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ETNOLOGÍA E HISTORIA. PROPUESTAS DE METODO PARA LA INVESTIGACIÓN HISTORICA

OLMOS HERGUEDAS, Emilio

Publicado en el año 1993 en la Revista de Folklore número 152.

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Los temas de trabajo que en la actualidad parecen interesar a los historiadores se distancian cada vez más de los que se habían considerado ámbitos temáticos específicos de la fuente documental escrita. Las novedosas líneas temáticas de investigación y los nuevos enfoques que se dan a los temas tradicionales, en especial en los últimos años, ponen en cuestión la significatividad de algunos contenidos de las fuentes históricas escritas y arqueológicas, sobre todo en aquellos temas en los que el investigador parece centrar con más insistencia su interés. De este modo, surgen nuevos campos de actuación en los que el historiador se lanza a la búsqueda de informaciones, campos desde los que es necesario ampliar y enriquecer los contenidos obtenidos a partir de la documentación escrita.

La fuente oral es uno de estos nuevos campos de información. Se proponen aquí algunas reflexiones sobre las posibilidades que puede ofrecer la fuente oral a un trabajo de investigación histórica. Tomando como punto de partida un somero análisis del panorama actual de la investigación sobre fuentes orales, se intentarán sacar algunas conclusiones en torno al estado actual de la cuestión en este campo con la intención de perfilar algunos planteamientos que podrían adoptarse para superar los problemas y limitaciones que nos parece que existen en la actualidad.

En primer lugar analizaremos ese proceder respecto al uso de la fuente oral que se conoce como «historia oral», sin lugar a dudas el método más extendido cuando se trabaja con este tipo de fuentes. Se tratará de explicar cómo surge este planteamiento, cómo se articula, y cuál es el contexto en el que aparecen algunos de los trabajos que han sido más decisivos para su desarrollo tanto en Norteamérica como en otros países. Se intentará además sintetizar las características de esta corriente, exponiendo algunos de los que creemos pueden ser los planteamientos básicos que la definen y que pueden indicar cómo éstos pueden ser tomados para la investigación histórica.

En segundo lugar, y a partir de las conclusiones alcanzadas, se esbozará un punto de partida que ofrezca un enfoque metodológico diferenciado de lo expuesto y que supere algunos de los obstáculos más serios con los que antes se haya tropezado. Este punto de partida propone el estudio de la fuente oral por parte de la historia a partir de la etnología, apoyándose en los materiales que hasta el momento actual ha recogido ésta y en su amplia experiencia en la realización de trabajos de campo.

El proceder metodológico y la práctica más extendida en el uso de las fuentes orales entre los historiadores es la llamada «historia oral» (1). Surge como una práctica y una disciplina de la sociología empírica norteamericana desarrollada por la escuela de Chicago durante los años veinte. W. J. Thomas y F. Znaniecki publican entre 1918 y 1920, una de las obras clásicas de la literatura sociológica: The polish peasant in Europe and America (2). Con esta obra, y a contracorriente del análisis estadístico dominante entonces, Thomas y Znaniecki proponían una vuelta a la historia de los individuos -«The life history»-, constituida por textos documentales escritos y orales, presentados como el material más exhaustivo, minucioso y personalizado con el que la sociología podría nunca trabajar.

Durante la década de los cuarenta se desarrolló la técnica de entrevistas con magnetófono, a la vez que las nuevas posibilidades que ofrecía una técnica de reproducción sonora cada vez más barata y fiable impulsaron la práctica de este método. Durante los años cincuenta se multiplicaron los expertos en «historia oral» y se crearon numerosos departamentos dedicados a la «oral history» en todas las grandes universidades norteamericanas.

La difusión del nuevo método de trabajo entre los profesionales de las ciencias sociales se debe sobre todo al antropólogo Oscar Lewis. Con sus obras más conocidas, Los hijos de Sánchez y Pedro Martínez, ha contribuido en buena medida a que la «historia oral» dejara de ser un recurso limitado al campo de la sociología.

En la actualidad el método de la «historia oral» se utiliza también ampliamente fuera de los EE.UU. Así, por ejemplo, en Polonia Znaniecki creaba en 1921 en Poznan un grupo de «historia de lo vivido». De modo paralelo Kzywicki organizaba en Varsovia un grupo marxista de «historia vital», y en Cracovia se realizaba una encuesta de proporciones gigantescas sobre cultura proletaria y autodidactismo. Con una tradición tan dilatada y tal diversidad de planteamientos, Polonia cuenta en la acualidad con uno de los más amplios y ricos fondos de «historia de la vida», que puede calcularse en varios cientos de miles de relatos personales.

En Gran Bretaña la recopilación de «historias de vidas» surgió dentro del ámbito estrictamente académico de la universidad de Essex. Pero pronto se desbordó este ámbito inicial, y «The Oral History Society» reunió a expertos de diversas formaciones y procedencias. La publicación de boletines y revistas produjo una importante renovación de la historiografía británica, especialmente la dedicada a temas de historia social e historia obrera.

La «historia oral» francesa no se ha introducido en los ambientes académicos hasta hace muy poco. Su característica más representativa es su conexión con otros planteamientos y métodos de la sociología, la antropología y otras ciencias sociales que también han sido asumidos por los historiadores. Existen ya numerosos grupos de investigación dedicados a la tarea de acumular el mayor número posible de historias de la vida.

Este ambiente generalizado de iniciación en el método, que es común a casi todos los países europeos occidentales, es el que también define la situación de la «historia oral» en España. Creemos que el panorama peninsular puede caracterizarse en estos momentos por su minoritarismo, por su heterogeneidad de planteamientos y por el limitado interés metodológico y teórico de los trabajos realizados. Es practicada igualmente por antropólogos, sociólogos e historiadores, y entre estos últimos pueden encontrarse presupuestos de trabajo bien diferentes, según estén influenciados por la práctica de ésta o aquélla ciencia social. El desarrollo de la «historia oral» en la península se ha producido a partir de un núcleo inicial localizado principalmente en Cataluña durante la segunda mitad de los 80, y está unido a la revista Historia y fuente oral, que ha servido como medio divulgador y cohesionador de sus planteamientos (4).

Desde el punto de vista de la investigación histórica, las características que pueden apuntarse como conclusiones sobre la «historia oral» y que definirían a ésta son las siguientes:

El campo de actuación y de investigación de la «historia oral» parece estar limitado temporalmente al marco del siglo XX. Si se toma como único planteamiento de trabajo la recogida de experiencias directas a través del testimonio verbal de sus protagonistas, éstas no pueden conseguirse para una cronología que se prolongue más allá de las generaciones todavía vivas.

Por tanto, las posibilidades de cada investigación no estarían limitadas por las características propias de ésta, ni por el tipo de estudio que se realizaría, sino que quedarían delimitadas por las características inherentes a los informantes orales, y por la posibilidad de éstos de hablar en primera persona sobre cómo vivieron ciertas experiencias o acontecimientos, sin diferenciar los distintos tipos de contenidos que éstos podrían aportar y la valoración diferente que se podría dar a cada uno de ellos.

El posicionamiento teórico y metodológico que asume el historiador de lo oral es el de considerar la información obtenida por esa vía como un recurso para comprobar la veracidad de los documentos escritos conservados. La metodología de trabajo no cambiaría en absoluto respecto a los planteamientos más tradicionales, porque, igual que en aquellos, lo que se pretende es la reconstrucción lineal y total de unos acontecimientos tomados como verdad. La «historia oral» serviría sólo en cuanto supusiera aportaciones y avances en la búsqueda de esa verdad y las fuentes orales aparecerían así como un criterio más de verificación del método empirista-positivista, con lo que su utilización no serviría para revisar el criterio epistemológico con el que se hace la historia.

La «historia oral» destaca únicamente lo emotivo, lo sentido, lo único, aquello que no puede compartirse recurriendo a la explicación racional. Y con estas premisas la investigación histórica lleva a resultados sorprendentes: Si por un lado la historia ha evolucionado desarrollando una base explicativa que da cuenta de lo real de un modo globalizador, que considera una causalidad común compartida por el conjunto de lo material y que pretende explicar de un modo totalizador esa realidad; por otro lado, y saludada ahora como la última novedad en la investigación histórica, se presenta ante nosotros una argumentación explicativa que potencia la singularidad de cada una de las cosas, que pretende simplemente explicar lo pluriforme de las apariencias con que se manifiestan las cosas como una sucesión infinita de singularidades.

El interés de la «historia oral» parece centrarse exclusivamente sólo en cómo son las cosas. La única dedicación de su trabajo sería la de recoger los materiales, acumularlos, clasificarlos, ordenar muestreos y series de entrevistas y al final limitarse a mostrar los materiales que parecen más pintorescos, curiosos, interesantes o representativos. El razonamiento, la generación de argumentaciones explicativas y la construcción de hipótesis que expliquen los cambios que parecen estar al margen de la «historia oral».

Parece claro que el camino que hasta aquí se ha visto plantea algunos problemas metodológicos y algunas dificultades de aplicación. Sin embargo, también parece que el recurso a la fuente oral puede ser interesante y puede aportar recursos importantes al trabajo del historiador. Toca ahora por tanto, exponer aquellos planteamientos que se sugieren para solventar, al menos en parte, alguno de los problemas planteados en torno al uso de la fuente oral.

Las características que definen el uso de la fuente oral que aquí se propone desde la historia son las siguientes:

En primer lugar, la metodología y los sistemas de análisis que se toman de partida son propiamente históricos. Es decir, la fuente oral se plantea como un recurso más de la historia y no como un objeto de estudio en sí mismo. Por tanto, a esta fuente, como a las otras a las que puede recurrir la historia, se accede a partir de un estudio histórico definido, que cuenta con un objeto de investigación y unos objetivos ya planteados y delimitados. La aproximación a la fuente oral se realiza a partir del enfoque histórico dado a una investigación concreta y desde las articulaciones explicativas elaboradas por la historia, y no desde los recursos sociológicos o antropológicos.

En segundo lugar, la recogida de material oral, la elaboración de encuestas y la realización del trabajo de campo se plantea a partir del recurso a la etnología. Esto supone reconocer el interesante trabajo que ésta ha venido realizando en la recopilación y ordenación de materiales; e intenta además aprovechar la enorme experiencia que la propia etnología tiene, dentro de nuestro ámbito espacial, en este tipo de trabajos de campo.

Según esto, una vez definido y delimitado un trabajo histórico cualquiera, es posible completar la información obtenida a través de las fuentes habituales, mediante la utilización de los materiales que pudieran ya haber sido recogidos por la etnología en relación con la temática de esa investigación histórica (5), y a partir de ahí, en un segundo momento, podrían ampliarse a partir de la realización de un trabajo de campo basado en encuestas personales sobre aquellos temas que más interesan en la investigación que se realiza. Se trataría, por tanto, de sistematizar las necesidades de información que se ha planteado el historiador durante su trabajo histórico y delimitar a partir de ellas unas encuestas concretas que se propondrán a los informantes orales (6). Por último, una vez sometidos a un aparato crítico adecuado, los contenidos aportados por los informantes orales quedarían incorporados al trabajo histórico de modo similar a los obtenidos a partir de cualquier otro tipo de fuente, aportando nuevas informaciones y pudiendo también enriquecer el propio esquema de trabajo histórico ya conformado.

Puede decirse que en cualquier estudio histórico existen gran cantidad de contenidos particulares que el historiador necesita conocer durante el curso de su investigación, y sobre los cuales constatará escasos restos escritos o arqueológicos. Para rellenar de algún modo este vacío, el historiador recurrirá ocasionalmente en la práctica de su investigación (aunque no lo reconozca) a informaciones verbales, que de forma fragmentaria y dispersa son proporcionadas por informantes orales, y que en buena medida pueden orientar algunos aspectos de la investigación (sobre todo si con posterioridad se logra una mínima constatación, o más bien una interpretación, documental). Estos contenidos a los que nos referimos pueden ser datos técnicos específicos, particularidades comarcales en diversas cuestiones, unidades de medida y sus correspondencias, organizaciones tradicionales del terrazgo, denominaciones de pagos y lugares, organización y realización de ceremonias, ritos, fiestas, etc. Se propone aquí una organización y sistematización de la recogida de este tipo de informaciones, se propone también su articulación coherente a partir de la experiencia de trabajo de campo que ha venido realizando la etnología, y en definitiva, se propone tanto mantener esta actuación dentro del esquema global histórico que interpreta sus resultados, como ampliarla temáticamente hacia los aspectos que puedan perfilarse como los más interesantes para la investigación en curso y sobre los que con frecuencia más pobres se demuestran otros tipos de fuentes disponibles.

El recurso de la fuente oral aparece así diseñado por el historiador específicamente para la investigación concreta, insertado en una metodología y una argumentación explicativa propia de la historia, incluido en un trabajo que cuenta con objetivos concretos perfectamente delimitados. Su objeto -el del uso de la fuente oral- no sería la plasmación de las sensaciones personales de los informantes, ni sus vivencias. Su finalidad tampoco sería la de revivir éstas, ni recogerlas y transmitirlas para hacer así reaparecer estas sensaciones en quien las contempla. La finalidad de la indagación oral perseguiría, como la de cualquier fuente de información, acceder a ciertos contenidos concretos respecto a aquellos aspectos en que se mueve la investigación histórica.

La etnología se plantea como el mejor marco referencial, porque sus métodos de recogida de materiales y sus sistemas de clasificación no mediatizarían las informaciones recogidas ni las introducirían dentro de explicaciones ya conformadas y ajenas a la historia, a diferencia de lo que creemos que ocurre cuando se utilizan planteamientos sociológicos y antropológicos.

Se trataría, en definitiva, de compartir los materiales y la experiencia que la etnología ha podido conseguir, y entender éstos como un recurso más que puede y debe ser tenido en cuenta por el historiador, un recurso que en el caso de nuestro entorno regional es especialmente importante y cualificado.

Todavía es posible dialogar con una generación de personas que conocieron, durante buena parte de sus vidas, un modo de organización social y técnico de trabajo, unas pautas de relación personal, unos valores, tradiciones y costumbres por completo diferentes a las impuestas por las técnicas de producción de nuestra era industrial. Es importante saber obtener estas informaciones, pensamos que en esto hay mucho que aprender de la etnología, y además hay que saber aprovechar estas aportaciones, que por lo general nunca han quedado fijadas por escrito, y que también pueden ser útiles al historiador. Porque éstas también pueden ayudarnos a comprender mejor cómo fueron las cosas en el pasado, para, a partir de ahí, poder explicar mejor cómo y por qué ha cambiado la sociedad hasta llegar a nuestro presente, que es, a fin de cuentas, de lo que se trata.

NOTAS

(1) Puede verse el artículo de Joseph Goy titulado “Historia Oral” en J. Le Goff, R. Chartier y J. Revel: La nueva historia, Ed. Mensajero. Bilbao, 1988, pp. 510-512.

(2) The polish peasant in Europe and America. Monograph on an Inmigrant group. Boston, 5 Vols., 1918-1920.

(3) Ambas obras publicadas por la Editorial J. Mórtiz en México. Del mismo autor: La cultura de la pobreza. Pobreza, burguesía y revolución. Ed. Anagrama. Barcelona, 1972.

(4) Entre los trabajos de la “historia oral” peninsular destacan los de Mercedes Vilanova: El poder en la sociedad, historia y fuente oral. (VV.AA., editora M. Vilanova). Antonio Bosch Editor. Barcelona, 1986 y Atlas electoral de Catalunya durant la segona republica. Ed. La Magrana. Barcelona, 1986.

Ampliando el marco espacial-geográfico indicado, y con un planteamiento bastante distante, el trabajo de Teresa del Valle titulado Mujer vasca. Imagen y realidad. (VV.AA., dirigido por T. del Valle). Ed. Anthropos. Barcelona, 1985, ofrece una muestra muy diferente sobre el uso de entrevistas y encuestas orales, enmarcando éstas en un planteamiento metodológico variado que pretende abarcar tanto lo sincrónico como lo diacrónico y que queda incluido en el contexto teórico de los estudios antropológicos contemporáneos.

(5) Indicamos aquí algunos ejemplos de esto en diferentes temas concretos:

Para técnicas, útiles y labores agrícolas tradicionales resultan de gran interés los siguientes trabajos: José González Torices y Germán Díez Barrio: Aperos de madera. Ed. Junta de Castilla y León. Valladolid, 1991. José Luis Mingote Calderón: "Agricultura tradicional. Técnicas y útiles" Surcos. Museo Nacional del pueblo español. Ed. Ministerio de Cultura. Madrid, 1992, pp. 9-22 y Catálogo de aperos agrícolas del museo del pueblo español. Ed. Ministerio de agricultura, pesca y alimentación. Madrid, 1990. Cristina Miguélez Ramos "La agricultura tradicional en Ibiza: introducción al estudio de la cultura material". Etnografía española nº. 7 (1989), pp. 7-57. José Luis González Arpide. "El cultivo del trigo en Castrillo de la Reina (Burgos). Ensayo de tecnología agrícola". Etnografía española, nº. 4 (1984) pp. 51-81. Gabriel Calvo "Notas sobre el cultivo de la vid en la Sierra pobre de Madrid", en Etnografía española, nº. 6 (1987), pp. 75-86.

Sobre las técnicas de producción tradicional de cal y piedra de construcción puede verse la obra colectiva Caleros y Canteros, Colección páginas de tradición nº. 1.Ed. Diputación de Salamanca, 1986.

Para los aspectos técnicos de los molinos resulta interesante el artículo de Mª. Elisa Alvarez Llopis "Técnica molinera entre el Cantábrico y el Arlanzón (800-1250)". Revista de Folklore nº. 101, pp.147-159.
También como ejemplo, aunque en otro ámbito temático bien distinto, hay que destacar el trabajo de Luis Díaz Viana: Rito y tradición oral en Castilla y León. Ed. Ambito. Valladolid, 1984, referencia metodológica y empírica obligada para todos los historiadores de la cultura popular en nuestro marco regional.

(6) Como modelo a seguir, y además próximo en el espacio, puede verse el de Luis Vicente Elías y Carlos Muntión, en su obra Los pastores de Cameros, Ed. Gobierno de la Rioja y Ministerio de Agricultura. Logroño, 1989. Utilizaron una extensa encuesta que hemos podido consultar en el Centro Etnográfico “Joaquín Díaz” de Urueña (Valladolid).