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NOTAS SOBRE EL ARROYO DE LA LUZ

GUTIERREZ MACIAS, Valeriano

Publicado en el año 1992 en la Revista de Folklore número 137.

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Voy a hacer un recorrido histórico, por las distintas facetas, en el transcurso de la existencia que ha tenido Arroyo. Fiestas castizas y populares son las que nos traen las ferias del lugar, en el que tienen carta de ciudadanía todos cuantos aquí viven y trabajan, aman y sufren.

Arroyo se señorea en la historia. Antiguamente, se llamó a esta villa Arroyo del Puerco. El origen de este topónimo se debió, al parecer, a la leyenda, según la cual un jabalí tenía amedrentados a los campesinos y caminantes arroyanos. Su madriguera estaba en unos espesos matorrales, en un bosque de fresnos, junto a un arroyo. Lenguas dicen y dicen que un bastardo del señor del castillo de Herrera le dio muerte. Del contenido de la leyenda se formó el motivo alegórico del antiguo castillo que hubo en la villa, que fue otorgado por Enrique III el Doliente. Conviene especificar lo relacionado con la existencia de las figuras de verracos halladas en la zona en el pasado arrroyano.

Estima el gran historiador alemán Ranke que la historia ha de revelar las acciones del hombre, tal y como ocurrieron. La historia es noticia.

En los límites arroyanos se han encontrado tumbas prerromanas, que se unen a las romanas extendidas por la Dehesa de la Luz. Los pueblos árabes y visigodos dejaron también huellas de su historia en Arroyo. La notoriedad le viene después de la reconquista de Cáceres, cuando el pueblo quedó dentro de su Jurisdicción. Durante el reinado de Sancho IV el Bravo, le fue concedido al infante don Alonso de Portugal. No obstante, muy pronto Arroyo sintió deseos legítimos de independencia, por lo que la reclamación no se hizo esperar, y el rey revocó la cesión y lo restituyó de nuevo al término de Cáceres, y pasó a ser posesión del primer Herrera García González. Perdería de nuevo Arroyo su libertad, mediante la intervención del condestable portugués don Nuño Alvarez Pereira, hasta que, años más tarde, el rey castellano recuperó la villa. Entonces fue su independencia definitiva.

Arroyo de la Luz es población agrícola, ganadera y artesana, ceramista. Hay que tener en cuenta la transformación de los productos agropecuarios. Fama, de siempre, tuvieron los labradores y ganaderos arroyanos, y es proverbial su entrega absoluta al recrío del ganado mular hasta no hace mucho tiempo.

La iglesia parroquial, dedicada a Ntra. Sra. de la Asunción, exhibe un hermoso y bello retablo, formado por veinte cuadros con las famosas tablas que pintó el badajocense Luis de Morales, el Divino, tan visitadas y admiradas por viajeros llegados de todos los confines. Es el mejor conjunto que brinda la vida de Jesús, su muerte, su resurrección y ascensión a los Cielos. Estas tablas fueron estudiadas por un insigne arroyano, el Dr. Criado Valcárcel, excelente orador de grata memoria, y también por numerosos especialistas de arte.

Además de la iglesia de Ntra. Sra. de la Asunción, hay que mencionar también los templos de San Sebastián y San Antón. Es asímismo importante la pintoresca ermita de la Luz, y cabe destacar en ella la estatua de San Pedro de Alcántara, "Sampedrino", en el decir del pueblo, tal de las mejores tallas de Extremadura, de las dedicadas al Portento de la Penitencia que fue el santo de la población de la venera de la cruz verde, Alcántara.


El genticilio correcto de los hijos de la villa es el de arroyanos.

Como en la actualidad Arroyo se denomina de la Luz en vez de del Puerco, es necesario hacer referencia a que el más eufónico de Arroyo de la Luz es clara alusión a la preciosa madre común de los arroyanos. La traslación se llevó a cabo en plena guerra civil, mediante decreto de 11 de diciemre de 1937. Cabe consignar que el alcalde a la sazón era el fallecido Francisco González Toril.

Esta hermosa localidad, según hemos consignado, tiene tradición artesana y alfarera de verdadera importancia antaño, pero se han ido reduciendo los alfares, que tuvieron una enorme pujanza en los siglos XV y XVI. Aluden a la industria alfarera estos decires:

Arroyo, puchereros;
Guareña, tinajas;
Tierra de Barros, botijeros.
..................

Al Arroyo del Puerco
te vas a casar;
pucheros y barriles
no te han de faltar.

El objeto principal de la maestría del alfarero, el más representativo, el puchero. se cita con frecuencia al hacer referencia a tan antiguo, noble y bizarro oficio. Ya lo dijo el poeta popular:

Oficio noble y bizarro
entre todos el primero,
porque en la industria del barro,
Dios fue el primer alfarero
y el hombre el primer cacharro.

Nadie cantó a los pucheros arroyanos como la musa del inspirado vate de la localidad José Canal Rosado, cuyos versos ya son del pueblo. Canal tenía diversas facetas, y una muy poco conocida, la de investigador. Trabajó en la historia del convento franciscano de Arroyo, de donde procede la imagen de la Virgen de la Luz, excelsa patrona de dicha localidad.

El folklore de Arroyo, tan rico y de un enorme atractivo, aunque semejante al de la amplia comarca de la capitalidad de la provincia, presenta aspectos originales, como los famosos Corros arroyanos. Es obligado mencionar el "Cancionero arroyano", gavilla recogida por Paquita García con la colaboración de Pura Pacheco y el exordio del educador y buen poeta que es Juan Ramos Aparicio, que canta a su pueblo con singular emoción:

Arroyo, mi caro Arroyo,
Arroyito, que te quiero,
cómo te sueño, soñando;
cómo despierto te sueño.
Con tus mujeres bravías
y tus varones discretos.
Con la plata de tus charcas
-dos magníficos espejos-,
donde el collar de esmeraldas
de tus huertas, se hace eterno.

Os daré a conocer la copla que, con frecuencia, me ha recitado con orgullo el esclarecido hijo de Arroyo, el ínclito novelista, filósofo y ensayista pedro Caba:

¿Dónde estará mi amante,
que no ha venío,
ni a la voz, ni al reclamo,
ni al retumbío?

Esta copla brotaba de las mozas, en son de queja, cuando, ya hace años, se formaban en Arroyo, en cualquier esquina, bailes al son monorrítmico del pandero moruno y no acudían los mozos.

No podemos dejar de exponer otros corros arroyanos, que todo el mundo tiene presente:

Toda la calle viene
llena de Juanes;
como no viene el mío,
no viene nadie.

Copla del "Baile del pandero":

A esa moza que baila
mírale el moño;
si lleva cinta verde,
ya tiene novio.

En el "Cancionero arroyano" y relacionado con la gastronomía, que ha estudiado Juan Pedro Plaza, se registran coplas del mayor interés y divertimiento:

Copla del galanteo de la mujer que no podía contener su amor:

No tengas pena, guapo,
porque eres chico;
que el torongil que huele
crece poquito.

Me llamaste la espuma
de la canela.
Eso es decir, guapo,
que soy morena.

Una enamorada de Arroyo de la Luz, no contenta con su novio, le espetó:

¿ Dónde vienes tan ancho
con la cuchara?
Esta noche no hay puchas,
vuelve mañana.

Desengaño amoroso:

Como vives enfrente
de un confitero,
tus palabras son dulces
y amargan luego.

En el folklore arroyano y relacionado con la gastronomía popular, figura:

La cuchara jerreña
y el candilote;
para cuando te cases
tienes la dote.

Preferencia de la arroyana al reflejar amor:

No lo quiero del campo,
ni de la era;
lo quiero pastorcito,
que guarde ovejas.

Oro viejo y fino del pasado arroyano lírico:

El conde de Ingalaterra
tiene una hija bastarda,
él quiere meterla a monja
y ella quiere ser casada.

Con el pon, pabilón, pabilón,
pabililla y pon, pabilón.

Las coplas populares se han convertido en el alma de Arroyo de la Luz, hecha canción.

Sin embargo, también conviene incluir algún canto reciente a la hermosa mujer arroyana, como el del laureado poeta Juan Luis Cordero Gómez, ya desaparecido, que está en boca del pueblo:

Moza del moño galano,
carita de primavera;
paisanita, quién pudiera
ensalzarte en verso llano.

No, no es posible pasar por alto una estampa local, fuerte, de sabor. Cerca de un centenar de caballos participan en la gran galopada por la Corredera, con motivo de los festejos de la Patrona, famosas carreras de caballos. Los jinetes galopan por la calle. El pueblo entero vibra ante la carrera y les hierve la sangre a los arroyanos. La fiesta y la carrera las ha descrito con entusiasmo un regidor local. La fiesta se viene celebrando nada menos que desde el medievo, desde el siglo XIV. Hay que hacer constar que el pueblo entero de Arroyo de la Luz se manifiesta jubilosamente. Los jinetes utilizan el mismo camino que recorrieron hace siglos los cristianos para dar la buena nueva en el pueblo de que habían vencido a los moros, según la leyenda, gracias a una luz brillante, que resultó ser de la Virgen, conforme la tradición. Especifiquemos que los caballos corrían antaño de cinco en cinco, llegando a provocar, en ocasiones, alguna desgracia. Por eso, ahora y para mayor seguridad, sólo corren dos o tres caballos a la vez, y se hacen paso por entre la muchedumbre, a toda velocidad.

No obstante la incorporación de los arroyanos a cuanto he expuesto, para responder a la tradición, hay que abundar en sus elementos de cultura popular, en el traje que lucen las bellas arroyanas, en la religiosidad y en las fiestas.

Y, ¿por qué no aludir al clásico vocabulario, a las formas y medios de expresión? .El refranero, la paremiología, tiene mucho que decir. No se pueden pasar por alto los famosos romances del siglo XV, con su picaresca, y la literatura popular.

Arroyo de la Luz se halla a excelente nivel cultural y sabe, al propio tiempo, respetar las costumbres y tradiciones seculares.

Las fiestas arroyanas, como todas, tienen un carácter pagano y religioso, a la vez. Si analizamos en profundidad nuestras más entrañables y arraigadas costumbres, podremos comprobar con sorpresa que casi siempre tienen un origen pagano, telúrico y misterioso y que, posteriormente, la Iglesia ha transformado esos usos y costumbres ancestrales, que trascienden a nuestro más profundo ser, para asimilar cuanto de fuerza vital y espiritual pudieran tener los antiguos ritos.

Desde la oscuridad de la caverna, desde lo más intrincado de las selvas, que cubrieron en la noche oscura del pasado estas tierras, el hombre ha tratado de conjurar las fuerzas adversas de la naturaleza y hacer propicios aquellos espíritus malignos que podrían acarrearles desgracias sin cuento. En esos conjuros, se ha estructurado el hondón de la conciencia humana, con ese entramado de pensamientos se ha hominizado la humanidad, dicho sea en redundancia plástica. Y de aquellos ritos vienen nuestras costumbres, nuestras fiestas, variadas poco a poco a lo largo de los siglos, como un río de hechos y pensamientos que nos hace llegar a las postrimerías del siglo XX, con gestos, voces, anhelos y gustos que, a buen seguro, sintonizarían en parte con los antiguos.

Mercado propio de ganaderos, unos hombres abnegados, trabajadores por excelencia, novedades de todo tipo, galas festivas, espectáculos variados gastronomía sin par, degustación de platos típicos -principalmente tencas, el pez típico de la comarca, sabroso a fe mía, que lleva a evocar a Carlos V, el llamado glotón, del que dijo el famoso novelista Pedro Antonio de Alarcón que fue el más comilón de los emperadores habidos y por haber.

Vertebrar la identidad de un pueblo. Arroyo del futuro con las esperanzas puestas en realizaciones, y la transformación que experimentará. Además de cuanto se ha verificado ya en estos últimos tiempos.

Coplas de quintos de Arroyo de la Luz:

Ya se van los quintos, madre,
se llevan los buenos mozos,
y los que quedan aquí
son tuertos y lagañosos.

(Tata chuntarará, tata chuntarará,
tata chuntarará, tata chuntarará)

Dicen que te vas el lunes,
no te vayas hasta el martes,
que tiene mi corazón
varias cositas que hablarte.

Si canto, me llaman loca,
si no canto, la enojada;
si me río de los hombres
me llaman la enamorada.

Si canto, me llaman loco,
y si no canto, cobarde;
si bebo vino, borracho;
si no bebo, miserable.

Estando de centinela
un lunes, por la mañana,
me puse a considerar
los trabajos de campaña.

Marchan columnas de frente,
marchan con su división,
que el general Espartero
va mandando con tesón.

Andando conforme iba,
a su enemigo encontró,
quiso hacerle resistencia,
mas de poco le sirvió.

Las iglesias y los conventos
todos sirven de hospital,
para meter a mi tropa
y acabarla de curar.

Llega donde está el herido,
le ha tocado con la espada,
ha levantado la cabeza
y ha dicho: "Mi general,
yo tengo cuatro balazos
con catorce puñalás,
todas heridas de muerte
y ninguna de curar.

Amigos, los mis amigos,
si alguno os váis para allá,
decirle a mi padre y madre
que ya no me esperen más,
y a mi novia querida,
que ya se puede casar"

(del "Cancionero arroyano")