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LA DANZA DE LA GUERRA DE MELILLA

CASADO LOBATO, Concha

Publicado en el año 1994 en la Revista de Folklore número 159.

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Resulta sumamente curioso encontrar por las tierras leonesas de la Cabrera Baja el recuerdo de esas Danzas de palos que incluían una representación teatral de los más variados temas. Hemos publicado recientemente los textos de dos de estas piezas teatrales (1). Nos detendremos ahora en el cuadernillo manuscrito que conservan en el pueblo de Nogar con la "Danza de la guerra de Melilla"; copiada por Antonio Madero en 1922, de otro manuscrito anterior que, a su vez, había "copiado al pie de la letra" leoncio Clemente en 1909. Estas representaciones y danzas tenían lugar en la festividad del Corpus. El manuscrito debería titularse, más bien, la "Defensa de Melilla", pues narra los acontecimientos ocurridos en los años 1774-1775, cuando las tropas marroquíes, mandadas por el propio sultán Sidi Muhammed ben Abdallah, sitiaron la plaza de Melilla, que defendieron valerosamente los soldados españoles, a las órdenes del comandante general Juan Skarloch. El asedio duró tres largos meses, desde el 9 de diciembre de 1884 hasta el 16 de marzo de 1775, en que las tropas marroquíes se retiraron vencidas.

En la obra intervienen ocho personajes: cuatro cristianos y cuatro moros, más la Dama, que, al final, cierra el acto. Muy probablemente el texto esté sacado de algunos de los romances en pliegos de cordel, que aparecieron durante el pasado siglo, o comienzos de éste, sobre el tema, muy popular y hondamente vivido, de las guerras de Africa.

En general respetamos la ortografía del manuscrito, de escritura bastante tosca, pero adaptamos la puntuación y acentos al uso moderno.

LA DANZA DE LA GUERRA DE MELILLA

Comienza el Rey moro

No puedo [creer] amantísimos vasallos, aunque sagaz y con rabia...que tales cosas se harían. Tienen para discurrir las potencias, para atribuir e intentar y declarar la batalla que en tres días tendremos nosotros contra la España. Si los motivos no fueran más que sacar mellonada, antes que ponerme a ella, la dejara abandonada. Quiero defender mi ley, y él también lo mismo haga. Las causas que me incitan a salir yo propio a campaña, con otros muchos, [son] bien fundadas: cojei, moros, las armas...Dispongo que un oficial se ponga sobre la marcha, a llevarme aqueste pliego, [a] aquel supremo monarca, Rey español, y advertirle el caso y circunstancias: que contra aquellos castillos y aquellas...plazas, su majestad imperial, Rey de la ley maometana, en persona le hace frente, y que procuro abanzarlas, si el Dios todopoderoso nos asiste con su gracia. Esto le digo, y no más. No hagas detención, marcha, que ya el sufrimiento me aprieta, y me aprieta la tardanza. Campo imperial, diez y ocho de noviembre...mil setecientos noventa y cuatro (2). Dios te valga.

Segundo moro, embajador

Imbitísimo (sic) señor, sin dar lugar a más nada, voy a ponerme en camino y hacer luego la embajada,. que la haré, según y cómo, por tu parte está mandada. Y, así, nuestro Dios te guarde, y a mi me asista su gracia.

(Va con la embajada al rey español, y dice)

Muy poderoso señor, beso tus reales plantas. Su majestad imperial, este pliego que te manda, para que haciéndote cargo, muy puntualmente a la raya, respondas y contestes y des respuesta acertada.

(Mientras que rompe su carta, toma sosiego y descansa. El rey rompe la carta y ábrela y se informa de ella en secreto y ciérrala, y dice)

Rey cristiano

Visto con reflexión lo que contiene esta carta, ve, moro, y dile a tu amo, que fuera cosa notada, el detenerme yo un punto y no acelerar la marcha. Pues no ignoro que tenemos, todos los reyes de España, que siempre en crecida batalla estar contra los infieles...; que no tan solo por tierra quiero tomar la demanda sino también por mar. Desde hoy queda declarada, con reserva de seis meses, para que unos y otros salgan con los cautivos que hubiere, haciéndoles esta gracia: que se vayan libremente restituyendo a su patria. Y en esta conformidad, marcha, y dile a tu monarca que está Don Juan Sorleche, Comandante de la Escuadra, y Don José Correón, Gobernador de la Plaza, diciendo, que luego es tarde, y apurando la tardanza, y que procuran saber, cual tiene mejor espada. También podrás decir que aún no va manifestada la equivocación (que] tuvo del diez y ocho en la carta, que para otra ocasión, le advirtieres ignorancia.

Segundo moro

Adiós, católico rey, que si el viento me acompaña, a campo imperial, muy pronto, creo será mi llegada.

(Vuélvese a su rey, y dice)

He llegado, gran señor, tan fatigado y con rabia, que ya casi el sufrimiento, cobarde se me antojaba. Lo que traigo por respuesta es que queda declarada, con reserva de seis meses, la precipitada demanda; que también por mar la quiere, y es para llevar ventaja, que está Don Juan Sorleche, Comandante de la Escuadra, y Don José Correón, Gobernador de la Plaza. Para ello ponte dispuesto. También dijo le quedaba de advertirte, en otro asunto, una muy grande ignorancia, que en carta de diez y ocho se halla manifestada; de ésto, y otras muchas cosas, me dijo que te avisara, por lo que puedes tener interpretada.

Rey moro

Pues ya que tan valeroso se muestra, y tanta arrogancia, ha de ver en pocos días cual ha de llevar ventaja. Ea, pues, vasallos míos, bien oístes (sic) la fanfarria que el fantástico español me respondió en la embajada, por eso mesmo dispongo se ponga sobre la marcha la caballería ligera, siguiendo a corta distancia, a esto, la enfantería (sic), sin más breve tardanza. Mandar, pena de la vida, que el príncipe que hoy se halla gobernando mi valor, al instante al campo parta, a mandar la Artillería, pues no tengo confianza de algunos renegados que hasta aquí me la mandaban. E igualmente dispongo el que vengan de rebate un cuerpo de minadores que contrataquen la Plaza, y pongo la misma pena al que en Alucemas se halla con diez y siete mil hombres, sin alegar ignorancias, se ponga en el campo presto, llevando su gente armada y asegurando su puesto hasta aquí se guarda. Y todos estos mandatos y estas propias Ordenanzas encargo a mis oficiales; y a tí, príncipe del alma, esforzado en las batallas, sobre todos te encomiendo esta tan pesada carga. Y a tu hermano, también, que te ayude a conquistarla. Esto os encargo, hijos, mira[d] bien por vuestra causa.

Tercero moro

No temas, rey soberano, que aunque muchísimos cristianos haya en Melilla, y más cañones que arenas en estas playas, al ver nuestra gente puesta, toda quedará pasmada. Y, así, al campo, que es tarde, aceleremos la marcha.

Cuarto moro

Artilleros, al cañón, a disparar con metralla, porque al primero cañonazo, Melilla será entregada. Pues alerta: fusileros, a las armas.

Rey moro

Seguizme (sic) pues, valerosos cerquémosnos (sic) a la Plaza, que hasta no la contratar mi fatiga no descansa.

(Dicen todos)

Juan, en tu retaguardia.

(Dan un alarde alrededor de los cristianos y habla el rey español).

Rey español

Españoles invencibles, a cuyo valor y fuerza tiemblan los turcos y moros. Y, en fin, todas las potencias al pronunciar español se esgrime la sangre misma, y por último el Marrueco (sic) hoy temblará a mi fuerza. Ya sabeis como por pliego, embajada, y propia letra de aquese rey de Marrueco (sic), os quiere hacer manifiesta la batalla, que muy pronto estará esperimentada; me envió no hace mucho días estas palabras mismas que para yo pronunciarlas se me enterpela la lengua de ver tantos desatinos, y falacia tan embustera. Me dice que los Castillos, las Plazas y las trincheras, que se hallan situadas de Mansulmania en la Tierra, a él mismo le pertenecen, y así quiere ponerme guerra saliendo él propio a campaña, con desplegada bandera, y gobernando su gente por ver si la nuestra tierra, por tierra dice la poner, pero por más que se intenta las paces que están firmadas porque convienen tenerla, porque comercien como antes los navios y galeras. Dígele en pocas palabras que así por mar, como por tierra, le daba por declarada, con seis meses de reserva, para que toda familia y toda gente estrangera, que estuviesen en otra tierra, al suyo se retuviera; mas por si acaso las Plazas necesitadas se encuentran de gentes y de peltrechos dispondré que... se partan embarcaciones. Esta, Don Juan Sorleche, comandante, a tí te queda la obligación de asistirla. Gobernador Correón, pon luego la gente, alerta, que el enemigo cree, que a la muralla se acerca, el que primero haga vanza (avance) será suya la palestra.

Segundo español

Manigno y buen guerrero, pierde cuidado y no temas, que teniendo a Correón y a Sorleche en esta tierra, se volverán trasquilados, aunque por ello no vengan. Divertámonos un poco y hagamos dos zapatetas, que el Marrueco (sic) aunque le parece ha de retorcer la oreja.

(Danzan y dice:)

Tercero español

Si la vista no me engaña y el pensamiento no miente, soldados, hacia Melilla viene cercana la gente. Reconozcamos la tropa, campo violento parece, aunque otros seis tantos vengan, la muralla aún no perece.

Cuarto español

Mientras el cañón se acerca, dispongo que de repente se prevengan los navíos, si quiera hasta unos nueve, y fragatas unas seis, se marchen en continente, cruzando por las costas, si os parece conveniente que pidan a los que pasan de Gibraltar, enfrente, con el tren de artillería que para los moros viene y estos tales se mantengan de estos presidios enfrente que acuden a protegerlos de estos presidios, caso que sea urgente.

Tercero español

Con tu dictamen convengo, mas según el viento viene, en estas inmediaciones, no serán muy permanentes.

Segundo español

Ejecutada la orden, venga lo que Dios quisiere.

(Danzan y dice el rey moro)

Rey moro

Ya que en el campo está puesta la gente, y bien formada, es necesario discurrir, maquinar y trazar; volver piedras es forzoso, porque el cañón nos alcanza. Vuelvan algo atrás las tiendas, y la tropa enarbolada, al ataque de Santiago, suban reales granadas, comiencen a disparar bombas de a doce pulgadas, se echen desde San Lorenzo, que así quizá la contraria, al ver tan supremo fuego, viérase a dar obligada, mas si en este intervalo fuese tropa necesaria, al instante ocho mil hombres, póngase sobre la marcha, y pase la ligera a postrarse a la raya, siendo mi intención el darla por esas cumbres más altas los ataques, dirigiéndolos de la vitoria a la Plaza, mas por evitar descuidos, dispongo que el Alcalde, acompañado de Embajador, se parta al Castillo, al Comandante se haga relación, diciendo, que nos entregue la plaza, haciendo capitulaciones, aunque sea abandonada, y de esta suerte evitaremos que la gente esté en desgracia.

Segundo moro

Todas quesas razones, y si junto me las hablas, al Comandante diré, porque no alegue ignorancia.

(Vase con la embajada al cuarto español y dice:)

Señor, con vuestra licencia, por no hacer más tardanza, quiero en muy pocas palabras decirte, que es mi llegada acompañada de embajador, a decirte que muy pronto sea la llave entregada haciendo capitulaciones, aunque sean abandonadas, si no quieres que por asalto la avancemos con escalas.

Cuarto español

No quieran los altos cielos, ni la Virgen Soberana, permitan que estas noblezas, sangres tan purificadas, en manos de aquesos perros hoy se vean cautivadas. ¿Qué dijera de mi el mundo? ¿España qué relatara al ver que por mi este fuerte lograba tanta desgracia, cuando estaban diciendo todos que si mil vidas tuvieran fueran pocas una a una para aquí santificarlas?

Todos aclaman la guerra, cuantos están en los presidios, con alegría tan magna, aclamando el vencimiento ¿qué harán, si mi ayuda falta? en este su puesto puedes divulgar, allá, en tu patria, que te digo por respuesta que en tu cosa no pensaba. Quiero morir con honra y no vivir con mala fama.

Segundo moro

Pues prevente, que muy pronto, tu altivez será paga.

Tercero español

Le dirás, que poco come, aquel que mucho habla.

(Vuélvese con la embajada y, en llegando, dice:)

Acaso en este instante de llegar de mi jornada, que si no traigo que hablarte, pero advierto que te aguardan, frente a frente, tomándolo todo a chanza.

Tercero moro

La tropa está apercibida. Tienen armas preparadas, paso enfrente todos juntos y hágase una descarga.

(Andan a paso y descargan los fusiles y dice:)

Rey moro

Media vuelta sobre la derecha, presenten todas las armas, tres descargas, sin parar, hagan una y otra banda.

(Dan fuego y dice cuarto moro)

Cuarto moro

Vaya a la izquierda, otra media, con el fuego que se manda.

(Dispárase y dice cuarto español)

Cuarto español

Ingenieros discurriz (sic) otras suficientes máquinas y para impedir las suyas y le quemas sus estrandas (sic).

Tercero español

Ya que tan cerca nos vienen, descárguese con metralla.

(Luego dice segundo español)

Solo aqueste cañonazo, le ha destruido su armada.

Cuarto moro

Rinde, español, esa vida, a los filos de mi espada.

(Dan golpes y dice cuarto español)

Cuarto español

Moro, ríndete, antes que este acero te haga rayas.

(Golpes y dice tercero moro)

Tercero moro

Si yo con la paz te convido, qué te detienes, qué aguardas.

(Golpes, y dice tercero español)

Tercero español

Si con la paz te convido, no te andes con farándulas.

(Golpes, y dice segundo moro)

Segundo moro

Español, date, y si no mi furia en ti descarga.

(Golpes, y dice el segundo español)

Segundo español

Mi furia en ti se embriaga, si vuelves a hablar palabra.

(Golpes, y dice rey moro)

Ya creeré, no será tuya, la torre, antes de mañana.

(Golpes, y dice rey español)

Rey español

Pues, peliemonos valerosos, mientras tu me lo ganas.

(Dan las espadas y al último levanta el rey moro bandera de paz y entre la Plaza y dice:)

Qué destrago (sic) tan supremo, o quién en esto pensara, cuando pusimos el campo, con tan lucida armada, que tanta gente muriese, en manos de la contraria. Quien me lo dijera a mi que hoy tan grande desgracia ni otro para esperimentar como mi furia aquí para, si no arrancarme el cuello y repelarme la barba. Marcha luego, embajador, acércate a esa muralla y dile al comandante que si en el campo me aguarda para hablar con su persona solo dos o tres palabras. Que sosiéguese el fuego, que la paz está aclamada, pues ya no quiero más guerra, en mi vida, con España.

Segundo moro

Porque no hagan más estragos, marcho allá como quien rabia.

(Vase con la embajada al cuarto español y dice:)

Comandante, que tan fuerte te mantienes, y aún te hallas, de parte de mi amo, el moro, vengo a traerte estas cartas, y juntamente a decirte, que la paz, ya está aclamada por los nuestros, pues ya ves bandera blanca; también que le des licencia para que... porque allí tratareis cosas de muchísima importancia.

Cuarto español

Te prometo cuanto dices y te doy mano y palabra.

(Vuélvese a su rey, el segundo moro, y le dice:)

Ea, pues, arriba, entra, la licencia está dada, que quiere Maoma lo pague, quien de ello ha sido la causa; pues no es la primera vez, que llevamos calabazas.

(Entra el tercero moro sin armas y dice lo siguiente:)

Tercero moro

Después de las cortesías, que en mi corte son usadas, y según tal persona, se ven con declararlas; vengo a ponerme a tus pies, y arrodillado a tus plantas, suplico a tu Excelencia el que no mirando a tantas injustas ingratitudes, como hasta aquí son usadas, se nos permitan las treguas, mientras tanto los pliegos pasan, a suplicar a tu rey y pedir a ese monarca, que se establezcan las paces entre las partes que mandas debajo de condiciones, aunque más aventajadas que el anterior tratado, y que también irá allá persona de gran talento y de toda confianza para que entrando en negocio, pueda ver si algo se alcanza, rogando al que tenga a bien, vuestro rey, el que se porta para la misma ordenanza, y en prueba de todo esto, y el campo se levanta, y por último, Sorleche, danos treguas mientras hay las diligencias precisas como nuestro rey lo manda.

Cuarto español

No tengo orden para ello ni mi gente desampara al presidio mientras tanto que el enemigo contraria y nuestros cañones los alcance o hagan frente a la muralla.

Tercero moro

Comandante, a Dios te quedes, hasta que el día de mañana, al rey se lleven los pliegos, o se remitan las cartas.

(Danzan y dice cuarto español)

Cuarto español

Ya que tan feliz dicha sobrevino a este presidio, con muy breve ligereza, al rey pondremos aviso. Así, noble Don Juan, honra para vos está el destino de embajador a la corte, pues yo solo en vos confío, que sabeis participar las firmezas y los brios que todas aquestas gentes han puesto a sus enemigos y aunque causa de todo eso en este pliego va escrito, toma, ya así que lo entregues, ponte otra vez en camino por si acaso hay novedad, pues quedo algo pensativo, por estar el mar muy bravo y no saber el arribo.

Segundo español

Llevo bastante cuidado, mas con todo eso confío en la Virgen del Carmelo, que siempre me ha favorecido, y también me sacará aquesta vez del peligro.

Cuarto español

Adiós, que rogando quedo, hasta verte aquí conmigo.

(Vase con la embajada el segundo español y en llegando dice al rey:)

Señor, aunque me contemplo el más vil y más indigno embajador, que aquesta corte ha tiempo haya venido, he de ver a su alteza, el que se me de permiso, pueda ensalzar las proezas que han hecho en aquel presidio presidiarios y soldados, que son de alabanza dignos, mas por no hacer más parada a Melilla me retiro y toma que en este pliego vendrá todo detenido (sic).

(Dale el pliego al rey español y dice el rey:)

Rey español

Dile que se premiarán, según lo han merecido, a tí, de hoy en adelante, yo por coronel te dejo.

Segundo español

Por mercedes tan subidas, vivas, gran señor, un siglo.

(Danzan y después hace el rey que lee la carta y dice:)

Rey español

Gracias a Dios que mis fuertes, gracias a Dios que los míos, sin haber perdido alguna, sin nada haber perdido, han logrado la fortuna que según aqueste escrito han dado más feliz dicha, que se ha visto entre los vivos, que después de haber estado, después de haber despedido entre bombas y granadas, nueve mil según los miraban, solamente han muerto, de antes de aquel propio sitio, noventa y cuatro; el número ha habido de los heridos, quinientos y setenta y cuatro que sin lesión no ha habido más, por ser dignos de premios. [A] Correón se le nombra, por tanto haber resistido, Brigadier de mis Ejércitos, ya Sorleche, por lo mismo, por Teniente Coronel de los Ejércitos dichos. Y ahora, en honra suya, muchachos vamos con brío diciendo, que viva el Rey y mueran sus enemigos.

(Danzan y dice la Dama)

La Dama

Perdonen los auditorios, que aquí ha dado fin a esta Danza, que según mi parecer y mi discurso lo alcanza, la Guerra contra Melilla se halla intitulada. Suplico a todos ustedes, señores, de Banda a Banda, perdonen todos los yerros y suplan aquestas faltas, que el poeta principal no pudo más concertarlas, porque tampoco ha bebido de aquella famosa agua de la puente de Alisena donde Ovidio se bañaba. He procurado acertarla pues también el Rey Marrueco (sic) juzgó de sacar ventaja y, según mi parecer, ha perdido su armada. Seamos todos debotos de la Virgen soberana, que siempre es en defensa del que de veras la ama. Y ahora, por despedida, toca maestro los palos, que lo sabrán bailar muy bien estos Danzantes bizarros.
(Fin de la Danza de la Guerra de Melilla, copiada al pie de la letra por mano de Leoncio Clemente, año de 1909).

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NOTAS

(1) "Danzas de paloteo y representaciones teatrales en la Cabrera Baja (León)", en Revista de Folklore, nº. 133, 1992, pp. 12-22, y "La Danza de Carlomagno", en Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, XLVI, 1991, pp. 311-350.

(2) Está claramente escrito "mil setecientos noventa y cuatro", aunque la defensa de Melilla, como indicamos anteriormente, tuvo lugar en 1774-1775.