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LA CORDERADA DE CASTROPONCE DENTRO DE UNA TRADICION

TRAPERO, Maximiano

Publicado en el año 1980 en la Revista de Folklore número 0.

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Las popularmente llamadas "Pastoradas", "Corderadas", "Corderas", "ViIIancicos" o "Cantos de la rama" son unos autos de Navidad de ambiente pastoril y de tipo tradicional que se conservan en algunas poblaciones de Castilla. Hasta ahora sólo se tenía noticia de que su pervivencia se reservaba a la provincia de León, pero la publicación hecha por Joaquín Díaz de una nueva "Pastorada" (1) en Castroponce, provincia de Valladolid, hace pensar que la tradición no se ha sujetado a unas fronteras artificiales como son las actuales divisiones de provincias y que habrá que considerar el fenómeno de forma mucho más extensa alzando la mira a una región más amplia y abarcando unos límites que habría que retrotraer a la Edad Media. Así que no hay que dar por descartada la aparición de nuevas "pastoradas" por pueblos de los antiguos reinos de León y de Castilla, ni dar por sentado que la tradición quedase localizada en ámbitos tan reducidos como puedan ser una villa, una comarca o una provincia

Las primeras noticias que hicieron pública la existencia de esta tradición de representan en los días de la navidad y en las iglesias de los pueblos unas obras de teatro teniendo por tema principal la adoración de los pastores y siendo éstos los principales protagonistas, nos las dio el catedrático de Literatura y canónigo de la catedral de León, don Luis López Santos, en 1947, en un artículo (2) en donde examinaba las características de estos autos navideños a la luz de las distintas versiones por él conocidas o sobre las que tenía referencia. En él, cita un sinfín de pueblos de la provincia de León conservadores de la tradición, y estima que "la costumbre disminuye o es nula en la provincia de Valladolid, que penetra en el occidente de Zamora y que dentro de la provincia de León parece no existir en los partidos occidentales de Astorga, Ponferrada y Villafranca" (pág. 9). Es decir, se tomaba a la capital leonesa como centro geográfico de las "Pastoradas" y se limitaba su difusión prácticamente a la provincia

Pero hoy no deben mantenerse tales estimaciones: una investigación larga y minuciosa emprendida por mí hace tres años, y aún no concluida, en busca de versiones textuales e información por toda la provincia leonesa, me hace llegar a la conclusión de que no todos los pueblos citados por López Santos conocen la tradición, ni tienen memoria de ella, de que hay otros muchos pueblos no citados por él en donde sí se conoce y ha sido representada hasta no hace mucho y de que no es León el centro geográfico de la tradición, sino Sahagún.

Y, además -y esto ya lo advertíamos nosotros en un estudio anterior (3)-, de que no hay que dar por cerrado el capítulo de nuevas versiones recluidas en aldeas y pueblos repartidos por las provincias de León, Valladolid, Palencia y Zamora, desconocidas hasta ahora por los investigadores y el gran público. El redescubrimiento de la "Pastorada" de Castroponce, por Joaquín Díaz, así lo ha demostrado. Y será necesario intensificar la labor de búsqueda por nuevos pueblos y nuevas comarcas. Los hallazgos que en este tema puedan producirse tienen una importancia capital para un capítulo aún vacío de la historia de la literatura española: la del teatro medieval castellano. No se trata sólo pues, de una recopilación de textos y melodías de un alto valor folklórico, sino, además y sobre todo, del rescate de unas verdaderas reliquias literarias totalmente desconocidas que tuvieron su origen en la Edad Media y que han llegado hasta nuestros días por tradición oral. Los investigadores de la literatura han buscado tradicionalmente en archivos y fuentes escritas, pensando que todo debía estar ahí, y se han olvidado la mayoría de las veces de indagar en la tradición oral, cuando, como en el caso del romancero, es ésta una fuente de insospechados y fantásticos tesoros literarios.

Lo primero que hay que decir es que todos estos autos pertenecen a una misma tradición
Tanto la "Pastorada" de Castroponce, como las recogidas por mí en distintas localidades de León, no son sino versiones de un mismo e hipotético modelo que en el transcurrir de los siglos se ha desarrollado en infinidad de variantes. El fenómeno es el mismo que el del romancero: partiendo de un texto antiguo y desconocido, las sucesivas repeticiones del auto han producido una acumulación de materiales bien divergentes, aunque sometidos a una misma intención dramática. Así, puede hablarse de versiones más o menos arcaicas, más o menos emparentadas, más o menos evolucionadas, más o menos degradadas, más o menos valiosas. La de Castroponce es una versión muy modernizada y con indudables retoques "cultos" (quiero decir con alteraciones textuales hechas fuera de la cadena ordinaria de la transmisión oral), sobre todo en lo referente al anuncio del ángel y a las consecuentes discusiones entre los pastores, que parece, tener como modelo un mismo manuscrito que las versiones de Laguna de Negrillos y Quintanilla de los Oteros, en la provincia de León. y digo que parece tener como modelo un manuscrito, o lo que es igual, un cuaderno que sirviese de apunte textual para las representaciones, porque no de otra forma pueden explicarse las prosificaciones efectuadas en los monólogos del Mayoral mientras sus compañeros duermen y porque además esos textos prosificados son idénticos, palabra por palabra, en la acumulación desmedida de exclamaciones e interrogaciones y en el discurrir de sus pensamientos, a los de las versiones de Laguna y Quintanilla. Un mismo cuaderno debió viajar, pues, y bastante recientemente, entre estas tres localidades

Distinto panorama presentan, sin embargo, las versiones de otros pueblos de, León, en donde el auto se ha conservado totalmente versificado y en donde las variantes que se observan entre ellas son las lógicamente imputables a la tradición oral. Comparemos si no estos dos fragmentos pertenecientes aun mismo momento dramático entre las versiones de Castroponce y de Villamarco: los pastores se han acostado a dormir, un ángel aparece en el cielo cantando la buena nueva y el Mayoral que ha quedado en vela de los ganados exclama aturdido:

CASTROPONCE:

"¡Santo Dios! ¡Virgen santisima! iQué palabras acaban de oír mis oídos, y qué paraninfos tan bellos acaban de ver mis ojos, y qué luz tan resplandeciente, que alumbra más que el lucero de la mañana! iQué maravilla y qué prodigio! iQué misterio tan grande! Pero, Señor, ¿estaré soñando, despierto o dormido? Casi no lo puedo creer; yo estoy turbado, extasiado y aturdido. ¿Y qué haré en este caso? Nada puedo hacer porque en estos mismos momentos se me acaba de oscurecer aquella clara luz que en lo alto divisaba. Mis compañeros duermen a pierna suelta y no me parece bien llamarles. Y si me echo, no duermo; de pie no puedo estar porque me están temblando las pantorrillas. Al fin, volveré a mi cama y si vuelve a repetirse llamaré a mis camaradas."

VILLAMARCO:

Jesús, Jesús, qué prodigio;
Jesús, Jesús, qué portento
¿Qué es aquello que diviso?
¿Qué es lo que en el alto veo?
¿Qué luces maravillosas
y que brillante lucero
se ha aparecido esta noche
en este santo templo?
Parece la voz de un ángel
que ha venido desde el cielo
a traernos los anuncios
a mi ya mis compañeros
yo me doy por informado
Pero ya se me deslumbró
aquel brillante lucero
¿Qué voces son las que a mi
estando en profundo sueño
me despiertan y me dicen
que vayamos a Belén
y que vayamos corriendo?
¿Qué haré yo en este caso?
Pero yo a mis compañeros
no los tengo de avisar
porque me dirán que sueño.
Serán todos contra mi
y dirán que me divierto
Que los cánticos que oigo
y el resplandor que yo veo
lo hago por diversión
y por quitarles el sueño.
Hasta oír anuncio nuevo
pues volveré a recostarme
y haré que duermo y no duermo;
si me vuelve a repetir
la dulce voz un soneto
yo les llamaré con tiempo."

El fragmento es bien ilustrativo de lo que decimos: frente a una estructura versicular, otra prosificada; frente a un lenguaje altamente poético, otro vulgarmente trastocado; frente, a un léxico plenamente romancístico, otro ordinario y degradado; frente a un discurrir progresivo y eficaz, otro reiterativo y bien poco poético. O bien este otro, situado dentro de los ofrecimientos de los pastores:

CASTROPONCE

yo te ofrezco, mi Niño,
tres avellanas
por ser las tres potencias
que tiene el alma.

VILLAMARCO

De avellanas un puño
traigo a tus plantas
por ser hijo de Ave
llena de gracia.

Y en donde la segunda versión demuestra un mayor grado de poeticidad al jugar conceptualmente con la fonética de. las palabras y montar sobre ella una metáfora bíblica.

Pero por encima de estas diferencias, bien significativas, por otra parte, hay que decir que la estructura dramática de estas "Pastoradas" es idéntica. Sobre un momento dramático nuclear -el anuncio del ángel y las siguientes disputas entre pastores- se acumulan una serie de episodios, de tipo narrativo unos o de tipo líricos otros, villancicos, presentaciones, ofrecimientos y despedidas de muy distinta procedencia e inspiración y que a no dudar, fueron incrementándose a través de los años, como materiales de aluvión, hasta llegar a lo que hoy son. Sobre estos segundos episodios, ya no dramáticos aunque se. representen, las divergencias y diferencias entre las distintas versiones son ahora muy grandes, aunque en el fondo todos ellos tengan un mismo propósito y jueguen un mismo papel dentro de. la representación. Así habrá "Pastoradas" que se inicien con el bando de empadronamiento mandado por el Emperador, otras que incluyan la presentación de cada uno de los personajes actuantes, otras en donde se solicitará y obtendrá el permiso del cura para la representación en la iglesia, otras que intercalen múltiples villancicos en distintos momentos del auto sin referencia alguna a la trama dramática, otras que tengan hasta dos episodios de ofrecimientos y otras, en fin, que acabarán con dos y hasta con tres despedidas sucesivas.

La verdadera novedad y originalidad de la "Pastorada" como representación teatral, está no en estos segundos episodios, sucesión incoherente de, cantos y relatos acumulados sin ningún papel dramático, sino en el momento justo del anuncio del ángel y los diálogos entre pastores; y es justamente este momento dramático el que ha de considerarse núcleo de toda la tradición. Los parecidos y parentescos con los autos de navidad del ciclo del "Officium Pastorum" de Encina, Lucas Fernández, Gil Vicente y otros autores de los siglos XVI y XVII son, evidentemente, muchos: al fin y al cabo todos debieron pretender ejemplificar y hacer gráfico un mismo texto evangélico: el cap. 2, vv. 8-20 de San Lucas (4); pero las diferencias son también tantas y de tal importancia que puede afirmarse que las "Pastoradas" no nacieron de esos autos conocidos como "popularización" de un texto culto; al contrario, el esquema dramático de la "Pastorada", e- tratamiento que, en ella se hace de los personajes, el hecho de que la representación se haga en la iglesia, la participación de todo el pueblo en el acto, la ubicación del auto en la Misa del Gallo y otras, permiten aventurar que se trata de una tradición anterior a Gómez Manrique y Encina. Más aún: que éstos y sus seguidores lo que hicieron no fue sino "codificar" unos textos sobre una tradición vieja bien conocida por ellos. No de otra forma puede explicarse el silencio casi absoluto que sobre el teatro reina en Castilla desde el siglo XII al XV y que ese silencio se rompa de pronto con un verdadero clamor de autos navideños y pastoriles en el que, participan la mayoría de los autores de los siglos XVI y XVII (5). Que sean estas "Pastoradas" que hoy conocemos, los modelos que tomaron nuestros primeros dramaturgos, es hipótesis difícil de probar, pero que pertenecen a esa tradición primitiva de la que bebieron desde Gómez Manrique y Fr. lñigo de Mendoza hasta Lope de Vega y Vélez de Guevara, pasando por Juan de la Encina y Lucas Fernández parece más que indudable

Sin embargo, da la impresión que el tradicionalismo que ha hecho posible llegar hasta nuestros días estos autos pastoriles no ha sido uniforme ni se ha visto libre de manipulaciones profundas. Ya lo decíamos antes: junto al hecho innegable de que todas estas "Pastoradas" derivan de un mismo y único modelo, es preciso reconocer que no todas las versiones han tenido una misma historia en la transmisión. Frente a versiones que han pervivido hasta hoy, siguiendo una más o menos pura tradición oral y que lógicamente conservan un mayor grado de autenticidad y un más alto valor poético, están las que en un momento determinado -no muy lejano en el tiempo- recogieron la tradición anterior, pero no ya oralmente (o al menos en toda la extensión de los textos), sino a través de copias escritas que reconstruían y modernizaban los textos viejos. Pero ya estas segundas versiones presentan un menor grado de "purismo" y se ven contaminadas de innumerables personalismos. Baste un ejemplo: en la versión de Laguna de Negrillos el depositario de la tradición es José Murciego Gómez, apodado Pepe el Rubio por el color de su pelo; pues él mismo se ha convertido en versificador y ha introducido un episodio de despedida en donde se empieza:

"Hoy día de nochebuena
por ser noche de alegría
a la Virgen de la Aldea
le damos la corderilla.

La pagamos entre todos,
eso ya estaba en el trato,
y yo por ser el más rubio
recitaré este relato..."

Las versiones de Laguna de Negrillos, la de Castroponce y algunas otras pertenecen a estas segundas modernizadas que han roto la cadena oral en la tradición. Pero siguen siendo tradicionales; no sólo porque siguen manteniendo, sin apartarse un ápice, el esquema dramático tradicional y conservan otros fragmentos intocados, sino porque además poseen originalidades concebidas siguiendo el más puro tradicionalismo y porque, en definitiva, perviven en ellas los rasgos más arcaicos y singulares de esta tradición popular.
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(1) Yo prefiero el titulo de "Pastorada" porque es el nombre genérico con que, con mayor frecuencia, se denominan estos autos en los pueblos donde se conservan.

(2) Luis López Santos, "Autos de nacimiento leoneses", en Archivos leoneses, I, 1947, pp. 7-31

(3) "Nuevos indicios de la existencia de un teatro medieval en Castilla", en "Boletín de la Academia de la Lengua Puertorriqueña, en prensa.

(4) Muy probablemente el nacimiento del teatro religioso en la Edad Media tuvo un propósito piadoso: las representaciones y autos religiosos que se hacían en las iglesias pretendían más una ejemplificación simple y plástica que aproximase a los fieles a los misterios de la religión que un mero divertimiento más o menos devoto.

(5) Decir esto así, sin más argumentos ni explicaciones puede resultar poco convincente, pero el momento no da para más. En un estudio mucho más largo y minucioso de los textos que tengo en elaboración se trata de demostrarlo.