Si desea contactar con la Revista de Foklore puede hacerlo desde la sección de contacto de la Fundación Joaquín Díaz >

Búsqueda por: autor, título, año o número de revista *
* Es válido cualquier término del nombre/apellido del autor, del título del artículo y del número de revista o año.

NOTAS SOBRE UN MODELO COREOGRAFICO DE LA RIOJA: EL CASTILLO

QUIJERA PEREZ, José Antonio

Publicado en el año 1992 en la Revista de Folklore número 143.

Esta visualización es solo del texto del artículo.
Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Revista de Folklore número 143 en formato PDF >

Los últimos números de la revista están disponibles en el servidor de la Fundación Joaquín Díaz >


INTRODUCCIÓN

Continuando con el análisis de los modelos Coreográficos observables en La Rioja y al que di comienzo hace algún tiempo en esta Revista de Folklore, es mi intención hacer un repaso en las siguientes líneas de un tipo de danza que presenta varios ejemplos en el área riojana, aunque, como más de una vez he hecho notar al tratar otros modelos coreográficos con anterioridad, no es exclusivo de esta zona a caballo entre el Mediterráneo y el norte peninsular. La danza en cuestión, que sin variación en La Rioja es titulada "El Castillo", consiste en la conformación de pequeñas torres humanas. Sin embargo, sí se dan en La Rioja algunas características constantes que me parecen dignas de reseñar.

Mediante una progresión lógica, he de comenzar por exponer todos los ejemplos que este tipo de danza presenta en La Rioja para, a partir de aquí cifrar las diversas constantes observables que nos han de permitir extraer algunas conclusiones de tipo coreográfico, etnomusicológico y de configuración con respecto a la fiesta. El siguiente paso deberá encauzarse hacia el análisis de los planos simbólicos que se articulan en el entramado de esta danza, naturalmente en acuerdo con las conclusiones anteriores.

A la búsqueda de todo lo anterior, no nos basta con describir las estructuras coreográficas de cada ejemplo. Se hacen indispensables los datos musicales, así como los de naturaleza superestructural: situación de la danza en el marco festivo, colectivo humano responsable de su interpretación, objeto paciente de la misma, etc. Los materiales que se presentan son fruto del trabajo de campo en su práctica totalidad. Vamos al tema.

LA DANZA DE "EL CASTILLO" EN LA RIOJA HERVIAS

Esta es una pequeña población de economía agraria situada en la cuenca del río Oja, próxima a Santo Domingo de la Calzada. Celebra sus fiestas patronales en honor de San Bartolomé el 24 de agosto y días siguientes.

La coreografía titulada "El Castillo" queda inscrita en esta localidad dentro del ciclo de danzas que se interpreta con motivo de las fiestas. Son danzas ejecutadas todas ellas por ocho chicos, "los danzadores", más dos cachiburrios que organizan y dirigen el grupo. Durante la procesión de este día que recorre las calles de dicha población, se hace notoria la presencia de estos danzadores que encabezan el cortejo e interpretan varias coreografías con castañuelas.

De regreso a la iglesia, la imagen de San Bartolomé, portada en andas, es colocada en la puerta del templo de cara al exterior y es entonces cuando el grupo construye "El Castillo": cinco jóvenes debajo conforman un primer nivel, sobre el que se izan otros cuatro, y por último sobre estos asciende el décimo que desde allí deberá lanzar los vivas de rigor en honor del santo, de las autoridades y de todo el pueblo en general.

Una vez realizado este número, la imagen pasa al interior de la iglesia. En Hervías se han perdido las danzas de palos que antaño se realizaban a continuación en la plaza.

Durante la confección de la torre humana sólo se da en la actualidad el acompañamiento del tambor, que efectúa un redoble incesante. Las demás danzas para la procesión sí poseen sus tonadas específicas (1).

SAN ASENSIO

"Los danzadores" de San Asensio son, al igual que en la mayoría de las localidades riojanas, ocho chicos al mando de "el cachiberrio", quien hace las veces de director del grupo.

Las fiestas de esta población riojalteña próxima al Ebro se celebran en honor de la Virgen de Davalillo, en dos períodos: 28 de abril y el segundo domingo de septiembre. En ambos casos hay procesión y danza. En abril, la imagen de la Virgen es traída al pueblo desde su ermita a varios kilómetros de distancia, mientras que en septiembre es devuelta a su sitio. Durante la procesión, los danzadores realizan varios números coreográficos con los que van progresando al ritmo de las castañuelas, principalmente los conocidos como "El pasacalles" y "La danza de atrás". El primero de ellos sirve para el avance de la comitiva, que de vez en cuando se detiene para permitir a los danzadores la conformación de "El castillo", para lo cual un danzador se coloca cabeza abajo apoyado con las manos sobre el suelo y los pies juntos y estirados hacia arriba con un puntal. Sobre él se iza otro danzador colocándose de pies sobre la exigua plataforma formada por los pies de su compañero que está debajo. Los demás, incluido el cachiberrio, se colocan en los laterales a modo de sujección del eje central. El danzador de arriba mira fijamente a la imagen de la Virgen de Davalillo que es portada en andas, de tal modo que ambas caras quedan enfrentadas a la misma altura, y con los brazos estirados lanza los vivas a la vez que repiquetea las castañuelas, en honor de la Virgen, Ayuntamiento, sacerdote, danzadores y público asistente a la procesión.

Mientras esto ocurre, la gaita calla y tan sólo se hace sentir el constante redoble del tambor, único acompañamiento rítmico para la formación de esta torre humana. La danza en cuestión se repite cuatro o cinco veces durante la procesión. Posteriormente, una vez finalizado el acto al regresar a la iglesia, en la plaza del pueblo se efectúan las diversas danzas de palos, arcos y árbol de cintas ante autoridades y espectadores (2).

BRIONES

También Briones es una población asentada junto al Ebro, sobre un promontorio en uno de los meandros del río, recuerdo de una antigua plaza fuerte.

La danza de Briones es interpretada por ocho "danzadores", jóvenes de unos veinte años, más un "cachiburrio", que en lo que va de siglo ha solido ser un niño o adolescente. Las fiestas se celebran en honor del Cristo de los Remedios, en dos momentos festivos: la imagen es traída desde su ermita a la iglesia con danza a mediados de mayo, y luego es devuelta al tercer fin de semana de septiembre durante una fiesta de mayor esplendor en la que, además de la procesión con "La danza" correspondiente que permite la progresión de la comitiva, se interpreta un amplio repertorio de coreografías con palos y castañuelas.

Durante el segundo momento festivo es cuando puede observarse la coreografía titulada "El castillo", que en este caso no sólo se incluye dentro del grupo de danzas para la procesión, sino que también es el colofón del repertorio de números que se ejecutan después de la misa del tercer domingo de septiembre (antes, el día 15 de dicho mes) en la plaza. Para la confección de la torre de danzadores cuatro jóvenes se alzan sobre los otros cuatro, que forman dos círculos cerrados. Luego, el cachiburrio sube hasta la cima, conformando un tercer nivel y queda de cara a la imagen del Cristo. Desde esta atalaya recita unos versos en los que solicita la protección de la deidad, para concluir con los vivas de rigor. En septiembre de 1.985, los versos citados fueron los siguientes:

"Al Cristo de los Remedios
le piden los danzadores
que dé salud y suerte
a todo el pueblo de Briones.

También a los forasteros
les deseamos igual
para que al año que viene
nos vuelvan a acompañar".

La construcción coreográfica requiere un tiempo, durante el cual el gaitero interpreta una tonada en ritmo libre, que repite una y otra vez hasta que el cachiburrio se dispone a recitar sus versos. Posteriormente, una vez deshecha, se recurre aun ritmo en 2/4 con una coreografía diferente sobre el suelo como conclusión de la danza. Se trata de una tonada propia de gaita de odre, que por cierto a comienzos de este siglo era el instrumento con el que se acompañaban las diferentes danzas del repertorio de Briones (3).

Como he dicho, "El castillo" se realiza dos veces: durante la mañana, como conclusión de las danzas de herramientas, y a la tarde en el momento en el que la imagen va a ser introducida dentro de la ermita al concluir la procesión.
En mayo se repite la misma danza al entrar la imagen del Cristo, portada en andas, al interior de la iglesia, junto a otras danzas propias de la procesión 1(4).

SAN VICENTE DE LA SONSIERRA

"Los danzadores" de San Vicente son también ocho chicos de entre veinte y veinticinco años de edad, bajo el mando de "el cachiberrio", mayor que los anteriores. Celebra sus fiestas con danza los días 7 y 8 de septiembre, en honor de la Virgen de los Remedios, siendo el segundo día el más importante.

Tras la salida de misa a la mañana del día 8, en la plaza se interpreta el repertorio de danzas de palos, espadas, árbol de cintas, etc., delante de las autoridades y el público asistente. El último número es "El castillo": cuatro danzadores agarrados en círculo forman un primer nivel sobre el que se izan otros tres también agarrados, y sobre ellos asciende el cachiberrio, para desde lo alto recitar algunos versos referidos a la Virgen y su protección, y seguidamente lanzar los vivas.

La melodía utilizada es una conocida tonada en 3/4, empleada en otras muchas poblaciones riojanas para una coreografía muy extendida conocida genéricamente como "Las pasadillas".

La procesión se realiza por la tarde y a ella acuden danzadores, Ayuntamiento y vecinos de la localidad. También se repite "El castillo" (6).

ALGUNAS CONSIDERACIONES GENERALES

Lo primero que debemos tener en cuenta a la hora de iniciar el análisis de los materiales aportados, es que esta coreografía concreta no presenta un número importante de ejemplos, no se encuentra extendida por toda La Rioja, ni mucho menos. Desconozco la existencia de más casos, aunque por supuesto no niego esa posibilidad (8). No es una coreografía generalizada en el marco geográfico riojano. Por ello, las conclusiones deben ser observadas desde esta perspectiva minimalista. Una cosa es cierta, las torres humanas son un fenómeno mediterráneo: es precisamente en Levante y Cataluña donde se dan en gran densidad. En Aragón se dan de un modo importante, pero una vez llegados a La Rioja a lo largo del Ebro ascendiendo hacia el norte, el número ya ha disminuido muy considerablemente. También se dan algunos ejemplos en Soria y Burgos, a un mismo nivel cuantitativo que el riojano. De aquí hacia arriba se puede observar alguna que otra variante, pero muy individualizada.

Los cuatro ejemplos se localizan en la zona más típicamente agraria de La Rioja, tres de ellos junto al Ebro, y el cuarto junto al Oja pero en su zona casi exclusivamente agrícola. No se da en las áreas de montaña, más apegadas al pastoreo. Ello ocurre también fuera de La Rioja en el ámbito mediterráneo.

Nuestra danza se da en todos los casos como uno más de los números coreográficos adscritos al repertorio de las procesiones. Además en Briones y San Vicente también puede ser observada como colofón del repertorio de danzas de herramientas. Ambos repertorios, para una misma localidad, permanecen temporal y locativamente separados el uno del otro.

Una vez configurado el castillo, el cachiburrio o danzador se sitúa de cara a la imagen de la deidad de culto local portada en andas, ambos a la misma altura y enfrentados cara a cara. Desde esta posición, la persona se dirige directamente a la representación sagrada y, mediante la palabra solicita su intervención positiva en favor de la comunidad. Esto suele ir acompañado con algunos gestos, como el mantener los brazos en alto y repiquetear las castañuelas. La relación establecida entre el representante de la comunidad y la deidad es directa, y el motivo es claro: solicitar su intervención bienhechora.

En cuanto a las melodías, vemos que hay una escasa concordancia: bien se recurre al simple acompañamiento del tambor, bien se interpreta alguna tonada, que en el caso de Briones es muy particular, propia de gaita de odre, y en San Vicente se trata de una melodía menos selectiva.

Estos puntos que acabo de referir son los que precisamente han de ayudarnos a delimitar un poco más los ámbitos englobados por el significante y el significado, así como la definición de su relación.

EL MUNDO DE LOS SÍMBOLOS

Como punto de partida a la hora de analizar simbolismos subyacentes en los ciclos de danzas con herramientas que se dan principalmente en verano, (comenzando frecuentemente en primavera para finalizar en otoño), no hemos de olvidar que se trata de danzas brotadas del mundo agrario (con aportaciones desde la mística de los metales), mientras que un posible substrato pastoril o de otro tipo queda reducido a muy poco, más que nada a elementos y objetos anecdóticos. La perspectiva agraria, en modo general, va a marcarnos la línea de progresión. Pero si estas danzas de palos, espadas, árboles de cintas, arcos, castañuelas, poseen una naturaleza agraria aún pudiendo darse en áreas de economía pastoril (como de hecho ocurre con frecuencia), la torre humana presenta esta naturaleza en un mayor grado si cabe, pues apenas es localizable fuera de los ambientes estrictamente agrícolas.

La función de una torre humana a ejecutar ante una deidad, no sólo en La Rioja (lo mismo podríamos aducir para ritos paralelos en otros lugares de la Península) no debe ser asimilada, en mi opinión, a la del gigantismo ritual o mítico. No se trata de mostrar imágenes enraizadas en la semiótica del caos y completadas en sí mismas (gigantes frente a cabezudos o enanos, deidades gigantes monstruosas y maléficas –caóticas- en diversas cosmogonías como la griega clásica, etc.). Ninguna de las representaciones coreográficas aducidas muestra el más mínimo signo de negatividad (hablo desde la perspectiva de lo sagrado), sino todo lo contrario.

Estimo mucho más oportuno considerar el castillo de danzadores como una superposición de niveles en sentido ascendentista (conformados por los propios actores en el ritual), hasta la culminación en un último horizonte que corresponde con aquel en el que aparece la deidad, que en el momento de ser festejada siempre permanece a un nivel físico (por supuesto que también metafísico), superior al de la comunidad que recurre a ella: es portada en andas durante las procesiones y en el momento de interpretar las danzas a pie firme. Esta posición superior con respecto a la realidad humana es obviamente inherente a la naturaleza sagrada. La deidad permanece por encima de las personas. El modo de llegar a ella, de aproximarse a ese mundo de lo sagrado, es mediante un modelo ritual que no supone más que un tipo de especialización en el ámbito de la ascensión (mediante la cuerda mágica, la escalera que asciende al cielo, la montaña sagrada, árboles y ejes cósmicos, la torre cuya altura se pierde por encima de las nubes, o el castillo de danzadores que permite colocar al iniciado -representante de la comunidad- en contacto directo con la deidad). La torre humana no supone más que un modelo más dentro del grupo de las representaciones que muestran el establecimiento de una comunicación de niveles permitiendo la aproximación del mundo profano al sagrado, del mundo humano al divino. Ni que decir tiene que el lugar sobre el que se erige la torre, punto donde se permite la conexión de niveles, es un centro del mundo (9).

Una vez establecido el puente entre niveles cósmicos que permite al oficiante entrar en contacto directo con la divinidad, éste se encuentra en disposición de dar sentido a todo lo anterior, que no ha sido más que mera preparación: solicitar la intervención sagrada en favor de la comunidad que a ella se dirige. Para ello, le habla directamente, le transmite la necesidad de su intervención para la protección de las personas y las cosechas. Desde esta perspectiva, el rito en cuestión es la culminación de toda una entramada que lo sustenta y que, lógicamente se establece en el período festivo, momento sagrado por excelencia en el que esta aproximación a la realidad superior es expresamente propiciada.

____________
NOTAS

(1) Informantes: Jesús Moreno y Miguel Capellán, naturales de Hervías. Datos tomados el 3-5-86.

(2) Informantes: Ignacio Villaro, Jesús Villaro y Santiago cuesta, naturales de San Asensio. Los datos fueron tomados el 16-12-84.

(3) Sobre el empleo de la gaita de odre en La Rioja, su morfología (ronco sobre el hombro del músico), el tipo de melodías utilizadas y su presencia en Briones (además de otras localidades riojanas), realicé hace algún tiempo un trabajo que, bajo el título "La gaita de odre en La Rioja", fue publicado en el cuaderno nº3 de la Sección de Folklore de la Sociedad de Estudios Vascos, p. L99-221 (San Sebastián. 1990). Sobre Briones. p. 207-209.

(4) Informante: Manuel Merino, natural de Briones. Datos obtenidos el 3-8-85

(5) Grabación realizada en Briones con los gaiteros el 3-5-85

(6) Informante. Eduardo Martínez, natural de San Vicente. Datos obtenidos el 27-9-85.

(7) Grabación realizada en Logroño el 23-9-84.

(8) En la localidad de Labastida, se conformaban torres humanas a base de jóvenes durante la romería al monasterio de Toloño. También en Cenicero he presenciado estos castillos durante las fiestas, a cargo de cuadrillas de jóvenes que pugnaban por levantar el mayor número posible de niveles, con los consiguientes accidentes. Se trata en ambos casos de ejercicios de habilidad y de competencia más que de verdaderas estructuras coreográficas ritualizadas dentro de ciclos de danzas.

(9) La ciencia de las religiones ha descrito un gran número de ejemplos al respecto. Para cualquier estudioso del folklore, casi resulta superfluo, por sobradamente conocido, traer a colación el trabajo realizado por M. Eliade sobre este tema ("Lo sagrado y lo profano", preferentemente el cap. I: "El espacio sagrado y la sacralización del mundo; Mitos, sueños y misterios" , VI: Simbolismos de la ascensión y sueños despiertos; más especializado aún en "El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis", cap. IV: La iniciación chamánica, cap. VI: El chamanismo en el Asia Central y Septentrional, y cap. XIII: Mitos, símbolos y ritos paralelos).