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LA MOJADA DE LOS SANTOS. Un remedio mágico-religioso contra la sequía que los vecinos de Caballar, Segovia ponían en práctica desde 1982

BLANCO, Carlos

Publicado en el año 1992 en la Revista de Folklore número 141.

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La mañana del 9 de mayo apareció luminosa en el pequeño pueblo segoviano de Caballar de la Sierra, a cinco kilómetros de Turégano. El cielo tenía ese azul intenso que sólo puede verse en esas tierras altas de Castilla. Ni una sola nube empañaba los amplios horizontes que se divisaban desde su iglesia de la Asunción, situada en lo más alto del pueblo. A media mañana el sol comenzaba a picar. Desde las vicarías de la comarca llegaban hasta la parroquia de Caballar los amplios pendones y cruces procesionales de los pueblos de Arevalillo, Veganzones, Turégano, Cubillo, Guijarro, Otones, Torreiglesias, Muñoveros y Caballar. Todos alcanzando la explanada de la iglesia en una abigarrada procesión de vecinos.

Desde 1982 no se juntaban tantos. Cerca de dos mil sumando a curiosos y forasteros. Este año, al igual que aquel, la sequía les amenazaba con agostar las cosechas. Algo que bajo ningún concepto están dispuestos a consentir. Sobre todo si poseen un remedio extraordinario, infalible, para tan gran mal. Tras diez años de no necesitarlo, volvieron a poner en práctica el rito de la "mojada" de los santos. La inmersión en una fuente sagrada de los cráneos de San Valentín y de Santa Engracia, los hermanos de San Frutos, patrón de Segovia. Previamente y como vienen haciendo desde tiempo inmemorial, celebraron la novena y pidieron el preceptivo permiso de hacer la "mojada" al obispo de Segovia, que no siempre lo otorga.

CUANDO UNA VEZ NO BASTA

El radio de acción milagrosa de los Santos Valentín y Engracia llega a las vicarías de los pueblos de Turégano, Fuentepelayo, y Pedraza. El pueblo de Turégano es el primero que ha de pedir, junto con el de Caballar, permiso al Señor Obispo para cumplir con el rito. En el caso, bastante improbable, de que la lluvia no haya satisfecho a las tierras, el pueblo de Fuentepelayo, conjuntamente con el de Caballar, solicita de nuevo el permiso. Si aún no cae suficiente agua, la vicaría de Pedraza es esta vez la encargada de pedir la “mojada”. El remedio es infalible y, según está documentado en los archivos parroquiales, desde el siglo XVI sólo ha sido necesario hacer una vez esta triple ”mojada” de los cráneos de San Valentín y Santa Engracia.

El sábado 9 de mayo de 1992 volvieron a utilizar este sistema para remediar la sequía. Pendones carmesíes, estandartes, cruces procesionales, varas de mayordomos, la urna conteniendo las preciadas reliquias llevada en andas, curas, jueces de paz, alcaldes y un millar largo de vecinos de todos los pueblos de los alrededores bajaron, soportando un sol implacable, desde la iglesia de Caballar hasta la ermita de la Fuente Santa, al final de un extenso prado a unos dos kilómetros del pueblo. Todo eran rogativas, cánticos y oraciones. y con ellos algunas críticas. Una mujer murmuraba al ver como los de su pueblo portaban las cruces y estandartes.

-Así no es, y si no lo llevan bien no funciona.

Ya en el prado, con la presencia de los nueve pendones de los pueblos los curas celebraron la misa ante los cráneos de los Santos. Enfrente, sentados y sujetando sus varas de mando, los alcaldes de los pueblos. El primer predicador se curaba en salud diciendo que la “mojada" era sólo un acto de fé. Otro, poco después, explicaba que la lluvia no se la piden a los Santos, sino a Dios por medio de ellos.

Valentín y Engracia fueron los dos hermanos de San Frutos. Durante la invasión de los moros huyeron a las hoces del Duratón, cerca de Sepúlveda, donde vivieron como ermitaños en las grutas y cuevas que por allí abundan. Al morir San Frutos, los hermanos marcharon al pueblo de Caballar. Vivieron dedicados a la oración en una pequeña iglesia ya desaparecida y de la que sólo queda una cruz de piedra. La ermita estuvo dedicada a San Zoilo y allí mismo fueron decapitados por los moros en una de sus frecuentes razias por tierras de Segovia. Sus cabezas fueron halladas en el agua de la fuente donde ahora sumerjen sus reliquias cada vez que hay una extraordinaria sequía. Eso es lo que dice la tradición.

El sábado lO de mayo, a las dos de la tarde, ante un silencio estremecedor, el cura de Caballar, temblando de emoción, cogió en sus manos la urna donde se guardan los cráneos de Valentín y Engracia y los sumergió por tres veces en el agua verde de la Fuente Santa. El relicario, una maravillosa pieza hecha de plata en el año de 1610, guarda en el cuerpo inferior la cabeza de San Valentín, y en el superior la de Santa Engracia. Antiguamente el rito de la "mojada" se hacía introduciendo los cráneos en la fuente por medio de una cesta de mimbre pero, según cuentan, no dejó de llover en varias semanas hasta que encontraron en el fondo del pozo un huesecillo que se había desprendido de la reliquia. Desde entonces la inmersión, para que no llueva más de lo rogado, se hace con urna y todo.

LA PROXIMA, EN EL 2000

El rito de la "mojada" de los santos volvió a repetirse en Caballar. Sabe Dios cuántos años han de volver a pasar hasta que otra sequía les obligue a inundar por tres veces las cabezas sagradas. Pero si es necesario que nadie dude que lo harán. Aquel sábado, mientras volvían en procesión al pueblo al comienzo de la tarde, los rostros de los vecinos aparecían más relajados y risueños que por la mañana. Una suave brisa hacía tremolar sus pendones y estandartes. Las nubes comenzaban a salir tras la sierra de Guadarrama.