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UNA VERSIÓN ALPUJARREÑA DE LA MADRE MALVADA

UÑA, José María de

Publicado en el año 1991 en la Revista de Folklore número 131.

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PRESENTACION

Este cuentecillo forma parte de esa enorme masa de literatura popular, que puede pasar desapercibida durante décadas y siglos pero que nunca muere. Una literatura anónima, que pervive durante generaciones, latente en el calor de los hogares, en la voz susurrante de los pueblos, y que, con el tiempo, acaba por manifestarse en toda su riqueza y hondura vital.

Es una de las cinco versiones que fueron recogidas durante el curso 85/86 por niños y jóvenes de la Alpujarra granadina, que las tomaron directamente de labios de sus abuelos y familiares. Los nombres del recolector e informante figuran al final. Mi labor se ha limitado a corregir los inevitables errores ortográficos y a pulir / ordenar mínimamente las incorrecciones sintácticas.

En algunos casos he respetado las voces andaluzas y localismos porque me pareció que sin ellas el relato perdía su gracia y su frescura.

El cuento es muy popular en la Alpujarra y se narra de muy diversas maneras, aunque respetando siempre el hilo argumental básico: los dos hermanos (niño y niña), la madrastra malvada, el canibalismo del padre, la tarea de "siembra" de la hermana, y la reencarnación en árbol del niño asesinado, comido y sembrado. Tal y como está planteado responde al Tipo 720 ("mi madre me mató, mi padre me comió") del índice de Aarne y Thompson. El motivo principal sería el E607.1 (huesos recogidos y enterrados), estrechamente relacionado con otro motivo muy extendido, "la reencarnación en planta" (motivo E631) del que tenemos no pocos testigos en otros cuentos y leyendas, y que aparece también en obras literarias como Tristán e Iseo y los lais de Mª de Francia.

Muy próximo a este tipo 720 es el conocido como "el hueso cantarín" (Tipo 780), que toma su nombre del cuento de los Grimm y que entre nosotros se conoce más como "la flor de lililá". El motivo central en este caso es la "reencarnación en instrumento musical". La diferencia esencial entre ellos está en que "el hueso cantarín" reproduce el mito de Caín y Abel: lo que es en el Génesis el clamor de la sangre de Abel pidiendo venganza desde la tierra, en el cuento popular se convierte en una balada/romancillo final con instrumento musical, basado en los efectos sonoros de la palabra "vilán", "lilolá", etc., que es palabra comodín/rima. En cambio, en Periquito y Mariquita lo que se manifiesta es el poder fructificador, revitalizador de la naturaleza con la imagen poética del niño sembrado y renacido en árbol. Espinosa, padre, en su colección de cuentos populares españoles recoge un cuento "Las tres bolitas de oro" (nº 152), cuyo final integra ambos motivos, "reencarnación en árbol" y "reencarnación en instrumento musical", echando abajo cualquier esquema de clasificación y demostrando la estrecha relación que puede llegar a existir. (Véase la versión de Grimm: el pájaro es al mismo tiempo "reencarnación en pájaro" e "instrumento musical").

Ambos tipos (720/780) hacen llegar hasta nuestro presente de cuatro milenios de civilización (¿o parecido?) unas creencias atávicas, ancestrales, que los antropólogos centran en el culto a los árboles. En este punto la lectura de Frazer, "La rama dorada", es reveladora y se hace imprescindible. (Ver el capítulo IX). Así, podríamos decir que este cuento de Periquito y Mariquita es la expresión literaria de costumbres y rituales, ceremonias populares propias de estos días de abril, mayo, junio, exaltación de la naturaleza que renace después del largo invierno. Exaltación de la fuerza vital y de los poderes fructificadores que celebramos en los días de S. Jorge el Verde, las Cruces de Mayo, "el palo mayo", y la noche mágica de S. Juan. El cuento se nos manifestaría así como un auténtico y prodigioso relato mítico y todas esas celebraciones y fiestas serían el ritual del mito. Mito y Rito en una misma sincronía. Periquito y Mariquita podría ser considerado como un cuento -clave para todos aquellos que están convencidos de la teoría del origen mítico del cuento maravilloso (Propp a la cabeza), y siguieran empeñados en investigaciones tan neblinosas.

Nuestro cuento es conocido (lógico, dada su importancia) fuera de La Alpujarra y no parece conocer fronteras. Por citar sólo lo más representativo diremos que en España lo cuenta M. Curiel en sus cuentos extremeños ("La hornera mala"). En Europa lo narra la tradición anglosajona con el título de "El rosal". Lo popularizan los hermanos Grimm incluyéndolo en su colección con el nombre "El enebro", aunque dramatizándolo en exceso, añadiéndole detalles truculentos que le restan frescura, y desarrollando el motivo "reencarnación en pájaro" (E610).

Llegado este momento no resisto la tentación de hacer notar la semejanza del Periquito alpujarreño con algunos cuentos de la colección rusa de Afanasiev. Especialmente interesantes son "Javronia-Pizquita", y "La hija del mercader y la sirvienta", (pág. 118 y 168 respectivamente de la edición de Anaya Vol. I). Es importante destacar en la colección rusa la reiterada presencia del motivo E32 ("animal comido resucitado"). El animal suele ser una vaca y cumple las funciones de auxiliar / ayudante o en otros casos se convierte en donante o incluso él mismo es donante y objeto mágico (Función F9, Propp) como creo que sería el caso de Periquito y Mariquita. También es interesante la presencia de la incineración en lugar de la inhumación, modos que son manifestaciones de personalidades culturales distintas, oriental y occidental.

He aquí ya, sin más dilación, la historia de Periquito y Mariquita. Una historia simple, tan breve como hermosa, a mi parecer .


PERIQUITO y MARIQUITA (N° 32)

Erase una madre que tenía dos hijos: Periquito y Mariquita. Un día les hizo un mandao y les dijo que al que primero llegara le haría un bollico. Los niños se fueron cada uno por su lado. Cuando volvió Mariquita con el recado hecho le preguntó a su madre si había vuelto Periquito. Su madre le dijo que no y que para ella era el bollico. Pero la mandó ir a llevar la comida a su padre, que estaba en el campo y le ordenó muy severamente que no se le ocurriera destapar la olla.

Por el camino Mariquita empezó a pensar por qué su madre le habría prohibido abrir el puchero. Tanto le pudo su curiosidad que no resistió la tentación y miró dentro. Y vió arriba del todo el “deico pino" de su hermano. Mariquita empezó a llorar, venga a llorar. Y se encontró por el camino con una vieja que le preguntó:

-¿Por qué lloras, Mariquita?

-Porque mi madre ha matado a mi Periquito y se lo ha “aviao” a mi padre.

-Pues no llores. Tú lo que tienes que hacer cuando tu padre esté comiendo es recoger todos los huesos. Y si te dice que para qué los quieres, tú le respondes que para el perrico de la vecina. Luego los siembras y los riegas.

Cuando su padre estaba comiendo, ella iba recogiendo los huesicos. Su padre le preguntaba:

-¿Para qué quieres los huesicos?

Y ella contestaba:

-Para el perrico de la vecina.

Cuando ya terminó su padre, enterró los huesos como le había dicho la vieja. Y todos los días iba a regarlos.

Fue creciendo una mata; cada vez se fue haciendo más grande y un día salió Periquito, cargado de frutas y flores. Entonces se presentó en casa y su madre, al verlo, le dijo:

-Dame una manzana, Periquito.

-No, que tú me mataste.

Entonces el padre le dijo:

-Dame una pera, Periquito.

-No, que tú me comiste.

Y dijo Mariquita:

-Periquito, dame una flor.

Y dice:

-Tómalas todas que tú me lloraste, me recogiste me sembraste y me regaste.

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NOTA

Recogió el cuento: MARIBEL MALDONADO ESCUDERO. 16 años. Murtas.

Lo contó: ANDRES PEREZ PEREZ. 73 años. Agricultor. Murtas. (Granada).