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Contribución al estudio de la religiosidad popular en Tierra de Campos

PANIZO RODRIGUEZ, Juliana

Publicado en el año 1990 en la Revista de Folklore número 115.

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Luis Maldonado, en una de sus interesantes obras sobre religiosidad popular, recoge la siguiente definición, procedente de un documento de Puebla: «Por «religión del pueblo» o «religiosidad popular» entendemos el conjunto de las hondas creencias selladas por Dios, de las actitudes básicas que de esas convicciones derivan y de las expresiones que las manifiestan. Se trata de la forma o la existencia cultural que la religión adopta en un pueblo determinado. Esta religión del pueblo es vivida preferentemente por los pobres y sencillos, pero abarca a todos los sectores sociales y es a veces uno de los pocos vehículos que reúne a los hombres en nuestras naciones, políticamente tan divididas. Eso sí, debe sostenerse que esa unidad contiene diversidades múltiples según los grupos sociales, étnicos e incluso generacionales» (1).

Para Maldonado, lo popular es aquello que, proveniendo de una creación individual, el pueblo lo recibe como suyo y lo toma como propio, como perteneciente a su tesoro cultural. Y al usarlo o repetirlo no lo hace de un modo cuasipasivo, sino incorporando su propia imaginación, reproduciéndolo emotiva o imaginísticamente; es decir, renovándolo en mayor o menor medida, pero siempre considerándose coautor (2).

El culto a los Santos parte de la devoción a los primeros mártires cristianos y a sus reliquias. Para guardar y venerar esas reliquias se construyeron iglesias, basílicas y ermitas que no tardaron en convertirse en centros de peregrinación. Las reliquias son también enviadas a lugares lejanos, buscadas ansiosamente y trasladadas con frecuencia (3).

Según el mencionado autor, la humanización de las figuras de Cristo y de Maria es un proceso que se acelera a partir de los siglos XII y XIII. El Calvario aparece por vez primera en el pórtico de Reims. Y en Chartes los escultores muestran al Cristo que retorna no como Soberano y Juez poderoso, sino como hombre humilde y despojado, con sus llagas y acompañado de los instrumentos de la Pasión (la lanza, la corona de espinas, el madero de la Cruz...).

La crucifixión es representada cada vez más y cada vez con mayor realismo. La Cruz, hasta entonces símbolo triunfal, se transforma en símbolo de humanidad y sufrimiento. En tales términos es objeto de veneración creciente del pueblo, lo mismo que las reliquias y los instrumentos de la Pasión. A partir de entonces, la realeza de Cristo es ante todo la realeza de un Cristo coronado de espinas, anunciadoras del motivo del «Ecce Horno», que invadirá la espiritualidad y el arte del siglo XIV (4).

Una de estas Espinas de la Corona se halla, según la tradición, en Barcial de la Loma, pueblo situado en la zona noroeste de la provincia de Valladolid, a 62 kilómetros de la capital, y pertenece al partido judicial de Medina de Rioseco, de donde dista 22 kilómetros.

La citada villa celebra el 25 de abril la festividad de San Marcos Evangelista, patrón del pueblo; el 5 de mayo conmemora la primera Santa Espina, y el lunes de Pentecostés, la segunda Santa Espina. Esta reliquia se halla en un relicario de plata y cristal, y, según nuestros mayores, la Espina fue descubierta por un cerdo, en una tierra denominada de la ermita, en el término de San Pedro.

En documentos del archivo parroquial de 1588-1592 se cita hasta siete veces la limosna de la Espina Corona. En todas las Cuentas de mayordomos (1717-1722) se cita la misa y sermón de la festividad de la Santa Espina.

Por un artículo de don Domicíano Herreras sabemos que en Barcial hubo varias ermitas. En 1685 existía la del Cristo de la Vera Cruz. De 1719 hay cuentas de la ermita de Nuestra Señora de la Soledad. En 1759 se citan las de Santa Ana y San Pedro. Se habla posteriormente de la ermita del Hospital de San Sebastián y San Fabián.

Ignoramos quién trajo la reliquia a este pueblo, pero nos inclinamos a pensar que puede estar relacionada con la familia del ilustre leonés don Suero de Quiñones, protagonista de la célebre batalla del Paso Honroso, a quien los peones de González Quijada, señor de la Villa de Barcial, mataron en el mencionado pueblo el día 11 de julio de 1456.

Respecto a los Quiñónez, A. Calvo afirma que «un caballero de los de esta familia vendió un quiñón de tierra que tenía en León para ir a Jerusalén a visitar a Cristo Nuestro Señor y de aquí les quedó el apellido. En uno de los escudos de armas de la familia de los Quiñones campea esta leyenda:

Visité a Cristo y a su Madre
y a costa de mí quiñón
di a España el mejor blasón» (5).

Cabe la posibilidad de que los Quiñones trajeran de Tierra Santa una Espina de la Corona del Redentor, porque el mencionado autor afirma a continuación que León posee dos Espinas de la Corona desde tiempo inmemorial, y en fecha también remota existió otra.

Existe en el pueblo una gran fe en la Santa Espina. La tradición nos habla de hechos que podríamos llamar milagrosos por falta de explicación natural, como son liberación de los campos de pedriscos, de insectos y la curación de personas y ganados.

Las personas de Barcial imploran las gracias sobrenaturales durante la realización de la novena que insertamos a continuación. Esta novena circula en cuadernillos manuscritos y en su origen fue compuesta para otra villa donde también se encuentra una Espina de la Corona del Redentor.

Novena Sagrada y Reverentes Súplicas a las Sacrosantas Espinas de la Corona de Nuestro Redentor Jesús: que se veneran en el convento de N. P. S. Francisco. De la villa Noble y Leal de Atienza, a quien un deboto la dedica y ofrece.

Sale a la luz a expensas de dicha Noble y Leal Villa. Año de 1751.

En Valladolid, en la imprenta de Atanasio y Antonio Figueras.


LICENCIA DEL ORDINARIO

Don Martín Delgado Cenarro...Piedra por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Obispo de Valladolid, Prior y Señor de...Ambia del Consejo de su Santa Magestad.

Por la presente, concedemos licencia para que se imprima y dé a la luz la novena Sagrada en reverencia de las Espinas de la Corona con que fue coronado N. Redentor Jesu-Cristo en su Sacrosanta Pasión. Por haberle visto y reconocido en vista de orden y comisión nuestra y no contener cosa opuesta a nuestra Santa y buenas costumbres.

Dada en Valladolid, a 3 de abril del año 1751. Martín, Obispo de Valladolid.

Por mandado del Obispo mi Señor Dr. D. Dámaso de Mazas.

Modo de hacer esta Novena.

El que quisiere, por medio de las Espinas Sagradas y su veneración obsequiosa por término de nueve días, alcanzar de la Piedad Divina los favores de la misericordia para alivio de las necesidades en que se halle, ha de procurar con todo cuidado huir y abstenerse en el posible modo de todas las delicias, gustos y deleites con que brinda el mundo y mucho más de los profanos y pecaminosos, porque no es razón que al mismo tiempo en que se quiere emplear en las penas y dolores de nuestro buen Jesús coronado de Espinas, se entregue a los gustos y delicias con que el mundo brinda; ni así se le franquearan por medio de ellas, los tesoros de la Divina Misericordia.

Procurará en esta Novena confesar y comulgar a lo menos una vez y hacer algunas obras de piedad y misericordia con los pobres y necesitados, según la posibilidad de cada uno. Con esto y resignándose en todo con la voluntad de Dios Nuestro Señor, que conoce bien si nos conviene o no lo que le llegamos a pedir, avivará su fe, creyendo que como le convenga, le concederá su Majestad lo que pide y desea por acerbos dolores que le ocasionaron sus Espinas Sagradas, y puesto de rodillas delante de un altar de ellas, o de una imagen Santísima de Cristo donde no los haya empezará así la novena; considerando con ternura de su alma el paso que dirá en cada día de ellas.

DIA PRIMERO

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos libradnos, Señor Dios Nuestro.

ACTO DE CONTRICION

Señor mío Jesucristo. Dios y hombre verdadero, Criador y Redentor mío, Rey supremo de todo lo criado, coronado con corona de inefable gloria por vuestras perfecciones infinitas, y con Corona de Espinas por el gran amor que siempre tuvisteis a las criaturas. Yo, la más mínima y vil de todas ellas, en nombre de todas os digo con lo intimo de mi corazón y de mi alma, que me pesa de haberos ofendido, y de haber sido causa con mis pecados y culpas, de que os coronasen con esas crueles Espinas, añadiéndoos con ellas dolor sobre dolor y pena sobre pena. Quisiera, Señor y Dios mío, que, pues, yo ingrato, fui la mala tierra que las produjo para vuestro tormento, fuera de aquí en adelante el que todos los días las regara con mis lágrimas para conseguir el fruto de ellas. Labrad, Señor y moved con el arado de vuestro temor santo la ingrata tierra de mi alma para que cesando de producir Espinas de culpas, produzca sin cesar rosas de virtudes y de buenas obras, para que así, por medio de la enmienda y vuestro arrepentimiento, que os prometo de mis pecados, merezca por los méritos de vuestra pasión sagrada, y por los dolores que os ocasionaron vuestras Sagradas Espinas, gozar el fruto de ellas eternamente en la gloria. Amén.

ORACION

¡Oh Espina Sagrada y Bendita! ¡Oh Espina dulce y amorosa! Gloriate de que sólo Tú, entre todas las plantas de la tierra, fuisteis del Criador de ellas tan apreciadas que os puso amante sobre su Sagrada Cabeza, y sólo a vosotras os dio el principal lugar y sitio entre los miembros de su Santísimo Cuerpo. A otros instrumentos de su Sagrada Pasión, les dio otro sitio y lugar; a los clavos, las manos y los pies; a los ramajes y abrojos, las espaldas; la hiel, a la boca; el pecho, a la lanza. Pero a vosotras, felices criaturas, os puso sobre su Santísima Cabeza. Suplicios, ¡oh Redentor de nuestras almas!, que las tengamos nosotros siempre en ellas meditadas, para contemplar con consideración piadosa lo mucho que por nuestro amor tuvisteis que padecer con ellas y no os las volvamos a poner con nuestras culpas. Y si lo que os suplico, en esta novena, fuere del agrado de vuestra Magestad Divina y para bien de mi alma, me lo conceda vuestra Misericordia, por la piadosa memoria que hago de ellas. Amén.

ANTIFONA

¡Oh admirable dignidad de la corona que el Redentor llevó por nuestro amor! De ti esperamos gracia y el favor que en sus méritos ya se nos abona; y, pues, el mundo todo lo pregona, y sois contra la muerte alegre vida, y contra la enfermedad salud entera, consiga el que rendido en vos espera la gracia que desea bien cumplido.

Tus espinas Sacrosantas,
Jesús mi Dios humanado.
Son diademas de tu gloria.
Corona de un Rey Sagrado.

OREMUS

Concédenos, Omnipotente Dios y Señor nuestro, que los que en memoria de la Pasión Sagrada del Redentor de nuestras almas, veneramos tus Sagradas Espinas en la tierra, merezcamos ser por él coronados en el Reino de la Gloria por los méritos de Cristo nuestro Señor. Amén.

(Pida cada cual la gracia que desee conseguir en la presente novena, considerando lo mucho que padeció nuestro Redentor Jesús, cuando en casa de Pilatos fue coronado de Espinas.)

DEPRECACION

¡Oh Soberano Redentor de nuestras almas! ¡Oh poderoso rescatador de nuestras vidas! Venero, Señor, los altísimos juicios de vuestra sabiduría, pues para redimirnos de nuestras culpas quisisteis sujetaros a tantos dolores y penas. Bastaban. Señor. para esto los azotes, bofetadas y dicterios con que os atormentaron aquellos crueles verdugos, pero vuestro amor ansioso por nosotros de padecer quiso para mayor ludibrio y afrenta sufrir aquella cruel Corona de Espinas con que indecibles dolores penetraron vuestra Santísima Cabeza, adorándoos después de coronado con ellas por escarnio y burla. Haced, ¡oh Rey y Señor nuestro!, que aquella vuestra Corona se traslade a nuestros corazones con todas sus penas. Penetrad con nuestras almas, para que llorando arrepentidos de nuestras culpas que fueron la causa de ellas, curemos y lavemos con nuestras lágrimas las crudelísimas heridas, que abrieron en vuestra Sagrada Cabeza, despreciemos y perdonemos por vuestro amor los oprobios y las injurias que se nos llegaren a hacer, pues, Vos con tanta paciencia sufristeis las que os hicieron por burla, coronado por oprobios con la Corona de Espinas y os imitemos en esto toda la vida, hasta conseguir la Corona de la Gloria. Amén.

(Un Padrenuestro, Avemaria y Gloria Patris a las llagas de Nuestro Señor Jesucristo.)

Gozos que se repetirán siempre después de la deprecación.

Si de afliciones penosas
queréis hallar medicina,

Respuesta / Venid al huerto de Espinas...
y hallaréis huerto de rosas.
Como no estaban cansados,
con rabias Luceferinas,
una Corona de Espinas
le pusieron los soldados.
Aquí se vieron trocados
los sucesos de las cosas.

Respuesta / Venid al huerto de Espinas...
Por burlarse del Señor
de Espinas le coronaron,
pues le dieron más honor,
de gloria y de pundonor
sirvió la acción afrentosa.

Respuesta / Venid al huerto de Espinas...
Si de este pueblo famoso
eres el Rey le decían,
esta corona te envían
de su erario procelosos.
Más, Rey, y Rey poderoso
fue entre voces afrentosas.

Respuesta / Venid al huerto de Espinas...
¿Quién dijera, ni quién vio
que una tan cruel Corona
es la que afirma y abona
el Reino que el Padre os dio?
Pero ello así sucedíó
con insignias espinosas.

Respuesta / Venid al huerto de Espinas...
La sinagoga cruel,
mi Dios, qué había de dar?
Espinas con que penar
y abrojos, en todo infiel.
Mas tú, sangriento clavel,
entre estas penas reposas.

Respuesta / Venid al huerto de Espinas...
Las Espinas del pecado
que produjo la maleza
son las que a vuestra Cabeza
crueles han coronado,
Pero allí se han mudado
y de ellas son más hermosas.

Respuesta / Venid al huerto de Espinas...
Si lleváis y padecéis
las Espinas por reinar,
en las almas sin cesar
para siempre reinaréis.
Aquí, Señor, las tenéis
a vuestro arbitrio llorosas.

Respuesta / Venid al huerto de Espinas...
En este Rey coronado
hallaremos siempre todos
socorro de todos modos
en el mal más apretado,
llegue, llegue confiado
que aquí se encuentran píadosas.

Respuesta / Veníd al huerto de Espinas...
Si peste, si enfermedad,
si hambre, si carestía,
nos obligase algún día,
venid, devotos, llegad.
Ya las espinas clamad
y os libraréis de estas cosas.

Respuesta / Venid al huerto de Espinas...
y hallaréis huerto de rosas.
V. / Eris Corona Gloriae in manu Domini. Aleluya.
R. / Et Diadema regni in manu Dei tui.

OREMUS


Presta quesumus omnipotents Deus, ut qui in memoriam Pasionis Domini nostri Jesuchristi Coronam eius Espineam veneramur in terris; ab ipse gloria honore coronari in celis. Qui te cum vivit, et regnat, in secula seculorum. Amén.

DIA SEGUNDO

Se dirá todo lo del día primero hasta la deprecación, en lugar de la cual, después de pedir al Señor lo que se desee alcanzar, considerar lo que tuvo que sufrir su Magestad, cuando coronado de espinas, fue sacado al balcón para que por burla y escarnio le viese el pueblo como Rey coronado. Se dirá lo siguiente:

DEPRECACION

Clementísimo Jesús, Supremo Rey y Dios de todo cuanto tiene ser, postrado ante vuestra adorable presencia manifestada en el balcón, Coronado de Espinas para mayor confusión y universal afrenta. Adoro y bendigo vuestra bondad suma, que así por mi amor quiso sufrir desprecio tan universal y los desentonados gritos que daba contra Vos aquel tumultuoso pueblo pidiendo vuestra muerte afrentosa cuando vio que os manifestaban como a Rey suyo Coronado de Espinas. Si ellos, Señor, cubrían sus ojos por no veros ni admitiros como Rey suyo. ¡oh verdadero Rey nuestro!, desde luego os admitimos y por tal os reconocemos, que bien sabemos que esa Corona de Espinas es la Corona con que os han coronado nuestras culpas. Si ellos tapaban los oídos por no oir que vos erais su Coronado Rey, nosotros sólo eso queremos oír y sólo esa voz queremos que resuene en nuestros oídos y en nuestro corazón. Si ellos en lugar de pedir a Pilatos que os diese libertad luego para serviros y obedeceros como vasallos vuestros le pidieron crueles vuestra afrentosa muerte, sin que les causara compasión alguna las penetrantes heridas que habían hecho las Espinas en Vuestra Sagrada Cabeza. Nosotros, Señor, a vista de ellas y compadecidos de vuestros dolores y penas, pedimos a voces vuestra vida y que reinéis en nuestros corazones y almas. Sean estas Espinas, Señor, la moneda Real con que en todas nuestras acciones os reconozcamos la debida sujeción, y os paguemos como fieles vasallos el tributo de las buenas obras, para gozaros por siempre en la eterna gloria. Amén.

Un Pater noster, Ave María y Gloría Patrís a las llagas de N. Señor Jesucristo.

(Gozos del día primero)

DIA TERCERO

Oraciones del día primero.

Considerad la gran pena y dolor que tuvo N. Redentor Jesús que padecer, cuando desde el balcón de Pilatos le metieron dentro del pretorio y así, como estaba, coronado de Espinas, volvieron a ponerle sus vestiduras tropezando a cada instante éstas en las Espinas Sagradas y ocasionando así nuevas y crueles penas. Y pidiendo a su vez la gracia que por estos dolores quisieras conseguir.

DEPRECACION

¡Oh amantísimo Jesús! Vida amable de nuestro corazón, que por vuestra redención quisisteis sufrir, no una, sino muchas veces, los acervísimos dolores con que las Espinas atormentaban vuestra Sagrada cabeza, cuando para volveros a poner vuestras vestiduras, os las pusieron por encima de ellas, renovándose vuestras heridas y llagas cuando con violencia tan inhumana tropezaban con la Corona: Suplícoos, Señor y Díos de mi alma, que me concedáis que vuestras Espinas sirvan siempre a mi corazón de vestiduras, para que cubierto con ellas sofoque y ahogue las que en adelante quieran producir mis malas inclinaciones. Haced, Señor, que así como en vos se renovaron entonces vuestros dolores, así cada día se renueve en mi alma la memoria de vuestras penas, y de lo que al volveros a poner vuestras vestiduras por encima de ellas, os dieron que padecer de vuestras Espinas para que con la continua memoria de ellas se renueve en mi el dolor de haber sido la causa de tanto padecer y os alivie en el posible modo con la enmienda y verdadero arrepentimiento de mis pecados, para que así, vestida mi alma con la compasión de vuestras sagradas Espinas, pueda presentarme en vuestra divina presencia en el Reino de la Gloria. Amén.

Pater noster, Ave Maria y Gloria Patris a las llagas de N. Señor Jesucristo.

(Gozos del día primero)

DIA CUARTO

Considera en este día con qué dolor y con qué pena saldría el Redentor de nuestras almas, coronado de Espinas de la casa de Pilatos para cargar sobre sus hombros la Cruz Sagrada que ya en la calle le tenían preparada. Mira con devota ternura la confusión y vergüenza que padeció cuando así, coronado de Espinas, le hicieron cargar con la Cruz a cuestas, y como la Cruz tropezaba a veces con las Espinas le ocasionaban nuevo dolor y penas. Y pidiendo a su Magestad lo que desee conseguir en esta devota novena.

DEPRECACION

¡Oh clementísimo Jesús!, Reparador de nuestra eterna salud, a qué extremo de padecer os ha llevado vuestra infinita piedad. Vos, Señor, que sois el espejo celestial a cuyo rostro amoroso desean mirar los Espíritus Angélicos, salís hoy por mi bien lleno de vergüenza y de confusión para que coronado de Espinas, os miren y os vean las más ingratas criaturas que en la calle os esperaban para que empecéis a cumplir la sentencia que deseaban sus iras.

Quién dijera, Señor y Dios mío, que viéndoos así, de Espinas Coronado, tan afrentado y corrido, no habían de aplacar aquellos ánimos rabiosos.

Pero, ¡oh mi Dios, y lo que con mis culpas os costé! No, no fue así, pues aunque os vieron con mansedumbre tan suma en aquella calle pública, coronado de Espinas y hecho todo, de los pies a la cabeza, una sangrienta llaga, ni se aplacó su ira ni se ablandó su dureza, sino que con furia diabólica cogieron la Cruz Sagrada, que ya tenían prevenida, y dándoos crueles golpes en vuestra lastimada cabeza, al tiempo de cargaros con ella, os apretaron más y más las Espinas que tan cruelmente os lastimaban.

Suplícoos, Señor y Redentor de mi alma, que por estos dolores y penas que de nuevo os ocasionaron las Espinas, cuando para tomarla sobre Vos tropezaban lentamente con la Cruz de mis obligaciones cristianas, para que llevándola a imitación vuestra, con toda paciencia y alegría, os siga hasta llegar a la patria de la Gloria. Amén.

Un Pater noster, Ave María y Gloria Patris a las llagas de N. Señor Jesucristo. (Gozos del día primero)

DIA QUINTO

Considera en este día lo mucho que el Redentor del mundo tuvo que padecer por nosotros cuando, coronado de Espinas y llevando la Cruz a cuestas, iba por aquellas calles públicas, cercado y rodeado de cruelísimos ministros y verdugos que con los malos tratamientos que sin cesar le hacían, le daban muchas veces con impaciente rabia, ya en su Sagrado Rostro y en su lastimada Cabeza, con que crecía más el dolor de las Espinas que llevaba atravesadas, y compadecido de sus penas, pídase lo que se desee conseguir en la presente novena.

DEPRECACION

¡Oh Peregrino Jesús! ¡Oh Caminante celestial! A dónde vais, Señor, Coronado de Espinas y cargado con la Cruz? ¿A dónde vais, mi bien, por camino tan fragoso y acompañado de tan crueles verdugos, que a cada paso os acrecientan los sufrimientos, ya con golpes, ya con bofetadas, ya con los encuentros que en vuestras Sagradas Espinas hacen al dar en ellas, renovándose así, con intensísimos dolores, las heridas de la Corona primera? Pero si vuestra piedad eligió ese camino por amor y quiso andar por él con estas insignias dolorosas, ya conozco, Señor, que esa senda es la que han abierto los malos pasos de mi vida, y de la que tantas Espinas han sembrado mis culpas. ¿Qué podíais hallar alli? ¡Oh piadosísimo Jesús! Si no penas, dolores y Espinas, ¿qué padecer? ¿Quién os podía acompañar en tan áspero camino, si no crueles verdugos que con impaciente rabia aumentasen vuestros dolores y penas? Suplicoos, Señor, que dejéis depositadas en mi Corazón esas Espinas para que no os atormenten más al tropezar con la Cruz en ellas. Hagan en mi, Señor, su efecto doloroso y no en Vos, Cordero Inocentísimo, a quien tanto han maltratado. Concededme que con consideración devota vaya yo allí haciéndoos compañía, para que aquellos crueles verdugos desahoguen en mi su rigor furioso, pues soy el que lo merezco por mis pecados, y no en Vos, Inocentísimo Jesús, a quien tanto dan de nuevo que padecer, para que apartando sus manos sacrílegas de vuestra Corona Sagrada, logre que no os mortifiquen más vuestras Espinas y os acompañe hasta llegar en vuestra compañía al monte Santo de la Gloria. Amén.

Un Pater noster, Ave María y Gloria Patris a las llagas de N. Señor Jesucristo.

(Gozos del día primero)

DIA SEXTO

Considera cómo el Redentor de nuestras almas iba coronado de Espinas siguiendo su camino con la Cruz a cuestas, con la mucha sangre que había derramado de todo su Santísimo Cuerpo, y con la mayor copiosidad y abundancia de su Sagrada Cabeza al violento toque de las Espinas, cayó con ella tres veces en tierra. Mira cómo a la violencia de la caída y al golpe que daría la Cruz en la Corona se le apretaron más las Espinas, subiendo de punto así su ansía y su fatiga, sin tener arbitrio alguno para aflojarlas. Considera también cómo al hacerle aquellos crueles verdugos levantar, volvía a sentir más cruel dolor, porque para levantarle del suelo le tiraban de ella inhumanos. Y pidiéndole que con su piedad nos conceda la gracia que se desee conseguir por esta consideración lamentable.

DEPRECACION

¡Oh fatigado dueño nuestro! ¡Oh cansado y rendido Jesús divino! ¿Hasta dónde, Señor, han de llegar las porfías de vuestro amor, a vista de nuestra ingratitud? ¿Hasta dónde los esmeros de vuestra bondad suma a vista de nuestras maldades y alevosias? Vos, Señor, Supremo Rey del Cielo y tierra caído con la Cruz en ella y tropezando en el suelo con las Sagradas Espinas, metiéndose así más en vuestra Sagrada Cabeza, y yo que soy la causa de ellas, metido más cada día en vanidades y soberbias y buscando para mayor ofensa vuestra gustos deleites y delicias.

¡Oh, Señor! ¡Qué locura la mía! Si considerara como debía que el grave peso de mis culpas y pecados os tenían así postrado en el suelo, os aliviaría luego de tan grave peso. ¡Oh! Si sintiera aquellos dolores y penas que al caer en la tierra os ocasionaron vuestras Espinas Sagradas, cómo procuraría aliviaros de ellas poniendo en medio mi alma para que tropezaran en ella. ¡Oh! Si viera con la consideración que debía que para levantaros del suelo prosiguieseis el camino, os tiraban con inhumana fiereza aquellos crueles verdugos de la Corona de Espinas, ¡cómo fuera a recibiros en mis brazos amorosos! Pero ya, Señor, que no puedo hacerlo en lo material, recibid el deseo con que mi espíritu lo desea hacer. Levantaos, mi Dios, que si Vos estáis caído, cómo podré yo nunca estar de las culpas levantado? Apartad, Señor, un poco vuestra cabeza del suelo, porque las Espinas tropezando en la tierra os penetran más y más, aumentando las heridas. Concededme para mi mayor bien que de aquí en adelante pueda llevar vuestra Cruz sin tropezar ni caer y apartándome de todas las cosas de la tierra viva de modo que vuestras Espinas no tengan que tropezar en mis culpas para alabaros por tantas misericordias en la eterna Gloria. Amén.

Un Pater Noster, Ave Maria y Gloria Patris a las llagas de N. Señor Jesucristo.

(Gozos del día primero)

DIA SEPTIMO

Considera en este día cómo llegado el Redentor de nuestras almas, Coronado de Espinas y con la Cruz a cuestas, casi sin poder echar aliento, sube al monte Calvario, donde había de ser crucificado, para clavarle en la Cruz le quitaron sus vestiduras la última vez, y volviendo a poner en su cabeza la Corona, renovaron las heridas abriendo otras muchas. Mira cómo al quitárselas, volvieron a hacer su doloroso efecto las Espinas que tirando con violencia inhumana por encima de la Cabeza se volvieron a renovar las llagas de su Sacratísima Cabeza, saliendo muchas Espinas medio quebradas entre la ropa y bañándola con las últimas gotas de sangre de ella.

Pidamos a su Majestad lo que en memoria de este dolor se desee conseguir en esta novena.

DEPRECACION

¡Oh pacientísimo Jesús! ¡Oh Inocentísimo Abel, a quien nuestra traidora ingratitud ha sacado ya al campo del mayor dolor! Llegasteis Isaac divino al monte Calvario, que era el lugar destinado para vuestro sacrificio; pero tan cansado y fatigado, que casi no podíais echar el aliento; y cuando allí, como el otro Isaac había de tener algún alivio, ejecuté en Vos la mayor crueldad de ceguera del mundo; porque quitándoos vuestras vestiduras para clavaros en la Cruz, se renovaron todas vuestras llagas con indecible dolor. Allí, ¡oh Redentor mío! Aquellos crueles verdugos sin consideración alguna tiraron con inhumana violencia de vuestra sangrienta ropa para sacarla por encima de la Cabeza; y como estabais coronado de Espinas, unas se apretaban, otras se clavaban en otras partes distintas y otras, en fin, a la violencia de aquella cruel acción, salían medio quebradas, presas en la misma ropa creciendo sin comparación alguna vuestros dolores y penas cuando volvieron a poneros la Corona de Espinas. Suplicoos, Coronado dueño de nuestras almas, que aquellos pedazos de las Espinas que salieron presas en vuestras vestiduras se trasladen a mi corazón para que, presas en él, me acuerde de las que por el bien de mi alma quedaron clavadas en vuestra Sacratísima Cabeza. Allí, Señor, las guardaré yo como prendas de vuestro amor y de mi felicidad; ellas solas serán mi consuelo, mis delicias y mi gusto tanto más grande y más suave cuanto más las mezclaron con la memoria de vuestros dolores, y haced, Señor, que avivada mi tibieza con las punzadas que en mí alma dieron vuestras Espinas, sienta vuestras penas, llore mis culpas y por medio de un verdadero arrepentimiento de ellas, consiga el fruto de vuestra pasión sagrada que me coloque en las eternidades de la Gloria. Amén.

Pater Noster, Ave María y Gloria Patris a las llagas de N. Señor Jesucristo.

(Gozos del día primero)

DIA OCTAVO

Considera en este día cómo habiendo llegado ya vuestro Divino Jesús, a lo sumo de padecer y teniendo concluida ya la obra de la Redención humana, azotado, escarnecido, Coronado de Espinas y pendiente de una Cruz de tres escarpias inclinó para expirar su Sacratísima Cabeza. Mira cómo en esta acción aunque leve, se le renovaron sus penas y dolores; porque como su Sacratísima Cabeza estaba tan lastimada con las penetrantes Espinas, a cualquier movimiento o acción de ellas, eran intensísimos los dolores que padecía.

Pondera lo excesivo de su amor y fineza para con las criaturas ingratas, pues desde la hora en que en casa de Pilatos le pusieron la Corona, no cesaron de atormentarle las Espinas, hasta que inclinando la cabeza, como quien las enseñaba, perdió por nosotros la vida.

Por esta trágica memoria, pida cada uno la gracia que desea alcanzar en la presente novena.

DEPRECACION

¡Oh Jesús de nuestras vidas! ¡Oh amante Padre de nuestras almas! Ya, Señor, se ha llegado la hora en que pródigo de vuestra vida, quisisteis perderla por las criaturas. Encomendando vuestro Espíritu al Padre, inclinasteis al suelo vuestra Cabeza, como quien da licencia a la muerte para que se acerque y llegue. Pero como vuestro amor no estaba saciado de padecer, parece que la quisisteis inclinar para tener más que padecer con aquella última acción lamentable; porque como vuestra Sacratísima Cabeza estaba por todas partes tan lastimada con aquel movimiento y acción última, volvisteis a sentir los dolores de vuestras Espinas Sagradas, ansioso de padecer hasta el fin con ellas; entonces, inclinando la Cabeza y apartándola de la Cruz Santa enseñasteis a todo el mundo vuestra Corona, para que viera y mirara en ella las crueles Espinas con que os habían coronado con sus culpas. Y que Vos por su amor con indecible paciencia las habíais querido sufrir hasta lo último de vuestra vida. Suplícoos, ¡oh Redentor de mi alma!, que nunca pierda yo de vista vuestras Espinas Sagradas, para que inclinando mi cabeza a los mandamientos de vuestra ley Santa, no os la vuelva a poner con mis pecados y culpas. Esto, Señor, fue lo último que tuvisteis que padecer, y esto quisiera yo que fuera en mí mi principio, mi medio y mi último fin; y si entonces para morir por nosotros encomendasteis vuestro Espíritu al Padre Eterno, en vuestras manos, ¡oh Jesús mío!, encomendamos los nuestros. Recibidlos, Señor, y llevadlos con Vos al Paraíso Celestial, para que, libre de los peligros con que este mundo los cerca, vivan y reinen con Vos por eternidades en la Gloria. Amén.

Pater Noster, Ave María y Gloria Patris a las llagas de N. Señor Jesucristo.

(Gozos del día primero)

DIA NOVENO

Considera cómo muerto ya por la humana redención nuestro amabilísimo Jesús, quedó su Sagrado Cuerpo desamparado solitario en la Cruz. Mira cómo cuando ya por disposición divina le bajaron de ella, el dolor y pena que se apoderó del corazón amantísimo de su Madre afligidísima, al ver ya más cerca las crueles heridas y llagas que habían abierto en él las crueldades humanas.

Contempla cómo besaría y regaría con sus lágrimas aquellas Sagradas Espinas con que por afrenta y vilipendio le había coronado el mundo. Mira el ansia y el dolor con que las arrimaba a su afligido Corazón y cómo las quisiera meter en él. Acompáñala en estos deseos y pídele que te acompañe y ayude para conseguir, si conviniere, por la memoria que haces de tan dolorosos pasos y por medio de tu valiosa intercesión, la gracia que desees conseguir en esta novena.

DEPRECACION

¡Oh Cuerpo Sagrado de mi Señor Jesucristo, concebido en las purísimas entrañas de Maria por obra y gracia del Espíritu Santo! ¡Oh tesoro el más apreciable de cuantos tiene el mundo! ¡Oh singular y única hermosura de los Cielos! ¡Cómo te han puesto ya mis culpas y pecados! Tan desfigurado, ¡oh Jesús mío!, os miro que casi no puedo conoceros. No veo en Vos parte alguna que no esté toda hecha una llaga desde los pies a la Cabeza, coronada ésta con crueles Espinas; cárdeno y ensangrentado el rostro roto con una lanza el pecho; clavado de pies y manos; azotado y cruelmente herido todo vuestro Sagrado Cuerpo y, en fin, muerto por mi amor y por mi bien. ¡Oh pecados míos lo que habéis hecho! ¡Oh culpas del mundo hasta dónde habéis llegado! Pero si este lamentable estrago no tiene ya más remedio que la enmienda y el arrepentimiento, desde luego os lo prometo; que no es razón que mi ingratitud pase adelante en el mal obrar, viendo muerto tan afrentosamente a mi mismo Dios; solo y desamparado de todos os contemplo en esta Cruz y en ese campo sin tener ni aún siete pies.

Sus dolores con paciencia
sufristeis en tu aflición.

Reconocido y postrado
te pido, mi Dios, perdón.

Mi ingratitud y torpeza
abrió esas sienes divinas,
con setenta y dos Espinas
que punzaron tu Cabeza.

A costa de tal fineza
obrasteis mi redención
reconocido y postrado,
te pido, mi Dios, perdón.

Así por mí coronado
cual diamante misterioso
descubristeis lo precioso
con vuestra sangre lavado.

Y, pues, yo soy el culpado
en esta afrentosa acción.

Reconocido y postrado,
te pido, mi Dios, perdón.

Quedáronse sin cerrar
esas llagas que son puertas
para que las halle abiertas
quien por ellas quiera entrar.

En las Espinas hallar,
me prometo esta ocasión.

Reconocido y postrado
te pido, mi Dios, perdón.

Mi vida desconcertada
fue la que os coronó.

Y quien Espinas juntó
en el pecado obstinadas;
de aquí adelante enmendada
lloraré tan gran traición.

Reconocido y postrado
te pido, mi Dios, perdón.

Quién, Dios mío, no se espanta
de veros así coronado,
tan herido y maltratado
en tu pasión sacrosanta,
traspasado con la lanza
tu pecho lleno de amor.

Reconocido y postrado
te pido, mi Dios, perdón.

En primer lugar, queremos aclarar una serie de términos no muy usuales en el léxico actual:

Acerbo: Cruel, riguroso, desapacible.

Deprecación: Ruego, súplica, petición.

Dicterios: Dicho denigrativo que insulta y provoca.

Erario: Pechero, contribuyente, tributario.Tesoro público de una nación, provincia o pueblo.-Lugar donde se guarda.

Ludibrio: Escarnio. desprecio, mofa.

Proceloso: Borrascoso, tormentoso, tempestuoso.

Quiñón: Porción de tierra de cultivo, de dimensión variable según los usos locales.

El autor de esta novena es desconocido, y a pesar de que en su inicio llama la atención deboto, en lugar de devoto, podemos afirmar que se trata de un escritor culto, como se desprende de la sintaxis, el léxico y la abundancia de figuras literarias que utiliza.

La fecha de composición es 1751, mediados del siglo XVIII. El tema de la novena es el dolor que experimentó Jesús en su pasión, desde que fue coronado de Espinas en casa de Pilatos hasta que murió en la Cruz, haciendo especial mención a los sufrimientos que las Espinas le causaron. Las reflexiones para cada día son las siguientes:

Primer día -Considera lo que padeció Jesús al ser coronado de Espinas en casa de Pilatos.

Segundo día.-Padecimiento de Jesús al sacarle al balcón de Pilatos para que el pueblo le viese como Rey coronado de espinas.

Tercer día.-Reflexiona sobre el sufrimiento del Redentor al meterle al pretorio, desde el balcón de Pilatos, y volverle a poner sus vestiduras tropezando con la corona de Espinas.

Día cuarto.-Jesús coronado de Espinas sale de casa de Pilatos para cargar con la Cruz y ésta tropezaba a veces con la corona, ocasionándole nuevo dolor.

Día quinto.-Jesús, coronado de espinas y con la Cruz a cuestas, caminaba por las calles rodeado de verdugos que le maltrataban.

Día sexto.-Jesús, con la cruz sobre sus hombros, cae tres veces y los verdugos, al hacerle levantar, le tiraban de la Corona.

Día séptimo.-Jesús, coronado de espinas y con la cruz a cuestas, llega al monte Calvario, le quitan sus vestiduras y vuelven a poner sobre su cabeza la Corona de Espinas.

Día octavo -Jesús muere en la cruz e inclina su cabeza para expirar.

Día noveno.-Dolor de la Virgen al contemplar el penoso estado de su hijo, después de bajarle de la Cruz.

La deprecación de los ocho primeros días señala el deseo de identificarse con el dolor del Salvador y enmendarse. La del último día es una promesa de dicha enmienda.

En cuanto a la métrica utilizada en los versos, podemos afirmar que se trata de octosílabos que forman, sobre todo, redondillas y cuartetas.

La sintaxis es rica y variada, con oraciones compuestas, coordinadas, subordinadas y yuxtapuestas.

A nivel morfológico, destacamos la abundancia y variedad de vocativos, acompañados de la interjección ¡Oh!, que imprime gran expresividad al texto.

No menos importante son las metáforas, antítesis y personificaciones presentes a lo largo del pasaje.

En síntesis, se trata de una novena caracterizada por su gran riqueza expresiva.

Somos conscientes de las faltas de ortografía y acentuación, pero hemos respetado la grafía originaria.

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(1) MALDONADO, L.: Introducción a la religiosidad popular. Sal Terrae, Santander, 1985, pág. 217.

(2) Op. cit., pág. 27.

(3) Op. cit., pág. 62.

(4) Op. cit., págs. 66-87.

(5) CALVO, A.: Semanas Santas Leonesas. Jesús F. Espino. León, 1937-1938.


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