.

CAPA

La capa era la que se usaba normalmente en toda España, con algunas variaciones en los adornos, según la economía de cada uno. Normalmente era de paño negro de Béjar con los bozos de franela de cuadros y se sujetaba en el escote con cintas. Los más ricos llevaban los bozos de terciopelo y en el escote broche de plata.

Esta capa se usaba especialmente para las ceremonias religiosas: bodas, procesiones..., pero sobre todo en la cuaresma para ir a confesarse. Para esta ceremonia de la confesión y comunión era imprescindible la capa, hasta el punto que si alguno no la tenía no iba a confesarse hasta que algún familiar o amigo se la prestaba (sobre este tema de prestar la capa para ir a confesarse se contaban anécdotas muy divertidas).

Además de ésta, para el uso normal se usaba otra a la que llamaban "capa de sayal" que era de lana hilada y tejida a mano y del color natural de la lana negra sin teñir.

PANTALON

De pana negra, de corte no muy ajustado, cierre delantero de trampa, bolsos interiores. El pantalón se usaba para los domingos y el trabajo, mientras que las bragas se llevaban en las fiestas mayores.

FAJA

La faja era de lana hilada y tejida a mano. Blanca, negra e incluso a cuadros blancos y negros del color de la lana sin teñir. Tenía tres varas de larga por media de ancha y flecos en los lados.

TAPABOCAS

Era una prenda mitad manta, mitad bufanda, de tres varas de larga y una de ancha. Tejido de lana bastante grueso, a cuadros de colores y flecos en los extremos. Esta prenda la usaban preferentemente los mozos en los domingos de invierno.

CAMISA

De lienzo blanco (de hilo o de lino), cuello de tirilla con abertura hasta la mitad de la pechera, cerrada, al igual que los puños, con botones de nácar. Para la ceremonia de la boda llevaba la pechera tanto como los puños bordados, con dibujos que cubrían por completo la pechera y puñetas.

Esta camisa, así como los calzoncillos de la boda, eran regalo de la novia.

PAÑUELO DE CABEZA

La cabeza se la rodeaban con un pañuelo de seda con dibujos adamascados de colores muy vivos. Para la ceremonia de la boda se usaba sombrero negro.

CALZADO

Con las bragas usaban medias blancas de lana o hilado y tejido a mano con dibujos y calados y botas negras. Con el pantalón llevaban calcetines de lana y botas. Para el trabajo se usaban peales de lino y albarcas.

Como se puede apreciar el traje masculino es mucho más sencillo y austero que el de la mujer. En la actualidad ha desaparecido casi por completo y apenas quedan algunas prendas sueltas.

Recuerdo que en mi juventud, allá por los años cuarenta, cuando escaseaban tanto la comida como el vestido (en los pueblos quizás más el vestido), en el taller de mi padre la mayor parte del trabajo que se hacía era a base de deshacer prendas antiguas, la mayoría de ellas del siglo pasado: capas, chaquetas, pantalones, para con ellas hacer otras más a la moda de aquellos años.

Las prendas que se salvaron de la escasez de aquellos años, como casi todas eran de lana, unas se las comieron las polillas y otras, al ser de corte muy ajustado, cuando se las ponían los jóvenes por carnaval o alguna otra fiesta, siempre volvían a casa con ellas rotas y las señoras ya no querían guardarlas en esas condiciones y las tiraban. No obstante no habría ninguna dificultad para volverlas a hacer, pues yo recuerdo bastante bien su corte y hechura; además eran prendas relativamente sencillas, aunque no exentas de elegancia.

CONCLUSION

Algunas de las regiones españolas han cuidado mucho el conservar la pureza de sus trajes, esto normalmente lo ha hecho el pueblo de una forma espontánea vistiéndolo en fiestas populares, ceremonias religiosas y, en general, siempre que encuentra ocasión para ello. En Castilla por contra estos trajes se han olvidado por completo y si alguna vez se usan casi siempre es en carnaval, con lo cual se consigue desarraigarlos más aún, pues al usarlos como disfraz la persona que los lleva deja de ser ella misma para convertirse en algo extraño.

Otro aspecto negativo al respecto ha sido algo que ya he señalado antes y que creo es necesario subrayar: "los grupos de bailes regionales, podían haber hecho una labor extraordinaria en este campo del traje regional, por desgracia ha ocurrido todo lo contrario. Algunos, muy pocos, llevan trajes auténticos y verdaderamente extraordinarios. Otros, también muy escasos, los llevan pobres y vulgares, pero al menos también son auténticos. Pero lo más grave es que la gran mayoría de grupos no se ha molestado en buscar o investigar nada sobre ellos y se los han inventado, presentando como traje castellano tradicional algo que nada tiene que ver con ello. Con lo que no sólo han perjudicado la autenticidad del traje, sino también al mismo baile que pierde con ello gran parte de su pureza.

Esperemos que todos, autoridades encargadas de velar por la cultura tradicional de nuestra región, folkloristas y todo el pueblo en general nos demos cuenta del valor que tiene este legado, que aún estamos a tiempo de salvar y que hemos de procurar conservar en toda su pureza. El día en que los castellanos y leoneses, al igual que ocurre en otras regiones, nos sintamos orgullosos de llevar, no sólo en las fiestas populares, sino como vestido de gala nuestros trajes regionales, se habrá conseguido algo que los políticos buscan desde bastante tiempo sin conseguir encontrarlo: "nuestra identidad regional".

Los dibujos han sido realizados por Henar García, teniendo como modelos prendas auténticas, todas ellas con más de un siglo de antigüedad. Estas prendas han sido cedidas para este fin por: Doña Gabriela García Hernando, Doña Elisa García, Doña Felisa García García y Don Avelino Sanz García.

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BIBLIOGRAFIA

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María de los Angeles TORRES VIVES : Método Guía de corte y confección. Valladolid, 1957.

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