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ALGUNOS INSTRUMENTOS FOLKLORICOS EN LA COLEGIATA DE TORO

GARCIA-MATOS ALONSO, M Carmen

Publicado en el año 1982 en la Revista de Folklore número 13.

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La razón que ha dado motivo a estas breves notas sobre los instrumentos musicales representados en el románico pórtico de la Colegiata en la ciudad de Toro (Zamora), es la intención de aportar algunos datos más a los escasos estudios que sobre representaciones musicales escultóricas y pictóricas hay publicados; excepto algunos, la mayoría están orientados al estudio artístico de los instrumentos musicales, dedicando menor atención a su origen, estructura y análisis, así como a la sociedad y la cultura musical de unos siglos en los que fueron testigos.

El comienzo de la Colegiata de Toro puede situarse hacia el año 1160, realizándose su construcción en las sucesivas etapas por las que atravesó el arte románico. En la obra trabajaron varios maestros, discípulos y herederos de las técnicas arquitectónicas que el maestro Mateo dejó en la Catedral de Santiago de Compostela. Las obras de la Colegiata duraron probablemente hasta bien entrado el siglo siguiente, en el que se levantó el Pórtico Occidental, llamado también de la Gloria, objeto de nuestro estudio.

En un principio fue la portada principal, más tarde lo pasó a ser la Puerta Septentrional del templo. En el pórtico se levantan siete ojivas concéntricas, divididas por un parteluz en el que se representa a Santa María, patrona del templo, ofreciendo en actitud sonriente una rosa a su hijo que lleva en brazos. En la primera ojiva hay una serie de ángeles que llevan antorchas, candeleros e incensarios; por la segunda desfila una procesión de reyes, en la tercera un coro de bienaventurados mártires porta en las manos los instrumentos de su martirio. Por la cuarta discurre un coro de confesores, prelados abades y abadesas. En la quinta hay distintos órdenes de representaciones; pueden ser pudorosas vírgenes a juzgar por la rama de palma que llevan en la mano. En la sexta archivolta el anónimo escultor que la entalló, quiso dejar constancia de una parte de los instrumentos musicales que por entonces eran conocidos en tierras castellanas. En ella mezcló los cultos con los villanos, y así podemos contemplar admirablemente reproducidos en la piedra, junto a los populares albogues y panderos, las cortesanas vihuelas y zanfonas, dignos por su interés de ser estudiados y analizados detenidamente.

Vamos a dar de ellos unas breves noticias dejando para otra ocasión su estudio histórico.

INSTRUMENTOS DE CUERDA

VIHUELAS

Las vihuelas, que en número de seis, pueden contemplarse en el pórtico de Santa María la Mayor, son de arco y de péñola. De las tres vihuelas de arco, aquella que hace el número nueve en el conjunto instrumental, parece que se trata de una "viola de gamba". Su ejecutante la mantiene entre las piernas, en donde apoya la caja armónica que sujeta a la vez con la mano izquierda. Con la derecha maneja el arco que tiene forma semicircular. Esta manera de tañer el instrumento es idéntica a la del Rebab (Rabel Morisco), que llegó a constituir hacia el siglo XV antes que las "violas de braccio", un tipo determinado (1).

Las demás vihuelas pertenecen, una a la familia de las "violas de braccio". De ellas se derivarán los instrumentos de arco actuales. Otra, presenta una cintura en su caja armónica y nos recuerda por su estilo y forma a las guitarras. Este tipo lo vamos a encontrar a mediados del siglo XIII en otras portadas románicas. Un joven rey es quien toca la primera, manteniéndola sobre el hombro izquierdo a la vez que con la mano derecha empuña un arco. La caja armónica que tiene forma de pera presenta en la tapa dos oídos.

Además de las vihuelas descritas, encontraremos en Toro tres vihuelas de péñola más. En ellas se reproduce el sonido mediante el punteo de las cuerdas, que son apartadas de su punto de reposo, bien por la acción de los dedos o por la de una laminilla llamada "plectrum" de metal, madera u otro material. Dos de estas vihuelas tienen forma de guitarra y presentan en su caja armónica las ya citadas escotaduras, terminando en un mástil que dispone de tres cuerdas. La tercera, que posee idéntica forma que las anteriores, dispone de un mástil con tres cuerdas y luce en la caja de resonancia una roseta decorativa además de un pequeño puente.

De esta breve descripción se deduce que no hay una tipología definida en las vihuelas representadas en el pórtico que nos ocupa. Idénticas variantes se pueden encontrar también en los instrumentistas que decoran los pórticos de Santiago, Orense y Santo Domingo de Soria, tan rico este último en instrumentos musicales.

ZANFONA

El segundo instrumento de cuerda que nos encontramos representado en el Pórtico, es la Zanfona. Como su más inmediato antecedente, podemos considerar al Organistrum. De este instrumento no se conservan muestras plásticas antes del siglo X. Más adelante será abundantemente representado en grabados, capiteles, etc. Es muy probable que la primera representación iconográfica, en la que se puede contemplar una zanfona, sea una dovela que procedente de la Iglesia de San Bartolomé de Pontevedra, se encuentra en el Museo Provincial de dicha ciudad. La estructura de la Zanfona recuerda la de una "vielle". Dispone de tres cuerdas de melodía al unísono, a las que se suman dos bordones (bordón y bordoncillo), y al igual que el "ronco" de la gaita, son notas pedales que emiten un sonido constante y van colocadas fuera de la caja armónica, aunque todas son alcanzadas por la rueda de frotación. Por dentro del teclado van las tres cuerdas cantantes.

Las dos primeras de tripa se afinan en Sol al aire, la tercera, pese a que también lo era, llevaba, no obstante, un entorchado de hilo metálico y se afinaba a la octava baja de las anteriores.

La afinación de la Zanfona no era posible si sus cuerdas no lograban separarse, para ello disponía el instrumento de unas "estaquillas" de madera llamadas "especas" en la zona del teclado que limitaba con la rueda. Dichas estaquillas poseían una ranura en la parte superior para enganchar las cuerdas y aislarlas de la rueda de frotación.

La representación que nos encontramos de este instrumento en la archivolta musical de Toro responde en su estructura a las características ya descritas. El sedente instrumentista que lo tañe está accionando con la mano derecha la manivela que roza las cuerdas del sonido mientras que con la izquierda pisa las teclas situadas en el mismo lado del instrumento.

Las reproducciones plásticas posteriores al siglo en el que se levantó la Colegiata son muy abundantes, señal inequívoca del aprecio que gozaba la Zanfona.

A pesar de su progresiva desaparición, hoy puede oírse su sonido en fiestas y romerías españolas. En Galicia llegó a constituir, junto con la gaita, el instrumento folklórico por excelencia. No sólo en España, también en otros países de Europa como Rumanía, Hungría, etc., pervive hoy este singular instrumento (2).

ARPAS

Salvo en zonas muy delimitadas de América Latina, el arpa no ha llegado a constituir un instrumento folklórico. Podemos encontrarla en la Colegiata perfectamente representada. Se trata de un Arpa Románica en la que se pueden distinguir admirablemente talladas la columna, la consola y la caja de resonancia. Es muy probable que este estilo perdurara hasta 1430, fecha en la que el instrumento debió evolucionar .

SALTERIOS

Tres tipos diferentes de Salterios se pueden distinguir en Toro; en uno podemos apreciar su forma rectangular y sus veinte cuerdas que terminan en el costado izquierdo del instrumento arrolladas en clavijas: el instrumentista lo suspende del cuello apoyándolo sobre las rodillas en actitud de tañerlo. Para ello dispone en la mano derecha de un plectro con el que pulsa las cuerdas. Respecto a los otros uno tiene forma de lira y presenta las cuerdas tendidas a lo largo de su caja armónica, el músico las pulsa con la mano derecha, mientras con la izquierda presiona un dispositivo semejante a un mango colocado en la parte superior del instrumento, su misión es fijar el equilibrio del mismo. El otro salterio, situado horizontalmente sobre las piernas del músico, permite apreciar en la caja armónica cinco orificios de resonancia por la parte exterior y unas clavijas que tensan las cuerdas. Su forma es triangular, igual a la de los salterios de media ala.

INSTRUMENTOS DE VIENTO .

GAITAS

Las dos gaitas de Toro, tañidas por jóvenes reyes, son estilísticamente semejantes al resto de los instrumentistas que adornan el pórtico. Una de ellas está muy deteriorada, en la otra se puede apreciar el "soplete" (tubo de inclusión del viento) cuya lengüeta introduce en la boca el joven gaitero, y el "fol" (depósito donde se almacena el aire) que está presionando con el brazo izquierdo. También se puede distinguir el "punteiro" con los ocho orificios emisores del sonido. El "ronco" en cambio, no aparece tallado, bien porque el escultor olvidara ponerlo o porque al ser muy primitiva carecía del mismo. La gaita ostenta una cabeza de rey como elemento decorativo.

ALBOKA

El segundo aerófono que se puede contemplar en el Pórtico es la Alboka, original y arcaico instrumento que debió encontrarse muy difundido tanto en la Corte como en el pueblo.

Ciertos autores coinciden en considerar morisca la palabra "albogue". Es posible que el término pudiera derivarse de alguna de las palabras arábigo-moriscas, tales como AI-bukum o AI-buk (3). En lengua vasca pervive la K de AI-buk. El Albogue o los Albogues eran muy usados por los moros andaluces. Julián Ribera, refiriéndose al Secundí, dice de él que vivió en Sevilla hacia el siglo XIII, y que en la información que dicho cronista da sobre los instrumentos que en esa ciudad se tocaban enumera entre otros los siguientes: el Jayal, el Carrizo, el Laúd, la Rota, el Rabel, el Canum (salterio), la Quénira (especie de citara), la Guitarra, el Zaloní (pbal), la Xocra, la Nura y por ultimo el Albogue. De lo dicho, se deduce que la Alboka muy bien pudiera haber sido importada por los moros (4).

La estructura de la Alboka, tal y como hoy la encontramos en Vascongadas, se compone de los elementos siguientes: unos tubos sonoros que en vascuence reciben el nombre de Kañak (cañas), consistentes en dos cañas bien secas en las que se han practicado varios orificios que producen el sonido. Su número es de cinco en uno de los tubos y de tres en el otro. Estos orificios, que son dobles se tapan respectivamente con los dedos anular e índice de la mano derecha, y los restantes con el índice y medio de la izquierda. Las dos cañas se unen entre sí con pez y en el extremo de las mismas se colocan dos cuernos. El pequeño es el de la boquilla que cubre las lengüetas; de ellas sobresalen dos pestañas que se adhieren al yugo con unos clavillos. El otro cuerno grande es el "pabellón" y no se clava ya en el yugo, sino que es movible.

El Yugo es otra de sus partes constitutivas, de madera de haya o nogal tiene forma semicircular y se adorna con espacios geométricos abiertos. En la parte de arriba que se llama "cima", van las dos cañitas unidas. Una cadenilla metálica sujeta el yugo al pabellón, evitando que éste pueda caer al suelo.

En el Pórtico de la Gloria de Toro podemos apreciar uno de estos rústicos instrumentos situado en la media archivolta derecha del espectador. El albokari pega los labios a uno de los pabellones o cuernos en actitud de insuflar el aire y con los dedos índice y anular de la mano izquierda tapa los orificios correspondientes. Se puede observar también con entera claridad, pese a la tosquedad de la piedra, las distintas partes que forman el instrumento, particularmente los dos pabellones; el que es movible presenta un curioso dentado a lo largo de todo su borde superior.

FLAUTAS

El conjunto formado por flauta y tamboril es eminentemente folklórico, manteniéndose como tal hasta nuestros días en bastantes regiones españolas. Según las localidades, reciben nombres diferentes: flautilla y silvo en Castilla, flabiol o fluviol en Cataluña y Txistus en Vascongadas. En todas estas regiones sirve de acompañamiento en sus fiestas populares. En la archivolta que nos ocupa podemos apreciar un conjunto de flautas acompañadas por campanillas en lugar del consabido tamboril. La flauta de Toro es recta, de pico, y presenta más de tres orificios. La campanilla que la acompaña es un instrumento autófono que aisladamente no tiene más objetivo que el rítmico, no obstante cuando se agrupan varías, afinadas en distintas tonalidades, pueden tener ya un papel melódico.

INSTRUMENTOS DE MEMBRANAS

PANDEROS

Dos tipos de panderos se incluyen en el Pórtico. Uno es cuadrado y presenta la forma de una pequeña baldosa o loseta, correspondiéndose perfectamente con el tipo de pandero traído por los árabes a España; el "adufe". De origen semítico, fue importado por ellos y aclimatado en nuestro país, en donde hoy es usado por el pueblo formando parte de sus instrumentos folklóricos. La siguiente Seguidilla, procedente del pueblo del Alosno, en la provincia de Huelva, nos da idea no sólo de la pervivencia del instrumento en la tradición popular, sino también del término árabe conservado con el cual se la denomina.

Voy a soltar i'aufe (adufe)
que estoy sudando
arrójame un pañuelo
Lienola (Leonora) Ramos
y si no tienes
anda cá Alonso el médico
que te lo empreste.

El segundo pandero, situado en la semiarchivolta izquierda del espectador, va suspendido del cuello del panderetero por medio de unas correas que lo mantienen sobre las rodillas, mientras lo percute con dos baquetas que lleva en sendas manos. Esta tipología se corresponde con los tambores de "marco redondo" formados por dos parches o membranas unidas con un marco circular. Es posible que en su interior llevara además unas cuerdas tensadas que haciendo el oficio de bordones aumentaban su resonancia. Por estas características podemos relacionarlos con los tambores del "schaman" descritos por Curt Sachs en su Historia Universal de los Instrumentos Musicales.

DESCRIPCION DE UN APARENTE XILOFON .

El único instrumento desconocido que el anónimo escultor de la Colegiata grabó en su pórtico es un idiófono de extraña forma que ocupa el cuarto lugar en la semiarchivolta izquierda, su desconocida estructura y las escasísimas reproducciones conservadas, hacen difícil la identificación.

Contemplando la actitud en la que está tocando el instrumentista, podría identificarse su instrumento con un Xilofón, ya que los elementos que a simple vista lo forman, así permiten confirmarlo. Una serie de tablillas en disminución y de diferentes longitudes, van colocadas de mayor a menor en sentido divergente sobre una caja de resonancia de forma alargada y piramidal. La parte más ancha reposa sobre el hombro izquierdo del músico, a la vez con la misma mano empuña el mástil en que termina el instrumento.

Originado el Xilofón entre los pueblos primitivos, se componía de un juego de tablillas de madera que apoyaban en unos nodos de vibración y se golpeaban con palos o mazos. Se ponían en vibración por la percusión de estos macillos sobre las tablas que lo integraban, y producían en ellas, según la mayor o menor longitud, un sonido diferente.

El extraño instrumento del Pórtico está siendo frotado con un rascador que se desliza por sus tablillas, lo que parece descartar la anterior afirmación.

No sería aventurado relacionarle con un curioso instrumento que perdura en la tradición folklórica de algunas regiones españolas. Conocido por el "pueblo", le llaman Huesera. En este caso, el instrumento de la Colegiata seria una versión estilizada de la misma. También cabria pensar que el pueblo lo hubiera tomado de los instrumentos cultos y adoptado como elemento rítmico de sus canciones.

La Huesera que hoy usa el pueblo se compone de una serie de 8 a 14 huesos de pata de cordero o cabrito, enhebrados por sus extremos mediante una fina cuerda o ante formando un pequeño guitarro. El intérprete de la misma se lo cuelga al cuello sobre el pecho, y con la mano izquierda toma el hilo por uno de sus extremos, mientras con la derecha rasca rítmicamente sobre la escala de huesos con unas castañuelas.

En zonas de Castilla la Nueva se le da el nombre de "arrabé" (5), y en Cataluña el de "ossets".

El folklorista Joan Amades, dice lo siguiente de este instrumento:

"...que está fet amb un rengle de canyella d'ocell subjectats per totes dues puntes i en disposició parallela. Ham se' el penja al coll i fa sotrayar una castayola omunit y ovale d' aquesta mena de lira d'ossos..." (6).

Añade que es llamado por el pueblo "bandurria d'osos" (bandurria de huesos), y más corrientemente "els ossets" (los huesecillos).

De lo expuesto se deduce que el instrumento de la Colegiata podría relacionarse con la "huesera" descrita. Sin embargo la que toca el intérprete de Toro va colocada sobre un cuerpo piramidal que constituye una caja de resonancia en la que se vislumbran por entre sus tablillas unos oídos, este rasgo lo aparta de la Huesera tradicional.

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(1) Sachs, Curt. Historia Universal de los Instrumentos Musicales. Buenos Aires, 1947, pág. 330.

(2) Manga, Janos. La Musique Populaire Hongroise et ses Instruments. Budapest, 1969, pág. 62.

(3) García Matos, Manuel. Instrumentos Musicales Folklóricos de España. Anuario Musical del I. de Musicología del C.S.I.C., Madrid, 1956. Pág. 141, vol. XI.

(4) García Matos, Manuel. Ob. Cit., pág. 142.

(5) García Matos, Manuel. Cancionero Popular de la Provincia de Madrid. Instituto Español de Musicología C.S.I.C., Barcelona, 1951, vol. I, pág. 41.

(6) Amades, Joan. Música de Pesebre. Capitol X de la obra "El Pesebre", pág. 5. Barcelona, 1959.