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EDITORIAL

DIAZ GONZALEZ, Joaquín

Publicado en el año 1992 en la Revista de Folklore número 142.

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A los recopiladores de épocas recientes -hablamos de unos cincuenta años para acá- les ha tocado enfrentarse repetidamente con el dilema de recoger o no fragmentos de zarzuelas como parte del repertorio tradicional de un cantor. Pensamos que aún más importante que esa cuestión seria preguntarse basta qué punto la "ópera española", como se le ha llamado tantas veces, participa (desde luego depende de autores y obras concretas, pero en general creemos que a lo largo de toda su historia) de esos elementos tradicionales, como temática y formas musicales, que la acercan tanto al gusto popular. La trayectoria de la Zarzuela como género es dilatada -con tal nombre aparecen ya algunas obritas en las que predominaba la música instrumental y el canto que se representaban en la casa de campo real de la Zarzuela (de ahí el nombre) en tiempo de Felipe IV-, pero en todo su largo periplo se distingue, aunque ello sea a veces la causa principal de los ataques de sus detractores, un aire popular. Por eso decía Francisco Asenjo Barbieri, músico y musicólogo, que la letra de este género debía de tener un carácter "verdaderamente español" y flotar en su música "el espíritu de nuestras canciones populares". Muchos otros autores y eruditos han defendido tal principio del que se deriva sin duda que su difusión y vulgarización se hiciesen tan rápida y sencillamente. Si un músico crea un tema nuevo sobre un "estilo" popular o recrea uno ya conocido mejorando su envoltorio, ¿cómo ha de sorprender que la gente disfrute con ello y aun quiera transmitirlo a otras generaciones?