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POSIBLES ORIGENES DE LA MULETERIA MARANCHONERA

LOPEZ DE LOS MOZOS, José Ramón

Publicado en el año 1993 en la Revista de Folklore número 146.

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Maranchón consigue el título de villazgo en el año 1769, bajo el reinado de Carlos III.

Hemos podido leer que por tal motivo y en parte debido al aumento de su actividad económica, y a su cada vez más creciente número de habitantes: "En general la población comenzó a dedicarse por entonces a la trata del ganado, muy especialmente al mular, reuniendo grandes cantidades de dinero, que muchos aplicaron a construir grandes casonas en su pueblo" (1).

Pero en realidad esto no debió suceder así, ya que no encontramos datos suficientes que nos lo puedan asegurar, hasta casi un siglo más tarde.

El Diccionario de don Pascual Madoz, señala en 1848 (por lo que los datos nos sitúan ya a mediados del siglo XIX) que "(...) muchos vecinos se dedican al tráfico de mulas, cera, jabón y drogas, recorriendo diferentes puntos del interior" (2), aunque sin olvidar la agricultura y la ganadería, ya que produce "(...) trigo común, centeno, cebada, avena y buenos pastos, con los que se mantiene ganado lanar, cuyas carnes son muy estimadas y preferidas a las de otros dos (sic) puntos, por su delicadeza y exquisito gusto; hay caballerías mulares y asnales (...)" (3).

Anteriormente a esta fecha no conocemos noticias más fidedignas acerca de dicho tráfico mular, aunque sí se siguen haciendo menciones a la ganadería, especialmente ovina y caprina -y más adelante también a la arriería-, que debieron constituir la tarea diaria y la fuente principal de ingresos. Veamos.

En la Relación del viaje de Felipe II (1585) escrita por el archero Enrique Cock, se hace una interesante descripción de los pueblos por los que atraviesa la comitiva hasta Zaragoza, Barcelona y Valencia. De los de la zona, a su paso, indica que Luzón "[...] está también en el ducado de Medina y tiene doscientas casas, los vecinos son ricos de ganado y lana [...]" (4).Poco después la comitiva regia llega a Maranchón, donde las nieves seguían haciendo acto de presencia. Según se avanza se deja a la derecha Clares, se pasa por Barbazil, donde hay una buena fuente cerca del pueblo, a la derecha, camino del río Mesa, que divide el Estado del Duque de Medinaceli del señorío de Molina. "Por el camino están muchos árboles que parescen á la sabina, entre los cuales apascentaban los pastores sus ganados, porque parescía acá el cielo un poco más templado. Habíamos caminado ya dos leguas grandísimas de Maranchón [...]" (5).

Las alusiones son a ganados lanares.

Otra referencia, posterior en más de ochenta años, -el Viaje de Cosme de Médicis- alude a los buenos pastos y al verdor de la zona en que se asienta el entonces lugar de Maranchón, así como a la existencia de “[...] un gran abrevadero con un muro alrededor, abierto solo por la parte del prado para comodidad de los animales que allí van a beber [...]" (6). Es lo que actualmente se conoce como El Charco, en la plaza de su mismo nombre.

Se trata de una nueva alusión al ganado, pero no al mular, ya que en la acuarela que acompaña al texto del diario del viaje, original de Pier María Balde -que se autodibuja a la izquierda del paisaje, en la parte inferior-, aparecen bueyes y, al fondo, entre una gran arboleda, el pueblo, bajo el monte del fondo: El Altollano. Es uno de los contados lugares que causan buena impresión al ilustre viajero: "¡Cuán pocos son los que, como Maranchón y Alcolea, son juzgados como alegres!" (7).

Ninguna alusión a ganado mular y no cabe la menor duda de que de haber existido no hubiese pasado inadvertido a viajeros como los citados, que con tanto detalle reflejan sus recorridos.

Otro siglo más tarde, en 1786, es el reverendo británico Joseph Townsend quien se refiere a Maranchón como pueblo laborioso: “En la estación en que nosotros pasábamos por allí (primavera), todo estaba en movimiento; conté cuarentaarados en actividad, todos emleados en preapara el terreno para los guisantes” (8)

En 1806, Carlos IV concede Feria y Mercado a Maranchón, y en la representación correspondiente se indica "Que la referida villa compuesta de ochenta á noventa vecinos útiles y todos Labradores, siendo algunos Ganaderos de lana y cabrío [...]" (9) y que sus fértiles producciones trigo, cebada, abena, garbanzos, legumbres, Ganados finos, Churros, Cabríos y Cerdos, si bien la falta de una proporción segura para su efectiva salida, sin retraso, tambien carece de ciertos y determinados auxilios que la son necesarios, y su consumo de forzosa necesidad en sus naturales" (10). De modo que se le concede facultad para que pueda celebrar mercado el viernes de cada semana y Feria anual desde el día 8 al 12 de Septiembre, como hasta hace pocos años ha venido ocurriendo.

No olvidemos que en 1769 había conseguido el título de Villa. Ahora, en 1806, consigue Feria anual y mercado semanal. Gracias a esta última concesión, creemos que Maranchón vio la oportunidad de dedicarse a la cría y comercio de ganado mular. Y pensamos que el posterior desarrollo de esta actividad encuentra sus principales motivaciones, al tiempo que en la Feria, en la instalación durante la guerra de la Independencia, de un importante cuartel de adiestramiento de reclutas, de donde procedería el Batallón de Voluntarios de Guadalajara, compuesto por una compañía de Caballería (11). Por eso, a partir de estas fechas, las descripciones que se hacen de Maranchón, generalmente literarias y más o menos acertadas, ya comienzan a tener en cuenta la dedicación de sus habitantes al trato de ganado mular, como queda patente a través de alguno de los Episodios Nacionales, de don Benito Pérez Galdós, aunque en ocasiones cargue las tintas y diga, un tanto aventuradamente "[...] que desde tiempo inmemorial viene consagrado a la recría y tráfico de mulas", lo que quizás contribuyó a extender la leyenda del maranchonero como perteneciente a una "etnia" si no "maldita", sí "aislada", con características propias y al fin y al cabo un si es no es "típica", siguiendo unos esquemas "románticos" ya trasnochados por entonces.

También conviene tener en cuenta que don Benito escribía sus novelas históricas en base a personajes inventados. Lo contrario que don Pío Baroja, que con poca diferencia de tiempo, escribió una interesante novela, La nave de los locos, que forma parte de las Memorias de un hombre de acción, donde se trata acerca de los hechos históricos más sobresalientes de la primera mitad del siglo XIX, y concretamente -según Flores Arroyuela- encuadrables en el período que ocupa aproximadamente la Regencia de María Cristina (12) y donde aparecen algunas menciones a Maranchón y los maranchoneros: "En Maranchón, pueblo de vendedores de caballos y de cerdos, se tiritaba de frío" (13). Más adelante hace una breve alusión a la posibilidad de que el protagonista pueda continuar su viaje hasta Molina de Aragón en compañía de "un arriero de confianza ".

No es extraño, por tanto, que don Pascual Madoz, en su Diccionario ya citado, señale el comercio de mulas como ocupación principal de los maranchoneros. Las citas posteriores en que aparezcan referencias a este aspecto concreto serán una constante en todo cuanto se escriba sobre Maranchón y llegará un tiempo en que comenzará a desvirtuarse la imagen del muletero.

No es en el siglo XVIII, sino en el siguiente, en el que hay que situar la fecha de nacimiento -a escala rentable- de la muletería maranchonera. A este tiempo -mil ochocientos y...- pertenecen las mejores y más destacables construcciones del pueblo. Ello es buena prueba de la riqueza de sus moradores.

Posteriormente llegará una nueva fase de esplendor basada igualmente en las mulas: la Primera Guerra Mundial. Pero ese es otro tema.

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NOTAS

(1) HERRERA CASADO, Antonio: Crónica y guía de la provincia de Guadalajara, 2ª ed. Guadalajara 1988, p. 541.

(2) MADOZ, Pascual: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar, Tomo XI. Madrid, 1848, p. 209. Voz MARANCHON. Había entonces 148 vecinos, equivalentes a 567 almas.

(3) Idem.

(4) MOREL-FATIO, Alfredo y RODRIGUEZ VILLA, Antonio: Relación del viaje hecho por Felipe II, en 1585, a Zaragoza, Barcelona y Valencia, escrita por Enrique Cock, Notario Apostólico y Archero de la Guardia del Cuerpo Real, y publicada de Real Orden por... Madrid, 1876, p. 19.

(5) Idem.

(6) SANCHEZ RIVERO, Angel y MARIUTTI DE SANCHEZ RIVERO, Angela: Viaje de Cosme de Médicis por España y Portugal (1668-1669). Edición y notas de... Madrid, Centro de Estudios Históricos, s. d., p. 73.

(7) Ibidem, p. XXII.

(8) TOWSEND, Joseph: A Journey tbrough Spain in the years 1786 and 1787, with particular attention to the Agriculture, Manufactures Commerce, Population, Taxes, and revenue of that country, and remarks in passing though a part of France. Tomo I. London, C. Dilly, 1791, pp. 235-236. Cf. SANCHEZ SANZ, María Elisa: "Viajeros por Guadalajara", Cuadernos de Etnología de Guadalajara, 4 (1987), p. 53.

(9) LOPEZ DE LOS MOZOS, José Ramón: "Concesión de ferias y mercados a Maranchón y El Casar", Wad-Al-Hayara, 18 (1991), pp. 426-428. ORTEGO GIL, Pedro: Aproximación Histórica a las Ferias y Mercados de la provincia de Guadalajara. Guadalajara, Diputación Provincial, 1991, pp. 161-162.

(10) LOPEZ DE LOS MOZOS, José Ramón: op. Cit., p. 427.

(11) LOPEZ DE LOS MOZOS, José Ramón: Marancbón en la Guerra de la Independencia (1810-1811) a través de algunos documentos. Maranchón, Ayuntamiento, 1991, p. 20. Nº. 26.

(12) BAROJA, Pío: La nave de los locos (Edición de Francisco Flores Arroyuelo). Madrid, Caro Raggio / Cátedra (Col. Letras Hispánicas, 269), 1987, Vid. Introducción, pp. 23-43, principalmente.

(13) Ibidem, p. 259.