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PUEBLA DE YELTES: LA MEMORIA DEL LINO

PUERTO, José Luis

Publicado en el año 1992 en la Revista de Folklore número 136.

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A pesar de la desaparición del cultivo del lino en nuestro siglo y de la consiguiente elaboración de hilos y tejidos producidos con las fibras obtenidas de esta planta, aún es posible rastrear su memoria entre las gentes del sur de la provincia de Salamanca (1); rica memoria que abarca el proceso de siembra, cultivo y recolección del lino; las diferentes faenas mediante las que se van obteniendo las fibras para ser hiladas; un léxico muy preciso y con palabras en desuso en el habla común; y una variada literatura oral que comprende refranes y dichos, cantares y hasta cuentos.

Pero con la desaparición del cultivo del lino y la posterior elaboración de hilos y telas a partir de sus fibras, no sólo se pierde todo lo que acabamos de citar, sino también un cierto sentido del tiempo, un ritmo laboral ligado al lino, que iba definiendo y distinguiendo las estaciones según los quehaceres que hubiera que realizar. Entre unas faenas y otras, desde la siembra hasta el hilado, los trabajos del lino ocupaban a los campesinos todo el ciclo del año, de primavera a primavera. Era un cultivo que llenaba el tiempo y le otorgaba a las vivencias humanas del mismo un ritmo muy definido y marcado, debido a la repetición de las mismas labores en las mismas épocas de cada año; y de este proceso repetitivo surgía la tradición de este cultivo y de sus técnicas de preparado, hilado y tejido.

PUEBLA DE YELTES

Los datos que pasamos a dar sobre el cultivo y los trabajos del lino pertenecen al pueblo salmantino de Puebla de Yeltes, situado en la zona central del sur de la provincia, en un área de transición entre La Sierra de Francia y lo que en ella se llama, con un término generalizador e impreciso, el campo, es decir, las tierras llanas, en las que los serranos engloban tanto los campos cerealísticos como las dehesas de encinas, dedicadas más bien al ganado.

Puebla de Yeltes, como pueblo de transición que es, a veces se considera como perteneciente a La Sierra de Francia, algo que nos indica Antonio LLorente de Maldonado de Guevara, cuando dice:

"Donde más clara se ve la vacilación es en las zonas aledañas a La Sierra de Francia pero que no son propiamente Sierra o, si lo son, no pueden ser legítimamente englobadas en La Sierra de Francia propiamente dicha. Por ejemplo, según las contestaciones al Cuestionario pertenecen a La Sierra de Francia los siguientes pueblos: Los Antos, Linares, Monleón, Endrinal, Serradilla del Arroyo, Serradilla del Llano, El Tenebrón, Puebla de Yeltes y Sepulcro Hilario" (2).

Y este eminente lingüista y estudioso de las Comarcas salmantinas indica que, de todos los pueblos citados, ninguno de ellos pertenece a La sierra de Francia en sentido estricto; en concreto, Puebla de Yeltes -según Llorente Maldonado- forma parte de la comarca del Campo de Yeltes, a la que el río de este nombre otorga su carácter.

Nosotros, desde nuestro conocimiento de la zona, pensamos que, efectivamente, Puebla de Yeltes no pertenece a La Sierra de Francia; como pueblo de transición que es, tiene ciertos rasgos que lo emparentan con la cultura tradicional de la Sierra, pero otros lo separan de ella; no obstante el contacto humano y el intercambio siempre ha existido, y sigue existiendo, entre este pueblo y los serranos.

LOS TRABAJOS DEL LINO

1. De la siembra a la recolección

El lino -nos dicen- (3) se siembra en llano, por la fecha primaveral de la Santa Cruz (el día 3 de mayo). Alusivo a su siembra, se dice en el pueblo este refrán:

El lino, en lodo
y el trigo, en polvo

Lo que supone que la tierra, para estar preparada para la sembradura, ha de tener cierta carga de humedad. Una vez que el sembrado se anidia (se tapa y se allana; nunca se hacen surcos), se distribuye en tablas (cuadraditos en los que se reparte el terreno sembrado), con vados (caños o surcos) a los lados, para poderlo regar, ya que el lino, durante todo el verano, requiere mucha agua.

Florece la planta y se le forma la baga (el cartucho en el que está depositada la grana o linaza). Sobre el crecimiento y florecimiento del lino ("con flores azules, tirando a moradas", nos dicen), existe este otro dicho en Puebla de Yeltes:

Mientras vaga y florece
una cuarta crece.

Cuando empieza a madurar, deja ya de regarse y se va secando. Una vez que está el lino ya bien seco, se recoge; para ello hay que ir arrancando cada una de las plantas con las manos, sin que los tallos se partan; con ellas se forman mañas (haces), que se atan con ataderos (trenzados de paja de centeno). Esta tarea de la recogida del lino suele realizarse hacia últimos de agosto o primeros de septiembre, "depende de cómo venga el tiempo" -nos dicen.

2. De la cosecha al telar

Una vez arrancada la planta del lino, se golpean las bagas con una maza, para que así suelten la grana o linaza. Realizada esta faena, se carga en el carro y se lleva a enriar al río Yeltes, que pasa por el pueblo, para que se cueza. Se meten las mañas, separadas unas de otras, en pozas quietas, sin corriente apenas, ya que en ellas está más caliente el agua y se cuecen más y mejor las mañas, que son sujetadas con piedras para que el agua no las lleve. Se enría unos ocho o diez días, según el tiempo; esta tarea suele realizarse por septiembre. En ocasiones, si llueve o hay peligro de riada, hay que sacar las mañas, de modo que no corran peligro.

Terminado el período del enriado, se sacan las mañas y se extienden, puestas de pie, para que se oreen. Se realiza esta labor en terreno llano, en algún valle por el que el aire corra bien. Cuando ya se ha oreado, se recoge el lino y se lleva a casa y, con la misma maza con la que se había quitado la linaza, se vuelve a machar bien machado, contra una piedra muy fina, para facilitar el trabajo y evitar al mismo tiempo que se corte la caña. En esta tarea, sale la cáscara que tiene la parrera (la caña del lino).

Se espada luego. Se utilizan para ello dos instrumentos: se le da con una espadilla contra un gramejón, en el que se colocan las cañas. Al espadarlo, el lino suelta ya toda la cáscara o tamo que le queda, que recibe en Puebla de Yeltes el nombre de tasco, pelusa que se utiliza para rellenar los cabezales que se colocan en los escaños y también los jergones. Y queda ya sólo, bien separado, el derraigo (la fibra del lino). El derraigo de cuatro o cinco puñados, que se juntan tras haber sido espadados, recibe el nombre de corneja.

El espadar era -según nos dicen- muy mal oficio; daba hasta fiebre, de lo duro que era; se realizaba en el rigor del invierno; era muy mala la vida que tenían que llevar las mujeres que espadaban, con el trabajo tan duro y el polvillo que echaba la planta y que tenían que respirar y soportar. A esta dureza, y a la de otras labores del lino, realizadas con los instrumentos que se nombran, alude el dicho conocido en Puebla de Yeltes:

La espadilla y gramilla,
el huso y la rueca,
esos cuatro palillos
me tienen muerta.

Posteriormente, el derraigo se pasa por la rastrilla (instrumento consistente en una tabla alargada, con dientes o púas en el centro o contra uno de los extremos, y con un orificio en uno de sus lados, en el que se introduce el pie que lo sostiene) en la que es rastrillado o peinado, para sacar la estopa (la fibra de peor calidad) y separarla del cerro (la fibra de mejor calidad del lino, con la que posteriormente se tejerán los lienzos).

El cerro se va echando a la rueca, dándole vueltas en torno a la misma, y de ella ya pasa al huso, que es el instrumento en el que se hila. La estopa se hace copos y se ata a la rueca con una cuerda, y se va hilando; tiene este hilo mayor grosor que el que sale del cerro, y se destina, sobre todo, para elaborar las cuerdas utilizadas para atar los embutidos de la matanza.

Una vez hilados, tanto la estopa como el cerro, se hacen mazarocas (es decir, ovillos alargados) en el huso. Y, posteriormente, utilizando el naspador, se elaboran las madejas. Estas madejas se meten en barreños, con jabón casero y agua caliente, para que se ablanden. y luego, para blanquearlas, se introducen en calderas de cobre y se cuecen, echándole al agua jabón y ceniza. Ya cocidas, se ponen al sol y al sereno, con los hielos invernales, con el fin de que aún blanqueen más; y se les dan vueltas continuamente, a la vez que se lavan con asiduidad, "para que blanquearan lo posible" -nos comentan.

Realizado este proceso, se secan y se colocan en el argadillo, instrumento utilizado para devanarlas. Cada madeja, con el fin de que no se enrede, tiene un cabo en un extremo, que la sujeta, y que es por donde empieza el devanado; este cabo recibe el nombre de la cuenda. Las madejas se convierten en ovillos, preparados ya para llevarlos al telar y ser tejidos allí.

Ya vimos que de la estopa salían las cuerdas para la matanza; los ovillos de este material se tejen y su tejido se utiliza para hacer costales, en los que se meterá el grano y otros productos agrícolas. El tejido que sale de los ovillos del cerro -el lienzo- se utilizará para elaborar sábanas, camisas, mantelerías y otras ropas finas para el uso de la mujer, del hombre y de la casa.

3. En el telar

En Puebla de Yeltes, en la última época en la que aún se cultivaba el lino, había un tecedor (tejedor), que era Bonifacio "el mantero". MuchoS ovillos del pueblo, sin embargo, se iban a tecer (tejer) a los pueblos de los Santos o a Serradilla del Arroyo. A Puebla acudían a Comprar telas gentes de pueblos cercanos ("Venían unos de La Alberca -nos indican- a buscar aquí las telas").

Tanto el blanqueo como el tejido del lino son de mayor o menor calidad según las manos que lo realicen; depende de que sean más o menos expertas; a ello se debe el dicho conocido en el pueblo:

Lino y lana
oro mana,
según las manos
de quien anda.

Había, por ello, hilanderas y tecedores que alcanzaban notoriedad y prestigio por lo competentes que eran en sus respectivas tareas.

TRES CUENTOS SOBRE EL LINO y LA LANA

La literatura de tradición oral suele acompañar, casi siempre, a los trabajos campesinos; los del lino también han producido la suya. Como muestra, he aquí tres cuentos sobre el lino y la lana, relatados por nuestra informante.

Las mazaroquitas

Era una señora que todos los días pues se ponía a hilar, con que a hilar. y cuando llegaba el marido de trabajar pues sacaba del huso la mazaroca y decía:

Mazaroquitas,
al mazarocal;
ciento y una
allá van.

Y las tiraba al sobraíllo. Y un día su marido dice: "No, pues tiene que tener muchas mazarocas; una diaria, fíjate". Total que cuando subió había una. Y era que todas las noches, cuando él venía de trabajar, tiraba la mazaroca , pa que creyera que había estao hilando todo el día. Y siempre era la misma.

La tía enredamadejas

Eran dos vecinas, que se llevaban muy bien. Pero una un día pues enredó una madeja y estaba muy enfadada. Entonces salió a la calle y le dice a la otra:

-Anda, tía enredamadejas, que no sabes ni por dónde andas.

Dice:

-Pero, hombre, si también las sé desenredar.
-Toma, ¿y cómo las desenredas?
-Pues tronchando y echando en el ovillo.
-Pues eso quería yo saber, eso quería yo saber

La polvarera

Había una vez una señora que tenía tendida una lana y vino una polvarera y se la llevó. y venía toda enfadada. y sale la vecina y le dice:

-Pero, ¿qué te pasa, mujer, que vas de muy mal humor?
-¿Qué me va a pasar? Que ha venido esa puta ciega y me ha llevao la lana.
-¿Qué? ¿Pero y quién es ésa, si yo no conozco a ninguna ciega en el pueblo?
-¿Quién va a ser? La polvarera, mujer.

LEXICO DE LOS TRABAJOS DEL LINO UTILIZADO EN PUEBLA DE YELTES

Las distintas labores del lino, desde que se siembra hasta que, en ovillos, se lleva al telar para convertirlo en tela, generan un léxico adecuado para describirlas y definirlas. Estas son las palabras, sobre tal trabajo, utilizadas en Puebla de Yeltes y que hemos recogido, a la vez que ya han ido apareciendo en nuestras anteriores descripciones: (4)

ANIDIAR: Allanar el terreno, una vez que se ha sembrado el lino, para tapar la semilla.

ARGADILLO: Instrumento utilizado para devanar las madejas. Es la devanadera.

ATADERO: Vencejo de paja de centeno trenzada para atar las mañas o haces de lino.

BAGA: Cápsula o cartucho de la planta del lino, que contiene su semilla o linaza.

CERRO: La mejor fibra del lino que se obtiene del derraigo cuando se ha rastrillado, y que se utiliza, una vez tejido, para hacer sábanas, camisas, mantelerías y otras ropas finas para uso de la mujer, del hombre y de la casa.

CORNEJA: Cuatro o cinco puñados de derraigo, que se juntan tras haber sido espadados y forman la unidad así llamada.

CUENDA: Cabo del hilo, en un extremo de la madeja, con el que se la ata para impedir que se enrede.

DERRAIGO: Fibra del lino, una vez que se ha espadado.

ENRIAR: Meter durante varios días las mañas o haces de lino en el río, una vez que se les ha quitado la linaza, para que se cuezan.

ESPADAR: Trabajo consistente en separar la cáscara del derraigo o fibra del lino, realizado con la espadilla que golpea las cañas puestas en el gramejón.

ESPADILLA: Instrumento de madera, parecido a una espada, con el que se espada el lino.

ESTOPA: Fibra del lino, de peor calidad, que sale del derraigo, una vez que se ha rastrillado, y que se utiliza, una vez hilada, para atar los embutidos de la matanza, y una vez tejida, para hacer costales.

GRAMEJON: Instrumento de madera ("un palo recto y gajadito" -nos dicen, donde se ponen las cañas de lino para ser espadadas).

HUSO: Instrumento de madera, constituido por un palo redondo que se va adelgazando, en uno de cuyos extremos tiene una ranura en espiral, y el más grueso, una pieza llamada "rodete", que sirve para hilar.

LIENZO: Tejido elaborado con el hilo procedente del cerro del lino, con el que se hacen las ropas más "nobles" de la familia y de la casa.

MAÑA: Haz de lino.

MAZA: Instrumento para machar o machacar el lino, con el fin de que primero suelte la linaza y posteriormente la cáscara.

MAZAROCA: Ovillo alargado, hecho en el huso, que se va haciendo cuando se hila el cerro o la estopa del lino.

NASPADOR: Instrumento que sirve para hacer madejas, una vez que se ha hilado el lino. Por sus aspas recibe el nombre de aspador, que aquí se convierte en naspador.

PARRERA: La caña entera del lino, con su cáscara y su fibra o derraigo.

RASTRILLA: Instrumento para rastrillar el derraigo del lino, formado por una tabla alargada, con púas metálicas reunidas en círculo o en rectángulo en el centro o en uno de los extremos, y con un orificio en uno de sus lados, en el que se introduce el pie que lo sostiene.

RASTRILLAR: Peinar el derraigo o fibra del lino para separar el cerro y la estopa.

RUECA: Instrumento que sostiene el copo de lino, que será hilado en el huso.

TABLA: Cada uno de los cuadrados en los que se divide un sembrado de lino.

TASCO: Cáscara o tamo que suelta el lino cuando se espada; esta pelusa es utilizada para rellenar los cabezales y los jergones.

TECER: Tejer.

TECEDOR: Tejedor.

VADO: Caño a cada uno de los lados de la tablas del sembrado de lino, para poder regarlas.

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NOTAS

(1) Sobre el cultivo del lino en La Sierra de Francia salmantina, trata el documentado y exhaustivo trabajo de:

Antonio CEA GUTlERREZ, "El cultivo del lino y los telares en La Sierra de Francia (Salamanca)", en Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, Tomo XXXVII, Madrid, 1982, pp. 161-198.

(2) Antonio LLORENTE MALDONADO DE GUEVARA, Las Comarcas Históricas y Actuales de la Provincia de Salamanca, 3ª. ed., Salamanca, 1990, pág. 94.

(3) Nuestra principal informante para la elaboración del presente trabajo ha sido Agustina Sánchez Estévez, de 52 años, a la que acompañaba su madre, Aurelia Estévez González, de 80 años, quien complementaba ciertas informaciones de la hija. Como siempre, nos acompañaba a nosotros María Campos.

(4) Para la descripción de instrumentos es útil consultar:

J. C. B. (Julio Caro Baroja) Catálogo de la colección de instrumentos utilizados en la elaboración del lino y fabricación del hilo, Trabajos y materiales del Museo del Pueblo Español, Madrid sin año.