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Verdades como puños: Las del Barquero de Talaván

GUTIERREZ MACIAS, Valeriano

Publicado en el año 1990 en la Revista de Folklore número 115.

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No pocos lectores se han dirigido al que esto escribe, en súplica de que explique el significado del dicho «las tres verdades del barquero», por el que tienen singular curiosidad y desean conocer su alcance.

Para complacerlos, gustosamente escribimos este trabajo.

Hay que evocar los tiempos pasados -no tan lejanos- en que se pasaba, en la Alta Extremadura, a las gentes, del pueblo de Talaván al de Casas de Millán, en barca, atravesando el río Tajo, muy encajonado, por cierto, y peligroso, como es bien sabido, en aquellos tiempos, pues ahora el embalse de Alcántara ha convertido una enorme extensión de terreno en un inmenso lago artificial.

El sitio se hallaba contiguo a la pintoresca y solitaria ermita de Nuestra Señora del Río, patrona de la primera localidad, por cuya imagen sienten verdadera devoción los talavaniegos.

Cabe recordar a los esforzados barqueros del Tajo, y la típica romería de la Virgen, que se celebra el segundo domingo después de pascua de Resurrección, y rememorar los rítmicos sones del tamborilero de Pedroso de Acim -situado junto al alcantarino y reducidísimo convento del Palancar, levantado en 1567, donde iniciara el Portento de Penitencia que fue San Pedro de Alcántara la reforma franciscana-, que siempre entusiasma a los asistentes a la fiesta, con sus redobles antiguos, sus cadencias misteriosas.

El embalse de Alcántara absorbió por completo, con su cola, el sitio y la preciosa ermita, ubicada más allá del río.

Todo desapareció por el imperio del agua y como signo de los nuevos tiempos, merced al auxilio poderoso de las ciencias.

Por ello, se ha construido otra ermita en la parte de acá de la vía fluvial, ubicada a cuatro kilómetros de la población de Talaván.

Talaván se distingue por su rico folklore, como pone de manifiesto en sus típicas fiestas y so pretexto de cualquier acontecimiento local. Destaca también por su abundosa paremiología. Los refranes responden al significado de «comprimido filosófico cristalizado a través de los tiempos». El gentilicio pintoresco y sobrenombre de los hijos de esta localidad es el de «fanfarrones».

A Talaván he de ir
por una talavaniega,
porque las de Torrejón
son como yeguas serranas.

La villa de Talaván perteneció a la Casa de Benavente.

Mucho se habla en todo el país sobre «Las tres verdades del barquero», y no faltan quienes localizan la famosa alocución en Talaván.

Las tres verdades del barquero y la explicación de su origen por un diálogo surgido entre un humilde barquero y un estudiante, según la versión que a nosotros ha llegado, se desarrolla en tres puntos principales.

Aconteció que el estudiante quiso pasar gratis el río.

El barquero pareció conformarse con pasarlo de balde; pero luego se arrepintió y le propuso que lo haría de modo graciable si le decía tres verdades, tan profundas e incontrovertibles, que le impidieran abrir la boca; y si no acertaba a expresarlas en tales términos, se quedaría en tierra.

El futuro licenciado, quizá picardeado por algún Dómine Cabra, que se había aprendido todos los saberes que ayudan a vivir del cuento, propuso al barquero las siguientes tesis:

-El pan duro, duro, es mejor que ninguno. Evidentemente, esta es una buena verdad, como decía el barquero.

-El zapato malo, malo, es mejor en el pie que no en la mano. También es, ciertamente, una buena verdad, exclamó el barquero boquiabierto por la profundidad del pensamiento del estudiante.

-Y si a todos les cobra usted lo que a mí, ¿qué hace usted aquí? ...Respondióle el barquero que, sobre todo la última de las verdades propuestas, la tendría muy en cuenta, y le serviría de provechosa lección.

-Esta es la mejor verdad que has dicho -sostuvo el barquero-, porque oficio que no da de comer a su dueño, es una tontería ejercerlo, y mucho peor si se hace con entusiasmo.

No falta quien agrega a aquellas verdades ésta, que tampoco tiene desperdicio:

-»Quien da pan a perro ajeno, pierde pan y pierde perro.»

Hay autores que consignan como verdades del barquero las que reflejamos a continuación:

Primera: La anteriormente consignada de «Quien da pan a perro ajeno...»

Segunda: El que no está hecho a bragas, las costuras le hacen llagas.» (Lo repiten mucho, de manera insistente, en la pintoresca e histórica villa de Garrovillas de Alconétar, con su maravillosa plaza mayor).

Tercera: «El pan duro, duro, vale más que ninguno.»

Cuarta: El zapato, aunque malo, más vale en el pie que en la mano.»

«Las tres verdades del barquero», que nos relataron una talavaniega jocosa y el entonces alcalde del pueblo, José Periáñez Zarza, persona con aires de inquietud, con motivo de nuestra participación en un acto cultural celebrado en la localidad, son las que fielmente hemos transcrito para curiosidad de los lectores.

El escritor andaluz Santiago Montoto, en. su obra « Un paquete de cartas», aborda este modismo y consigna que equivale a quitarle a uno la careta, a ponerle las orejas coloradas, a decirle cuántas son cinco y, en suma y en definitiva, a ponerle de vuelta y media, en muchos casos con energía.

Registra la expresión comentada la Real Academia Española, en estos términos: «Decirle a uno las cuatro verdades o las verdades del vaquero».

La recogió José María Iribarren erudito escritor navarro, desgraciadamente desaparecido, en su espléndido libro «El por qué de los dichos», para el laureado periodista sevillano Antonio Burgos, «Tesoro de la lengua comparable al Covarrubias», en el que trata con extraordinaria competencia, y en no pocos casos de modo exhaustivo, el sentido, origen y anécdota de los dichos, modismos y frases proverbiales de España, con otras muchas curiosidades.

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(1) En su obra "La sabiduría de las naciones", Bastús opina que se trata de verdades que decía un barquero y comenta cuanto incluimos a continuación:

"Terribles serían las tales verdades, que ignoramos cuáles fueren, si atendemos a que siempre que anunciamos decirlas, la hacemos en tono amenazador: "Que no le diga las verdades del barquero", "Ya le diré a usted las verdades del barquero", etc. Serían –añade- unas máximas o verdades que diría cierto barquero a las gentes que iba a pasar con su barca..., y sería con relación a la conducta que deberían observar durante su corta travesía en bien de ellos, individualmente y de la tripulación en general".