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LAS CARRERAS DE GALLOS EN LA RIOJA

QUIJERA PEREZ, José Antonio

Publicado en el año 1990 en la Revista de Folklore número 120.

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Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

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INTRODUCCION

Durante los años que hemos dedicado a la recogida de datos y al estudio del folklore coreográfico riojano, hemos podido reunir también un volumen importante de información acerca de otros rituales, no tan en relación directa con el mundo de la danza tradicional. Parte de esa información, la concerniente a diversos ritos en torno al gallo, es la que va a alimentar las siguientes líneas.

Son o, mejor dicho, han sido tres las localidades riojanas en las que durante este siglo se ha realizado «la carrera de gallos», siguiendo los esquemas habituales de este tipo de sacrificios de animales tanto dentro como fuera de la Península Ibérica, y que en líneas generales son sobradamente conocidos por todos los folkloristas. Estas localidades riojanas son Nalda, Santurdejo de Rioja y Canales de la Sierra.

Además, deben ser citadas otras tres poblaciones en las que también se han sacrificado estas aves durante el período festivo y de un modo igualmente carismático y ritual, aunque a su vez un tanto diferente de los tres anteriores, como pronto veremos al describir cada fiesta concreta. Nos referimos ahora a Viniegra de Abajo, Laguna de CaMeros y Hervías.

En el momento actual, sólo Nalda conserva este rito, y no sin más de un problema fundado en la incomprensión que sufre, en general, la cultura tradicional. Es muy poco lo hasta ahora escrito sobre «las carreras de gallos» en La Rioja, y siempre es Nalda el punto de referencia al que se dirigen plumas más o menos hábiles, tanto a favor como en contra de la fiesta que nos ocupa. Nuestra intención es simplemente la de describir estos rituales de las poblaciones riojanas citadas, aportando las estructuras generales y aquellos detalles de interés especial, con la finalidad de ir completando la exigua información que se posee sobre la cultura tradicional riojana, sobre todo en sus aspectos más espirituales.

DESCRIPCION DE CADA FIESTA

Nalda

Entre los días 15 y 18 de agosto se celebran en Nalda las fiestas en honor de la Virgen de Villavieja y San Roque. Es precisamente el último día festivo cuando tiene lugar LA CARRERA DE GALLOS.

Los participantes, en número indeterminado, pero que estos últimos años ha oscilado alrededor de ocho hombres, montan sobre caballos o yeguas de bonita estampa. La calle en cuesta que da acceso a la población es el escenario para este rito. Allí se colocan dos mástiles de unos 4 metros de altura y separados alrededor de 6 metros de distancia de uno al otro. En la punta de ambos mástiles es sujetada la soga sobre la que irán enganchadas las aves, y que puede ser tensada desde la base de uno de ellos.

La fiesta comienza al atardecer, con el anuncio de los cohetes lanzados al aire y la banda de música que anima a acudir al lugar .La gente se arremolina alrededor, dejando un amplio pasillo para que puedan circular por él los jinetes. Se sujetan varios gallos por las patas a la soga mediante unas pequeñas lices y así cuelgan en el aire cabeza abajo ocho aves dispuestas al sacrificio.

Con la correspondiente pasada de rigor por debajo de los animales, los jinetes comprueban que la altura es la apropiada. A partir de aquí, comienza el sacrificio propiamente dicho. Cada participante se lanza al galope sobre su montura y al pasar intenta atrapar un gallo por el cuello con la intención de rompérselo y llevarse la cabeza del animal. Pero abundan los intentos fallidos según la habilidad de los participantes. Cuando uno de ellos consigue arrancar la cabeza de una de las aves, la sujeta con la mano en alto a modo de trofeo, mostrándola al público mientras es vitoreado. Luego, la arroja al aire y cae entre la gente, manchando de sangre a más de uno. Una vez que cada jinete ha efectuado una pasada, regresa por detrás hasta el punto de partida para repetir la acción. Así una y otra vez, hasta haber decapitado los gallos de la primera tanda.

Retiradas las aves muertas, se repite el rito con otros tantos gallos. Una tercera tanda, con un número inferior de aves, sirve de desempate para los jinetes que más animales han degollado y en igual número. Se considera ganadora la persona que al final de todas las tandas ha logrado arrancar más cabezas.

En el pasado, el premio consistía solamente en que cada participante pasaba a ser propietario de todos los animales que había podido matar, conformando el menú de las cuadrillas de amigos esa misma noche. Ahora, además, se reparten unos trofeos para los tres mejores participantes. Las fiestas patronales de Nalda concluyen esa misma noche tras la verbena en la plaza (1).

Santurdejo

LA CARRERA DE GALLOS de Santurdejo se dejó de celebrar a finales de los años cincuenta. También, como en el caso anterior, se efectuaba el último día de las fiestas patronales en honor de San Jorge, entre el 23 y el 25 de abril, días de San Jorge y San Marcos, respectivamente. El 25 era conocido como EL DIA DE LOS CASAOS. Dejando de lado otros actos propios de este día festivo, era la jornada dedicada al ritual que nos ocupa.

Por la tarde, en la calle vertebral de la localidad, se sujetaba una cuerda de una ventana a otra de enfrente, y en ella eran atados unos siete u ocho gallos. En un extremo de la calle se disponían los hombres con sus monturas, alrededor de una media docena, montando sobre caballos, mulos o burros. Luego, se lanzaban vigorosamente de uno en uno y al pasar bajo las aves intentaban seccionarles las cabezas. La maniobra era dificultada al estirar la cuerda con los gallos desde una de las ventanas en el preciso momento en que cada participante se acercaba a los animales sujetos por las patas cabeza abajo.

Los trofeos consistían simplemente en los propios gallos que cada uno había conseguido decapitar al acabar el rito. Más tarde, tenían lugar otros juegos menos sangrientos:

- LA GALLINA CIEGA, que consistía en romper unas ollas en cuyo interior había agua, harina, ratones, dinero, etc., mediante un largo palo y con los ojos tapados.

- LA CUCAÑA, en la que había que conseguir un premio colocado en lo alto de un chopo descortezado y engrasado.

-.LA CHOCOLATADA, en donde se participaba por parejas y había que dar chocolate a la otra persona con los ojos vendados.

-EL BAILE DE LA PATATA. Cada pareja de baile debía sujetar una patata entre las frentes, ganando la pareja que más tiempo aguantaba sin dejarla caer.

Aunque en el presente el sacrificio de los gallos ya no se celebra, los demás juegos todavía suelen ser realizados en Santurdejo este día de San Marcos como colofón del período festivo (2).

Canales de la Sierra

En esta pequeña localidad riojana LA CARRERA DE GALLOS se realizaba con motivo de la festividad de San Juan, 24 de junio. El rito debió de ser prohibido a finales de los años veinte, por lo que el recuerdo que de él nos ha quedado es ya un tanto lejano.

Este día, los habitantes de Canales acudían en romería a la ermita, solía haber música y bailes en la campa próxima, donde más tarde la gente comía reunida en cuadrillas de familiares y amigos.

A la tarde, de regreso al pueblo, se prepara el sacrificio de las aves sujetando una cuerda entre dos ventanas enfrentadas sobre la calle. Allí eran atados por las patas los gallos que colgaban cabeza abajo. Los participantes eran hombres a caballo, al igual que en los casos anteriormente citados, y el juego consistía en pasar al galope por debajo de los animales con el ánimo de agarrarlos por el cuello y decapitarlos a mano. Cada jinete se quedaba con los gallos que había conseguido matar de este modo (3).

OTROS RITUALES SACRIFICIALES EN TORNO AL GALLO EN LA RIOJA

Los ejemplos que a continuación vamos a describir tienen en común con los ya citados el girar en torno al gallo y que el objetivo del rito es propiciar la muerte de este animal. Por otra parte, la estructura formal de la fiesta es diferente.

Viniegra de Abajo

Las fiestas de esta villa situada en la cuenca del río Najerilla se celebran en honor de Santiago y Santa Ana, 25 y 26 de julio, respectivamente. Era con motivo de estas fiestas cuando el gaitero de Ventrosa de la Sierra, Juan Muñoz, acudía a Viniegra de Abajo con su gaita de odre para animar los bailes de esos días hasta las primeras décadas de este siglo.

El día 27 de julio, último día festivo, se realizaba por la tarde una serie de juegos, consistiendo uno de ellos en disparar con escopetas sobre un gallo atado por las patas de las ramas de un árbol, de tal modo que el ave quedaba cabeza abajo. Los disparos, efectuados a una distancia considerable, para dificultar el ejercicio, debían acabar con la vida del animal, que era el premio del mejor tirador (4).

Laguna de Cameros

En esta localidad del Camero Viejo encontramos que en el pasado se realizaba un juego similar al anterior.

Los habitantes de Laguna acudían a la ermita de San Antón el día 17 de enero, festividad de este santo protector de los animales domésticos. Este mismo día tenían lugar algunos entretenimientos, uno de los cuales consistía en hacer fuego con escopetas de caza sobre un gallo que pasaba a ser pertenencia de la persona que consiguiera acertarle matándolo (5).

Hervías

Aquí, la fiesta en la que intervenía la figura de un gallo o una gallina poseía una morfología muy diferente de las anteriores.

El día de Santa Agueda, 5 de febrero, LOS QUINTOS, LAS QUINTAS (chicas de la misma edad que los mozos) y LOS ACOMPANANTES (jóvenes que debían entrar en quintas al año próximo) celebraban su fiesta, como lo hacen en el presente, aunque sin tanto aparato.

Uno de los chicos se vestía de Santa Agueda y otro de su marido. Disfrazados de este modo recorrían las calles de la localidad pidiendo limosna junto con toda la comitiva antes citada. Sobre un carro depositaban los alimentos y el dinero que les entregaban en las casas, y llevaban, además, un palo del que colgaba por las patas un gallo o gallina, al que golpeaban incesantemente.

Con el dinero, los alimentos y el ave preparaban ese día una merienda para todos los componentes del cortejo (6).

ALGUNAS CONCLUSIONES

Las seis fiestas que acabamos de describir giran en torno al gallo y a su muerte en un contexto ritual. Las tres primeras, las correspondientes a Nalda, Santurdejo y Canales, presentan unas estructuras morfológicas similares que permiten agruparlas en un bloque homogéneo. Estas estructuras formales básicas radican en los siguientes elementos:

-Se realizan con motivo de las fiestas patronales de la localidad.
-Es el último día festivo, y la tarde de ese día, el momento elegido.
-El rito es llevado a cabo por hombres que montan sobre cabalgaduras.
-El rito sacrificial consiste en la decapitación de los gallos que cuelgan en el aire cabeza abajo.
-La denominación del rito es invariablemente la misma: LA CARRERA DE GALLOS.

Otro segundo bloque estaría formado por los ejemplos de Viniegra de Abajo y Laguna, en los que nos encontramos ante un ejercicio de puntería con la intención de provocar la muerte del animal, con lo que éste pasa a ser propiedad del tirador, a modo de trofeo.

Por último, el modelo de Hervías se encuentra aún más distanciado morfológicamente. Consiste en «mostrar» el ave por todo el pueblo a la vez que es golpeada. El rito es llevado a término durante el invierno.

Por otra parte, también es cierto que en todos los casos el animal, tras su muerte, es cocinado y comido por los propios sacrificantes, a los cuales pasa a pertenecer durante el desarrollo de la fiesta.

No queremos entrar en el análisis, en profundidad, de todos los elementos simbólicos expresados mediante estos rituales sangrientos. Eso nos llevaría muchas páginas y tiempo. Pero sí es interesante intentar comprender un poco lo que en estas fiestas ocurre, siendo conscientes de que, en efecto, sólo estamos realizando una aproximación.

El ejemplo de Hervías nos trae a la mente la imagen de un «chivo expiatorio», toda vez que el ave es presentada a toda la población mientras es golpeada. Además, el rito acontece en la festividad de Santa Agueda, durante el invierno. Es, por lo tanto, equiparable a otras muchas fiestas invernales, similares en cuanto a la aparición de estos «chivos expiatorios», representados por personas, animales u objetos sobre los que se descarga lo negativo de una comunidad humana, hablando de un modo genérico. No hemos de dar más vueltas a este caso concreto de rito invernal, por lo demás tan analizado en obras de folklore y estudios de religiones comparadas (7).

En los modelos integrados en el primer bloque, y también en los del segundo, diferenciados básicamente en la morfología del rito y no en el fondo, podemos introducirnos en la rica simbología alrededor del gallo, donde lo más característico es su capacidad y esencia procreadora. A ello debemos unir el valor simbólico de la sangre como sustancia fertilizadora, en general, en la concepción tradicional. Ambas posibilidades unidas en el gallo son ampliamente explotadas en muchos ritos sacrificiales de Africa, Asia y América del Sur, en donde estas aves son inmoladas con motivos diversos: la construcción de una nueva casa sobre la que debe gotear la sangre, campos recién sembrados que deben ser empapados con la sangre del animal, como técnica propiciatoria de la fecundidad femenina, etcétera. La sangre aparece muy frecuentemente en íntima relación con la agricultura, obviamente por su valor como sustancia fertilizadora y equiparable a otras sustancias así mismo fertilizantes en diferentes sistemas religiosos, desde la lluvia hasta los fluidos transmisores de la vida animal.

En los ejemplos riojanos que hemos visto, y en otros muchos modelos similares europeos, el ave, suspendida en el aire, en el cielo, es sacrificada, permitiendo que su sangre caiga sobre la tierra a modo de lluvia portadora de vida, sin importar que los participantes directos en el rito y los observadores queden impregnados por el líquido rojo que de este modo también adquieren los beneficios que las culturas tradicionales han otorgado a la sangre (8).

Por último, el ser sacrificado es ingerido por los propiciantes de su muerte ritual. Este acto, en el presente tan banal, queda enmarcado dentro de los actos de comunión; es decir, los sacrificadores, a modo de sacerdotes o iniciados, ingieren la carne de la propia divinidad recién sacrificada en beneficio de toda la comunidad, quienes también comparten este acto de teofagia. No olvidemos que la ingestión del dios supone, en abundantes modelos conceptuales religiosos, la máxima y más intensa relación entre la divinidad y sus acólitos (9).

NOTAS:

(1) Infomación recogida en Nalda el 18 de agosto de 1990.

(2) Fueron nuestros informantes Miguel Villanueva y Carlos Herrero, naturales de Santurdejo de Rioja, el 29 de marzo de 1986.

(3) Nuestro informante fue Juan Herrero, natural de Villavelayo, localidad Vecina a Canales. Juan acudió durante su juventud repetidas veces a la romería citada. Los datos fueran tomados, el 17 de mayo de 1986, cuando el informante contaba 86 años de edad.

(4) Según nos informó Florián Salas, natural de Viniegra de Abajo, el 17 de mayo de 1986.

(5) Así nos lo refirieron José Ramón y Juan Muñoz, naturales de Laguna de Cameros, el 7 de diciembre de 1986.

(6) El comunicante fue Jesús Bartolomé, natural de Hervías, el 26 de julio de 1986.

(7) En este sentido, puede consultarse la obra de J. G. Frazer "La rama dorada", en sus Capítulos LV a LVIII, donde son presentados infinidad de ejemplos junto con algunas valoraciones simbólicas sobre los mismos.

(8) A la obra citada de Frazer, en la que también se analiza el tema del carácter fertilizador de la sangre con un buen número de ejemplos, hay que unir el trabajo de M. Eliale, titulado "Tratado de historia de las religiones", en sus capítulos II, donde se analizan los valores del agua, la sangre y otras sustancias trasmisoras de la vida, VII y IX, en los que se puede observar la relación entre la agricultura y los ritos fertilizadores y sangrientos.

(9) N. Daviés ha estudiado en profundidad el tema de los sacrificios rituales en su obra "Sacrificios humanos", que contiene así mismo numerosos ejemplos de sacrificios animales y sustitutorios, destacando el transcendental valor de la teofagía representada por la ingestión del ser sacrificado ritualmente por el propio sacrificante y por roda la comunidad.