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Lanzarote y el Ciervo del pie blanco: Contribución al estudio del romancero peninsular

LORENZO VELEZ, Antonio

Publicado en el año 1982 en la Revista de Folklore número 13.

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Una de las inmensas satisfacciones que puede proporcionar la recolección y el estudio del romancero, consiste en encontrarse con versiones de determinados romances que, por su rareza o calidad, puedan contribuir a clarificar , en parte, el vasto mundo de lo que se conoce como trasmisión oral. Dentro del amplio corpus de temas trasmitidos de boca en boca, existe un número limitado de ellos que, por diversas circunstancias, han permanecido en "estado latente" por usar la terminología del gran maestro Pidal, y que han tenido menor fortuna en orden a su hallazgo y catalogación en los tiempos actuales. Así como existen catalogadas cientos de versiones de "Gerineldos", "Delgadinas", etc., se encuentra un corto número de romances que ha resistido a ver la luz, a pesar de las numerosas expediciones encomendadas al efecto. Dentro de lo ingente del material recogido, se observa una cierta predilección por los temas de tradición reciente que, tal vez por su mayor proximidad en el tiempo, se han conservado más fielmente en la memoria popular. Los romances llamados "viejos", esto es, los anteriores al siglo XVI, han resistido peor los embates del tiempo, debido, tal vez, a su mayor sujeción temática junto con una notable pérdida de funcionalidad, en el sentido de su mayor abundancia descriptiva y enmarcados en historias legendarias que se van sintiendo cada vez más lejanas; frente a ello, ganan en popularidad asuntos tenidos como más cercanos, donde el elemento lírico y dramático va tomando mayor auge en contra de lo meramente expositivo. Por el contrario, se observan notables excepciones como el encantador lirismo que ostenta "el Conde Arnaldos" o el sugestivo "Romance del prisionero".

Dentro de los ciclos temáticos en que a grandes rasgos se viene dividiendo el romancero, los temas del llamado "ciclo bretón" son, con mucho, los que menos han abundado en orden a proporcionar versiones al estudioso, debido a su incorporación de elementos fantásticos y simbólicos, lo que supone una mayor dificultad de acceso de cara a la mentalidad popular que, lógicamente, se encontraría más abierta ante temas que desarrollasen episodios nacionales más o menos lejanos.

Entre los romances del ciclo bretón que han llegado hasta nosotros y que han alcanzado una tradicionalidad probada, figuran solamente dos temas: el romance de "Don Tristán" y el de "Lanzarote y el ciervo del pie blanco" (1), frente a una mayor cantidad de temas que integran otros ciclos. De ellos, las versiones impresas que conocemos se encuentran recogidas en su forma estable en el "Cancionero de Romances" de Anvers, recopilados por Martín Nucio (2). El romance de "Don Tristán" y el de "Lanzarote" (nunca fuera caballero de damas tan bien servido...), aparecen en la edición sin año (s. a.) de dicho cancionero. En su posterior edición de 1550, figuran de nuevo .junto con la otra versión de "Lanzarote" (Tres hijuelos había el rey...), que no constaba en la edición s.a.

El proceso de tradicionalidad del romance de Lanzarote ha constituido para los estudiantes un caballo de batalla, debido a la escasez de versiones recogidas a lo largo de su andadura durante más de cuatrocientos años, junto con los elementos fantásticos y simbólicos que le acompañan y, que entrarían en disonancias con la jerarquía de valores que parecen caracterizar la mentalidad popular. Hasta la fecha y que sepamos, las versiones del romance de Lanzarote que se han recogido y documentado, independientemente de sus versiones impresas del siglo XVI, son las siguientes:

-Versión recogida en el 1914 por el presbítero Sáez en Almería.

-Tres versiones procedentes de las Islas Canarias: Una de Chimiche (Granadilla, Tenerife), recogida por María Jesús López de Vergara en el 1954; otra, procedente de Icod el Alto (Tenerife), recopilada en el 1957 por la persona anterior, y una última de Camino Perera (La Esperanza-Tenerife), recogida en el 1956 igualmente por María Jesús López de Vergara (3).

-Antonio José, en su "Colección de cantos , populares burgaleses" (4), recoge solamente los ocho primeros versos del romance .junto con su melodía y que, de haberlo recogido en su texto completo, constituiría la primera muestra castellana de la pervivencia del tema.

-Felipe Pedrell, en su "Cancionero musical popular español" (5), incluye igualmente los primeros versos del romance, idénticos por otra parte, al texto impreso en la edición de 1550, junto con una notación musical que le facilitó Julio Pujol, quien lo escuchó cantar a un ciego en Puente de Orbigo en León. Esta versión parece bastante cuestionable, debido al particular concepto sobre la estética popular en Pedrell. Respecto a la música que transcribe, puede pertenecer a cualquier otra composición.

Francisco Romero (yendo en compañía de Ramón Pons), en el transcurso de una encuesta efectuada en abril de 1974, recogió un texto en Segorbe (Castellón), pero que procedía de Beas de Segura en Jaén, de donde era natural la mujer de 84 años que la cantó y que se negó a decir su nombre (6).

-Por último, la versión que presentamos y que recogí, junto con María Luisa García Sánchez (noviembre del 81), de boca de Julia Sanz Vaca, de 61 años, natural de Arrabal de Portillo, y recriada en Tudela de Duero, en la provincia de Valladolid, quien la aprendió de sus abuelos de hondas raíces castellanas. Haciendo gala de una memoria extraordinaria en todo tipo de temas, nos comunicó gentilmente lo que, a nuestro juicio, constituye la mejor muestra conservada del romance que estudiamos y que sin dilación pasamos a transcribir, .junto con una de las versiones impresas en el siglo XVI, para apreciar más claramente sus interacciones e influencias:

VERSION DEL SIGLO XVI

Tres hiiuelos había el rey
tres hijuelos que no más
por enojo que hubo de ellos
todos maldito los ha.

El uno se tornó ciervo
el otro se tornó can
el otro se tornó moro
pasó las aguas del mar .

Andábase Lanzarote
entre las damas holgando;
grandes voces dio la una

-caballero, estad parado-
-si fuese la mi ventura
cumplido fuese mi hado
que yo casase con vos
y vos conmigo de grado,
y me diésedes en arras
aquel ciervo del pie blanco-.

-Dároslo he mi señora
de corazón y de grado,
y supiese yo las tierras
donde el ciervo era criado-.

Ya cabalga Lanzarote
ya cabalga y va su vía,
delante de sí llevaba
los sabuesos por la traílla.

Llegado había a una ermita
donde un ermitaño había;

-Dios te salve, el hombre bueno
buena sea tu venida;
cazador me parecéis
en los sabuesos que traía.

-Dígasme tú, el ermitaño
Tú que haces santa vida,
ese ciervo del pie blanco
¿dónde hace su manida?

-Quedaisos aquí, mi hijo
hasta que sea de día,
contaros he lo que ví
y todo lo que sabía.

Por aquí pasó esta noche
dos horas antes del día
siete leones con él
y una leona parida.

Siete condes deja muertos
y mucha caballería.

-Siempre Dios te guarde, hijo,
por doquier que fuer tu vida
que quien acá te envió
no te quería dar la vida.

-¡Ay, dueña de Quintañones
del mal fuego seas ardida,
que tanto buen caballero
por tí ha perdido la vida!

(Anvers, 1550)

VERSION MODERNA

Tres hijos tenía un rey
tres hijos que mucho amaba
por un enojo que tuvo
esta maldición echaba
para castigar la reina
que sus desdichas buscara,
por amor de Lanzarote
que a su señor traicionara.

A uno le volvía ciervo
al otro, can le tornaba
y al más pequeño de todos
le ordena pasar las aguas.

El ciervo de noche y día
vagando por las montañas,
buscando con su destino
cómo haría su venganza.

El can corriendo los campos
sin descanso caminaba
y el pequeño, a morería
tornadizo se pasaba.

Lanzarote entre las fiestas
con muchas damas se holgaba
y, en oyendo aquellas voces
por mandato de una dama
que decía: Lanzarote
que muy bien con él casara
si de grado el ciervo blanco
le traen en dotes y en arras.

Lanzarote, que esto oyó
a buscarles se marchaba
y en estando en caminar
bien cumplidas diez jornadas,
se encontraba a un ermitaño
que en una cueva habitaba,
y al ermitaño pregunta
que por hacer vida santa
le ha de decir la verdad
ese ciervo, dónde para?

El ermitaño le mira

¡Buena sea tu llegada!,
quedarte has en esta cueva
procurando aquí tu guarda,
que aqueste ciervo que dices
ya a siete condes matara.

A la mañana siguiente
con el ciervo se encaraba
Lanzarote, que lo vido
empuñando ha las sus armas
que no tienen valimiento
-pues su muerte era ordenada-.

Cuando expira Lanzarote
muy tristes voces hablaban
que quien aquí le envió
su vida no la estimaba.

El ciervo, se tornó en hombre
Y a su padre retornaba
cabeza de Lanzarote
en sus manos la llevaba.

(Valladolid}

GENESIS y POSIBLE ORIGEN DEL ROMANCE

Como es sabido, los romances viejos están constituidos, por lo general, por fragmentos o trozos de Cantares de Gesta más extensos que, aislados del tronco común, alcanzaron enorme popularidad entre todas las clases sociales, sobre todo en los llamados siglos de Oro. De las antiguas Gestas, o de sus posteriores prosificaciones, adquirieron notable difusión aquellos episodios que, por su valor dramático u otra circunstancia, se desgajaron de los largos versos y se fijaron en la memoria popular a través de generaciones hasta nuestros días (a pesar del vaticinio de su defunción por parte de los colectores en tiempos modernos que ha llevado a hablar a algún autor irónicamente de la "eterna agonía del romancero").

Los temas que han incidido en la formación del corpus romancístico, no solo se refieren a motivos de ámbito peninsular, sino que, debido a otras circunstancias, se han visto incrementados por asuntos y temas de clara influencia extranjera, provenientes de personajes legendarios o históricos de fuera de nuestras fronteras.

El llamado "ciclo bretón" de nuestro romancero, agrupa, como hemos visto, los dos temas señalados más arriba que reflejan la influencia de episodios artúricos en los romances peninsulares. De qué modo se introdujeron estos episodios de asunto bretón en nuestra literatura, es lo que trataremos brevemente de dilucidar .

Las primeras muestras de novela caballeresca románica pertenecen a un tipo de composiciones que, ya contemporáneamente a su redacción, eran llamadas "romans" de la "materia de Bretaña", ya que la acción de tales narraciones suele desarrollarse en la Gran y Pequeña Bretaña y que reciben también el nombre del ciclo artúrico, por ser la figura mítica del rey Artús el centro alrededor del cual y en cuya corte se llevan a cabo las empresas caballerescas; las primitivas narraciones escritas en versos pareados octosilábicos de rima consonante, tratan asuntos de ambiente fantástico junto con una trama amorosa o mítica donde suelen figurar los nombres de sus autores, a diferencia de los cantares de Gesta. Por otra parte, estos romans caballerescos y sentimentales, son obras literarias que fueron concebidas para ser leídas en libros, en contra de los cantares de Gesta destinados a ser transmitidos de viva voz por los juglares. Es decir, los romans ofrecen un ornato más culto y minoritario que los cantares de Gesta peninsulares.

Un problema confuso y constantemente debatido, es el de los elementos legendarios célticos que pueden haber intervenido en la formación de las narraciones referentes a Bretaña. Los propios autores, afirman algunas veces, que han tomado sus asuntos de tradiciones bretonas o de libros anteriores, lo que dificulta enormemente el seguimiento cronológico de un determinado episodio. Algunos de sus temas y el nombre de varios de sus personajes novelescos, parece ser que existieron anteriormente en ambientes célticos. Lo que se aprecia claramente, es la deformación novelesca de que es objeto la historio de Bretaña.

Haciendo un poco de historia literaria, ya hacia el siglo VI el monje Gildas escribió una obra de discutible valor histórico sobre la historia de Bretaña. En el siglo VII, San Veda el Venerable escribe su "Historia eclesiástica de los Anglos", prosiguiendo un autor anónimo, a principios del siglo IX con una "Historia de los Bretones" (Historia Britonum), notable por sus constantes errores y confusiones en sus citas de autores anteriores, pero que pasaron a la historiografía posterior como verdades indiscutibles. Es en esta última obra, donde aparece por primera vez un cierto general bretón no rey llamado Artús y vencedor de los sajones en doce batallas. El prototipo histórico de este personaje, que la tradición convertirá en el héroe nacional de Bretaña, parece corresponder al Prefecto romano de la legión VI, Victrix que acaudilló a los britanos en sus luchas contra los armoricanos (7).

Pero será en el siglo XII cuando Godofredo de Monmouth escribirá la pieza fundamental en la historia de las literaturas europeas: "Historia de los reyes de Bretaña" (Historia regum Britanniae). En ella noveliza y amplifica los materiales que se encuentran en Gildas y en San Veda, convirtiendo a Arturo en un rey victorioso, mezcla de héroe de cantar de Gesta y del Alejandro, forjándose a su alrededor una de las más bellas figuras de la ficción medieval creada a base de leyendas clásicas y de noticias de historiadores poco escrupulosos. Esta obra fue traducida al francés en el 1155 por Wace y en ella ya aparece la mención a la famosa tabla redonda de acentuado simbolismo caballeresco.

La novela moderna nace, pues, disfrazada de historia, donde Perceval o Lancelot existieron en un lejano pasado bretón, del mismo modo que Alejandro y César en el grecolatino. Cuanto se acaba de exponer son hechos deducibles de los textos conservados y fechados en años anteriores a la aparición de las novelas francesas sobre temas de Bretaña. Los relatos tradicionales y legendarios del mundo céltico es posible que influenciaran, ya formados, a los más antiguos escritores franceses de temas de materia bretona: Chrétien de Troyes y María de Francia.

Chrétien de Troyes (c. 1135-1190), originario de la .Champagne, recoge estas tradiciones literarias de tema artúrico, en obras a él atribuidas, como: "Guillermo de .Inglaterra", "Tristán" (a la que hace mención, pero hoy perdida) y sobre todo, su novela "Lancelot o el caballero de la carreta". En esta última novela, narra los amores de este caballero con la reina Ginebra, esposa del rey Arturo, la cual desdeña a su enamorado sometiéndole a duras y degradantes pruebas, entre ellas la de subir a una humillante carreta de las que se empleaban para ajusticiar a los criminales y que da título a la obra. La dignificación del caballero por la aventura, es una de las constantes que se han de atravesar para conseguir y disfrutar de una individualidad que le distinguiese del resto de los humanos. Esta dignificación la conseguirá en otra de las obras más representativas de C.de Troyes. Esto es, en "Perceval o cuento del Graal", escrito entre 1180-1190, constituyendo una de las ficciones literarias más poéticas de todos los tiempos, donde, según la tradición, el Graal significaba el vaso sagrado en que José de Arimatea recogió la sangre de Cristo, fruto de la lanzada en el costado por el soldado Longinos. Este episodio también se encuentra desarrollado en diversos evangelios apócrifos como el evangelio de Nicodemus y el relativo a la Venganza del Salvador.

Contemporáneamente a Chrétien de Troyes, María de Francia, en la segunda mitad del siglo XII, escribe unas narraciones novelescas basadas en los "lais", palabra derivada del céltico laid (canción), tomando como base episodios y canciones épico-líricas sobre hechos fabulosos, llegados hasta ella por tradición oral y enmarcados en tradiciones bretonas. A ella es atribuida la primera mención en la historia de la literatura de la pareja de Tristán e Iseo, que, como vimos, desarrolló anteriormente Chrétien en una obra perdida y que constituye el otro motivo, junto a Lanzarote, que ha dejado huella en nuestro romancero peninsular. Toda esta serie de relatos sobre la demanda, fueron rápidamente traducidos, enmendados o refundidos a otras lenguas, como las realizadas al alemán, toscano, catalán, etc., junto con las versiones castellanas y portuguesas, más tardías y de difícil relación entre ellas, que desembocarían, ya en el siglo XVI, en el desarrollo de las novelas de caballerías.

Llegamos ya a vislumbrar medianamente el paso de temas de índole artúrica y bretona a la península, sirviendo de precedente temático a los romances que integran el ciclo bretón de nuestro romancero. La introducción en España del ciclo de la Tabla Redonda, fue más tardía que en Italia y en el centro de Europa, debido al distinto temple y carácter imaginativo peninsular, ajeno al prototipo del caballero cortesano, así como al concepto más sofisticado del honor y al papel desempeñado por la mujer. Galicia y Cataluña serán las regiones donde primeramente se sienta la influencia de temas bretones, debido al contacto con los trovadores provenzales, la instalación de la orden Templaria en el condado de Barcelona (1144), así como el Camino de Santiago. Entre las traducciones catalanas se encuentra en un códice de la Biblioteca Ambrosiana de Milán la cuarta parte del tercer volumen de Lanzarote del Lago, fechado por el copista (Guillem Rexach) en 1380. Los reinos de Galicia y Portugal, de cuyo primitivo celticismo sería temerario dudar, acogieron más fácilmente las leyendas bretonas, debido a su mayor intercambio con los antiguos países célticos.

La lírica galaico-portuguesa recoge en el Cancionero conocido por "Colocci-Brancuti", cinco composiciones líricas similares a los lais de Bretaña, tres de ellas traducciones libres del francés, como ha probado admirablemente Carolina Michaëlis de Vasconcellos (8). Estos poemitas líricos, que apenas podrían ser comprendidos sin la lectura de las novelas en prosa, prueban hasta qué punto eran familiares a los trovadores gallegos y portugueses las "materias de Bretaña".

Respecto a la literatura castellana, las alusiones a temas de este ciclo son muy raras antes del siglo XIV. La más antigua corresponde a los "Anales Toledanos primeros", que llegan hasta el año 1217. La reminiscencia de estos temas en el Arcipreste de Hita, se aprecia en la "Cantiga a los clérigos de Talavera", escrita en e11343:

"Ca nunca fué tan leal Blancaflor a Flores, nin es agora Tristán con todos sus amores."

Asimismo, don Juan Manuel, en el "libro de la caza" (escrito antes de 1325), menciona un falcón célebre que llamaban Lanzarote y otro que decían Galván. La existencia de traducciones al castellano de novelas bretonas son patentes a finales del siglo XIV y principios del XV. A ellas alude el Canciller Ayala en su "Rimado de Palacio" (copla 162), al haber perdido mucho tiempo en la lectura de libros profanos, contando entre ellos el Amadís y el Lanzarote. Los poetas del "Cancionero de Baena", como Pedro Ferrús y Francisco Imperial, citan repetidamente episodios artúricos, así como en un pasaje del Arcipreste de Talavera (9).

En general, las ficciones pertenecientes al ciclo bretón, fueron conocidas en España mucho antes que las del ciclo Carolingio, relativas al emperador Carlomagno y a sus doce Pares, de las que no se halla resto alguno (en prosa se entiende), hasta principios del siglo XVI. Vemos, pues, cómo la documentación del tema artúrico en la península ibérica, aparece bien probada en la fecha de la primera mención impresa de los romances de Lanzarote y de don Tristán en el Cancionero de Anvers de 1550. En la corte de los Reyes Católicos, existía una enorme afición a los romances que eran degustados asimismo en todas las clases sociales. Tal era la popularidad alcanzada que Antonio de Nebrija no duda en utilizar unos versos del romance de Lanzarote para explicar determinados aspectos métricos en la primera gramática que se escribe en Europa de una lengua neolatina: "Arte de la Lengua castellana", impresa en Salamanca en el 1492 (fol. 22 vº), donde habla de "aquel romance antiguo":

"Digas tú, el ermitaño, que haces la vida santa
aquel ciervo del pie blanco, ¿dónde hace su morada?"

por lo que la leyenda debía ser ampliamente conocida, incluso por los propios reyes, ya que entre los libros al uso de la reina católica, en el Alcázar de Segovia, a cargo de Rodrigo de Tordesillas, figuraban en el 1503 unos volúmenes sobre: Merlín; tercera parte de la demanda del Santo Greal y la historia de Lanzarote (10).

De todo lo expuesto anteriormente, ningún episodio aislado nos recuerda de forma fehaciente nuestro romance. Eduardo de la Iglesia (11), señala que su fuente directa es la historia de Lanzarote contenida en una compilación neerlandesa donde un autor desconocido reunió no sólo los episodios principales de los últimos libros del Lanzarote francés, sino también varias leyendas artúricas que sólo conocemos por su redacción holandesa. Los elementos que formaron la leyenda conservada en lengua flamenca y que trataremos de relacionar con las versiones recogidas, son los siguientes:

1) Cuanto se refiere al ciervo del pie blanco y a su personalidad humana.

2) Papel de la doncella que: propone la aventura y casamiento de aquélla con el héroe.

3) Presencia de un perro guía en la versión neerlandesa.

4) Intervención de un personaje que trata de arrebatar al vencedor, el premio de su aventura, fingiéndose autor de ella.

A estos elementos han de añadirse dos más que sólo aparecen en el romance que estudiamos.

5) Presencia de un ermitaño que trata de hacer desistir a Lanzarote de su aventura.

6) Maldición del rey a sus tres hijos, que aparece al inicio del romance.

El primer apartado, referente al ciervo del pie blanco, se encuentra recogido en el "Lay de Tyolet:" y en el Lanzarote holandés. Es en el lay donde se desarrolla la historia de una doncella que pide a Tyolet o Lanzarote, según la versión, que persiga a un ciervo al que guardan fieros leones. Lanzarote logra su propósito cortando el pie del animal; pero herido por los leones, ve cómo otro caballero le arrebata la prueba de su victoria, hasta que posteriormente logra hacer valer su derecho. En la versión primitiva del lay de Tyolet, el ciervo al ser herido por Lanzarote, recobraba su figura humana, fruto de un encantamiento anterior.

En las versiones impresas del siglo XVI, así como en las recogidas posteriormente, excepto en la nuestra, la metamorfosis ciervo-caballero no se puede deducir claramente. Esto es plenamente confirmado en la versión que ofrecemos:

"el ciervo se tornó en hombre
y a su padre retornaba..."

lo que concuerda con los 856 versos del libro tercero del Lanzarote neerlandés y que expone a grandes rasgos Gastón Paris en la " Historia literaria de Francia" (12).

La doncella mandadera. personaje característico de las novelas artúricas, también aparece en el lay de Tyolet. La presencia de esta doncella no se puede confundir con Ginebra, la esposa del rey Arturo, ya que se cita expresamente en una versión del Lanzarote español: nunca fuera caballero de damas tan bien servido...", al que por cierto parafrasea Cervantes en el Cap. XIII de la primera parte del Quijote. La dueña de Quintañones, a quien hace referencia "tres hijuelos", parece ser el resultado de una amalgama de personajes, con preferencia la dama de Malehaut, confidente de la reina Ginebra en el "Perceval le Gallois" y en el extenso poema de Wolfram von Eschembach. Sea como fuese, lo que no se puede deducir es si la doncella mandadera conocía de antemano el resultado de la aventura de Lanzarote o qué oscuras razones le movían a conducir a Lanzarote a una muerte cierta; en nuestra versión:

"Que quien aquí le envió
su vida no la estimaba."

El perro que sirve de guía al caballo, hasta el lugar donde el ciervo "hace su manida", aparece recogido en el texto neerlandés. En "tres hijuelos", la alusión es poco clara, debido, tal vez, al desconocimiento del adaptador castellano, limitándose a decir:

"Delante de sí llevaba
los sabuesos por la traílla."

resto evidente del episodio del perro-guía. Es aquí, en opinión de la Iglesia, donde intervendría el otro hermano convertido en can por la maldición del padre y que sería hipotéticamente el conductor de Lanzarote a la guarida del ciervo, semejante al cisne-guía en las aventuras de "La gran Conquista de Ultramar".

El episodio del falso demandante o el caballero que se atribuye la victoria de Lanzarote, recuerda al personaje del "orgulloso" en la versión de "nunca fuera...", así como el combate sostenido por Lanzarote contra el malvado Méléaganz en el "Chevalier de la Charrette" y al episodio narrado en la novela de Tristán de Leonis (no en su versión castellana) , donde Tristán mata a un terrible dragón que merodeaba por los alrededores de Weiseford, guardando su lengua como prueba de su victoria. Lo que resulta curioso es que no hallándose el episodio en la traducción castellana del Tristán, sí aparezca en forma análoga en un romance sobre un héroe tan español como Alonso Pérez de Guzmán (Guzmán el Bueno, defensor de Tarifa), lo que prueba la diversidad de influencias que se recogieron sobre estos asuntos. En el romance que nos ocupa, estos hechos no aparecen en forma explícita, pero pueden ser reconstruidos a través de lo que conocemos de la leyenda de Tristán de Leonis y extrapolados a la figura de Lanzarote.

La presencia del ermitaño, que es ajeno a la leyenda, aparece solamente en el romance que estudiamos como clara sustitución del perro-guía que le conduciría a la cueva del ciervo. La figura del ermitaño tiene su fuente directa en la leyenda de Perceval, donde ostenta un claro significado simbólico y religioso, pues gracias a él, Perceval conoce la significación de la lanza y del Santo Grial.

Examinados parcialmente los elementos principales que integran el desarrollo de la leyenda y que configuraron los romances peninsulares, sólo nos cabe ahora preguntar: ¿qué sucedió con el otro hijo maldecido que pasó a tierra de moros por la maldición del padre?. La existencia de dos moros en la leyenda artúrica está documentada en el Parzival de W. Von Eschembach, así como en el Lanzarote holandés. Muy bien pudiera suceder que el romance español, desconocedor de la leyenda en toda su amplitud, identificase los dos personajes moros (Feirefiss y Morien). El primero hijo de Gamureth y de una princesa mora y, por tanto, hermano de Parzival, y el otro, sobrino del demandante del Santo Grial. Vemos, pues, cómo derivados de un tronco común, los personajes de las respectivas leyendas se funden y extrapolan, quedando su resto en el romance español.

ANALISIS DE LAS VERSIONES MODERNAS y CONCLUSIONES

Respecto al léxico, se aprecia claramente una modernización y adecuación con relación a las versiones impresas. En la versión que presentamos se observan aún vacilaciones, como la del verbo más primitivo "tornar" junto con el uso de "volver", de carácter mucho más coloquial; restos de arcaísmos: "quedarte has", "vido", etc.

El primitivo "manida", es sustituido por "guaría" en la versión de Francisco Romero; por "aguarida" en la versión de Icod y por "ese ciervo donde para" en la nuestra...

Desde el punto de vista de la rima, la primitiva versión de "tres hijuelos", ofrece tres partes muy diferenciadas: la primera está constituida por los cuatro primeros versos con rima en -á; la segunda, con rima en -a-o y, por último, una tercera con rima en -í-a. Da la impresión de que el texto se ha formado fragmentariamente y es de señalar que las rimas acabadas en agudo (como sucede con los primeros versos), son características de la versificación extranjera. Frente a ello, las versiones modernas suelen presentar una mayor uniformidad de rima. La versión que presentamos ofrece una regularidad notable en -á-a, común a muchos romances registrados de tradicionalidad reciente, lo que parece fundamentar una integración a formas más establecidas.

El análisis musicológico, tanto la versión de Antonio José, como la nuestra (la de Pedrell, por ser cuestionable, no la tendremos en cuenta), permite apreciar una estructura de tipo regular, esto es, la correspondencia de una frase musical a cada octosílabo. Esta estructura es característica por otra parte de las versiones musicales de los romances del siglo XVI (13), aunque la música de nuestra versión parece de cuño más moderno y semejante a las utilizadas por los ciegos en su difusión de la literatura de cordel, ya que la conocemos aplicada a otros textos totalmente ajenos a la trama de nuestro romance.

En el aspecto temático, las versiones canarias y andaluzas, ofrecen numerosos elementos que desvirtúan, de alguna manera, el desarrollo de los hechos en las versiones del XVI. En la versión de Chimiche, el rey se llama Baltasar y de él parte la iniciativa de la búsqueda del ciervo del pie blanco, prometiendo como premio la mano de María, su hija, cuando no una recompensa material en forma de monedas, bien distinto a la lección de "tres hijuelos", donde la iniciativa no parte del rey, sino de la doncella mandadera, como hemos visto:

"a la puerta de la iglesia
mandó predicar un día
que el que le trajese el ciervo
mil monedas le daría
y a la infanta coronada
su corona le daría"

(Chimiche)

"y ha echado su padre un bando
por toda el Andalucía
y aquél que mate aquel ciervo
se casaba con María"

(Beas)

El episodio del ermitaño se encuentra omitido en las versiones canarias, no así en la de Beas, la recogida en 1914 y la nuestra.

Pero es en el desenlace donde, tal vez, se apartan más las versiones modernas, sucediéndose el final feliz:

"...del primer carabinazo
la cabeza le derriba
la ha liado en un pañuelo
se la ha llevado a María
y han celebrado las bodas
con contento y alegría"

(Beas)

La versión que presentamos es, a nuestro juicio, la que sigue más fielmente los modelos antiguos, aportando, de paso, elementos totalmente nuevos que habían sido supuestos hipotéticamente, cuando no desconocidos, en los estudios realizados sobre el romance que nos ocupa. La trama se infiere fácilmente: en primer lugar, el rey castiga la infidelidad de su esposa maldiciendo a los tres hijos y así, a través de ellos, se venga de la afrenta de Lanzarote. Este episodio coincide en señalar los amores de Ginebra, esposa del rey Arturo, con Lanzarote, lo que se ajusta con la tradición legendaria que nos cuenta la leyenda:

"Por un enojo que tuvo
esta maldición echaba
para castigar la reina
que sus desdichas buscara."

En segundo lugar, aparecen los elementos más representativos: el ermitaño que le previene de la muerte de siete condes por parte del ciervo; destino fatal de Lanzarote... Pero la particularidad única y primordial de nuestra versión, se refiere al desenlace: la transformación del ciervo en hombre, quien, ya dirimida la lucha contra Lanzarote, regresa con su cabeza al hogar paterno:

"El ciervo se tornó en hombre
y a su padre retornaba
cabeza de Lanzarote
en sus manos la llevaba"

lo que concuerda con la hipótesis de los estudios anteriores y plenamente confirmado en nuestro caso.

Las versiones tradicionales modernas coinciden, como hemos visto, con el desarrollo temático propuesto en la del cancionero de 1550, ya que comienzan con la maldición del padre a sus hijos. Pero, a diferencia de la versión del XVI, las modernas pretenden, por lo general, cumplir con los requisitos del romance-cuento. Esto es, acabar el romance con un desenlace que haga más comprensible la historia que desarrolla: la maldición, la proposición de la "queste" o la demanda y el desarrollo de la "queste" misma. Como apunta Diego Catalán (14), se observa el paulatino olvido de la identidad de los personajes junto con una desconexión del mundo novelesco en que nació el romance-fragmento del XVI, para dar paso a una estructura más narrativa y trabada. Los modernos cantores del romance, aunque han conservado el carácter fantástico de la trama, se han esforzado por descubrir en ella una "historia", un "cuento", con una cierta unidad y desarrollo. Las versiones modernas, al mismo tiempo que han unificado el asonante, han unificado la acción, enlazando más íntimamente sus partes. Una vez conseguida la continuidad narrativa propia del romance-cuento, sólo faltaba dotar al relato de un desenlace que, en las versiones canarias no puede ser otro que la victoria del héroe y su casamiento con la hija del rey.

La debilitación del argumento, debido al paso del tiempo, ha hecho a los romances del ciclo bretón poco aptos para pervivir en la tradición, conservados solamente por tradición oral, estableciéndose en ellos una lógica narrativa a costa de una disminución de su antigua tensión lírico-dramática .

Creemos que la versión aportada dirime, en alguna medida, algunos datos desconocidos en las otras versiones recogidas. Sólo nos resta confiar en que aparezcan nuevas versiones del romance, lo que facilitaría el estudio de uno de los temas más sugestivos y subyugantes de nuestro romancero peninsular.


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(1) En esto parecen ponerse de acuerdo la mayoría de los romancistas. No obstante, algunos señalan influencias artúricas en el romance del "Infante vengador" (Helo, helo por do viene...), como Manuel Alvar en su "Romancero viejo y Tradicional". Edit. Porrúa. México. 1971; págs. 79-82.

(2) "Cancionero de Romances" (Anvers, 1550). Edición, estudio, bibliografía e índices por Antonio Rodríguez-Moñino. Edit. Castalia; Madrid 1967. "Don Tristán" -pág. 254; "Lanzarote"- pág. 282,3.

Nos referimos a su forma estable, ya que existen ediciones anteriores, como:

-"Tercera parte de la Silva de varios Romances". Zaragoza: Stevan G. de Nágera, 1551, f. XIX.

-"Lanzarote y el Orgulloso". ms. del XVI (Bibl. Nacional; Madrid: ms. 1317), f. 452 a.

-"El Cortesano" de Luis Milán; pág. 118 edic. "libros raros",- 1874.

-"Cancionero manuscrito de Pedro del Pozo", 1547 Estudio de A. Rodríguez Moñino; Madrid. 1950, pp. 88-89 (o BRAE, XXIX. 1949, 453-509).

(3) "La flor de la Marañuela" (Romancero general de las Islas Canarias). Ed. Diego Catalán et al. Madrid, CSMP Gredos, 1969. Ns: 68, 69, 70.

(4) "Colección de cantos populares burgaleses" (Premio Nacional de Música, 1932). Edita: Unión Musical Española.1980. Pág. 147.

(5) "Cancionero musical popular español". Felipe Pedrell. Tomo I (2ª ed.). Edit. Boileau, Barcelona, pág. 43. Nº 50.

(6) "El Romancero hoy: Nuevas Fronteras". Varios. Cátedra Seminario Menéndez Pidal-Gredos. Madrid, 1979, págs. 229 y ss.

(7) "Historia de la Literatura Universal". Martín de Riquer-J. Mª Valverde. Tomo I, Edit. Planeta, 1968.

(8) "Tratado de los romances viejos". Marcelino Menéndez y Pelayo. Biblioteca Clásica. Antología de Poetas Líricos Castellanos. Tomo XII, Madrid. 1916, pág. 454.

(9) "Libros de Caballerías" Pascual Gayangos. Biblioteca de Autores Españoles; M. Rivadeneyra, Madrid, 1857. (Capítulo dedicado a las novelas de caballerías del ciclo Bretón).

(10) "Tratado de. .." Op. Cit., pág. 466.

(11) "Tres hijuelos había el Rey" (Orígenes de un romance popular castellano). Eduardo de Laiglesia. Imprenta de Fortanet; Madrid, 1917.

(12) Su resumen puede consultarse en "Tratado de...".Op. Cit., págs. 474 y ss.

(13) "Romances tradicionales" Catálogo Folklórico de la Provincia de Valladolid. Vol. II; Joaquín Díaz, Luis Díaz Viana y José Delfín Val. Institución Cultural Simancas. Valladolid, 1979, págs. 209 y ss.

(14) "Por campos del romancero" (Estudios sobre la tradición oral moderna). Diego Catalán. Ed. Gredos, nº 142, págs. 82-100.

(15) Otros estudios de interés:

-"Chrétien de Troyes. A Study of the Arthurian romances". L. T. Topsfield. Cambridgue University Press, 1981.

-"De la poesía heróico popular" Milá y Fontanals. Barcelona, 1874. (Reed. 1959). Tomo I, págs. 477 y ss.