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SAN SILVESTRE “EL PERRERO” Y OTRAS FIESTAS DE INVIERNO EN NAVA DE FRANCIA (SALAMANCA)

PUERTO, José Luis

Publicado en el año 1993 en la Revista de Folklore número 151.

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SITUACION GEOGRAFICA

Es Nava de Francia una pequeña localidad, situada en la comarca salmantina de la Sierra de Francia, en una nava o elevada planicie, a la que el topónimo alude, que se halla en la parte nor-oriental de la montaña sagrada de los serranos: la Peña de Francia (1.723 metros de altitud), en cuya cima se encuentra un convento de frailes dominicos, una hospedería y un santuario, en el que se venera una imagen de la Virgen, negra o "morena" -como dicen los comarcanos-, del mismo nombre.

Este pueblo es nombrado en las distintas versiones de un romance geográfico que se recita en toda la zona. En una de ellas, se alude a su localización o situación geográfica:

Allí arriba en aquel alto
está la Peña de Francia,
un poquito más abajo
El Casarito y la Nava...

En otra de las versiones, se hace referencia al oficio dominante en el pueblo, por el que tradicionalmente son conocidos en toda la Sierra sus vecinos:

La Nava, los carboneros
que a Extremadura se marchan...

La elaboración y posterior venta del carbón vegetal por todas las tierras aledañas, llegando incluso -como el verso indica- hasta tierras extremeñas, y también a Salamanca, la capital de la provincia, ha sido la principal ocupación de los habitantes de esta localidad, hasta no hace mucho tiempo. En otra versión del romance, se nombra a las gentes de Nava de Francia por medio de un dicterio, es decir, de un defecto que se les achaca:

Para ladrones, la Nava...

Sin duda, un vicio que no se puede imputar a los laboriosos y sufridos habitantes de un pueblo pobre, de clima duro y extremado, y que ha tenido que soportar una penosa emigración, que ha diezmado su caudal humano, como el de otros pueblos de la Sierra de Francia.

LA FIESTA DE SAN SILVESTRE, «EL PERRERO»

Se celebra esta fiesta el día 31 de diciembre, es decir, el último del año. Para la celebración de la misma, el Ayuntamiento nombra a los distintos cargos que, de una u otra forma, en ella intervienen:

-Los mayordomos: Que son siempre dos, elegidos entre los hombres casados más recientes. Tienen un importante papel y son acompañados por sus respectivas mujeres y por los demás miembros de la familia.

-El perrero: Sin duda, es el personaje más representativo de la fiesta, a la que aporta este sobrenombre. Es un mozo que viste con una camisola de lienzo (lino), que tiene un estampado a castros (a cuadros), unos de color ceniza y otros blancos; dicha camisola le arrastra hasta los pies y la lleva ceñida con un cinturón o cinto, del que cuelgan dos emborlas (borlas), parecidas a las del cíngulo con el que se ciñen los sacerdotes el alba; lleva colgado al cuello un gran collar hecho de toras (bogallas) de los robles, rematado con una cruz muy rústica y tosca de palos de laurel; y en uno de los pies, lleva atada con una correa, en torno al tobillo, una cencerra, que, a medida que anda y corre, le va sonando. Con un látigo, persigue a muchachos y niños que, a la vez que escapan de él, le recitan una retahíla que indicaremos. El perrero, como veremos, interviene durante la mañana de la fiesta, antes de la celebración de la misa.

-Los dos alguaciles: Son personajes (dos mozos) que acompañan al perrero y que, sin otro especial atavío que la ropa de los días de fiesta, portan sendas varas, bien derechas, de palo de zarza o de otro árbol o arbusto, que van rematadas en su parte superior por un vistoso ramo de flores de papel, multicolores, y que tienen como adornos cintas de colores y ramas de hiedra; incluso, cubriendo las varas aparece un paño (de color anaranjado, lo hemos visto) reliándolas. No se nos pueden pasar por alto las ramas de hiedra que llevan estas varas como adorno; en la comarca leonesa de La Maragatería, en la fiesta de Año nuevo, los pastores de algunos pueblos piden el aguinaldo por todas las casas y, en la que les dan algo, colocan un ramo de hiedra. ¿Tendrá esta hiedra una significación de resurgir vegetal en un momento del año en el que la naturaleza está como dormida y muerta? ¿Querrá expresar el deseo de una revivificación natural?

-Los campaneros: Están encargados de tocar las campanas, tanto en la fiesta como en la noche de la víspera, durante el canto de la alborada y horas siguientes.

-Los monaguillos: Son los muchachos que se ocupan de ayudar a misa, en el último momento de la mañana de la fiesta.

LA NOCHE DE LA VISPERA

Durante la noche de la víspera de la fiesta, el perrero, los alguaciles y todo el acompañamiento que llevan («la farra de todos», según nos dicen), recorren el pueblo, con el tamborín (tamboril) y los cohetes, a la vez que se volean las campanas (voleo que dura toda la noche), y van a cantar la alborada ante las puertas de las casas de los mayordomos salientes y de los entrantes y ante la de la iglesia.

El canto de las alboradas durante la noche de la víspera, ya sea de una fiesta religiosa o de la celebración de una boda, es muy característico de toda la Sierra de Francia. Ya las hemos definido, en las páginas de esta misma revista, cuando tratábamos de algunas fiestas albercanas de invierno.

Esta es una muestra parcial del texto de una alborada de esta fiesta, cantada hace ya más de cuarenta años. Los textos suelen mantener unas constantes y unas variantes, de unos años para otros; depende de a quiénes vaya dirigida la alborada:

Los buenos días le damos
a Ezequiel y a la Epifania,
que nos saquen l'aguardiente
y se vuelvan a la cama.

Los buenos días le damos
a Ezequiel y a la Epifania,
que nos den los buenos días
y se vuelvan a la cama.

Los mayordomos, una vez que ha terminado el canto de la alborada delante de sus casas, convidan a todo el grupo que ha intervenido en el mismo a una copita de aguardiente y a unos dulces.

EL DIA DE LA FIESTA

Por la mañana, antes de la misa, el perrero, acompañado por los dos alguaciles, uno a cada lado, vestido el primero con las indumentarias descritas, y los segundos con sus varas, tal y como se ha indicado, recorren todo el pueblo, acompañados por el tamborilero, con la gaita y el tamborín. Van casa por casa y entran en cada una de ellas; cada vecino los convida a tomar aguardiente u otro licor y dulces; como el recorrido es de petición -piden al Santísimo, puesto que, según nos dicen, «es una fiesta que se le hace al Santísimo»-, cada vecino les da la voluntad, siempre en dinero, no en ningún tipo de producto alimenticio.

Durante este recorrido, el perrero va con un látigo y corre tras de las mozas, para darles con él, así como también tras de los niños y los muchachos, quienes lo van siguiendo a distancia, a la vez que le recitan continuamente, en alto, la siguiente retahila:

Perrero, machuquero,
macha el ajo en el mortero;
me comistes la morcilla,
me dejastes el morral;
anda, goloso, golilla,
que tú volverás.

A las doce, se celebra la misa, a la que acude todo el pueblo. El rito litúrgico de esta fiesta tiene de particular el ofertorio; en él se coloca en la tribuna el sacerdote oficiante con un alguacil a cada lado, con sus respectivas varas ya descritas; los vecinos que lo desean van a ofrecer hasta el altar, echando la voluntad en el recipiente que porta el sacerdote, cubierto en su fondo con un paño; el último que va a ofrecer es siempre el perrero, que lleva una vela encendida, y deposita lo recaudado en el peditorio de la mañana por todo el pueblo. Los mayordomos asisten a la misa con capa y uno de ellos lleva la vara del Santísimo.

Tras la misa, se celebra en el local del Ayuntamiento el convite a todo el pueblo; antes dicho convite era costeado por los mayordomos del año, en la actualidad, ante la falta de mayordomos, lo paga el Ayuntamiento. Consiste el mismo en dulces de distintos tipos y en bebidas: anís, coñac, vino...).

Termina la fiesta con el baile que por la tarde se celebra en la plaza, tras la comida, al son del tamborín y de la gaita también, en el que participan mozas y mozos, casadas y casados (1).

POSIBLE SIGNIFICADO

En un pueblo cercano a Nava de Francia, el Cabaco, perteneciente también a la misma comarca serrana, se celebra esta fiesta con idéntica significación: la de pedir por todo el vecindario para el Santísimo. Salen haciendo una cuestación por todo el pueblo los hombres del Cabildo (cuatro hombres mayores), para el Santísimo. Los vecinos les dan alubias, garbanzos, chorizo, patas de cerdo... Lo recogido se subasta posteriormente y el dinero obtenido se emplea para comprar la cera necesaria con que alumbrar al Santísimo. La petición o peditorio se realiza por la mañana y la subasta, por la tarde (2).

La finalidad de la petición es idéntica en los dos pueblos: está destinada para el Santísimo. Lo peculiar de Nava de Francia es quién la realiza. La figura del perrera puede ser asociada con las de los zamarrones o zangarrones (nombre con el que se designan en el cercano pueblo de Garcibuey), que aparecen en distintas fiestas del ciclo de Navidad y del invierno, tanto en la región castellano-leonesa como en otros lugares de España, con éstos u otros nombres parecidos. Este de Nava de Francia tiene cierto carácter grotesco, que se acentúa sobre todo en el momento de espantar a los muchachos, quienes le lanzan su retahíla, y, a la vez, cumple la función de ser el sujeto que realiza la petición, acompañado, como ya sabemos, por los dos alguaciles.

Acaso se pueda dar al perrera de Nava de Francia -un «rey» grotesco y momentáneo durante la fiesta- la misma significación que Julio Caro Baroja otorga al zancarrón de Montamarta (Zamora), de la fiesta de Reyes: «es un personaje –indica- de cierta importancia que debe asegurar la fertilidad de los campos, y las azotainas que ejecuta son con suma probabilidad fertilizantes asimismo» (3). ¿Y el collar de toras (bogallas de roble) que lleva no tendrá una significación de querer regenerar los robledales que circundan al pueblo, en el invierno aletargados? De ser éstos sus sentidos, la función ritual del perrera sería la de asegurar la futura regeneración de la naturaleza, la germinación de los campos, de las plantas y de los árboles, en un momento, como es éste del invierno, en el que todo el mundo natural está aletargado y muerto, recogido en la matriz de la tierra.

OTRAS FIESTAS DE INVIERNO
Los Reyes Magos

En esta fiesta, última del ciclo navideño o de los doce días, los muchachos del pueblo recorren las calles del mismo y van pidiendo el aguinaldo. Los vecinos les dan, sobre todo, algún producto de la matanza del cerdo: un trozo de tocino, de chorizo o de morcilla. Cada uno, para pinchar y recoger lo recibido, lleva un palo derecho y bien afilado, en el que va ensartando los distintos productos.

Con lo recogido, no hacen ninguna merienda en común, sino que cada uno de ellos lo lleva para su casa. Una informante nos indica que no salían todos los muchachos a pedir este aguinaldo de Reyes, sino solamente los de las familias más necesitadas del pueblo.

Los que realizan la cuestación entonan, en la petición de este aguinaldo el siguiente cantar, un pequeño romance que alude a la fiesta y al propio aguinaldo:

Buenos días de los Reyes,
buenos principios de año,
entre duques y marqueses
al Rey le piden «guinaldo».
Yo se lo vengo a pedir
a este caballero honrado,
que me dé de «los» sus bienes
porque Dios se los ha dado,
que me dé un buen «guinaldito»
....................
y tenga otro cebonito
para otro año.

Las Candelas

En esta fiesta, que se celebra el día 2 de febrero, hay dos mayordomas, que suelen ser las últimas mujeres que se han casado. Se viste la imagen de la Virgen, y también las andas, y se llena de flores de papel. Se saca esta imagen mariana a misa, se coloca en la parte de atrás de la iglesia y se la lleva a ofrecer; el sacerdote la recibe delante y, acompañándola, se le lleva a este ofertorio el cordero y las palomas y se hacen tres venias hasta llegar al altar, donde se ofrecen.

Los animales se llevan en un cestito; el cordero (uno recién nacido, de algún vecino con una oveja recién parida), atado con cintas. Existe la creencia en el pueblo de que al cordero ofrecido en las Candelas nunca lo puede comer el lobo. También se ofrecen velas para alumbrar a la Virgen, bendecidas; así como el bollo (una rosca), para el cura.

San Blas

Existía una ermita, en el término del pueblo, dedicada al santo y en la que se encontraba su imagen, hoy ya en la iglesia. Para la celebración de la fiesta, el 3 de febrero, un vecino voluntario del pueblo se prestaba como mayordomo.

En la tarde de la fiesta de las Candelas se iba a buscar a San Blas a su ermita y se llevaba a la iglesia, junto con la Virgen. Y el día de San Blasino, el posterior a la fiesta, se volvía a llevar la imagen del santo a su ermita, acompañado también por la de la Virgen.

La fiesta consiste en la misa, la procesión y el ofertorio al santo en la plaza; se le ofrece dinero. La cayada y el dedo de la imagen de San Blas van llenos de gargantillas, que ponen las gentes, para ser bendecidas; cada vecino coloca las de toda su familia. Y, en San Blasino, cada cual recoge las que puso y se las ponen en la garganta, como «sacra» protector de la misma, para prevenir los males que puedan afectarla.

Hace ya tiempo, además del ofertorio, se celebraba en esta fiesta el ramo y las danzas y, en ellas, se tecía y destecía el cordón, según nuestras informantes (también se hacía en la fiesta del Cristo). En el momento de tecerlo (trenzarlo), cantaban:

Para tecer el cordón
licencia pedimos todas
y, si el Señor nos permite,
queremos salir con honra.

Y, antes de destecerlo (destrenzarlo), entonaban:

El cordón ya está tecido
y no ha habido novedad,
ahora para destecerlo
será la dificultad.

Hemos recogido, como muestra oral de esta fiesta, algo que posiblemente en ella existió: que algún devoto o incluso los integrantes del ramo le echaran relaciones (poesías destinadas a la patrona o patrón de la festividad, dándole gracias por bienes recibidos y pidiéndole mercedes) al santo. He aquí una de ellas:

San Blas:
Aquí te traigo una vela
ni muy grande ni muy chica
ni tampoco muy pequeña.
La culpa tuvo el cerero
que no le ha echado más cera,
la culpa tuvo mi padre
que no le dio más moneda.

También hemos recogido un fragmento de cantar al santo, que pudo haber sido alborada dedicada al mismo, y que, como ya conocemos, en la Sierra de Francia, se canta durante la noche de la víspera festiva. Este es el texto:

San Blas es de Sebaste,
de la ciudad de Sevilla,
le sacó la espina a un niño
que en la garganta tenía.
San Blas para sus estudios
muchos martirios llevó
y en la ciudad de Sebaste
se ganó el triunfo mayor.

Santa Águeda

En esta fiesta (5 de febrero), «mandan» las mujeres casadas en el pueblo. El tamborín del baile es costeado por ellas y son ellas las que sacan a bailar a los hombres en el mismo, invirtiendo la costumbre que hace que esta iniciativa la tomen los hombres. El forastero que en esta fecha pasa por el pueblo o está en él tiene que darle dinero a las mujeres («ése -nos dicen- era pelado; tenía que dar»).

Los Carnavales

El Martes de Carnaval, por la tarde, los antruejos torean a la vaca-tora en la plaza del pueblo. La vaca-tora consiste en un armante de madera, que lleva un mozo, tapado con un saco embutido en heno; al armante van atados unos cuernos y muchos cencerros. Los antruejos (unos mozos) tienen tapada la cara y van disfrazados con ropas viejas o de mujeres. El final de esta tauromaquia grotesca consiste en la simulación de que la vaca-tora muere: hacen como que la pinchan y ella se deja caer al suelo. Estas tauromaquias grotescas de Carnaval se celebran también en otros pueblos de la Sierra de Francia, con unos u otros nombres.

Semana Santa

Puede decirse que la Semana Santa supone el final del ciclo festivo del invierno y que el Domingo de Pascua abre el nuevo ciclo primaveral.

El Domingo de Ramos llevan a la iglesia el ramo de aurel (laurel) para ser bendecido por el sacerdote en los oficios litúrgicos del día. Una vez que regresan a casa, cada vecino coloca el suyo en algún balcón o ventana de la misma, como «sacra» protector contra los truenos y su devastadora acción, en los momentos de tormentas.

A los oficios litúrgicos de Semana Santa, una vez que se ha colocado el «Monumento» el Jueves Santo, se avisa con el carracón (instrumento de tablas y clavos que se mueven en torno a ellas) y los muchachos tocan de continuo las carracas.

Cada vecino lleva a los oficios de la iglesia, el Sábado Santo, una cantarina de lata, llena de agua. El cura la bendice, según el ritual litúrgico, y la vuelven a llevar a casa, donde la utilizan para rociar el ganado, los corrales y la propia vivienda, ya que se considera como beneficiosa contra los truenos, las salaciones (insolaciones) y cosas malas.

Pascua de Resurrección

Se inicia, con esta fiesta, el ciclo de celebraciones primaverales. En Nava de Francia, tras la misa, se celebra la procesión del encuentro, tan característica en tantos otros lugares, donde, por un lado va la imagen de la Virgen y, por otro, la de Cristo, acompañadas por mujeres y hombres respectivamente. Este es el texto del cantar del encuentro:

Ya sale la procesión,
ya repican las campanas,
ya sale el Hijo de Dios
con su madre soberana.

Por toda la iglesia adelante
voy pisando losa en losa
y el corazón de María
se nos parece una rosa.

Por un lado va la Virgen,
por el otro el Niño vuelve,
se juntan al campanario
dándose mil parabienes.

Quita el manto de dolor
y ponte el de la alegría,
verás venir a tu Hijo
entre tanta compañía.

Quita el manto de dolor,
Madre del Verbo divino,
quita el manto de dolor,
que ha resucitado Dios.

La muerte ha sido vencida en este tránsito del invierno hacia la primavera, tránsito cristianizado con la pasión, muerte y resurrección de Cristo. La naturaleza muerta, dormida y aletargada, despierta ahora. Se inicia el momento de la germinación, del brotar, de la fecundidad de las semillas. En el terreno humano, entramos en la estación del amor.

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NOTAS

(1) Nos han proporcionado toda nuestra información sobre ésta y las demás fiestas descritas de Nava de Francia la señora Ulpiana Santos Benito, de 86 años, y, sobre todo, la señora Epifania santos Marcos, de 84 años; aparte de nuestra observación directa de la fiesta de San Silvestre "el perrero".

(2) Informante de El Cabaco: Vicenta Caño Sánchez, de 67 años.

(3) CARO BAROJA, Julio: El Carnaval (Análisis histórico-Cultural), 2ª ed., Madrid, 1979, pp. 321-322.