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APUNTES ANDEVALINOS

GARRIDO PALACIOS, Manuel

Publicado en el año 1992 en la Revista de Folklore número 135.

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De Mina la Isabel, aldea que queda entre El Granado y Sanlúcar de Guadiana (Huelva), salen estas coplas. Cómo llegan hasta mí no lo sé. Debo tener aspecto de entendedor o estudiante curioso. Lo cierto es que no me surge dificultad de conexión con la gente, creo, entre otras cosas, porque este saber que tienen guardado no ha sido valorado casi nunca al escucharlo con el suficiente respeto:

«A chufla lo toma la gente...»

Basta con que me acode en un bar y suelte mi mochila en el suelo; ya habrá quien le haga sitio o la quiera poner sobre una silla. Si digo: "Este vino es bueno” o "Parece un milagro que el agua del grifo sea tan pura" ya abro dos frentes de conversación para los que dormitan en rincones o juegan a las cartas por aburrimiento, que se irán acercando a explicarme las excelencias del vino y de su fuente. Si pregunto si el Patrón o la Patrona hacen milagros, doy en lo hondo, y si dejo caer que en tal o cual sitio he conocido sus fiestas, hasta es posible que me traigan en volandas al Alcalde, y no sería la primera vez. Creo que ésto sucede porque los pueblos ven cómo el llamado progreso engulle sus formas peculiares de vida, su identidad, su cultura común, la que saben todos, la que gozan, la que estaba antes que ellos y que dudan si permanecerá cuando se vayan. Quizás vean en mis preguntas, en mi interés. un postiguillo abierto a la esperanza de que lo suyo no desaparezca tan calladamente. Por no extenderme en exceso, voy anotando cuanto me dicen y del monto, selecciono una parte, ésta. Dije de dos canciones de Mina la Isabel, un puñado de casas perdidas en El Andévalo, cerca de un pantano, que igual no nacieron allí, sino que los que trabajan las trajeron de sus sitios de origen para seguir sintiéndolas:

Ando por la galería
sin linterna ni candil,
me alumbro con la alegría
de saber que estás en mí
pensando de noche y día.

Levántate, santurreo (nombre)
de los brazos de libranza,
y verás a los pericotes (gatos)
todos llenos de alumbranza.
Si los quieres apagar
con la púrpura alumbranza,
quitarás los tiritangos (platos)
que los santos (jamones) van de marcha.

Sigo:

Castillejos tente firme (o tieso )
que ya El Almendro cayó,
la Puebla quedó temblando
del susto que se llevó.

Mariana, de Villanueva de los Castillejos, sabe una oración para sanar el disloque de hueso o tendón, que no tiene inconveniente en transmitirme puesto que no es secreta. Hay quien dice que pudiera tener influencia, portuguesa. Ella no opina, actúa, se coloca junto al paciente y simula que cose la parte afectada con sus manos, pero sin aguja, hilo ni dedal, y sin tocar al otro.
Dice así:

Coso.
¿Qué coso?
Carne quebrada,
membro torto;
membro torto a su lugar,
carne entorná.
Coso más bien
que la Virgen María.
La Virgen María
cose la carne;
yo coso por el boso,
y la Virgen María
cose mejor que yo coso.
Coso, 1,2,3,4,5,6,7,8 y 9.

-Así tres veces durante tres días -añade-, si es esguince, se cura, pero si es reuma no.

El enfermo al que veo participar del rito de curación comenta:

-Aquí, cuando se moría un niño, no se decía: "Vamos al duelo o al velatorio", sino: "Vamos a la folía del niño".

Ernesto Feria Jaldón, médico del pueblo, constata la práctica de una “cencerrada" reciente, y la describe como «...orquesta desafinada, escandalosa y rustícola de cuernas cencerros y latas vacías, estruendo, bombardeo y coplas "non sanctas", con los que, en insólita serenata se obsequia a los matrimonios desiguales o disarmónicos, viejos viudos, viudo y joven, joven y viejo o a la in versa? añade rebuznos, es que el burro es el animal priápico por excelencia. Por El Andévalo, a esta cencerrada, se le llama locajá porque el cencerro es el locajo, instrumento vacuno, de rebaño, animalesco. No en balde para decir que alguien está un poco loco se dice que "anda como un cencerro", o que es un "locajo"». Después de referir el hecho, reconoce que la «cencerrada ha decaído porque hay una evidente crisis del humor dionisíaco, de la risa salvaje, sana y gratuita del pueblo».

Anda que te anda por el pueblo, aquí me paro y allí pico, que no por falta de historias quedaría, me dicen este cuento que medio se canta:

Eran tres hermanas costureras que estaban siempre hartas de vino, que no trabajaban, sino que se pasaban el día borrachas; hasta que decidieron dejar de beber y ponerse a trabajar, porque echaban mucho trabajo p'atrás, que es trabajar bien y fuerte, pero recordaban el vino a cada puntada. y dijo una:

-¡Ay del ay!.

Y otra:

-¡Ay de aquél!.

Y la tercera:

-¡Ay que no podemos vivir sin él!

Y dijeron las dos primeras:

-¡Pues coge la botellita y ve a por él!.

Y de nuevo se enredaron a beber.

La expresión: «Echaban mucho trabajo p'atrás», tiene el sentido de desarrollar mucha labor, no de devolverla por incapacidad o vagancia, como pudiera creerse. También anoto estas canciones:

Mi corazón dice, dice,
que se muere, que se muere,
y yo le digo, le digo:
si te mueres que te entierren
en un panteón de arena,
porque la arena se come
el sentimiento y la pena.

Francisco
por tí me arrisco (y enrisco),
por tí,
me acuesto tarde,
y por tí
estoy pasando,
fatiguitas con mi madre.

Eres más tonto que aquél,
que llevó la burra al agua
y la trajo sin beber,
porque el pilar rebosaba
y se mojaba los pies.

Esta se canta por San Juan cuando se clava el pino o mastro en la calle y se le baila.

Las muchachas de este pino,
no llevan falta de amores,
lo bailan por divertirse
y alegrar los corazones.

Ole, ole, mirusté pa mí,
ole, ole, no me dé calabazas,
ole, ole, que me las comí,
ole, ole, saliendo de casa.

Tanto ir de un sitio a otro a secas bien merece unos cuencos de mosto y un almuerzo reparador en la Fonda de la calle Gibraleón, por cierto, uno de esos lugares humildes e ignorados que podrían lucir una pared de tenedores por su insospechada calidad. Lo malo es luego, que hay que seguir andando, un pie y después el otro; pero el paladar rasposo que deja el buen jamón fondero hace milagros de energía.