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EL GENERO GRAMATICAL Y EL AMBITO DE LO HUMANO, UN EJEMPLO EN MARAGATERÍA

BOTAS SAN MARTÍN, Isabel

Publicado en el año 1994 en la Revista de Folklore número 163.

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Se podría intentar una aproximación a qué considera la población rural su ámbito y qué considera "lo otro": la definición de lo doméstico, en este trabajo, intentaré hacerla desde la utilización de masculino y femenino para designar objetos, y su extensión conceptual y geográfica.

En el ámbito rural hay diferentes objetos que se usan en masculino y femenino, pero no indiscriminadamente, sino que cada género designa, bien un objeto distinto, bien un tamaño, un uso, etc. En nuestro lenguaje habitual perviven alguna de estas fórmulas, como el caso de cubo-cuba, que designa objetos diferentes. Ahora bien, en el castellano habitual, sin entrar en comarcas concretas o grupos sociales más o menos cerrados, es difícil hallar un femenino que, contrastado con su masculino para designar lo mismo, tenga un significado específico de "mayor": lo encontramos en algunos vocablos colectivos -alameda, agrupación de álamos-, pero no es habitual. Por eso he pensado que es significativo, y nos puede decir mucho sobre la vida rural, el hecho de que en ésta haya casos de femeninos que tengan ese significado de "mayor" frente a su masculino.

1.EL GENERO EN EL AMBITO DOMESTICO

La diferencia de género en los utensilios del hogar:

1.El pote y la pota:

El pote y la pota se diferencian únicamente por su forma y material, ya que el uso es idéntico. Las características que tienen cada uno de ellos son:

EL POTE: De hierro, tiene patas, tiene forma esférica.

LA POTA: De cobre, no tiene patas, se apoya directamente sobre el hogar, es mucho más panzuda.

Estas cualidades dan dos diferencias básicas:

Una, sobre la capacidad: a igual tamaño, la pota tiene mucha más capacidad, al ser mucho más ancha en su base y ensancharse aún más hasta el cierre de la boca.

Dos, el cobre es un material noble, sobre todo en la época en que se utilizaba este menaje, y es que las monedas estaban hechas de cobre, en particular la moneda corriente: la perrina y la perrona (perra grande y perra chica).

2.El caldero y la caldera:

EL CALDERO: Tamaño de un cubo, de hierro, para recoger y almacenar agua.

LA CALDERA: Tamaño de barreño grande, de cobre, para hacer la matanza (recoger la sangre para las morcillas), para hacer los alimentos que engorden rápidamente al ganado (con patatas), para venderlo.

Diferencias entre ambos:

En capacidad: los objetos equivalentes actuales serían el cubo y el barreño, de mucha mayor capacidad el segundo.

En uso: el caldero es para uso humano, el transporte y almacenamiento del agua (almacenamiento menos, ya que generalmente se guarda en la tinajera); la caldera tiene un uso definido por su capacidad: debe ser lo bastante grande para almacenar toda la sangre de un cerdo o dos, o para proporcionar alimento diario a varias vacas, las que se quieran vender. Este uso tiene otras connotaciones implícitas:

-al tener que ponerse al fuego, debe ser de cobre, con la cualidad de noble o caro citada anteriormente.

-la connotación de abundancia viene dada tanto por su tamaño como por su uso: el cerdo es carne, y no se come mucha más en esta comarca, y el engorde de vacas para su venta es riqueza inmediata.

• • •

El género en los objetos de relación entre el hogar y el medio (objetos de transporte):

1.-El barril y la barrila:

El barril y la barrila se distinguen sólo por su tamaño, pero este tamaño delimita que en la barrila se almacene agua y en el barril vino habitualmente.

EL BARRIL: Específicamente para el vino (se lleva a la era para los segadores), menos capacidad, no es de primera necesidad, comporta lujo o premio, comporta trabajo pesado.

LA BARRILA: Específicamente para el agua, más capacidad, es de primera necesidad, no comporta lujo o premio, no comporta trabajo pesado.

Las diferencias son, pues, de uso de sus contenidos: el continente más grande, la barrila, contiene agua, lo más habitual, de más uso y más abundante, por otra parte; el contenido del barril es más escaso -por tanto, más precioso-, y con él se trata de premiar trabajos pesados: la siega.

2.El talego y la talega:

El talego es una bolsa pequeña de tela; la talega, un cesto de buena altura, con dos asas y mucha mayor capacidad que el talego, lo cual conlleva, como en el caso del barril/barrila, contenidos diferentes: en la talega se baja la ropa al arroyo para lavarla, mientras en el talego se transporta la harina desde el molino, por ejemplo.

EL TALEGO: Pequeño, para transportar unidades de volumen mínimo (judías, garbanzos, pan), forma adaptable, para alimentos.

LA TALEGA: Grande, para transportar unidades de volumen mediano o grande (hierba, paja, ropa al río), forma rígida, no transporta alimentos.

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Masculino y femenino en los instrumentos de labranza:

1 -El uso del género en los aperos para la hierba (alimento del ganado en invierno) y el pan (alimentación humana):

El hocín y la guadaña:

El hocín podría usarse para la siega de la hierba, en tanto que la guadaña no puede utilizarse para la siega del pan; los informantes mencionan que sólo por costumbre no se utiliza nunca el hocín para segar otra cosa que no sean los cereales, lo que es buena prueba de que la adscripción de género no es aleatoria, como no es aleatorio el uso cierto de ambos instrumentos, aunque podría serio el de uno de ellos. Cuando hay una oposición clara en el uso de dos objetos que no está justificada por la hechura y limitaciones de dichos objetos (en este caso de uno) sino por una costumbre, las características culturales del mismo, como es la adscripción a un género, son tan poco fortuitas como el uso también cultural que se hace de él:

EL HOCIN: Más pequeño, más estrecho, sólo para segar trigo y centeno, se siega menos cantidad de un golpe, por tanto, trabajo más cuidadoso, para la alimentación humana de todo el año.

LA GUADAÑA O GADAÑO (indistinto): Más grande, más ancha, para segar hierba, se siega más cantidad de un golpe, trabajo menos cuidadoso, para la alimentación animal en invierno.

2.-El uso del género en los aperos específicos para el cereal:

a.-El bildo y la bilda:

El bildo es una horca que se utiliza para separar el grano de la paja, para limpiar la parva; la bilda es un horca más grande que se utiliza para dar la vuelta a la trilla, hacer la parva y cargar y descargar la paja menuda del carro. El orden de utilización, por tanto, es, primero la bilda, luego el bildo. Las connotaciones que tienen cada uno de ellos son:

EL BILDO: Pequeño, trabajo más delicado, al final, separa la paja del grano (labor más cercana a la alimentación humana).

LA BILDA: Grande, trabajo menos delicado, al comienzo, trabajos más genéricos.

b.-El cribo, la ceranda y la piñera:

El cribo es un cedazo utilizado para separar el grano de la paja en el trigo, aún en la era; con la ceranda se criba el centeno, ya que éste es más menudo y la ceranda tiene orificios más pequeños; la piñera, por último, sirve para cribar la harina, ya en la casa, y tiene orificios más pequeños aún. Connotaciones:

EL CRIBO: En la era, para separar el trigo de la paja, agujeros grandes, instrumento más pequeño, uso más escaso, para un cultivo escaso.

LA CERANDA: En la era, para separar el centeno, agujeros más pequeños, instrumento más grande, uso mayor (el cereal más cultivado es el centeno), para el cultivo generalizado.

LA PIÑERA: En casa, para tamizar el salvado y harina, agujeros más pequeños, instrumento mediano, uso mayor, para un alimento básico.

Significado de las diferencias:

En este caso, el masculino delimita el cultivo menor, que conlleva una mayor calidad de las tierras y por tanto mayor riqueza de la unidad económica, mientras el femenino es la menor calidad y menor riqueza pero también lo habitual, lo abundante, lo que da de comer diariamente, sumando los usos de ceranda y piñera. Los agujeros más grandes del cribo son necesarios por el tamaño del grano de trigo; sin embargo, es más pequeño que la ceranda, ya que hay menor cantidad de trigo que de centeno, por lo que el cribado del centeno debe agilizarse con un instrumento de mayor tamaño.

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El género en la división del espacio agrícola:

El huerto y la huerta:

La huerta es un espacio no vallado, fuera del casco urbano, donde se cultivan plantas que no necesitan labores continuas ni se deben recoger cada vez para el consumo diario, sino que se puede recoger una cantidad y guardarla: patatas, por ejemplo; el huerto, por el contrario, es un espacio más pequeño, vallado, al lado de la casa y donde se plantan las verduras que necesitan más atención diaria (trepadoras, por ejemplo) y que deben recogerse para su consumo en el día: judías, guisantes, por ejemplo. Connotaciones:

EL HUERTO: Visita y dependencia diarias, pequeño, plantas que se escogen por unidades en el momento (cebollas, lechugas, judías) aliado de la casa, uso doméstico.

LA HUERTA: Visita y dependencia esporádicas, grande, plantas que se recogen en cantidad (patatas, remolacha, repollo), alejada de la casa, uso doméstico.

El huerto en este caso vuelve a representar lo delicado que debe vallarse, vigilarse diariamente y formar parte casi de la casa propiamente dicha; su menor tamaño va unido a su delicadeza y a su mayor valor por los cuidados que se le prodigan.

II.-LAS FRONTERAS DE LO HUMANO

Monte es, en el mundo rural, todo lo que no es espacio humano de algún modo, el opuesto a lo doméstico: donde la mano del hombre no llega para reproducir y utilizar (sí aprovechar en el sentido forestal), el lugar genérico donde las plantas crecen al margen de su voluntad, aunque él sea el proveedor de las hierbas medicinales y la leña. Pero ambas, medicinas y leña, crecen sin la intervención y los cuidados humanos: esto es monte.

1.-La relación entre el hombre y su entorno: el mantenimiento de los espacios humanos y la definición de sus fronteras.

La relación entre el hombre y el espacio habitado cobra, en cuanto a este estudio sobre el género, dos dimensiones:

Por una parte, está la relación que impone el estudio del machete, machao, la macheta y la hoz: estos cuatro instrumentos de filo relacionan el desbroce de caminos (mantenimiento de las dimensiones geográficas en las que se desenvuelve la vida y las relaciones, pues estos caminos así desbrozados suelen ser las sendas que llevan a tierras de labor o pastos, ya que los caminos vecinales son algo más anchos) con el aprovechamiento de la madera del bosque, una de las pocas utilidades de éste para el mundo rural junto con las plantas medicinales y algún pasto en verano. Con esta diferenciación por géneros se definen y categorizan las relaciones dinámicas entre silvestre y humano, entorno y domesticidad, fuera y dentro, en el pulso continuo entre lo exterior que invade y lo interior que se proyecta hacia fuera.

Por otra parte tenemos la relación arbórea: tanto en los árboles de prado, de propiedad particular, como en los del monte hay un ejemplo (la especie más abundante) en que la idiosincrasia de los habitantes diferencia masculino y femenino por unas características concretas que tienen que ver con el espacio (grosor) y el tiempo (vejez/juventud) del propio árbol. Es indiferente que el árbol sea de monte o de prado, como veremos, lo que rompe la diferenciación mantenida en el ejemplo anterior de los instrumentos de corta entre doméstico y silvestre. La unidad entre estos árboles, que debe explicar la identidad de criterio en la adscripción de género, es el carácter para ambos de silvestres.

En este apartado en que el género está aplicado a elementos en la frontera entre lo humano y lo no-humano es entonces donde residirá la clave del análisis del significado de la categorización por géneros (y su simbolismo subyacente) en el modelo conceptual de la comarca.

EL MACHETE: Para cortar ramas, desbrozar caminos, hoja de un brazo de largo, mango corto, hoja estrecha.

LA MACHETA: Para cortar leña de las morenas, hoja de una mano de largo, mango largo, hoja ancha.

El machao y la hoz:

EL MACHAO: Hoja corta, mango largo, hoja ancha.

LA HOZ: Hoja de largo entre machete y macheta, mango corto, hoja estrecha.

La diferenciación entre machete y macheta está en el uso: mientras el machete se usa para desbrozar caminos (humanizar el entorno, mantener los espacios domésticos como tales), la macheta tiene una utilidad de aprovechamiento del monte: junto con el machao y la hoz sirven para aprovisionar de leña para el invierno en un sistema perfectamente organizado -las morenas- consistente en la corta en monte comunal de toda la leña que pueda una persona de cada casa durante veinticuatro horas, en un terreno previamente acotado en parcelas, una por cada familia. La macheta, con más superficie de hoja, corta las ramas más anchas, en tanto que el machao tala (es el hacha corriente) y la hoz corta las ramas jóvenes, más delgadas.

Analizando por parejas, el machete es la amplitud, el cortar un espacio relativamente grande de un solo movimiento, pero también la falta de resistencia, la no-fuerza en el entorno, ya que su uso parte del supuesto de que la maleza no puede ofrecer resistencia a una hoja de acero; por el contrario, la macheta supone fuerza en lugar de amplitud, con un mango largo para golpear con más fuerza en un espacio más reducido (hoja corta y ancha, para hendir más profundamente), lo que supone ramas más leñosas que las que corta el machete, resistencia del entorno.

En cuanto al machao y la hoz, están en los dos extremos cuyo centro es la macheta: machao para troncos, hoz para las ramas más débiles, adquiriendo un paralelismo evidente con el machete, cada uno en su uso.

Tenemos, pues, dos parejas interconectadas de varios modos: machete/macheta, opuestos por su morfología (gramatical y física) y función; machete/hoz, similares en su estructura y uso (corta de ramas débiles), pero usados en diferentes contextos; machete/machao - macheta/hoz, opuestos funcionales.

Y unas conclusiones:

Al entorno poco hostil (la maleza de los caminos) se le opone un instrumento que abarca mucho espacio de una vez pero no se aplica con fuerza; ese instrumento es masculino. Al entorno hostil, por el contrario, se le aplican dos instrumentos femeninos (uno de ellos el opuesto al anterior) y uno masculino, que representa la fuerza mayor y el mayor tamaño. Además mientras en el medio hostil (por no-humano, no por hostil en sí mismo), el mayor y más grande es el masculino de la pareja de opuestos, en la pareja mixta (machete y macheta) el mayor y que representa más fuerza es el femenino, asociado al medio hostil, silvestre, mientras el masculino es el asociado al medio humano.

2.-La relación entre el hombre y su entorno: la permeabilidad de los espacios humanos y la confusión de sus fronteras.

El negrillo y la negrilla:

A pesar de que chopos, castaños y nogales también son árboles de pradera y se plantan, y que entre los silvestres son abundantes asimismo los álamos, paleras y chopos, la diferenciación masculino-femenino recae sobre el negrillo, que en esta zona no es el álamo negro como se dice, sino el olmo:

EL NEGRILLO: Arbol adulto (más alto que una persona), es madera para cortar, es el árbol de la plaza.

LA NEGRILLA: Arbol joven, hace madera.

Interesa destacar, amén de lo ya expuesto de que se cría en los prados de propiedad particular, puesto que es un árbol de ribera que necesita mucha agua y buen terreno y este tipo de tierra suele estar en manos privadas, el hecho de que los negrillos son los árboles que en esta comarca como en otras se ven en las plazas de casi todos los pueblos. Es, pues, un árbol-símbolo de la comunidad, del hecho físico del pueblo. Y paralelamente es un árbol silvestre, no se planta: es, pues, la paradoja, el símbolo de que el hombre está en medio de lo silvestre y lo silvestre en medio del hombre, que lo humano está fuertemente enraizado en el hábitat y vive en él en perfecta armonía o, de lo contrario, se colocaría en una situación no sólo equívoca, sino peligrosa.

III.-EL MONTE

Los árboles:

El carbayo y la carbaya:

Como en el caso del negrillo, se escoge el árbol más abundante para adscribirle un género en representación del "árbol del monte", ya que con un sólo símbolo por categoría es suficiente.

EL GARBAYO: Arbol adulto, se poda en las morenas, es monte, no recibe manipulación humana.

LA GARBAYA: Arbol joven, se deja crecer, hace monte, se le ayuda a hacerse árbol: se chapoda.

Chapodar es cortar las ramas bajas para que crezca hacia arriba y se haga árbol. El árbol ya hecho es el masculino, mientras que el que está por crecer es el femenino, al que además hay que ayudar a conseguirlo. El adulto masculino se aprovecha, mientras el joven femenino se reserva para "hacer monte": reproducir lo consumido y regenerar el conjunto.

Los pájaros:

El mierlo y la mierla:

El mierlo (mirlo) es un ave de monte que se caza para comer; para este menester se cazan asimismo perdices, torcaces, codornices, pero se cazan en rastrojeras, mieses y prados. La mierla es la única ave cazada para la alimentación humana cuyo hábitat es el monte, y probablemente por estar asociada al lugar no-humano por excelencia sigue la misma pauta para su clasificación por género que los árboles: el masculino para el animal grande y el femenino para el pequeño. En este caso podríamos aplicar un calificativo más extremo que quizá sea útil para el análisis posterior: dado que todas las aves cazadas son silvestres, al mierlo, por ser su hábitat el monte y por establecer una oposición con las otras aves cuyo hábitat incluye los cultivos y a las que no se aplica diferenciación por el género, podría denominársele "salvaje".

Dicha diferenciación por el género no sería algo raro en una especie animal, puesto que tiene sexo, si no fuera porque un animal con el que el hombre no convive, que no le beneficia ni le perjudica, y cuya caza es accidental no debería despertar el suficiente interés como para clasificarlo sexualmente; el sentimiento hacia él debería ser de indiferencia, y si no es así es que la diferenciación por sexo debe de tener una base ideológica para la cual se necesita un animal del monte que represente a los animales salvajes (no sirven, pues, aquellos con los que el hombre tiene relaciones hostiles, como el zorro o el lobo; en éstos tendría más peso emocional y cognitivo su relación hostil que su pertenencia al hábitat no-humano). Se necesita un animal neutral, ya que el monte como ente cognitivo no es ni beneficioso ni hostil, sino "el otro", el no-pueblo, lo no-doméstico. Y se ha escogido un ave.

EL MIERLO: Grande, menos redondeado de forma.

LA MIERLA: Pequeña, más redondeada de forma.


IV.-ANALISIS DE LOS ESPACIOS CULTURALES RESULTANTES

La localización de objetos y seres vivos sería como sigue:

Nota: En el área "transporte" (2), el caldero quizás sea masculino porque comunica casa-pueblo, y el género del pueblo lo absorbe; el valor genérico de la zona 2 sería masculino, ya que las otras dos parejas comunican dos áreas femeninas y, a pesar de ello, no son femeninas; esto se debería a la influencia del área.

1.-LA CASA: Predominio del femenino. Valor femenino.

2. 4.-AREAS DE TRANSPORTE Y DE PASO: Predominio del masculino. Valor masculino.

5.-LOS CAMPOS "DOMESTICADOS", ESPACIO HUMANO: Predominio del femenino. Valor femenino.

6.-EL MONTE: Predominio del femenino. Valor mixto: lo salvaje es masculino, las herramientas de aprovechamiento son femeninas.

1.-En casa:

De cuatro utensilios domiciliados en el hogar, tres de ellos: pote, pota y caldera, coinciden en el campo semántico de la capacidad, y tres de ellos asimismo: pota, caldera y piñera, son femeninos; además, dos: la pota y la caldera, pertenecen al campo semántico de la nobleza o el prestigio, al estar confeccionados con cobre.

En cuanto a la capacidad, los dos femeninos -la pota y la caldera- tienen más que sus respectivos masculinos, y la piñera, que forma oposición con el cribo/ceranda (es para la harina, mientras el cribo/ceranda son para los granos), totaliza o suma a ambos, al ser indiferente que la harina sea de uno u otro cereal. Además, la caldera no sólo implica alimentación abundante para el engorde, sino que también está directamente ligada a la fecundidad del ganado: en la caldera se prepara el alimento (lambíos) para las ovejas recién paridas y sus crías.

Tenemos, por tanto, que los femeninos en el hogar forman la mayor parte del conjunto, implican más capacidad o globalizan, tienen una marca de nobleza e incluso su forma mayoritariamente significa abundancia (pota y caldera son más anchas en su base que sus respectivos masculinos).

2.-Entre la casa y el exterior:

Los utensilios para el transporte son dos parejas y un elemento cuya pareja se encuentra localizada en el círculo interior de la casa.

Entre las parejas la característica es que el femenino es el de mayor capacidad y, a la vez, el de menor valor comparativo: mientras el talego transporta legumbres, la talega transporta ropa (por ejemplo), mientras el barril transporta vino, la barrila transporta agua. En este círculo, pues, el masculino es el que comporta valores de nobleza o prestigio.

En resumen, mientras el masculino es valor, prestigio, el femenino es capacidad, abundancia.

3.-En el pueblo:

El pueblo tiene dos unidades contradictorias y desparejadas. Sin embargo, ambas son masculinas; nos da, por tanto, un círculo definido sexualmente a nivel simbólico, un círculo totalmente masculino. Ahora bien, el género de cada elemento tiene un significado completamente distinto:

El negrillo es el árbol grande, hecho, y se sitúa en la plaza del pueblo simbolizando su centro, quizá su propia identidad. El huerto, por el contrario, es el terreno pequeño acotado para los alimentos de la casa, delicado, visitado a diario y que exige multitud de labores; se crían en él las plantas delicadas o que se consumen en el momento de recolectarlas.

Pero mientras el negrillo es silvestre, crece sólo en los prados y riberas, el huerto está hecho por la mano del hombre, y sigue necesitando sus cuidados durante toda su vida. Es decir, el masculino es pequeño y delicado cuando se refiere a elementos domésticos, en los que interviene la mano humana, mientras que es grande (y solitario y simbólico, en este caso) cuando el hombre no ha intervenido en su creación ni necesita de sus cuidados.

4.-Entre el pueblo y los campos labrados:

El machete

El machete marca oposición con la macheta morfológicamente y con el machao/macheta/hoz funcionalmente. Su situación en solitario en la transición entre el núcleo de habitación humano y los campos labrados subraya la menor importancia simbólica de este círculo, considerado un lugar de paso (y lo remarca el hecho de que el instrumento esté concebido para mantener libre ese paso). Y el hecho de que sea masculino y simbolice una carencia (de fuerza en este caso, puesto que sus opuestos son la macheta y el machao) le hace asociarse, junto con el círculo en el que se ubica, con lo doméstico, que es el otro lugar simbólico (de los vistos hasta ahora) en que el masculino era una cualidad de carencia (de capacidad). Está, pues, en el área de influencia de lo doméstico, y sigue manteniendo la pauta general de masculino=menor, con excepción del carballo.

5.-En los campos labrados:

Las parejas de los campos labrados son tres: un árbol silvestre, el negrillo, donde se mantiene la pauta de lo silvestre árbol hecho=masculino, árbol joven=femenino, es decir, femenino=debilidad; dos parejas que siguen la pauta de lo doméstico en la que femenino=mayor capacidad o mayor tarea: el bildo y la bilda, el cribo y la ceranda; y una unidad, cuya oposición la encontramos en el área del pueblo, y que sigue también la pauta de lo doméstico.

¿Por qué algo sigue la pauta de un círculo más alejado (lo doméstico) en lugar de imitar la pauta de género del contiguo (el monte), cuando además, sus círculos contiguos inmediatos que le separan del doméstico son exclusivamente masculinos? Esto es explicable por la permanencia del hombre en este círculo, que es su medio de vida y necesariamente tiene que reproducir los esquemas de su mundo más interior. Y lo hace manteniendo una relación constante con él a través, en este nivel simbólico, de una importante serie de contactos que reproducen el mismo valor de femenino=mayor: las parejas talego/talega y barril/barrila, más numerosas por relacionar hogar y tierra labrantía que la unidad caldero para relacionar hogar y pueblo o la unidad machete, entre pueblo y campos labrados.

6.-En el monte:

En el monte se nos ejemplifica con toda claridad que no es (no se ve como) un espacio humano por la uniformidad del significado del género: tanto en los instrumentos de su corta -machao, macheta y hoz- como en sus habitantes, representados por un elemento del mundo vegetal y otro del mundo animal, lo mayor y más fuerte es lo masculino; pero, ante todo, creo que es "lo acabado", lo completo, el árbol maduro y autosuficiente, símbolo también del pueblo, y que se introduce en el espacio de los campos labrados con la pareja negrillo/negrilla, para que no se olvide que hay permeabilidad entre lo humano y su entorno. y para que esa permeabilidad no la sienta el hombre como una amenaza, sino como un intercambio positivo o algo indiferente, se han elegido el árbol que proporciona la mayor parte de la leña (y al que también se cuida, pues en realidad la corta de leña es un clareo del bosque, que le beneficia) y un ave que no perjudica sembrados (caso de la perdiz, por ejemplo), y de la que se aprovecha la carne. Es, pues, una relación amistosa por parte del hombre y poco depredadora.

CONCLUSIONES

Visto lo anterior, falta por analizar la importancia de los espacios culturales que se han creado y las derivaciones de la ubicación de géneros en unos y otros:

Los espacios con mayor número de parejas son la casa, los campos labrados, la relación entre ambos y el monte. Quiere decir esto que tanto el pueblo como su relación con los campos no se ven importantes en la ideología rural; ésta se concentra no en el ámbito de relación colectiva, sino en la familia y la actividad económica familiar.

En dichos espacios domésticos la feminidad es capacidad y/o abundancia, mientras la masculinidad es escasez; pero esta valoración, como de hecho ocurre (el vino es más valioso que el agua y lo contiene el barril, opuesto a la barrila; el cribo es para tamizar el trigo que es más valioso pero más escaso que el centeno, etc.). Esta capacidad y abundancia están relacionadas directamente con el ganado y su cría y engorde (elementos caseros) y con la productividad agrícola (elementos de los campos labrados, incluidas las hortalizas).

El límite del monte es el propio pueblo, cuyo símbolo es un árbol silvestre en el que se reproducen a través de su género gramatical las características de dicho ámbito.

El símbolo del pueblo y su definición es el árbol hecho, lo completo y suficiente que no necesita cuidados adicionales, lo masculino. Es una contraposición al espacio doméstico; las unidades y los géneros tienen su espacio propio: el masculino y el pueblo, el femenino y el hogar. El masculino del pueblo sería paralelo al masculino del monte y el femenino del hogar al femenino de la actividad económica (ganado y tierras de labranza).

Pero el monte no es hostil, sino más bien un hábitat que hay que proteger y aporta beneficios, igual que el pueblo: éste también es un hábitat que hay que proteger y aporta vecindad, aunque la unidad de convivencia más importante sea la familia. Por el contrario, la familia, el hogar y los campos labrados son femeninos porque son la fecundidad, la multiplicación: de ahí los significados de capacidad y totalidad. Lo escaso puede y es valioso (lo masculino), pero la supervivencia a través de la multiplicación del ganado y la abundancia de las cosechas la da la fecundidad femenina: por eso los aperos de labranza y los utensilios caseros la simbolizan aplicando el femenino al mayor.

Tenemos entonces una ideología definida a la hora de marcar los espacios culturales en los que se trabaja y convive, y sus pautas: la fecundidad, simbolizada en lo femenino, es eminentemente humana (el monte, masculino, da poco); va ligada a cuidados dados por la mano del hombre, y se concentra en el hogar y la actividad agropecuaria.

La masculinidad, por el contrario, es una escasez muy valorada (el árbol de la plaza es el único árbol generalmente, pero el más grande del pueblo) y que simboliza la colectividad, a pesar de su escasez; porque no es escasa en su significado de cantidad, sino en el de que no es fecundante, no multiplica.

Esto quiere decir, por último, que a pesar de que el habitante del campo conoce el valor de la multiplicación, lo femenino, la actividad económica fructífera en suma, simboliza sin embargo su entidad con otros valores, el árbol grande, lo masculino, que tiene connotaciones muy valiosas a pesar de su nula capacidad de supervivencia. El símbolo, por tanto, no es la supervivencia, sino algo de más valor que asocia con su entorno exterior, más allá de lo doméstico.

INFORMANTES

Carmen San Martín
Delfina Pérez
Faustino Calvo
Florencio Pérez
Jesusa San Martín
Leonor San Martín
Gerardo Calvo