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APODOS DE LA CIUDAD DE DUEÑAS (PALENCIA)

ABAD HERNAN, Pablo Pedro y HELGUERA CASTRO, Mª Angeles

Publicado en el año 1990 en la Revista de Folklore número 117.

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"Mi nombre es Julio Vacas, aunque me llaman Portillo. En este pueblo cada hijo de vecino tiene su apodo.» Esta frase de Camilo José Cela en Viaje a la Alcarria (1) la podemos aplicar a cualquiera de nuestros pueblos y, por supuesto, al lugar que constituye el campo de nuestro estudio: Dueñas.

¿QUE ES UN APODO?

El diccionario de Julio Casares lo define como «nombre que suele darse a una persona, tomado de sus defectos personales o de alguna otra circunstancia». Este mismo autor considera como palabras sinónimas de apodo: apodamiento, alias, mal nombre, mote, sobrehúsa, nombre postizo, seudónimo.

El diccionario Espasa señala que procede de la palabra latina appositum, «aditamento», «epíteto», que, a su vez, proviene de apponere, «aplicar», «añadir». Procedencia que pone de relieve ese carácter de algo añadido, de algo superpuesto, no principal.

Corominas, sin embargo, defiende que apodo es un derivado de apodar, también procedente de una palabra latina tardía, pero en ese caso es apputare, derivado de putare, poder , poner en limpio, calcular, evaluar». La palabra apodar antiguamente se utilizaba con el sentido de calcular, estimar, tasar, imaginar, comparar, y actualmente ha pasado a significar «poner o decir apodos».

La definición más pragmática la encontramos en el diccionario de María Moliner: «Mote. Sobrenombre aplicado a veces a una persona, entre gente ordinaria y, muy frecuentemente, en los pueblos, donde se transmite de padres a hijos.»

El estudio de los apodos corresponde a la Gnomatología, o tratado del origen de los nombres propios personales y de lugar e historia de sus variaciones; es una de las partes más interesantes en la investigación histórico-lingüística de un país. Se llama también Onomástica, o arte de la explicación de los nombres.

Creemos que puede ser interesante sugerir que la metodología de una ciencia más reciente como es la Sociolingüística podría explicar algunos aspectos en la investigación de los apodos, puesto que se pueden establecer relaciones lingüísticas y sociales en los apodos.

Dentro de la Onomástica pueden diferenciarse, por una parte, la Antroponimia y, por otra, la Toponimia.

La Etimología y la Historia pueden aportar luz

2 ORIGEN

El apodo es tan antiguo como la Humanidad. Los mismos nombres son en el fondo apodos o epítetos de alguna cualidad o connotación extrínseca o intrínseca de la persona. Ya en la Odisea (VIII, 552), el rey de los feacios, Alcinoo, se dirige a Ulises de esta manera:

Dime el nombre con que allá te llaman tu padre y tu madre, los habitantes de la ciudad y los vecinos de los alrededores» (2).

Ya en las tribus primitivas los nombres no eran otra cosa que los apodos que se daban como signo de conocimiento distintivo, de acuerdo con las condiciones individuales.

En Roma, el agnomen, o apodo, aventajaba muchas veces en popularidad a los tres nombres oficiales: al praenomen o nombre propio, que se escribía en abreviatura; al nomen, denominación gentilicia, y al cognomen, apellido de la familia. Se añadía el apodo, como nombre de la primera gente, cuando uno pasaba a otra por adopción.

Un ejemplo de sustitución de nombres por apodos lo tenemos en Platón (ancho), llamado así por la anchura de sus hombros. El apodo prevaleció sobre su verdadero nombre: Aristocles.

Los griegos se interesaron por el estudio de los nombres personales. En los poemas de Homero, La Iliada y La Odisea se emplearon algunos nombres de significación relacionada con la manera de ser de los personales:

Aquiles = sin labio.

Héctor = mantenedor.

Telémaco = el que lucha lejos.

Polifemo = de quien se habla mucho.

Todo nombre de pila es, en realidad, un apodo, ya sea de procedencia

Griega:

Alejandro = vencedor
Andrés = varonil.
Aristóteles = que persigue buen fin
Cleopatra = gloria de su padre.
Pablo = pequeño.
María = estrella del mar.

Latina:

Isidoro = don de igualdad
Angel = mensajero.
Pedro = piedra.

Germánica :

Carlomagno = hombre fuerte.
Leovigildo = héroe vigilante.
Alfonso = noble guerrero.
Blanca = brillante, distinguida
Adela = de linaje noble.

Arabe:

Abderramán = siervo de Dios.
Almanzor = el victorioso.
Mahoma = el ensalzado.

Vasca:

Javier = casa nueva.

Hebrea:

Adán = formado de tierra.
Samuel = su nombre es Dios.
David = amado de Dios.
Ana = gracia de Dios.
Isabel = la que jura por Dios.
Zaqueo = puro.
Jesús = salvador. También tomó los nombres de Cristo = ungido, hijo de Dios. Mesías = enviado.
Abrahán = padre de la multitud.

Pero también, desde la antigüedad, al nombre con que se conocía a cada persona se le podía añadir un apodo:

Fernando III el Santo.
Alfonso el Sabio.
Margarita de Borgoña.
Julio César (porque nació de una operación de cesárea).

El apodo ha sido utilizado en todas las épocas y naciones, no sólo en las clases más bajas de la sociedad, sino en todos los niveles sociales.

También en la literatura los autores denominaban con apodos a los personajes cuyos defectos o cualidades querían poner en relieve:

El Pío Eneas, de Virgilio.
Doña Trotaconventos, del Arcipreste de Hita.
La Celestina, de Fernando de Rojas.
El Buscón, de Francisco de Quevedo.

Los apodos se han utilizado frecuentemente en algunas capas sociales determinadas.

El Lute.
La Faraona.
El Litri.
Chamaco.

Como desde el principio de la historia no hubo nombre que no fuese un aditamento significativo de la cualidad de la persona, en algunos casos es difícil deslindar claramente el apodo propiamente dicho del nombre tomado en su acepción rigurosamente etimológica.

La misma base de los apellidos se halla en los sobrenombres o apodos. Lo más difícil es determinar en virtud de qué circunstancia social el apodo o apelativo de una persona llega a ser propiedad de sus descendientes, de tal modo que se asegure la continuidad familiar .

La palabra apellidar, «convocar», entraña en su origen el nombre por el que se distingue la familia y se perpetúa el linaje.

Hasta el siglo XIII no comenzaron a fijarse y transmitirse en España, como apellidos, los nombres propios y patronímicos. En la Edad Media los reyes apellidaban y llamaban a los ricos hombres y caballeros para que acudiesen a la guerra. Al ser conocido cada uno por su sobrenombre distinto, a éste se le denominó apellido, por haber sido llamado o convocado.

En algunos Estados de Europa, las poblaciones rurales se sirven preferentemente de un nombre y de cualquier apodo para designar a la persona.

Una de las causas en la formación de apellidos fueron las alcurnias; es decir, los apodos relacionados con alguna circunstancia de la vida de un individuo: Hermoso, Blanco, Gallardo, Delgado, Cuadrado.

2.1. CAUSAS DE LA APARICION DEL APODO

Podemos destacar la necesidad de distinguir, diferenciar o determinar. Según Shiller:

«Un nombre es solamente una necesidad de diferenciación» (3). A pesar de ello, los nombres, a veces, no son suficientes para referirse a una persona, porque no individualizan. Pensemos en nombres como Juan, Pedro, María, que en un pueblo pueden llevarlo varias personas. Con el apellido puede ocurrir algo semejante. García, González, o apellidos que se repiten, por ejemplo, en Dueñas: Caballero, Villullas.

Gonzalo Ortega Aragón refuerza esta idea en un comentario sobre el mote o apodo:

«En las poblaciones pequeñas..., cuando los jóvenes llegaban a casaderos, entre el grupo de posibles consortes había un ochenta por ciento de caer en parentesco. Así que había un continuo cruce de apellidos y el sobrenombre de familia se repetía como el paisaje del arrabal. Al final, la ruleta casamentera dejaba en evidencia que con tres o cuatro apellidos se arreglaba todo el pueblo... Dime cómo te apellidas y te diré de dónde eres... Con este sello post-nombre tan repetido no había manera de distinguir a golpe de apellido, que hubiese sido como llamar a todos igual. Así que se echó mano de los motes y los nombres raros; a ser posible, exclusivos en cien kilómetros a la redonda» (4).

3. CARACTERISTICA DEL APODO.

3.1. En primer lugar, el carácter popular, rural o socialmente bajo, al que ya nos hemos referido anteriormente: «En el campo es rara la persona adulta que no tenga apodo», señala Wemer Beinhauer (5).

En Dueñas hemos recogido 183 apodos, y somos conscientes de que nuestra tarea aún no ha finalizado: Dientecillos, Comemierda, Tortillas, Carrocombate, Pobrecito Pajarillas, Almanegra, Comecigarros, Chambo, Tirrinos, Ratasabias, Cagajos, Botija, Cagatablas, Tiñoso, Rojillo...


3.2. Frecuentemente es un patrimonio heredado de padres a hijos y llevado «con orgullo y honor», según Delfín del Val (6). Con la frecuencia del uso, el apodo pierde el carácter ingenioso y festivo que poseía al principio; pierde, en definitiva, parte de su afectividad:

Significado, a veces, oculto

El apodo se caracteriza, sobre todo, porque su sentido «sólo puede ser entendido por los iniciados, conocedores o sabedores de la situación a que el sobrenombre debe su origen...si, por un lado, tienen la ventaja de no ser entendidos por los no iniciados, por el otro, dan una nota de familiaridad entre aquellos que conocen su génesis, sabiendo apreciar el acierto con que se pusieron. Al usar el apodo en su presencia el hablante les da a entender que los considera como pertenecientes al estrecho círculo de los íntimos» (7).

3.4 Afectividad: humor o vituperio.

Generalmente, el apodo es una manifestación del buen humor y un ingenio que no suele darse en la capital:

Cagazapatos, Cochinonegro, La Sinnarices, Catamelones, Zapatones, Los Pichitas, El Huesines, Pocopelo, Los Guindilla, Mocarros, Onceluces, Ratasabias, Cagajos.

Los apodos tienen, en gran número, origen burlesco, de vituperio o despectivo. «Los estados que van del odio al desprecio inspiran uno de los sectores lingüísticos más ricos en los idiomas. En el insulto todos los recursos expresivos parecen pálidos, y se buscan las más desmedidas comparaciones y acumulaciones afectivas. En el desprecio irónico se buscan para motejar relaciones hirientes con los seres que simbolizan la maldad o la torpeza. El vituperio ocasional despectivo traslada al mundo humano el mundo animal, vegetal y mineral, considerado como torpe» (8):

Ratón, Pajarillas, Zorro, Raposo, Los Cojos, Los Tiñosos, Los Mentirosos, Curioso, El Peque, Los Morrudos, El Feo.

3.5. Economía y comodidad.

Esta es otra de las características no sólo del apodo, sino como tendencia general en el lenguaje y que radica en la «ley del mínimo esfuerzo» reflejada en muchos procesos lingüísticos, más aún en la lengua popular y coloquial, que es menos cuidada y respetuosa a todas las estructuras:

La Piezucos.

4. APODOS DE DUERAS.

El interés que nos ha llevado a recoger los apodos de Dueñas ha estado determinado no sólo por las aficiones a todo lo que esté relacionado con la lengua, sino porque es una forma de comprender a una población; en este caso, la ciudad de Dueñas.

De acuerdo con el significado, he intentado clasificarlos en los siguientes grupos:

4.1. Cualidades, aspectos físicos o notas salientes de una persona:

El Babosa.
Batatos.
Bolilla.
Botija.
Cochinonegro.
Los Cojos.
Currillo.
Chaparros.
El Chato.
El Chino.
Churrete.
Dientecillos.
El Feo.
Guindilla.
El Huesines.
Lechuginos.
Los Morrudos.
Oreja.
El Panza.
Los Patas.
La Pelada.
El Pequeño.
La Piezucos.
Los Pichitas.
Pocopelo.
Rojillo.
Sinboina.
La Sinnarices.
Sonrisas.
Tachuelas.
Taruguillo.
Zapatones.

4.2. Cualidades interiores, defectos morales:

El Ahumao.
Almanegra.
El Barrunta.
Barulla.
Beninote.
Bulín/ Los Bolines.
Cagazapatos.
Carilla.
Centimín.
Comecigarros.
Comemierda.
Comerratas.
Los Coritos.
Curioso.
Duende.
Formalito.
Chafandines.
El Chuli.
Chupajetas.
Hombre de Hierro.
El Tío Hora.
Las Mamás.
Mangana.
La Marrana.
Los Mentirosos.
Mindi.
Mocarros.
Mochuelo.
El Mona.
Onceluces.
Pardal.
Pijadillas.
Pipiolos.
Plantillas.
Pobrecito.
Pocarropa.
Ranilla.
Raposo.
Rasca.
Ratasabias.
Rumba.
Tiñosos.
Tirrino.
Tute.
Zorro.

4.2.1. Actividades vitales.

El Tío Catorce.
Cascorón.
Charla.
El Chupa Chus.
Geranios.
Manguitos.
Pesetos.
Puchera.
Racimillo Goloso.

4.3. Habilidades, proezas o heroicidades:

Barajas.
Cagatablas.
Carrocombate.
Catamelones.
Las Cazuelas.
Comebuches.
Chisquel.
Chupeta.
El Chuta.
Los Dominó.
Garrote.
Guitarra.
Tortillas.
Tumbacasas.

4.4. Procedencia.

El Tío Francés.
Granadino.
Los Húngaros.
Iscanos.
Moritos.
Los Moros.
Moruga.
La Rusa / Los Rusos.

4.5. Nombres propios, apellidos:

Los Bellota.
Cenón.
Crispines.
Los Liborios.
Los Medinillas.
Melitón.
Los Milanos.
Pinillos.
El Tío Pinto.
Los Tadeo.
Los Vargas.
Los Velas.

4.6. Referentes a actividades profesionales.

El Adobero.
Los Bandurria.
La Berrona.
Los Calca Viñas.
Los Cebollas.
Cebollero.
La Cestera.
Cordelero.
Los Corruco.
Cubero.
Chicharrilla.
El Chinda.
El Eléctrico.
El Gaita.
Los Heceros.
Los Hierros.
Los de la Huerta el Bote.
El Huevero.
Lanzallamas.
Los Limpiezas.
Los Naranjeros.
La Panecillera.
Los Piñoneros.
Piqueta.
Puerros.
El Ranchero.
Los Serradores.
Los Tejeros.
Los de Teléfonos.
Trompeta.
Vacalechera.
El Vinagrero.

4.7. Onomatopéyicos:

Chistas.
Ñiñi.

4.8. Referentes a la fauna animal:

Ballenas.
Camello.
Chorla.
El Gato.
Mochuelo.
El Mona.
Pajarillas.
El Pardal.
Periquines.
Pez.
Ranilla.
Raposo.
Ratasabias.
Ratita.
Ratón.
Zorro.

4.9. De difícil clasificación:

El Tío Abriguillo.
Basares.
Braguitas.
Casca.
Colín.
Changarritos.
Charli.
Chiquilanes.
Los Galos.
Gorruño.
El Gasara.
Marigüelo.
Mediodías.
Ombliguito.
Patatuna.
Perneta.
Pitín.
Tanis.
Tatín.
Tropa.

No abordamos la clasificación formal, que desde el punto de vista gramatical sería muy interesante para observar las tendencias en la formación de apodos: sufinos diminutivos: Dientecillos, Pobrecito; compuestos: Comemierda, Carrocombate, Almanegra, Comecigarros, Ratasabias, etc.

CONCLUSIONES

En los apodos estudiados en Dueñas hemos observado efectivamente que se reflejan las principales características del apodo: carácter rural, heredado, a veces oculto, humor o vituperio y economía.

En relación con la clasificación que presentamos, predominan los de cualidades internas, en primer lugar, seguidos de los referentes a cualidades físicas y profesionales.

Un posterior estudio de la historia de cada uno de ellos puede conducir a una reestructuración de la clasificación, así como a una mayor matización.

____________
(1) Viaje a la Alcarria, Camilo José cela. Ed. Espasa Calpe. Col. Austral, 20ª ed. Madrid, 1989, pág. 55.

(2) Ciencia del lenguaje y arte del estilo, Martín Alonso, pág. 271.

(3) Idem, pág. 272.

(4) “Diario Palentino”, 5-12-1988, pág. 3.

(5) El español coloquial, Weinhauer, pág. 284.

(6) Revista Folklore, nº. 3, págs. 3-13.

(7) W. Beinhauer, op. cit., pág. 29.

(8) Lecciones de Lingüística General, V. García de Diego, págs. 37 y 38.

BIBLIOGRAFÍA

ALONSO, Martín: Ciencia del lenguaje y arte del estilo. Ed. Aguiar. Madrid, 1960.

BEINHAUER, Werner: El español coloquial. Ed. Gredos, 2ª. Ed. Madrid, 1973.

CASARES, Julio: Diccionario ideológico de la Lengua Española. Ed. Gustavo Gili. Barcelona, 1975.

COROMINAS, Joan y PASCUAL, José A. Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico. Ed. Gredos. Madrid, 1984.
Diccionario de la Lengua Española. Real Academia Epañola. Ed. Espasa Calpe. Madrid, 1970 (19.ª) y 1984 (20.ª).

GARCIA DE DIEGO, Vicente: Lecciones de Lingüistica Española. Ed. Gredos.. 3ª. ed. Madrid, 1973.

Gran Enciclopedia Larousse. Ed. Planera. Barcelona, 1971.

ORTEGA ARAGON, Gonzalo: "Del apellido al mote en
El Diario Palentino", 5-12-1988.

VAL, José Delfín: "Apodos, motes y cognomentos", en Revista Folklore, nº. 3. Edita Caja Popular de Ahorros de Valladolid, 1981.