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SOBRE LA DESPOBLACIÓN DE OBETAGO (SORIA)

LOPEZ DE LOS MOZOS, José Ramón

Publicado en el año 1993 en la Revista de Folklore número 154.

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PUNTUALIZACIONES SOBRE LA LEYENDA DE LA DESPOBLACION DE OBETAGO SEGUN SE CUENTA EN MARANCHON: CAUSAS REALES DE SU ABANDONO

En multitud de ocasiones hemos tenido oportunidad de escuchar en Maranchón, grosso modo, que el cercano Obétago, actualmente perteneciente a la provincia de Soria, se despobló al perecer todos sus habitantes, envenenados, en una boda debido a que una salamandra cayó al caldero de la comida, infectándola.

Evidentemente esta es una de las muchas "ideas populares" que, de forma sencilla, tratan de explicar la despoblación de numerosas localidades españolas y aun del resto de Europa; ésta y otras, como su destrucción por una plaga de hormigas o termitas, o por caer al puchero otros animales ponzoñosos (sapos, culebras,...). En otros casos incluso se salva alguna persona: la anciana que no pudo asistir al ágape por encontrarse enferma o baldada, o el porquero, que por tener un trabajo considerado denigrante, no es invitado al acto. Al fin y al cabo se trata de la persona que cambia de domicilio, yéndose a vivir a otro lugar, haciendo que el despoblado y sus tierras se anexionen a otro término. Esta leyenda es muy común y pueden encontrarse numerosos ejemplos que lo corroboran (1).

Sin embargo el caso de Obétago u Ovetago (en documentos antiguos y más en consonancia con su posible significado toponímico) no fue así, a pesar de la tan conocida leyenda anterior, puesto que su evolución es suficientemente sabida, ya que su desaparición no es tan antigua como se quiere. Veamos.

En el año 1197 ya existía (2) y casi dos siglos después lo encontramos documentado en 1353, concretamente en la "Estadística de todas las iglesias que había en la diócesis de Sigüenza. Aldeas del Arciprestazgo de Medinaceli", en que dependía de la iglesia de Maranchón: "E enlas eglesias de maranchon e ovetago son dos beneficios el uno es curado vale de renta 280 mrs. et el otro beneficio prestamo es ala eglesia de maranchon e riende 180 mrs." (3). Posteriormente surgen más datos en documentos de los años 1587 y 1594 (4).

Es decir, puede seguirse su trayectoria desde la Edad Media a la Moderna. Añadamos que, en 1822, Obétago era del partido de Medinaceli, provincia de Guadalajara y pagaba 14 reales de contribución por sus casas, equivalente aproximadamente a otros tantos vecinos, o sea unos 63 habitantes o almas (5).

Pocos años más tarde, en 1827, seguía perteneciendo a la provincia de Guadalajara, partido y obispado de Sigüenza, en el ducado de Medinaceli (secular), contaba con alcalde pedáneo, tenía una parroquia aneja a Layna -ya había dejado de pertenecer a Maranchón, cosa que debió ocurrir mucho antes- y lo habitaban 8 vecinos, que eran 35 habitantes (6). Es interesante significar que allí nace el río Blanco, que pasa por Layna, Ures, Velilla y en el castillo de Jubera entra en el Jalón (7).

Unos veinte años después, en 1849, ya pertenece a la provincia de Soria. No olvidemos que la actual división provincial se hizo en 1833, perteneciendo al partido judicial de Medinaceli y término jurisdiccional de Layna. Y, lo que es muy importante, se considera despoblado, aunque se conserven tres casas y la iglesia parroquial de San Bartolomé. Lo habitaban por aquel tiempo 3 vecinos que hacían 10 almas (8). y lo que también es muy importante: "es un extenso prado pantanoso. Sus emanaciones vician la atmósfera y es la causa de su despoblación" (9). Esta es la primera ocasión en que encontramos referencia escrita, al motivo real de su abandono progresivo, que como vemos se debe a factores propios de la naturaleza del suelo en que se asienta y no a otro tipo de causas.

Es fácil comprender, por tanto, que si en 1822 contaba alrededor de 63 habitantes, en 1827 con 35, y en 1849 con 10, al poco quedaría despoblado totalmente, como nos indica el mismo Madoz: "Dentro de él (término de Laina) se encuentran fuentes y el l(ugar) de Obetago con su igl(esia), solo tiene un vec(ino) habiéndose desp(oblado) de pocos años a esta parte, por la horrorosa mortandad que en personas y ganados producían las aguas corrompidas de varias balsas y estanques que se forman alrededor de la pobl(ación) y aun dentro de la misma" (10). Con lo que queda suficientemente aclarada la causa del abandono. En la calidad pantanosa de su terreno abunda un nomenclátor del obispado de Sigüenza, de 1886, cuyo autor copia descaradamente a Madoz (11) y en la actualidad algún otro texto, aunque ya de pasada (12).

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NOTAS

(1) CABRILLANA, Nicolás: "Los despoblados en Castilla la Vieja", Hispania 119 (1971), pp. 527-528.

(2) MARTINEZ DIEZ, Gonzalo: Las Comunidades de Villa y Tierra de la Extremadura Castellana (Estudio Histórico-Geográfico), Madrid, Editora Nacional, 1983, p. 225.

(3) MIGUEILA Y ARNEDO, Fray Toribio: Historia de la diócesis de Sigüenza y de sus obispos, Vol. 2º. Madrid, 1912, p. 328 (Apéndice nº. III). Lo menciona con año equivocado de edición de (1909) NICAR, "Apuntes para una historia", Maranchón en Fiestas. Agosto 1991. (Programa de fiestas), s.p. (2 pp.).

(4) MARTINEZ DIEZ, Gonzalo: op. cit., p. 225.

(5) Provincia de Guadalajara. Tercer año económico. Contribución Territorial, de consumos y casas. Madrid: Imprenta de Eusebio Aguado, 1822. Para Obétago el total de la riqueza era de 32.193 reales de vellón, 2.040, 4 la territorial, 100 por consumos y 14 por casas. Para cada vecino multiplicamos por 4,5 habitantes.

(6) MIÑANO, Sebastián de: Diccionario Geográfico-Estadístico de España y Portugal. Tomo VI. Madrid, 1827, p. 278. Voz OBETAGO. A 4,37 habitantes por vecino.

(7) MIÑANO, Sebastián de: op. cit., p. 278.

(8) A 3,33 habitantes por vecino. Vemos que han bajado sustancialmente las cifras de años anteriores.

(9) MADOZ, Pascual: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Tomo XII. Madrid, 1849, p. 204. Voz OBETAGO.

(10) MADOZ, Pascual: op. cit., Tomo X. Madrid, 1850, p. 40. Voz LAINA.

(11) El obispado de Sigüenza / o sea / Nomenclátor descriptivo, Geográfico y Estadístico / de / todos los pueblos del mismo, / por un sacerdote de la Diócesis. /Zaragoza, 1886, p. 213. Voz LAINA.

(12) GARCIA PEREZ, Guillermo: Las rutas del Cid, Madrid, Tierra de Fuego, 1988, p. 94.