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Consideraciones y referencias sobre la arquitectura tradicional leonesa en el contexto general del siglo XX

ALONSO GONZALEZ, Joaquín Miguel

Publicado en el año 1992 en la Revista de Folklore número 140.

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REFERENCIAS Y ASPECTOS TEORICOS SOBRE LA ARQUITECTURA TRADICIONAL LEONESA EN EL CONTEXTO GENERAL DEL SIGLO XX.

La arquitectura popular leonesa no se substrae al parejo estatismo y lento devenir de la tradición, siendo partícipe de lo que a lo largo del siglo se ha escrito sobre arquitectura vernácula y sobre la inexorable y tangible verdad de su destino.

Independientemente de cuál ha de ser el término o los términos más apropiados para definir esta peculiar "arquitectura de lo obvio" como así la quiso denominar Giorgio Grassi (1), sus características serán las que determinen una aproximación al verdadero concepto de casa tradicional.

Los geógrafos han formado parte del grupo de los primeros observadores del fenómeno arquitectónico en el medio rural, de los cuales hay que citar especialmente a Levasseur (1880) y Brunhes (1909) como iniciadores. Pero su análisis se ciñe a los términos que vinculan la casa al medio físico, esto es, a su intersección y acción sobre el entorno y a su utilidad.

En esta misma línea pero más flexible en los enunciados, Demangeon publica en 1920 un fundamental artículo titulado "L'habitation rurale en France. Essai de classification des principaux types", en el que establecía de manera indirecta una base interdisciplinar con la etnografía (2). Porque, ésta, a diferencia del análisis geográfico, profundiza en los modos de habitar y ocupar el espacio y en los valores inherentes a las partes y al conjunto de la vivienda. Con ella se plantea una nueva posibilidad de referencia y observación científica.

Al criterio de ambas especialidades habría que sumar el de los arquitectos, ya que, siendo un obraje que en origen no necesitó de su participación profesional, sí en cierto modo les corresponde como fuente de estudio y como justificante de apreciaciones sobre la técnica constructiva, asistiendo sin duda a conseguir un mayor conocimiento.

En cualquier caso y a la hora de abordar una definición o un estudio integral, no conviene establecer una divisoria entre estas disciplinas, a cuya dificultad se podría unir la que delimita la sociología, pues, a nuestro parecer, sería un empeño innecesario por contraproducente, ya que soslayar sus puntos tangenciales nos hace ser proclives al reducionismo. No en vano Bromberger ha estimado esta casa como "...lieu d'intersection de multipies logiques, logique écologique, logique technique, logique économique, logique social ou logique symbolique" (3).

En términos generales, la casa tradicional es entendida según síntesis de Sánchez del Barrio, como "arquitectura sin arquitectos", "arquitectura doméstica", "arquitectura de los rendimientos", "arquitectura anónima", "arquitectura del sentido común", al que añadiríamos el de "arquitectura ingénita" e, incluso, el de simple acto constructivo por carecer de proyecto o diseño. Por todo ello, su verdadero fundamento parte de lo que realmente significa, es decir, un hecho humano que supone una unidad orgánica familiar funcional y simbólica que actúa como referencia de un contexto social y en razón de unas necesidades impuestas por el medio físico, las actividades productivas y una herencia cultural y constructiva transmitida sin grandes cambios de generación en generación.

Abundando en la opinión del último autor citado, considera factores determinantes no variables, el clima, los materiales con su manejo y elaboración, la herencia artística, el concepto estético, y las creencias y tradición de la zona (4). Con todo, y recurriendo a una visión más antropológica que formalista, la casa popular o vernácula es, en palabras de García Mercadal, "...la obra que mejor refleja no sólo la manera de ser de los pueblos, sino las relaciones entre unos y otros..." (5).

Discernir sobre la categoría individual y definitiva de las cuestiones observadas por los autores antedichos o por otros de indudable prestigio como Mercadal, Cárdenas, Hoyos Sainz, Torres Balbás, Allanegui, Fullaondo, Calzadilla Pérez, Ekambi Schmidt, Rapoport, Feduchi, Flores, Pedro del Llano, José Luis y Efrén García Fernández, García Grinda, el mismo Caro Baroja, a las que habría que unir aquellas de reciente aportación, nos alejaría del sentido totalizador que impone su comprensión (6).

Para ello sería necesario evaluar cada uno de sus componentes endógenos y aquellos que de procedencia exógena la determinan. Entendemos como los que forman parte del primer grupo, los constitutivos de la construcción en sí misma, y los segundos, como los proporcionados por la historia, la sociedad, la costumbre, la cultura secular, la creencia y tradición, el medio físico e incluso las influencias e imitaciones. Esto supone una gran complejidad cuya expresión se sintetiza en el hecho material de la propia construcción. Dentro de estos parámetros, el concepto y las formas de lo que se entiende por arquitectura tradicional, se conservaron prácticamente con toda su pureza durante la primera mitad del presente siglo hasta que el país se impregnó de los efectos del desarrollo industrial, teniendo en cuenta que los años transcurridos entre 1950 y 1970, es el período en el que comienzan a producirse serias alteraciones en la casa tradicional de nuestros pueblos.

Aun conservándose en aquél entonces los modos de vida propios de una sociedad preindustrial, Teodoro Anasagasti con motivo de su recepción pública en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando el 24 de marzo de 1929, ya significaba en el discurso de contestación sobre la Arquitectura Popular, "...que nuestros pueblos se van descastando; que sus costumbres y sus manifestaciones más espléndidas van desapareciendo con extremada rapidez", y que "es de lamentar la preterición de lo añejo, la desaparición de lo genuíno, cuando nos damos perfecta cuenta de que la conservación y el estudio de la arquitectura popular, en todas sus múltiples y variadas manifestaciones, es materia substancial en la historia artística de España" (7).

Previamente, la corriente del Realismo general (1850-1890) determinó que a partir de 1890 hasta 1921 se desarrollara el movimiento Regionalista en su vertiente folklórica entendida como demosofía, y la del Regionalismo como sinónimo de autonomismo. En este preludio se fraguaba en nuestro país el postrer interés y fomento de la ciencia antropológica, cuando menos etnográfica, así como subsidiariamente el estudio de la arquitectura popular.

La consecuencia de esta renovada sensibilidad se hizo manifiesta cuando en 1919 González de Linares expresaba abiertamente en su artículo "La tradición en la arquitectura rural" (8), un especial interés por los valores etnológicos que ésta representa. Era un buen precedente al que se unieron con posterioridad un intento de contribución al estudio de la casa rural por parte del Ministerio de Economía Nacional en 1929, y los trabajos de autores como Hieldscher (9), José Miguel de Barandiarán (10) o del propio Baeschlin (11). Previamente, en 1918, Frankowski había publicado a través de la Comisión de Investigación Paleontológicas y Prehistóricas, su trabajo Hórreos y palafitos de la Península Ibérica. Subsiguientemente, Juan Ibero en la revista de D.T.P., cuaderno I, hacía lo mismo en 1945 con un estudio en torno al "Origen e historia del hórreo"; en 1948, Walter Carle en el número 31 de la revista Estudios Geográficos, presentaba un artículo sobre "Los hórreos en el noroeste de la península Ibérica"; Martínez Rodríguez dedica en 1959 unas páginas en la revista Las Ciencias a los "Tipos de hórreos del NO Ibérico y su distribución geográfica", y Gómez Tabanera, continuando con el tema, da a conocer "El hórreo hispánico y las técnicas de conservación de grano en el NW. de la Península Ibérica" en Les techniques de conservation des grains á long terme, 1981.

A la aportación de Dantín Cereceda hay que añadir la de Iñiguez Almech que había publicado en 1946 Notas para la geografía de la arquitectura española, que más tarde se ampliaría en Geografía de la arquitectura española, y la de Hoyos Sainz en 1947 (12).

El panorama general que teóricamente se venía desarrollando en torno a los nuevos conceptos arquitectónicos, se enriqueció con la aparición en 1930 del GATEPAC, organismo que a través de su revista AC publicada en Barcelona, ejercía manifiesta influencia de acendramiento inspirada en los principios del Bauhaus alemán, entre los que estaba el elemento tradicional.

Con posterioridad, otro hito, interesante por sus intenciones, se produce en 1960, cuando el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid acepta el encargo de la Dirección General de Arquitectura, Economía y Técnica de la Construcción, de realizar un estudio cuya Memoria se publicó en 1967 con el título Plan de Ordenación de la Arquitectura Rural. Este trabajo nació como consecuencia del Plan de Desarrollo Económico social franquista, cuya estructura y propósito hizo considerar como inútil la protección oficial técnica y económica fragmentada, en favor de unas concentraciones proyectadas de acuerdo con las necesidades de los Municipios. Los datos contenidos hacían referencia a la construcción, vivienda, urbanismo y asistencia técnica, amparándose su objetivo en cinco realizaciones:

1º. planificar una concentración rural para conseguir unos "polos de crecimiento" de promoción y desarrollo social.

2º. redactar unas ordenanzas de construcción.

3º. renovar el patrimonio inmobiliario en las zonas rurales con el fin de ordenar los asentamientos.

4º. "control de los rendimientos de producción e idoneidad en la fabricación de materiales, y alcanzar una mayor estabilización de precios y de productos de la Construcción."

5º. "estudiar el grado, actualmente bajo, de Mecanización, así como la Productividad en obra -«pues debido a la lenta industrialización del campo se continúa con la construcción tradicional, racionalizada con elementos prefabricados»- y también redactar proyectos tipo y normalizados, para conseguir el volúmen óptimo en relación con el precio total,..., sin perder el estilo típico de nuestra arquitectura" (13).

Es obvia la significación de este Plan, pero si grande es una, no es menos la difícil viabilidad del mismo y los descuidos en ciertos aspectos, aun aplicando con todo rigor el espíritu de la letra y tener como favorable lo que se derivaba del proceso de urbanización. Tanto es así, que textualmente se dice: "Al estudio con propuesta de solución de los problemas planteados en este breve esquema del Plan de Ordenación de la Arquitectura Rural no podrán dedicarse con atención los arquitectos de la Administración, ni tampoco es empresa que puedan acometer con éxito los Colegios Oficiales de Arquitectos (14).

Esta precariedad del proyecto se hace más ostensible cuando se observan omisiones que le dotan de una notable miopía, pues en ningún caso se tiene en cuenta la restauración, conservación y mejora de la existente, descartando la posibilidad de considerarla como bien de interés cultural y elaborar una ley que la protegiese. Muy al contrario, rezumaba contenidos folklóricos que, especialmente en temas de arquitectura, se amparan en la zafia y turística consideración de "típica". Por otro lado, son poco recomendables aquellos planes de urbanísticos descarnados, pues como tales se puede definir a los que prescinden de análisis serios sobre la conformación del substrato ambiental, del ordenamiento tradicional y no por ello carente de vigencia, de la relación directa con el entorno y de su uso, del sistema de vecindad o de la unidad espacial orgánica que los personaliza.

Según los cuadros estadísticos del Plan, en la provincia de León hubiese sido necesario edificar en el plazo de cinco años, 623 casas en los ocho municipios del antiguo partido judicial de Astorga; 400 en los cuatro de La Bañeza; 700 en los dos de Riaño; 50 en Sahagún; 250 en los tres de Valencia de D. Juan; 550 en los dos de La Vecilla; ninguna en el de Murias de Paredes; 1.000 en los tres de Ponferrada, y 50 en los cuatro de Villafranca del Bierzo. Tales cantidades hubieran supuesto un total de 3.623 nuevas construcciones (15).

Tanto para bien como para mal, en la región leonesa nunca transcendieron estos propósitos, los que, asimismo, nos sirven para testificar según el texto redactado, que, superada la primera mitad de siglo, en los pueblos se seguía construyendo de acuerdo con los procedimientos que siempre dictó la tradición.


La realidad de la arquitectura tradicional en la península y por supuesto la que atañe a la provincia que citamos, había comenzado a ser reflejada con verdadero conocimiento de causa por Torres Balbás en 1923, ante su paulatina degradación y pérdida. En 1931, se le encarga redactar el capítulo correspondiente a arquitectura en la obra Folklore y Costumbres de España dirigida por Carreras y Candi, haciendo un recorrido por las diferentes regiones españolas. En ese mismo año, Moreno Villa traza un bosquejo de estimaciones sobre el tema (16).

Sin desmerecer el Museo del Pueblo Español, en 1946 aprovecha el homenaje a Mateo Silvela para insertar la conferencia de apertura de curso que tuvo por tema "Notas para el estudio de la arquitectura popular española". La posterior aproximación al conocimiento de los distintos tipos de vivienda tradicional, tuvo su continuidad con Wilhelm Giese que en 1951 se distinguiría por la misma búsqueda (17). Mientras tanto, en los años que transcurren desde aquellas fechas a esta última, se publica en 1941 un no menos interesante artículo de Hernández Pacheco, en el que se establecía una relación entre la arquitectura rural y las regiones climáticas (18).

De 1962 es el título "La casa tradicional española" de Nieves Hoyos Sancho, publicado en Temas Españoles por la Editora Nacional, y de 1964 es la colección "España en Paz" realizada por Ediciones Españolas, conteniendo una serie de capítulos dedicados a la casa popular de diversas provincias.

En 1965 se iniciaba en la localidad guipuzcoana de Elorrio el I congreso Naconal de Arquitectura Regional, que tuvo continuidad al año siguiente en Oviedo con el título de II Congreso Nacional de Arquitectura Típica Regional, de entre cuyas ponencias hay que destacar la de Cámara Niño por sus consideraciones generales, la de Duran-Lóriga al plantear la necesidad de enjuiciamientos críticos sobre la misma, y la de Calzadilla Pérez al establecer unas bases para su estudio (19). Un año más tarde García Bellido expone sus investigaciones sobre la extensión de la casa redonda (20).

Igualmente, aparecía de vez en cuando alguna publicación de carácter oficialista e informativo tratando el tema con superficialidad, y como muestra tenemos un suplemento del Noticiario Turístico correspondiente al nº. 235 del año 1968 que llevaba por título "La casa popular en España", donde, de una forma muy general, se describían los tipos y las características de la múltiple variedad arquitectónica del ámbito rural existente en nuestro país (21).

En la década de los setenta se recoge la aportación de los geógrafos Arija Rivarés, Terán y Solé Sabarís, y con un intervalo de cuatro años, Feduchi y Carlos Flores publican sus conocidas y amplias obras. En 1974 Guadalupe González Hontoria contribuye con un resumen bibliográfico sobre la casa popular, y Martínez Feduchi Ruíz cuestiona la situación de la arquitectura popular en aquel momento. A su vez, Mark Gimson remata en 1978 su tesina sobre las "pallozas", asistiendo a la continuidad investigadora, descriptiva y referencial, que sobre este tema venía produciéndose desde los primeros años de siglo (22).

Junto a estos textos fueron surgiendo sucesivamente otros que han descrito la arquitectura tradicional de otras provincias, y que en este caso no es preciso citar al no tener una estrecha relación con el área que nos interesa y porque la lista sería excesivamente amplia.

Por añadidura, se han celebrado actividades impulsadas por las Escuelas de Arquitectura (23), charlas, debates, jornadas, coloquios promocionados por los distintos Servicios de Cultura de Instituciones Públicas (24) o publicaciones de variada procedencia, de entre las cuales se pueden citar la de Selecciones del Reader's Digest, Los pueblos más bellos de España, Madrid, 1982, o algunas de los ministerios de Obras Públicas y de Cultura (25), totalizando el panorama actual en esta materia.

Con anterioridad al siglo XX, las primeras aunque breves y exclusivas descripciones que poseemos de la arquitectura leonesa, las encontramos en los viajeros que, recorriendo España, hicieron camino por León. Tal es el caso de Doménico Laffi (1670), Manier (1726), Dalrymple (1774), John Adams (178), Townsend (1786), Southey (1795), Jovellanos (1797), Ford (1832), Jane Leck (1833), Borrow (1837), Cook (1843), Ziegler (1850) y Gadow (1895) (26). A ellos hay que unir los comentarios de Jovellanos recogidos en sus Diarios (27), y las sucintas reseñas que pueblo a pueblo hizo Madoz entre 1845 y 1850. Pero en cuanto a un verdadero interés por su estudio y divulgación, hay que buscar en los años veinte de esta centuria para encontrar indicios que la consideran como parte integrante de la cultura popular, sin obviar lo publicado por Angel CASTILLO en el Bol. de la Real Academia Gallega, VIII, nº 78,1913, y IX, nº 82,1914, con el título "Por las montañas de Galicia. Las casas del Cebrero. Origen y antigüedad de las «pallozas» del Cebrero". De esta suerte tenemos a FERNANDEZ VALBUENA autor de "La arquitectura humilde de un pueblo del páramo leonés", Rev. Arquitectura, IV, nº 38, 1922; a SANCHEZ ALBORNOZ, que nos hace una descripción hipotética a partir de documentación archivística de cómo era la casa en la capital del viejo reino leonés en su libro Estampas de la vida en León durante el siglo X, Madrid, 1926; a MEDINA BRAVO, Tierra leonesa. Ensayo geográfico sobre la provincia de León, León, 1927; y a MARTIN GRANIZO, La provincia de León, paisajes, hombres, costumbres y canciones, Madrid, 1929.

De 1930 se tiene el título de GARCIA MERCADAL, La casa popular en España, editado por Espasa-Calpe, conteniendo alusiones a la construcción leonesa.

En los años cuarenta hay que citar a cuatro autores: CARDENAS RODRIGUEZ, "La casa en la montaña de León" en La casa popular española, Bilbao, 1944; DOMINGUEZ BERRUETA, autor de "Riberas del Luna", en Tierras de León, 1946; CASADO LOBATO, El habla de la Cabrera Alta. Contribución al estudio del dialecto leonés, Madrid, Rev. de Filología Española, 1948; y, KRUGER, "Las brañas. Contribución a la historia de las construcciones circulares en la zona astur-galaico-portuguesa", en el Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, nº. 8, Oviedo, 1949.

En 1954 ROA RICO firma el capítulo dedicado a "León" en la colección "España en Paz", Madrid, Publicaciones Españolas; de 1955 es la segunda edición del libro Por tierras maragatas de GARCIA ESCUDERO, Astorga, Imprenta Cornejo; y de 1956, "Arrieros leoneses (arrieros maragatos)" de MARTIN GALINDO, en la Rev. Archivos Leoneses, T.X, nº. 19.

Más abundantes son las aportaciones a partir de 1960. De estas fechas conviene nombrar a los siguientes: GARCIA RODRIGUEZ, Historia de la montaña del Porma, Avila, Ed. Senén Martín, 1960.

ESCOBAR GARCIA, Gordón, apuntes para la historia del municipio, León, Diputación Provincial, 1962; LUENGO MARTINEZ, "La arquitectura popular en los Ancares leoneses" en Actas y Memorias de la Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria, T. XXIII, XXIV y XXV, años 1960-1962.

MILLAN URDIALES, El habla de Villacidayo, Madrid, Anejos del Boletín de la Real Academia Española, nº. XIII, 1966; LUENGO MARTINEZ, Esquema de la arquitectura civil en El Bierzo, León, Diputación Provincial, 1967; y, VINAYO, La provincia de León, León, Ed. Everest, 1968.

Igual de prolíficos se mostraron los setenta, pues hay que sumar doce títulos, destacando Justiniano RODRIGUEZ FERNANDEZ, Valdeón y Sajambre, León, 1972.

Florentino Agustín DIEZ, En la España Rural, León, Institución Fray Bernardino de Sahagún, Diputación Provincial, 1974.

Alfonso IGLESIAS, El libro de los hórreos, Ed. facsimil, Gijón, Impresos en Flores, 1975.

FERNANDEZ FUENTES, "El valle Gordo en Omaña", Narria, nº. 4, Univ. Autónoma de Madrid, 1976; PALANCO/GOMEZ OLAZABAL, "Arquitectura gallega en León. Las pallozas", Rev. Narria, nº. 4, Univ. Autónoma de Madrid, 1976; LINARES RIVAS, "La vivienda popular en la provincia de León", La Hora Leonesa, 29, agosto, 1976; AGUADO CANDANEDO, "Léxico de uso doméstico en el leonés oriental", Tierras de León, nº. 23, 1976; CLARET RUBIRA, Detalles de arquitectura popular española, Barcelona, Ed. G. Gili, 1976.

FERNANDEZ GONZALEZ, "Etnografía del valle de Ancares. Estudio lingüístico según el método de «palabras y cosas»", Verbal. Anuario Gallego de Filología, Anejo 10, Univ. de Santiago de Compostela, 1978; GONZALEZ FLOREZ, La montaña de los Argüellos, León, Imprime Artes Gráficas Villena, 1978; RIVERA BLANCO, Guía del Bierzo, León, Ed. Nebrija, 1978; SANCHEZ CARRO, El Parque Natural de Ancares, León, Ed. Everest, 1978.

La década de los ochenta ha superado ampliamente el numero de publicaciones sobre el tema, a saber: ALONSO GONZALEZ, "La vivienda rural en las Cabreras Leonesas", Tierras de León, nº. 36, 37 y 44, 1980-81; CAMPELO, "L'arquitecture archaïque de la Sierra des Ancares", Memoire de III cycle, U.P.A., nº. 6, 1980; CASADO LOBATO, "Ayer y hoy de la cultura leonesa", Tierras de León, nº. 38, 1980; CONSEJO GENERAL DE CASTILLA y LEON, Patrimonio Arquitectónico de Castilla y León, Valladolid, Junta de Castilla y León, 1980; Florentino Agustín DIEZ, "La aldea leonesa. Distribución territorial. Supervivencias", Tierras de León, nº. 38, 1980.

CANAL SANCHEZ-PAGIN, El concejo de Burón y su gloriosa historia, León, Celarayn, 1981; Luis Mateo DIEZ, Relato de Babia, Valencia Imp. Nácher, 1981; Efrén GARCIA FERNANDEZ, "Los pueblos" en Naturaleza y vida en los Picos de Europa, Madrid, INCAFO, 1981; Luis PASTRANA, Sajambre y Valdeón, León, Ed. Everest, 1981.

ALVAREZ RUBIO, Sendas de Laciana, León, Ed. Leonesas, 1982; Florentino Agustín DIEZ, El valle de Laciana, Madrid, ALSA, 1982; GONZALEZ ARPIDE, "Defensa y conservación del patrimonio cultural leonés: los hórreos", I Jornadas de Antropología Social de Castilla y León, Avila, 1982; GONZALEZ FLOREZ, La ribera del Torío, León, Celarayn, 1982; Luis PASTRANA, El Páramo. Introducción histórica, León, Ed. Leonesas, 1982; RODRIGUEZ COSMEN, El Pachxuezu. el habla medieval del Occidente Astur-Leonés, León, Ed. Nebrija, 1982.

CORDERO DEL CASTILLO, "La Omaña", Tierras de León, nº. 53, 1983; GONZALEZ ARPIDE, "Las pallozas y las casas de humo en León", IV congreso de Artes y Costumbres Populares, Zaragoza, 1983.

En el libro León, pueblos y paisajes, León, Ed. Leonesas, 1984, se retoman pequeñas descripciones sobre la construcción tradicional de diferentes autores, como las de ALONSO PONGA, "La construcción de una palloza" (1984) -ALVAREZ RUBIO, "La casona lacianiega" (1982) -FERNANDEZ VALBUENA, "La construcción de una bodega" (1922) -MEDINA BRAVO "La casa de la meseta" (1930) -TORRES BALBAS, "La casa de la montaña" (1933), y fotografías de variada autoría y dibujos de José Luis Aller; ALONSO PONGA/DIEGUEZ AYERBE, Etnografía y folklore de las comarcas leonesas: El Bierzo, León, Santiago García, 1984; BAZ PEREZ, "Nuestros hórreos y su problemática", Rev. El Calecho, nº. 6, 1984; CASTRO ANTOLIN, Ribas del Sil. Léxico y toponimia, Excmo. Ayuntamiento de Páramo del Sil, consejería de Educación y Cultura de Castilla y León, 1984; GONZALEZ ARPIDE, "La arquitectura popular. Su defensa", Semana del Patrimonio Cultural, León, 5-10 de noviembre de 1984, Dirección General de Patrimonio de Cultura, Junta de Castilla y León; GUTIERREZ GONZALEZ/GONZALEZ ARPIDE, "Modelo para el estudio de comunidades en vías de desaparición y el factor hidráulico. El caso de Riaño (León)", III Congreso Nacional de Antropología, San Sebastián, 1984; JIMENEZ ARQUES, "La arquitectura popular en torno a las Médulas", Rev. Instituto de Estudios Bercianos, nº. 2, diciembre de 1984; LORENZANA RODRIGUEZ, "El hórreo", El Calecho, nº. 6, 1984.

A.C.J., "Nuestros hórreos", El Calecho, nº. 7,8 y 9, 1985; GONZALEZ ARPIDE, "Los hórreos en la arquitectura de Castilla y León", I Congreso de Etnología y Folklore de Castilla y León, Soria, 1985-86; Bases para el estudio de la arquitectura tradicional. Aplicación a León, Univ. de León, 1985; "Consideraciones en torno a la arquitectura popular leonesa", Diario de León, Extra de la Construcción del 31 de mayo de 1985; JIMENEZ ARQUES, "La arquitectura popular en el alto Sil", Rev. Estudios Bercianos, nº. 4, 1985; David Gustavo LOPEZ, León. Arte y tradición, León, Ed. Leonesas, 1985; MARTINEZ MARTINEZ, vocabulario, costumbres y paisajes agrarios en la ribera del Orbigo, León, Artes Gráficas Villena, 1985; Vicente PUEYO, "El respeto al patrimonio arquitectónico...", Diario de León, Extra de la Construcción del 31 de mayo de 1985; RODRIGUEZ COSMEN, "Las casas de «teitu», «pachxozas», hórreos y paneras", El Calecho, León, n.P 11, 1985-86.

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ALONSO PONGA, La arquitectura popular leonesa, León, Caja León, 1990; "Las Pallozas" y "Hórreos y otras construcciones", en León: vida y naturaleza, Diario de León, 1990; María CAMPOS /José Luis PUERTO, "La arquitectura popular en las tierras de Rueda", Diario de León, Filandón, 21 de octubre de 1990; Angel María FIDALGO, "Arquitectura popular leonesa", Diario de León, 1 de abril de 1990;GARCIA GARCIA/NICOLAS CRISPIN\BAUTISTA BAUTISTA, La propiedad urbana del Cabildo Catedral de León en el siglo XV, Inst. Fray B. de Sahagún, Diputación Provincial de León, 1990.

ALADRO MAJUA, La Cabrera: Tradición y cultura, col. Conocer León, nº. 9, Servicio de Publicaciones de la Universidad de León, 1991; ALONSO GONZALEZ, "Arquitectura tradicional leonesa", Crónica contemporánea de León, Crónica 16 de León, 1991; GARCIA GRINDA, Arquitectura popular leonesa, Diputación Provincial de León, 1991; GARCIA TRAPIELLO, "Adiós bodegas y vinos", La Crónica 16 de León, Dossier, 13 de octubre de 1991; F. Roberto GORDALIZA/J. María FERNANDEZ RODRIGUEZ, Los Espejos de la Reina, León, edición de autor, 1991; y, KRUGER, La cultura popular en Sanabria, Zamora, Inst. de Estudios Zamoranos "Florián de Ocampo", Caja España, 1991.

Finalmente, DIEZ ANTA, Las bodegas en la provincia de León, León, Ediciones Leonesas, Caja España, 1992 (28).

La cantidad de publicaciones reseñadas no garantizan evidentemente, una calidad individual. Mientras que unas resultan definitivas y de imprescindible consulta, otras alcanzan meramente la categoría de anécdota. También existen algunas que son cuestionables al establecer conceptualmente estrechas filiaciones asturianas y gallegas, anulando el valor formal y antropológico de la casa tradicional leonesa. Se trata de una opinión que es preciso desmitificar, cuando menos revisar, por cuanto que, admitidas las evidentes interrelaciones tipológicas y la inexistencia de fronteras culturales interprovincias, poseen de manera incuestionable una personalidad propia y una demostrable variedad constructiva y de uso según las áreas. Por tal motivo y para un mayor conocimiento de la cuestión, es preciso citar cualquier referencia por modesta que sea. Esto lo comprendemos así, porque cada día, a falta de testimonios "in situ" del pasado, se hace necesario acudir con más frecuencia a referencias orales, a viejas fotografías y a información procedente de autores que, hogaño o pretéritos, detuvieron su atención para valorar culturalmente la casa tradicional.

En conjunto, puede decirse que, frente a los contenidos de las obras generales y lo que nos detallan aquellas que nos remiten a la arquitectura tradicional leonesa, la realidad de lo que arquitectónicamente se conserva hoy en los pueblos es precaria y en muchos casos está en plena vía de alteración o extinción.

Una lectura del proceso nos conduce invariablemente a la comprobación de que la herencia del siglo XIX postergada durante la postguerrra, se fue diluyendo en nuevos modelos de vida. Tales parámetros están auspiciados por el implacable movimiento emigratorio de la población que habitaba en el campo hacia centros industrializados que, con motivo del realce económico en la década de los años sesenta, alentaban la búsqueda de un mayor y gratificante bienestar. Esta circunstancia produjo que en los pueblos abandonasen los viejos hábitos para tomar otros de clara raíz urbana. De forma paralela, la mecanización del campo, la mejora de la producción, la apertura de mercados y la pérdida de obra, transfiguraron la que había sido una permanente actitud ante la vida, unas costumbres intransferibles y unas reglas consuetudinarias emanadas del común interés.

Los cambios en el tipo de actividad y la complejidad económica determinaron el inicio de variaciones en el uso de los espacios comunales y circundantes a la casa. Otros más, que formaban parte del entorno de las construcciones subsidiarias como son los molinos, batanes, palomares, hórreos, paneras, terrados, celeiros, bodegas, fraguas, lagares, hornos, tejeras, abrevaderos, norias, chozos pastoriles, calechos, e incluso, puentes y pontonas, perdieron su razón de ser ante el abandono de su aprovechamiento, pues la relación directa con la naturaleza en el ámbito rural cobra sentido cuando el hombre depende de ella. De este modo, nuevas necesidades modificaron la utilidad del suelo, perdiéndose consecuentemente la concordancia del ordenamiento de cada pueblo.

Por todo ello, el fundamento constructivo resultante de las funciones se ha desvanecido, convirtiendo el inmueble en una "construcción muerta". Los interiores, por ejemplo, siempre tuvieron un carácter y distribución relacionados con la actividad económica y organización familiar. Al variar o desaparecer una y desmembrarse la otra en su jerarquía y asignaciones laborales, se desvirtúa o se anula la polisemia inherente a la casa.

Por motivos semejantes, la actividad artesanal implícita a esta arquitectura se abandona y con ella el tratamiento particular de los materiales. Lo mismo ocurre con los conceptos que la han caracterizado, los valores estéticos y simbólicos contenidos en la ornamentación y la referencia como lugar de encuentro familiar, relación social e identificación de un grupo o individuo.

Esta gradual situación afectó considerablemente a la fisonomía arquitectónica de los pueblos, herencia de una historia y la suma de experiencias procedentes de la reciedumbre tradicional que hoy se encuentra, salvo en determinadas localidades o barrios, en progresiva desaparición. Como resultado, se hacen patentes en la actualidad, la pérdida de tipologías y la insistencia en alteraciones que sistemáticamente se vienen produciendo en este sentido.

Ha sido inevitable en una sociedad como la española que hace cuarenta años era mayoritariamente campesina, la paulatina sustitución que venimos describiendo, en cierta manera provocada por una necesidad vital. Es por ello que la secuencia tipológica es a veces difícil de describir al predominar una construcción muy evolucionada o aquella que, conservando los rasgos populares, ha sido tan alterada que, sin querer, se aleja de los modelos tradicionales. Estas modificaciones se han rematado con el uso inadecuado de materiales y ejecuciones poco felices, a pesar de estar bajo el amparo de proyectos que intentaban mejorar la vivienda.

La difusión de imágenes y conocimientos de otros ámbitos culturales, especialmente urbanos, ha mediatizado el acondicionamiento de las casas, fomentando, en el mejor de los casos, uso de materiales ajenos o prefabricados, revoques y encalados impropios y alteraciones del espacio interior y circundante que han mutado aspectos y tipologías. Bien es cierto que ante la indefensión y exigencia del campesino por mejorar la habitalidad de su casa, cualquier obra que le convenga ha sido siempre una disculpa, pero ésta no justifica la introducción de modelos suburbanos de nueva planta que son una perturbación para el entorno. Es una práctica habitual este tipo de actuaciones que bien pueden ser utilizadas como ejemplo para comprender las irreversibles consecuencias que ocasionan en la fisonomía de los pueblos.

Razones diferentes pero con resultados parecidos se pueden aplicar a los escasos vestigios de arquitectura tradicional que subsistían en los núcleos urbanos, hoy prácticamente desaparecidos. En la ciudad de León, hacia 1980, eran notorios los ejemplos conservados en el Rollo y plazuela de Santa Ana y en la histórica plaza del Grano. Sobre ellos se construyeron unos "edificios" que nada han aportado arquitectónicamente y que en cierta forma han desvalorizado un atractivo e interesante paisaje del casco antiguo, cuya partidaria conservación nada tiene que ver con sentimentalismos o visiones románticas,

Angel María Fidalgo en un artículo que puede leerse en un periódico de la capital leonesa, disecionaba crudamente pero de forma realista este problema con las siguientes palabras: "Desde hace treinta años,..., la arquitectura popular leonesa se ha venido deteriorando, incesantemente, hasta alcanzar hoy unos niveles preocupantes. Y lo peor es que tal degradación horterizante no ha suscitado más que tibias reacciones por parte, no de sus más directos responsables, los arquitectos, sino por parte de otros sectores ajenos a tal profesión, aunque mucho más próximos a esa preocupación por el mantenimiento de este patrimonio esencial de nuestra identidad colectiva" (29).

Con términos similares Juan Carlos Ponga denunciaba en 1988 esa sustantividad en el ámbito provincial, que podría resumirse en el encabezamiento del artículo, con esta frase: "Obras hechas sin licencia y con mal gusto agreden el paisaje leonés" (30). Como ejemplo, cita el caso de Camposagrado y cierta urbanización localizada en el valle de Riosol. Pero con anterioridad, otros se presentan irreversibles a la par de su desarrollo, tan manifiesto en el Páramo leonés, donde se ha perdido la totalidad de su arquitectura tradicional sin .que podamos disponer de un testimonio escrito y específico sobre la misma.

Esos desaciertos vinculados a una Ley del Suelo deficiente, y la desaparición de valles por la construcción de pantanos en los que tampoco se han realizado estudios oficiales y sistematizados de la cultura del área afectada, son una agresión más a añadir al natural deterioro producto del abandono de los pueblos. Las zonas de Maragatería, Cepeda, Cabrera, Valdería, alto Bierzo, Ancares, Fornela, Los Argüellos, Riaño sirven de prueba en una u otra causa.

Al conjunto de estos problemas hay que añadir uno nuevo que puede centrarse concretamente en una falta de concienciación práctica, es decir, de búsqueda de soluciones razonablemente fáciles de aplicar. No es suficiente, a pesar de su importancia, dictar decretos como el 69/1984 de 2 de agosto, por el que se pone bajo la protección de la Junta de Castilla y León los hórreos y pallozas existentes en su ámbito territorial (31 ). Por ende y a propósito, habría que especificar si el término "palloza" engloba a las "casas de techo", que es el nombre tradicional que en León siempre se ha dado a la casa con cubierta de "cuelmo" y que se encuentra por toda la provincia a excepción de Tierra de Campos.

El camino iniciado en 1984 de restaurar facilitando una continuidad en el uso de la construcción, como es el caso de los hórreos de Valdeón, es un feliz acierto, pero que no tuvo el mismo resultado con las pallozas de Campo del Agua en el Bierzo. Y esto sucedió por la fatalidad de un incendio y porque no se habilitaron las fórmulas convenientes para un uso específico o una estancia humana útil, al menos durante los meses de verano.

Las alternativas más lejanas se remontan a la década de los años setenta cuando el Gobierno Civil enviaba a los alcaldes y corporaciones una circular para el remozamiento de los pueblos. Era un intento de mejorar el aspecto físico de las localidades y no tanto de conservar la vivienda tradicional pensando en su valor etnológico.

En 1980 Gómez López Egea retornaba el problema del presente y futuro de la arquitectura tradicional (32), cuestión que se mantiene vigente sobre todo por parte de particulares y determinados colectivos profesionales, aunque sin actitudes decididas. Ese menguado afán ha tenido ciertos resultados puntuales tanto a nivel teórico (33) como práctico, en la medida que se ha recobrado un interés por la recuperación y utilización en la arquitectura actual de los materiales tradicionales. Experiencias relacionadas con el adobe y el tapial en el Centro de Navapalos (Soria), o su aplicación en la restauración del palacio de los Guzmanes en Toral de los Guzmanes (León), evidencian una concienciación más esencial que aparente (34). Asimismo, son un ejemplo las "Xornadas de Arquitectura Popular" que el COAG de Santiago de Compostela viene organizando, o la iniciativa de la Autonomía Asturiana que a través de su Consejería de cultura, ha facilitado ayudas a fondo perdido para proteger ferrerías y molinos. No lo es menos a la hora de aportar soluciones, la promovida por una cooperativa de turismo rural establecida en Montejos de Arriba (Segovia), dedicada a rehabilitar las casas que luego los fines de semana alquilan para disfrute del ocio y de unos programas de acercamiento y participación de los usuarios en las costumbres de la zona.

Pero los esfuerzos para su conservación aunque sea puntual, requieren más de una propuesta. Una de las establecidas son los ecomuseos, de los que España, naturalmente, carece. Los ubicados en La Grande Lande y en la Región de Rennes de Francia, el Regional Museum of Västerbotten de Suiza, los de do Seixal y Alcochete en Portugal o el de Barquisimeto en Venezuela, representan algunos donde la arquitectura popular es parte integrante de la muestra. Parques Naturales y museos al aire libre son otra variante posible, pudiendo servir como referencia el del condado de Worcester (Massachusetts), el Biggar Museum Trust de Edimburgo, el de Old Sturbridge Village, la Granja de Twente de Beuningen o el Rijksmuseum Voor Volkskunde de Arnhem en los Paises Bajos.

La provincia de León no dispone actualmente de las alternativas enunciadas, como tampoco de una política institucional contundente amparada en firmes ordenanzas municipales, ni de un proyecto normativo de protección salvo lo referido a las pallozas y hórreos. Esto se traduce en una actitud excesivamente cautelosa, en la ausencia de intervenciones imaginativas y de recuperaciones concretas en ciertas localidades o barrios, salvo las escasas excepciones como Castrillo de los Polvazares. Falta un mayor interés por parte de las autoridades, de promotores y constructores, de los colegios de arquitectos y aparejadores asi como de los residentes y sociedad en general para respetar y conservar este patrimonio.

A modo de colofón, no es suficiente considerar como testimonio o referencia los estudios que distintos autores han realizado sobre ella, ya que la estima cobra sentido y certidumbre con la protección de este legado cultural no declarado en todos los casos que se debiera, pero existente con su humilde y sencilla magnificencia.

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NOTAS

(1) GRASSI, G.: La arquitectura como oficio y otros secretos. Barcelona, G. Gili, 1980.

(2) CLAVAL, P.: "Les sciences sociales et l'espace rural: découverte des thémes, attitudes, politiques" en Habitat et espace dans le monde nrural, Mª de la Culture et de la Comunication, Collection Ethnologie de la France, cahier nº. 3, 1986, pp. 15-40.

(3) BROBERGER, Ch.: "L'habitat et l'habitation: des objets complexes. Quelle directions pour une analyse?" en Habitat et espace dans te monde nrural, Mº. de la Culture et de la Comunication, Colletion Ethnologie de la France, cahier nº. 3, 1986, pp. 3-13.

(4) SANCHEZ DEL BARRIO, A.: Arquitectura popular, Temas didácticos de cultura tradicional, Centro Etnográfico de Documentación, Diputación de Valladolid, 1987; "Aproximación a la arquitectura popular", Rev. Folklore, nº. 35, Valladolid, 1983, pp. 160-163.

(5) GARCIA MERCADAL, F.: La casa popular en España, ed. facsímil, Barcelona, G. Gili, 1981; Arquitecturas regionales españolas, Comunidad de Madrid, 1984.

(6) Sobre nuevas aportaciones, interesantes fueron las Jornadas sobre Arquitectura popular en España, 1-5 de diciembre de 1987, organizadas por el Equipo “Fuentes de la Etnografía Española”, Inst. de Filología del CSIC, que se dividieron temáticamente en títulos relacionados con aspectos teóricos e interpretativos, históricos e iconográficos, tipologías, oficios vinculados a la construcción de la casa tradicional y futuro de la misma.

(7) ANASAGASTI, T. de: Arquitectura popular; discurso de Teodoro de Anasagasti y contestación del Excmo. Sr. D. Marceliano Santa María, el día 24 de marzo de 1929, Madrid, p. 21.

(8) GONZALEZ DE LINARES, G.: "La tradición en la arquitectura rural", Rev. Arquitectura, nº. 12, Madrid, 1919.

(9) HIELDSCHER, K.: La España incógnita. Arquitectura. Paisajes. Vida popular; Barcelona, 1922 y en Diputación provincial de Badajoz, 1966.

(10) BARANDIARAN, J. M.: "Contribuciones al estudio de la casa rural y las condiciones naturales", Rev. Eusko Folklore, Vitoria, 1955.

(11) BAESCHLIN, A.: Las casas de campo españolas, Barcelona, Ed. Canosa, 1930.

(12) DANTIN CERECEDA, J.: Ensayo acerca de las regiones naturales de España, Madrid, CSIC, 1943; IÑIGUEZ ALMECH, F.: Notas para la geografía de la arquitectura española, Madrid, Ed. Real Sociedad Geográfica, 1946; Geografía de la arquitectura española, Madrid, Ed. Patrimonio Artístico Nacional, 1957; HOYOS SAINZ, L. de: "Los viejos caminos y los tipos de pueblos", Rev. Estudios Geográficos, VIII, Madrid, 1947.

(13) RODRIGUEZ SUARES, M. y GONZALEZ PUELLES,J.: Plan de ordenación de la Arquitectura Rural, Madrid, Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, 1967, pp. 6 y 7.

(14) Ibidem, p. 7

(15) Ibidem, p. 33

(16) TORRES BALBAS, L.: "La arquitectura de las distintas regiones de España", Memoria para el premio Charro Hidalgo del Ateneo de Madrid, 1923; "La vivienda popular en España" en Folklore y Costumbres de España, dir. por CARRERAS Y CANDI, 12. ed., Tomo II, Barcelona, casa editorial Alberto Martín, 1931-1946; MORENO VILLA,J.: "Sobre arquitectura popular", Rey. Arquitectura, nº. 146, junio de 1931, pp. 187-193.

(17) GIESE, W.: "los tipos de casa de la Península Ibérica", Rev. D. y T P., tomo VII, cuaderno 4, 1951, pp. 563-601.

(18) HERNANDEZ PACHECO, F.: "las regiones climáticas de España en relación con la construcción rural", Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural, Tomo XXXIX, Madrid, 1941, pp. 47-65.

(19) CAMARA NIÑO, A.: "Consideraciones sobre la arquitectura popular española", II Congreso Nacional de Arquitectura Típica Regional, Oviedo 18-12 de octubre, 1966, pp. 133-134; DURANLORIGA RODRIGUEZ, M.: "Bases para el enjuiciamiento critico de la arquitectura regional", Ibidem, pp. 95-99; CALZADILLA PEREZ, F.: "Bases para el estudio de la arquitectura regional a partir del conocimiento de la región natural", Ibidem, pp. 19-30.

(20) GARCIA BELLIDO, A.: "Sobre la extensión actual de la casa redonda en la Península Ibérica", Rey. D. y T. P., Tomo XXIII, cuadernos 1 y 2, Madrid, 1967, pp. 41-54.

(21) s.a., "la casa popular en España", Noticiario Turístico, suplemento, nº., 235, 1968, pp. 1-46.

(22) ARIJA RIVARES, E.: Geografía de España, Tomo II, Madrid, Ed. Espasa Calpe, 1973, pp. 260-301; TERAN, M. y DOLE SABARIS, L.: Geografía regional de España, Barcelona, Ed. Ariel, 1977; FEDUCCHI, L.: Itinerarios de arquitectura popular española, 5 tomos, Barcelona, Ed. Blume, 1974-1984; FLORES, C.: Arquitectura popular de España, Madrid, Ed. Aguilar, 1937-1977; la España popular. Raíces de una arquitectura vernácula, Madrid, Ed. Aguilar, 1979; GONZALEZ HONTORIA y ALLENDE SALAZAR, G.: "La casa popular. Tema actual de estudio", Cuadernos de Prehistoria y Arqueología, nº. 1, Univ. Autónoma de Madrid, 1974, pp. 137-139; MARTINEZ FEDUCHI RUIZ, L.: "Panorama actual de la arquitectura popular", Rev, Arquitectura, nº. 192, Madrid, 1974; GIMSON, M.: As pallozas, Vigo, Ed. Galaxia, 1983.

(23) Seminario sobre Arquitectura Popular, Departamento de Análisis e Instrumentos de Intervención Arquitectónica y Urbana. Escuela Técnica Superior de Arquitectura, Valladolid, Mayo de 1988.

(24) Jornadas sobre Arquitectura Popular en España, op. cit. Asimismo, se celebró un debate sobre Arquitectura Popular, en el Edificio Pallarés (León), el 18 de marzo de 1991.

(25) Guía de la Arquitectura Popular en España, Rev. del MOPU, nº. 334, Julio-Agosto de 1986.

(26) CASADO LOBATO, C. y CARREIRA VEREZ, A.: Viajeros por León, León, S. García, 1985.

(27) JOVELLANOS, G. M. de: Diarios, Oviedo, Instituto de Estudios Asturianos, 1953.

(28) Se ha pretendido recoger el mayor número de publicaciones cuyos textos se ocupan tanto parcial como totalmente de la arquitectura tradicional leonesa. Asimismo, es preciso señalar que sus contenidos y aportación son cualitativamente variables, así como subjetivo el valor que se les pueda conceder, optando en este caso, por una mera e imparcial relación, con independencia de involuntarias omisiones.

(29) FIDALGO, A. M.: "Arquitectura popular leonesa: suave que me estás matando", Diario de León, 1 de abril de 1990, sección Domingo, p. 3.

(30) PONGA, J. C.: "Construir en medio del campo", La Tribuna Leonesa, nº. 3, 26 de mayo-1 de junio, 1988, p. 33.

(31) BOLETIN OFICIAL DE CASTILLA y LEON, nº. 34, 13 de agosto de 1984.

(32) GOMEZ LOPEZ EGEA, R.: "Arquitectura popular, versus arquitectura académica", Rev. Estudios e Investigaciones, nº. 5, 1980.

(33) Uno de los antecedentes se encuentra en FISAC, M.: "La arquitectura popular española y su valor ante la del futuro", Ateneo de Madrid, 1952, y entre los más recientes que han mostrado especial preocupación, tenemos a GARCIA GRINDA, J. L.: "Critica y teoría de la arquitectura popular", Colegio Oficial de Arquitectos de Burgos, 1988, pp. 25-29.

(34) Centro de Investigación de Materiales y Técnica Autóctona y Construcciones Experimentales, Navapalos (Soria); ALGORRI, E. y VAZQUEZ, M.: "Rehabilitación del castillo de Toral de los Guzmanes, León", Jornadas sobre Restauración y Conservación de Monumentos, Ministerio de Cultura, Dir. General de B. Artes y Archivos, Inst. de Conservación y Restauración de Bienes culturales, 1991, pp. 149-163. En la misma publicación, GUINEA, Mª. J.: "Consolidación, mejora y nuevas técnicas de construcción en tierra", pp. 135-141, y SALAS,J.: "El patrimonio construido con tierra: necesidad de su preservación", pp. 129-133. Igualmente, ROHMER, E.: "Construcciones en barro", Etnología y Folklore en Castilla y León, Junta de Castilla y León, conserjería de Ed. y Cultura, 1986, pp. 491-498. Esta preocupación por el estudio de los materiales tradicionales ya había sido manifestada por autores extranjeros. Prueba de ello es un meritorio libro de Mauro BERTAGNIN titulado Conoscere e recuperare l'architettura de terra donde se recogen cuestiones sobre la recuperación de la arquitectura de "tierra" o el de Patrick BARDOU y Varoujan ARZOUMANIAN, Arquitecturas de adobe, del que en 1981 la editorial Gustavo Gili ya había impreso una segunda edición. No obstante, este particular interés no es nuevo, pues las primeras reflexiones sobre los modos de construir fueron planteadas en Francia durante el siglo XVIII a raíz del nuevo ideario enciclopedista.