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MITOGRAFIA AZOREANA (CUENTOS POPULARES DE ISLA DE SAN MIGUEL)

DA SILVA, Armando

Publicado en el año 1993 en la Revista de Folklore número 145.

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"La Mitografía es una ciencia relativamente nueva que se ocupa del estudio de las cuestiones que atañen al origen y transmisión de los cuentos tradicionales, en los cuales hay una gran cantidad de datos útiles a la sociología -como ya reconoció Litré- y a las ciencias antropológicas".

La primera colección de cuentos genuinamente populares es la de los hermanos Grimm, publicada de 1812 a 1814 con el título Kinder und Hausmärchen, a la que los propios recopiladores añadieron varias notas comparativas en 1822. Desde entonces, comenzaron a aparecer en todos los paises numerosas colecciones de cuentos populares, siendo especialmente muy curiosas, por la inesperada revelación de sus paradigmas, las colecciones eslavas. Incluso el tesoro tradicional de los esquimales, conservado en lengua innok y confinado en la tierra verde de los mares árticos, fue desvelado en 1874 por el abad Morillot, seguido posteriormente por el infatigable americanista Em. Petitot.

En la exploración folklórica de las Azores, uno de los más ricos centros etnológicos de Portugal por la persistencia (determinada por su aislamiento) de las tradiciones que se van olvidando en el continente, hay mucho que recoger y estudiar para la Mitografía. Los primeros cuentos populares azoreanos fueron recogidos por Teófilo Braga en sus Cuentos tradicionales del pueblo portugués (Oporto, 1883). En el primer volumen de esta abundante recopilación de literatura tradicional se ofrecían veinticinco cuentos originarios de Isla de San Miguel, donde mi ilustre maestro y amigo obtuvo versiones redactadas por niños. He aquí la lista de esas lecciones: O mestre das artes, Maria Subtil, O coelho branco, Clarinha, Bola-bola, Linda branca, O rei escuta, Os sete encantados, As sonsas, A mao do finado, O rei de Napoles, O matador de bichos, As vozes, Santa Helena, O guardador de porcos, O compadre Diabo, O tinhoso o ranhoso e o sarnoso, Os peixes do guardiao, O caso do tio Jorge Coutinho, O tolo e as moscas, Tic-Taco, As orelhas do abbade, Lenda da mae de S. Pedro, A tunica de Christo, O principe mendigo.

Los primeros trece de esta serie, son cuentos míticos de la Aurora, del Sol y de la Noche, y los restantes, casos y facecias de la tradición popular, en alguno de los cuales, por otro lado, también podrían rastrearse elementos míticos.

En 1885 publiqué en la Revista do Minho (pág. 70, col. 2ª. del vol. I) el siguiente cuento mítico, recogido directamente de la tradición oral de Punta Delgada, y cuyo principal interés radica en que constituye un perfecto paradigma de la íntima relación entre el enigma y el cuento:

Era una vez una mujer casada que iba todos los días a la cárcel con su hijo en brazos; un día se encontró con un vasallo del rey que le preguntó:

-¿Qué quiere su merced aquí todos los días ?

A lo que ella respondió:

-Yo ya fui hija y ahora soy madre y el niño que crío es marido de mi madre.

El vasallo se lo dijo al rey, quien mandó llamar a la mujer y le pidió que explicara la "conversa ", porque ninguno de sus súbditos sabía descifrarla, y dijo ella:

-Sí se lo diré, si su majestad perdona la culpa a un preso que está en la cárcel.

Como el rey accediera dijo ella luego:

-Lo que voy a hacer todos los días a la cárcel es alimentar a mi padre con la leche de mis pechos porque hay orden de no darle de comer.

El rey mandó soltar al preso.

La primera versión conocida de este cuento se remonta a la antigüedad pagana y se encuentra en un texto de Valerio Máximo (Factorum dictorumque memorabilum, Lib. IV, cap. IV, pp. 247-8 de la ed. Teubner-Halm); el Cristianismo, en la sincretización que realizó de todos los antiguos cultos y mitos, asimiló la tradición, convirtiéndola en la leyenda de un santo. Mi amigo el distinguido folklorista Leite de Vasconcellos vio, en la Beira Baja un cuadro antiguo con este tema; y el fallecido escritor micaelense Caetano d'Andrade e Albuquerque me comunicó la existencia de otro, italiano, en la misma Punta Delgada, en la galería que fue del inteligente aficionado Antonio Borges, cuyo primoroso jardín, todavía hoy, es una de las más impresionantes maravillas artísticas de la florida capital micaelense. En una litografía sueca se halla, asimismo, reproducida la escena fundamental del cuento; y aún más, Caetano d' Andrade me proporcionó la noticia de una estampa francesa, incluida en un pequeño volumen, edición de bolsillo, donde viene el poemita "Le mérite des femmes" y más poesías de E. Legouvé, publicado en París en 1836. De este grabado que, aparte de la diversidad de posiciones resultante de la composición artística ofrece completa analogía en la exposición del hecho con el cuadro italiano citado pareciendo ser copia del otro, me hacía mi malogrado amigo en una carta, la siguiente descripción: "En la página 53, como ilustración al fragmento:

Celle-la............
.....................
Dans un sombre cachot, d'un époux ou d'un péze(sic).

Accourait chaque jour consoler la misère,

hay una pequeña viñeta que tiene 65 milímetros de alto por cincuenta de largo, representando en una cárcel abovedada a una mujer joven, amamantando a un preso viejo arrodillado sobre pajas; y ella ocultándose de las figuras de unos guardias armados que se vislumbran por las rejas de una lumbrera al fondo, en la pared que está por detrás del grupo".

los cuentos se hallan espaciados en áreas geográficas distantes. Adolpho Coelho recogió en Oporto una variante del cuento de la hija que amamanta al padre, del cual publicó este resumen, también en la Revista do Minho (mismo vol., pág. 78, col. 1ª):

Un rey perdonaba todos los años la muerte de un preso a quien fuese capaz de enunciar un acertijo que él no pudiese adivinar. Un día se presentó a decir un enigma una mujer joven. Sus palabras eran:

Ya fui niña
ahora soy madre:
alimento a mi padre
marido de mi madre
abuelo de mis hijos.

El rey no lo consiguió adivinar y la mujer tuvo que dar la explicación. Su padre estaba preso y ella iba todos los días a alimentarle con la leche de sus senos que le pasaba por el resquicio de una puerta. El rey mandó soltar al preso.

El ilustre profesor asegura incluso que el mismo cuento es corriente en Minho (Cuentos populares portugueses, p. XXXI). Hay de él varias versiones italianas. Bernoni trae una, con el número 63, en las Indovinelli popolari veneziani. Pitré, en sus Novelline popolari siciliane raccolte in Palermo, número 5, publicó también una variante veneciana titulada "la bona fia" en la que se incluye este enigma:

Indovina indovinator:
Figlia io son de l'imperator.
Oggi son figlia, doman son madre
di un figlio maschio, marito di madre.

El mismo folklorista recogió todavía otra versión en Palermo. Otro cuento siciliano, que viene con el número 196 en las Fiabe, Novelle e Racconti de la riquísima biblioteca de tradiciones populares de Pitré, se denomina "lu'nniminu", y tiene el enigma siguiente:-

Oggi e l'annu mi fu patri,
Ed aguannu mi fu figghiu,
e lu figghiu che nutricu
e maritu di me matri.

En la variante micaelense, como se ve, se perdió la forma métrica del enigma, persistente en las versiones de Oporto, en Venecia y en Sicilia,

De otro cuento, vivo todavía hoy en la tradición azoreana y totalmente desaparecido en el continente donde apenas se conserva memoria de él a través de la locución proverbial "La fe es la que nos salva, no la madera de la barca", publiqué también en la página 14 de mi opúsculo Folklore e Dialectología de Espozende (Espozende, 1890) la siguiente versión micaelense:

Una joven que estaba muy enferma y ya desengañada de los médicos pidió a su novio que le trajese de la ciudad santa un trozo de madera de la cruz en la que Cristo murió, para tomar en vino y ver si así mejoraba. El enamorado se olvidó del recado de la moribunda y, al regreso, cortó una astilla de la madera del navío en que volvía para engañar a la joven. Como ésta se curase después de tomarlo disuelto en vino, dijo él: -La fe es la que nos salva, y no la madera de la barca.

De este cuento publicó Henry R. Lang otra versión, de la Isla de Faial, en la Zeitschrift fur romanische Philologie, Vol. XIII, p. II. El cuento de la madera de la barca era muy popular en Lisboa hace cuarenta años, según información de Gonçalves Vianna (Revista Lusitana, vol. II, p. 50, nota); y en la Revista do Minho, en el vol. XI, col. 160, publicó J. J. Gonçalves Pereira la siguiente variante, recogida en la parroquia de Cidadelhe, concejo de Mesao Frio:

Había un hombre que estaba enfermo con altas fiebres. Un día que un amigo fue a una tierra donde había un santo milagrero abogado contra las fiebres, pidió el enfermo a ese amigo que le trajese unas raspaduras de los pies del santo, que ciertamente sanaría con eso. El sujeto fue, pero bien porque el sacristán de la iglesia no consintiera en que tocasen en la imagen, bien porque se olvidara, como tuviese que atravesar un río, se fue hacia una barca y, raspa que te raspa, consiguió reunir unas virutas que llevó a su amigo. Este las tomó inmediatamente en una copa de agua y se curó. Después de esto decía el pobre hombre al verlo: -Lo que salva es la fe, no la madera de la barca.

Este cuento pasó en Lordelo; quien quisiera saber si es verdad, que vaya a verlo. "Acabou a historia porque morreu o burro á Victoria ".

También Bernoni halló una versión de este cuento en Venecia, que Gubernatis cita en su Mythologie des Plantes, vol, I, p. 17. En el cuento veneciano figura también un hombre atacado de fiebre. Un titiritero le aconseja que tome como remedio un pedazo de la cruz de Cristo y el enfermo le da el dinero bastante para que se lo vaya a buscar; el engañador, sin embargo, hace hervir en una olla un trozo de costilla de una barca vieja con lo que el enfermo se ve libre de fiebres. La forma del proverbio en el cuento veneciano es ésta:

Siropo de barcazza
La freve descazza.

En Tempo, de Lisboa (nº. 493, de 31 de mayo de 1890) publiqué otro cuento micaelense más del que no conozco ninguna versión moderna y del que, si la memoria no me falla, existe un paralelo en la literatura búdica de la India. Hélo aquí conforme lo recogió de la tradición oral mi preciado amigo e inteligente poeta Eugenio Moniz:

Había una mujer que vivía muy mal con su marido, quien todos los días le pegaba al llegar del trabajo. Un día la mujer se fue a la fuente y se puso a llorar maldiciendo de su vida, cuando se le apareció una viejecita que le preguntó qué le pasaba. La mujer le contó la vida que llevaba con el marido y la vieja la dijo: -Vete, hija mía, para tu casa y cuando entre tu marido tomas un buche de agua de esta botella, porque en cuanto lo tengas en la boca él no te ha de tratar mal.

La mujer fue para su casa y así lo hizo. De ahí a unos días ya se llevaba bien con su marido; cuando el agua se acabó fue a pedírselo de nuevo a la viejecita y ella le dijo: -El agua que te di era de la fuente, pero en cuanto te la ponías en la boca no podías contestar a tu marido y él se callaba. Vete para casa y cuando él te regañe, imagina que tienes la boca llena y no le respondas si quieres vivir en paz.

Y desde entonces, nunca más vivieron mal.

La literatura popular de las Azores es un campo muy rico donde queda mucho por espigar; uno de los temas más bellos es la antigua historia de "Mariquita", de la que Teófilo Braga publicó, primero en la Revista de Estudos Livres (año II, p. 66 y ss.) y después en Povo Portuguez (vol. II, p. 437), una versión con forma estrófica de la Isla de San Jorge que yo oí contar muchas veces en San Miguel, en mi infancia, ya prosificada. Esa historia de "Mariquita" y del ratoncito Pérez hacía entonces mis delicias de la misma forma que ya en el siglo XVII, en tiempo de D. Francisco Manuel de Mello era "el hechizo de los niños" (Feira dos Anexins); más tarde, cuando la reencontré en las márgenes del Ganges, en Grecia, en las provincias de Italia, en Lorena, en Cataluña, por todo Portugal y en tantas otras partes; cuando descubrí en ella una reminiscencia del mito de Indra, tal vez la descripción completa de la revolución que se efectúa en las veinticuatro horas del día, según la interpretación de Gubernatis, su estudio científico hecho para mi libro sobre la literatura oral de Fundao, me procuró horas de un inefable placer intelectual, tan puro e intenso como el que me causara su narración ingenua en el pasado. Y como esa admirable flor del rico campo de la tradición azoreana, cuántas otras, trascendiendo igualmente el delicioso perfume de poéticos mitos, están a la espera de una piadosa mano que las recoja y de una inteligencia afectuosa que las recupere en el vivero exuberante del folklore de nuestra tierra.

NOTA DE JOAQUIM DE MONTEZUMA DE CARVALHO

Me encontré con este delicioso estudio de una obra de inspiración colectiva que retrata la cultura azoreana en todos sus aspectos. Se titula " Album Açoriano" y fue publicado en Lisboa en 1903. Muestra una pulcra y atractiva presentación gráfica, con abundantes fotografías. La estética de la edición, lanzada por la librería Bertrand de Lisboa, es la francesa de la "belle époque" (René Lalique, etc.). Es una obra rarísima, muy apreciada por los azoreanos que recuerdan otros tiempos y lo desean conocer. El estilo de la edición recuerda el de los álbumes de fotografías familiares que se tenían en las salas de visitas... Un libro con calidad decorativa más allá de la esencia de su valor cultural.

Sé que los lectores de la Revista de Folklore también verán con simpatía la exhumación del texto de Armando da Silva "Mitografía azoreana: Cuentos populares de la Isla de San Miguel", publicado en las páginas 41-45 del Album açoriano.

Armando da Silva (por nombre completo Armando Julio da fonseca Costa e Silva) nació en la Isla de San Miguel en 1871 y falleció en Lisboa el 17 de septiembre de 1910. Llegó a Lisboa a los catorce años y muy pronto ejerció el periodismo. fue Director del "Correio da Noite", "Progresso", "Comercio de Portugal"; redactor y secretario de "Novidades" y, junto a Emidio Navarro, del "Jornal da Noite". Otros órganos de prensa -"Seculo", "Economía Portuguesa", "folha do Povo", "Ilustraçao Portuguesa", "Seroes", etc. contaron con su esporádica colaboración.

Fue director del Museo-Acuario de Algés, habiendo escrito un libro de divulgación sobre oceanografía para la colección pedagógica "Biblioteca do Povo e das Escolas". Compuso un romance histórico sobre la "Reina Santa" y otros libros.

Este azoreano, pese a estar más vinculado a Portugal, nunca dejó de sentir las islas que le forjaron. Su estudio sobre algunos cuentos populares que circulaban todavía vivos en la Isla de San Miguel, la de su cuna, respira un amoroso cuidado, en síntesis perfecta, denotando que no es el fácil artículo de un periodista sino la condensación primorosa de una mente que vivió el tema a lo largo de años de reflexión y lectura.

El autor afirma en su hermoso estudio que los primeros cuentos portugueses "fueron recogidos por Teófilo Braga en sus “Cuentos tradicionales del pueblo portugués" (Oporto, 1883). Quiero destacar aquí que los trabajos de Teófilo Braga (1843-1924) fueron pioneros en ese campo, como en muchos otros. Con la llegada de la República (5 de octubre de 1910), fue presidente del primer gobierno provisional y, más tarde (1915), ascendió a Presidente de la República.

No tengo ninguna duda al afirmar que Armando da Silva recogió el ejemplo fructífero de su ilustre coterráneo. El destino no quiso que Armando da Silva viese el triunfo de las ideas republicanas en Portugal y, con ellas, el de su amigo y antiguo maestro, el polígrafo Teófilo Braga. Al resucitar este texto no podíamos desvincularlo de los grandes cambios que alcanzaron a la sociedad portuguesa en los comienzos del siglo XX.