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COFRADIAS PENITENCIALES EN EXTREMADURA

DOMINGUEZ MORENO, José María

Publicado en el año 1993 en la Revista de Folklore número 146.

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I.-INTRODUCCION

Empalados, disciplinantes, cirineos y engrillados han configurado en la Alta Extremadura la expresión más sublime del dolor de hombres y de mujeres que, por distintas razones, han tratado de emular el sufrimiento de Cristo (1). Algunos documentos, como las actas fundacionales de las cofradías, no dejan dudas sobre el particular: “(...) teniendo deseo en memoria de la passion de christo Rtor. nro. y en Remisión de nras. culpas derramar nra. humana sangre por tan buen señor" (2).

Por lo que respecta a los flagelantes, costumbre ésta que estuvo muy arraigada en la Península y que en Extremadura se extinguió a lo largo del siglo XVIII, contamos con datos suficientes que nos permiten conocer cómo se desarrollaba en la población cacereña de Ahigal, lo que equivale, por aquello de las similitudes ya pesar de algunas escasas particularidades, a conocerla en el resto de Extremadura.

11.EL CASO DE AHIGAL

El 6 de marzo de 1542 se instituyó oficialmente en Ahigal la coffradia de la cruz de xº Redentor nro., que popularmente será llamada de la Vera Cruz. Sus estatutos constan de un total de 37 capítulos, en los que se reflejan aspectos de organización, sociales, de régimen interior, etc. Ocho de ellos se dedican a cuestiones referentes a la disciplina y a los disciplinantes, lo que no deja lugar a dudas sobre su importancia en la vida de la cofradía. Así reflejan los estatutos el acto penitencial del Jueves Santo:

Yten ordenamos q. el Jueves Sancto en la noche en haciendo señal con la campana se Junten en la casa de cabildo / o hospital todos los cofrades y vayan aparejados de mortajas y diciplinas para se açotar: Y ansi juntos se despojen sus vestidos con toda honestidad y silencio posible y tengan en la dicha casa el crucifixo y aparejados dos muchachos con dos hachas que vayan con el crucifixo y canten a sus pasos y digan: En memoria de la passion de Jhris. Xº. Y ansi saldran todos los coffrades en seguimiento del crucifixo ordenadamente en procession como ya donde oviere concertado en el cabildo proximo passado y el coffrade que no vinyere a esta procession / o se dexare de açotar siendo de diciplina estando tres leguas alrededor deste dicho lugar caya en la pena de una (3) libra de cera: essi algun coffrade dixere q. no esta en disposicion para se diçiplinar sea visto y examinado por el mayordomo y diputados y si hallan ser ansi no sea obligado a se diçiplinar conttanto q. pida la dicha lict. y no la pidiendo pague la pena como dicho es.

A esta diçiplina han de estar todos los coffrades dispuestos en la consciencia, a lo menos confessados y remitidas y perdonadas sus ynjurias unos a otros: y para esto sean obligados el mayordomo e diputados a hazer algun timpo antes q. salgan a la diçiplina y saber de cada uno dellos por si, si estan confessados / o si estan en alguna enemistad. En pbmte. se publica y procuren de los amistar antes q. salgan. y al q. no quisyere venir en amistad de su proximo / o estuviere excomulgado, no consientan que salga en procession alguna ny estar en cabildo pue. ya no se guarda ny representa a la hermandad q. prectendemos. Esto sean obligados a hazer el mayordomo y diputados so pena de cinco libras de cera: y sea la pena del q. no viniere confessado / o no quisiere venir en amystad de su proximo dos libras de çera, salvo si diere Justa excusacion y esto sea con acuerdo del cura q. es o fuere y sinn el no se admyta excusaçion alguna so pena de las penas dichas. En esta proçession como dicho es se deve guardar toda orden y silencio q. nadie vaya hablando ni parlando en ella y se ha de evitar toda vanagloria y huir toda ocasion para ello como es llevar una cosa señalada para ser conoçido ny han de yr via mujer alguna alunbrando a los diçiplinantes ny se ha de dar lict. para q. muger alguna se açote entre los cofrades so pena q. el q. hiziere lo contrario de qualquiera cosa destas de q. se avisan / o hiziere otra cualquiera desonestidad caia en pena de una libra de çera.

Acabada la processión tenga nro. mayordomo aparejado lavatorio con q. nos lave a todos los coffrades las espaldas y nos laven por la misma orden q. bolvieremos a entrar en casa sin tener aception de personas: este lavatorio haga el mayordomo y los que más fuere necessario segun la cantidad de los coffrades diçiplinantes y no laven mugeres por ninguna via. El mayordomo y los necessarios q. el escojere y señalare para este lavatorio no sean obligados a la diçiplina pero a todo lo demas si.

Yten ordenamos q. nro. mayordomo a quenta de la coffradia sea obligado a darnos colaçion acabado el lavatorio de lo q. a el y a los diputados mejor les pareciere so pena de çinco libras de çera. Y si fuere caso q. la coffradia no tuviere de q. traten dello en el cabildo del día de Ramos para si alguno quisiere darla / o ayudar para ella. Y no aviendo de q. darse ni quien la quiera dar se pida por dios por las calles de manera q. no se dexe de dar. Y todo lo que sovrare desta collaçion se de a los pobres neçessitados los q. a nro. mayordomo y diputados les pareçiere (4).

Esta larga cita presenta con claridad el entramado sobre el que se sustenta la práctica religiosa ahigaleña, en algunos de cuyos puntos es necesario detenernos. El domingo de Ramos, también llamado domingo de Lázaro, los cofrades, haziendo la sañal con la canpana como es costumbre, asisten al cabildo o samblea general y en él, amén de otras cuestiones de trámite, se hablará del orden q. se ha de guardar en la diçiplina y honestidad, a sosiego y silencio q. se deve tener ansi en el acto de la diçiplina como antes en el juntarse, desnudarse, vestirse, lavarse y Reçibir la colaçion, ya donde se ha de hazer la proçession... (5).

Para la noche del Jueves Santo todo ha de estar dispuesto. Al atardecer de ese día los hermanos se reunen en el hospital, hoy desaparecido, que estaba en la plazuela de la Iglesia. Allí procedían a vestirse el hábito de flagelante que cada uno guarda en su casa. Dicho vestido recibe en los estatutos el nombre de mortaja, puesto que también con él era enterrado el cofrade muerto. Tenía forma de un alba completamente cerrada por delante y con una doble botonadura a la espalda, lo que permitía dejar ésta al descubierto en el momento de la flagelación. La cabeza se cubría con una caperuza ajustada para impedir que el sujeto fuera reconocido. El cofrade disponía además de su propia disciplina. La más usada en Ahigal consistía en una empuñadura metálica de la que salían tres látigos terminados en abrojos de cobre.

No todos los cofrades gozaban de los medios económicos que les permitiera ser poseedores de mortaja y de disciplina. En tales casos cuenta la cofradía con mecanismos suficientes para solucionar el problema y, por este motivo, aconseja que las mujeres miembros de la hermandad tengan sus mortajas para q. si fuere menester las presten a los coffrades pobres / o a otras personas q. se quisieren diçiplinar (6). Estas túnicas, tras el uso, han de volver a sus respectivas dueñas, ya que constituyen las únicas prendas femeninas mortuorias. Para los enterramientos de los menesterosos la Vera Cruz cuenta con una mortaja de estopa, "de quita y pon", a finales del siglo XVI (7), número que se incrementará con el paso de los años. A los faltos de disciplina la hermandad les cede las que son de su propiedad, que hacia 1550 contabilizaba tres: una enteramente de plata, otra con empuñadura de plata y abrojos de cobre, y la última enteramente de cobre. Sin embargo, con el tiempo, pasará a ser dueña de gran cantidad de estos útiles de sacrificio, tanto para venderlos como para prestarlos a los cofrades pobres:

Yten odenamos q. por q. la diçiplina son ynstrumentos con q. los cofrades sirven en esta coffradia tienen necessidad de ellas para prestar a coffrades pobres y a otras personas q. se quisieren açotar y el difunto no tiene q. hazer dellas, q. el coffrade q. muriere dexe la diçiplina q. tuviere buena o mala a la coffradia (8).

En la cofradía de la Vera Cruz de Ahigal distinguimos tres tipos de hermanos: disciplinantes, hacheros y mujeres. Estas últimas, aunque no sufren el castigo de la flagelación, son poseedoras de mortajas y, en ocasiones, de disciplinas. Su función en la noche del Jueves Santo es la de que:

(...) vayan alumbrando a los q. acompañan los diçiplinantes con sus velas q. les ha de dar la coffradia (...) gozen de todo lo q. gozan los coffrades salvo q. no gozen de la colaçion ny aun entren en la casa do se desnudan e visten (9).

Por lo que respecta a los coffrades de hacha, los estatutos de la Vera Cruz son muy precisos y a ellos dedican tres capítulos, destacando que serán hacheros los ancianos y los enfermos incapacitados para el castigo físico:

Yten ordenamos q. por q. personas q. no se pueden diçiplinar como son viejos, enfermos, flacos de complision, y no sería razón q. por eso se les negase nuestra hermandad: Por tanto permytimos q. los tales sean obligados a sustentar todos los dias de su vida una hacha de quatro pavilos a su costa q. no sea de tres libras abaxo con q. alumbre en la procession el Jueves Sancto a los q. se van açotando: Y esta hacha sea de la coffradia el dia q. el tal coffrade muriere chica / o grande qual quedare (10).

El resto de los cofrades se incluyen en el grupo de los disciplinantes. La edad de estos oscila entre los veinte años, mínima exigida para formar parte de la hermandad, y los cincuenta y cinco, ya
(...) q. teniendo la dicha edad cumplida se dispensaran el para q. no se açoten, e vaya alumbrando en la procession con una vela / o hacha (11).

Una cláusula señala que no serán coffrades de diçiplina los que se hayan inscrito teniendo una edad superior a los cuarenta y cinco años, y otra apunta que la dispensa a los débiles y enfermos vendrá dada por el mayordomo y cuatro diputados de la hermandad tras un riguroso examen.

111.NUMERO DE HERMANOS Y PROCESION

No conocemos con exactitud el número de hermanos disciplinantes con que cuenta la cofradía de la Vera Cruz de Ahigal en ningún momento de su dilatada historia, aunque sí disponemos de datos que nos permiten cotejar el total de cofrades en fechas concretas. Así en 1550 aparecen inscritos 189 miembros, de los que solamente 69 son hombres. Esta cifra se incrementa cada año hasta 1615, con una media de veintidós personas, sin que se anoten las bajas por fallecimiento, emigración, etc. El aumento sigue siendo la tónica dominante, como se desprende de la anotación que don Francisco Zapata y Mendoza, obispo de Coria, hace en el libro de visitas en el año 1650, referente a que en la Vera Cruz ai muchos cofrades (12).

No se registrará un nuevo recuento hasta 1737, fecha en la que los hermanos ascendían a 191, añadiéndose al cómputo unos diez miembros por año, hasta 1758. En 1741 la cifra total de mujeres era de 117, por debajo de la que constatamos dos siglos antes. Una década después se recoge en el cabildo la preocupación porque muchos hombres, para ahorrarse las limosnas anuales, retrasan la entrada en la cofradía hasta muy avanzada edad, y se toman las medidas para obligar a una inscripción acto seguido de contraer matrimonio.

Todo nos hace suponer que los disciplinantes de la Vera Cruz a mediados del siglo XVIII no llegaban a la mitad de los hombres cofrades. A los viejos, a los enfermos y a los flacos de complision hay que añadir los que se toman la licencia por su cuenta. Estos últimos debieron conformar una cifra poco despreciable, como se deduce de un párrafo aprobado por el cabildo reunido el 28 de marzo de 1751 :

(...) para q. la Cofradia no padezca en lo de adelante escasez de zera se cobren en el Agosto de cada año las medias piezas que deben pagar los faltos a la disziplina y prozesion de Jueves Santo... (13).


Tras este paréntesis pasamos a describir la procesión penitencial del Jueves Santo. Sale la misma del hospital, precedida por un crucifixo de bulto portado por uno de los cofrades y alumbrado por dos muchachos que llevan sendas hachas. Estos, a cada trecho, dirán en voz alta: En memoria de la pasión de Jesuchristo. Por detrás, siempre en hilera, caminan los disciplinantes, separados entre sí por media docena de metros. Llevan las espaldas al descubierto para recibir los golpes de la autoflagelación. También los pies van descalzos. Cada flagelante es acompañado por uno o varios hacheros que le alumbran el camino. Las mujeres cofrades marchan algo alejadas de los penitentes, aunque con sus velas iluminan el acompañamiento. El silencio domina el trayecto.

Tras el paso por el calvario, la procesión se encaminaba a la plaza del Concejo. En este punto se detenía la marcha para escuchar el sermón o plática de penitentes. Tal acto fue prohibido en 1692 por el obispo de la diócesis:

Ytten por quanto somos ynformados que la noche del Juebes Santo se lleva a la Casa Concejo el santo Christo en procesión y que allí le ponen y predican la plática de penitentes, contra la reberencia que se debe tener. Por tanto y procurando el que se destierre este abuso y que no se falte al santo monumento mandamos que de aqui en adelante la plática de penitentes se haga en la yglesia y acabada si no hubiere otra función que salga la procesión por las estaciones acostumbradas, sin parar en la dicha Casa del Concejo y lo cumpla el cura y demás personas, hermanos de la Cofradía de la Bera Cruz...(14).

Desde la plaza la procesión se dirigía en línea recta hasta el hospital. Aquí se cambiaba la mortaja por la ropa de calle, no sin que antes se procediera al lavado de las espaldas de los disciplinantes. De este menester se preocupaban el mayordomo y otros cofrades rebajados de la disciplina. Desconocemos los mecanismos curativos, puesto que en los libros de la cofradía faltan alusiones sobre el particular. Unicamente en un inventario del siglo XVI se anotan quatro esponjas para lavar las espaldas. Sí se sabe que antes del lavatorio con agua los hematomas eran pinchados para sangrarlos (15), siendo luego frotados con aceite de oliva y vinagre.

En la función del lavatorio no tomaban parte las mujeres, como tampoco participaban en la colación o comida que acto seguido daba la cofradía para que los maltratados disciplinantes repusieran sus fuerzas. No sabemos con absoluta fidelidad en qué solía consistir el refrigerio, puesto que las cuentas no abundan en detalles y tan sólo en la partida de 1579 se cita como gasto una fanega de trigo en la colación del Jueves Sancto, lo que al precio de entonces equivalía a dos reales.

IV.OTRAS SALIDAS

Además de la procesión de disciplinantes del Jueves Santo la Cofradía de la Vera Cruz de Ahigal saca a sus flagelantes a la calle en casos de rogativas (plagas, epidemias, sequías...), muy corrientes en los siglos de auge de la hermandad. En estas ocasiones el regimiento (ayuntamiento) acudía a la cofradía a solicitar la práctica penitencial para que el sacrificio de sus miembros aplacara la ira de Dios. Así lo recogen los estatutos:

Ytten ordenamos q. cuando quiera q. fueremos llamados por el regimiento desde pueblo para q. hagamos alguna procession y nos diçiplinemos / o por pestilencia / o alguna necesidad q. hagamos cabildo general e q. si los mas acordaren hazerse q. se haga la tal procession a diçiplina con tanto q. el pueblo nos de quatro libras de cera y dos reales para la colacion. E si no quisieren dar la dicha cera no se lleve cera alguna encendida ny velas (16).

V.PROHIBICION

Estamos en condiciones de afirmar que hacia mediados del siglo XVIII los disciplinantes o penitentes de sangre abundaban a lo largo y ancho de la Península, adscritos en su mayor parte a las cofradías de la Vera Cruz. Pero la proliferación alcanzaba cotas elevadas en la Alta Extremadura.

Mas no todo debía transcurrir como el espíritu estatutario marcaba. Algún autor de la época, como es el caso de Gonzalo Korreas, nacido en el pueblo de Jaraiz de la Vera (Cáceres) en 1570, se hace eco de la costumbre y la censura de forma semejante a como se hará a finales del siglo XVIII:

El Jueves Santo van muchos alumbrando la procesión y los penitentes suelen salir de ella porque van muy llagados, o para andar más estaciones, y hacen señas al que les parece de los que alumbran y van por hacer aquella buena obra; pues ha sucedido en tales casos sacar la malicia el penitente a su enemigo y llevarle a parte segura, donde tomó venganza por si mismo o con gente prevenida, y no ha mucho sucedió en Plasencia tal caso. En mi lugar oí, siendo muchacho, sucedió que uno iba alumbrando a un penitente para una ermita afuera del lugar, y en una calleja angosta, el penitente alzó las faldas al que alumbraba, que no sintió bien de ello, se adelantó y echó a correr por unas viñas y le dejó solo... (17).

Pasarán más de dos siglos para que un obispo ilustrado de Plasencia informe al Consejo de Carlos III sobre el cariz nada ortodoxo de la práctica penitencial en el norte de Cáceres. El monarca no pierde el tiempo y, por real cédula fechada el 27 de febrero de 1777, prohibe ésta y otras costumbres en sus dominios. He aquí el fragmento que nos interesa:

(...) de haber penitentes de Sangre o Disciplinantes y empalados en las procesiones de Semana Santa, en las de la Cruz de Maio, y en algunas otras de Rogativa, sirviendo solo en lugar de Edificazion, y de Compunzion, de desprezio para los prudentes, de diversion, y griterio para los muchachos, y de asombro, confusion y miedo para los Niños y Mujeres, a los cual y otros fines aun mas perjudiziales suelen dirigirse los que lo hazen y no el buen exemplo, y a la espiazion de sus pecados: en segundo punto esclama contra las Prozesiones de noche por ser una Sentina de Pecados en que la Gente Joven y toda la demas viziada se vale de la concurrencia de las tinieblas para muchos desordenes, y fines reprobadas que no pueden ympedir las Justizias aun siendo celosas...

Entre otras cosas se acordó espedir esta misma Celula, por la qual os mando a todos, y a cada uno en vuestro destrito, Jurisdizion no permitan disciplinantes, empalados, ni otros espectaculos semexantes que no sirven de edificazion, y pueden servir a la yndevocion y al desorden en las Prozesiones de Semana Santa, Cruz de Maio, Rogativas ni en otras algunas...ni consitais prozesiones de noche, haziendo las que fuere costumbre, y saliendo a tiempo que esten recogidas y finalizadas antes de ponerse el sol... (18).

La orden real causó el efecto apetecido. Los disciplinantes desaparecieron de todas las festividades religiosas a partir de 1778. Tras un largo período de inactividad la práctica volvió a recuperarse, pero nuevas advertencias y sanciones episcopales la hundieron en el abandono y posterior olvido. La muerte del ritual supondría la teórica muerte de la cofradía que la sustentaba y que, como hemos visto en Ahigal, había surgido en función de la disciplina.

En este pueblo la Vera Cruz ha de soportar aún la suspensión del acto del Descendimiento que ella sostenía, en 1788, así como la anulación de prácticas religiosas nocturnas que sufragaban los cofrades, a partir de 1802. De esta manera la hermandad se convirtió en una sociedad fantasmagórica, y no es de extrañar que en el cabildo celebrado en el año 1839 se diga que la apatía de los cofrades es tal que ya ni siquiera se molestan en acudir a los entierros.

VI.DE ORIGENES Y SIGNIFICADOS

A lo largo de las páginas anteriores nos hemos referido a unos rituales que, aunque gozaron de gran pujanza durante la Edad Moderna, hunden sus raíces en un pasado mucho más lejano. Pero el documento más antiguo referente a la cofradía de Ahigal, fechado en el año 1542, nada dice de sus auténticos orígenes, y desde nuestro punto de vista hemos de considerarlo simple y llanamente como un reflejo de la época en la que se reglamentó la función.

Cuando el profesor García y Bellido conoció estas procesiones no tuvo dudas en señalar que estábamos frente a "reminiscencias" del culto de Mâ-Bellona, la terrible diosa de la guerra de Asia Menor, propiciada por las campañas de Syla y Pompeyo (19). La diosa Mâ de Capadocia y Camona fue identificada por los romanos con Bellona, la hermana de Marte, en cuyo honor sus sacerdotes ejecutaban un ritual en el que "recorrían las calles como si fuesen hombres furiosos esgrimiendo en sus manos una espada o un cuchillo, con el cual se destrozaban el cuerpo" (20). Parece ser que los soldados de Metelo, que habían luchado en Asia contra Mitriades y que posteriormente combatieron a Sertorio en la Península, son los que traen al Campo Norbano el nombre de esta diosa oriental. Los romanos aportan el nombre, pero no el culto ni el ritual. Ya los indígenas veneraban a una deidad local de una manera tal que a los nuevos colonizadores debió parecerle la misma Mâ-Bellona y mediante una simple interpretatio asociaron o asimilaron a ambas. En este caso Bellona no sería más que una hipóstasis de una deidad lusitana ahora rebautizada (21 ). Y hemos de tener presente, además, que la diosa Mâ confunde los cultos con los de su homónima pareja Cibeles.

¿De qué diosa lusitana o céltico-lusitana se trata? Al hablar de las procesiones de Semana Santa vimos que éstas se desarrollaban por la noche, concretamente en una noche de luna llena. Si consideramos estas manifestaciones religiosas como restos de viejos cultos, no queda más remedio que suponer que en un principio se le rendirían a una deidad de la noche. Estrabón (22) nos habla de una diosa celta a la que en las noches de plenilunio se le dedicaban danzas y fiestas. A esta diosa, invocada como Lux Divina, están dedicadas dos inscripciones que se encontraron en la comarca de Trujillo, es decir, en el mismo lugar en el que se hallaron las únicas aras votivas grabadas en honor de Mâ-Bellona y en el mismo espacio geográfico en el que se desarrolló otro ritual penitencial, el de los empalaos. Según se desprende de Plutarco, la diosa Mâ no era para los griegos más que una proyección de Artemis y Selene (23). Tanto a la diosa de Camona como a la deidad femenina de los celtas se veneraban con danzas que revestían carácter orgiástico. Estamos en condiciones de afirmar que Mâ-Bellona, Lux Divina y la Luna son personas de una misma trinidad.

El carácter lunar de esta divinidad lusitana nos hace que veamos en ella a una diosa de la fertilidad. A nadie escapa que gran parte de los dioses de la fertilidad y de la vegetación son a la vez dioses lunares (la diosa egipcia Hathor, Isthar, la Anaitis irania, etc.), y que en casi todos los dioses de la vegetación y de la fecundidad sobreviven atributos y poderes lunares (24). Esta diosa-madre suele permanecer como representación de la renovación eterna y se hace acompañar de un joven dios, hijo o esposo, representante y causante de la renovación periódica de la Naturaleza. Tales son los casos de Osiris, Tamuz, Adonis, Atis... Todos ellos mueren y resucitan, personificando de este modo la decadencia y el nacimiento de la vida, especialmente de la vida vegetal (25). En memoria de estos dioses fallecidos trágicamente se ejecutan una serie de rituales que, como bien señala M. Eliade, tienen por finalidad la repetición del drama que restablezca el orden cósmico (26). Por lo dicho más arriba es fácil comprender y suponer que la innominada diosa celta tenía un hijo, amante o consorte, dios que moría y resucitaba, y en cuyo honor se ejecutaban rituales que recordaban el trágico acontecimiento ocurrido in illo tempore, de los que son reflejo los disciplinantes.

Lógicamente el dios que muere y resucita tiene su réplica en el propio Jesucristo y, en consecuencia, los rituales que se hacían en honor del joven hijo o esposo de la Gran Madre, que personificaba el renacer periódico de la Naturaleza, se adaptan claramente al también hijo de una diosa, la Virgen María, que fallece trágicamente y revive. Para Gómez Atienza (27) los disciplinantes que viera en San Vicente de Sonsierra, igual en todo a los descritos de Ahigal, tratan de emular a los sacerdotes de Atis, que anualmente se sacrificaban por estas mismas fechas. Y, efectivamente, la coincidencia en el tiempo es total. Una antigua tradición cristiana seguida por Lactancio marca la fecha de la muerte de Cristo el 23 de marzo y la resurrección el 25 del mismo mes, siendo también este último día cuando se celebraba la resurrección de Atis, el dios de la vegetación que llevaba muerto todo el invierno (28). En el equinocio de primavera hacían su aparición los penitentes cristianos.

Pero no sólo hay acuerdo en lo que al momento se refiere. En el mismo rito con que se celebra al dios oriental se vislumbran aspectos significativos y concordantes con los flagelantes, lo que se observa mejor tras una somera descripción de aquél. Atis era un pastor frigio amado por Cibeles, la gran diosa asiática de la fertilidad. Hay quien asegura que era su propio hijo. Nació de una virgen que había concebido al poner sobre el regazo una almendra o una granada (29). Cibeles le hizo morir en castigo por perjuro. Según unos, le mató un jabalí, el animal que también acabó con la vida de Adonis.

Según otros, la madre de los dioses le infundió tal frenesí que le hacía autolesionarse hasta el punto de que él mismo se emasculó bajo un pino y murió desangrado. Entonces Cibeles lo transformó en el árbol que había sido testigo del óbito. Conocemos los rituales que en honor de este dios de la .fertilidad y de la Gran Madre frigia se hacían en Roma, a donde habían sido trasladados, y suponemos que serían idénticos a los que se ejecutaban en su lugar de origen. El 22 de marzo cortaban un pino y lo traían al santuario de Cibeles, tratándolo como a una deidad. Adornaban el tronco con guirnaldas de violetas y lo amortajaban con cintas de lana. El tercer día, el 24 de marzo, se conocía como día de la sangre, y era cuando el Archigallo (gran sacerdote) se sangraba los brazos y los clérigos de categoría inferior se cortaban el cuerpo con trozos de lana o con navajas. Parece ser que en este duelo por la muerte de Atis los novicios sacrificaban su virilidad. En la mañana del día 25 celebraban la resurrección del dios (30). Acababa el festival el día 27, cuando Cibeles, con su cara tallada de piedra negra, era bañada en el arroyo Almo entre el regocijo de la multitud. Señala Frazer que en un principio algunos representantes humanos de Atis eran sacrificados dentro de los festivales, como parece poner de manifiesto la leyenda de Marsias, el joven músico amigo de la Gran Diosa, que fue atado a un pino y descuartizado (31).

Ignoramos los rituales prerromanos con los que en la Península se celebraban la muerte y la resurrección del dios de la fertilidad, y tan sólo podemos asegurar que su desarrollo coincidía con el equinocio de la primavera. Los romanos respetan unas formas de actuar que en cierto modo se parecen a las que ellos hacen en honor de las deidades encargadas del resurgir de la vida, y más en concreto., de la pareja Atis-Cibeles. Con el cristianismo sucede otro tanto. Los evangelizadores encuentran demasiados paralelismos entre los viejos mitos y la propia historia de Jesús, y en consecuencia los rituales antiguos pueden sostener la creencia en la muerte y en la resurrección de Cristo. Atis y Jesucristo nacen de una virgen. Atis se emascula y muere junto al árbol. Cristo se inmola en la cruz. Tengamos presente que la cruz suele representarse como el árbol de la vida, y en este sentido no ha de sorprendernos que en los estatutos de la cofradía de la Vera Cruz de Ahigal se diga que Cristo "quiso ser crucificado en aqueste bendito arbol" (32). Uno y otro resucitan para luego morir cada año.

En los rituales también asoman las coincidencias. Los festivales de Atis comienzan llevando el árbol, símbolo de la muerte del dios, al templo de Cibeles. En la Semana Santa cristiana es puesta la cruz, el "otro árbol", en el centro de la iglesia. En ambos casos los fieles se someten a una penitencia que les hace derramar la sangre. Los dos festivales se continúan con la resurrección de las deidades y concluyen con los alegres festejos en el campo en honor a la Gran Diosa. Son éstas las romerías que todavía se celebran. Muchas de ellas, a pesar del sincretismo, acogen el baño ritual de la imagen sagrada como mecanismo propiciador de la fecundidad. En los viejos rituales la flagelación tenía por objeto verter la sangre para fortalecer al dios muerto en su resurrección y en la actuación cristiana se trataba de unir esa sangre a la vertida por Cristo en bien de la Humanidad.

__________

NOTAS

(1) DOMINGUEZ MORENO, José María: "Empalados y disciplinantes en Extremadura", en Saber Popular, 2 (Fregenal de la Sierra, 1988), pp. 15-25.

(2) Libro de la Cofradía de la Vera Cruz. Acta constitucional. Fol. 1. Archivo Parroquial de Ahigal (Cáceres).

(3) La palabra aparece tachada y sobre ella se apuntó media.

(4) Libro de la Cofradía...Estatuto. Fol. 2v-3v.

(5) Libro de la Cofradía...Estatutos. Fol. 2v.

(6) Libro de la Cofradía...Estatutos. Fol. 8.

(7) Libro de la Cofradía...Inventario correspondiente a la segunda mitad del siglo XVI (sin año). Entre las pertenencias de la cofradía figura "una mortaja de estopa", señalándose a continuación que con ella "enterrose un pobre...que murio en casa de al. Gcia. era un viejo cardador de tornabacas". Fol. 17.

(8) Libro de la Cofradía...Estatuto. Fol. 7v.

(9) Libro de la Cofradía...Estatuto. Fol. 8.

(10) Libro de la Cofradía...Estatuto. Fol. 7.

(11) Libro de la Cofradía...Estatutos. Fol. 7v. En el cabildo celebrado el 23 de marzo se acuerda dispensar de la disciplina a los mayores de 58 años.

(12) Libro de Visitas (1650-1772). Archivo Parroquial de Ahigal. Fol. 12v.

(13) Libro de la Cofradía...Fol. 15.

(14) Libro de Visitas...Fol. 71-71v.

(15) Información transmitida por tradición oral.

(16) Libro de la Cofradía...Estatutos. Fol. 8v-9.

(17) Vokabulario de Refranes y Frases Proverbiales y otras fórmulas comunes a la lengua Kastellana. Madrid, 1906.

(18) Libro de Visitas (1756-1843). Archivo Parroquial de Ahigal. Fol. 84-87.

(19) TERRON ALBARRAN, Manuel: "El monumento romano de Zalamea de la Serena", en Revista Alminar, 4 (abril, 1979), p. 22.

(20) HUMBERT, Juan: Mitología griega y romana. México, 1978. P. 54.

(21) GARCIA y BELLIDO, Antonio: Les Religions Orientales dans l'Espaigne Romaine. Nertherlands, 1976. P. 68.

(22) III, 4, 16.

(23) Syla, 9

(24) ELIADE, Mircea: El mito del eterno retorno. Madrid, 1972 Pp. 2855.

(25) FRAZER: La rama dorada. México, 1979. P. 378

(26) ELIADE, Mircea: Tratado de historia de las religiones. Madrid, 1981. P. 177.

(27) Guía de la España mágica. Barcelona, 1982. Pp. 187-188

(28) FRAZER: Op. Cit., 415-416.

(29) PAUSANIAS, VII, 17.

(30) FRAZER: op. Cit., 402-406. JAMES, E. O.: Historia de las religiones. Madrid, 1984. P. 178.

(31) op. Cit., 409-410

(32) Libro de la Cofradía...Acta Constitucional. Fol. 1