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HABITAT Y ENTORNO ECOLÓGICO (III) (EL VALLE DE VALDIVIELSO – BURGOS)

TEMIÑO LOPEZ-MUÑIZ, Mª Jesús

Publicado en el año 1992 en la Revista de Folklore número 133.

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CONSTRUCCIONES COMPLEMENTARIAS

La propia organización funcional de la casa, y la relación de la misma con los edificios auxiliares de carácter agropecuario, está relacionada con el tipo de producción que se desarrolla en cada área o comarca.

En el Valle de Valdivielso es fácil observar la configuración espacial, en la cual la vivienda destaca como una edificación unitaria, o situada en un grupo de volúmenes. En esta situación se localizan algunos lugares que sirven como almacén, cuadras y espacios de servicio, para el campesino. Como afirma Grinda (1988:115), existe una gran mezcla o multifuncionalidad, pero nos encontramos con zonas especiales dedicadas a una función concreta.

La unidad residencial puede aparecer rodeada de construcciones, que completan las necesidades agropecuarias; un ejemplo de esta singularidad está ubicado en El Almiñé. En la parte posterior de la vivienda se desarrolla la bodega, el horno y varias edificaciones de usos varios. Suponen un añadido, pues el tratamiento arquitectónico es muy simple.

AGRARIAS

Las Eras

Todo el proceso, que se producía en torno a la explotación cerealista, desembocaba en un espacio muy interesante. En El Almiñé se encuentra un gran número de eras, situadas en la parte alta de la localidad. Allí se desarrolla una perfecta aireación, para un trabajo tradicional, en el que el aire juega un papel fundamental. Complementariamente a las eras, se sitúan los pajares, generalmente uno para cada era, protegiendo y cerrando el espacio. Aunque son utilizadas por varias familias, la propiedad corresponde a un propietario único.

En la Merindad de Valdivielso las eras son de tierra bien prensada y preparada, para que el cereal se distribuya homogéneamente, por toda su extensión. Aunque su perímetro no es perfecto, aparecen formas cuadradas con los límites circulares, para el desarrollo de todo el proceso de la trilla. A veces, se conforman terrenos a diferente nivel, para disponer las eras cobijadas unas en otras.

Los pajares

Me han parecido pequeños compendios de arquitectura de la zona, son pajares-cuadra, incluso bodega y lagar. Exteriormente, se aprovecha la configuración del terreno, permitiendo dos accesos diferenciados; uno da paso al pajar y el otro a la cuadra.

Respecto a los materiales, en Valdivielso se utiliza la piedra, aunque el aparejo es más rudimentario y simple que el empleado en las viviendas. A pesar de ello, se analizan aspectos arquitectónicos muy interesantes, sobre todo en el ejemplo que me ha servido de tipo. Además del viguerío estructural, este pajar doble en su parte superior, configura en un lado una cuadra y en el otro un lagar con bodega. Resulta extraño hablar de este último espacio, pero debemos recordar cómo la vid formó parte del paisaje de Valdivielso, en tiempos pasados. Por eso, los lagares se construyeron en diferentes localidades, aunque no se conserva ninguno, sólo el de El Almiñé. Debo destacar su singularidad, ya que es distinto a los situados en otros lugares de la provincia. Formado por una viga horizontal encajada en dos verticales, en la primera se sujetan dos tornillos, que son los que funcionan durante el prensado de la uva. Esta va depositada en una plataforma, cuya parte frontal dispone de un canalillo de desagüe.

Si el lagar está a la derecha de la edificación, la bodega se localiza a la izquierda; una escalera accede a dos arcos que crean un área abovedada. Al exterior observamos el desnivel producido en el terreno, con objeto de ubicar el conducto de ventilación, necesario en este tipo de construcciones.

Tejavanas

Generalmente rectangulares, los pajares pueden ir acompañados de un anejo abierto al exterior, denominado tejavana. Resulta un cobertizo muy útil, para situar el carro y los aperos de labranza, de gran tamaño. Su proximidad con la era y el pajar, independientes de la vivienda, condiciona un área determinado y singular por su estructura espacial y arquitectónica. Ejemplos como el de Puente Arenas y El Almiñé no limitan esta construcción, puesto que también es fácil encontrarla exenta, sin la apoyatura del pajar. Hemos comprobado cómo aprovecha uno de los muros del edificio al que va unida, tendiendo el tejado sobre un pie derecho o una pared de piedra. En ocasiones, de lado a lado se extiende una viga, que contribuya a una mejor adecuación de la cubierta.

Además de estas construcciones, típicamente agrarias, voy a tratar en este apartado, los molinos y los hornos; en ellos se producen procesos de transformación de los cereales.

Los molinos

Las primeras menciones de los molinos de agua en Grecia datan del siglo I a. de J.C., los de China son algo posteriores, probablemente ambos derivan de un precursor común del Oriente Medio.

La energía del agua, que en un principio fue aprovechada para moler el grano, pronto fue utilizada para mover bombas, molinos de mineral, fuelles y fraguas. En el Código Visigótico se hace mención del molino de agua, debido a ello es posible suponerlo común al siglo VIII, aunque el primer documento en el que aparece un molino concreto es en el siglo X. En 1068 se realiza la venta del molino de la villa de San Esteban de Gormaz al Monasterio burgalés de San Pedro de Arlanza (Escalera, J. y Villegas, A., 1983:29).

Las riberas de los ríos burgaleses, en las afueras de los pueblos, en lugares a veces escondidos y apartados, se levantan bellos molinos, en ciertos casos abandonados y en ruinas por la pérdida de su utilidad. El río y sus molinos forman parte del paisaje rural, el encanto de su estética va unido a su transformación actual.

En el Valle de Valdivielso se conservan varios molinos, aunque sólo el que hemos estudiado era usado por algunos vecinos de Valle Arriba. Según Madoz, había en El Almiñé, dos de una piedra en el arroyo que desciende del monte. En Arroyo, uno de tres piedras, mas dos, en el arroyo, de una. Hoz y Población contaban con uno, cada uno. Por el contrario, para Quecedo, da la cifra de cinco. Actualmente, muchos de ellos han desaparecido, sin dejar huella. Solamente uno se mantenía en funcionamiento, el de La Central, en las proximidades de Quintana. El molino Temiño fue convertido en vivienda, lo mismo que el situado en el arroyo de El Almiñé. Otros se encuentran abandonados, sin finalidad, entre ellos el de La Tabernilla, cerca de Población y Condado.

El molino de La Central, en uso hasta hace pocos años, estaba construido en madera de roble y de encina; para el bombo y la tolva prefirieron una madera blanda, el chopo. El roble sirvió, preferentemente, para el engranaje inferior, en contacto con el agua.

Dentro de los mecanismos más primitivos se encuentra el de la rueda horizontal rodezno o rodete; de un metro de diámetro con un eje vertical en cuyo extremo se adosa un número variable de cazoletas cóncavas, todo unido a la piedra superior móvil. Este tipo de molino requería, por su simplicidad, una infraestructura mínima, pero precisaba de cursos de agua de alto nivel de regularidad y rapidez. El rodete puede disponerse sumergido dentro de la corriente, de esta manera la fuerza surge de ella misma o recibiendo un impacto creado artificialmente, orientado hacia sus aspas. Como señala Javier Escalera (1983:70), hay molinos con rodetes de inmersión colocados dentro de un cilindro de madera o piedra que capta la corriente, "haciendo girar la rueda por la fuerza de la misma, multiplicada por su comprensión"; este sistema aparece en algunos molinos del País Vasco. Esta estructura, enormemente primitiva, se desarrollaba en el molino de La Central.

El rodete iba colocado sobre el puente, viga horizontal de madera de roble. De su centro partía el árbol o eje que mediante una barra de hierro se unía con las piedras. En el centro del árbol se situaba el puntillo que descansa sobre el cuadradillo, cubo de bronce, que permite el giro del rodamiento. Aliado del árbol se colocaba una barra de alivio que servía para subir o bajar, permitiendo regular la separación entre las piedras. Esta barra iba unida a uno de los extremos del puente, y se controlaba en la parte de arriba con un tornillo. La madera de roble, debido a su dureza y resistencia a la humedad, es muy apreciada; por eso tanto el árbol como el puente y el tambor que impulsa la corriente, se construyen en esta madera.

Los hornos

Formaban parte fundamental del hábitat rural, en hogares con una economía precaria, donde el pan constituía un elemento básico y primordial de la dieta diaria. Para este trabajo me limitaré a enumerar los hornos de El Almiñé, ya que si no la lista resultaría interminable.

La Llana

-En la cocina, se acusa al exterior de forma semicircular.

Barrio de Santa Lucía

-En la casa de Consuelo, situado en el patio.

Barrio de la Iglesia

-Casa de Estrella, en la huerta, "se cayó".

-En la tienda, ubicado en las cocheras, desapareció hace tiempo.

-Casa de Dionisia, exterior, se conserva.

-Casa de Manuel, en la cocina, debajo de la campana.

-Casa de Manuela, en el portal, se acusa al exterior, semicircularmente.

-Casa de Consuelo, en una construcción complementaria, derribado para edificar un garaje.

El pontón

En esta zona, es significativa la existencia de un edificio levantado, para ubicar dos hornos. Aunque perteneciente a una familia, solía ser utilizado por varios vecinos, resultando un horno comunal.

Barrio del Molino

-Donde Quico, en la cocina, acusado al exterior

-Derruido, en un edificio anejo.

Como hemos visto por la enumeración anterior, los hornos se localizan en lugares muy variados Con los datos recopilados, vamos a hacer la siguiente división:

Dentro de la casa

En la cocina
En el portal

Fuera de la vivienda

En construcciones complementarias, especialmente
dedicadas a ello.
En el huerto o en el patio.

Tanto en uno como en otro caso, el horno puede acusarse al exterior, semicircularmente. Dentro de los hornos colgados, sólo he encontrado un ejemplo en todo el Valle, ubicado en Condado.

Forma del horno

Interiormente, consta de una bóveda semicircular o casquete semiesférico de ladrillo o teja revocada con yeso, arcilla o arena Puente Arenas. Mis informantes denominan esta zona: "cielo del horno". Además, "el suelo de baldosas, losas de piedra, con algo de arena; aparente, que picaría algo de arena, si no se saltaba". Exteriormente, son de piedra con la bóveda revocada. Esta consta de varias piedras de sillería, una debajo para apoyar la pala, otra arriba, un poco saliente, para las "chispas". Los acusados al exterior, también son de piedra, con técnica de mampuesto.

La mayoría tiene una sola boca. Los que conforman su estructura con un agujero en la parte inferior, utilizan dicho lugar, para guardar la leña. El horno se solía tapar con una puerta, en algunos casos se situaba en la boca una hojalata, para de esta manera conservar el calor.

GANADERAS

Tenadas

Además de las numerosas cuadras, que se utilizaban en el Valle de Valdivielso, situadas en la parte inferior de la vivienda o en construcciones próximas, existen las tenadas, como prototipo arquitectónico de establos para el ganado lanar.

La ubicación de estos refugios es muy significativa, ya que aparecen en las zonas altas, cercanos a las áreas de pastoreo y caminos de acceso, como Pilas y La Hoz. Actualmente, se conservan varias en las proximidades de la ermita dedicada a Nuestra Señora de la Hoz.

Su estructura responde a las necesidades requeridas por los rebaños, especialmente sirve de refugio en diferentes situaciones, sobre todo en invierno, cuando las condiciones climáticas lo precisan. De proporciones alargadas y estrechas, su altura es reducida, para no desperdiciar el calor y alojar lo mejor posible a los animales. También la orientación está en función de un favorable aprovechamiento del calor. Generalmente, no se producen aperturas al exterior si exceptuamos la puerta de entrada. Todo el espacio interior aparece diáfano para permitir la conveniente circulación del ganado.

Los materiales son los corrientes en las construcciones auxiliares, piedra con aparejo simple, y tejas para conformar el tejado. Este se soporta sobre vigas de madera que crean crujías intermedias con pies derechos.

Como señala Grinda (1988-268), las cuadras tienen una propiedad diferente a las tenadas; las primeras son particulares, su propietario es único. Por el contrario, las tenadas están ubicadas en terrenos comunales, siendo su uso general para los propietarios de ganado en cada pueblo.

Los refugios de pastor

En el área estudiada, no es muy frecuente este tipo de refugios; aunque he localizado alguno situado en el puerto de la Mazorra, próximo a los pastos utilizados por los vecinos del entorno. De pequeñas dimensiones, ha sido realizado con piedras de diferentes tamaños y formas. La entrada está protegida, en uno de sus laterales, con varias piedras rectangulares; también el techo ha sido cubierto con elementos vegetales y algunas lajas pétreas.

Potros para herrar

Fueron fundamentales en todos los núcleos campesinos, ya que en ellos se producía una actividad auxiliar, muy necesaria. Diversos animales, especialmente bueyes de trabajo, eran herrados cuando sus dueños consideraban necesaria esta intervención.

He recogido tres ejemplos, cuya tipología exterior cambia en cada uno de los casos:

-En El Almiñé, el potro se presenta como una verdadera construcción complementaria. Su morfología es muy simple, dos paredes de piedra soportan el tejado a dos aguas, que cubre la estructura propia del potro.

-Desde Hoz de Valdivielso parte un camino que asciende hasta Tartalés de los Montes, en su comienzo se encuentra un potro sin protección lateral, pero sí posee un tejadillo en su parte superior.

-Tartalés de los Montes, singular localidad por su ubicación espacial, cuenta con un potro colocado en el soportal de la plaza. Vemos como, en los tres casos, la situación varía, no sucede así con la morfología y materia prima en la que están construidos.

Una plataforma de piedra sustenta cuatro vigas verticales, que a su vez van unidas por otras tantas horizontales, en la parte superior. Además de este viguerío, el potro funciona con un yugo para sujetar la cabeza del animal, más dos travesaños para levantar su cuerpo. En la zona frontal, se colocan dos apoyos para las patas, donde se producirá su manipulación.

Las hornilleras

Las abejas, así como su función dentro de la economía rural, están perfectamente unidas a los árboles y a las plantas silvestres.

La madera es el elemento primordial para la construcción de sus habitáculos; las flores de los mejores frutales, parte importante de su alimentación. A pesar de los libros y las nuevas técnicas, el hombre del campo ha basado sus conocimientos en la experiencia y en la observación directa. Así, ha acumulado datos y detalles que no aparecen en ningún manual, sólo la paciencia y el tiempo han sido los artífices de esta sabiduría.

Mi informante, en esta ocasión fue Lorenzo, vecino de Condado; con él hablé una tarde calurosa de verano. Poco a poco recopilé el material más interesante, las características típicas de la zona, la terminología y tecnología usada.

Tipologías tradicionales

En el norte burgalés, el apicultor utiliza dos clases de colmenas: los dujos y los hornillos. Ambas están construidas en madera, troncos huecos o podridos de olmo o de cerezo. Estos dos árboles son los mejores para las abejas, en cambio el roble, dadas sus características, no es nada recomendable.

Se aprovecha la estructura de la madera sin que el campesino tenga que aportar gran esfuerzo, solamente se procede a su vaciado con la gubia; como dice Lorenzo: "se iba gubiando, poco a poco". En su interior era frecuente colocar unos palitos de chopo con forma de cruz.

En los hornillos se dispone una tapa compuesta por varias tablas de pino, chopo u olmo. En la parte inferior, de dicha tapa, se sitúan de dos a cuatro agujeros denominados "piqueras", que darán paso a la colmena; debajo va clavado un palo como reposadero, el "aviadero".

Localización

Los dujos van "plantados" en el suelo y cubiertos con tejas. Los hornillos son, por su situación, la colmena de mayor interés. Es frecuente encontrarlos en construcciones realizadas a propósito para su ubicación. Las hornilleras están fabricadas en piedra y cubiertas con tejas, en ellas se distribuyen los troncos alineados, horizontalmente. Suelen levantarse en huertas cercanas a árboles frutales, en zonas de monte bajo o matorral, al abrigo de roquedos. orientadas, preferentemente, al saliente, suroeste y oeste.

El hombre del campo, a veces, no se ha especializado en esta profesión, pero le gusta tener colmenas para su propio uso. Por eso es frecuente ver en Valdivielso, hornillos incrustados en las paredes de las edificaciones complementarias, especialmente en los pajares, las casas y las solanas.

Respecto a las medidas, el tamaño oscila entre l,10 y 1,20 metros de longitud. Lo mismo para los dujos que para los hornillos. Es conveniente la existencia de un metro entre ellos, si no se "equivocan".

Cuando le pregunto a Lorenzo sobre el tipo de miel, si es mejor la de una colmena u otra, su contestación es rotunda: "las abejas trabajan lo mismo, depende de la floración, aunque son mejor los hornillos que los dujos".

No es difícil comprobar que la zona es importante en flora, debido a ello estos insectos tienen una alimentación estupenda, tanto en otoño como en primavera. En otoño se destaca el brezo y el espliego, en primavera la gayoga y los árboles frutales como el cerezo y el ciruelo.

AUXILIARES

Dentro de los espacios fijos, existen áreas de utilización común muy significativas. En ellos se desarrollaban ritos sociales que caracterizaban la vida de los núcleos rurales. A pesar de ser hábitats de escaso número de personas, poseen ciertos equipamientos básicos, distribuidos con gran lógica espacial. Debido, en algunos casos, a la ubicación en barrios, cada uno cuenta con los servicios, que eran necesarios en estas localidades.

Fuentes, Abrevaderos y Lavaderos

Eran elementos muy importantes, para el normal desarrollo de la vida cotidiana. Por su necesaria relación con el agua, suelen aparecer íntimamente unidos. Un caso claro le observamos en El Almiñé, la fuente situada en un lugar céntrico, da paso al abrevadero, comúnmente denominado "pilón", que a su vez se comunica con el lavadero. Pero el hecho, anteriormente mencionado, nos permite contemplar cómo en los otros barrios, también cuentan con pilones, fuentes y lavaderos. Es curiosa la disposición de un pequeño lavadero, que se ha realizado aprovechando el paso del arroyo, así como su propia configuración. Esto sucede en el lugar llamado El Pontón, donde los vecinos han ubicado una piedra inclinada, que sirve para apoyar la ropa en el proceso de lavado.

En Santa Olalla, por el contrario, una fuente genera un lavadero, después de una canalización intermedia. Todo este dispositivo se desarrolla en el suelo, a diferencia del que hemos descrito en El AImiñé, construido a una altura media.

Dentro de las diferentes tipologías de fuentes, es muy fácil separar, aquellas que se consideran manantiales de las que han sido realizadas por el hombre. Ciertos manantiales fueron acondicionados para ser utilizados como fuentes, protegiéndose con elementos constructivos diversos, generalmente abovedados.

Las fuentes pueden disponer de varios caños, algunas llevan adornos sencillos como pináculos, o trazos geométricos. Casi todas son de piedra con diferentes labras, a veces aparecen fechas de construcción, así como el nombre del alcalde.

Actualmente, tanto las fuentes como los lavaderos han perdido su funcionalidad, ya que la existencia de agua en las casas no hace necesario desplazarse a ellos.

DEPORTIVAS
Las boleras

El juego de los bolos, modalidad de tres tablones, era y sigue siendo un entretenimiento muy popular y apreciado por los que viven en el norte de la provincia de Burgos. Es corriente ver, cómo en los ratos libres del verano, los domingos al salir de misa y en las fiestas patronales, los hombres se divierten con este juego mezcla de habilidad y fuerza controlada, ya que es necesario llegar, pero no pasarse.

Competición exclusivamente masculina, permite observar las diferencias sociales existentes entre los dos sexos, el femenino no participa de los momentos de ocio. Sirve para reforzar la preponderancia de los hombres frente a las mujeres dentro de las comunidades rurales, su presencia no se deja sentir, ni como meras espectadoras. A veces se crean competiciones, siempre amistosas, entre vecinos solteros y casados, para saber quién posee mayor pericia.

A la mayoría de los habitantes, en estos pequeños pueblos de Valdivielso, les gusta jugar a los bolos. Actualmente se ven animados por los que llegan de fuera; con este motivo se organizan partidas que duran hasta bien entrada la tarde.

La bolera de El Almiñé siempre tuvo un gran atractivo. Subían aficionados de todos los pueblos de alrededor, especialmente de Valle Arriba. En estos últimos años, a pesar del descenso de la población, sigue congregando a jugadores de todas las edades. Pero es en las fiestas, cuando se rompen los pronósticos, realizándose competiciones para niños, personas mayores y antiguos jugadores.

En Valdivielso casi todos los pueblos tuvieron bolera, algunos han transformado su estructura, otros han renovado el lugar; varios la han perdido. Era frecuente encontrar "juegabolos" cubiertos, en tejavanas o en cocheras; pero la mayoría se ubican en espacios abiertos con diversas orientaciones, casi siempre en un sitio céntrico.

Estructura del "juegabolos"

Tres tablones de madera sirven de base para la colocación de los bolos. En la zona, a cada tablón se le denomina "cureña", construida en madera dura, sobre todo roble. El "cas" es el lugar donde se sitúa el jugador, está marcado en la misma tierra con un trozo de madera, para apoyar el pie derecho.

Dimensiones

Del "cas" al primer bolo: 10 metros y medio.

Entre "cureñas": O, 79

Cureña: Ancho=3,50 Largo=2,73

Entre bolos: l,11

Del principio de la "cureña" al primer bolo: 1 metro.

Cuidados

"Se solía barrer y regar la cureña incluso con vino. Se riega para que la bola agarre, esto mismo se hace con los bolos. A los bolos se les da algo de arcilla para asentarlos, ya que de tanto plantarlos se van desgastando, redondeando por la parte inferior". Las vigas se protegen con neumáticos, que impiden saltar a las bolas, con el consiguiente peligro.

Las boleras del Valle suelen pertenecer al propio pueblo. En casi todas las ocasiones, han sido los mismos vecinos los que han colaborado en su construcción o adecentamiento, ellos se ocupan de evitar su deterioro. Antiguamente, el concejo subastaba la bolera públicamente; casi siempre se quedaba con ella la familia que regentaba la taberna, ya que ellos eran los más beneficiados, por los gastos de los jugadores.

RELIGIOSAS

El Valle de Valdivielso destaca por su gran número de iglesias de estilo románico. Son muy conocidas la de San Pedro de Tejada y la parroquial de El Almiñé. No debemos olvidar que, en todas las localidades, quedan restos o iglesias enteras con algunas modificaciones, como en Valdenoceda.

Curiosamente, casi todas las construcciones cuentan con un espacio porticado. Este sirvió para diferentes usos, desde cobijo en caso de mal tiempo, pasando por lugar de reunión al terminar las celebraciones religiosas, hasta ámbito para ciertos ritos.

Las capillas de ánimas no abundan en la región, pero a la salida del Valle, antes de entrar en los Hocinos, he observado una construcción utilizada para este fin. Situada en una antigua encrucijada de caminos, ha sido levantada en piedra, formando una edificación alta y estrecha, abierta en su frente. Es la única documentada, no ha conservado ningún elemento para identificarla; por datos de los vecinos sabemos su funcionalidad.

Dentro de este apartado, las ermitas han significado un punto de confluencia de la religiosidad en los ámbitos rurales. Tenemos referencia de numerosas advocaciones en las diferentes localidades. Cada una contaba con ermita y varias con santero. Dejo su descripción, para el estudio de las fiestas y romerías que estoy preparando, ya que sería excesivamente reiterativa.

CONCLUSION

A lo largo de los tres artículos publicados, he intentado mostrar la importancia de la arquitectura, en el Valle de Valdivielso. Desde las casas blasonadas a los pajares, un sinfín de construcciones aparecen caracterizando una geografía peculiar.

El Valle, debido a su relativo aislamiento, ha conservado parte de su magnífico hábitat. A pesar de ello, con el paso de los años, he observado cómo han ido desapareciendo edificios de gran valor. En otros casos se ha edificado sin orden, sin gusto, sin mirar alrededor. Todo ha contribuido a hacer patente una cara distinta, fuera de la estructura primitiva, con unos materiales que no tienen nada en común con los antiguos. Disculpable situación, si tenemos en cuenta el precio diferente de unos y otros; además de la escasa ayuda y del nulo interés por la conservación del patrimonio arquitectónico rural. Actualmente estas circunstancias están cambiando, ya que los propios habitantes de estos núcleos de población se encuentran más sensibilizados, pero todavía queda mucho terreno por recorrer.