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LA PROCESIÓN DE LA “MARE DE DEU DE LA SALUT”, DE ALGEMESI (Valencia) (2ª parte)

ATIENZA PEÑARROCHA, Antonio

Publicado en el año 1991 en la Revista de Folklore número 130.

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5. LAS DANZAS PROCESIONALES

Antes de entrar en pormenores, destaquemos unas generalidades. Las Danzas son independientes unas de otras; es decir, ensayan por separado en locales diferentes, forman grupos compactos, y no están subordinadas entre sí. Sus miembros bailadores se repiten año tras año, y sólo se renuevan por peticiones -caso del Bolero o de Pastoretes- o por baja de uno de sus miembros -caso de Tornejants y de Bastonets-. El orden de salida es siempre el mismo: Muixeranga, Bastonets, Carxofa y Arquets, Pastoretes, Bolero, Tornejants.

Cada Danza va acompañada de los Botargas, niños o jóvenes vestidos de moros -turbante de colores, chaleco morisco, blusa, pantalón bombacho atado a los tobillos; antaño, pantalón y blusa de estampado fantasía multicolor y fez rojo a la cabeza, que llevan unas bolsitas de tela donde recogen “la voluntad”, donativos en metálico, generalmente monedas, de los espectadores. En ocasiones, los botargas van ataviados como los danzantes. Esta indumentaria mora podría venir, a mi entender, por el hecho casi irreverente de pedir dinero en una procesión religiosa con fines profanos y no devotos: el demandante no es un cristiano, sino un moro, y fuera por tanto del deber religioso de pedir limosna para la Iglesia.

Las Danzas van acompañadas de dulzainero y tabaletero, casi todos ellos nativos de Algemesí.

Siempre ha habido instrumentistas populares en Algemesí, aunque hace años aún venía Joan Blasco, dulzaínero más experto, que tocaba normalmente la Muixeranga.

En ocasiones, y por liberalidad de los Festeros, acudían a la Procesión Gigantes y Cabezudos, “Gegants i Nanos”. Pero no es un ingrediente tradicional. Por todo ello, no bailaban regularmente; es decir, al ser sus portadores mercenarios, no ejecutaban una Danza reglada, se cruzaban, daban saltitos, y nada más. En cambio, en las vecinas Alzira, L'Alcúdia y Carcaixent, en éstas se ejecuta una versión similar en música y coreografía a la del Corpus de Valencia. En ella, hay silencios entre las frases musicales, y los Nanos “valsean” constantemente. Pero, en mi opinión, al ser su instrumentista Joan Blasco, éste interpretaría la versión de Valencia.

Otra danza que en ocasiones contadas se añadió, según nos contó Vicent Monzó, es la de “Els Porrots” de Silla. Más que una Danza, es una pantomima en la que van ocho ejecutantes. Es tradicional de la localidad de Silla, donde se efectúa durante todo el seis de agosto, fiesta del Cristo, por las calles. Antaño iban vestidos de blanco, pero desde hace unos años van vestidos a “la “romana”, con un faldellín granate con flecos hasta medio muslo, correa de cuero en bandolera con clavos de metal, muñequeras de cuero, alpargatas, y se coronan con hojas de hiedra. Como arma esgrimen una cachiporra de unos 70 cms. de larga, pintada de verde y con tachas de metal negras. Sus abuelos, en cambio, llevaban camisa y “saragüells”. los bailadores efectúan un ritual que recuerda a un combate, mediante posturas estáticas alternadas con saltos para adquirir aquéllas.

Pero estas danzas, repito, no son tradicionales de Algemesí. Su aparición ha sido muy esporádica.

5.1. LA MUIXERANGA

La Muixeranga o Muixaranga es, como su nombre indica, una mojiganga o pantomima. Se compone de un número variable de hombres que ejecutan figuras plásticas y torres humanas con sus cuerpos. Van vestidos con un pantalón largo y blusa, con rayas azules, rojas y blancas. Sobre los hombros llevan unos refuerzos de paño rojo. Llevan como sombrero un casquete, con barboquejo y unas “orejitas” semicirculares, y se calzan con alpargatas cerradas de lona y suela de esparto. Su director, el “Mestre”, viste blusa azul con rayas blancas, y el pantalón es rojo también con rayas blancas. Lleva como insignia de poder un bastón o “gaiato”.

Popularmente, la gente de Algemesí opina que el origen de este traje tan vistoso está en que utilizaban para él la tela de confeccionar los colchones. Estos se rellenaban con las hojas secas de las panojas de maíz, por otro lado, Vicent Monzó, estudioso de la Fiesta, nos comentó la similitud existente entre este traje y el uniforme que llevaban los locos del Hospital de Valencia. No nos parece muy alejada esta tesis de Vicent Monzó, por cuanto que en la cultura popular el loco es la personificación de la niñez y de la inocencia.

En cuanto a su origen, para Domingo, habría que situarlo en el siglo XVIII. Para él, este baile sería muy popular en la Ribera, pero sólo se habría conservado en Algemesí. Esta afirmación es incorrecta, pues también existe una versión cercana, en L’Alcúdia, “Els Negrets” -los negritos-, con la música idéntica, indumentaria similar -la tela es de rayas verdes y blancas, cinta amarilla a la cabeza, y la cara pintada de negro-, y también con dos partes, “Dansa” y “Torre”. Se bailó en Alzira -“els negrets”- y en Carcaixent -"la Moixiganga”, y también en Sagunto y en Titagüas. Por tanto, debemos concluir que la extensión es más amplia.

Por otra parte, en Tarragona, y allí se afirma que son de origen Valenciano. Es posible que danzantes mercenarios valencianos propagaran este tipo de manifestaciones folklóricas a lo largo de los siglos XVIII y XIX. Pero nada permite demostrar con certeza su origen en la Ribera.

Este baile era ejecutado al contrario que los demás, por personas alquiladas y pagadas al efecto. Solían ser las personas más pobres de Algemesí, “els barraquers”. Ello daba un triste aspecto a estos danzantes. Además, manejaban los cirios con descuido, y se ensuciaban profusamente con la cera de los mismos. Amadés describe que su aspecto era deplorable. Pero en 1973, los Festeros -ese año era el Barrio Montaña- y los mercenarios no se pusieron de acuerdo en el precio. Soplaban además vientos renovadores y dignificadores en la Fiesta, sobre todo de los Trajes Bíblicos. Por ello, el secretario del Barrio Montaña, Joan Girbés “el canari” indicó al dulzainero, Joan Blasco, que tocara la música sin danza.

Al ver la Procesión de las Promesas, sin Muixeranga, todos los espectadores lo lamentaron. Pero algunos, entre ellos Juan Ramón Vendrell Pascual, informante nuestro, no perdieron el tiempo, y buscaron entre el público decepcionado voluntarios para montar la Danza. A lo largo del día 8 estuvieron ensayando y autoeliminándose. Finalmente, salieron para la procesión general, esa misma noche. El nuevo “Mestre”, Tomás Plá Romaguera, lo es todavía. Desde entonces, el baile ha ido creciendo. Actualmente salen dos “collas” de muixerangueros. La danza se ha convertido en un símbolo para Algemesí.

La Danza propiamente dicha tiene dos variantes: el “Ball”, y “Les Torres”. El “Ball”, o “Passeig”, o “Floretes” consiste en colocarse los bailantes en dos hileras, unos detrás de otros longitudinalmente a la Procesión, con un cirio encendido en las manos. Cuando suena la música, los danzantes se levantan y agachan alternativamente, saltan a la fila de al lado, etc. Es pausado y ceremonioso musicalmente, pero más gimnástico al baile.

Lo más característico son las torres humanas. En realidad, hay “Torres” y “Figuras”. Las más características son:

-El Pinet: Se hace un pilar o columna con un niño encima.

-La Torreta: Es de cuatro pisos: cuatro hombres en la base, tres en el segundo, un hombre en el cuarto y el niño en el quinto.

-L'Alta: Es de cinco pisos: ocho hombres en la base, tres en el tercero, un hombre en el cuarto y el niño en el quinto.

-L'Oberta: Tres hombres en pilar, dos colgados de un brazo y una pierna a los lados, en el segundo piso el brazo y la pierna en la cadera del de la base, “abriéndose”.

-La Figuereta: el niño de la cima se pone cabeza abajo, haciendo el “pino” sosteniéndose con las manos.

-La Volantinera.

-El Pinet doble, etc.

No obstante, las más comunes son las tres primeras.

El modo de construcción de la torre es el que sigue: se seleccionan “bases” y “pisos” por estatura y fortaleza física de cada uno. La “Base” se coloca, cogido por los hombros y la cabeza al centro, en círculo, en cuclillas. Sobre sus hombros sube el segundo piso. Entonces, se incorpora la Base, y los del segundo permanecen en cuclillas mientras a sus hombros trepan los del tercero. A éstos suben el hombre y el niño trepando como monos por toda la torre. El hombre del cuarto piso no se engancha, ayuda al niño con una mano. Este sube sobre sus hombros, y de pie sobre ellos, abre sus brazos en cruz y extiende la pierna izquierda en el aire, sujetándose sobre un solo pie. La gente rompe en aplausos. El resto de los “muixerangas” permanece apiñado en tomo a la base, para reforzar ésta y prevenir caídas. A menudo cae la torre cuando se está desmontando. El proceso es el mismo de montaje, pero ala inversa. Al niño, muchas veces, lo recogen en algún balcón.

Las Figuras Plásticas tienen todas simbolismo mariano. Son muy complicadas, y los cuerpos de los Muixerangas se abren o se inclinan para figurar diversas cosas.

-La María: Se compone de tres pisos: cuatro hombres en la base, y otros cuatro sobre sus hombros, en el segundo piso. El brazo izquierdo sirve para asirse a los compañeros, y el derecho se extiende paralelo al suelo, con un cirio encendido. En el tercer piso se coloca otro que abre los brazos en cruz con sendos cirios en las manos. Intenta reproducir el anagrama de la Virgen.

-El Guió: se monta en un plano perpendicular al eje de la procesión. La base son tres hombres, costado a costado, sobre los cuales suben otros tres -segundo piso- y el central de éstos a otro que forma el tercer piso. Los de los extremos extienden su brazo libre con un cirio; el del tercer piso lo hace con los brazos en cruz.

-L'Altar: Similar a éste último, también costado con costado: Base, cuatro hombres, tres en el segundo piso, dos en el tercero y uno coronando. Los extremos y el de arriba tienen cirios encendidos también.

-Otras formaciones: “L'Aranya”, “La Font”, “El Carro”, “La Grossa”, “El Banc”, “Cap en Caps”, “Cinc en un peu”, “El tigre i les Figueretes”, y el “Passeig de Gegant”.

-L'Enterro: se realiza en ocasiones muy contadas, ante las casas donde los Muixerangueros van a parar a refrescar durante el camino. Tiene una música propia. El eje de la composición es uno de los danzantes que figura a la Virgen Dormida. Una torre sostiene sus pies, y otra sus hombros. El primer grupo son dos hombres, que portan sentados en sus hombros a otros dos, y en los hombros de éstos reposan los pies del que hace de Virgen. El grupo trasero son tres de base, tres de pie en el segundo piso sobre sus hombros, sosteniendo el central por los brazos y hombros al “Virgen”. De esta forma, éste queda suspendido en el aire, casi paralelo al suelo, con una ligera inclinación, como las imágenes de la Virgen de Agosto. A pocos metros por delante del grupo se coloca otro hombre, en cuyos hombros se sienta otro. Tanto éste, con los brazos en cruz, como los brazos externos de todos los pisos, llevan cirios en las manos.

Musicalmente, la Danza tiene tres melodías: la del “Ball”, la de “L'Enterro”, y la “Muixeranga” propiamente dicha.

5.2. ELS BASTONETS

Estamos ante una danza de palos. Sus ejecutantes son ocho hombres, ataviados con una especie de uniforme romano, que fingen una lucha entrechocando bastones de madera y planchas de hierro. Es, por tanto, una Danza Guerrera.

Su indumentaria consiste en un tonelete rojo, con tiras de pasamanería dorada cruzando paralelas y transversalmente el pecho, y pequeñas mangas sin ser tales. Faldellín de la misma tela y adorno a la altura de la rodilla. Cinturón negro con adorno de clavos dorados, y tiras de lo mismo colgando en toda la circunferencia de la cintura. Bajo el tonelete llevan una simple camiseta de algodón blanca, cuyas mangas asoman. La espalda está cubierta por una tela, a modo de capita, igual a la del traje, y abotonada a hombros y cintura, quedando en ésta algo ablusonada. En ella llevan bordados símbolos marianos a los que hace referencia el Himno del Virolai: la estrella de ocho puntas, la palmera, el pozo, la fuente, a los que se unen la morera y el anagrama de María Virgen. Por otro lado, completan su tocado con un casquete a modo de cinta ancha de la misma tela del traje, con adornos de pasamanería dorada, de unos 15 cms. de ancha, que, rellena de cartón, rodea el cráneo. De él salen plumas rígidas hacia arriba, no flotantes, teñidas de colores, menos las de la frente, que son de pavo real. Al cuello llevan anudado un pañuelo, cuya punta cae en la espalda, y en el que va bordada la imagen de la Virgen de la Salud, en la Morera, flanqueada de ángeles. Cubren sus piernas con medias blancas de algodón y se calzan con alpargatas abiertas, de las de “careta”.

Sus armas son el bastón, de unos 60 cms. de largo, con un agujero transversal cerca de su base, a la empuñadura, por el cual se pasa un cordel que se liga a la muñeca, girando el bastón en el aire, colgado, para apretarla. De esta forma evitan su pérdida. En la mano izquierda, que permanece en la espalda durante el baile a no ser que se entrechoque la plancha, llevan ésta, la “Planxeta”, circular, de metal, de unos 25 cms. de diámetro, provista de un asa almohadillada en una de sus caras, por la que se empuña. De esta forma, el baile se compone de cruces y cambios de posición, con choques alternos de palos o “bastonets”, y de planchas, “Planxetes”, “escuts” o “palustres”.

Antaño, la indumentaria era más rica. Así, el tonelete podía ser de terciopelo bordado con hilo de oro, e incluso imitando escamas de las armaduras romanas. Para Vicent Monzó, ya citado, esto se debía a que, al alquilar la ropa para la procesión en Valencia, les daban los trajes de soldados romanos utilizados en las representaciones de la Pasión, en Semana Santa.

Sin embargo, lo cierto es que el traje ha sufrido escasas alteraciones desde principios de siglo, y ello sólo ha repercutido en aspectos ornamentales. Por ejemplo, en los años setenta la orla inferior del traje no era pasamanería, sino una cinta color salmón formando grecas. Bajo el corpiño llevaban una túnica amarilla corta, y aquél era negro. Sin embargo, la “capita” era roja, como la faldilla. Es decir, que la estructura del traje no ha variado sustancialmente. Actualmente, los trajes ya no se alquilan, sino que pertenecen a cada bailador. Cuando entra uno nuevo, se copia el traje, y también suele heredar el símbolo de la espalda, a fin de que todos estén presentes, y no llegara a perderse uno por repetición excesiva de otro. También ocupa el mismo lugar en la Danza.

No son extrañas al entorno este tipo de Danzas. Por ejemplo, en L'Alcúdia, “Els Dansaors” ejecutan una danza parecida, y su indumentaria es muy diferente, sólo emparentada por el faldellín; en Sueca se ejecutaba el “Ball de la Espasa”, con una música e indumentaria muy similar; en Valencia, también había una Danza de Infieles con una indumentaria muy similar, sin que hayamos conservado más noticia que ésta, en el “Rollo del Hábeas”, conservado en el Ayuntamiento de Valencia. También había danzas de Bastonets en Cullera, a la Virgen del Castillo.

Uno de los "Mestres” más recordados de esta danza fue el Tio Tomás de Pipa. En la actualidad, ya no hay un control de la Danza por algunas familias, como lo hubo antaño -se recuerdan “els Fernandissos”-. Sus maestros ahora son “Els Paresants”.

En 1980 se incorporó un grupo femenino, que aún hoy en día, pese a la polémica que suscitó, y que sigue suscitando, baila entre los dos grupos masculinos, uno de los veteranos -frisando los treinta años- y otro de noveles -como de veinte años-. Según me contaron, y todas las versiones coinciden, el Maestro de Bastonets tenía una hija con una ilusión enorme de bailar la Danza. En secreto, se buscaron unas amigas, aprendieron las evoluciones y se confeccionaron los trajes, idénticos a los masculinos, pero en color azul fuerte. De hecho, pese a reticencias, se han incorporado a la tradición, y ello es prueba de la vitalidad interna de la Fiesta.

Las Danzas se ejecutan en los cánones tradicionales, con cruces y vueltas, siendo unas más pausadas, y otras más rápidas –“La Corredora”-. Se conservan dieciocho tocatas, cada una con su evolución diferente. A la ya citada se añaden como más usuales el “Dos Quinze”, “Mambrú”, “La Gallega”, “El Paco”, “La Queta”, “L'U”, “Tres Colpets”, “L'Ampla”, “Defensa de Planxa”, “Set i Deneu”, “La Figuera”, “El Bolero”, “La de Planxa”. Se han perdido los bailes, que no la música, de la “La Caceria”, “El Negrito” y “El Negret”.

Cuando los bailadores pasan por la “Font de Salut”, fuente ya citada donde se enterraron, según la tradición, las raíces de la morera en la cual se halló a la Virgen, en la calle Berca, se realiza una tocata especial. Al medio del baile, el dulzainero corta la melodía y emprende la “Muixeranga.: al oirla, y durante su entonación, quedan quietos, mirando a la imagen que preside la fuente, la fila delantera de rodillas, y la trasera de pie; un pie adelantado, y los brazos estirados hacia adelante asiendo con una mano el puño y con la otra la punta del bastón. Al cesar las frases, el dulzainero reemprende la tocata de “Bastonets”, y éstos acaban la Danza reemprendiéndola con vigor

Esta Danza, sin ser la más conocida -goza de más fama “Muixeranga” o “Tornejants”-, sí es casi la más entrañable. En ella se ve a menudo bailar a antiguos danzantes, algunos ya mayores, a los que les invita a bailar una tocata.

Al contrario que en la Muixeranga, donde hay una heterogeneidad de edades, desde personas muy mayores a niños, ya hemos señalado que aquí las edades son más cercanas, y los grupos están distribuidos por las mismas, pues así están establecidos los lazos de amistad generacional.

5.3. LA CARXOFA

Antes de iniciar su descripción, debemos decir que “las niñas que bailan esta Danza, hasta hace pocos años eran las mismas que interpretaban la de los Arquitos o “Arquets”. En los últimos años, ante el elevado número de peticiones de incorporarse a las Danzas, se han desdoblado ambas, y ahora son independientes.

Su indumentaria tradicional responde al de niña de principios de siglo: falda con lorzas y puntillas, larga por debajo de la pantorrilla. Camisa con mangas de farol cortas y profusión de encajes y entredoses, a imitación de las chambras decimonónicas. Lazo de seda a la cintura, de color vistoso, y.pelo cayendo en una cola de caballo alta, anudado con lazo del mismo color que el de la cintura. Medias blancas caladas y zapato negro bajo, tipo “manoletina”.

Con la decadencia de la procesión, en los años cincuenta la Sección Femenina se hizo cargo de esta danza, y cambió su indumentaria, poniendo la de “Pastoreta”, que es la que ha pervivido hasta hace pocos años.

Esta Danza se efectúa en torno a un palo vertical de unos dos metros y medio de alto, coronado por un esferoide que recuerda a una alcachofa. Este esferoide se puede abrir en gajos, liberando a unas palomas que lleva dentro, y que soltarán cuando la Virgen entre en la Basílica.

De la base de esa alcachofa o “Carxofa. salen las cintas, doce, de colores variados y de unos 2 ó 3 cms. de anchas, que las bailadoras trenzarán en torno al palo.

Este baile se ejecuta además en L'Alcudia, en honor a la Virgen de L'Oreto, en Sueca, en honor de la Virgen de Sales, y en Valencia, en la procesión del Corpus, con el nombre de Magrana. Pero la indumentaria difiere en todos ellos.

La Carxofa de Algemesí tiene además el mérito de ser su artilugio antiguo. La Carxofa, verde oscura y con apliques metálicos dorados, ya aparece en fotografías de antes de la II República.

Por otra parte, no hay que confundirla con la Carxofa de Silla, Aldaia o Alaquás, que es una manifestación folklórica muy diferente.

En cuanto a las tocatas musicales, sólo hay una, y la estructura del baile es muy similar a cuantas existen del mismo: Las Doce danzantes trenzan las cintas en tomo al palo pasando alternativamete por debajo y por encima de la cinta que les presenta la bailadora con la que se van cruzando. Unas avanzan en el sentido de las agujas del reloj, y sus parejas lo hacen en sentido contrario. Las primeras cogen la cinta con la mano derecha, y sus contrarias con la izquierda. Al empezar la melodía ya se ha convenido en que unas u otras pasarán “por bajo” o “por arriba” de la cinta de su pareja. Por regla general, empiezan “por bajo” las que giran en sentido contrario a las agujas del reloj, y luego por encima, luego por debajo, etc.

La música se compone de dos partes iguales, cada una de las cuales se divide en dos frases musicales, separadas por un silencio. En la primera parte se trenza, y en la segunda parte se destrenza, acabando el baile cuando están libres; entonces, siguiendo la melodía, las danzantes giran sobre sí mismas y acaban mirando al interior del círculo.

El palo lo sostienen uno o dos niños, hasta hace poco vestidos de pastores, pero que se han reemplazado por vestidos de moros, con pantalón bombacho hasta el tobillo rayado, chaleco azul fuerte ribeteado de dorado, camisa blanca y faja rayada; resumiendo, el uniforme de “botarga”.

Cuando las niñas que bailaban “Carxofa” también danzaban “Arquets”, llevaban el aro floral para este baile en bandolera, mientras hacían la “Carxofa”. Pero desde hace pocos años ambos grupos se han deslindado.

5.4. ELS ARQUETS

Antaño eran las mismas bailadoras que la Danza anterior. Al acabar de bailar una, cogían el “arquet” y comenzaban de nuevo.

Desde 1988, estas niñas visten el traje blanco ya descrito en la “Carxofa”, y que vistieron hasta 1950.

Esta Danza presenta, para la misma música, cuatro coreografías diferentes. Para ejecutarlas, las niñas danzantes asen con ambas manos un aro adornado con papel de seda de colores, como de 80 cms. de diámetro. El papel forma bullones en la parte superior del aro. De esta forma, en una coreografía las bailadoras, en círculo, se enfrentan alternativamente y bailan siguiendo las mismas evoluciones de la “Carxofa”; en otra, forman dos círculos concéntricos de seis cada uno; en una tercera, forman un cuadrado de tres de lado, mirando hacia dentro, y efectúan giros en el centro.

Esta Danza es muy conocida: se ejecuta en Valencia, en el Corpus; en Alzira, y en Algemesí, con otra coreografía a la descrita, también en Corpus. Hay noticias de su existencia en Sueca. Y también en L'Alcudia, aunque allí la indumentaria es muy diferente: se baila con traje de sevillanas.

Un “Mestre” recordado fue Jerónimo Curçá.

5.5. LES PASTORETES

Las Danzantes de “Carxofa” y “Arquets” son niñas entre unos doce y quince años. Las que bailan “Pastoretes” son niñas menores de diez años. Antaño sólo lo bailaban niñas, dirigidas por un hombre mayor, el “mestre”, vestido de pastor. Es muy recordado el Tio Mona. Pero desde finales de los años setenta, se fueron incorporando niños. Hoy en día, prácticamente son parejas de niño y niña.

Los personajes presentes son los pastorcitos y las pastorcitas, el “mestre”, el Rey y la Reina. Antaño, este Rey era el único niño. Esta pareja de Reyes suelen ser los más altos de todos. Su indumentaria hoy en día no se diferencia de la de los demás, y sólo los marca como tales su posición -los últimos de las filas- y su estatura.

Antaño, el Rey iba vestido de pastor, y llevaba del ronzal a un borreguito. La Reina iba ataviada como una soberana de la época medieval, y llevaba corona.

La indumentaria de la “Pastoreta” se compone de camisa blanca, con mangas cortas de farol, adornadas con puntillas, entredoses y cintas de colores pasadas por los encajes. Sobre la misma, un chaleco de muletón blanco, con ribete negro y corazones de fieltro negro pegados, puestos un poco al azar. En bandolera llevan un zurrón pequeño, de la misma tela y adornos que el chaleco. Como falda gastan una de raso, de colores azul claro, rosa o amarillo, adornada con dos tiras negras a modo de “tiranas”. Al cinto llevan un ancho cinturón, a modo de justillo, anudado a la espalda, y con un pico que sube hacia el pecho, negro, con bordados en oro alusivos a la Virgen, normalmente el anagrama de María, realzado con lentejuelas doradas e hilos de colores. Sobre la falda llevan un delantal negro bordado con lentejuelas doradas, de variadas telas -de terciopelo a tul negro-, bordeado de puntilla negra. Como peinado llevan coletas laterales, o cola de caballo, adornadas en el nudo con cintas de colores. Si el pelo es muy corto, se enganchan unas cintas con una pequeña diadema, cayendo aquéllas hacia la derecha. Caído sobre la espalda llevan un sombrero de paja, con barboquejos que lo sujetan al cuello, de copa semiesférica y ala circular. Suele estar adornado con cintas de colores, y lleva el ala levantada con una escarapela en la parte delantera. Las cintas que adornan el pelo son de colores pastel, y las del sombrero son de tonos vivos. Pero esta regla no es fija, responde a la idiosincrasia del estado infantil. Calzan alpargatas abiertas “de Careta”., y medias blancas de algodón caladas.

Esta indumentaria se adaptó a las danzas de “Carxofa” y “Arqúets”, simplemente avivando los colores de las faldas, y añadiendo una tercera tirana negra, y eliminando el zurrón y el justillo o cinto. El delantal también perdía sus bordados.

Los niños o “Pastorets” visten camisa blanca normal, remangada; chaleco y zurrón idénticos a sus parejas, calzón corto hasta la rodilla negro, medias blancas y alpargatas abiertas, faja de color diverso -roja, verde, azul...- y sombrero igual al de las pastoras, pero con las alas extendidas y sin cintas.

Para ejecutar las danzas, cuentan con una castañuela y una pandereta las niñas, que llevan en las manos izquierda y derecha respectivamente. Los niños llevan una castañuela en cada mano.

Antaño, el “Mestre” iba ataviado de pastor, vestido con un chaleco grande de piel de borrego, un bastón o “gaiato” y zurrón. Hoy en día, la “mestra” que dirige la danza viste falda y justillo anudado con cordones,y lleva moño por peinado. En vez de zurrón, gasta un bolso moderno.

Existen cuatro tocatas de dulzaina para este baile, cada una de ellas con su coreografía. La más característica es la llamada “Marcha Real”, porque al final se interpreta ésta. Normalmente se bailan las números 4 y 7, ésta última la ya citada.

Los niños desfilan en larga comitiva, en dos hileras, a un lado chicos, y al otro las chicas -éstas a la derecha de la marcha-. Se forman dos grupos, partiendo las hileras por el medio, para facilitar el desplazamiento. Al cabo de las hileras, están el Rey y la Reina. Al comenzar la tocata, corren en sentido contrario a la marcha de la procesión, girando hacia fuera de la fila, y de nuevo vuelta al puesto original, siempre en su hilera niños y niñas. Después, sin moverse del puesto, levantan alternativamene los pies, y las niñas agitan las panderetas, mientras el dulzainero repite la anterior frase musical que ha servido para el desplazamiento. Se inicia la tercera frase musical -que no se repetirá-, y el chico da tres golpes con la castañuela en la pandereta que la chica sostiene en alto; cambio de sitio con la pareja, de nuevo los tres golpes, y entonces la melodía cambia y se inicia la “Marcha Real” cuya frase musical se repite dos veces: en la primera frase, se cambian de sitio con la pareja y se arrodillan mirando al Rey y a la Reina, que quedan de pie, el Rey con los brazos en jarras; los chicos levantan una castañuela, y las chicas la pandereta. De nuevo repiten la vuelta con que se había iniciado el baile, en la repetición de la frase, y quedan en su sitio, frente a su pareja, y levantando alternativamente los pies hasta que el dulzainero deja de tocar.

Este baile tiene un paralelismo en Cullera, ya desaparecido. En el Corpus de Valencia hay una Danza de Pastorcitos, pero no de pastoras.

5.6. EL BOLERO O LES LLAURADORES

Estamos ante la danza que más interés social despierta. El hecho de que unos u otros lo bailen o no lo bailen siempre despierta interés y comentarios. Como lo define su nombre, es un baile inusual en una Procesión. Lo bailan un número indeterminado de parejas, puestas en filas siguiendo el eje longitudinal de la procesión, hombres aun lado y mujeres a otro. Hay parejas de personas muy mayores, y otras más jóvenes. Está dirigido por un “Mestre” que vigila el transcurso de la Danza.

Su nombre auténtico es “El Bolero”, porque lo que se baila son pasos de Bolero tradicional, pasos contados y muy marcados. Pero la gente lo conoce más por “Les Llauradores” -Las Labradoras-.

La indumentaria responde al traje típico de los labradores valencianos. La mujer lleva todo el traje de tela de seda brocada -es decir, con adornos o tejido de oro y plata- o espolinada -con dibujos, sobre todo florales, de metales y colores-. El traje se compone de cuerpo y falda. El cuerpo llega hasta la cintura, donde se abre en aletas almenadas unos cinco cms. más. Es de escote redondo, y se ata por delante con ayuda de garfios. La manga es de farol, corta casi por el codo, y con la bocamanga adornada de puntillas. La falda es tobillera. Sobre el cuerpo, sobre los hombros y cubriendo el escote, se lleva la manteleta, doblada en forma triangular, dejando la punta caer sobre la espalda, y los ángulos cruzan el pecho y se anudan en las caderas, metiéndolos entre las almenas del corpiño. El delantal es rectangular, fruncido a la cintura, donde se ata con un lazo de seda que se anuda a la espalda. Delantal y manteleta son de tela de algodón fina o tul, bordados en hilo de oro y lentejuelas, haciendo juego ambos.

En los últimos años, desde principios de los ochenta, debido a la recuperación de las prendas de vestir tradicionales, este panorama ha cambiado bastante. En tejidos, se dejan ver las sedas adamascadas, adornadas las faldas con galones de pasamanería de algodón de colores, o de oro o plata. El corpiño se ha encorsetado, el escote se hace cuadrado y las mangas se ciñen al brazo. Deja, por tanto, de ser corpiño para ser jubón. La parte delantera se alarga para contener las “ballenas” -desde ramitas de olivo a paja de arroz-, y se anuda con un cordón, pasando por ojetes. El calzado, se ha sustituído el zapato blanco de tacón alto con pompón de colores a la punta, por el zapato forrado de tela, negro, y con tacón de carrete, adornando la punta con hebilla o lazo cosidos.

El peinado es el tan conocido de un moño de trenza al cogote, con cuatro agujas, y dos moñetes laterales, sobre las orejas; adornado con la “pinta” –peineta- al moño y los “rascamonyos” sobre los laterales.

El vestido masculino es el conocido como “de Torrentí”, por la popular leyenda que los últimos en lucir este traje fueron los de Torrent, localidad cercana a Valencia. Se compone de camisa blanca, normal, chaqueta o chupa corta por la cintura, y cuello de chaqueta moderna; calzón corto por la rodilla, de trampilla. La tela es raso de seda de color vivo: azul, oro viejo, rojo, verde. Como adorno lleva botones esféricos de filigrana en la chaqueta, boca mangas y delanteros, y en el calzón, en las aberturas inferiores de la pernera. Suelen llevar, bien haciendo el juego, pero más el contraste con el color del traje, faja de algodón de color vivo. También llevan el “barret”, pequeño casquete de punto de aguja, rematado por borlerío que cae en los hombros; aunque, usualmente, se meten el casquete entre la faja y el cuerpo, y el borlerío cae por fuera de aquélla como un adorno más. Llevan medias blancas, y alpargatas abiertas.

La recuperación de piezas se ha destacado sobre todo en la incorporación del “jopetí” o chaleco, corto por la cintura y metido por dentro de la faja. La chupa ha cambiado sus solapas por otras triangulares y el cuello se ha levantado por detrás del mismo. Los botones de las perneras del calzón han recuperado su función práctica, y la alpargata, en algunos casos, se ve sustituída por el zapato tipo “manoletina”, a veces con adornos de hebillas. El “barret” ha transformado su casquete en bolsa para recoger el cabello, siguiendo la moda goyesca: es la “cofia”.

Todos los bailadores llevan castañuelas, sujetas en el dedo pulgar y repiqueteándolas con los dedos.

La música es de instrumentos de banda, de viento. Normalmente van un clarinete, trompeta, saxofón tenor, saxofón alto, bombardino y trombón de varas. Tanto la indumentaria tradicional como la música, remiten esta Danza a su origen, que nos fue explicado por Vicent Monzó: a principios de siglo hubo un grupo de Danzas que inventó o montó esta Danza para la Procesión. Fue en 1906, pero hasta 1936 no se incorporó con carácter definitivo a la Fiesta.

Hay cinco músicas, que los instrumentistas denominan con un número, y los bailadores con un nombre. Los primeros compases no se bailan, y permiten a los danzadores identificar el que se va a bailar. Los nombres denuncian su raigambre prerrepublicana: “Valencia”, o “U”, “Reyes” o “Dos”, “Trensats” o “Tres”, “Tipics” o “Quatre”, y “Madrit” o “Madrit i Bots”, o “Cinc”.

Los “Mestres” recordados más antiguos fueron sus montadores, los hermanos “Campaneros”. A ellos les sucedió “El Pandero”, a éste Adrián, ya éste el actual, Ferrán García “El Ferrer”, informante nuestro.

Tras el Bolero llega la Cruz Mayor, barroca, de plata, con su nutrida escolta de dulzaineros. Comienza la parte religiosa de la procesión, donde sólo figura una danza: la de “Els Tornejants”.

5.7. “ELS TORNEJANTS” O “BALL DEL TORNEIG”

Este baile, al cual Domingo y otros que le siguen afirman un origen morellano, “exportado” por unos párrocos originarios del Maestrazgo, se bailaba también en la cercana Sueca. Por ello, nos atrevemos a pensar que en el pasado esta Danza estaría más extendida que en la actualidad, y su origen sería más incierto. Por otra parte, queda la cuestión de la simbología: en Morella, es una Danza burguesa, que representa al Ayuntamiento; en Algemesí, por el contrario, representa a la Nobleza. “Els Tornejants” -los Torneadores, los que lizan en torneo-, son caballeros de la Virgen; la Virgen es su Dama.

La Danza del Tornejants llama la atención por su exhibición gimnástica, a base de saltos, vueltas giros, y por su sobriedad musical. A través de gestos y actitudes, “el bailador interpreta un estilizado torneo medieval, blandiendo su “vareta” sólo o contra un contrincante.

La indumentaria es muy similar a las de las Danzas Guerreras, pero enriquecida en telas y adornos, para reforzar la imagen del caballero bajomedieval.

La tela original es tisú de plata, que brilla como si fuera metal. Con el sudor, la plata se oxidaba, y adquiría el tono verdoso que se aprecia en los trajes antiguos.

El cuerpo es ceñido, con escote cerrado al cuello. La parte delantera del cuerpo cae en punta hacia abajo, sobrepasando la cintura y cayendo sobre la faldilla. Este efecto está acentuado por unas tiras de pasamanería dorada que cruzan pecho y abdomen, transversalmente, también con punta hacia abajo al centro del cuerpo, en progresión descendente: la tira de la altura del pecho sólo insinúa la punta, la inferior al ombligo es paralela al corte del cuerpo. De estas tiras, la segunda, que une las axilas, es de flecos dorados, y la tercera es la más ancha. El borde inferior del cuerpo va todo con fleco dorado.

El cuerpo se abrocha al centro de la espalda. Para tapar esta abertura, llevan una tira de la misma tela, desde la nuca al borde del traje, con unas flores de tela cosida, de color fosa oscuro.

Las mangas son largas hasta la mano, pero compuestas de varias telas. Hasta unos dedos por encima del codo, la tela es tisú. Ahí sale una bocamanga ancha de puntillas. Desde ese punto hasta la mano, es de tela roja cubierta con encajes, ceñidos al brazo. El puño vuelve al tisú de plata. Unos dedos por debajo del hombro, llevan un lazo de seda de color.

En la actualidad, la tela es de inferior calidad, y han sustituido el puño de tisú por unas puntillas, más pequeñas que las del codo.

Ceñida a la cintura, va una faldilla, de la misma tela, con adornos paralelos de tiras doradas y flecos. Su borde llega a unos cuatro o cinco dedos por encima de la rodilla.

Bajo la faldilla llevan un calzón corto negro, que casi no se les ve cuando no bailan. Las piernas van cubiertas con medias blancas de algodón caladas, con ligas de goma multicolor y escarapela por debajo de la rodilla. Calzan alpargatas cerradas de lona, con suela de esparto, y pintadas de purpurina de plata. A la punta lucen una escarapela, a juego con las de las ligas. Las alpargatas se sujetan con tiras de pasamanería doradas que se cruzan a lo largo de la antepierna, y se anudan a la altura de la liga, bajo la rodilla.

Se cubren con un sombrero cilíndrico, que recuerda un tanto al sombrero de los soldados del siglo pasado. Sin visera, la punta superior delantera se alza en triángulo, hacia arriba, y se corona con un ramito de flores. De esta forma, visto de perfil, el gorro parece cortado en un bisel cóncavo. Este talud está cubierto de florecitas de papel dibujando la cruz roja de San Jorge. Al frontal va bordado con oro y lentejuelas el anagrama de María. El gorro es rígido, recubierto de la misma tela del traje; los bordes inferior y superior van rodeados con una puntilla de oro.

Hay un enorme paralelismo entre estos dos sombreros y los que llevan las comparsas de “granaderos” que desfilan en la Semana Santa Marinera de Valencia. Esta costumbre de formar grupos disfrazados de militares, muy pomposos, estuvo en boga en estas comarcas en el siglo pasado, posiblemente originándose en las Milicias locales. Así, en Cullera existían, llevando un uniforme copia de la época de Carlos III. Ello no hace sino reforzar el papel social que adjudicamos a esta Danza: caballeros, servidores y protectores, de la Virgen.

Puesto el sombrero, el Tornejant se cubre el rostro con una careta de rejilla metálica, que le cubre desde la frente a la barbilla. Recuerda las utilizadas por los practicantes de esgrima. Su utilidad, en principio, es no lastimarse al utilizar “les varetes”, pero hay que recordar que los “Granaderos” válencianos también las usan, como sistema de ocultación en las Procesiones de Semana santa. Quizá debamos pensar que se trata más de un sistema de anonimato, que de protección. O tal vez se pudiera interpretar cono un aditamento para semejar aún más a los caballeros, con la visera del casco bajada. Sea como fuere, esa máscara me parece de significado social más que práctico. En mi opinión, era un precio a pagar, el ocultar su identidad, el desfilar dentro del recinto sacro de la Procesión. Otras Danzas de significado plenamente sagrado, como la de la Moma del Corpus Valenciano, también deben llevar la cara tapada.

Esta careta, que se ata a la parte posterior de la cabeza con una cinta, se la quitan los bailadores, dejándola sobre su nuca, al efectuar la ceremonia, ya descrita, de la entrada de la imagen en la Capilla o en la Basílica.

Para efectuar la Danza, los “Tornejants” empuñan una vara, la “Vareta”, de madera flexible, de metro y medio de larga, y que es delgada, pero es progresivamente más fina hacia el centro, y más gruesa en los extremos. De esta manera, al ser agitada, cimbrea con más facilidad y resultan más vistosas. Estas varas, así como los bastones de “Els Bastonets”, son a cargo de los Festeros. Son muy frágiles, y es tenido por bueno el bailador que termina la Procesión sin haber roto ninguna. De todas formas, se lleva un manojo junto al baile, porque hay “Floretes” en las cuales el bailador lanza la vareta al aire, y por caer lejos o mal, no puede recogerla. Rápidamente le dan otra, para que no interrumpa el ritual.

El baile se acompaña sólo con un tambor, el “timbal”, de medio metro de altura y unos cuarenta cms. de diámetro. El antiguo, ahora retirado y reproducido, tenía cuerpo de metal y parches de piel, con una inscripción que indicaba su pertenencia al “Regimiento de Cuenca”. Era de factura decimonónica, pero se desconocía edad y origen.

La Danza tiene tres cuadros: el “Paje”, “Les Floretes” y “La Fuga”.

El Paje precede a la Danza. Uno de los Danzantes toma una espada de madera, con la mano derecha, y un escudete en forma de corazón, de unos 30 cms. de altura, forrado de tela blanca y con la imagen de la Virgen bordada en él, con la mano izquierda. Extiende los brazos hacia adelante, y coloca la espada, recta y paralela al suelo, asiendo la punta con la mano izquierda, donde lleva el “escudo-corazón”. Los pies muy juntos. Redobla el “timbal”, y el danzante puntea con el pie, y cuando el tamborilero golpea el parche con el característico “pam-pam”, avanza hacia adelante, levantando una pierna hasta la horizontal; da tres pasos, de nuevo el redoble, punteos, etc. De esta forma abre camino y marca el sitio de la Danza que le sigue.

Es muy espectacular ver la salida del Guión de la Basílica o de la Capella, pero sin duda luce más el día ocho por la mañana, en la Capella. Los Danzantes ejecutan bailes, primero en solitario, ante el Guión, y luego en parejas. Son las llamadas “Floretes”. De los siete bailadores, pueden intervenir hasta cuatro en esta modalidad. Las variantes son “Dos Carrerilles”, “Cadireta”, “Crussá”, “Quatre Cantons” y “Quatre Cares”.

Cuando bailan seis danzantes, es la llamada “La Fuga”, la más espectacular, y que dura casi cinco minutos. Se compone de tres partes: “Passeig”, “Torneig” y “Cabrioles”. Siempre despierta gran expectación. Se ejecuta en puntos fijos -por ejemplo, a la entrada de la calle Berca, o en la esquina del Ayuntamiento, al empezar y acabar la “Procesioneta de Matí.-, y también en aquellas puertas donde viven familiares o amigos, y después les invitan a refrescar o les recompensan.

En teoría, la Danza se compone de seis Danzantes y un Paje, aunque en la realidad cualquiera hace de Paje. De hecho, dicen los “Tornejants”, no se puede ser un buen danzante sin ser buen Paje. Porque el Paje debe mantener el tronco erecto al elevar la pierna, no inclinarlo hacia adelante en un movimiento brusco natural. El principal cometido del Paje es abrir el espacio al Baile, pero también entregar “varetes” de repuesto a los danzantes que las pierden al lanzarlas al aire, o las rompen. El “Tornejant", no puede interrumpir la Danza para recoger la “vareta”. Puede intentar alcanzarla con el pie, pero si va a desfigurar demasiado, aguarda, imperturbable, con una vara imaginaria, hasta que el Paje le desliza en su mano una de repuesto.

La autocrítica interna del grupo es constante e implacable. Se saben admirados y controlados, y se esfuerzan por no errar pasos o movimientos.

Y así, las Danzas, acompañados de sus Botargas, entran de cuando en cuando en alguna casa donde ya les han dispuesto mesa para reponer energías.

6. RECAPITULACION

Resulta obvio que la Procesión es una demostración plástica de la sociedad. La Muixeranga representa el pueblo llano inocente, los pobres y tristes hijos de la miseria de aquellas épocas pasadas. Sólo el deseo de conservar las tradiciones ha dignificado a esta Danza. Todos los informantes coinciden en que la Muixeranga, antes de 1973, era un espectáculo feo y denigrante. Pero ellos también formaban parte de la sociedad, y con su traje de loco representaban a los que, faltos de juicio, do carecían de él para reconocer la grandeza divina.

Resulta interesante destacar que, por la misma época del surgimiento de la Fiesta en Algemesí, cobra en Valencia un gran auge la devoción a la Virgen de los Desamparados, en principio Patrona de locos y desgraciados, de los marginados de la sociedad. Teniendo en cuenta la enorme vinculación existente entre Valencia y Algemesí a nivel de fiestas y folklore, es posible que esta representación de la Virgen de los Desamparados, esta advocación, fuera asumida también por la Virgen de la Salud. El simbolismo desapareció con los años, pero nos ha quedado la “Muixeranga” como su recuerdo. Pero esto es sólo una hipótesis.

“Bastonets” era la danza de los labradores, del Tercer Estado del Antiguo Régimen. Y en efecto, era una danza formada en principio por gentes del campo, mayoritarias, por otra parte, en Algemesí. No es necesario insistir en el carácter popular de las Danzas Guerreras, siempre montadas e interpretadas por elementos pertenecientes a los estratos inferiores de la sociedad.

Por el contrario, “Els Tornejants” representaban a la Nobleza, los Caballeros, que podían lucir un uniforme caro y bailar dentro del recinto sacro.

No creo que en su tiempo la bailaran nobles, pero sí labradores acomodados que pudieron pagar a algún Maestro de Danza que les instruyera y montara todo el simulacro del Torneo. De esta forma, la Procesión actuaba como un espejo donde todo el mundo social de una población rural se veía reflejado. La Procesión actuaba así como un factor de cohesión y de control social. Cuanto más pobre se era, más alejado se estaba de la Imagen. De hecho, los “Volantes” ya se ha indicado que eran solteros pudientes, pues sólo una sólida posición económica podía costear su indumentaria. Tan caro traje actuaba como un freno al que los jornaleros y arrendatarios no podían acceder.

Por otra parte, la Procesión actuaba socialmente cara al exterior como un escaparate de riqueza y poderío frente a los emigrantes temporeros que por esos días acudían a Algemesí para trabajar en la cosecha del arroz. Era una manera de demostrar pujanza económica frente a los de comarcas más desfavorecidas.

Todo ello se ha de poner en el marco de la sociedad estamental, rota en el siglo pasado, cuando estas procesiones comarcales -Sueca, Alzira, Cullera, Algemesí...- entran en crisis y poco a poco van decayendo, bien sea por la acción de la Burguesía -caso de Alzira- que las considera símbolo de tiempos fenecidos, o por la Iglesia -caso de Sueca- que ve en ellas símbolos paganos y poco religiosos.

Por tanto, la Procesión en sí, descrita en la primera parte de este artículo, tiene un marcado tono religioso, pero las Danzas son las que indican su cariz social y socializante. De ahí su importancia, y su relevancia.

Por supuesto, hoy en día esta interpretación carece de valor. Las Danzas son hoy montadas por personas que las exhiben con orgullo local, como símbolo diferenciador, cuyo mérito ha residido en conservarlas cuando en tantos pueblos han desaparecido, y sólo se rastrean en los libros de gastos de las Parroquias.

Pero hay que desterrar esa idea que planea en los escritos de tantísimos folkloristas valencianos que alaban la originalidad de las Danzas: definitivamente, no la hubo nunca. Se bailaban similares o idénticas en muchas localidades cercanas. La más original es el Bolero, que se introduce a principios de siglo, cuando ya prácticamente la simbología social de la Procesión no tiene casi objeto -salvo en el caso de “Els Volants”, que se la califica como su época gloriosa, época de conflictos entre arrendatarios y propietarios en toda el área rural valenciana-. El Bolero se introduce en plena etapa de “folklorización” de la Procesión, cuando ésta se convierte en objeto de los primeros folkloristas -Almela y Vives, Sanchís Guarner, Lisard Arlandis- y motivo de atracción de forasteros -como se detalla en la “Guía de Levante., de Elías Tormo-

Sin embargo, al haber esbozado esta interpretación a los informantes, ellos la han negado, lo que prueba que ya carece de todo valor en las circunstancias actuales. Hoy en día, Algemesí es casi más industrial y comercial que agrícola, y el nivel de vida de su población en las últimas décadas, pese a la crisis de la naranja y del arroz, se ha elevado espectacularmente.

7. EXTENSION DE LA PROCESION FOLKLORICA

Salvo la “Muixeranga”, que es el más reacio a estas manifestaciones, las Danzas de Algemesí han participado repetidas veces en festivales y cabalgatas folklóricas. Sin embargo, no deja de ser interesante que se hayan introducido como complemento en otras fiestas, locales o cercanas, y su presencia se ha convertido en tradicional.

Dentro del mismo Algemesí, algunas Danzas participan en las modestas procesiones que se celebran en honor de San Antonio de Padua y sobre todo, de San Onofre –“Sant Nofre”, Patrón antiguo de Algemesí.

En la vecina Pobla Llarga se celebra, hacia el 14 de octubre, la Fiesta en honor de su Patrón, San Calixto. En la procesión figuran las Danzas de “Pastoretes”, la “Carxofa” y el “Bolero”. Pero, conviene matizar, los bailadores son todos ellos del propio Algemesí, que acuden a bailar. No son, por tanto, de la Propia Pobla Llarga.

8. LA SEMANA DE TOROS

Una vez acabada la Fiesta con la entrada de la Virgen de la Salud en la Basílica, en la madrugada del día nueve, comienzan las fiestas de la calle de la Virgen de la Salud, que no pasan de ser unas fiestas de calle, con misa, cena comunal, y algo de pólvora. Pero, como ya es sabido, todo Algemesí espera impaciente la llegada de la “Setmana de Bous. -Semana de toros-. Ya hemos explicado que la protección que la Virgen dispensaba a los campos -recordemos que fue elevada a Patrona por su protección contra una plaga de langosta en 1756-, y de ahí la fecha. Pero después se esperaba al final de la cosecha arrocera para iniciar la semana de fiesta profana.

En la Plaza Mayor, de forma rectangular, se van a colocar unos andamios, pegados a las fachadas, basados en pilares, troncos, atados y clavados. Sobre ellos se instalan graderíos. Son los llamados “carafals” -catafalcos-, auténtica muestra de arquitectura efímera popular. En total son veintinueve, repartidos en los cuatro lados de la plaza: El del Ayuntamiento y el de “Xarpa”, que son los lados cortos, y el de la Iglesia y el de la “Pastora”, los lados largos. Este último se llama así porque antiguamente lo construían los cofrades de la Divina Pastora.

Sin embargo, debemos proceder de forma cronológica. Según Domingo i Borras, Cronista oficial, el primer acto era la “Demanà” -Petición-. Este acto debió perderse hace muchos años, pues no todos mis informantes lo conocían. Ya hemos descrito que en la noche del día 6 de septiembre se hacía una serenata. Al acabar el concierto, la Banda tocaba un pasodoble titulado “Pan y Toros”, entonces los mozos coreaban “Bous, volem bous” -Toros, queremos toros-.

Entonces el alcalde, concejales y pregonero salían al balcón del Ayuntamiento, y tras imponer silencio, se decía: “Si el poble vol bous, bous tindrà” -si el pueblo quiere toros, toros tendrá-. Siempre según Domingo, a quien sólo hemos corregido el título del pasodoble, diferente según mis testigos, el acto se perdió al ser trasladado a las fiestas del Cristo de la Agonía, en agosto, alegando para ello que necesitaba más tiempo material para preparar la fiesta de los toros. AI decaer esta fiesta, desapareció el acto.

El siguiente paso es la “subasta dels Carafals” -subasta de los catafalcos-. Por medio de pujas, se establece qué peña o grupo ocupará el catafalco. Antes de la guerra, el acto se hacía en la misma plaza, y cantaba su tamaño y precio de salida. Pero ahora, la subasta se realiza en el salón de actos del Instituto de BUP, y los asistentes reciben a la entrada un impreso con las condiciones de cada “carafal”, su precio de salida, y el remate alcanzado el año anterior.

Los “carafaleros” se quejan de que es una fiesta de la cual el Ayuntamiento sólo extrae beneficios: controla la subasta, y no participa de los gastos.

Otro acto también desaparecido era la “tira” -elección-. El ganado a lidiar, conducido por sus vaqueros, entraba a la ciudad, seguido por el Ayuntamiento y la Banda de Música. En la plaza se escogían los que habían de ser toreados, que se metían en el corral o “corro”, y los defectuosos o torpes, que se rechazaban, y se dejaban en la “marjal”, terreno salubre para el cultivo del arroz, por esos días vacío de cultivos.

Por el contrario, ahora se realiza “L'Entri”, -la entrada-, en la que el ganado es traído desde la “marjal”, bajando por la calle del “Molí”, y seguido por la Banda de Música.


Como residuo de las vaquillas, aquellas persecuciones y lidias de toros por los mozos por las calles, sólo queda la “vaqueta del migdía”, -vaquita del mediodía-. Una vaquilla es dejada por las calles, y los jóvenes la enfrentan con bastones o “gaiatos”.

Domingo afirma que antaño los toros no se mataban. Se corrían en la plaza, y luego se les perseguía, azuzándolos con cañas aguzadas, hasta la “marjal”.

Pero la fiesta se profesionalizó, y hoy día en la Plaza los toros sólo los lidian y matan toreros profesionales.

Debemos hablar, antes de seguir adelante, de los organizadores de estas fiestas. Nos referimos a los “carafaleros”, agrupados en “Penyas”, peñas carafaleras. Son grupos de jóvenes y mayores, que disfrutan de la fiesta. Con lo que se ha recaudado de la subasta, el Ayuntamiento puede ayudar algo, pero normalmente las peñas se encargan de contratar a los toreros y las reses, y a los cantantes o grupos que actuarán por las tardes y por las noches respectivamente. Para recuperar el dinero, el “carafalero” vende entradas de su “carafal” a amigos, vecinos, o a quien se lo pida. También se hacen abonos, que cubren todos los actos. Uno de estos abonos viene a costar unas veinticinco mil pesetas. En resumen, es una fiesta que se autofinancia.

Por otra parte, cada Peña se monta en los jardines de la Ronda d'Alzira una “barraca2, de madera, donde comen y cenan, bien cocinando ellos o bien contratando a algunas mujeres que les preparen las comidas. Durante la semana, el “carafalero” casi no aparece por casa más que para dormir, ya altísimas horas. Debe estar pendiente de todo, pues los “abonados” pueden ir a cenar a la barraca y hay que tratarlos bien. No sólo ha montado el “carafal”, sino que también es empresario y aposentador. En las corridas y espectáculos, acuden con sus camisetas, gorras o pañuelos identificativos. Invitan a amigos. La cuestión es divertirse, reparten su vida entre la Plaza y las “Barracas de la Fira”. Porque junto a ellas se instala una feria con tómbolas, aparatos de diversión mecánica (“la Ola”, noria, etc.).

Y cuando se está en la plaza, el espectáculo o la corrida es lo de menos. Se canta, se come, se bebe, se le tiran cosas -o se le cantan consignas- al artista. El ambiente es muy animado, aunque a costa de enfados y desplantes de profesionales poco comprensivos. Por ejemplo, en 1990 un grupo de música moderna se negó a actuar en redondo.

Al acabar el espectáculo, los “carafaleros” vuelven en masa a sus barracas, para tomar chocolate. La juerga, con música de casette que atrona por toda la Avenida, puede seguir hasta sólo Dios sabe cuándo.

Pasada la semana, los carafales se desmontan, y todo vuelve a su rutina. Pero si alguna peña no satisface el importe del “carafal” al Ayuntamiento, tendrá que explicarse. Antaño, según Domingo, eran marcados, y se les negaba el permiso a desmontarlos.

Aparte de pagar multa por cada día transcurrido, quedaban como deudores ante todos.

Como epílogo de las Fiestas, a partir del 31 de noviembre, y hasta la Purísima, el 8 de diciembre, se celebra en la Basílica una novena, que se denomina como la “Misa de les Guitarretes” a las seis y media de la mañana. Es una celebración muy concurrida, con mucho ambiente. Pero a las guitarras que animaban la misa, ha sucedido el Coro, la “Schola Cantorum”.

BIBLIOGRAFIA

ARAZO, Mª Angeles, y JARQUE, Francesc: "Les Nostres Pestes”, Valencia, 1990.

ARLANDIS, Lisard: "la Procesoneta d'Algemesí", en "Valencia Atracción", n" 488, 1975.

ATIENZA PEÑARROCHA, Antonio: "Dolçaina i Dolçainers a la Festa i a la literatura Tradicional", Petrer, 1990.

CASTELL MAMIQUES, Vicente: "La recuperación de las Danzas de la procesión de la Virgen de la Salud de Algemesí", Almanaque "Las Provincias”, 1978.

DOMINGO I BORRAS, Josep Antoni: "Festa a la Riber”. “Les festes d’Algemesí", Valencia, 1983.

JIMENEZ SALCEDO, Gregorio: "Bailes litúrgicos en honor a la Virgen de la Salud de la Ciudad de Algemesí (Valencia)", Calamocha, 1990.

SANCHIS NAVARRETE, Manuel: "Itinerario Mariano Valentino”, Valencia, 1954.

TORRENT I CENTELLES, Vicent: "La Música Popular", Valencia, 1990.

VARIOS: "Gran Enciclopedia de la Región Valenciana", Valencia 1972.

"Santos Patronos de Valencia", Valencia, 1940.

"Consueta de la Processó de la Mare de Déu de la Salut", Algemesí, varios años.

INFORMANTES

ALBELDA ROS, Ana: Bailadora.
ATIENZA, Celia: Bailadora
CASTEL MAHIQUES, Vicente: Historiador
GARCIA, Ramón: Dulzainero.
GARRIDO BARRUFET, Jordi: Traje Bíblico.
GARCIA, Ferrán: Bailador.
MONZO,Vicent J.: Bailador.
ROS, Angelita: Bailadora.
RAMON, Diego: Director del Coro y Dulzainero.
RICHART, Xavier: Dulzainero.
VENDRELL PASCUAL, Mari Fina: Festera y Traje Bíblico. VENDRELL PASCUAL, Juan Ramón: Festero y Traje Bíblico
GRUPO DE DANZANTES DE "BASTONETS".
GRUPO DE DANZANTES DE "TORNEJANTS".

NOTA SOBRE LAS PARTITURAS

Las notaciones musicales de las Danzas de Algemesí han sido publicadas repetidas veces. Así, en los "Cuadernos de Música Folklórica Valenciana", de la Diputación de Valencia. También se hallan, junto a otros ejemplos citados en este texto, de otras localidades, en el "Cancionero Musical de la Provincia de Valencia", de Salvador Seguí, Diputación de Valencia, 1980.

Las aquí reproducidas proceden de "Nostres festes", de María Angeles Mazo y Francesc Jarque. Fueron realizadas por el Catedrático del Conservatorio de Valencia, Agustín Alamán, y el músico Moreno Gans, y publicadas originalmente en el álbum del "Cincuentenario de la coronación de la Virgen de la Salud (1925-1975), al que, por desgracia, no he podido tener acceso. Las partituras fueron completadas y publicadas por Jiménez Salcedo en su ponencia sobre las Danzas en las Jornadas de Etnología Aragonesa, citadas en la bibliografía.