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LA ROMERIA DEL CARMEN EXTRAMUROS (Valladolid): Aproximación a su estudio

MISIEGO TEJADA, Jesús Carlos

Publicado en el año 1990 en la Revista de Folklore número 116.

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La religiosidad popular y sus imbricaciones socio-económicas es un tema de sumo interés, que en los últimos años va adquiriendo su apropiada visión científica. El presente trabajo trata de integrarse en esa clase de estudios, intentando ofrecer un punto de vista más crítico a este tipo de análisis.

El primer lunes de Pentecostés, según el calendario católico, se celebra en las inmediaciones de la ciudad de Valladolid, junto al actual cementerio, en la iglesia-santuario aledaña, la romería dedicada a la advocación de la Virgen del Carmen. Esta celebración es seguida, desde hace tiempo, con gran devoción por muchos vecinos de la urbe y de los pueblos cercanos (Santovenia, Cabezón de Pisuerga...).

Durante mucho tiempo ha estado sumida en una profunda crisis, de la cual ha ido recuperándose en los últimos años merced al importante afán e impulso realizado por los miembros de la Cofradía del Carmen Extramuros.

Dos aspectos tan diferentes como son el religioso, propio de una profunda advocación y de un alto grado de religiosidad, y el profano festivo vienen a conjuntarse en la romería, desarrollando una profunda dicotomía de valores y una conjunción de ambientes, situaciones y deseos, que sitúan a este día entre los que merecen una especial atención dentro de las vivencias de una gran parte de vallisoletanos, como importante hecho social en la vida social urbana.

Es ese aspecto social uno de los puntos importantes a la hora de aproximarnos al estudio de la mentalidad de las gentes que viven la Romería del Carmen en uno u otro ambiente (1).


Romería, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, es «una práctica religiosa consistente en visitar algún santuario o lugar sagrado para honrar a Dios» (o a otra divinidad, ya que las romerías no sólo se desarrollan en el mundo católico, sino en toda clase de creencias o religiones); también se ofrecen acciones de gracias, se invocan los poderes..., o bien se busca la intercesión de la Virgen u otros santos (2).

Carmelo Lisón Tolosana señala que la romería es la unión del carácter festivo con el carácter existencial de la religión (3). Así lo veremos en numerosas de las celebraciones romeras que existen a lo largo de toda la geografía española, como es el caso de la romería vallisoletana del Carmen Extramuros.

Pretendemos en estas páginas acercarnos a un fenómeno cultural y sociológico como es la romería, valorando en la debida medida todos sus elementos.

I. Historia del Carmen Extramuros en Valladolid.

La historia de la advocación carmelita en Valladolid se puede dividir en tres etapas principales:

a) El convento de Carmelitas Descalzos.

b) El fin del convento.

c) Desarrollo de la devoción popular.

a) El convento de los Carmelitas Descalzos.

Tras las primeras creaciones de conventos femeninos de carmelitas en Valladolid, tanto Santa Teresa como los Padres de la Orden vieron la necesidad de crear un convento masculino en la localidad, tal como atestiguan algunas cartas de la santa en el año de 1568.

Tras las investigaciones pertinentes, se decidió la creación del convento, eligiendo para su ubicación el sitio de San Alejo, distanciado de la ciudad, donde existía una pequeña ermita, una de las muchas que rodeaban Valladolid, dedicada por esos años a la advocación de San Alejo, cuya festividad se celebraba el 17 de julio.

El 4 de mayo de 1581 se tomó posesión de la ermita y de sus tierras, consignándose ya los primeros conventuales. Sin embargo, debido a las malas condiciones, los frailes se trasladarán a una zona cercana, donde, alrededor de enero de 1583, construirán las nuevas edificaciones para el convento.

Las tierras fueron adquiridas, a bajo precio, a don Diego de Salcedo y doña María de Menchaca. Además de la iglesia (construida por entonces con materiales de las inmediaciones) y el convento, se contaba con una espaciosa y fértil huerta.

La construcción de la obra principal, la iglesia, se financió con la cesión de los solares para las capillas aledañas, adquiridas por importantes y potentadas familias de la ciudad, como son los ejemplos de las familias Río-Camporredondo o Salcedo-Menchaca. En 1602 se otorgó a doña Catalina del Río, viuda de don Juan de Camporredondo, la capilla de San Juan Bautista, en el lado del Evangelio. Su sucesor, don Antonio de Camporredondo (perteneciente al Consejo del Rey), reedificó la capilla en 1623, y en 1649 tomaba el patronato de la capilla mayor, dando un importante lustre artístico al edificio.

La iglesia se construirá con planta de cruz latina, en un estilo clásico. Su eje principal es de NE. a SO. La única alteración a esta planta se realizará en 1739, cuando se construya la capilla de San Joaquín y Nuestra Señora de la Mano. Este dato es importante, ya que es una de las últimas noticias que se poseen acerca del convento, que pronto entrará en un franco declive.

El monasterio, a pesar de no tener una gran importancia como centro irradiador de la fe carmelita, sí la tendrá para la ciudad, al aglutinar a las familias más destacadas de la ciudad. Nombres ilustres son don Ignacio Pimentel, conde de Luna, o don Pedro de Zamora, presidente de la Real Chancillería de Valladolid. Un hecho notable acaecido a lo largo de la historia del convento fue la celebración, en 1587, del IV Capítulo Provincial de la Orden Carmelita (4).

Es interesante anotar, por último, dentro de esta primera etapa, cómo se produce una rápida sustitución de la advocación principal del convento, pasando de la de Nuestra Señora del Consuelo a la de Nuestra Señora del Carmen (5).

b) El fin del convento.

No poseemos más referencias del convento en los siglos XVII y XVIII (6) hasta que se tiene la primera noticia de la construcción del cementerio municipal, acontecimiento que tendrá una importante conexión con el antiguo convento.

Con la intención de eliminar la costumbre de sepultar a los muertos en las iglesias del interior de las ciudades, desde el reinado de Carlos III se empezaron a crear cementerios fuera de las urbes como medida sanitaria.

El Ayuntamiento de Valladolid destinó en el año de 1833, como tierras para el cementerio, la huerta y tierras del Convento de Carmelitas Descalzos, que habían sufrido los efectos de las desamortizaciones eclesiásticas de principios de siglo, con el consiguiente enclaustramiento y abandono de los Carmelitas del convento. Unicamente quedaría la iglesia como capilla.

Se derribó el convento, sirviendo sus propias tapias para delimitar el nuevo recinto funerario. El primer enterramiento se realizará el 28 de julio de 1833 (7).

Este primer recinto se irá ampliando con el transcurso de los años, hasta constituir el actual Cementerio Municipal vallisoletano (8).

c) Desarrollo de la devoción popular: el nacimiento de la romería.

Tras la desamortización y la marcha de los Carmelitas, en los inicios del siglo XIX, el templo quedó en un total abandono.

En espera de que se administrasen los bienes de las órdenes religiosas tras la desamortización, un grupo de hortelanos de los contornos del antiguo convento siguieron vigilando y cuidando la imagen de la Virgen del Carmen (este hecho debió de ocurrir a mediados del siglo pasado).

Transcurridos varios años esos devotos se dirigieron al Ayuntamiento de Valladolid en demanda del permiso correspondiente para «reanudar» en Pascua de Pentecostés las fiestas en devoción a la Virgen del Carmen, con su romería, tal como antes había sido festejado por los Carmelitas Descalzos en la fecha de 16 de julio (9).

Tenemos aquí los primeros datos para fechar los inicios modernos de la romería, aunque la noticia sobre la reanudación debe ser situada en su justa medida, ya que debemos entender que por entonces se realizaría una simple procesión, por parte de los conventuales y algunas familias cercanas, no llegando a constituirse en auténtica romería hasta pasados varios años.

El Pleno municipal aceptó tal petición el 5 de junio de 1848, creándose al poco tiempo la Cofradía popular de devotos del Carmen, denominada «Antigua Devoción de Nuestra Señora del Carmen», con lo que de una forma nominativa se seguía la antigua tradición de los antiguos frailes carmelitas. Esta Cofradía, nacida del deseo de los agricultores, será la organizadora tanto del templo como de sus actividades, entre las que destaca especialmente la romería, como acontecimiento más sobresaliente.

La iglesia quedaría en manos de la Hermandad, tras la cesión que realizó su legítimo propietario, el cofrade don Manuel López Prega, a quien la Junta Superior de Emancipaciones aceptó como legítimo heredero en 1885.

El Ayuntamiento, a petición de los cofrades, cedió toda la propiedad útil de la iglesia a la Hermandad, quedando así como patrono del templo y bienhechor insigne de la Cofradía:

A partir de entonces el templo y la imagen están ligados a la Cofradía (que se encarga, entre otras cosas, de la restauración de la fachada y de los cuidados del interior del templo) y a la romería (10).

El nacimiento y auge de la Cofradía y de la romería del Carmen Extramuros contrasta claramente con el proceso desacralizador que afectó a Valladolid en los años centrales y finales del siglo XIX, años en los que se arremetió contra la gran cantidad de templos, conventos y elementos religiosos que aquí existían (11). Sin embargo, hay realidades, como son las procesiones y romerías que perviven y nos revelan la subsistencia del elemento religioso ancestral, que quedaba y queda hoy en día, si bien con nuevos matices debido a los importantes cambios que ha sufrido la sociedad urbana en el presente siglo, pero sin lograr desarraigarse el profundo talante religioso (12).

2. La romería del Carmen: elemento religioso.

En gran parte de los estudios que se han realizado sobre la infinidad de romerías que existen en nuestro país, el tema principal suele ser el religioso, devoción o admiración hacia la divinidad o a los personajes con ella relacionados (la Virgen, los santos...). Innumerables son los ejemplos de esta clase de literatura etnológica (13), en la que no se aluden otros aspectos destacados de la religiosidad popular, como pueden ser la sociología de la romería, las relaciones hombre-medio y su influencia en el hecho religioso, etc.

En este trabajo pretendemos analizar lo que representa este hecho religioso y su influencia social, huyendo, en lo posible, de la simple narración.

La romería del Carmen Extramuros lleva celebrándose, tal como se ha señalado, alrededor de siglo y medio, y aunque ha tenido sus diversos altibajos (14) ha sabido mantenerse donde siempre estuvo, al alcance y a la vista de los vallisoletanos. Según información oral de algunos de los cofrades, parece que en los últimos años ha resurgido la romería como foco de atracción, debido al auge de la devoción, aunque podríamos añadir que también se debe en gran medida al carácter festivo que en el acontecimiento se puede vivir .

La celebración de la romería es, al fin y al cabo, un acopio de diversos factores, inmersos en un ámbito religioso. Los elementos fundamentales de la conmemoración son:

a) Procesión.

b) Misas y rogativas.

c) Cofradía.

a) La Procesión.

Tal como afirma el autor gallego Mariño Ferro, « ...en la procesión el contacto con lo sagrado se facilita y se extiende...» (15).

Los preparativos se realizan durante todo el año por los cofrades, en espera del día grande dedicado a la Virgen del Carmen, en el que se ensalza tanto a la advocación como al santuario.

A la explanada sita delante de la iglesia van acudiendo los fieles y devotos, junto a otras personas y curiosos de todas las clases sociales. Los aledaños de la iglesia se llenan de vehículos de todo tipo; en otros tiempos fueron omnibuses, carretas o carruajes. Incluso el Ayuntamiento llegó a dictaminar bandos para regular la llegada y permanencia de las carretas en el lugar (16). En algunas ocasiones se fletaron «barcazas» en el río Pisuerga para transportar a las gentes a las riberas próximas a la iglesia del Carmen (17).

Mientras, en el interior de la iglesia la gente se agolpa para asistir a la celebración de las misas. En el exterior se espera la salida de las imágenes, con una gran algarabía. Esto acontece al mediodía, anunciado por un repiqueteo continuo de las campanas, que no dejarán de sonar durante gran parte de la mañana. Los cofrades van saliendo al exterior del templo, siendo la imagen de San José la primera en salir, portada en brazos por los devotos.

A continuación sale la imagen de Nuestra Señora del Carmen Extramuros (obra del escultor Gregorio Fernández) (18), también porteada por los cofrades. Ambas imágenes van decoradas frondosamente con flores y aditamentos (19).

Delante de la iglesia se prepara la sencilla procesión, con alegría y júbilo por parte de los devotos y cofrades. El principal foco de atención es la imagen de la Virgen del Carmen con el niño en brazos, a los cuales se honra y alaba con esta conmemoración.

En la pequeña comitiva también aparecen los dos estandartes de la cofradía, detrás de los cuales se sitúan unas agrupaciones de dulzaineros y personas bailando, alabando así, de esta peculiar forma, a la Virgen (el sonido de las jotas típicamente castellanas se entremezcla con las voces del gentío y el repiqueteo de las campanas). Los cofrades llevan en andas las dos imágenes por todo el recorrido de la procesión.

La comitiva va presidida por los principales cargos de la Cofradía y por el sacerdote-rector del santuario. Sin embargo, la mezcla se produce entre la procesión y los devotos que la rodean. Lentamente la comitiva marcha por la explanada, atravesando las avenidas de sauces, donde se han situado los puestos feriales y los bares y chiringuitos, uniéndose, entonces, los dos elementos de la romería, el religioso y el festivo. La duración aproximada de la procesión es de unas dos o tres horas, siempre acompañada del jubiloso sonido de las jotas.

La procesión acaba delante de la iglesia, con los consabidos rezos y oraciones y la introducción de las imágenes en el templo.

Esta es una crónica de cómo transcurre hoy en día la procesión (20), pero contamos con narraciones de otros tiempos, llegadas a nosotros por cronistas de las distintas épocas y recogidas en la prensa local. Un ejemplo de estas crónicas es la recogida en 1967 por Angel Allúe Horna, que narra el inmenso gentío que acudió a la procesión, su salida y posterior desarrollo; los bailes continuados de jotas, etc. (21).

Si analizamos el texto anterior, podemos observar cómo la romería apenas ha sufrido transformaciones, salvo las meramente contextuales. Como afirma Pierre Sanchis, «la procesión es la proyección de lo sagrado fuera del santuario... y, de forma triunfante, la sacralización del espacio» (22).

b) Misas y rogativas.

Otros de los puntos claves del elemento religioso de las romerías son las misas y rogativas realizadas o dirigidas a la advocación. Siguiendo a X. R. Mariño Ferro, el móvil más claro de las peregrinaciones es la devoción (23). Esta se muestra de las más diversas maneras; las más sencillas son la asistencia a misas y la oración en ellas; más complejos pueden ser los votos o las rogativas hechas a la divinidad o la advocación.

La misa es un elemento de contacto entre lo natural y lo terrenal. No falta en el Carmen Extramuros, con un abundante número de ellas a lo largo de los días precedentes y posteriores a la romería, así como en dicho día. El número de personas que se agolpa en el interior del templo es grande, elevando sus plegarias y rezos a la Virgen. Aquí enlazamos con un segundo aspecto: las rogativas.

Las rogativas son ofrecimientos, peticiones, ayudas..., que se piden a una divinidad. Habría que valorar la propia incapacidad que el ser humano ha creído tener siempre y su vinculación por ello, y de forma humilde, hacia un elemento superior y sobrenatural.

Las formas y maneras en que se solicitan estas ayudas y votos son muy diversas, desde concentraciones mentales individuales hasta grandes procesiones (las rogativas acaban convirtiéndose en auténticas romerías), utilizando, y en más de una ocasión «abusando», los símbolos y las imágenes. Son los que llama Mariño Ferro «ritos simbólicos o indicativos» (24), medios de expresión para llegar a lo superior.

Entre las rogativas podemos señalar las peticiones sobre solterías, el goce de buena suerte, buena vida, contra las enfermedades, contra los peligros, los problemas del campo, etc.

En la romería del Carmen también encontramos estas rogativas. González García-Valladolid refiere que «hay número infinito de votos, ofrendas, exvotos, recordatorios...», al hablarnos de los devotos de 1900 (25). Otras rogativas acaecidas en el Carmen Extramuros son, por ejemplo, el caminante descalzo detrás de la Virgen en la propia procesión, las promesas de una mujer por la salvación de su hijo que se cayó a un pozo o caminar debajo de las andas llevando las imágenes (26).

Una famosa rogativa fue la ocurrida el 25 de abril de 1868, cuando tras cinco meses de sequía profunda se efectuó una procesión para el traslado de la imagen del Carmen de su templo a la parroquia de San Pedro, en petición de lluvias, permaneciendo allí nueve días. El día 25 de abril, por la noche, empezó a llover, continuando durante todo el día siguiente (27).

También en alguna crónica de la época se menciona la profunda devoción del vecindario de Valladolid y pueblos aledaños hacia el Carmen, explicando sus votos y ofrendas; sobre todo, en los tres días que antiguamente llegó a durar la celebración de la Virgen del Carmen Extramuros (28).

c) La Cofradía.

Las cofradías son agrupaciones sociales vinculadas a aspectos religiosos; una especie de gremios religiosos que agrupan a los devotos de una particular devoción, hacia la cual viven vinculados en mayor o menor grado. Tal como señalan algunos sociólogos, es un mundo donde se produce la identificación antropológica con el ser superior, en el marco de una agrupación de personas e intereses.

En las celebraciones religiosas, como las romerías, las cofradías son el elemento organizativo.

En el primer capítulo de este trabajo establecíamos los orígenes de la Cofradía del Carmen Extramuros, que lleva por nombre oficial «Antigua devoción de Nuestra Señora del Carmen». A mediados del siglo pasado, gracias al fervor de unos hortelanos que vivían en los contornos de la iglesia, una vez se hubieron marchado los Carmelitas (29).

Con el oportuno permiso y la ayuda, en ocasiones, del Ayuntamiento de la ciudad, la Cofradía fue creciendo en miembros y devotos, contando en la actualidad con unos 700-900 cofrades, regidos por un reglamento que fue sancionado por el obispo de Valladolid, Excmo. D. José García Goldáraz (30).

Estos estatutos rigen la vida de la Cofradía. Entre sus puntos principales cabría mencionar el control de entrada de nuevos miembros, la economía y las cuentas financieras del templo y la Cofradía, el buen mantenimiento de la iglesia, la iniciativa en actos religiosos, el desarrollo de las procesiones y de la romería, misas, rosarios...

Un ejemplo histórico de las actividades realizadas por la Cofradía lo encontramos en 1872, cuando se festejaron unas obras religiosas en honor de la Santísima Trinidad, que se celebraban poco después de la festividad del Carmen, y que fueron dirigidas por los hermanos cofrades del Carmen Extramuros (31).

Existen también listas de cuotas, multas, quehaceres anuales, etc., que deben ser cumplimentadas por los cofrades.

La confraternización de los miembros de la Cofradía es grande, aunque en ella, como ocurre en otras cofradías, sus integrantes procedan de las diferentes escalas sociales. En muchas ocasiones es sólo la devoción el único punto en común de estas gentes. En cierto modo se produce una tendencia a la homogeneización, aunque persistan diferencias y estratificaciones sociales dentro de estas agrupaciones (32).

Otro aspecto a señalar, relacionado con el anterior, es la escala organizativa que posee la Cofradía y que, a su manera, estratifica a los devotos. Existe una Junta Diretiva, con los cargos de presidente, vicepresidente, tesorero, mayordomo de cera, contador y vocales. La mujer también participa en las actividades de la Cofradía, aunque sus actividades son de menor importancia en comparación con el papel desempeñado por los hombres. Realizan aún las tareas denominadas de siempre «femeninas», ocupándose de las imágenes, flores, vestuarios, etc., denotándose cómo en estas agrupaciones religiosas persisten aún, en pleno siglo XX, rasgos de desigualdad.

Carmelo Lisón Tolosana afirma que la estructura organizativa de las cofradías religiosas se asemeja a grupos con actividades corporativas (33). Es éste un aspecto de la religiosidad popular imbricada con las antiguas costumbres organizativas del pueblo, de manera gremial o agrupacional, para conseguir sus fines. A pesar de ello, el mundo de las cofradías ha ido decayendo cada vez más; sobre todo, en Valladolid (34), donde sólo persisten con fuerza las cofradías penitenciales relacionadas con la Semana Santa, tal como señala Carlos Blanco (35). En las cofradías religiosas no se ha producido una renovación generacional, debido fundamentalmente al profundo cambio que la mentalidad de los jóvenes ha experimentado a lo largo del siglo XX.

3. La romería del Carmen: elemento festivo.

El elemento lúdico-festivo es el segundo punto a analizar en toda manifestación romera, llegándose a configurar como aspecto clave y fundamental, gracias al cual podremos acercarnos a la mentalidad de estas gentes.

El otro gran polo de atracción del acontecimiento suele situarse en la fiesta. Aunque confrontados, y a veces enfrentados, los dos elementos de la romería se relacionan de manera continuada, a la vez en dicotomía y conjunción.

«Las fiestas marcan el ciclo vital de las comunidades», siguen los ciclos anuales; sobre todo, en relación con los trabajos y labores agrícolas. Es en este calendario festivo tradicional en el que se incluyen las romerías (36). El mayor número de fiestas se celebra en los meses de mayo y junio, fechas en las que el trabajo del campo es menor (sobre todo, en el cereal de las tierras castellanas).

Otro aspecto que determina en gran medida la fecha de buena parte de las festividades es la dedicación del mes de mayo a las advocaciones marianas, relacionadas, sin duda, con el florecimiento de la tierra y de sus frutos en estas fechas (37).

La romería del Carmen Extramuros se sitúa en el calendario siguiendo las dos premisas anteriores, ya que si, por un lado, la romería surgió vinculada a los hombres del campo (recordemos que fueron unos hortelanos los que reanudaron el culto a la Virgen del Carmen y su romería), también aparece, por otro, vinculada a la advocación mariana y al mes de las flores.

El mundo religioso y el festivo se cohesionan en la romería. Las personas comparten tanto los actos religiosos como las fiestas y algarabías, pero siempre se cuenta un mayor número de personas que «vive» la fiesta más que los acontecimientos religiosos. El autor gallego Mariño Ferro llega a decir que «tras la romería se vuelve al mundo profano mediante una fiesta compensatoria de las penas que conlleva la peregrinación...» (38). Este argumento es bastante matizable, ya que ni todo el mundo que acude a la romería vive el mundo sacro, ni la fiesta está, hasta ese punto, imbricada con el elemento religioso.

La fiesta se desarrolla al unísono con los actos religiosos (misa, procesión...), pero es en el momento en que acaba la procesión cuando se llega a los niveles más álgidos: el «tapeo», los bailes, las atracciones feriales...

Intentaremos analizar la fiesta en la romería en dos momentos diferentes, como son, por un lado, los años de finales del siglo pasado e inicios del siglo XX, y, por otro lado, los tiempos actuales, con lo que podremos apreciar el contraste y los cambios acaecidos.

a) Retrospectiva histórica de la romería festiva

Aunque la romería ha sufrido pocas transformaciones a lo largo de su historia, siempre ha sido reflejo de los cambios deparados por la propia evolución del tiempo y del desarrollo de las mentalidades.

N o tenemos noticias históricas que se refieran a la festividad de la romería del Carmen antes del siglo XIX. Es a partir de entonces cuando empezamos a tener referencias escritas en la prensa local.

En 1860 se hace referencia al gran número de personas que acudió a la romería y los innumerables puestos de venta que se instalaron en la explanada enfrente de la iglesia (39).

Tanto en la década de los años sesenta como en la de los setenta, del siglo XIX, dos de los mayores problemas que se atisban en la prensa local son los relativos al traslado de las gentes a la explanada y al control del «tráfico», ante la gran avalancha de personas. Por ello, en 1862, « ...la autoridad prohibía los trenes especiales que la Compañía de Ferrocarriles había fletado para la romería...» (40). En años posteriores, el alcalde de la ciudad dictaba algún bando para reglamentar los carruajes que llegaban a la romería (41), se hablaba de la llegada de numerosos omnibuses y coches particulares repletos de personas (42), o se hacía referencia a los fletes de barcos en el río Pisuerga por el bañero del río, de nombre Santos, para llevar a las gentes a las proximidades del santuario del Carmen (43).

Otro aspecto interesante en estos años es el gastronómico. Después de los actos religiosos se procedía, y aún se procede, a grandes comidas. Un buen número de productos y alimentos se nombran en estas crónicas del día festivo, desde chorizos y jamones caseros hasta corderos, todos bien acompañados de buen vino, que en algunas ocasiones se bebía excesivamente, como en 1866, cuando hubo algunos heridos después de haber abusado de la bebida (44).

En este apartado merecen especial atención las famosas rosquillas de Fuenlabrada, que se vendían en la romería y eran muy apreciadas por los vallisoletanos de la época (45).

Una nota anecdótica fue la ocurrida en 1876, año en el que la Fonda Passini, una de las más importantes de la ciudad en esos años, se anunciaba para la romería del Carmen Extramuros de la siguiente manera: «Establecida en el sitio de la romería. ¡Gran Restaurant!, provisto de toda clase de manjares y bebidas nacionales y extranjeras. Servicio por lista, económico y esmerado. Se reciben encargos con anticipación para los que deseen tener grandes comidas con motivo de la romería» (46).

Observamos a través de los datos expuestos cómo la romería y su elemento festivo atraía a gran número de vallisoletanos, gentes de todo tipo y condición, gentes acomodadas, obreros y campesinos. No faltaban los inevitables rateros ni las riñas y pendencias (47);

Según una noticia de «El Norte de Castilla», en 1869 se consideraba a la romería del Carmen Extramuros como la fiesta más popular de Valladolid.

Dando un salto en el tiempo, hacia finales del siglo XIX, podremos situarnos en el momento en que escribe un importante cronista de Valladolid, don Casimiro González García-Valladolid.

Este autor refleja como se vivía la romería en los años cercanos a 1900. Refiere la profunda raigambre que poseía entre los vallisoletanos; sobre todo, en el aspecto religioso, hablándonos del gran número de devotos de la Virgen del Carmelo. También escribe unos párrafos relativos a la fiesta, describiendo el gran bullicio que se producía en la explanada, los bailes y las actuaciones feriales.

Es el primero que expresa con claridad la dicotomía existente entre la romería con su alegría y vida, y el cementerio aledaño, con su silencio y solemnidad. Es ésta una situación que impresiona a las personas que acuden por vez primera a la romería, y que tiene su explicación, como antes anotábamos, en la desamortización de los años 30 del siglo XIX, que dejó sin estas tierras a los Carmelitas, pasando a propiedad municipal para servir de cementerio (48).

Para terminar con este apartado dedicado a la visión retrospectiva de la romería, nos situaremos ahora en los años veinte del presente siglo, años a los que se refiere otro cronista vallisoletano, Angel Allúe Horna (49).

El autor narra sus recuerdos de 1926, describiendo el bullicio de las gentes que acudían a la romería desde los pueblos cercanos (Santovenia, Cabezón de Pisuerga o Renedo), así como el gran número de personas llegadas desde la capital; eso sí, «todos cargados con su merienda». Habla de los puestos de rosquillas y avellanas enharinadas que se encontraban en la pradera, de las comidas de los asistentes, como aquella a base de «lechuga con escabeche, aderezada con clarete».

Una nota peculiar en ese año fue la aparición en los cielos vallisoletanos de un avión, pilotado por Gómez del Barco, natural de la ciudad y ferviente admirador de la Virgen del Carmen, que había sido condecorado recientemente por sus acciones en Africa. Realizó una serie de cabriolas en el aire, arrojando a continuación flores sobre la procesión del Carmen.

También Allúe Horna recuerda los numerosos bailes y las charangas que allí acudieron y sonaron, acompañadas en todo momento de las gentes, dando la nota de color a la conmemoración.

La romería llegó a convertirse en una gran fiesta en estos y en anteriores años, constituyéndose en importante evento social para los vallisoletanos, que acudían masivamente a la explanada del Carmen.

b) Visión actual de la romería.

Aunque la fiesta ha continuado con el transcurso de los años, ha sido en las últimas décadas cuando ha sufrido cambios no tanto superficiales, sino más bien sociológicos, derivados, en buena medida, del cambio producido en la mentalidad de los vallisoletanos. No es éste un aspecto extraño en sociedades industrializadas y desarrolladas como la nuestra, en las que avanza sobremanera el elemento desacralizador. Esto se denota claramente en todas las manifestaciones religiosas y, por la tanto, en las romerías.

Pero frente a este declive religioso observamos un mayor auge de la fiesta, cada vez más amplia y diversificada, volviendo a ser la romería del Carmen aquel lugar de atracción que fuera en el siglo pasado.

Carlos Blanco (50), en su reciente libro, menciona la revitalización de la fiesta, afirmando que desde hacía cincuenta años no se había vivido como en la actualidad, con un gran gentío que se agolpa en la explanada del Carmen. La romería, tras la larga procesión, continúa durante toda la tarde, con las meriendas a base de chorizos y sardinas, aderezadas por una buena bota de vino clarete fresco (de la zona), que va pasando de mano en mano. Según este autor, «parece que, por un día, Valladolid recupera el rostro humano y entrañablemente provinciano que había perdido», lo que ratifica la referencia anterior al cambio de mentalidades.

El gran número de chiringuitos, bodeguillas y puestos de venta de baratijas se sitúa, fundamentalmente, en la avenida de los sauces. En sus aledaños se sitúan otros puestos, churrerías e, incluso, alguna que otra atracción ferial, como los típicos caballitos o carruseles, que harán las delicias de todos.

Uno de los principales problemas que tiene en la actualidad la romería es que no coincide con día festivo en el calendario, por lo que la gente tiene que acudir previamente a sus respectivos puestos de trabajo. Ello no es óbice para que, a partir de las 12 ó las 12,30 del mediodía, la gente se vaya agolpando en la explanada, unos por devoción a la Virgen del Carmen, otros para disfrutar de las atracciones y chiringuitos que allí se encuentran.

Acabada la procesión, la gente que en ella ha participado se une al resto de las personas para disfrutar alegre y bulliciosamente de la fiesta. Entonces, el olor a chorizo frito, jamón y sardinas recién hechas inunda los aires.

La gente se dispersa por la explanada para comer, extendiendo gran número de utensilios (sillas y mesas plegables). El aderezo final vendrá de la mano por las típicas partidas de cartas, tan características de los castellanos, y por los cantes y bailes que van surgiendo de todos los rincones. Junto a ello, surgen las gratas conversaciones entre familiares y amigos.

La fiesta durará hasta altas horas de la tarde, momento en el que empiezan a agolparse los vehículos en dirección a los pueblos cercanos y a la ciudad.

Analizando este apartado podemos vislumbrar el claro contraste existente entre la urbe de Valladolid, inmersa cada vez más en un proceso de desarrollo y una actitud, muy generalizada, claramente desacralizadora, y la romería, elemento arraigado en la mentalidad más tradicional de las gentes, impregnada por una clara religiosidad popular, aunque utiliza como foco de atracción la fiesta y la verbena. Vemos, por tanto, que el elemento festivo no es simplemente un aspecto secundario, sino un elemento esencial en la romería, gracias al cual no pierde toda su fuerza de atracción, basada en otras épocas, exclusivamente en el aspecto religioso.

Como ocurre en toda celebración, el elemento humano es el que «ejecuta o elabora», de una u otra manera, los acontecimientos, por encima de otros argumentos o razonamientos (religiosos, morales, éticos,...). Esta «fuerza social» es la necesaria para lograr revitalizar, día a día, la romería.


Valoración final.

La romería es, ante todo, una fiesta social, en la que la gente es la que tiene el peso primordial de la celebración. Gentes normales, en las que no influyen las jerarquizaciones sociales a la hora de realizar sus deseos sacros. Podríamos calificar a estos grupos de personas como «grupos de filiación», tal como lo expresa el autor anglosajón Robin Fox (51). Aunque este autor centra su estudio en grupos de parentesco, también se puede extrapolar esta caracterización a los romeros, vinculados entre sí por una filiación común, como ocurre en el presente caso con la advocación al Carmen, institucionalizando esta agrupación en un conjunto de carácter corporativo, la cofradía, con el que se intentará la perpetuidad tanto del grupo, como de su razón de identidad.

En sus orígenes, la cofradía del Carmen parece reivindicar la, posiblemente, antigua romería, que ya celebraban los frailes Carmelitas cuando éstos aún residían en el convento. Es, por lo tanto, un intento por hundir las raíces en el pasado, para, con ello, acoger una mayor raigambre a la devoción. Si a esto unimos la impregnada religiosidad popular de estas gentes podremos hacernos una idea bastante aproximada de sus mentalidades.

La romería es, para muchos, un intento de aproximación y probablemente, de unión entre los creyentes y la devoción, plasmando estos sentimientos en una rogativa común de acción de gracias (52) .Pero esta argumentación ha variado con los tiempos, por lo que la significación que actualmente puede tener es totalmente diferente a la que pudo tener. Más, sí podemos añadir, tal como refleja Lisón Tolosana, que la romería une el carácter festivo al carácter existencial de la religión (53).

La dicotomía entre los elementos religioso y festivo, a pesar de ser continua a lo largo de la romería, no lo es tanto si se aprecia desde un punto de vista global, ya que en la actualidad, y casi con seguridad, la romería no podría existir sin el elemento festivo, sin los feriales y los puestos, aunque siga basando su esencia fundamental en el elemento religioso.

La romería del Carmen Extramuros es una de las últimas reminiscencias del pasado de una ciudad como Valladolid, ciudad que ha cambiado profundamente su mentalidad en las últimas décadas del siglo XX. Por ello, podemos terminar reflexionando sobre la verdadera dicotomía que se observa, no tanto entre los propios aspectos de la romería, que han sobrevivido juntos a lo largo de los años, sino más bien entre la propia romería y la ciudad, con sus profundas discrepancias y diferencias. Sin embargo, acontecimientos como la romería del Carmen (una de las dos únicas que quedan en Valladolid capital), siguen vivos gracias a barriadas (caso de los barrios de San Pedro Regalado o Belén) o a los pueblos cercanos, de clara raigambre religiosa aún hoy en día.

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(1) Este trabajo no pretende tratar el tema de la romería desde una óptica, fundamentalmente, religiosa. Siguiendo esa visión tenemos el trabajo de Vidal González Sánchez, El Santuario de Nuestra Señora del Carmen Extramuros (Valladolid, 1972).

(2) MARIÑO FERRO, X.: Las romerías, peregrinaciones y sus símbolos. Vigo, 1977, pág. 99.

(3) LLSON TOLOSANA, C.: Invitación a la Antropología cultural de España. La Coruña, 1977.

(4) Los datos aportados proceden de los siguientes trabajos: González García Valladolid, C.: Valladolid; recuerdos y grandezas, 1900, reed. ed. facsimil, Valladolid, 1980, tomo I, págs. 231-236. (Este autor recoge Informaciones de antiguos cronistas de la ciudad, como es el caso de Manuel Canesi, quien escribió en el segundo cuarto del s. XVIII su "Historia de Valladolid"); González Sánchez, V.: El santuario de Nuestra Señora del Carmen..., ;págs. 9-30, y Martín González, J. J. y Urréa Fernández, J.: Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid. Catalogo Monumental de la Provincia de Valladolid. Tomo XIV. Valladolid, 1985, págs. 273-283.

(5) GONZALEZ GARCIA-VALLADOLID, C.: Valladolid; recuerdos y grandezas, pág. 231.

(6) Según información oral del prof. D. Teófanes Egido, a quién agradecemos todas sus amabilidades, esta falta de noticias se debe a una perdida de la información existente sobre el convento de Carmelitas en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid.

{7) GONZALEZ GARCIA VALLADOLID, C.: Valladolid: recuerdos y grandezas, págs. 692-695; Martín González, J. J.: Monumentos civiles de la ciudad de Valladolid. Catálogo Monumental de la provincia de Valladolid, tomo XIII. Valladolid, 1976, págs. 120-121.

(8) El actual cementerio, a pesar de contar en la actualidad con un espacio muy amplio, empieza a ser pequeño para abarcar toda la demanda de enterramientos que necesita una ciudad como Valladolid en la actualidad. Según recientes estimaciones del Ayuntamiento de la ciudad, recogidas en el periódico local, "El Norte de Castilla", solo hay espacio para difuntos hasta el año 1993, sin posibilidad de expansión hacia los terrenos colindantes. En una búsqueda de soluciones, se han comprado otros terrenos, mucho más alejados, para la construcción de una nueva ciudad de los muertos, aunque también se están valorando las posibilidades de la construcción de un crematorio.

(9) GONZALEZ SANCHEZ, V.: El Santuario de Nuestra Señora del Carmen..., pág. 79.

(10) Ibídem, págs. 79 y ss.

(11) EGID0, T.: "Ambiente religioso", en VV.AA., Valladolid. Imágenes del ayer. Valladolid, 1985, págs. 143.

(12) Ibídem, págs. 143 y 153 y ss.

(13) Podemos citar alguno de estos ejemplos: Baleztana, D.: Romerías navarras. Pamplona, 1944; De Hoyos, N.: Fiestas patronales y principios devocionales de la Mancha. R.D.T.P., 3, 1947; Blanco, C.: Las fiestas de aquí. Valladolid, 1983 (en este último trabajo se hace mención a Romerías Castellanas, como son la de Las Nieves, en Reinosa de los Monteros (Burgos), la del Henar (Cuéllar, Segovia) y la de San Frutos Pajarero (Segovia).

(14) La romería del Carmen Extramuros ha tenido tantos años de auge, en las décadas de los años sesenta y ochenta del siglo pasado, como años de claro declive, como aconteció desde la Guerra Civil hasta los años 60-70 del presente siglo.

(15) MARIÑO FERRO, X. R.: Las romerías/peregrinaciones..., pág. 174.

(16) "El Norte de Castilla", 27-V-1871.

(17) "El Norte de Castilla", 27-V-1868.

(18) Este famoso escultor tiene, también, otras obras en el interior del templo, como son las imágenes de la Inmaculada, la de Santa Teresa o un Cristo Crucificado. Martín González, J. J. y Urrea Fernández, J.: Monumentos religioso de la ciudad..., págs. 274-283, láms. CXCVI-CCVIII.

(19) La romería se celebra en el mes de Mayo, normalmente, mes en el que se festeja tanto a la Virgen romo a la Naturaleza, simbolizada en las flores, por lo que son dos elementos muy unidos entre sí, tal como señala J. Caro Baroja. (Caro Baroja, J.: La estación de amor. Fiestas populares de mayo a San Juan. Madrid, 1979).

(20) "El Norte de Castilla", 16-V-1989.

(21) ALLUE HORNA, A.: "Romería del Carmen", en Recuerdos de ayer, Valladolid, 1972, págs. 51-52 (este artículo apareció en origen como noticia en el periódico local, "El Norte de Castilla", el 14 de mayo de 1967).

(22) SANCHIS, P.: Arraial, festa de un povo. As romerias Portuguesas. Lisboa, 1983, pág. 120, recogido en Mariño Ferro, X. R.: Las romerias/peregrinaciones..., pág. 174.

(23) MARIÑO FERRO, X. R.: Las romerías/peregrinaciones..., págs. 193-195.

(24) Ibídem, pág. 195.

(25) GONZALEZ GARCIA-VALLADOLID, C.: Valladolid: recuerdos y grandezas, págs. 234-236.

{26) ALLUE HORNA, A.: Recuerdos..., pág. 52; "El Norte de Castilla", 10-VI-1862.

(27) GONZALEZ GARCIA-VALLADOLID, C.: Valladolid: recuerdos y grandezas, pág. 136.

(28) Ibídem, págs. 234-235.

(29) EGIDO, T.: "Ambiente religioso"..., pág. 155, llega a afirmar: "...curiosamente la romería (del Carmen) cobró importancia cuándo los frailes fueron expulsados, siendo su relevo como cancerberos de la Virgen los cofrades...que lograron que perdure la romería, una de las dos únicas existentes en la ciudad en la actualidad..." (la otra romería vallisoletana es la de San Isidro).

(30) GONZALEZ SANCHEZ, V.: El Santuario de Nuestra Señora del Carmen..., págs. 79-81.

(31) "E Norte de Castilla", 24-V-1872.

(32) LISON TOLOSANA, C. : Invitación a la Antropología..., págs. 135 y ss.

(33) lbídem.

(34) Recordamos como en los siglos XVIII y XIX existían en Valladolid alrededor de 140 cofradías y congregaciones, auténtico testimonio de la vivencia de la religiosidad popular (Egido, T.: La religiosidad colectiva". en VV.AA., Valladolid en el siglo XVIII. Valladolid, 1984. págs. 222-224.

(35) BLANCO, C.: Guía festiva de Valladolid, 1989, págs. 13-14.

(36) Ibídem.

(37) CARO BAROJA, J.: La estación de amor..., págs. 18, 81 y 106.

(38) MARIÑO FERRO, X. R. : Las romerías/peregrinaciones..., pág. 312.

(39) "El Norte de Castilla", 3-VI-1860.

(40) "El Norte de Castilla", 10-VI-1862.

(41) "El Norte de Castilla", 27-V-1871.

(42) "El Norte de Castilla", 20-V-1872.

(43) "El Norte de Castilla", 27-V-1868.

(44) "El Norte de Castilla", 23-V-1866.

(45) "El Norte de Castilla", 1-V-1873 y 12-V-1875.

(46) "El Norte de Castilla", 2-VI.1876.

(47) "El Norte de Castilla", 20-V-1866.

(48) GONZALEZ GARCIA-VALLADOLID, C.: Valladolid: recuerdos y grandezas, págs. 231-236.

(49) ALLUE HORNA, A.: Recuerdos..., págs. 51-52.

(50) BLANCO, C.: Guía festiva..., pág. 70.

(52) FOX, Robín: Sistemas de parentesco y matrimonio. Madrid, 1972 (ed. original. Londres, 1967), págs. 33-49 y 150 y ss.

(52) Esta es la opinión de diversos autores (González García-Valladolid : Valladolid: recuerdos y grandezas..., páginas 231-236; González Sánchez, V.: El Santuario de Nuestra Señora del Carmen...; Mariño Ferro, X. R.: Las romerías/peregrinaciones...).

(53) ,LISON TOLOSANA, C.: Invitación a la Antropología..., págs. 135.