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Reflexiones sobre un origen probable de la fiesta del Pero-Palo de Villanueva de la Vera (Cáceres)

BLANCO FERNANDEZ, José Luis

Publicado en el año 1993 en la Revista de Folklore número 154.

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Ese que llaman REVIVE
Y por nombre PERO-PALO
Le ha salido la sentencia
Que tiene que ser quemado.

(Copleta del Pero-Palo).

La Fiesta del Pero-Palo ha hecho correr ríos de tinta, y no dejará de hacer correr mares en el futuro.

Sin embargo, todos los intentos de interpretación se han visto un tanto condicionados por una búsqueda circunscrita a los textos de las copletas aún existentes, y a las vagas versiones que circulan por el pueblo, según las interpretaciones de cada cual, y basadas a menudo en una explicación de tal o cual copleta y no en la tradición oral, que, por las mismas características esotéricas de la fiesta, se ha perdido a través de las múltiples ortodoxias, que han hecho heterodoxias de las ortodoxias pasadas.

Sin embargo no todo lo que pasa a través de las canciones de Pero-Palo se puede dejar de lado, sino que ha de ser analizado a partir de parámetros no explícitos, pero fácilmente detectables en el entorno paleocultural y paleopsicológico de Villanueva de la Vera.

Para intentar situar en su contexto la fiesta intentaremos cerner los datos ciertos y controlables.

En primer lugar, se trata de una fiesta que tiene lugar en el principio de la primavera, a la salida del invierno, y de manera cíclica. El hecho de su coincidencia con el Carnaval cristiano no debe extrañarnos puesto que éste ha reemplazado todas las fiestas de primavera ante-cristianas en un sincretismo de los más socorridos.

En segundo lugar, cabe identificar las fiestas de Primavera con fiestas agrarias. Luego Pero-Palo podría ser identificado con una fiesta agraria que celebra el renacimiento de la Tierra con la inflorescencia propia a la llegada de la Primavera.

En tercer lugar, en el Pero-Palo se lleva a cabo una muerte ritual, que se renueva cada año en una imagen de la que se conserva siempre una parte (en la versión actual, la Turra o cabeza).

En tercer lugar, esta muerte ritual va acompañada de un Psicodrama, en el que participa todo el pueblo, aunque esta característica fundamental de la fiesta está en franca decadencia.

En efecto, tanto en el momento de la supuesta prisión de Pero-Palo, como en el momento de su ejecución e incluso durante su juicio, hay dos partes, una que llora y pide la libertad del acusado, porque es bueno, y otra que pide la muerte.

En cuarto lugar, y de manera simbólica, no se sabe de dónde viene Pero-Palo, puesto que el lugar de la confección permanece secreto.

En quinto lugar Pero-Palo es el mismo cada año, y su esencia se encuentra en la «pieza» que se conserva. En el momento en que esta «pieza» se incorpora al muñeco éste recobra la vida, y se dispone a revivir una vez más, su pasión simbólica.

En sexto lugar, en el curso de las evoluciones del Pero-Palo sobre la aguja de justicia, éste acaba dando la espalda al pueblo y parece salir hacia el Sur, dando la espalda a la Meseta.

Notemos que este límite inconsciente del extremo de la plaza que se dirige hacia el sur delimita el recorrido de la pasión de Pero-Palo, como si en la otra dirección y a partir de este lugar comenzara una zona en la que éste estuviera protegido o tuviera aliados o amigos.

En séptimo lugar, y esto es sumamente importante, la presencia agraria en esta zona de una manera orgánica y estable como fenómeno cultural constitutivo de la región, comienza en el calcolítico como los molinos del Dolmen de la Vega del Niño atestiguan de manera contundente, y adquiere una importancia fenomenal en el Bronce medio y en el Bronce final.

Los agricultores de la Cruz del Pobre han vendido sus productos a sus poderosos vecinos orfebres y mineros de la cañada de Pajares, y han convivido con ellos, como los abundantes útiles de labranza y de recolección presentes en las tumbas del final del Bronce y principios del Hierro nos muestran.

La paleocarpología de estas urnas de incineración, en este momento en estudio, confirma la existencia de cultivos típicos del Mediterráneo, confirmados documentalmente por Columella en siglos posteriores.

La existencia de una organización social de tipo monárquico o como mucho tiránico está atestiguada e implica, por las características de sus asentamientos, la existencia de una organización agraria capaz de subvenir a las necesidades de las proto-ciudades existentes.

En octavo lugar, estas entidades políticas del espacio de tiempo comprendido entre los siglos IX al IV antes de nuestra Era, no han permanecido aisladas. Sus relaciones culturales y comerciales no se han limitado a contactos intermediarios con las aglomeraciones próximas sino que, y debido seguramente a su riqueza minera y a la habilidad de sus orfebres y artesanos, han tenido relaciones con pueblos apartados, tanto itálicos como directamente orientales, sin que ésto suponga, como se esfuerzan en decirnos quienes quieren realizar investigaciones lineares, una aculturación de la zona, sino quizá una influencia de sus conceptos cosmogónicos sobre regiones consideradas tradicionalmente más evolucionadas, tales como Etruria.

La presencia de productos «made in Oriente» en los yacimientos de Pajares y en el más alejado de El Raso, justifican esta aserción.

En todo intercambio de potencias culturales equivalentes hay una Identificación de caracteres religiosos procedentes del otro, que se incorporan a los propios rituales por su similitud con los ritos y símbolos existentes.

Los escarabeos presentes en los yacimientos con idénticas producciones orientales en el resto de Extremadura y Andalucía, nos hablan de un conocimiento de los fenómenos religiosos egipcios.

Si una de las tradiciones agrarias egipcias coincide con los conceptos locales, el ritual puede fácilmente ser aceptado, y en caso contrario, la comparación de los epifenómenos que conocemos con la teología isíaca nos puede servir de hilo conductor para un intento de comprensión del ceremonial de Pero-Palo.

La tradición de la muerte y despiece de Osiris, así como de la búsqueda y reconstrucción del cuerpo por su esposa Isis, faltando siempre un elemento del cuerpo (el sexo) que aparece y le da la vida en el momento de las fiestas de la Primavera para que fertilice a las plantas, ofrece similitudes impresionantes con la prisión, llanto, muerte y despiece (guardando una parte del cuerpo) de nuestro Pero-Palo.

Si los diferentes avatares de las religiones en la zona han llegado a enmascarar que la parte del muñeco que se guardaba era el sexo, a través de los tiempos una criptografía simbólica llama la atención del curioso sobre el primitivo objeto que se conservaba de Pero-Palo. Su mano izquierda, guardada en la faja, dirige la atención sobre la intención oculta de la fiesta, como un mensaje: No lo puedo enseñar.

Sin embargo en otra copleta dice de manera sugerente:

«Hijos míos
Hijos de aqueste ciruelo
Levantarme el jarapal
Veréis el misal que llevo».

Desde este punto de vista, podemos pues considerar que la fiesta del Pero-Palo, es una fiesta agraria originaria del calcolítico y puesta en escena, en cuanto al ritual se refiere, en el momento que se llama en la Arqueología clásica «de las colonizaciones», denominación errónea y gratuita, pero que sitúa la «institución» del ritual del Pero-Palo, entre los siglos VII y IV antes de J. C.

Esta fiesta que commemoraba la llegada de la Primavera mimaba la muerte y resurrección de una divinidad, estilo Osiris, que era despedazado para que sus restos abonasen la tierra, y cuya semilla, preciosamente conservada, servía para dar vida a los trozos reconstituidos de su cuerpo para que fertilizara de nuevo la tierra en el momento del resurgimiento de la naturaleza al año siguiente.

No olvidemos el simbolismo fálico que la ofrenda de la capitana de las fiestas puede quizá tener. (Un chorizo en lo alto de una rama).

Esta representación era pretexto para que los miembros de la comunidad participaran a un sicodrama que debía descargar las tensiones acumuladas a lo largo del año, los unos realizando el papel de los asesinos del dios, los otros, particularmente las mujeres, tomando la defensa del dios de la fecundidad.

Lo que posteriormente se ha convertido en el rito de la «judiá» debía ser una representación de la lucha de las fuerzas del bien y del mal, y al mismo tiempo pretexto a contactos corporales entre sexos distintos para desembocar en los futuros matrimonios que debían llevarse a cabo durante el año.

Si tenemos en cuenta que las figuras del capitán y de la capitana no aparecen sino al final de la fiesta, cabe suponer que en el origen debía llevarse a cabo, como era el caso en numerosas religiones orientales, ejemplo en ciertos ritos dionisíacos, una hierogamia, representada por la unión del capitán y la capitana, que debía significar la fertilización de la tierra por la divinidad, antes de que sea ejecutado y muera hasta el año siguiente.

Una vez realizada la unión sagrada aparecían en la fiesta que entraba en su fase final, puesto que el objeto principal, la fecundación sagrada ya había tenido lugar.

La muerte podía ser llevada acabo.

Por esta razón cada año, los mozos, al final de la fiesta se presentaban al puesto de capitán para el año siguiente, haciendo demostración de fuerza o habilidad, representada hoy por el volteo de la bandera.

La comunidad debía sin duda elegir quién de entre ellos había merecido representar al dios fecundo en la hierogamia ritual del próximo año.

La presencia en la memoria generacional de la región de este momento clave de la protohistoria extremeña es un hecho fácilmente comprobable.

Uno de los símbolos más importantes que se hallan en la iconografía particular de los siglos VII al IV a.J. C. en la región sometida al «hecho» tartésico es el prótomos de cisnes o el prótomos de caballos.

El primero, presente en las joyas de Serradilla, con una diosa identificada con una Pothnia Theron, y en el llamado Bronce Carriazo, con idéntica representación, tratada con técnicas diferentes, el segundo, entre otros en las placas de bocados de caballos de Cancho Roano.

En Valverde de la Vera y en Villanueva de la Vera, en los herrajes ornamentales de las cerraduras de las puertas hallamos ambos símbolos rodeando el agujero destinado a la llave, con un tratamiento del tema idéntico al de las piezas mencionadas.

Estos herrajes, originarios a menudo de principios de siglo, y otros varios siglos más antiguos, nos hablan de la pervivencia en el subconsciente colectivo de un símbolo raro, y que no hallamos sino en el área extensa del mundo tartésico.

No nos pararemos, por obvio, en las técnicas de granulado, repujado y filigrana de las joyas típicas de estos pueblos, exhibidas por los mayores durante los días de las fiestas, y que corresponden en temática y técnica a las joyas halladas en Pajares y datadas del siglo VII a. de J. C.

No hay que olvidar que en este pueblo, la elaboración del vino dulce sigue al pie de la letra las técnicas que Columella nos había contado, y que eran, por supuesto, anteriores al escritor.

En las necrópolis de Pajares y en túmulos próximos hallamos testimonios físicos suficientes para afirmar que el rito de la libación en los banquetes funerarios era profusamente practicado en las tierras de Villanueva en pleno florecimiento del «hecho» tartésico.

La llamada jarra orientalizante de Villanueva, y la copa de bronce etrusca del mismo origen, amén de los llamados braserillos, que formaban parte de un servicio de banquete ritual, abundan en este sentido.

Las pervivencias de esta cultura han atravesado, pues, con éxito las diferentes aculturaciones que se imponen, de forma real y por la fuerza, a partir del romano hasta nuestros días.

La posición del Pero-Palo en su aguja de justicia, parece reconstruir el curso del astro solar, y finalmente se dirige hacia las tierras del sur, es decir hacia el ámbito cultural tartésico, dejando de espaldas las culturas meseteñas que en aquel momento histórico comenzaban a amenazar seriamente las concepciones y culturas locales, profundamente asentadas, con invasiones atrevidas de bandoleros deseosos de raziar las riquezas de esta fértil región, paso obligado para desembocar en el territorio tartésico que los ambiciosos cartagineses había debilitado hasta su aniquilamiento político.

La primera presión importante que debió soportar el rito Peropalero debió aparecer con el romano.

El invasor no dudó en instalarse en los mismos asentamientos en que había florecido la cultura de Pajares, y así se encuentran algunas monedas imperiales sobre los mismos sitios en que florecen las necrópolis y las instalaciones palaciegas.

Los que pudieron debieron replegarse a los altos del Raso o a otros puntos de defensa. Los que quedaron fueron asimilados como todo el que debía soportar la presencia del romano.

Si el contacto cultural y amical con el etrusco fue constatado por el invasor, suponemos que la romanización debió imponerse de oficio, y quizás se hiciera pagar duramente a la zona las relaciones con el odiado vecino de la orgullosa urbe.

En este momento, la fiesta debió desplazarse e identificarse con las lupercales, y de ahí ciertas alusiones más o menos priápicas de algunas copletas que parecen traídas de otro contexto o ajenas a la zona.

Suponemos también, y esto a través de los atisbos de las copletas mencionadas, que la eterna oposición, aún viva, entre cabreros y agricultores, debió hacer que estos tomasen partido por el romano para vengarse de la preponderancia que la gens agraria había alcanzado durante la fase política anterior.

Las copletas que pueden referirse a este momento de evolución de la fiesta son las que dicen (entre otras):

Por la montañas de Oviedo
iba un valeroso eco
Caballero en una CABRA
con su albardón y su freno.
Y por compañía lleva
cuatrocientos mil gallegos
los unos viene preñados
los otros viene pariendo
otros a medio parir
y otros paridos enteros.

El «Eco» en cuestión, bien puede ser un «equites», que amigo de los cabreros, se presenta de manera satírica montado en una cabra. Los cuatrocientos mil gallegos, son sin duda los veteranos de la legio Emérita, a los que se les distribuyeron tierras en la región. Que esta legión que instaló sus veteranos en Extremadura es la misma que subió hasta Galicia, lo certifica el hecho de que las monedas con la falcata, acuñadas precisamente para pagar su soldada a estos legionarios, y que hoy en día son consideradas como de ceca emeritense, han sido consideradas como acuñadas en Lugo durante mucho tiempo, por la cantidad de ejemplares hallados en Galicia.

Es quizá de este momento del que procede la parte del ritual de las calabazas, recuerdo de los golpes que los sátiros salidos de la espelunca de Luperco daban a quienes hallaban a su paso con las pieles del macho cabrío sacrificado.

No olvidemos que los calabaceros van disfrazados, como los participantes de las lupercales.

Como todas las fiestas de origen pagano, en el momento del cristianismo, a la fiesta la quedan dos soluciones: O aceptar un sincretismo carnavalesco o desaparecer.

El pueblo, naturalmente, opta por la primera solución, guardando la sacralidad del rito para el momento de la reconstrucción del Pero-Palo, en el que ciertos rituales anteriores al cristianismo debían acompañar al proceso de resurrección. Las instrucciones de defensa del secreto, incluso a costa de la violencia física, nos confirman esta teoría. El hecho de que durante mucho tiempo se haya concedido en el pueblo, que, efectivamente, hay un secreto, apoya aún más estas suposiciones.

Aún a pesar del sincretismo forzoso, el pueblo no deja de mostrar claramente su posición vis a vis de la perduración de la fiesta. Ya lo dice la copleta:

Quien no quiera a Pero-Palo
No se acerque a la cuadrilla
Se le da por vez primera
Mil palos en las costillas.

Y el Pero-Palo ha continuado su revivir y morir a través de toda la Edad Media.

En esta región bendita la Tolerancia ha tenido siempre un lugar privilegiado. La maldad no puede anidar durablemente en climas de paraíso y gentes de acogida amical y de honradez campesina.

Cuando toda España tuvo un arrebato de locura imperial (el primero), conducido por dos monarcas soberbios que creyeron construir la unidad sobre la sangre y la injusticia, todo ello, suprema blasfemia, amparándose en el nombre de Dios Justo y Misericordioso; cuando el amigo renegó del amigo, el vecino de la vecina, en este pueblo y en esta zona, las gentes, piadosas más que el clero, ni denunciaron ni dejaron expulsar a sus convecinos judíos.

Más aún, nadie les impidió como en otros lugares próximos seguir practicando abiertamente su religión.

La única incidencia debió ser el papel representado por una y otra comunidad en el momento del Pero-Palo, en que cada uno debía representar uno de los bandos. Quién representaba a quién, no está claro, porque las copletas mezclan, voluntariamente creemos, el papel de los unos y de los otros.

Esta afirmación tiene su fundamento en los hechos que como consecuencia del Pero-Palo tuvo que sufrir Villanueva de la Vera en el año fatídico de 1752.

Aquí hay que estar atento a las diferentes copletas existentes, saber leer entre líneas, y sobre todo, saber las que son de la misma época y el orden en que situarlas.

El hecho real es que por una razón que intentaremos analizar o cerner en la medida de lo posible, una persona denunció al pueblo a la Inquisición en relación con la fiesta del Pero-Palo.

Que era una persona del pueblo, lo atestigua el hecho de que su nombre fue cuidadosamente ocultado por los inquisidores para evitar, sin duda, que reemplazara contra su voluntad al muñeco en un Pero-Palo próximo.

Tradicionalmente se ha dicho que la denuncia fue porque cada año se mataba un hombre en el pueblo.

Dado que el denunciante era originario de la zona mal podía ser éste el objeto de la denuncia.

Nosotros pensamos más bien que debió denunciar algo que interesaba al Tribunal de la Inquisición, puesto que la muerte de un hombre era competencia más bien de la justicia ordinaria.

La acusación debió ser la de prácticas judaizantes públicamente conocidas y respetadas.

Si esto no fuera así no vemos por qué razón, una copleta explica:

de Cuacos salen diez; de Jaraiz salen 20;
300 de cabezuela, con 25 de Jerte.

O por qué otra advierte:

Judíos, poneos al punto
que viene la Inquisición.

La denuncia debió hacer salir a la Inquisición de sus casillas y mandar un inquisidor sobre el terreno, que se apresuró a hacer un recuento in situ y en los pueblos limítrofes para ver hasta donde llegaba la plaga de judaizantes y a todos los mandó a Llerena, donde se hallaba el Santo Oficio.

Las copletas no nos dicen cuántas personas de Villanueva salieron hacia allá, pero dado que era el foco principal suponemos que el pueblo debió quedarse con la mitad de los habitantes.

Las causas de la denuncia las hallamos discretamente camufladas en una copleta, y así nos damos cuenta de que el denunciante obró por rencor, por un asunto de despecho al fallarle un casamiento previsto:

Por casar un matrimonio
hubo un grande desacuerdo
al casar una judía
con un buen cristiano nuevo.

La existencia de este número importante de judaizantes o judíos en la zona tres siglos después del edicto de expulsión habla de por sí de la mentalidad de tolerancia y respeto de los habitantes de la Vera.

Verdad es que este sentimiento de hospitalidad y respeto del otro se les paga a menudo de mala manera:

En el siglo Dieciocho, el pretexto para vilipendiarlos era una supuesta muerte de hombre. El vilipendiador un Don Diego de la Jara.

A finales del siglo Veinte, el pretexto es la muerte de un burro no más muerto que el que esto escribe. El vilipendiador, ciertos grupos, mal llamados ecologistas, y una cierta Señora Bardot, que ha debido hacer de la cosa un asunto de familia, puesto que su apellido, en buen francés, es el de un caballejo enano.

Pero volvamos a los hechos. El pueblo de Villanueva reacciona. Entre los enviados a Llerena hay vecinos, amigos, quizá maridos y parientes. Hay que salvarlos.

Y el pueblo se desplaza a Llerena, añade copletas para tranquilizar a la Inquisición (dejando un guiño cómplice para tranquilizar a sus convecinos acusados) y tanto y tan bien hace, que la Inquisición libera a todo el mundo.

Como el eco de la redada ha debido ser divulgado por todas partes, y no en todos los sitios donde van a pasar la gente es tan tolerante, los Inquisidores les dan para su protección un equipo de alabarderos que les proteja en su vuelta hasta su pueblo. Las alabardas están hoy presentes en el desarrollo de la fiesta junto a la bandera.

Y todos los presos vuelven a sus hogares.

Trescientas cincuenta y una personas, de sus parientes y amigos salen a recibirlos, y el pueblo entero decide que:

A pesar de que pesares
Se ha de tocar el tambor
Que en Llerena se ha vencido
A la Santa Inquisición.

El primer día del año
se ha de leer un renglón
Que en Llerena se ha vencido
a la Santa Inquisición.

No se puede vencer a alguien con quien no se está en guerra, y hacía tres siglos que la guerra duraba.

La relación de estos hechos, ordenadas las copletas que aún perduran, darían más o menos esto:

Por casar un matrimonio
hubo un grande desacuerdo
al casar una judía
con un buen cristiano nuevo.

El miércoles de Ceniza
dicen los de mala seta
andar, judíos, andar
ya se acabó vuestra fiesta.
Judíos, ponéos al punto
que viene la Inquisición
que ha salido de Llerena
que nuestro rey lo mandó.

A eso del tercero día
viene la guardia y los llaman,
no os iréis sin que paguéis
esa deuda que debéis
a la justicia ordinaria.
Y si no tenéis hacienda
con que la deuda paguéis
mando que sos metan presos
y en la cárcel moriréis.

Llamados por un traidor
que se puso a darle cuenta
y su nombre se negó
porque allí no apareciera.

Un don Diego de la Jara
se puso por apellido.
Ese nombre en Villanueva
jamás ha aparecido.

De Cuacos salen 10
de Jaraiz salen 20
300 de Cabezuela
con 25 de Jerte.

Aquí los inquisidores
gozaban de nuestra fiesta
porque lo vieron hacer
cuando fuimos a Llerena.

Trescientos cincuenta y uno
nos salieron al encuentro
a recibir la alegría
que traíamos los presos
que de Llerena venían.

Dios sabe por qué, señores
venimos de enhorabuena
que somos los presidiarios
que venimos de Llerena.

A pesar de que pesares
se ha de tocar el tambor
que en Llerena se ha vencido
a la Santa Inquisición.

El primer día del año
se ha de leer un renglón
que en Llerena se ha vencido
a la Santa Inquisición.

Hasta aquí las copletas que podíamos llamar cronicales, esto es, que refieren los hechos del incidente de 1752, y que hacen sobresalir la hermandad entre las diferentes comunidades y creencias en la Vera, ejemplo insigne de humanidad y compresión en un momento histórico en que los responsables espirituales, lejos de aplicar los preceptos evangélicos de amor entre los hombres, por servir los bajos intereses de una monarquía imitadora de las abyecciones de los bárbaros reyes franceses, se dedicaron a la persecución y aniquilamiento de los judíos españoles (es decir de los españoles de religión judaica) tras adquirir por una miseria sus haberes, como el triste caso del Deán de la Catedral de Plasencia, que aprovechó la expulsión para comprar a vil precio el lugar donde «se hallaba el cementerio y osario de sus padres».

Esta acusación de uno «de los de mala intención», como dice una copleta, lejos de ser un deshonor como se quiso, es el más alto honor del noble pueblo de Villanueva de la Vera, y debía figurar en su blasón como un alto hecho de humanidad, hermandad y civilización.

Hoy, quinientos años cumplidos del vergonzoso edicto, aprovechamos estas líneas para pedir a las autoridades, que en recuerdo de esta conducta de siglos de Villanueva de la Vera, y para hacer frente a las actuales lluvias de calumnias de las que este bello pueblo es víctima, le sea otorgado el título de muy Humano y muy Tolerante pueblo de Villanueva de la Vera.

Para mí, en mi espíritu de hombre del siglo 21, y ciudadano del mundo, siempre ostentará este pueblo ese título de nobleza, y nunca empleará su nombre en un escrito sin precederlo de él.

Incito a todos los hombres tolerantes y de buena voluntad a imitarme en este acto simbólico.

Los diferentes avatares de la historia moderna y contemporánea se reflejan a menudo de forma satírica en las copletas. El incidente de 1752 debió degradar las relaciones de buen entendimiento durante algún tiempo entre las dos comunidades, y así vemos florecer copletas antisemitas o anticristianas, aunque algunas de ellas, voluntariamente oscuras se pueden interpretar en los dos sentidos, y por la falta de ritmo, comparadas con las demás, nos dan la impresión de haber sido compuestas a toda prisa, quizás para poder «dar el cambio» a los señores de Llerena.

Si nos hemos parado sobre el momento inquisitorial es solamente para realzar el papel de buena voluntad del pueblo, puesto que no consideramos que para el origen real de la fiesta, estos hechos, a los que se han agarrado los críticos hasta ahora, tengan otra importancia que un avatar más de este ritual magnífico, ni mejor ni peor que otros avatares a los que se ha enfrentado a lo largo de la historia, saliendo siempre vivo, y sirviendo para cohesionar en una explosión de alegría a todos los miembros de la comunidad de Villanueva y a los que nos consideramos sus amigos.

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BIBLIOGRAFÍA

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FERNANDEZ GOMEZ, Fernando: Excavaciones en el Raso de Candeleda, Avila.

ALVAREZ ROJAS, A. y GIL MONTES, A.: Aproximación al estudio de las vías de comunicación en el 1er. milenio a. J. C. en Extremadura, Trabajos de Prehistoria, 45, 1988.

Quiero agradecer a todos los habitantes del muy Humano y muy Tolerante pueblo de Villanueva de la Vera, su cooperación en cuantas labores de investigación me han sido dadas emprender en la zona sin distinción alguna.

Muy particularmente a mis buenos amigos Emilio Constanzo, Julio Andrés González “Colores”, Cirilo Constanzo, Felipe Vadillo “Pipi”, José y Roberto de “El Campesino”, el siempre impulsivo “Boiro” y cómo no, al rey de la trucha, Simón.

Así mismo saludo el esfuerzo de cortesía y educación que las autoridades locales, tanto del presente Ayuntamiento como del anterior han desarrollado, para mostrar a los visitantes exteriores que las tradiciones de hospitalidad y respeto siguen siempre vivas en este lugar.