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VIRTUDES MAGICAS Y CURATIVAS DEL LOBO EN EXTREMADURA

DOMINGUEZ MORENO, José María.

Publicado en el año 1992 en la Revista de Folklore número 142.

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El poder mágico que el extremeño atribuye al lobo no desaparece ni con la muerte del animal. Sus despojos seguirán conservando virtudes y serán utilizados para toda clase de remedios, en especial los que atañen a aspectos encuadrados en el campo del curanderismo. Conocido es cómo la Celestina guardaba en su laboratorio colmillos, gargantas, hígados, corazones y tripas del depredador, así como los ojos de las hembras, ya que conformaban los ingredientes habituales en las combinaciones mágicas. Mas no sólo esto es de utilidad en el lobo. Publio Hurtado señala la creencia común en Extremadura de que todo aquel que se cubre la cabeza con una piel de lobo o viste una prenda confeccionada con ella se verá libre de toda clase de temores y pasará a estar infundido de un gran valor (1). Este comportamiento hemeopático es muy patente en el hecho de que los mozos de Alcántara, al entrar en quinta, cosían a sus ropas un pelo de lobo, adquiriendo de esta forma un poder que emanaba del bichu.

También el pellejo lobuno es utilizado con sentido apotropaico, defendiendo especialmente de los ataques del mismo lobo. En la localidad pacense de Segura de León los pastores solían llevar un trozo de piel cosido a la zamarra con la seguridad de que alejaba a las alimañas, al tiempo que los naturales de la comarca de la Vera colgaban estos restos a las puertas de los apriscos con idéntica finalidad (2). Tal vez sea éste el motivo por el que las melenas o almohadillas que les ponen a los bueyes bajo el yugo se hayan fabricado en muchas ocasiones con la piel de estos animales.

Aparte de las virtudes vigorizadoras y defensivas de la piel y de los pelos de los lobos, éstos participan igualmente de propiedades afrodisíacas. Plinio el Viejo ya se hacía eco de estas creencias entre los antiguos romanos (3), creencias que han pervivido en el folklore extremeño hasta muy entrado el primer tercio de este siglo. Las cenizas de un pelo de la oreja de una loba mezcladas con vino blanco e ingeridas por una mujer hacen que ésta acceda a los deseos sexuales de cualquier varón, según se pensó en Coria y en los pueblos de la comarca del Valle de Alagón. En Valdeobispo se acepta que lo anterior se consigue tocándola con el jopo o rabo del lobo, o simplemente metiéndole un pelo del hocico en el bolsillo.

El sentido dado al rabo del lobo se observa claramente en una vieja costumbre localizada en la Tierra de Granadilla. Las mujeres que ayudaban a los segadores escondían la cola de este animal al final del huerto. El hombre que primero llegaba al otro extremo se apoderaba del rabo y con él en la mano perseguía a alguna soltera para, según decían, "meterle el jopo endebajo de la falda" (4). Esta práctica de claras connotaciones eróticas no escapa a un análisis desde el supuesto significado del lobo como espíritu del grano o del cereal, en orden a los estudios de Frazer y Manhar.

A la grasa del lobo se le ha atribuido todo un poder de potenciación genésica. En Torrejocillo se creyó que untándose con ella el miembro viril se permanecía en continuo estado de erección. Por este motivo fue corriente en esta población cacereña y en la vecina de Portezuelo frotar los genitales de los corderos y de los machos cabríos con sebo de lobo. Tampoco las cabras escapaban a semejante uso, mediante el cual se le aseguraba una rápida preñez (5). Los recién casados de Montánchez y de Trujillo rociaban la puerta de la alcoba con esta grasa como medio para evitar la impotencia y la infertilidad emanada de posibles maleficios. Comportamientos análogos se localizan en distintas regiones centroeuropeas (6). En la comarca de Las Hurdes los emplastos y las fricciones de grasa de lobo eliminan los dolores musculares y los reúmas. Mezclada con aceite de oliva y leche forman en Campanario una pomada que, aplicada en forúnculos y en diviesos, hace que éstos desaparezcan. Con la grasa, después de estar tres noches al sereno, curan en Acehuchal las hemorroides.

La ingestión de algunas partes del lobo transmiten virtudes que le son inherentes. En Serradilla y Torrequemada le dan las orejas a los mastines para que las coman y adquieran un excelente oido. Quien come su carne cruda se ve poseído de una enorme fiereza, según la opinión generalizada de toda la comunidad extremeña. En toda la provincia de Cáceres son muy estimados los testículos de lobo como transmisores de potencia genésica. No obstante, este alimento es prohibitivo para las mujeres, ya que se piensa que por el simple hecho de comerlos quedarían embarazadas y gestarían un ser deforme que les desgarraría las entrañas (7). En el concejo de Caminomorisco los testículos de lobos se usaron como amuletos y su gran aceptación los convirtió en objetos mercantiles.

Los excrementos del lobo favorecen la concepción entre las cacereñas. Plinio apunta esta misma receta (8), aunque indica que tales excrementos han de mezclarse con leche de mujer. El hecho de que sea el lobo quien proporciona el excremento fecundador nos acerca al sentido mágico que se adivina en la propia explicación de los pacientes: por los excrementos adquiere la estéril la fertilidad del lobo. También con las heces de lobos machacadas y mezcladas con tierra del revolcadero del cánido se espolvorean las llagas y heridas para su curación (9). Tal práctica fue de uso corriente en toda la Alta Extremadura.

No faltan las ocasiones en las que las virtudes curativas del lobo eliminan las enfermedades y los males que ellos mismos causaron. En Ahigal y en Guijo de Granadilla sanan sus mordeduras recurriendo a un curioso procedimiento. Es necesario abatir al animal, quitarle los colmillos, triturarlos y dárselos de comer al herido tres veces durante tres días. Aseguran que el primer día se quita el dolor, el segundo se cierra la llaga y el tercero ya no queda la mínima señal de la cicatriz. Para curar las herpes en Hornacho el enfermo ha de revolcarse en el punto donde acaba de orinar un lobo, pero teniendo sumo cuidado de no salpicarse a los ojos ya que se quedaría ciego (10). En las poblaciones de la Sierra de Gata el tuberculoso se restablece bebiendo directamente la sangre de un lobo recién matado.

En Plasencia he constatado la creencia de que el hombre que ve un lobo no debe mantener contacto sexual de manera inmediata, ya que tal acción le acarrearía la impotencia. Sin embargo, nada le ocurre si tiene en su poder un pelo blanco de la barba de un lobo cazado por él mismo (11). La prohibición anterior se mantiene en Navalmoral, donde se teme que la relación íntima haría concebir un hijo peludo y dado a la rapiña. Pero el remedio también aparece en esta localidad y consiste en quemar o en cocer las ropas que se vestían en el momento de la visión (12). En Mérida la persona que se topa con un lobo es capaz de emitir una fuerza maléfica que produce el aborto en las mujeres embarazadas. Por la misma razón éstas deben evitar la mirada del depredador (13). Se da por seguro en Aldeanueva del Camino que la gestante que se encuentra con la alimaña parirá un licántropo, a no ser que se fije sobre el vientre una estampa de San Antonio de Padua hasta que se produzca el nacimiento del hijo. Llevando una garra de lobo en la faldriquera las mujeres de Mohedas de Granadilla evitan la esterilidad a que están condenadas por mantener relaciones íntimas después de haberse encontrado con el lobo en un descampado.

Los dientes, las garras y los huesos son otros tantos elementos aprovechables de estos cánidos. Existió una cierta convicción entre los extremeños de que adquirían el don de la invisibilidad si metían en la boca un hueso de una garra o un diente y no lo sacaban hasta desgastarlo completamente. Una garra colgada de la puerta o de la ventana de una vivienda, aseguran en Fuentes del Maestre, contrarresta todo tipo de hechizos brujeriles. En las cunas de los niños de Coria ataban garras lobunas porque actuaban como preservativos de maleficios y de artes diabólicas (14). Del mismo modo la ingestión de caldo hecho con garra de lobo le aseguraba a las gestantes de Ahigal el parto de niños que nunca serían atacados del mal de la luna.

Los elementos óseos de lobo también han sido empleados con otros muy variados fines. A principios de este siglo las curanderas de Casar de Cáceres todavía se servían de un hueso largo, ya fuera de las extremidades o de las costillas, para remover sus pócimas, en especial las destinadas a vigorizar sexualmente, por estimarse que el hueso transfería a la poción toda la fuerza genésica del lobo. Como se ve, la intención mágica tampoco ha escapado en esta oportunidad. En la población antes citada se confeccionaban unos llamados polvos del querer a base de huesos machacados; al ser ingeridos por cualquier hombre o mujer, despertaba en ellos una ciega pasión erótica hacia la persona que se los administraba. Las cualidades mágicas del hueso lupino aparecen en otra serie de ritualizaciones. De ellos se fabricaban punzones con los que se abrían los agujeros de las orejas de las niñas, como era usual en Garrovillas, Casas del Monte, Tornavacas y Villar de Plasencia, ya que así estos nunca se infectarían ni se cerrarían. Los huesos de las patas conformaron la materia prima para la confección de pequeñas agujas, que en Zalamea de la Serena servían para coser a la piel de los reumáticos un hilo de seda, consiguiéndose por semejante procedimiento la desaparición del dolor y la agilidad o movimiento del miembro entumecido (15). Los mismos efectos antirreumáticos se han conseguido en los pueblos del Valle del Alagón por el hecho de llevar puesto un anillo de hueso de este animal devorador .

Poseemos información acerca de buen número de manipulaciones efectuadas sobre huesos de lobos que tiene el poder de alejar no sólo a esta fiera sino también a todo tipo de alimañas. De este modo sucede con los badajos elaborados de este material y que, insertados en los cencerros que cuelgan de] cuello de los animales domésticos, evitan el riesgo de ser atacados por los depredadores. Es una creencia muy generalizada en las áreas pastoriles de las dos provincias extremeñas. En Santibáñez el Bajo y en otras poblaciones limítrofes aseguran que una flauta o pito hechos de cualquiera de las piezas óseas de un lobo goza de idénticas virtudes ahuyentadoras.

De entre los elementos aprovechables del lobo, como ya hemos indicado más arriba, destacan los dientes. De su especial utilización como amuletos se tiene constancia desde los tiempos prehistóricos. En Extremadura se emplearon hasta épocas muy recientes, generalmente engastados en plata, para favorecer la dentición de los niños, y en menor medida para vencer la convulsiones, el cólera y la rabia, y para desterrar el miedo. Por lo común se llevaban al cuello, aunque algunas mujeres de las Villuercas los cosían al dobladillo de los vestidos por considerar que de esta manera evitaban la concepción no deseada por cualquier motivo, creencia que también tuvo su vigencia en el mundo antiguo (16). Por el contrario, son muchos los hombres de las dos provincias extremeñas que han guardado en sus bolsillos dientes de lobos confiando en que su simbolismo fálico los hacía infatigables colgándoles del pescuezo o cosiéndole a la albarda una pieza dentaria del depredador.

Señala Leite de Vasconcellos que en Portugal, cuando se caza un lobo, se le cogen los dientes, un ojo, algunos pelos blancos de debajo de la barba y un poco de sangre, guardándose todo con sumo cuidado por resultar bueno para ciertas molestias físicas (17). Esta misma colección era colocada por los sordos de Valverde del Fresno bajo la almohada para eliminar la enfermedad.

NOTAS

(1) HURTADO, P.: "Supersticiones extremeñas", en Revista de Extremadura, IV (Cáceres, 1902), pág. 451.

(2) Información de Pedro Sánchez, Jaraiz de la Vera.

(3) GRANDE DEL BRIO, R.: El lobo ibérico: biología y mitología. Madrid, 1984. Pág. 309.

(4) Información de Antonio Paniagua, Ahigal.

(5) Información de Arsenio Moreno, Torrejoncillo.

(6) WESTPHALEN, R. de: Petit Dictionnaire des Traditions Populaires. Metz, 1934.

(7) Información de Clemente López, Cáceres.

(8) BERMEJO BARRERA, J.: Mitología y mitos de la Hispania Prerromana. Madrid, 1982. Pág. 32, nota 52.

(9) Plinio (NH, XXVIII, 47) apunta que las cataratas se eliminan con excrementos de lobos, cenizas y miel ática.

(10) Información de Gonzalo Bravo, Guijo de Granadilla.

(11) Información de Francisco Hernández, Plasencia.

(12) Información de Aquilino Gutiérrez, Mérida.

(13) Información de Aquilino Gutiérrez, Mérida.

(14) Información de Eladio Asensio, Coria.

(15) Información de Clemente Sánchez, Zalamea de la Serena.

(16) DEREMBERG y SAGLIO: Dictionnaire des antiquités grecques et romaines, s. v. "amuletum", pag. 254. Cit. LEITE DE VASCONCELLOS: Religöes da Lusitania, I. Lisboa, 1987. Pág. 120.

(17) op. cit., pág. 126, nota.