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ESPERAR Y PEDIR LOS REYES

RUIPEREZ MORAGO, Siro

Publicado en el año 1992 en la Revista de Folklore número 138.

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Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

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Por los años treinta lo de esperar los reyes era algo muy distinto de lo que ocurre en la actualidad.

Desde luego que ahora, como siempre, tienen preferencia los niños, pero los mayores no quedan excluidos de la lista de regalos. Por entonces solamente los "chicos" soñaban con los reyes.

Los niños de la actualidad pueden ver los reyes en televisión, en periódicos y revistas, colegios, comercios, en la calle y en cualquier otro sitio. Esto no existió para los chicos de hace sesenta años, que casi no vieron representaciones gráficas de los magos orientales, en Amusquillo teníamos una adoración en el retablo, que por falta de información pasaba desapercibida.

¿Mejor ésto o aquello? .Quizás los niños de la actualidad se sientan confundidos con tal proliferación de reyes, los de antes dependíamos, casi exclusivamente, de nuestra imaginación. Con cierta dosis de fantasía podías conseguir unos buenos reyes.

¿Qué decir en materia de regalos? Alguna anguila de mazapán, algún juguete de hojalata, alguna muñeca de cartón, higos, avellanas y muy pocas cosas más. Es imposible hacer un catálogo de los juguetes que traen los reyes en la actualidad.

Pero no faltaba la emoción. Había que limpiar muy bien los zapatos, o las botas y ponerlos en la ventana, había que irse pronto a la cama ya que de no estar dormidos los reyes pasarían de largo.

Se oyeron pisadas de caballos y ruidos de escaleras que se apoyaban en las ventanas, algunos mayores o más listos, dijeron haber visto a los verdaderos reyes, pero de todas las formas se durmió toda la noche y a la mañana hubo alguna sorpresa.

También contaba la historia o la leyenda, que a alguien le cargaron escalera al hombro y que con farol en mano salió a esperar a los reyes llegando más allá del lagar que no distaba mucho del Terrero.

"Pero también se pedían los reyes". Cada cinco de enero, por la tarde, los chicos mayores de la escuela iban de puerta en puerta pidiendo los reyes. Recibían donativos o aguinaldos bien en forma de comestibles o en metálico. El día de Reyes comían y cenaban todos juntos en alguna casa. No era del todo fácil encontrar quien preparase tales ágapes, pues además del trabajo que ello suponía había que añadir la desconfianza de los comensales que a veces se sentían defraudados de alguna forma.

Para esta costumbre de pedir los reyes había dos canciones o romances, aunque prácticamente se utilizaba solamente una.

Voy a recordar algunas partes de esos romances, sin garantizar la total fidelidad de los recuerdos y con el riesgo de intercambiar versos entre ambos.

El más largo y menos usado empezaba:

Con permiso de Señor
y del señor alcalde,
vamos a cantar los reyes
sin hacer perjuicio a nadie.

Los reyes ya son venidos,
los reyes ya son mañana,
la primer fiesta del año
que en el mundo es celebrada.

Esto se hacía con todo respeto, pero otras veces aquellos mismos cantores no eran tan respetuosos. Se invocaban las dos autoridades más próximas, las demás quedaban entonces muy lejanas. Tampoco me he explicado lo de "la primer fiesta del año". Aún haciendo separación entre fiestas y domingos, teníamos y tenemos delante el día del Año.
Recordemos algo de la canción más corta y popular:

Desde oriente vinieron,
-Los reyes son-
con diligencia sagrada,
guiados por una estrella
tres reyes a ver un Rey,
que el cielo y la tierra manda.

En trece días mil leguas,
anduvieron cosa rara.
Hasta que al portal llegaron,
hincándose de rodillas
al Niño Dios adoraban.
Le daban incienso y mirra
y oro le presentaban.

-Los reyes son- se repetía como estribillo con mucha frecuencia.

Se daba por sentado que los tres magos emprendieron su camino el día veinticinco y llegaron a destino el seis. Ya al autor, que no parece muy crítico, le parecieron pocos los trece días empleados para recorrer los cinco mil y pico kilómetros, seguramente que también exageró la distancia.

Aguinaldo pedimos señora
para el niño que nació en Belén
choricillos y longanicillas
y otras cosas que son de comer.

Ya se quita el pañizuelo
la mujer del hombre honrado,
ya se quita el pañizuelo
para darnos el aguinaldo.

Alabando a los vecinas generosas y renegando de las más o menos tacañas se continuaba repitiendo la petición en cada casa para ver el balance final de los resultados obtenidos y hacer comparaciones con los de años anteriores.

Hemos empezado señalando algunas diferencias entre las actuales Navidades y las que estamos recordando y sin lugar a dudas hay muchas más. Pero para mí la diferencia fundamental está en que aquéllas eran las Navidades de hace sesenta años.

La noche buena se viene, la noche buena se va y nosotros...