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LA GOLONDRINA EN EL CANCIONERO TRADICIONAL MADRILEÑO

FRAILE GIL, José Manuel

Publicado en el año 1994 en la Revista de Folklore número 167.

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La raíz de publicarse el volumen titulado LA POESIA INFANTIL EN LA TRADICION MADRILEÑA (1) reuní una decena de versiones de un cantarcillo, que entonces denominé la golondrina viajera, y que remeda los graznidos que estas aves producen en sus viajes incesantes, vertiginosos casi, a la caza del insecto (2). Ante la falta de un nombre preestablecido, decidí bautizar estas letrillas atendiendo sobre todo a la idea de movimiento, de viaje; pues las golondrinas son, junto a las cigüeñas, las migradoras por excelencia entre las gentes del campo. Al igual que sus zancudas compañeras de viaje, las golondrinas, -respetadas y queridas-, han creado en torno así un sin fin de curiosas leyendas y costumbres reflejadas muchas veces en el cancionero popular. De todo ello trataremos en las líneas de este artículo, tomando para ello la provincia de Madrid en lo geográfico y el momento actual, en la coordenada del tiempo.

Dediquemos ahora dos palabras siquiera para presentar al pajarillo que nos ocupa y que llamamos en España, generalmente, golondrina, aunque tiene sus sinónimos en las lenguas y dialectos que circundan la península; así: andarina en Asturias, anduriña en Galicia, aureneta en Cataluña, oronel en la valenciana tierra, hirundo en el País Vasco y andorinha en el Portugal vecino, palabras todas derivadas del latín hirundo. De entre todas sus hermanas se distingue la golondrina común, objeto de nuestro estudio, por no habitar nunca en las grandes poblaciones, sino en las casas de campo y en las aldeas, y por no hacer sus nidos en las ventanas y balcones, sino en el interior de las casas, junto a los techos, bajo los cobertizos o en la campana de las casas de campo; estos nidos los construye con pegotitos de barro y casi siempre abiertos por arriba, se hallan en su interior forrados de hierbas, musgo y plumas. Generalmente, cada pareja anida en el mismo sitio durante varios años seguidos, haciendo de ordinario dos puestas, la primera de ellas en Mayo. Cada puesta es de tres a cinco huevos, blancos con pintas pardas, grises o verdosas, y la incubación dura quince o dieciséis días; los pollitos –golondrinos- están revestidos de un plumón gris y tienen el interior de la boca amarillo de limón.

En la antigüedad clásica, los griegos tenían a la golondrina (Chelidón) como emisaria de la primavera, su llegada se festejaba con versos y cantares y más de un vaso presenta inscripciones a este respecto. Los romanos las usaron, en los sitios de las urbes, como correo, pues su velocidad en vuelo supera a la alcanzada por las palomas destinadas a este efecto.

La sociedad rural europea, viene rindiendo a estas aves un culto ancestral que aún en nuestros días se mantiene, a despecho de insecticidas y venenos que a pique están de acallar por siempre los cielos de esta España. Los grandes enjambres -las bodas- que en primavera y otoño anunciaban en lo alto el cambio estacional, son ya rarísimos eventos en los campos madrileños. Los zurriagos y totobías de las vegas del Tajo recorrían, al igual que en la Sierra las collalbas y pintacardas, las rastrojeras, parvas, hacinas, peces, balagueros y treznales en busca de la espiga y el grano que la mano diestra de la espigadora y el hatillo de motril, pasaron por alto. Resulta curioso cómo el estro popular creó también dichos y decires para espantar de los campos el castigo de estas aves; en los meses de estío bandadas de niños recorrían los sembrados golpeando latas y cacharros mientras decían incansables:

¡eh, eh, eh, pájaro bonzo
que te llevas la espiga y dejas el tronco!
(Estremera de Tajo) (3)

Volviendo a las golondrinas, debemos decir en honor a la verdad, que en todos los pueblos donde llegamos y a todas las gentes con quienes pudimos conversar, la respuesta obtenida fue siempre la misma: aquí nadie mata una golondrina, son bichos sagrados, o bien: Las golondrinas son de Dios. Pese a lo que cabría esperar en un principio, no fueron tantos los preguntados que supiera aquello de: quitaron las espinas a nuestro Señor, por eso nadie las mata, es pecado. Salta a la vista que este último argumento es el manto de piedad con que la religiosidad popular ha encubierto causas más prosaicas, pero menos poéticas, por las que la golondrina es un benefactor compañero del ser humano en su hábitat. Hay un cantar, en metro de seguidilla, muy popular en España, y dice:

En el monte Calvario
las golondrinas
le quitaron a Cristo
las mil espinas. (4)

En el ámbito madrileño hemos recogido también algunas coplillas alusivas, si no relacionadas con la Pasión y sus atributos como la anterior, sí como canción de corro:

Ya bajan las golondrinas
con el vuelo muy sereno
a quitarle las espinas
a Jesús de Nazareno.
Ya vienen las golondrinas
con el pañuelo en la mano
pa quitarle las espinas
a Jesús de Zirizaino (sic).
(Estremera de Tajo) (5)

Esta piadosa leyenda no tiene por qué reñirse con el hábito alimenticio de estas aves. En efecto, los padres alimentan casi constantemente a sus hijos cazando, mientras vuelan, todo tipo de insectos: dípteros, coleópteros, neurópteros, hormigas aladas y pequeños lepidópteros. Este régimen de comida resulta harto beneficioso para el campesino que, al contrario de lo que acontecía con los ladrones de grano descritos en párrafos anteriores, veía en las golondrinas un magnífico auxiliar y un perfecto insecticida ecológico; En Gandullas nos contaban: antes aquí se sembraban algarrobas, pa las vacas, y cuando las ibas a acribar, que se acribaban así, así, en la era; la golondrina así, na más a comerse los coquitos, y daba gusto de verlas (6). En Tierras de Alcalá entendían en el canto de la golondrina:

En mi tierra pimienta y clavo
y aquí: mosquí, mosquí, mosquííí!
(Santorcaz) (7)

Y este decir de las golondrinas nos da pie para entrar de lleno en los versos que llamamos la golondrina viajera; en ellos se interpreta la parlanchina charla que las aves ejecutan sobre todo al empezar y acabar su viaje. Llegadas al mediar Marzo (se tiene en muchos sitios a San José -19 del mes- por el día clave en su venida), comienzan a reunirse al empezar Septiembre con ánimo de emprender juntas el largo y penoso viaje; es entonces cuando el pentagrama telegráfico se cuaja de chillonas notas que componen un parloteo alegre y vivaracho, griterío que inspira en los mayores filosóficos pensamientos de idas y venidas, de marchas y retornos y que impele a los ancianos a explicar a los niños el mensaje que en su grito nos comunican las aves.

La titánica obra realizada por Margit Frenk Alatorre (8) ha puesto en nuestras manos un sinfín de fuentes donde contrastar los textos de la lírica actual con los escritos o compilados en los siglos XVI y XVII. En lo que a las golondrinas se refiere, encontramos que la entrada número 1910 de su Catálogo corresponde al siguiente texto:

Hilanderas, que hilastes
2 y en março no curastes:
fui al mar,
4 vin del mar,
hize casa sin hogar
6 sin açada, sin azadón
y sin ayuda de varón.
8 Chirrichiz.

Es esta la versión que en el año 1555 incluyó Hernán Núñez en su Refranero (9); repite este mismo texto, con ligeras variantes, el Vocabulario de Correas (10), año de 1627. Núñez dice acerca de estos versos: El cantar de las golondrinas contra las malas trabajadoras en hilar y curar lienços; por su parte Correas insiste en esta idea afirmando que se trata del: Dicho i canto de la golondrina, rreprehendiendo a las descuidadas, haviendo ella hecho tanto.

Aunque este cantarcillo salpica otras muchas obras del Siglo de Oro (11), de las arriba desarrolladas colegimos tres consecuencias. La primera es que el sentido de reprensión de las golondrinas a la mujer haragana se ha perdido en las versiones modernas y sólo en rarísimos ejemplos (tan sólo en el recogido en Villavieja de Lozoya, perteneciente al grupo A) se ha conservado este carácter de imprecación; tal cual está hoy la cancioncilla, parece ser la golondrina la dispuesta a pasar el día viajando, mirando o cantando.

La segunda conclusión está referida al grupo de versiones orales que, derivando de los versos 1 y 2, tratan el tema del hilado como tarea doméstica por antonomasia. A más de ciertas connotaciones eróticas de la palabra hilar, la rueca ha sido desde siempre cetro de la mujer hacendosa y atributo de las artes que gobiernan el hogar. Las versiones referidas a este tema vamos a agruparlas en un primer apartado al que denominaremos A. Un subgrupo constituido por aquellos textos que hacen referencia a otras labores domésticas, lo llamaremos Ab.

La tercera conclusión estriba en que del tronco antiguo se ha desgajado otra rama que asienta sus raíces en los versos 5, 6 y 7 del texto viejo. Se refiere este grupo de versiones a la construcción del nido y las agruparemos bajo el epígrafe de B.

Los versos 3 y 4 condensan magistralmente la idea del viaje, de la migración y han sobrevivido, encabezándolas, en la mayor parte de las versiones modernas. El verso 8 representa la onomatopeya, el grito, el ruido; en realidad es el meollo que se quiere descifrar; también está presente en los textos orales.

Comencemos a leer, a escuchar casi, el grito de las golondrinas perpetuado y nuevo cuatro siglos después de que lo oyera Hernán Núñez.

GRUPO A: Las hilanderas

-¿Qué hicistes, qué hicistes
que en Marzo no urdistes?
-¡Oir aquí, ver allí
borrachí, borrachííí!

(Montejo de la Sierra) (12)

Fui al mar, vine otra vez
y mi tela no la hilé
y tú toa vía estás así
borrachí, borrachííí
churrulí, churrulí, churrulííí.

(Gandullas) (13)

Fui al mar, vine del mar
mi telita sin echar
¡borrachí, borrachí, tris tras!

(Robledillo de la Jara) (14)

Fui al mar, vine del mar
tengo lino sin hilar
mi marido en la taberna
finichí, finichá.

(La Hiruela) (15)

He ido y he venido
y pasado por el marrr
y tú, cuerpo perezoso
y tu telita todavía sin hilarrr.

(Villavieja de Lozoya) (16)

GRUPO Ab: Las tareas domésticas

Fui al mar, volví otra vez
y la casa sin barrer
grandísima picarona
¿qué has tenido que hacerrr?

(Horcajuelo de la Sierra) (17)

Fui al mar, vine del mar
mi casita sin barrer
mis hijitos sin criar
mi camita sin hacer
¡qué mala es esta mujerrr!*

(Brea de Tajo) (18)

*Variantes: ¡Jesús, Jesús, qué mala mujer!
(Fuentidueña de Tajo) (19)

¡Puerca mujer, puerca mujerrr!
(Ambite) (20)

GRUPO B: La casita

Fui al mar, vine del mar
hice una casita sin parar
sin azadilla, sin azadón
sin ayuda de varón
chirelí, chirló.

(Valdepiélagos) (21)

Fui al mar, vine del mar
hice una casa en Portugal
cuando volví, no estaban allí
chivirrivirrííí.

(Torremocha del Jarama) (22)

-¿Dónde estuvistes?
-al lado del mar.
-¿y cómo vinistes?
-venga a aletear.
Construí mi casa
con mucho trabajo
sólo con mi pico
y muchito barro.

(Robledondo) (23)

Este constante aludir, en textos nuevos y viejos, al paso por mares y tierras, tiene también su reflejo en el cancionero lírico, en la copla que sirve generalmente como apoyo textual a la jota. Corren muchas historias sobre esquelitas mandadas bajo el ala del pajarillo, contestadas a veces desde morería con, ingenua candidez. Estas coplas de ida y vuelta suelen encerrar en cuatro versos la demanda y su respuesta; son muy pocos los casos que hemos recogido en los cuales se formula la pregunta en una estrofa viniendo en otra la contestación. He aquí dos ejemplos:

-Dime, golondrina, dime
¿dónde has pasado el invierno?
-En las islas de Canarias
en el portal de un herrero.
-¿dime, golondrina, dime
dónde has pasado el verano?
En la casa de un barquero
a las orillas del Tajo.

(Estremera de Tajo) (24 )

-Dime, golondrina, dime
¿dónde has pasado el invierno?
-En las islas de Canarias
en la casa de un portero.
-Dime, golondrina, dime
¿dónde pasas el verano?
-En Ambite de Madrid
en el portal del urbano.

(Ambite) (25)

Otras muchas coplas glosan en cuatro versos el breve diálogo entre la golondrina y su interlocutor; aquí va un manojito de las recogidas en nuestro trabajo:

-Golondrina, golondrina,
¿dónde vienes a invernar?
-a las islas de Canarias
que es donde mejor se está

(Gandullas) (26)

-Dime, golondrina, hermosa
¿dónde habitas en invierno?
-en la Extremadura baja
al otro lado del Ebro.

(Navarredonda) (27)


-¿Dónde vas, golondrinita.
y dónde vas a invernar?
-A las islas de Canarias
a casa de un capellán.

(Montejo de la Sierra) (28)

-Dime, golondrina, dime
¿a dónde has ido a invernar?
-por bajo la Extremadura
en casa de un capitán.

(Paredes de Buitrago) (29)

-Golondrinita,
¿dónde invernaste?
-en Galilea
en casa de un sastre.

(Villavieja de Lozoya) (30)

Este grupo de coplas de tema migratorio se asienta principalmente en el norte serrano de la provincia, justamente en las áreas de trashumancia pastoril a las dehesas de Extremadura; no sería por tanto ajena a los pastores esta brega de vaivén y este sonar a extremeño en los cantares de jota.

Vamos a cerrar esta brevísima colección de coplas referentes a la golondrina, con dos ejemplos que compondrían a su vez un sub grupito del apartado anterior, son los recuerdos y recados que el que se queda envía al ausente a través de este simpático cartero:

Golondrinita, golondrinita,
como atraviesas el mar
ve y llévame esta cartita
en casa del capitán.

(Garganta de los Montes) (31)

Golondrina que buscando
calor al Africa vas
di a los moros, de mi parte
que no tengo novedad.

(Somosierra) (32)

Miles de referencias a este viajero animalito salpican el cancionero religioso y profano, anónimo y de autor. En sus idas y venidas fue la golondrina siempre objeto de curiosidad y casi veneración; la elección de un alero para edificar su nido era símbolo de buen agüero para la casa y sus moradores (Guadalix de la Sierra). Curiosas y terribles maldiciones se cernían sobre aquel que osara matar una de estas aves o destruir su morada: pérdida de la mano derecha (Robledondo), aparición de granos dolorosos en la axila, llamados también golondrinos (La Hiruela)...

En muchos lugares de Europa se considera a estos pájaros patrimonio de Dios, o la Virgen, así en el Piamonte se les llama pollitos del Señor, en la Alemania católica pájaros de la Virgen, en Hungría, se cree que las vacas de quien mata una golondrina dan leche mezclada con sangre.

La golondrina, como el caracol, la lagartija o la mariquita, han rodado en la tradición infantil con sus dichos de exhortación, en los cantos de imitación, en las retahílas y fórmulas. Su estudio se ha descuidado un tanto y pocos han sido los que han entreabierto una rendija a esta puerta que conduce a un mundo de fantasía.

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NOTAS

(1) FRAILE GIL, José Manuel: "La poesía infantil en la tradición madrileña", Col. Biblioteca Básica Madrileña, Vol. 8. Ed. C.E.Y.A.C Consejería de Cultura. Comunidad de Madrid. Madrid. Mayo 1994 379 p.

(2) Las nueve versiones que el libro recoge pertenecen a las localidades de: Algete, Cenicientos, Estremera de Tajo, El Vellón, La Acebeda, Cubas de la Sagra, Redueña, Titulcia (antes Bayona de Tajuña) y Villarejo de Salvanés; siendo por tanto inéditas todas las que aparecen en este artículo.

(3) FRAILE GIL, José Manuel: op. cit., p. 350. Conozco otra versión de este dicho grabada, en el pueblo cacereño de Malpartida de Plasencia, a Vicenta Tejeda Manzano; dice así: ¡Picarones, picarones / que os lleváis el grano y dejáis los troncones!.

(4) Con una preciosa melodía, se cantaba esta estrofa en la Cruz de Mayo del pueblecito pacense de Feria. Manejo la versión sonora de la Magna Antología del Folklore Musical de España, compilada y comentada por el Prof. Manuel García Matos. Ed. Hispavox 66.171 (60.113). Cara 25, corte 6.

En el Diccionario Enciclopédico que, con más de cien tomos, editó Espasa Calpe, se recoge en la voz golondrina la misma copla; si bien el último verso de la seguidilla presenta esta variante: Las cinco espinas.

(5) FRAILE GIL, José Manuel: op. cit., p. 225.

(6) Informes dados por Maña Lobo Sanz de 87 años de edad, natural de Gandullas. Fue grabada por J. M. Fraile Gil, M. León Fernández, J. M. Calle Ontoso y S. Weich Shahak, el día 24 de julio de 1994.


(7) Informes proporcionados por Segundo Doncel Doncel de 88 años de edad, informante de excepción que lo fue de Schindler y García Matos; Se grabó, por J. M. Fraile Gil, M. León Fernández y S. Weich Shahak el día 16 de julio de 1994 en Santorcaz.

(8) FRENK ALATORRE, Margit: Corpus de la antigua lírica popular hispánica (S. XV a XVII), Ed. Castalia, Madrid, 1990. 1249 pág. 1 suplemento al Tomo anterior se editó por Castalia en 1992 (69 p.).

(9) NUÑEZ, Hernán: Refranes o proverbios en romances, que nueuamente colligio y glosso el comendador... Salamanca 1555 (Fol. 56 v.).

(10) CORREAS, Gonzalo: Vocabulario de refranes y frases proverbiales. edición a cargo de Louis Combet, Burdeos 1967, p. 589.

(11) Mi amigo José Manuel Pedrosa, a quien debo valiosas informaciones para la confección de este artículo, prepara una extensa monografía sobre el tema; en ella recogerá citas y menciones en los clásicos así como pervivencias en la oralidad moderna panhispánica.

(12) Versión de Liboria González García de 95 años de edad. Se grabó en Montejo de la Sierra el día 23 de julio de 1994 por J. M. Fraile Gil, M. León Fernández, J. M. Calle Ontoso, R. Cantarero Sánchez y S. Weich Shahak.

(13) Vid. nota (6).

(14) Versión recitada por Mª Concepción Benito Benito de 75 años de edad, natural de Robledillo de la Jara. Se grabó en Las Navas de Buitrago (Madrid) el día 13 de agosto de 1994 por J. M. Fraile Gil y M. León Fernández.

(15) Versión recitada por Pedro García Bravo de 62 años de edad. Se grabó en La Hiruela el día 13 de agosto de 1994 por J. M. Fraile Gil y M. León Fernández.

(16) Versión recitada por Antonia y Mana Villa Moreno de unos 55 años de edad, aunque son naturales de Navarredonda la aprendieron de su madre que lo era de Villavieja de Lozoya. Se grabó el día 27 de agosto de 1994 por J. M. Fraile Gil, M. León Fernández, J. M. Calle Ontoso y S. Weich Shahak.

(17) Versión recitada por Elena Serrano del Pozo de 78 años de edad. Se grabó en Horcajo de la Sierra el día 3 de junio de 1994 por J. M. Fraile Gil, J. M. Calle Ontoso y S. Weich Shahak.

(18) Versión recitada por Mª. Jesús Raboso Baeza de 57 años de edad. Se grabó en Brea de Tajo el día 20 de agosto de 1994 por J. M. Fraile Gil, J. M. Calle Ontoso, M. León Fernández y S. Weich Shahak.

(19) FRAILE GIL, José Manuel: Op. cit., p. 189.

(20) Versión recitada por Paula Acebrón Polo de 79 años de edad. Se grabó en Ambite el día 27 de julio de 1994 por J. M. Fraile Gil, J. M. Calle Ontoso y S. Alonso de Martín.

(21) Versión recitada por Antonina Sanz González de 92 años de edad. Se grabó en Valdepiélagos el día 19 de julio de 1994 por J. M. Fraile Gil, M. León Fernández, J. M. Calle Ontoso y S. Weich Shahak.

(22) Versión recitada por Amelia Galindo Díaz de 47 años de edad. Se grabó en Torremocha del Jarama el día 19 de julio de 1994 por J. M. Fraile Gil, M. León Fernández, J. M. Calle Ontoso y S. Weich Shahak.


(23) Versión recitada por Angeles García Martín de 56 años de edad. Se grabó en Robledondo el día 2 de septiembre de 1994 por J. M. Fraile Gil y J. M. Calle Ontoso.

(24) Versión de Isidra Camacho Horcajo de 67 años de edad Se grabó en Estremera de Tajo el día 12 de abril de 1994 por J. M Fraile Gil, J. M. Calle Ontoso y M. León Fernández.

(25) Versión recitada por Francisco Sabroso Gómez de 77 años de edad. Se grabó en Ambite el día 27 de julio de 1994 por J M. Fraile Gil, J. M. Calle Ontoso y S. Alonso de Martín.

(26) Vid. nota (6).

(27) Versión cantada por Agustín Villa Moreno de 64 años de edad. Se grabó en Navarredonda el día 3 de julio de 1992 por J. M. Fraile Gil y J. M. Calle Ontoso.

(28) Versión recitada por Domingo Martín Hernán de 81 años de edad. Se grabó en Montejo de la Sierra el día 13 de agosto de 1994 por J. M. Fraile Gil y M. León Fernández.

(29) Versión recitada por María Sanz Moreno de 71 años de edad. Se grabó en Paredes de Buitrago el día 13 de agosto de 1994 por J. M. Fraile Gil y M. León Fernández.

(30) Vid. nota (16).

(31) Versión recitada por Brígida Alonso Martín de 104 años de edad, natural de Garganta de los Montes. Se grabó en Manjirón (Madrid) el día 1 de septiembre de 1994 por J. M. Fraile Gil y J. M. Calle Ontoso.

(32) Versión recitada por Francisca Sanz Alvarez de 70 años de edad. Se grabó en Somosierra el día 23 de julio de 1994 por J. M. Fraile Gil, J. M. Calle Ontoso, M. León Fernández, R. Cantarero Sánchez y S. Weich Shahak.