Si desea contactar con la Revista de Foklore puede hacerlo desde la sección de contacto de la Fundación Joaquín Díaz >

Búsqueda por: autor, título, año o número de revista *
* Es válido cualquier término del nombre/apellido del autor, del título del artículo y del número de revista o año.

MAGICA SIERRA MAGINA

GARRIDO PALACIOS, Manuel

Publicado en el año 1991 en la Revista de Folklore número 132.

Esta visualización es solo del texto del artículo.
Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Revista de Folklore número 132 en formato PDF >

Los últimos números de la revista están disponibles en el servidor de la Fundación Joaquín Díaz >


La Sierra Mágina, en Jaén, sobre los dos mil metros de altitud, fleco del sistema Penibético, contiene docena y algo de pueblos. Me cuentan algunas fiestas de su calendario: Procesión de Albánchez de Ubeda, encierros de toros en Noalejo y Charchalejo, además de su feria de ganado y Campanilleros; la Monidura en Mancha Real, la Tambora, en Cambil, y Moros y Cristianos en varios de sus puntos: Bélmez de la Moraleda, Campillo de Arenas y otros.

Los moros, que son gente
bárbara y fiera,
sometieron a España
a injusta guerra;
Rodrigo, nuestro rey,
fué vencido,
gran parte de España
hemos perdido.

Los de la comarca dicen que sus Moros y Cristianos poco tienen que ver con los de Levante:

-Aquí no hay exhibición, no hay espectáculo, sino esencia; el que quiere venir viene y el que no se queda en su casa. No hacemos de ésto un asunto turístico, es nuestra fiesta y en paz.

La distinción a la que se refieren puede apuntar hacia los disfraces lujosos o el derroche de pólvora; en lo fundamental son comunes, pues consisten en un vértice que divide a dos bandos, cada uno con un rey, un embajador y soldados, que hacen mojigangas al son de la música de cada lugar, metiéndose en ella a veces mujeres y niños. Lo que está en litigio y se saca a batalla con las armas de juguete es el Castillo, el poder terreno o, en su defecto, el celestial, representado por Santos Patrones -Indalecio, Torcuato, Antonio, Gregorio, Sebastián, Ana, Isidro-, la Virgen en sus distintas advocaciones -del Rosario, de la Cabeza- o del Cristo.

Soy Baeza bien nombrada,
nido de gavilanes,
con sangre tiñen su espada
de los moros de Granada
mis temibles capitanes.

El final del episodio suele estar cantado: la conversión del rey moro. Puede que en unos pueblos el disfraz se consiga a base de cortina prestada, colcha e imaginación, frente a otros, más pudientes, sacando el lujo a oreo, pero allí y aquí atronarán todos el aire con descargas de pólvora para lo que valdrá lo mismo un arcabuz antiguo que una moderna escopeta de caza.

La reina doña Isabel
puso sus tiros en Baza,
y yo los he puesto en ti
porque me caíste en gracia.

Fuera de esta Sierra Mágina -algunos dicen mágica, yo lo diría por su paisaje-, en Aragón, Levante o Cataluña, la celebración de Moros y Cristianos ha derivado hacia versiones muy matizadas. En Lloret de Mar, lo que más se asemeja a este juego es el caso de un moro de la costa que se prendó de una doncella catalana. Cuando fue la Fiesta Mayor se presentó éste con sus mejores ropas a emparejar en la danza con la dama de sus sueños, llevándole de regalo una almorratxa de múltiples pitorros llena de perfume, cristal que ella estrelló contra el suelo. Dicen que él se volvió a su Africa y ella ingresó en un convento de clausura. En las Hurdes, Pico Castillo era un refugio de moriscos. En Pinofranqueado se cuenta la leyenda de un rey moro que quiso llevar agua a la cristiana cautiva y de ello nació un romance y su libertad. Hay fiestas pacenses llamadas del "Pan y el Queso", cuyo origen, dicen, está en la Reconquista.

Quien ve aquí esta ciudad,
en este llano formada,
fue ponerle un freno al turco
y una llave a toda España.

Cuando fue reconquistada Granada, las cadenas que apresaban brazos y piernas pasaron a colgarse en la Iglesia de San Juan de los Reyes, Toledo, donde hoy pueden verse:

Cadenitas, cadenas,
tan misteriosas,
sujetásteis cristianos
en las mazmorras

Todo esto lo anoto con las últimas luces del día, teniendo ante mí la majestuosa Sierra Mágina, paisaje, por suerte, poco hollado aún, al que quiero volver. Ahora cae la noche, levanta el buho, siendo el eco del autillo y sólo me queda comer algo y buscar cobijo. Siempre me parecieron estas fiestas una puesta en escena del Romancero en sus historias fronterizas y de moriscos; cuento de siglos que llegara a la memoria a versos sueltos:

<...cartas llevaba en su mano,
cartas de mensajería,
escritas iban con sangre,
y no por falta de tinta,
el moro que las llevaba
ciento veinte años había>.