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Editorial

DIAZ GONZALEZ, Joaquín

Publicado en el año 1997 en la Revista de Folklore número 197.

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¿Existe el mueble de tipo tradicional? Cabría argumentar que sí. Todos los enseres que se han utilizado a lo largo del tiempo principalmente en las zonas rurales, que proceden de diversas culturas y que han sobrevivido al paso de los años redondeando sus formas, adaptando su estilo, adecuando su uso, podrían calificarse como tales. En su construcción y aderezo prima su adaptación al ser humano y su entorno. La morfología, el tamaño, la capacidad, el adorno, se acomodan al individuo como si se tratara de su propia piel. Contribuyen a su bienestar y funcionalidad como la mejor de las invenciones y le representan, mostrando unas señas de identidad que acaban constituyendo un patrimonio que se hereda como un imprescindible tesoro familiar.

Los materiales no pueden ser ajenos a ese proceso, y así madera, hierro, cuero o tejidos forman un cuerpo perfectamente homogéneo, agradablemente pulido, primorosamente ornamentado con signos, marcas y símbolos que provienen de la misma naturaleza o del aspecto físico del hombre o la mujer en sus distintas edades.

La evolución de todos estos elementos es rápida o lenta como el tiempo que le toca vivir a cada civilización y no se separa de los progresos e impulsos de la sociedad a la que pertenece y sirve. Si cupiera hacer un análisis de sus estructuras nunca podría separarse de la historia cotidiana del individuo ni de sus avances técnicos; es más, las características de todo ese legado servirían puntualmente para estudiar su idiosincrasia aportando unos datos imprescindibles para la cabal comprensión de la vida como paso, como prolongación de unos saberes que se entregan de generación en generación como bienes parafernales.