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LITERATURA POPULAR SÍSMICA: Una novela y muchas poesías sobre el terremoto del 21 de Marzo de 1829

RODRÍGUEZ DE LA TORRE, Fernando

Publicado en el año 1992 en la Revista de Folklore número 142.

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Verá las inmortales columnas do la Tierra está fundada... por qué tiembla la Tierra, por qué las hondas mares se embrabecen...

(Fray Luis de León, Oda a Felipe Ruiz)

0. PRELIMINAR

Es sorprendente que en España el tema de los terremotos históricos sea un asunto inédito para muchas disciplinas. Tanto la Geografía como la Historia y tanto la Sociología como la Literatura ignoran en general la existencia del fenómeno sísmico; parecería que a lo largo de los siglos no hubieran ocurrido -de forma muy espaciada, afortunadamente- catástrofes sísmicas que asolaron algunas comarcas y pueblos del viejo solar hispano.

¿No ha estudiado el Folklore el hecho sísmico en España? Sí. Tenemos a gala conocer lo que escribió aquel patriarca que se llamó ANTONIO MACHADO Y ALVAREZ, cuando a raíz de los catastróficos "terremotos de Andalucía" del 25 de diciembre de 1884 publicó un largo artículo (unas 1800 palabras) en los famosos "Lunes" de El Imparcial (1). Baste leer su título para darnos cuenta de su contenido: "Los terremotos y la tradición popular”. Por supuesto, a falta de una "tradición popular española" sobre el fenómeno sísmico, el profesor MACHADO ofreció a sus lectores algunas interpretaciones de otros pueblos, siendo el más cercano a nosotros el siciliano: así, nos trae este canto popular, en su dialecto, sobre el terremoto de Palermo de 1823:

Gesu! misericordia!
la terra trema tutta,
s'affunna, si subbissa
com una varca rutta..

Manifestamos nuestra admiración por MACHADO, a quien no se le pasó, como vemos, hacer, siquiera, un somero análisis sobre los terremotos y la tradición popular. Pero desde aquel lejano artículo, de 1885, no conocemos ningún estudio concreto más sobre la cuestión.

Atrevimiento nuestro será dirigir nuestra mirada a un asunto tan abandonado hasta ahora. Que San Emigdio, abogado contra los temblores de tierra, nos ilumine.

Una de las características consustanciales del terremoto es el de su sorpresa: en un segundo irrumpe, atronador y desolador, en la tranquila vida de los pueblos, con mayor o menor desgracia, y el hecho pasa, transcurrido cierto tiempo, al olvido, porque nos parece que la tierra que pisamos está firme y estable. De hecho las catástrofes sísmicas de los últimos decenios corresponden a países más o menos lejanos: Armenia, Irán, Méjico, Guatemala, quizás Argelia...

Sin ganas de ser aguafiestas, no debemos estar tan seguros sobre la estabilidad de la tierra que pisamos. Ya nos lo advirtió aquel famoso científico divulgador en la transición del siglo XIX al XX, Camilo FLAMMARION, cuando escribía:

"Sur qui marchons-nous? Le sol sur lequel nous vivons est-il stable et pouvons-nous fier avec une confiance absolue a la sécurité apparente qu'il nous offre?" (2).

Ciertamente que no, le responderíamos.

1. CONCEPTOS SISMOLOGICOS PREVIOS

Muy brevemente, creemos que serán necesarias algunas nociones previas para comprender las cuestiones que atañen a los fenómenos sísmicos.

El sismo (3) es una sacudida violenta de la corteza terrestre o, más exactamente, un movimiento vibratorio que se origina en zonas internas de la Tierra, a causa del dislocamiento de bloques tectónicos en fricción. Cuando un sismo es fuerte se le suele denominar terremoto (en catalán, terratremol) y cuando es ligero temblor de tierra; en Hispanoamérica se llama también remezón al temblor ligero. Cuando un terremoto es muy grande se puede hablar de macrosismo y aún de megasismo.

La región interior de la Tierra donde se produce un terremoto recibe el nombre de foco o hipocentro. La proyección del foco desde el centro de la Tierra sobre la superficie es el epicentro. Los conceptos de epicentro y de hipocentro se deben a MALLET, en 1862 (4). El tiempo-origen es "el primer instante de radiación de ondas sísmicas" (5). La profundidad o distancia más corta desde la superficie de la Tierra al foco sísmico es un parámetro importante y respecto a ella los sismos se dividen en superficiales (5 km., o menos, hasta 60), intermedios (entre 60 y 300 km.) y profundos (más de 300, hasta 700, límite absoluto) (6).

Los grandes sismos rara vez son fenómenos aislados, pues van precedidos (aunque no siempre) de sacudidas denominadas premonitorias o precursores y seguidos de otros temblores más pequeños que reciben el nombre de réplicas. En los grandes fenómenos sísmicos, el estado de agitación de la Tierra suele durar meses y aún años, en cuyo caso se suele hablar de borrasca sísmica, como la que sufrió la Vega Baja del Segura durante los años 1828 a 1830.

Los conceptos de magnitud e intensidad suelen confundirse, pero en la realidad son muy distintos. Magnitud es un concepto físico que se refiere a la cantidad de energía liberada en el foco de un terremoto y transformada en ondas elásticas; su escala más usual es la de RICHTER, y comprende diez grados, del 0 al 9, siendo cada grado diez veces superior al precedente. De esta forma, una magnitud de grado 2 es insensible para el hombre, mientras que una de grado 4 es ya muy sentida por el hombre y los animales, originando desperfectos, mientras que un sismo de grado 6 se puede calificar como de muy grave, pudiendo provocar víctimas y daños materiales cuantiosos. En cambio, la intensidad es un concepto mucho más subjetivo y es la fuerza con que se siente un sismo en un punto dado de la superficie terrestre, siendo máxima en el epicentro y decreciente (pero no regularmente) a medida que nos alejamos de él. La intensidad depende de la magnitud y de la profundidad del foco (un sismo de poca magnitud a poca profundidad puede producir más destrucción –intensidad- que un sismo de mayor magnitud a mucha profundidad). Lógicamente, la intensidad, en un punto dado, viene también condicionada por su distancia al epicentro y por la mayor atenuación o no del tipo de subsuelo. El área terrestre más afectada recibe el nombre de área pleistosista.

En la propia definición ya hemos expresado la causa de los sismos, o sismogénesis. Tres mil años de ciencia han sido necesarios para dar con esta causa: desde los primitivos filósofos presocráticos hasta las investigaciones de REID a consecuencia del terremoto de San Francisco del 18 de abril de 1906. La teoría aristotélica de los sismos no podía ser más ingenua: los terremotos se originaban en las cavernas interiores de la Tierra a consecuencia de la presión de los vientos (pneuma) que no encontraban salida. Situaba a los sismos entre los fenómenos meteorológicos y así los trata en su libro De los Meteoros junto a la lluvia, el granizo, el arco iris y todos los fenómenos atmosféricos o, en sus palabras, del mundo sublunar. Esto es interesante conocerlo. Toda la ciencia del siglo XVIII no fue capaz de encontrar una explicación al famoso terremoto de Lisboa del 1 de noviembre de 1755; lo que sí ocasionó fue una inundación de escritos, folletos y panfletos, y alguien (STUKELY) introdujo la teoría eléctrica (los sismos serían fenómenos meteorológicos del interior de la tierra, a manera de rayos eléctricos) mientras que otros se orientaban hacia la ignición y explosión de gases interiores. En ese estado de inanidad científica se hallaba el mundo civilizado, cuando se produjo en la española Vega Baja del Segura un grave terremoto.

2. EL TERREMOTO DE 1829

La escasa prensa de Madrid (La Gaceta, el Mercurio, el Diario de Avisos, El Correo Literario y Mercantil) dio cuenta que en la tarde del día 21 de marzo de 1829, día de comienzo de la primavera, la Corte se conmovió con un temblor de tierra. Hubo sustos, pero no hubo desgracias. Hasta un anónimo músico de pacotilla editó ipso tacto un gran "wals para piano" que tituló "Temblor o terremoto de Madrid..." (7).

Pero lejos de Madrid había sucedido una catástrofe. En unos segundos, un fortísimo terremoto asoló las localidades de Torrevieja, Guardamar del Segura, Almoradí, Rojales, Benejúzar, Benijófar, Bigastro, Formentera, Dolores, Rafal, San Fulgencio y algunas otras, produciendo numerosos muertos y heridos (389 muertos y 375 heridos en la primera evaluación; es fácil sospechar que las cifras aumentasen con el transcurso de los días). Orihuela y Murcia, más alejadas, también percibieron espantosas sacudidas, con graves desperfectos en sus catedrales.

El administrador de Correos de Orihuela mandó un mensaje con la noticia a su jefe de Murcia, y éste cursó una posta urgente a su Director General, en Madrid, dando cuenta de la catástrofe. Las primeras noticias impresas en la prensa de Madrid sobre lo ocurrido en la comarca del Segura, desde Murcia a la costa mediterránea, aparecieron en El Correo... del día 30 de marzo de 1829; son cartas desde Orihuela y Murcia. El Obispo de Orihuela,

Félix HERRERO VALVERDE, se dirigió "en derechura" (directamente) al rey Fernando VII, en una patética exposición, muy detallada, que también se publicó en El Correo... del 6 de abril siguiente. El rey no anduvo remiso y ordenó inmediatamente que un ingeniero se trasladase a la zona afectada, para que le informase y propusiera los remedios necesarios; al mismo tiempo decretó una suscripción nacional que encabezó con 1.500.000 reales de vellón.

El ingeniero designado fue José Agustín de LARRAMENDI, que lo era de caminos y subdirector general de Correos. Llegó a Murcia el 23 de abril, y se puso a trabajar febrilmente, visitando todas las localidades afectadas, remitiendo informes de primera mano al Secretario de Estado y planeando en dos meses la reconstrucción completa de varias poblaciones bajo planos confeccionados por él mismo. Un informe suyo, recopilador de los datos, en donde figuran las cifras de muertos y heridos graves que hemos mencionado (los heridos leves y "contusos" no se contaron), y el total de los puentes, molinos, iglesias y viviendas destruídas (2.695 "asoladas" y 2.396 "quebrantadas") se publicó, de orden del Rey (8) con asombro del propio LARRAMENDI, quien manifestó, por carta, que era un escrito de carácter interno, no pensado para darlo a la imprenta (9). Pero este "documento interno", por mandato real, se publicó (10).

3. LITERATURA POPULAR EN TORNO A ESTE SISMO

La conmoción producida en España fue muy grande. Lo prueba la gran aceptación que tuvo la suscripción nacional (en la Gaceta de Madrid se publicaron durante meses listas de donativos, incluso del extranjero), pero, además, el fenómeno sísmico fue objeto de tratamiento, más o menos científico, por diversos estudiosos (11). Y, hasta aquí queríamos llegar. La literatura, más o menos popular, salió de las prensas y nutrió la curiosidad de los alejados de la propia catástrofe. Sin agotar, ni mucho menos, la enumeración de piezas que tenemos halladas, vamos a establecer una clasificación de las mismas en los cinco apartados que siguen:

a) Relaciones de lo sucedido. Se trata de escritos en prosa emanados de la propia zona de la catástrofe. Por lo tanto, los redactores fueron testigos presenciales del terremoto y de las ruinas y desgracias.

b) Poesías alusivas. Escritas por gentes que no conocieron el terremoto. Se compusieron muchas y de todas las calidades: desde un hermoso, largo y poco conocido poema de Mariano José de LARRA hasta humildes y anónimos pliegos de cordel, pasando por cursis composiciones que enlazaron el drama sísmico con el fatal fallecimiento en Madrid, pocos días después, de la joven esposa de Fernando VII, María Amalia de Sajonia (ella, a su vez, poetisa).

c) Literatura e iconografía religiosa anti-sísmica. Con mucha rapidez surgieron novenarios y estampas para alejar los males del terremoto, según una habitual (y, desgraciadamente, desconocida por los estudiosos del folklore) costumbre europea muy ad usum.

d) Una novela. Con inusitada rapidez un joven y anónimo escritor (luego diremos quién era) lanzó a la prensa una novela romántica cuya escena final, el summum del patetismo, es el terremoto acaecido, que mata a los protagonistas.

e) Estudios científicos. También el sismo de la Vega Baja del Segura dio origen a estudios, más o menos científicos, publicados con suma rapidez.

De todo el elenco anterior, nos fijaremos en las poesías y en la novela, como partes constitutivas de lo que hemos denominado "literatura popular" en torno a este sismo.

4. LAS POESIAS

a) De Mariano José de LARRA. No fue la primera poesía sobre el terremoto, pero sí fue la más importante. En la Gaceta de Madrid del 5 de septiembre de 1829 encontramos el primer anuncio. Decía así: "A los terremotos ocurridos en España en 1829. Silva. Se vende en la librería de Miyar, calle del Príncipe" (12). Obsérvese, pues, el supuesto carácter anónimo de la obra anunciada. Por ello, los bibliógrafos MAFFEI y RUA FIGUEROA (13) relacionan este poema sísmico en el grupo de "Anónimos". No lo justificamos. Ya en el citado El Correo..., del 2 de octubre de 1829, se hace una elogiosa crítica del autor, nada conocido, a quien se le anima a proseguir en su vocación de vate, desvelando como cosa natural su nombre (14). Ello es lógico. En el ejemplar de la obra, encontrado por nosotros, como otros folletos que citamos aquí, en las Cajas de "Varios Especiales" de la Biblioteca Nacional, de Madrid, y, por lo tanto, no catalogado en ficheros generales (15) aparece el nombre del autor al pie de la almibarada dedicatoria: Mariano José de LARRA.

El poema contiene nada menos que 559 versos. La calidad es buena, pero necesita de muchos "argumentos" para sostenerla. La teoría sismogénica de ARISTOTELES, a la que nos hemos referido antes, viene expuesta, combinada con la "teoría explosiva", con estos contundentes versos:

¿Por qué braman los vientos encerrados?
¿El fin dó se halla del abismo inmenso?
¿Qué encendida materia reproduce
el humo opaco y denso?
¿Quién la mecha conduce
y á los senos la acerca resguardados?

LARRA tenía 20 años cuando publicó esta su primera gran poesía, y acababa de contraer matrimonio con la mujer de sus desdichas el 13 de agosto de ese mismo año 1829.

El curioso que quiera leer esta poesía sísmica -nos atreveríamos a calificarla de: 1) la mejor de la literatura sísmica española, y 2): casi "desconocida"- la puede encontrar con facilidad en un tomo de sus "Obras", de la conocida Biblioteca de Autores Españoles (16).

Bellas estrofas, implacables, surgen:

Gime el anciano sobre el yerto anciano,
Llora el amigo al insepulto amigo.
Y el hijo pequeñuelo,
Tendiendo al pasagero débil mano,
Pídele amparo y paternal consuelo...

Y termina así:

Y de blanda ternura,
Con entusiasmo noble embebecido
El alma en la virtud hermosa y pura
De inmensa admiración y de suave
Ardiente gratitud, en dulce canto
Trueque feliz el congojoso llanto.

b) Otras varias, anónimas. Sin pretender agotar el número de las poesías que se publicaron, espigamos las siguientes:

* Una salmodia. Bajo el título completo de súplica a Nuestro Señor Jesucristo por el perdón de las almas de los que han perecido víctimas de los terremotos de la tarde del 21 de marzo de 1829 en los pueblos de Almoradí, Torrevieja, Guardamar, &c. se publicó en el Diario de la Ciudad de Valencia (17) un romancillo de 56 versos, hexasílabos, monótono canto salmódico, de baja calidad literaria. Al final, en lugar de firma, aparece "R. I. P. A.", que, pensamos, significa: "Aequiescant In Pacem. Amen".

Empieza así:

¡Dios omnipotente!
Que de vuestros hijos
Los ardientes votos
Escucháis benigno.
Si con vuestro dedo
Tenías escrito
El fin de unos pueblos
Que aquí han existido.

* Elegía: Los terremotos de Orihuela en el día 21 de marzo de 1829. Anónima. Publicada, también, en el Diario de la Ciudad de Valencia (18). Trátase de un poema de 118 versos en estrofas irregulares, con algún sonoro endecasílabo. Comienza así:

Tiembla el hórrido averno: el mar bramando
penetra en sus cavernas furibundo:
chocan los vientos en su seno inmundo
muerte y desolación doquier llevando.

Nueva alusión al "tema" aristotélico del "choque de vientos".

Y termina así:

Que aqueste día de terror derrama.
Y el formidable estrago, desde oriente
hasta do oculta el sol su faz fulgente
en carro volador lleve la fama.

Esta poesía tiene muy discreta calidad literaria.

* Poema dirijido á escitar la sensibilidad española en favor de los desgraciados pueblos arruinados por el Temblor de Tierra sufrido en los Reinos de Valencia y Murcia el 21 de marzo de 1829. Está firmado por J. L. F. iniciales que, naturalmente, no logramos descifrar. Es un folleto raro e interesante; ello no quiere decir que tenga calidad literaria (19).

El inefable El Correo... le hizo una crítica demoledora: "Creemos que el autor es un excelente hombre, pero le aconsejamos cuando escriba que se atenga a su humilde prosa..." (20).

La verdad es que es harto dificultoso acometer la hazaña de leer los 260 versos de que consta. Su comienzo no puede ser más malo:

De los hombres la suerte
Pendiente, pues, está de un frágil hilo,
y sin pensar, la muerte
Le corta de repente con el filo
De su negra tigera
Lo que era nuestro abrigo y gran consuelo,
¡Quién lo dijera!...

No falta la manoseada teoría aristotélica:

Los ayes se mezclaban por los vientos
Que Eolo, pues, soltó de sus cavernas;
El Céfiro y el Euro, ya agitados
Por volcánicas olas, se chocaron
Y en sus cuevas profundas arman guerra...

Y termina con este mal cuarteto:

¡Oh viagero curioso! Si caminas
Por este hermoso suelo desgraciado
Recuerda su dolor, y dí angustiado:
"Aquí fue Almoradí bajo estas ruinas".

* Poesías que relacionan el terremoto con la muerte de la reina:

La reina María Amalia Josefa de Sajonia, tercera esposa de Fernando VII, murió en Aranjuez el 17 de mayo de 1829. Joven (25 años) "alma pura, bondadosa e ingenua" (21) su muerte provocó una gran consternación en el pueblo español (sólo comparable a la famosa muerte de la Reina Mercedes) y los poetas del momento publicaron sus elegías.

Al menos hemos encontrado tres poesías (dos sonetos y unos tercetos encadenados) en que se expone el mismo "argumento": la muerte de la reina se une a la desgracia de los recientes terremotos (algo así como "las desgracias nunca vienen solas"...).

Traemos a colación los fragmentos necesarios,
simplemente:

SONETO EN LA AFLICCION DE ESPAÑA POR LA MUERTE DE SU SOBERANA

Llorábamos un mal; y eran agüeros
De mal mayor el subterráneo ruido
Y aquel temblar del suelo combatido
Y en ruinas perecer pueblos enteros.
La parca holló los límites iberos
Alzando el pie del lago del olvido,
Y amago fue de golpe más crecido
Tal cúmulo de horror, y estragos fieros... (22).

ELEGIA CON MOTIVO DE LA MUERTE DE LA REINA

De nuevo a Iberia castigar queriendo,
Un golpe anuncia para siempre agudo
Con torpe miedo y horroroso estruendo.

¿Cómo ¡ay! tu llanto mitigar no pudo
Sus iras, cuando sin aliento viste
Bramando alzarse al piélago sañudo.

Y só las plantas débiles ¡ay triste!
Huir la tierra y vacilar temblando
La mole que a sus ímpetus resiste? (23).

SONETO A LA MUERTE DE LA REINA

La bella Hesperia de luchar cansada,
sus penas olvidaba dulcemente
al embeleso que virtud inspira:

Y mientras de su Reina idolatrada
vivía en el amor... ¡Ay! de repente
tiembla el suelo español, y Amalia espira. (24)

Las dos primeras poesías son anónimas. El último soneto, firmado, tan sólo, por "J" es, claro, totalmente inidentificable.

c) Romances de ciego.

De entre los muchos romances de ciego, o pliegos de cordel, que debieron circular por la España del año 1829 sólo hemos podido detectar los tres siguientes:

* Nueva relación. Trágico y lastimoso romance en el que se declara los acontecimientos, destrucción y estragos ocurridos en 1829 en Orihuela y sus inmediaciones por varios volcanes de fuego... Valladolid (1829), 2 h. en 8º. No hemos dado con él (quizá se halle ejemplar en la bonísima Biblioteca Universitaria de Valladolid) y lo fichamos, valiéndonos de la socorrida bibliografía de PALAU (25). Ya en el mismo título aparece una notoria exageración ("volcanes de fuego"...).

* Terremotos en las provincias de Murcia, Alicante y Valencia. Tampoco hemos dado con esta pieza, por lo que debemos copiar de la insuperable bibliografía navarra, de PEREZ GOYENA que dice así:

"Una hoja de 176x143 milímetros, a dos columnas, tipos e impresión claros. Refiere en romance los terremotos que afligieron a los reinos de Aragón [? , FRT], Murcia, Alicante [sic] y Valencia, y los estragos que ocasionaron. Véndese en Pamplona en casa de la viuda de Alfonso Burguete en la calle del Pozo Blanco (s.a.). Romance de ciego que canta al son de la guitarra:

Pero lo que más aflige
¡oh. Dios mío, quien no os tiembla?
Ver que el día dos de abril
el huracán se renueva,
y a las nueve de la noche
en Valencia, en Orihuela,
Xavea, Alicante y Murcia...” (26).

Obsérvese el típico sonsonete del romance de ciegos. Pero por nuestra parte tenemos que oponer serias objecciones, tanto a la pretendida réplica del 2 de abril de 1829, como a las ciudades y villas conmocionadas por este nuevo terremoto ("huracán" era un sinónimo bastante aceptado para designar el sismo; todavía en 1884 algunos periódicos de Madrid, encabezaban las noticias sobre los terremotos de Andalucía con este raro titular: "DEL TEMPORAL"). Después del gran sismo del 21 de marzo de 1829 (catalogado con intensidad de grado X en el Catálogo sísmico ibérico) la mayor réplica -que hemos documentado ampliamente en nuestro libro citado (27)- ocurrió el día 18 de abril de 1829, sábado santo (catalogada con grado VII), mientras que en el día 2 de abril de 1829 no ocurrió el más mínimo temblor. Pero si echamos una mirada hacia atrás en el Catálogo sísmico encontraremos, curiosamente, una gran réplica el día 2 de abril de 1748 (réplica catalogada con grado VIII) ocurrida en Enguera (Valencia) después del terremoto catastrófico del 23 de marzo de 1748 en Montesa y Enguera (de grado IX). ¿Acaso estaría ya confeccionado este romance, con la apostilla final de una fuerte réplica el "2 de abril" y se aprovecharía para reeditarlo? Es una mera hipótesis.

Tampoco estamos de acuerdo en cuanto al área conmovida por el sismo principal por su réplica del 18 de abril. Aceptamos tan sólo Orihuela (aunque la zona de Torrevieja y localidades de la Vega Baja del Segura fue lo que llamamos área pleistosista, como cercana al epicentro reconocido, muy próximo a la ciudad de la sal). Las localidades levantinas que cita no percibieron ninguna réplica.

Contamos pues, en la corta estrofa conocida, con dos licencias (exageraciones, falsedades; como se quiera), muy propias del género del romance de ciegos.

* Relación del espantoso terremoto que en la tarde del 21 de Marzo del presente año de 1829 se sintió en diferentes pueblos de la gobernación de Orihuela, y otros del partido de Murcia. Barcelona, s. a. (1829, con toda seguridad), en la imprenta de Ignacio Estivill, calle de la Boria. 2 hojas. Tosco grabado alusivo al comienzo.

Lo conocemos gracias a una reedición facsímil, en gran hoja desplegable (428 x 262 mm), efectuada en Murcia (¿año 1954?), con las dos páginas del romance, a la que se añade una especie de presentación, de Antonio PEREZ GOMEZ (que, la verdad, bien poco presenta, pues se pierde en divagaciones ajenas al asunto). Ahora bien, en cuanto al romance en sí, suscribimos las palabras de PEREZ GOMEZ:

"... hemos encontrado un humilde documento poético de la época en forma de pliego anónimo de cordel. El poeta popular no puede, es cierto, presumir de vate. Como ocurre en casi todos estos casos, gran parte de las tiradas de octosílabos envuelven más literatura [¿, FRT] que relato auténtico; pero el romance, encaminado a ser cantado, con cartel y puntero de feria en feria, elegía con acierto los parlamentos que, estimulando el natural sentido melodramático y folletinesco del público, había de atarlo en corro en rededor del cantor y convertirlo, tras de oyente, en cliente" (28). Después añade que "por feliz casualidad se ha encontrado también un grabado de la época expresivo y curioso...", que también se publica. No sabemos por qué atribuye a casualidad la publicación de un grabado, que está perfectamente catalogado en la Biblioteca Nacional (29) y que hemos visto en otros libros (30). Se trata de: "A NUESTRA SENORA DE LA FUENSANTA PROTECTORA DEL PUEBLO MURCIANO. Vista de la Ciudad de Murcia desde el Malecón, á las 6 y 25 minutos de la tarde del día 21 de marzo de 1829, hora en que sufrió el terremoto". Precede al título, la leyenda: "A la misericordia del Señor debemos no haber sido confundidos", Jeremías, en sus lamentaciones, capítulo I".

Esta pieza facsimilar se encuentra catalogada en la magna Biblioteca de la Hispanic Society (31). Nosotros poseemos un ejemplar con que nos obsequió nuestro inolvidable catedrático de Paleografía e Historia Medieval, el doctor Juan TORRES FONTES, cuando le visitamos en 1982 y le informamos que nos dedicábamos al estudio de la historia de sismicidad ibérica. Ahora bien, el hecho de estar impreso en un mal papel de lamentable tono rosa fuerte, y que la impresión del romance no es por offset, sino por mala fotografía, nos veda de ofrecer una reproducción decorosa.

Este pliego de cordel consta de 256 versos, en estrofas de cuatro versos. Todo el romance está en asonantes en "a-o", lo que le hace pesado y con el sonsonete típico.

Transcribimos unos cuantos versos seguidos en los que puede apreciarse tanto la certera localización geográfica del evento como las fantásticas exageraciones sobre el número de víctimas:

Este fenómeno horrible
hasta Madrid fue notado,
a Rafal y a Almoradí
y a Formentera asolado.

Benejúzar, Torrevieja
y Torrelamata ha dejado
con Guardamar y Rojales
cuasi en igual triste estado.

Se cuentan cuatro mil casas
veinte Templos arruinados.
Y otros varios edificios
a su furor quebrantados.

Mil doscientos siete heridos
fueron por el pronto hallados,
dos mil, trescientos sesenta,
y ocho individuos finados...

Como se ve, algún verso ni siquiera logra ser octosílabo. Ello nos da imagen de la "calidad" de toda la retahíla que concluye con la siguiente imprecación:

Y mientras tanto exclamemos:
¡O! Dios, Santo, Santo, Santo,
aplacad Señor vuestra ira
libradnos de tal quebranto.

No deja de asombrarnos la atribución a Dios de "ira" (recordemos, uno de los siete "pecados capitales") pero bajo este esquema se desarrolló durante siglos lo que hemos venido en llamar "religiosidad anti-sísmica". No podemos detenernos en este asunto y quizás lo dejemos para otra ocasión.

5. LA NOVELA

Y queda, por último, en este rápido examen a la "literatura popular" generada con motivo del terremoto del 21 de marzo de 1829, la rápida aparición de una novelita, enmarcada dentro del más puro estilo romántico, con argumento basado en el fenómeno sísmico acaecido. Varias características nos ofrece, de primera intención, esta novela, pero son, a nuestro juicio, fundamentales, las que siguen:

1º. Su aparición bajo el anonimato.

2º. Su argumento está construído para que la escena culminante sea la del propio terremoto, a lo vivo.

3º. Aparte de la novela en sí, aparece en la edición un elenco documental, con relaciones, cartas, providencias, decretos... e, inclusive, un mapa de la zona afectada.

4º. La rapidez de su publicación.

En efecto, ocurrido, como hemos venido repitiendo, el funesto terremoto el día de comienzo de la primavera, 21 de marzo, de 1829, en la prensa española de la época hemos detectado el primer anuncio de la novela en el Diario de la Ciudad de Valencia, del 6 de julio de 1829 (32). Inmediatamente debió ponerse a la venta la edición (33), pues en un anuncio publicado en el Diario de Barcelona, el 21 de julio (34) se dan los siguientes pormenores, que nos parecen indican ya haberse puesto a la venta el libro:

"La desventurada muerte de unos amantes adornados de eminentes virtudes, víctimas de los terremotos de Orihuela, es el asunto de esta composición. La generosidad española, que tan sensible se ha manifestado al infortunio de los habitantes de los pueblos arruinados, socorriéndoles con mano liberal y franca, no podrá menos también de verter lágrimas de compasión, al ver en estas funestas páginas la serie de contratiempos y de penas que sufrieron Henrique y Florentina en los días de sus amores, y al ver por último que procsimos [sic] ya a encender la antorcha nupcial para colmo de sus esperanzas, desaparecen y se hunden en las entrañas de la tierra en uno de aquellos sacudimientos espantosos que ocasionó el terremoto del 21 de marzo. Se halla venal a 12 rs, en rústica y a 14 en pasta, en la librería de Sierra, plaza de San Jaime" (35).

En Madrid apareció el primer anuncio en la Gaceta..., el 25 de julio (36). Es lógico pensar que, en menos de tres meses, el autor redactó su obra, pasó a las famosas prensas de Cabrerizo, y se distribuyó, desde Valencia, como mínimo, a Barcelona y Madrid (ciudades de una lógica mayor venta posible).

Una característica esencial es, lo repetimos, el que la novela se abra con unos "Documentos oficiales que sobre el particular se han publicado, los cuales, como escritos por las mismas autoridades que presenciaron los hechos, deben ser siempre mirados como testimonios irrecusables de la verdad" (37). Se trata de ocho relatos, exposiciones, acuerdos, cartas, estadísticas de víctimas y daños... que se habían publicado en la prensa coetánea, tanto en la Gaceta de Madrid, como en El Correo... o el Diario de la Ciudad de Valencia o bien en las prensas como pieza singular (38). Y no fue sino en esta novela, y basado en la documentación de época publicada, en la que bebió el historiador BOIX, para dar cuenta de los terremotos de marzo de 1829 en el Reino de Valencia (39). Y a BOIX copió LLORENTE (40) y en LLORENTE bebió FIGUERAS PACHECO (41). Y éste último es citado por GALBIS, en su Catálogo Sísmico... (42). También se inspiran en BOIX-LLORENTE el presbítero VIDAL TUR (43) y el cronista RAMOS PEREZ (44), como antes lo hiciera el longevo sismólogo FONT SERE (45), todos para dar cuenta del terremoto de 1829. En resumen, un siglo y medio bajo un mismo stemma de transmisión de fuentes, hasta que quien este artículo firma efectuó una exhaustiva investigación en la prensa de la época y halló en un legajo del Archivo Histórico Nacional (46) los documentos de primera mano. Véase, pues, si no es importante este preámbulo documental que encabeza la novela Los terremotos de Orihuela...

Hemos apuntado hacia el anonimato de la obra. En la portada no hay alusión a su autor/a. El primero que identificó, bien pronto por cierto, al autor fue el bibliógrafo valenciano FUSTER (47), quien publicó, en 1830, que lo era Estanislao de Cosca [sic] VAYO (48). De esta forma, MAFFEI-RUA FIGUEROA no incluyen la obra en su Sección de "Anónimos", sino bajo la autoría de VAYO (49). Extrañamente, GALBIS vuelve a mencionar esta obra ("extrañamente", pues es notorio deudor de la bibliografía de MAFFEI-RUA FIGUEROA) en el apartado de "Anónimos" (50). FONTSERE-IGLESIES no la mencionan en su "Bibliografía utilitzada" pero en la descripción del terremoto de 21 de marzo de 1829, dicen, en cita castellana de LLORENTE: "Aquel mismo año se publicó en Valencia por la librería Cabrero [sic; por Cabrerizo] un libro titulado Los terremotos de Orihuela o Henrique y Florentina. No llevan [sic] nombre de autor, pero lo escribió Don Estanislao de Koska Boyo" [sic] (51). Rematemos el asunto, aludiendo al bibliógrafo TEJERA Y R. DE MONCADA, quien, en 1941, viene a decir otro tanto (52).

Estanislao de KOTSKA VAYO y DE LA FUENTE (éstos son sus exactos nombre y apellidos) nació en Valencia el 17 de noviembre de 1804; tenía, por lo tanto, veinticuatro años cuando escribió, tan rápidamente, su novela, que concibió en el momento que leyó la Relación sucinta de las desgracias que han causado en Orihuela... (53) según nos advirtió BOIX (54).

Nos queda aludir someramente al argumento. Tiene un curioso comienzo, remedo cervantino: "En un pueblo situado en la costa que hay desde Alicante a Cartagena, vivía no ha mucho un mancebo, llamado Henrique..." (55).

Carece de capítulos o partes. Todo el relato es una exposición ininterrumpida. Henrique y Florentina, pobres pero honrados, se aman tiernamente. Aparece un malvado que pretende a Florentina; salen en la novela hasta los "bandidos de Crevillente" (el recuerdo de Jaime el Barbudo...). Se insinúa la sismicidad del territorio, preparando al lector para la escena culminante:
"La patria de Florentina, amenazada como se ha dicho ya por las llamas que producían los gases inflamables, y con los continuos pero leves temblores de tierra, que de algunos días se esperimentaban, no era el punto más al propósito para vivir tranquilos..." (56).

Y la explicación aristotélica de los sismos, aumentada con las teorías "explosiva" y "eléctrica", que fueron las que más se esgrimieron cuando los sabios trataron de explicar el magno sismo de Lisboa, del 1 de noviembre de 1755, aflora de paso en la novela, entre los deliquios amorosos de los protagonistas:

"Florentina preguntaba á su amante antes de su partida, las causas de aquellos fenómenos, y él esplicaba á su modo, y según los cortos conocimientos que había adquerido [sic] en los primeros años de su juventud, la descomposición de los metales y la esplosión del aire encerrado en las entrañas de nuestra madre común. Lo que es el trueno en la nube, decía copiando las espresiones de PLINIO, es la oscilación de la tierra: dando a entender que la causa principal era la electricidad..." (57).

Henrique va a Madrid en búsqueda de trabajo, como administrador de las fincas del "conde, señor del pueblo". Pasa el invierno en Madrid y regresa en marzo:

"Henrique había salido de la córte montado en un brioso caballo que le había regalado el conde, al despuntar el día 16 de marzo, que era lunes, y pensaba regresar á su pueblo el sábado próximo" (58).

Llega, en efecto, el sábado (es decir: el 21 de marzo) y al llegar a las márgenes del Segura, observa con terror que los bueyes braman, los pajarillos revolotean, los perros aúllan y los caballos relinchan. Es el típico y conocido presagio sísmico de los animales, científicamente cierto, pero cuyas causas se ignoran todavía.

Y empieza el terremoto:

"Siguióse a esto un ruido subterráneo y tembló la tierra, y cayó el caballo volcándole también por el suelo.

"¡Cielos, exclamó Henrique, salvadme! Levántase pasmado, salta sobre el animal, y dándole espuelas, Corramos, dijo: corramos á morir aliado de mi amada..." (59).

Encuentra el pueblo devastado; muertos por doquier; ayes de dolor...

"Llama á gritos a su malhadada Florentina: una voz sepulcral y profunda le responde por su nombre. ¡Vive, esclama lleno de esperanzas, vive y está padeciendo bajo de estas ruinas...

"Trepa por encima de escombros y de cadáveres... distingue en fin un delicado brazo: le observa, ¡Y reconoce que es el de su infortunada Florentina!... Da gritos de horror: desentiérrala poco á poco...

"Toma entre sus brazos á su amante, la conduce á una plazuela, resguardándola de las nubes de polvo que levantaba el viento, é inclinando sobre sus rodillas su hermosa cabeza, junta sus labios ardientes con los de su amada, y parecía quererla animar con su aliento, volverle la existencia ó morir á su lado...

"El desventurado Henrique, ahogado de pena y desconsuelo, prodigaba mil caricias á Florentina. Ella entreabrió sus apagados ojos, miró por última vez á su amante, hizo esfuerzos para cruzar su brazo en derredor de sus hombros, quiso pronunciar su nombre, y á la primera sílaba espiró... [cursivas en el original]. Un sacudimiento espantoso levanta la tierra, Y abriendo un abismo por aquella parte, se traga á los amantes: Y abrazados, y sus almas confundidas, desaparecen á un mismo tiempo... ¡Ya no existís, desafortunados jóvenes!..." (60).

Esta escena culminante es objeto del único grabado de la novela, que publicamos (61).

Huelgan los comentarios. He aquí la romántica pluma de un joven escritor de 1829 en plena acción. Ficción de los personajes, sí; literatura relamida, sí, con muchos adjetivos y más exclamaciones y admiraciones, y muy poco diálogo; pero el terremoto, con sus macabras consecuencias, está pintado a lo vivo y forma el Deus ex machina de todo el relato.

Hace pocos años se ha publicado una edición (62), muy restringida, de esta novela, edición que, por nuestra parte, no nos satisface en absoluto, pues hay una falta de comprensión "sismológica" del asunto (sin el cual la novela no se hubiera escrito). Mas no es este el lugar para una polémica, sino para dar por concluído este estudio de la "literatura popular" que provocaron unos poco conocidos terremotos españoles, al par que nos hemos iniciado en la concomitancia, inédita hasta ahora, del fenómeno sísmico con la tradición popular o, lo que es lo mismo, lo que hemos denominado "literatura popular sísmica".

NOTAS

(1) MACHADO Y ALVAREZ, Antonio: "Los terremotos y la tradición popular". "Los Lunes" de El Imparcial, 26-11-1885, p. 4.

(2) FLAMMARION, Camille: Les ernptions volcaniques et les tremblements de terre... Paris (s. a. = 1890); p. 283.

(3) Así debe decirse y no "seísmo", según carta personal que me dirigió el Secretario perpetuo de la Real Academia de la Lengua, ante mi consulta escrita que le formulé en 1989.

(4) MALLET, Robert: Great Neapolitan Earthquake of 1857... London, 1862. 2 vols. Hace poco (1987) se ha publicado Mallet's Macroseismic survey on 7be Neapolitan Earthquake of 16tb December, 1857. Bologna, 220 pp.

(5) UDIAS VALLINA, Agustín: Introducción a la sismología y estructura interior de la tierra. Madrid, 1971; p. 99.

(6) Ibidem; p. 99.

(7) Temblor o terremoto de Madrid: gran wals para piano, que manifiesta el suceso con toda propiedad, y la última parte se dirige a hacer una relación de lo dicho; 2 reales. Su anuncio en Diario de Avisos de Madrid, 3-IV-1829; p. 377. El inefable El Correo... le soltó un varapalo: "Desengáñese este caballero: ni los walses se han hecho para pintar desgracias, ni las castañuelas para los entierros..." (6-IV-1829; p. 3).

(8) Toda la correspondencia de LARRAMENDI a sus superiores de Madrid, providenciales reales y documentos sobre este terremoto, en el Archivo Histórico Nacional (A. H. N.). Sección de Estado; legajo núm. 3173.

(9) Carta de LARRAMENDI, de 15-VII-1829, al ministro de Estado interino, Juan Manuel GONZALEZ SALMON. En el legajo cit. en nota (8).

(10) MEMORIA Y RELACION CIRCUNSTANCIADA de los estragos que la terrible catástrofe de los terremotos de 21 de Marzo y siguientes, principalmente, el del sábado santo 18 de Abril basta el presente día, han causado en Torrevieja y demás pueblos de la Gobernación de Orihuela y sus inmediaciones, en la ciudad de Murcia y algunos pueblos de la provincia de este nombre. Madrid, en la Imprenta Real, 1829. El nombre del autor, José Agustín de LARRAMENDI, in fine, a continuación de "Orihuela 9 de Junio de 1829" (p. 24).

Este folleto es rarísimo. No aparece en la magna Bibliografía de PALAU y no está catalogado en la Biblioteca Nacional, de Madrid (aunque nosotros hemos encontrado un ejemplar en "Cajas de Varios especiales", no catalogado en ficheros generales), aunque sí en la Biblioteca del Instituto Tecnológico Geominero de España. Ello hizo precipitarse a un catedrático universitario de Geografía, el profesor QUIROS LINARES, quien afirmó que la Memoria de LARRAMENDI "es de suponer que permanece inédita o se publicó en alguna revista de la época" (Estudios Geográficos, XXX, 111, mayo 1968; p. 310). Ni una cosa ni otra; se publicó.

(11) Hemos publicado una bibliografía, casi exhaustiva, en nuestro libro Los terremotos alicantinos de 1829. Alicante, 1984; pp. 153-183.

(12) Gaceta de Madrid, 5-IX-1829; p. 460. El librero MIYAR fue ahorcado poco después, acusado de conspirador "liberal".

(13) MAFFEI, Eugenio y RUA FIGUEROA, Ramón. Apuntes para una Biblioteca española de libros, folletos y atículos, impresos y manuscritos, relativos al conocimiento y explotación de las riquezas minerales y a las ciencias auxiliares... T. II (Madrid, 1872); p. 491; cédula núm. 4158.

(14) El Correo..., 2-X-1829. "Publicaciones nuevas. A los terremotos ocurridos en España en el presente año de 1829. Silva, por D. Mariano José de Larra". "... sería preciso copiar casi toda esta composición poética si hubiéramos de dar una idea de todos los hermosos versos que contiene..." (p. 3).

(15) A LOS TERREMOTOS ocurridos en España en 1829. Madrid. Imprenta de Don Eusebio Aguado, 1829. 22 pp. Consta de: Portada; Dedicatoria a D. Manuel Fernández Varela, "encargado por S. M. en la recaudación y distribución de los fondos destinados al socorro de los desgraciados pueblos que han sufrido los terremotos de 1829..." (pp. 3-4). Nombre del autor: Mariano José de Larra (p. 4). Silva (pp. 5-22).

(16) Biblioteca de Autores Españoles (B. A. E.). Rivadeneyra. T. CXXVIII, II. Artículos y poesías selectas. Madrid, 1960; pp. 361-364.

(17) Diario de la Ciudad de Valencia, 15-IV-1829; pp. 69-70.

(18) Diario de la Ciudad de Valencia, 22-X-1829; pp. 109-112.

(19) Lo hemos hallado en Biblioteca Nacional, de Madrid, en Cajas de "Varios Especiales", no catalogado en ficheros generales. Es interesante porque, además del poema, aparece una página en prosa (p. 2), con el "argumento" (un anciano labrador de Almoradí, que cae malherido por el terremoto, contempla la destrucción de su casa y la muerte de sus ocho hijos, siendo consolado por el obispo que visita a las afligidas víctimas). Dedicatoria: "A la Horfandad Desgraciada" (pp. 3-4). Notas explicativas de algunas frases y situaciones aludidas (pp. 16-23). Nota final sobre "globos de fuego" que se vieron después del sismo, y eliminación de la astrología judiciaria en este asunto, según el parecer de FEYJOO y las palabras bíblicas (A signis coelis nolite metuere, Jeremías, 10. 2) (pp. 23-24).

(20) El Correo... , 18-V-1829; p. 4.

(21) RAMIREZ DE VILLAURRUTIA Y VILLAURRUTIA, Wenceslao, Marqués de Villa-Urrutia. Fernando VII, rey absoluto. La ominosa década de 1823 a 1833. Madrid, 1931; p. 169.

(22) Gaceta de Madrid, 23-V-1829; p. 279.

(23) Diario de Barcelona, 13-VI-1829; p.1307.

(24) Diario de Barcelona, 16-VI-1829; p. 1331.

(25) PALAU Y DULCET, Antonio. Manual del Librero Hispano. americano. T. XVI (Barcelona, 1964); pp. 158-159; cédula núm 259.956.

(26) PEREZ GOYENA, Antonio. Ensayo de bibliografía navarra. T. p; pp. 395-396; cédula 7.829.

(27) Vid. op. cit. (11); pp. 41-42.

(28) PEREZ GOMEZ, Antonio, en reed. facs. de RELACION DEL ESPANTOSO TERREMOTO... (s.l. = Murcia), (s. a. = ¿1954?).

(29)Biblioteca Nacional, Madrid. Sección de Estampas; sign. 14.986.

(30) Por ejemplo, en BALLESTEROS, Antonio. Historia de España. 2ª ed. Barcelona, 1956; t. X; p. 665.

(31) The Hispanic Society of America. Catalogue of the Library. T. 8 (Boston, 1962); p. 7767.

(32) Diario de la Ciudad de Valencia, 6-VII-1829; p. 32.

(33) LOS TERREMOTOS DE ORIHUELA, ó HENRIQUE y FLORENTINA: Historia Trágica. Adornada con una lámina, y un mapita de la situación de los pueblos que más ó menos se han arruinado en el terremoto del 21.de marzo de 1829. Valencia. Librería de CABRERIZO, 1829. 41 206 II pp.; 1 lám. y 1 mapa pleg. B. N., sign. 1/74268. PALAU, t. XXIII (Barcelona -Oxford, 1971), cédula 330.617.

(34) Diario de Barcelona, 21-VII-1829; p. 1616.

(35) Ibidem.

(36) Gaceta de Madrid, 25-VI-1829; p. 388.

(37) Op. cit. en (32); p. 3.

(38) Como una Relación sucinta de las desgracias que han causado en Orihuela, y pueblos de su huerta y campo, los terremotos de la tarde de 21 de marzo del corriente año 1829. Orihuela: Imp. de Berruezo, acampada en las barracas nuevas del Salitre de Mancebería. a 11 de abril del año 1829. Una hoja; 2 pp. impresas.

Reimpreso en Barcelona, por José Torner (1829), en gran pliego (492 x 295 mm.), precedida de una ingenua lámina, seudomapa, que publicamos, pues ilustra con veracidad en una pictografía (croquización panorámica) sobre algunos lugares que fueron asolados por el terremoto. Publicamos la lámina.

(39) BOIX, Vicente. Historia de la ciudad y reino de Valencia. 3 vols. III (Valencia, 1847); pp. 214-217. Hay reed. facs. Albatros, Biblioteca Valentina. Valencia, 1978.

(40) LLORENTE, Teodoro. España. Sus monumentos y artes. Su naturaleza e historia. Valencia. (Forma parte de una vasta colección de 26 vols.). Tomo II: Provincia de Alicante. Daniel Cortezo, 1889; 1063 pp. No obstante la fecha de su portada, está escrito años después y lleva un “post-scriptum", fechado el 25-V-1902. Las noticias sobre el terremoto de 1829 en p. 1035.

(41) FIGUERAS PACHECO, Francisco. Provincia de Alicante. T. IV de la monumental Geografía General del Reino de Valencia, dirigida por F. CARRERAS CANDI. Barcelona (s. a. = ¿1913?). En p. 186 dice el autor que utiliza los materiales suministrados por LLORENTE, quien "al parecer" los tomó él mismo de una novelita que se publicó el mismo año 1829.

(42) GALBIS, José. Catálogo Sísmico de la zona comprendida entre los meridianos 5º. E. y 20º. N. de Greenwich y los paralelos 45º. y 25º. N. Madrid, 1932. 807 pp. El terremoto de 1829 en pp. 86-87.

(43) VIDAL TUR, Gonzalo. Un Obispado español, el de Orihuela-Alicante. Alicante, 1961. 2 vols. El terremoto en t. II; p.415.

(44) RAMOS PEREZ, Vicente. Crónica de la provincia de Alicante. Alicante. 1979. T. I; 458 pp. El terremoto en p. 199; alude claramente a los documentos proporcionados por la novela en cuestión.

(45) FONTSERE, Eduard y IGLESIES, Josep. Recopilació de dades sísmiques de les terres catalanes entre 1100 i 1906. Barcelona, 1971.576 pp. El terremoto en pp. 342-351. Menciona la novela en p.346.

Eduard FONTSERE murió, cumplidos los 100 años, en 1971, pero no vio, desgraciadamente, la salida a la luz de éste su último libro.

(46) A. H. N. Legajo cit. en nota (8).

(47) FUSTER, Justo Pastor. Biblioteca Valenciana de los Escritores que florecieron basta nuestros días, con adiciones y enmiendas a la de D. Vicente Ximeno. 2 vols. Valencia, 1827 y 1830.

(48) Ibidem, t. II; p. 486.

(49) Op. cit. (13), t. II; pp. 660-661; cédula 4.853.

(50) GALBIS RODRIGUEZ, José. T. II de la op. cit. en (42), Madrid, 1940. A pesar de aparecer como "Tomo II" es un nuevo libro, no seriado con el anterior. Aquí aparece una "Bibliografía" (pp. 241-277), muy imperfecta, llena de errores y omisiones, pero que, lamentablemente, es la única bibliografía sismológica existente por el momento en España. La novelita, en p. 242, sin autor.

(51) Op. cit. (45); p. 346.

(52) TEJERA y R. DE MONCADA, José Pío. Biblioteca del Murciano o Ensayo de Diccionario biográfico y bibliográfico... T. II, Madrid, 1941: "La novelita, compuesta con buen estilo, está inspirada en una de las muchas escenas trágicas que acaecieron. Aunque la obra aparece como anónima, se sabe que su autor fue el notable literato e historiador Don Estanislao de Kostka Bayo" (p. 654; nota 1).

(53) op. cit. (38).

(54) "Esta relación inspiró a un joven literato de Valencia la idea de escribir una novela, que con el título de Los terremotos de Orihuela... publicó la Casa de Cabrerizo (op. cit. (37), t. III; p.217).

(55) op. cit. (33); p. 1 (de la novela).

(56) Ibidem; pp. 99-100.

(57) Ibidem; pp. 100-101.

(58) Ibidem; pp. 195-1196.

(59) Ibidem; pp. 197.

(60) Ibidem; pp. 200-203.

(61) El ejemplar de la B. N., sign. 1/74268, carece del grabado. Un desalmado mutilador de libros la arrancó. Tuvimos que pedir a la Biblioteca Pública de Valencia una fotografía del grabado, que publicamos.

(62) LOS TERREMOTOS DE ORIHUELA ó ENRIQUE y FLORENTINA. Edición, introducción y notas de Mª Pilar GOMIS MARTI. Ed. Caballo-Dragón, Sabadell. ISBN. 84-86632-01-3. Contiene: Biografía de Estanislao de Cosca y Lamarca (Valencia, 1804-1864). Introducción: La importancia de llamarse Estanislao de Kosca Vayo. Nota del primer editor Dn. Mariano de Cabrerizo (1785-1868). Novela. Numerosas notas a pie de página.