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LA FIESTA LLAMADA “DEL CAPITAN” EN FRIAS (BURGOS)

VALDIVIELSO ARCE, Jaime L.

Publicado en el año 1994 en la Revista de Folklore número 159.

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Frías es una pequeña ciudad situada al noroeste de la provincia de Burgos en el estrecho espacio que aprisionan la sierra de Oña y los montes Obarenes por el sur y el río Ebro por el norte. Dentro del arco montañoso que cierra el "fondón de Tobalina", destaca, aislada y vigilante, la rocosa muela de Frías a unos 80 metros de altura sobre el Ebro. La silueta de la ciudad se recorta nítida sobre el verde promontorio, flanqueada por las torres de la parroquia de San Vicente y del castillo. El impresionante lugar escarpado, con las montañas protegiendo su espalda y el Ebro regando sus pies, "simula en el crepúsculo un navío fantástico", como escribiera D. Obdulio Fernández.

El emplazamiento elegido por los fundadores no pudo ser más acertado. La defensa estaba asegurada y esta función estratégica sigue siendo aún hoy día el aspecto más llamativo de la población (1).

Frías es ciudad desde que Juan II le concedió tal honor en el año 1435 y ha sabido mantener este título, conservando sus tradiciones, restaurando sus típicas "casas colgantes" conservando siempre el sabor medieval que le confiere su castillo, principalmente su torre del homenaje, su muralla y el puente medieval, paso imprescindible para salvar el Ebro en muchos kilómetros a la redonda. Tanto el puente como el castillo son los dos monumentos que caracterizan y simbolizan el paisaje y la historia de Frías.

En esta ciudad burgalesa, rica en historia y rodeada de hermoso y sorprendente paisaje, tiene lugar todos los años el día 24 de Junio, festividad de San Juan Bautista o el domingo más cercano, la Fiesta del CAPITAN.

Resulta imposible pasar por Frías y resistirse a pintarla, a hacer fotografías o a sentirse sobrecogido por la sorpresa.

El ayer de Frías tiene dos etapas. Una es la misteriosa y poco estudiada época romana. Está clara la importancia del valle del Ebro en todas las incursiones romanas y árabes. Los romanos prestaron gran atención a los productos de la Rioja vinícola y a los cereales, ganados, pieles y maderas de Castilla. ¿Quién descubrirá algún día la importancia de la calzada romana que pasa por Frías, viniendo de La Rioja y que se conserva todavía en perfecto estado? Impresionan sus casi cuatro metros de anchura constituyendo una verdadera autopista romana. En su trayecto ha ido cubriendo sus desniveles con una inteligente obra de ingeniería, a base de leves curvas y suaves pendientes, mantenidas en bloques de piedra ciclópeos, perfectamente labrados. Entra en Frías, en el barrio judío, luego, saltando con unos sencillos arcos el río Tobera, sale hacia el Ebro, el "padre" Ebro que circunda la ciudad, y que, en tiempos pasados, sin pantanos ni canales, debió constituir una infranqueable muralla natural.

La segunda etapa de Frías se inscribe en la historia, sobre todo en la Edad Media. En los siglos X y XI, Frías es plaza fuerte y codiciada por los reyes de Castilla y Navarra que la miman y saquean a capricho.

De estos montes y encrucijadas nunca pasaron los moros. Poco antes de la batalla de Covadonga, Don Pedro, Duque de Cantabria, fortificado en el castillo de Tejeda, junto al Ebro, cerca de Trespaderne, los venció en Pancorbo en el 882.

Alfonso VIII, héroe de las Navas, más tarde favoreció a Frías con un fuero y privilegio propio, civil y judicial. Alfonso X corroboró dicha gracia y Frías cobró inusitado esplendor. Sus moradores serán hijosdalgo, no pagarán impuestos y resolverán sus pleitos ante jueces propios, en el atrio de la iglesia de San Vicente. Era el año 1200.

En 1285, Sancho el Bravo dispone que Frías tenga su mercado semanal los sábados. Llegó a alcanzar 12.000 habitantes y tuvo nueve molinos harineros, dos de aceite de linaza, tres batanes, una cardería de lana basta, varios telares de lienzo, una fábrica de curtidos, una papelera, dos hospitales y dos monasterios, llegando su cabildo parroquial, en solicitud de colegiata a disponer de diecisiete clérigos.

En 1492, los Reyes Católicos fundan en Granada el Ducado de Frías. El Duque de Frías, condestable de Castilla, hombre de confianza del Rey, mandó las tropas que vencieron a los Comuneros en Villalar (2).

El 12 de marzo de 1435, Juan II concede a Frías el pomposo título de ciudad. Pero no es más que un espejismo pues unos años después (1446) cambia con Pedro Fernández de Velasco la villa de Peñafiel por Frías. Frías volvía a reintegrarse con el valle de Tobalina de la que había sido segregada en 1372, cuando el valle pasa a los Velasco.

La ciudad cambia, para varios siglos, de régimen jurídico. Desde ahora los nuevos señores serán los Fernández de Velasco, condestables de Castilla y futuros Duques de Frías. Los Velasco, orgullosos de su antigua estirpe, fundamentada en la leyenda, lo demostraron en la siguiente divisa:

Antes que Dios fuera Dios
y los peñascos, peñascos,
los Quirós eran Quirós
y los Velascos, Velascos.

Otras versiones en lugar del primer verso dicen: Antes que el sol fuera sol. Con el "desarraigo" de los Salazar, los Velasco dominaron de forma aplastante el norte de la provincia de Burgos en todos los aspectos. Tuvieron verdadero olfato político para estar siempre al lado de los vencedores y practicaron muy a menudo una actividad oportunista durante las luchas civiles del siglo XV pues, mientras que el titular del mayorazgo apoyaba al rey, su primogénito se aliaba con su oponente (3).

A pesar de la pérdida de su libertad, y quizá como un intento más de evitar su toma de posesión, la ciudad pretende integrarse en 1449 en la Hermandad regional que el propio rey trata de organizar con lugares de Vizcaya, Mena, Losa, Valdegovía, Hermandades de Alava y Santo Domingo de la Calzada, Pancorbo y Frías, pero que no llegará a cuajar.

Y llega el día trágico. El Condestable intenta llevar a efecto la toma de posesión de la ciudad al año siguiente. La dura oposición del vecindario trata de evitar la pérdida de su libertad y el abuso en el cobro de los impuestos. Hay muertos, se recurre al rey recordándole sus promesas, pero no sirve de nada. El hecho produciría un recuerdo imborrable entre la población y daría lugar a la "Fiesta del Capitán ", una de las más antiguas y originales del folklore español (4).

El análisis del desarrollo de la fiesta muestra una serie de elementos integrantes tanto civiles como militares y también religiosos. La Fiesta del Capitán parece resultado de un conjunto de conmemoraciones distintas en el tiempo pero semejantes en cuanto a motivaciones, peligros e impresión en la memoria del campesinado, todo ello encadenado por el recuerdo de la guerra. El sentido práctico ha inclinado a resumir en una sola celebración hechos diferentes. A ello ha contribuido, también, una serie de recuerdos confusos y la lógica ignorancia de la base histórica en que se apoya la fiesta. De lo que no cabe duda es de que la mayor parte de los elementos componentes tienen su origen y hacen referencia clara al asedio, enfrentamiento sangriento y capitulaciones entre Frías y el Conde de Haro en 1450 (5).

Otros acontecimientos que han influido en la celebración de esta costumbre han sido las guerras. La guerra de la independencia o francesada y las guerras carlistas.

Las guerras carlistas dividieron en dos grupos antagónicos a los vecinos del pueblo. Al comenzar la primera de ella hubo quien se sublevó al mando del brigadier Echevarría en Villarcayo. Fueron apresados por el gobernador militar de Santander y fusilados. El vecindario, con todo, estuvo en contra de los carlistas, de cuyas incursiones se defendían desde el castillo y convento ya desaparecido de San Francisco. Este hecho quizá explique el que la bandera del Capitán se bendijera precisamente en dicho monasterio y el que antes de comenzar la fiesta dé una vuelta con ella al cercano crucero, hoy arrinconado a la subida de la ciudad.

La segunda guerra carlista volvió a alterar la paz campesina del lugar .Sus malos recuerdos se han mantenido hasta tiempos cercanos y no hicieron más que acentuar el deseo de paz duradera.

Es sabido que en 1839 se firmaba el Convenio de Vergara. Consta por los documentos parroquiales que a una calle cercana a San Francisco se llamaba de la Judería, después de la Cuesta y precisamente por estos años se le cambia por el del "Convenio". En un recodo de ella y en su centro está incrustada la piedra en la que, como se dirá, se planta la bandera en determinado momento de la fiesta. El cambio de nombre y la colocación de la bandera no pueden tener otro sentido que completar la fiesta con la celebración de una paz muy deseada y que debió repercutir lógicamente en la vida local (6).

DESARROLLO DE LA FIESTA

La conmemoración hoy

La celebración de la "Sanjuanada" comprende los días: la víspera de San Juan en que se elige el Capitán y el día siguiente, en que se celebra la fiesta propiamente dicha.

En la antigua junta que los nobles (entre los que debía ser escogido obligatoriamente el Capitán en el pasado) celebraban el día 23 de junio en el convento de San Francisco se escogía dicho Capitán a propuesta de su procurador. Hoy día se elige entre los mozos que ese año irán al ejército y hubo años que se eligió entre los propios danzantes. En la plaza de armas del castillo, acompañado de dulzaina y danzantes, manifiesta su maestría haciendo revolotear varias veces la bandera a ras del suelo según le ha aleccionado de antemano un concejal: cuatro vueltas en redondo a ras de tierra, doce sobre la cabeza, arrogantes y rápidas y, finalmente, otras cuatro algo más sencillas para acabar colocándosela sobre el hombro derecho cuadrándose militarmente. Quien mejor lo hace será mañana el Capitán. El elegido recorre las calles del pueblo al anochecer rodeado de un numeroso gentío, del dulzainero y tambores de guerra (hoy caja o tamboril) como forma de presentación del Capitán al público. Finaliza así la víspera de la fiesta con un baile público en la plaza.

DIA 24

El día siguiente amanece con un pasacalle del "gaitero". A la misa llamada "de la bandera" o "del Capitán" asiste la Corporación municipal en pleno que rodea al nuevo jefe vestido con pantalón blanco, casaca azul con hombreras de almirante, bicornio y espada. Acabada la ceremonia, todos ellos, junto con el cura, se desayunan en el Ayuntamiento. El profundo sentimiento religioso de la época hacía depender buena parte del éxito militar de la protección divina, lo que explica este comienzo cívico-religioso.

Las autoridades bajan a la plaza que está frente al Ayuntamiento, formando dos filas: El Capitán toma la bandera que hasta entonces ondeaba en el balcón, de manos de un concejal, colocándosela en el hombro. Simultáneamente van llegando a dicha plaza todos los que vuelven de la alejada fuente de la salud de Montejo de Cebas. Vienen cantando, regocijándose y montados en todo tipo de animales, sobre todo borricos, a los que han "vestido" y adornado con flores y hojarasca. Cuando en tiempos pasados estaba permitida la tenencia de ciertas armas, portaban dichos jinetes, fusiles, escopetas, espadas...Ancianos, mujeres y forasteros van ocupando mientras tanto la plaza del castillo.

Todo este pintoresco "ejército", precedido del Capitán, marcha camino abajo hacia las afueras del caserío por la llamada calzada de la Canaleja. Llegados a la vega el Capitán anima a los chicos: "¡Muchachos, a las habas!", asaltando éstos las huertas, bien defendidas por sus dueños. El recuerdo de las privaciones padecidas por la ciudad, de que nos habla García de Salazar, parece claramente reflejarse en este detalle, ansioso el vecindario de saciar el hambre.

Peones y jinetes se desperdigaban para reunirse, finalmente, al otro lado del puente del Ebro. Allí se encontró la desaparecida iglesia de Nuestra Señora de la Puente (o Santa María) como todavía recuerda la abundancia de teja y piedra. En el centro del altillo se coloca el Capitán. Hace una reverencia al presidente quitándose el sombrero y batiendo a continuación la bandera formando tres cruces tras lo que se la coloca de nuevo en el hombro. Después hace otras tres cruces y la bate sobre su cabeza con gran energía por tres veces de derecha a izquierda. Durante estos últimos movimientos los músicos interpretan una especie de paso ataque que acompañan los danzantes con sus castañuelas. El Capitán se quita la montera, saluda y todos gritan: "¡Viva nuestro Capitán!" La victoria del vecindario de Frías parece clara. El cura concluye el acto con un responso. Inmediatamente nos vienen al recuerdo lo que García Salazar cita como muertos en el enfrentamiento. Cabría añadir que en toda esta complicada y repetida ceremonia parecen mezclarse dos hechos muy distintos: una victoria y una paz, ésta simbolizada en los cumplidos que el Capitán hace al presidente y la figuración por dos veces de tres cruces con su bandera, forma habitual de jurar y firmar los pactos en la Edad Media.

La vuelta se realiza por el suave camino de la Rueda (paralelo a la actual carretera) que asciende desde el puente de la ciudad. Al llegar a lo que fue antigua parroquia de San Juan están esperándole los ancianos y mujeres que no fueron al puente y en su momento a luchar. Allí repite el Capitán los movimientos de la bandera ya descritos, entre el círculo que han formado los jinetes con sus caballerías quienes le han recibido con vítores. El recuerdo de refugio en la iglesia con el botín, perseguidos los de la ciudad por los del conde, es evidente. San Juan (y su templo) les habían salvado del apuro. Pero había perecido en la retirada alguno de lo suyos por lo que de nuevo se reza un responso y Padrenuestro

Desde este punto de vista en adelante todo es jolgorio: vivas al Capitán, toque de campanas, cohetes y la chiquillería que sube a la muela danzando. Hay, incluso, algún instrumento musical y se dicen poesías al Capitán. Al final viene el Ayuntamiento que le acompaña junto con los dulzaineros, bailarines y cura. Las mujeres siguen detrás entonando coplas, una muy especialmente repetida

El Señor San Juan
Capitán mayor,
lleva la bandera
de nuestro Señor.

que alternan con vivas a dicho Capitán. Las chicas y novias ascienden por las empinadas calles a la grupa de las caballerías conducidas por sus novios.

De esta manera se recorren casi todas las calles del pueblo para finalizar en la Plaza Mayor, en cuyo centro el Capitán vuelve a hacer evoluciones con la bandera que, finalmente, es colocada en la casa del Ayuntamiento. En tiempos pasados distribuía después rapé entre las mujeres, quizá en recuerdo del reparto del botín a la hambrienta población tras el éxito militar.

De nuevo a la misa mayor, en la que se interpreta al órgano la marcha de San Juan, única en todos los aspectos. En la procesión que se sigue los danzantes portan la imagen de San Juan. Esta segunda misa es claramente una acción de gracias por la victoria obtenida. Después viene un largo baile. Lo abren los danzantes que lo hacen en las cuatro esquinas, en cuyo centro está el Capitán.

Este escoge una "capitana" que viene desde su propia casa acompañada de los músicos. Ello parece una especie de recompensa otorgada al héroe como futura esposa. Ambos mozos continúan el baile durante el cual el pueblo manifiesta su desagrado si el Capitán se fatiga pronto. Después se retiran sustituyéndoles los concejales que se ven en apuros (y a menudo entre risas) para interpretar todo con sus respectivas esposas al ritmo de la música. A continuación se anima todo el pueblo.

El Ayuntamiento convida al Capitán a una cena en la sala capitular cuyo menú consiste en habas frescas, cordero y como postre ricas cerezas. Una nueva ronda por las calles del pueblo, entre las que se encuentra la del Convenio, en la que todavía puede verse una gran piedra incrustada en el pavimento con un agujero. El Capitán se coloca sobre ella y en el centro hinca momentáneamente la bandera. Después continúa el recorrido. A los músicos acompañan mujeres que hacen sonar hábilmente trozos de tejas a modo de castañuelas. Al ascender la comitiva por la calle principal (Cadena-Mercado-Obdulio Fernández) el ruido, cantos y vítores aumentan repitiéndose frecuentemente la antes mencionada coplilla alusiva a San Juan. A todo este gentío acompañan los danzantes. El Capitán invita en el Ayuntamiento a las mujeres cantadoras. Después el pueblo reanuda el baile hasta media noche en que concluye la fiesta"(7).

LA FECHA DE LA CELEBRACION. LA INDUMENTARIA

Creo que en el hecho de celebrarse la conmemoración en la festividad de San Juan entran tres motivaciones muy distintas. Primero, es sabido que el campesino ajusta las fiestas al ritmo del trabajo del campo. Frías, además de agrícola, en el pasado fue también vinícola. Los días que quedaban libres, pues, al campesinado eran tan sólo los anteriores "al agosto". La misma celebración tan extendida de las noches de San Juan podrían ser otra justificación. Sin embargo el argumento más decisivo sería el ya indicado: la desaparecida iglesia de San Juan, que se encontró frente al monasterio de San Francisco y que sirvió, a juzgar por el desarrollo de la fiesta, de refugio y de defensa en la retirada de los de Frías, perseguidos por los del Conde, lo que motivaría en gran parte que se atribuyera la victoria a San Juan. Los documentos no vuelven a mencionar esta iglesia posteriormente, de lo que podría deducirse que, como consecuencia de la lucha allí habida, o bien tras la retirada, sería arrasada por los sitiadores, con lo que su recuerdo quedaría idealizado entre el vecindario. A todo ello habría que agregar que, como precisan las Bienandanzas e Fortunas, el cerco se inició en julio, o sea, en días no muy alejados de San Juan. Hoy día los festejos se celebran el domingo más cercano a la festividad del Santo.

La conmemoración viene celebrándose, con seguridad, desde los mismos días del acontecimiento. La ordenanza nº. 43 de la ciudad (año 1481) mandaba: "Que guarden la víspera de San Juan de Junio. Otros y hordenaron que cualquier vecino desta dicha ciudad que labrare vyspera de San Juan de Junio nin fisiera otra labor salbo traer rama o yerba que peche de pena quarenta e ocho maravedís e aya el acusador diez maravedís dellos".

La vestimenta del Capitán es una amalgama en la que predomina la indumentaria de los años napoleónicos mezclada con la de las guerras carlistas, especialmente la primera de ellas. Anacrónico, como se ve, respecto al origen de la fiesta. Ya en 1887 cierto historiador local anotaba que "desde hace ya bastantes años se viene verificando reemplazando a los trajes antiguos el moderno de casaca larga, charreteras de plata u oro, pantalón blanco, sombrero con galón y borlas de oro, espadín o espada corta".

Otro detalle que hay que destacar es la bandera de la fiesta, que no coincide con la que tuvo Frías en el siglo XVI (y posiblemente durante el cerco), que se guarda en uno de los pergaminos de su archivo. Es ésta verde con un castillo blanco sobre un puente. La empleada hoy es blanca atravesada de dos bandas en forma de cruz, la vertical de color ocre y la horizontal marrón claro, en cuya conjunción se forman diversas franjas blancas, ocres y marrones. Las esquinas superiores derecha y su opuesta aparecen cortadas por dos triángulos marrones. Toda la enseña está ribeteada de una banda dorada de flecos.

ELEMENTOS FESTIVOS COMPLEMENTARIOS: LOS DANZANTES y SU INDUMENTARIA, MOVIMIENTOS y MUSICA

Prácticamente durante toda la fiesta autoridades y Capitán se ven acompañados por los cuatro danzadores, como les llaman. Parece que su misión es simplemente complementaria de celebración alegre de la conmemoración.

La indumentaria es una mezcla de elementos foráneos. Consiste en un pantalón blanco, alpargatas del mismo color y una camisa larga, a modo de enagüilla, de seda bordada y almidonada que les cae a medio camino entre cintura y rodillas. Sus mangas están sujetas por el brazo por una cinta roja rematada en su parte posterior en un florón multicolor. Portan una banda roja cruzada al pecho y del cinturón cuelga un pañuelo así como otro del cuello. Una cinta anudada a la frente, al estilo aragonés, sujeta flores, y también, y nada menos que un cigarro puro. Como complemento de esta ecléctica indumentaria tocan con habilidad las castañuelas ("tarrañuelas" decían en el pasado).

La falta de originalidad no puede ser más clara. Sus semejanzas son evidentes con los danzantes de Salas de Bureba y también con los vascos. La música que interpretan es la de un dulzainero a quien acompaña un tamborilero. En todo momento, como hemos visto, completan la alegría del éxito del Capitán haciendo siempre de comparsas, pero en ningún caso de protagonistas.

En algún momento de la fiesta de San Juan sí consiguen, sin embargo, alguna importancia. Durante la ronda por las calles echan numerosos vivas a personas distinguidas que corresponden con la fineza de un donativo. Lógicamente los vivas más frecuentes van dirigidos al Capitán. Cierta musiquilla señala a uno de los danzantes el momento en que, volviéndose hacia este último, salta y dice en voz alta:

A la salud del Capitán
y todo su acompañamiento
que Dios guarde por muchos años
¡que viva!

Simultáneamente sus compañeros saltan también respondiendo: ¡Que viva!.

Como complemento de la fiesta se interpretó hasta hace unos años una danza relativamente original llamada el "Arco". Ocho danzantes portaban un arco grande y dos pequeños adornados con cintas y flores. Sus movimientos giraban alrededor de dicho arco y terminaban formando una torre humana. Otra danza destacable fue la llamada del "Petitorio", del estilo de la jota, tras cuya interpretación intervenían todos los concursantes con un baile general.

Al desarrollo de tan original celebración, como hemos visto, hay que añadir la música interpretada a través de toda ella, única en esta localidad burgalesa y también en este día de San Juan (7).

Ramón Inclán describió hacia 1959 de esta manera la Fiesta del Capitán: "Frías, histórica ciudad emplazada sobre un elevado peñasco y coronada por imponente torreón que atalaya el bellísimo valle de Tobalina. Su silueta de plaza fuerte destaca en el fondo del mismo, rodeada en forma de amplio anfiteatro por agrestes serranías que constituyeron formidables baluartes en las guerras de reconquista, ya que la privilegiada situación estratégica de la fortaleza, dominando el Ebro sobre su margen derecha, atrajo la atención de todos los pueblos invasores que la ocuparon sucesivamente".

En este ambiente guerrero, continuado en las luchas feudales de la Edad Media, tuvieron sin duda origen las costumbres tradicionales que se conservan en Frías. El 24 de Junio, día de San Juan se celebra todos los años una interesante fiesta que no desmiente dicho carácter, antes bien, parece evocar en todo su desarrollo algún episodio guerrero de tiempos remotos, tal vez basado en las luchas que sostuvieron los vecinos en defensa de los fueros de la ciudad contra sus propios señores los Duques de Frías, que se vieron obligados a sitiarla hasta rendirla por hambre en el año 1450.

La víspera del día de San Juan, a primera hora de la tarde, cuatro mozos danzantes, acompañados de dulzaina y tamboril, esperan a la puerta de la Casa Consistorial la salida de las autoridades para acompañarlas hasta la iglesia parroquial, dedicada a San Vicente, Mártir, donde se celebran solemnes vísperas. Durante el trayecto van bailando delante de las autoridades un alegre "pasacalle", con repique de castañuelas.

El "pasacalle" que bailan los danzantes de Frías se debe, según una tradición popular, a que la histórica ciudad se vió libre de la agresión de los franceses el 11 de julio de 1813, y para celebrar tan fausto acontecimiento, todos los mozos de la misma salieron postulando para encargar una gran función religiosa como fervorosa acción de gracias. Los mozos iban cantando y bailando, expresando así su alegría, y en este hecho, repetido después de varios años, dice la citada tradición que tiene su origen el Pasacalle de Frías.

Terminadas las vísperas, autoridades y danzantes, seguidos del vecindario, se dirigen todos a la plaza de armas del castillo, donde en tradicional ceremonia, designan capitán a un mozo de la ciudad al que proclaman en el acto como Jefe, entregándole una bandera que él tremola, dándola con habilidad varias vueltas sobre la cabeza y a ras de tierra, resultando el acto de una vistosidad extraordinaria. A continuación, al grito de ¡viva nuestro Capitán! se coloca éste la bandera sobre el hombro derecho e inicia la marcha siguiéndole las autoridades y el pueblo hasta la Casa Consistorial.

El día de San Juan, una vez terminada la Misa llamada del Capitán, a la que asiste éste con las autoridades, vistiendo un pintoresco traje compuesto de pantalón blanco, casaca galoneada y bicornio, se dirigen todos con el párroco hasta el Ayuntamiento, yendo delante los mozos danzantes, siempre bailando, y una vez en el salón de sesiones toman todos un ligero desayuno.

A continuación es cuando se celebra una extraña ceremonia, sumamente pintoresca, en la que toman parte autoridades, Capitán, danzadores y el pueblo entero. Primeramente se organiza de nuevo la comitiva a la que se agregan multitud de jóvenes montando en diversas cabalgaduras engalanadas con cintas y flores, y todos se dirigen hacia el antiguo puente sobre el Ebro. El Capitán lleva la bandera que le ha entregado el Síndico y, una vez en el valle, da la orden de arrasarlo todo, entonces una nube de muchachos se lanzan frenéticos hacia los habares y los cerezos, plenos de frutos, entablándose entre los chicos y los dueños de las fincas que defienden sus productos, como es lógico, una enconada lucha, hasta que el Capitán que ha vuelto a pasar el puente seguido de autoridades, danzadores y jinetes, tremola la bandera, y los dulzaineros tocan una marcha, cesando la lucha inmediatamente. Después en una era próxima, hacen los jinetes un círculo, colocándose en el centro el Capitán con las autoridades, y nuevamente tremola aquella bandera en la misma forma que lo hace la víspera al ser proclamado, entre vivas entusiastas al Capitán. Se oye otra vez la dulzaina y se produce un silencio solemne, entonces el párroco reza un responso.

Terminada esta ceremonia, número saliente de la fiesta, la comitiva se pone en marcha en dirección de la Casa Consistorial donde el Síndico se hace cargo de la bandera y la coloca en el balcón central.

Nuevamente se organiza la comitiva para acudir a la iglesia con el fin de tomar parte en la procesión, en la que llevan la imagen de San Juan los cuatro danzantes, y para oir la misa mayor que se dice a continuación, asistiendo a los dos actos el Capitán con las autoridades.

Después se regresa a la Casa Consistorial y tiene lugar en ésta otra ceremonia muy curiosa, pero plena de gracia y simpatía, aunque creemos que el compromiso que en ella se contrae será en muchos casos solamente simbólico. El Ayuntamiento premia al Capitán otorgándole para esposa la joven que él elija, y el agraciado designa a una moza que presenta como su novia, siendo los dos aclamados por la concurrencia con verdadero entusiasmo.

La danza titulada del Capitán de Frías, en la que interviene éste, la Capitana y los danzantes, se desarrolla de la forma siguiente:

Primeramente salen los cuatro danzantes bailando el pasacalle antes descrito y seguidos del Capitán que lleva la bandera sobre el hombro derecho. Después, colocados los danzantes cada uno en una esquina del cuadro que forman los espectadores, bailan a compás con ritmo pausado y solemne una danza de clásicos perfiles y de indudable sabor tradicional. Sin cesar en la danza gritan los cuatro ¡viva el Capitán! y entonces sale éste, que se ha colocado en medio del cuadro, tremola la bandera tres veces a ras de tierra y otras tres sobre su cabeza. Sigue la danza y, al repetirse el ¡viva! el Capitán deja la bandera y saca a bailar a la Capitana que se encuentra en primera fila esperando este momento, y danzan los dos en el centro del cuadro formado por los danzantes, al propio tiempo que éstos.

Por la tarde, después de vísperas, el Capitán acude al domicilio de la Capitana acompañado de los danzantes, y vuelve a la Casa Consistorial llevando del brazo a su prometida con la que inaugura el baile, que sigue después con carácter general.

Ya de noche, recorre las calles de la ciudad una alegre comitiva en la que figuran las autoridades, el Capitán llevando la bandera, la Capitana y los danzantes, rodeados todos por la multitud que canta con ellos coplas alusivas a la fiesta y termina ésta en medio del general regocijo.

En la meritoria búsqueda de canciones y danzas típicas que los señores Amoreti, Sarmiento y Del Río realizaron por el partido de Briviesca, recogieron en la histórica ciudad de Frías las dos danzas que se reseñan a continuación, que estaban amenazadas de un completo olvido, pero que gracias al patriotismo de algunos ancianos venerables, amantes de las tradiciones de su tierra que recordaban parte de ellas, pudieron ser felizmente restauradas, armonizadas por el señor Amoreti y realizadas por el señor Del Río.

EL ARCO: Esta danza debe su nombre a que la bailaban los danzantes de Frías el día de San Juan portando un gran arco adornado con cintas y flores. Primeramente evolucionaban con él trazando giros y juegos muy espectaculares, y después, sin perder el compás de la música, componían un bello cuadro plástico, subiéndose unos sobre los hombros de los otros y colocándose por mitad en idénticas actitudes a los lados del arco, mientras debajo de éste, tremolaba gallardamente la bandera el Capitán elegido la víspera en la plaza de armas del castillo.

EL PETITORIO: Como la anterior, se bailaba el día de San Juan, y era una danza de fina cadencia, pero alegre y airosa, que en algunos momentos recordaba los pasos de la jota. Los danzantes de Frías, repiqueteando sus castañuelas al compás de la música, la bailaban con señorial elegancia, cruzando las líneas, cambiando de puesto en ellas y evolucionando con gracia y armonía. Las mozas acompañaban a la dulzaina y al tamboril con los alegres sones de sus panderetas y, al terminar, tomaban parte en la danza los miembros del Ayuntamiento con el Alcalde a la cabeza, en acto simpático y patriarcal, bailando con sus respectivas esposas (8).

JULIO CARO BAROJA también recoge esta fiesta: "En el viejo pueblo burgalés de Frías tiene su lugar particular en una curiosa función, conocida con el nombre de «Fiesta del Capitán»" (9).

He aquí en qué consiste, según Eduardo Ontañón: "Un día al año, justamente el 23 de junio se reúne el Ayuntamiento y elige "capitán" entre los mozos... Inmediatamente de elegido se pone en sus manos la bandera...una percalina blanca cruzada por franjas oscuras y se le viste de uniforme, probablemente procedente de «la francesada»: levita de paño con hombreras, pantalón blanco y sombrero bicorne de jefe de 1830.

De seguida, el Capitán, muy engreído con sus tres estrellas colocadas posteriormente en la vieja manga, y con la altanería de su cargo, se pone al frente de una alegre comitiva, precedida de gaiteros y danzantes y da lo que allí se llama «la primera vuelta», que es un simple recorrido al pueblo para que la gente conozca al que ha de ser su «capitán» durante un año.

Todo aquello ha acabado siempre con un gran jolgorio de baile y dulzaina en la plaza...La bandera prosigue luego como testigo de la fiesta -ha estado llameando toda la noche y el amanecer en el balcón de la Casa Consistorial-. Llegadas las siete de la mañana de este día 24, el alguacil la retira y pone en manos del Capitán. Parece que ante acto tan sencillo antes profería el pueblo en vivas al nuevo jefe... Se pone en marcha la cabalgata a través del empinado pueblo. El "Capitán" va ya con su bandera; gaiteros y danzantes le preceden; pueblo y ayuntamiento "en corporación" le siguen. Después marchan unos caballistas, a los que se concederán más tarde tres premios de 25, 15 y 10 pesetas con arreglo al enjaezamiento y limpieza del caballo. Indistintamente pueden ser del pueblo o forasteros".

Un viejo cronista de la fiesta dijo que se oía repetidas veces un estribillo coreado por el pueblo. Dice asi:

El Señor San Juan
Capitán Mayor,
lleva la bandera
de nuestro Señor.

Pero en 1932 sólo se oía la música de los danzantes.

La comitiva baja a la vega. El pueblo, con sus casas alzadas, queda en alto. En la vega hay huertos y frescas veredas. Ante ellas se para el "Capitán" muy ceremonioso, con su bandera. Hace dos o tres evoluciones. Dice unas palabras que no hay forma de entender, ni aún repetidas por el mismo. Y todos los chicos, que las esperan, se lanzan a los frutales y a las tierras dando gritos.

Pero el programa todo lo tiene previsto las tierras pueden ser defendidas por sus dueños "sin molestar a los chicos". Allí se arma una marimorena parecida a la del juego infantil en el montón de arena, ese juego que tiene un dejo medieval en la repetición constante del "¡Afuera de mi castillo! ¡Afuera de mi castillo!".

El "Capitán" de Frías tiene una facultad de poeta de juegos florales: la de elegir lo que en buena tradición se llama "reina de la fiesta" y en Frías solamente "Capitana". Se acerca a ella, entre un coro de muchachas. Y no le dice una palabra. Debe tenérselo dicho desde la tarde anterior. Sólo la coge del brazo..., y la conduce entre aplausos y gritos, al corro que forma, a un lado, la corporación municipal:-Aquí está la Capitana.

Después viene el baile. "Lo rompe, según está ordenado, el "capitán" con la "capitana" que bailan solos la primera tonada. El segundo baile está destinado al ayuntamiento con sus parejas, y luego baila ya todo el pueblo libremente" (10).

Sobre esta fiesta tradicional de la ciudad de Frías tenemos el testimonio inapreciable de Antonio José, de quien fuera amigo íntimo Eduardo de Ontañón de quien hemos tomado su informe en las palabras anteriores. El comentario a esta fiesta se publicó en su "Colección de Cantos populares Burgaleses" (Nuevo Cancionero Burgalés) y dice así:

"Es curiosísima también en cuanto a folklore la fiesta de San Juan en Frías, cerca de Burgos: la Sanjuanada, que llaman allí, con sus tonadas, sus danzadores, su capitán y sus caballistas engalanados.

El capitán es un mozo elegido por el pueblo entre los más fornidos y de más limpia conducta, a quien se hace héroe de la fiesta durante el día de San Juan. Va vestido con pantalón blanco, una levita de gala de uniforme de capitán de la guardia civil...hombreras grandes de almirante de marina, espadín y un gran bicornio de uniforme imaginario.

Este capitán es una verdadera facha con lo absurdo de su vestido y lo mugriento de su ropa. Lleva una bandera rara que flamea con energía. Por la tarde, este extraño personaje, seguido de los danzadores y del pueblo entero, va a elegir capitana. Vuelve con ella, siempre seguidos de todos y delante del Ayuntamiento bailan los dos. Momentos antes toca la gaita una entradilla, mientras el capitán se quita los guantes solemnemente... La tonada del baile del capitán se repite innumerables veces, hasta rendir a los bailadores. Precisamente en retrasar este momento está su prestigio. A veces en este baile, el pueblo manifiesta su desagrado si el capitán se fatiga pronto, y suele entonces mandarle un aviso...para animarle.

Cuando termina el baile del capitán y la capitana, sale el Ayuntamiento en pleno y baila cada uno frente a su moza, como si fuera un rito. Por lo general, los concejales son viejos y las mozas son muchachas jóvenes y guapas. Luego baila todo el pueblo.

En esta fiesta de San Juan merecen capítulo aparte los cuatro danzadores (así les llaman) que acompañan al "capitán " y bailan en la procesión. Son cuatro muchachos de 18 a 20 años, vestidos de blanco. Su camisa acaba en una especie de enagua bordada y planchada con almidón, que les llega más arriba de las rodillas.

Les cruza el pecho una banda de seda de color vivo. Llevan cinturón corriente de cuero, colgando de él, un pañuelo de color fuerte. Al otro lado del pañuelo, otros cintajos. Al cuello, chalina de seda de tono vivo también. En la frente otro pañuelo rojo; en un lado, flores, en otro, entre el pañuelo y la frente,...un cigarro puro. Estos danzadores están todo el día bailando y echando entradillas a las chicas, y sobre todo a los forasteros y a las personas de calidad que sueltan con facilidad monedas por las entradillas" (11).

Antonio José no se limitó a presenciar la fiesta y hacer estos comentarios, porque hizo lo más importante, pues recogió musicalmente todos los elementos que le proporcionaba esta fiesta del Capitán, entradillas, pasacalles, danzas e incluso otras tonadas y canciones, que luego ofreció en su Colección de Cantos burgaleses. Hemos de notar que esta fiesta del Capitán de Frías tenía la simpatía del genial músico burgalés a juzgar por el espacio que le dedica, por los comentarios y fotos que acompañan a la música en el libro que hemos mencionado.

Sin embargo, ni Federico Olmeda ni Domingo Hergueta ofrecen ninguna información sobre esta fiesta del Capitán, lo cual nos parece un poco raro.

No podemos terminar este comentario sin dejar reseñado que en los últimos años hasta su fallecimiento en el mismo día de San Juan, 24 de junio de 1992, quien amenizó con su dulzaina las fiestas del Capitán fue Felipe González Martínez, a quien desde estas líneas queremos ofrecer un particular homenaje por la contribución a la difusión del folklore vivo de nuestra tierra durante toda su vida dedicada a este instrumento castellano, la dulzaina.

Todos los nacidos en Frías de medio siglo para acá recordarán a Felipe González, el gaitero de Cillaperlata, como una parte más de las fiestas del Capitán y junto a él, a su hermano Santiago, el tamborilero. La mayoría de los vecinos de Frías han pasado o por el papel de Capitán o de danzante. Esto quiere decir que todos tuvieron contacto directo con este gaitero en algún momento de su vida pues hasta los 77 años de edad a la que falleció nunca faltó a la cita con esta fiesta, incluso este año 1992 había participado en ella unos días antes de su fallecimiento. Su constante y meritoria labor de dulzainero en estas fiestas fue reconocida en la placa conmemorativa que le fue entregada en el año 1977. «Gaitero de los tradicionales Sanjuanes de esta histórica ciudad. Frías, 1977».

ALGUNAS NOTAS CURIOSAS

-El rapé que se empleaba cada año en estas fiestas consistía simplemente en pimienta, guindilla y tabaco muy bien mezclado y muy molido, que era preparado en el pueblo para la ocasión.

-Tradicionalmente durante la fiesta se han celebrado concursos de cabalgaduras engalanadas, según puede comprobarse por los Programas de algunos años. Aunque en la actualidad hay pocas caballerías, en tiempos pasados no tan lejanos hubo mucha animación por el gran número de ellas que concurrían a las que sus dueños y jinetes procuraban engalanar y enjaezar de la forma más vistosa posible.

-Según tradición, la bandera no puede bajar del Ayuntamiento o Casa Consistorial por las escaleras, sino que se la da al Capitán por el balcón el síndico o concejal encargado.

-Uno de los momentos más curiosos de esta fiesta es cuando por la mañana bajan el Capitán y su acompañamiento a la zona próxima a la ermita de las Animas y allí dice el Capitán a todo el pueblo: «Autorizo a coger cerezas y habas -que se crían con abundancia en el pueblo- aunque estén los dueños presentes, sólo con la condición de que no rompan las ramas».

Parece que aunque el hecho es el mismo, cada Capitán utiliza unas palabras para invitar a entrar a coger habas y cerezas, en recuerdo del hambre y las privaciones que se sufrieron en el asedio y cerco de la ciudad, que es el hecho que quiere conmemorar cada año la «Fiesta del Capitán", en Frías.

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NOTAS

(1) CADIÑANOS BARDECI, Inocencio: Frias, ciudad en Castilla. Frías, 1991, p. 13.

(2) Cfr. Artículo de ANTONIO QUINTANA, en Diario de Burgos, 9-VIII-1979.

(3) CADIÑANOS BARDECI, Inocencio: Op. Cit., p. 66.

(4) lbidem, p. 67.

(5) lb. p. 160.

(6) lb. p. 165.

(7) lb. p. 167.

(8) INCLAN LEIVA, Ramón: "Ignotus ", danzas típicas burgalesas. Burgos, 1975, pp. 115-120.

(9) CARO BAROJA, Julio: La estación del amor. Taurus Ediciones. Madrid, 1979, pp. 266-267.

(10) DE ONTAÑON, Eduardo: "Costumbres españolas. La fiesta del Capitán de Frías", en Estampa, año VI, nº. 287 (8 de julio de 1933), 2 pp., 8 fotos (PHOTO CLUB).

(11) MARTINEZ PALACIOS, Antonio José: Colección de cantos populares burgaleses (Nuevo Cancionero Burgalés), U.M.E., Madrid, 1980, pp. 37-38; 103-111.