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LA EVOLUCION DE LA POMA DE OLOR, SU PAPEL EN LA PROFILAXIS MEDICA, RITOS Y MODA

FERNANDEZ ALVAREZ, Mª Dolores

Publicado en el año 1995 en la Revista de Folklore número 169.

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RESUMEN

Nos proponemos analizar los orígenes e historia de la poma de olor, un objeto diseñado para contener y prolongar los aromas. Se mantiene la tesis de que este objeto iba a entrar a formar parte de la teoría de la medicina antigua en la transmisión de las enfermedades. Se demuestra además que, inicialmente, debido al suministro restringido de la poma, ésta alcanzó la distinción de ser también un símbolo de lujo. Su posterior declive y desaparición se deben, tanto a los avances de la teoría de la medicina, como a la habilidad para fabricar copias baratas.

INTRODUCCION

Los escritos sobre la explotación de plantas aromáticas datan de hace casi 5.000 años. Parece probable que el gran poder de estimulación que ofrecían ciertas fragancias fuertes servía no sólo como base de atracción, sino que sensibiliza al hombre primitivo para que sintiera cierta estima por la flora asociada, en comparación con otros aspectos de su entorno. Nuestra evolución de hombres peludos básicamente a hombres sin pelo, con el correspondiente aumento de glándulas sudoríparas (1) habrían proporcionado a nuestros antepasados un fuerte contraste entre un olor corporal intenso y rancio y los aromas más dulces de ciertas plantas. Es más, los humanos neonatos muestran claramente su preferencia por ciertos olores y rechazan otros (2). Se podría debatir que esta discriminación, basada en un componente hedonístico, tenía alguna utilidad para la supervivencia, sin embargo los datos apuntan a la posibilidad de que los humanos tienen una predisposición a ser atraídos por los olores "agradables". Es posible que el papel de la cultura haya dado "significado" a esta predisposición, originando una mitología que explicase la existencia de las plantas aromáticas e hiciese sitio para ellas en las sociedades civilizadas primitivas.

El pomander o poma de olor es un artefacto asociado estrechamente a la evolución de la mencionada mitología (3). A partir de este momento me referiré al pomander o sus derivados como poma. La poma, según se conoce en la actualidad, aparece bajo dos formas: la esférica, (o en forma de pera) de ahí el nombre de poma, vasija perforada y cerrada que contiene ciertas plantas aromáticas o sus extractos (normalmente pendiente del cuello), o alternativamente aparece como una fruta, a menudo una naranja, tratada de modo que se consiga su deshidratación y reducción de tamaño. En el último caso esta reducción se obtiene al incorporar otros elementos de origen vegetal (ej: clavos) para modificar y potenciar el olor original de la fruta. En ambos casos el objeto tiene Como finalidad la generación de aromas durante largos periodos de tiempo. Al tratar de averiguar la historia de este objeto nos enfrentamos de inmediato Con la evolución de la filosofía de la medicina, la religión y la moda.

La explotación de una planta para obtener su fragancia se puede conseguir de tres maneras: utilizándola tal cual es, almacenándola y quemándola más tarde o a través de la extracción de su esencia, que producirá un líquido o una resina. Todas estas técnicas están bien documentadas en la literatura histórica antigua, inicialmente Con fines hedonísticos, es decir, para uso personal y para perfumar el ambiente (4, 5). El papel de los humos aromáticos y las resinas vegetales adquirió una gran relevancia para los antiguos egipcios; loS primeros en los rituales y las segundas para embalsamar (6) aunque también tenían usos hedonísticos (7). Nuestro primer encuentro con una poma ocurre en el Antiguo Testamento en el Cantar de Salomón (poema que data del siglo X A. C.). Esta narración del ritual nupcial, de índole altamente sensual, menciona el altar, una esencia dentro de una bolsa. Dice así: "mi bien amado es para mí como un manojo de mirra, que descansará toda la noche entre mis senos" (ver. 13). Más adelante, en las profecías de Isaías (ca. 740-732 A. C.), se hace referencia a tabletas, unas vasijas perforadas que contienen esencias de plantas y se llevan colgando del cuello (ver Figura 1), y "bolas dulces", masas esféricas de resinas de plantas aromáticas. Isaías los menciona en el contexto de la inmoralidad femenina, atribuyendo, por tanto, un uso sensual-hedonístico a estas proto-pomas (8, 9).

En lo referente a las plantas aromáticas, es interesante destacar la tensa coexistencia de lo hedonístico con la religión en el cristianismo antiguo. De este modo, los olores, según la percepción de los profetas, estaban reservados para la divinidad (10) pero las fuerzas del comercio atemperaron este punto de vista. Tendremos la oportunidad de observar un forcejeo similar más de 2.000 años más tarde pero con la poma como protagonista.

Aunque en un principio predominó la dimensión hedonístico-ritualista del perfume, ésta no tardó en ser incorporada en una dimensión más funcional. Además del citado uso por parte de los egipcios en el embalsamamiento, uso funcional puesto que servía para apuntalar el concepto religioso contemporáneo de la incorruptibilidad y continuidad de los líderes fallecidos, hay poca evidencia de las aplicaciones científicas del perfume, bien sea explicatoria o preceptiva, hasta el primer siglo A. C. Este hecho coincide con la terminación de la Historia Naturalis de Plinio el Viejo. Plinio menciona la Pomum Médica, procedente de Media, Siria, no para ser comida, sino guardada para secar a causa de sus propiedades medicinales y aromáticas (11, 12). Sin embargo se puede discutir que la verdadera base del papel que representaron más tarde los compuestos en la medicina profiláctica fue establecida por la tipología médica de los humores que hizo Galeno y su relación con aire, tierra, fuego y agua, que debía mucho a los escritos de Hipócrates (13).

Aquí estaba la semilla que daría cuerpo a la idea de la importancia del aire (o su corrupción) en la transmisión de enfermedades. En efecto, el concepto del aire corrupto llegó a abarcar la explicación de otro problema de la antigüedad, la existencia de polillas que comían la lana (14). El nexo es importante pues se verá que la etiología común (aire corrupto) hizo imperativo el uso de las mismas plantas aromáticas (característicamente clavo, enebro, espliego y romero) que servían de profiláctico y para fumigar. Además, según se verá más adelante, a la transformación del aire respirado, a través de artefactos perfumados, se le atribuyó una gran variedad de funciones, ej.: somníferas (15). Paralela a ello discurría la evolución del artefacto perfumado, en particular de la poma, como símbolo de status y de moda.

LA PESTE BUBONICA (1348-1350): LOS AROMAS COMO PROFILACTICOS

Aunque ya se habían documentado anteriormente casos de peste bubónica (16), la pestilencia de 1348-1350 atrajo una atención considerable debido a la mortandad generalizada y a la alarma social que esto causó en Europa. Fue como respuesta a esta catástrofe que las ideas populares relativas al papel del aire, implícitas desde hacía mucho tiempo en la teoría médica antigua (17), llegaron a dar forma al uso y composición de una poma. Las nociones de profilaxis que surgieron entonces, continuaron haciéndose notar en fechas tan tardías como la mitad del siglo XVIII, durante los últimos brotes de peste a gran escala.

La muerte y el hedor, que siempre habían sido considerados como concomitantes, adquieren un nuevo significado en la Europa de 1348. Mientras que normalmente se pensaba que los malos olores emanaban de los cuerpos putrefactos u objetos orgánicos en descomposición, la peste dio forma a la opinión popular de que lo maloliente podía ser, per se, la causa de la enfermedad. Ya en 1348, según la opinión de los médicos, se atribuía al aire infectado la transmisión de la Peste. El informe de la Facultad de Medicina de París rezaba así:

"Y este aire corrupto, cuando se respira,... es la causa inmediata de la epidemia" (18).

Esta interpretación se iba a convertir en la opinión más extendida sobre la causa de la peste. No es ninguna sorpresa que el aire "infectado" se convirtiera rápidamente en sinónimo de aire hediondo (peste). De este modo Knutsson, plagiando a Jadocus (1364) aconseja:

"...deben evitarse todos los olores fétidos procedentes de establos, campos malolientes, caminos o calles..."(19).

Mediante un ligero conocimiento del saneamiento público durante la Edad Media el lector moderno comprenderá rápidamente que había pocos lugares libres de hedor. Esto perfiló el remedio de inmediato, es decir, la fumigación. Inicialmente, bajo la forma de quemar plantas aromáticas dentro de las casas para purificar el aire. Así "las hojas de laurel, enebro, orégano, ajenjo, ruda, magarza y aloes" entraban en la composición de este complejo profiláctico, que al ser quemado, garantizaría la protección (20). En otros, la mezcla incluía además clavos, romero, abrótano y espliego (21). Como breve inciso diré que la percepción que se tenía del papel del aire, condujo a soluciones mecánicas como el volteo de campanas para desplazar el "aire viciado" (22). La panoplia de prohibiciones derivadas de la teoría del "aire corrupto" afectaba a áreas tan diversas como la orientación de las ventanas y las horas de apertura reglamentarias (23), la utilización de los ríos como vertederos (24) y el modo correcto de recoger las muestras de orina por parte de los profesionales de la medicina (25), entre otros. Las emanaciones de plantas aromáticas, ya fueran procedentes de la combustión o de su concentración, estaban implicadas directamente en cualquiera de estas prohibiciones.

Aunque la mayor parte de la literatura original no es de origen español, se pueden destacar varias consecuencias domésticas de la teoría del "aire". Me limitaré a mencionar sólo dos que, además, ponen de relieve el papel de la iglesia en la aplicación de una teoría seglar.

En el poema titulado O San Roque de Paradela (León), el verso que encabeza la oración al Santo, demuestra la creencia popular en la causa de la enfermedad producida por el aire (26):

Señor San Roque celeste;
Santo divino y amao;
bon espantallo d'a peste;
fuelle d'o vento infestao;

Algo parecido a este remedio es la fiesta de San Andrés que se celebra el 30 de Noviembre en Amedillo, La Rioja, y que es conocida como Fiesta del Humo. Aquí, el Santo es sacado en procesión entre densas humaredas que proceden de la quema de romero y grojo (sabina) en señal de acción de gracias por la intervención del Santo para salvar al pueblo de una epidemia que había sufrido (27).

Aunque la fumigación era más fácil en el interior de los edificios, rápidamente se dieron cuenta de que muy pocos podían permanecer aislados en sus hogares. Esto dio lugar a la búsqueda de fumigantes portátiles. Así, John de Burgundy (1365) recomendaba que cuando uno circulase entre el público debía llevar "una bola aromática" o poma (28).

La tecnología médica existente, entonces como ahora, estaba condicionada a menudo por el status del cliente o la posibilidad de poder pagar. La fumigación, basada en la combustión de ciertas plantas se iba a convertir muy pronto en una operación cara, a juzgar por los datos de los brotes posteriores que debatiremos más adelante. Sin embargo, la poma fue cara y selecta desde el principio. El trabajo artesanal que suponía su elaboración, junto con la obtención y formulación de las resinas aromáticas, colocaron a la poma en manos de los ricos. Las pomas anti-peste originales estaban formadas por lábdano, aloes, almáciga, olíbano, storax calamita y flores de romero. A este se le añadió cierto número de sustancias para fijar y moldear el esférico producto final (29). En público, el poseedor acercaba la esfera a su nariz. Una poma similar, pero hecha para los que tenían menos recursos, estaba compuesta por zedoaria, clavos, nuez moscada y macis (30). En el caso más barato, la parte central de la poma estaba hecha de tierra (31).

Según se ha dicho más arriba, la polilla representaba un gran problema para el hombre medieval (32). Dado que la mayor parte de la ropa estaba confeccionada con fibra de lana y que se creía que la polilla era producto de aire corrupto (33), no deberá sorprendemos que se recetasen sustancias aromáticas para eliminar a este enemigo. Es más, las recetas de este tipo estaban yuxtapuestas a soluciones para la epidemia. De modo que el Herbario de Bankes de 1525, que era una compilación de trabajo anterior, menciona romero o espliego como fundamento para la protección de la ropa (34, 35).

Los médicos de la época hicieron uso, asimismo, de estos artefactos. En un famoso grabado de Bellini del año 1500 (ver Fig. 2) podemos observar un doctor visitando a un paciente, al tiempo que acerca una poma a su nariz. Además puede verse a dos asistentes fumigando la habitación (36). Las altas esferas del clero también llevaban pomas, al contrario de lo que hacían la mayoría de sus feligreses (37).

Muy pronto, algunos ingredientes empezaron a escasear y, aparte de provocar un incremento en su precio, dieron como resultado las prohibiciones de su uso como es el caso de la cera para moldear (38).

Con la primera epidemia tocando a su fin, lo que comenzó como profiláctico se convirtió en un símbolo de status. La poma fue embellecida con piedras preciosas y engarzada en oro y plata (39). Numerosos retratos de la época muestran a los poderosos con sofisticadas pomas (40), típicamente pendientes del cuello, como símbolo de lujo. El arte religioso que vino después, hacía hincapié sobre la vanidad de los remedios temporales (41). Un ejemplo de la contracorriente religiosa dirigida a las pomas la aporta Jodocus Badius en 1502 con la publicación de cinco caricaturas, representando al abuso de los cinco sentidos. Una de ellas, El barco de los olores necios, (ver Fig. 3) muestra, en estilo crítico, la posesión de pomas y la vanidad que se atribuía a esta fuente de estimulación sensual (42). Otros, ej: el poeta Drayton, situaba a la poma en un ámbito más etéreo (43).

LA SEGUNDA EPIDEMIA, 1656-1665: EL COMERCIO y LA POMA

A pesar de haber transcurrido 200 años desde que Europa hubiese sufrido la primera epidemia, las teorías no habían cambiado cuando se enfrentaron de nuevo con la misma amenaza. Prevalecía todavía el concepto de aire corrupto y de los remedios aromáticos, sin embargo, las circunstancias habían cambiado. El segundo gran brote de epidemia cayó sobre una Europa inmersa en el mercantilismo y su énfasis sobre mercados y ganancias. El mercado sintió su efecto de inmediato. Nada más conocer las noticias de un caso de epidemia, su impacto se dejaba sentir en el precio de las plantas aromáticas. Así, un escrito cita que el precio del romero, después de la noticia de la peste, pasó de "Un chelín por manojo a 8 peniques el ramillete" (44), lo que significa un sobreprecio de más de 3.200%. Con anterioridad localizamos otra fuente que cita un cambio de doce peniques por manojo a seis chelines por ramillete (45), más o menos 30.000% en muy poco tiempo. Claramente, la epidemia provocaba gran angustia. En un brote posterior, 1760, un hospital tan prestigioso como el de St. Thomas de Londres, se vio obligado a publicar un desmentido oficial cuando los rumores de la epidemia causaron una subida de 40% en el precio de la ruda, de la noche a la mañana (46). Según se ha dicho antes, las autoridades italianas se vieron obligadas a reducir el uso de ciertas sustancias (47). El efecto se extendió incluso a los precios que pagaban los peregrinos por sustancias aromáticas en los santuarios (48).

Esto condujo naturalmente a lo que podríamos llamar El efecto Rólex, es decir, una proliferación de pomas falsificadas (49). Un boticario que escribió antes de este período, indicaba, mediante un comentario inusual, cómo rejuvenecer las viejas pomas utilizando civeto y almizcle. Lo interesante es que finaliza su receta diciendo "pero mi intención es honesta" (50). Otra consecuencia lógica fue la abundancia de charlatanes o falsos médicos a medida que los miembros legales de la profesión médica sucumbían a la enfermedad (51). Los supervivientes combinaron la teoría del aire y la poma para crear un traje contra "riesgo biológico". El personaje representado en Figura 4, era conocido originalmente como Doctor Schnabel, en alemán: Doctor Beak en inglés (52). Este Dr. "Pico" debía su denominación a la apariencia ornitológica de su filtro-pico, a través del cual respiraba. Este "pico" estaba relleno con sustancias parecidas a las utilizadas en pomas anteriores y contemporáneas. Además del traje de cuero y cubiertas cristalinas para los ojos, para aislarle del aire externo, el doctor usaba una varilla para tomar el pulso a sus pacientes sin entrar en contacto con ellos.

De nuevo, a medida que la epidemia avanzaba hacia su ocaso, la moda y los quehaceres domésticos llegaron a ser predominantes. La protección y aromatización de la ropa se convirtió en un asunto importante. Las mismas sustancias aromáticas que se usaron para protegerse de la epidemia fueron llamadas a filas para luchar contra la polilla. Al igual que ocurrió con las pomas, se vendían muchos ingredientes falsificados (54). Al carecer de un clero poderoso, que pudiera repetir la represión que había llevado a cabo anteriormente, la poma floreció más tarde libremente como objeto de moda. afectando incluso a las vidas de las familias reales. Por ello, la reina Isabel I de Inglaterra presumía de "un hermoso cinturón de pomas" (55).

EL FINAL DEL SIGLO XVIII y DESPUES: DECORACION y EL ARBOL DE NAVIDAD

Con la llegada de la Revolución Industrial se podían hacer copias baratas de cualquier objeto de status. Durante un tiempo se iba a ver la poma como objeto decorativo en muchas casas. Con el tiempo, desapareció como objeto interesante y actualmente sólo lo conocen quienes se especializan en la historia de tales objetos y los coleccionistas. Todavía puede verse la poma como ilustración en los papeles de regalo navideños, como ornamento decorativo para el árbol de Navidad. La poma está representada por una naranja cubierta de clavos.

CONCLUSION

Además de desarrollar una función más frívola, la poma ha estado íntimamente enlazada con la teoría médica anterior. La idea de que ciertas emanaciones podían alejar la epidemia no carece totalmente de fundamento. De ese modo, aún sin saberlo ellos, las ratas y las pulgas (la auténtica causa de la transmisión), serían repelidas por ciertas sustancias aromáticas, especialmente al quemarlas. Además, si la epidemia hubiera sido de tipo neumónico en lugar de tipo bubónico, la idea de filtrar el aire cuando frecuentaban lugares públicos habría estado totalmente justificada.

A lo largo de su desarrollo, la poma coexistía con sus híbridos y a menudo provocaba la aparición de éstos. Estas variantes, comprendían típicamente, la creencia al uso en que lo aromático era medicinal, pero con una potencia aumentada al añadir arsénico o mercurio como ingredientes. Dos de los ejemplares más tempranos fueron: el Periapt y el Zenexton. Ambos estaban formados por cilindros sellados que contenían sustancias aromáticas pulverizadas, además de mercurio, que sólo se diferenciaban en el método de preparación: alquímico puro o astrológico (ver Fig. 5). La idea se puede remontar a la teoría de los antagonismos, según se deriva de los antiguos textos de alquimia chinos (55). De acuerdo con ello, las sustancias aromáticas atraerían a los agentes causantes de la enfermedad y el mercurio aniquilaría a dichos agentes. Esto representa un cambio impactante en el modo de pensar relacionado con las teorías propuestas en aquel tiempo y probablemente debe su origen, en el contexto Europeo, a las aplicaciones supersticiosas, de las traducciones de texto de alquimia árabes, por parte de miembros de sociedades secretas a mediados del siglo XVI. Al final sólo sobreviviría el mercurio en la mayoría de estos amuletos. Parece probable que la versión española o "gargantilla profiláctica Maragata", c. 1780, ver Fig. 5, se deriva de esta tradición. De carácter insólito, la gargantilla (de la que según parece sólo hay un ejemplar) incluye un crucifijo de metal, cuya parte superior se desenrosca para contener "azogue", es decir, mercurio (56). Claramente a este metal le fue asignada la capacidad de repeler el mal en cualquiera de sus manifestaciones.

Lo antedicho también representa una manera de pensar que unificaba el enfoque vegetal y mineral de la profilaxis. En Asia, concretamente, en Tibet, la Píldora Negra (rin-chen rilnag) c. 1250, combinaba plantas aromáticas y minerales o ingredientes metálicos para efectuar las curaciones (57).

Los Misioneros Jesuitas llegaron a asignar a los preparados de piedras Goa una función similar, derivada de la yuxtaposición de la planta y el mineral (58).

Lo interesante es la semejanza de los ingredientes utilizados durante períodos similares, habiendo por medio distancias geográficas tan vastas. Por ejemplo, podemos observar que el Karkar africano, que básicamente es un ungüento corporal (59) -además de tener otras connotaciones- comparte la composición aromática de los profilácticos anti-peste europeos de la época. Se podrían citar varios ejemplos.

Existe, en suma, un nexo subyacente entre la poma y objetos afines y se puede suponer que representa una necesidad común (y una reacción común contra amenazas similares) de la raza humana durante períodos similares , aunque separados geográficamente.

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NOTAS y BIBLIOGRAFIA

(1) BRACE, C.L. y MONTAGU, A.: Man’s Evolution, New York 1965.

(2) Encyclopedia Britannica (1988), "The Development of Human Behaviour", vol. 14.

(3) Derivado de pomme d'ambre o poma de ámbar. (4) RIMMEl, E.: El libro de los Perfumes, Madrid, ed. fac. 1990.

(5) POUCHER, W. A.: Perfumes, Cosmetics and Soaps, Vol. II, London, 1926.

(6) POUCHER, W. A.: Op. cit.

(7) RIMMEl, E.: op. cit.

(8) JAMIESON, R.: Eastern Manners Illustrative of Old Testament History, London, 1854.

(9) Isaías, 3, 16-26.

(10) JAMIESON, R.: Op. cit.

(11) HERNANDEZ, F.: Historia Natural de Cayo Plinio II, México, 1976.

(12) Biblioteca Universitaria de Granada, Códice C-67 (De Natura Rerum y Tacuinum Sanitatis), Fol. 94 r.

(13) SHIPPERGES, H.: El Jardín de la Salud, Barcelona, 1987.

(14) Biblioteca Universitaria de Granada, op. cit. Libro IX.

(15) LEYEL, C. F.: The Magic of Herbs, London, 1926.

(16) McNEILL, W. H.: Plagues and Peoples, London, 1976.

(17) SHIPPERGES, H.: Op. cit.

(18) HOENIGER, R.: Der Schwarze Tod, Berlín, 1882.

(19) HORROX, R.: The Black Death, Manchester, 1994.

(20) CHAMBERLIN, E. R.: The Black Death, London, 1972. Jackdaw 50, Exihibit 6.
(
21) NOHL, J.: The Black Death, London, 1926. (22) Ibid.

(23) HORROX, R.: Op. cit.

(24) RILEY, H. T.: Memorials of London and London Life in the XIII th XIV th and XV th Centuries, London, 1868,

(25) SHIPPERGES, H.: Op. cit.

(26) FERNANDEZ Y MORALES, A.: Ensayos Poéticos en dialecto Berciano, Madrid, 1861.

(27) Enciclopedia De Las Fiestas De España, núm. 37, Diario 16, sd.

(28) SUDHOFF, K.: "Pestschriften aus den ersten 150 Jahren nach der Epidemie des schwarzen Todes'1348: III, Archiv für Geschichte der medizin V, 1912, pp. 62-69.

(29) British Museum, MS Har. 2378.

(30) SUDHOFF, K.: Op. cit.

(31) LEYEL, C. F.: Op. cit.

(32) TRUEMAN,J.: The Romantic Story of Scent, London, 1975.

(33) Biblioteca Universitaria de Granada, op. cit., Libro IX.

(34) LEYEL, C. F.: Op. cit.

(35) HERITEAU, J.: Potpourris and Other Fragrant Deligbts, London, 1975.

(36) ZIGROSSER, C.: Medicine and the Artist, New York, 1970.

(37) GERVIS, F. H.: The Sweating Sickness, London, 1887.

(38) CHIAPPELLI, A.:"Gli Ordinamenti Sanitari del Comune di Pistoia contro la Pestilenza del 1348, Archivo Storico Italiano, series 4, XX, 1887, pp. 8-22.

(39) DAY, I.: Pomanders, Washballs and other scented articles, London, 1979.

(40) Por ejemplo el cuadro de "Retrato de un Hombre" por Lucas Cranach el Joven, 1543, Stuttgart.

(41) Ver por ejemplo la Escuela de Arte de Bohemia.

(42) RIMMEL, E.: op. cit.

(43) Ibid.

(44) HERITEAU, J.: Op. cit.

(45) BAKER, M.: The Folklore of Plants, Aylesbury, 1975.

(46) Ibid.

(47) CHIAPPELLI, A.: op. cit.

(48) SUMPTION, J.: Pilgrimage, An Image of Mediaeval Religion, London, 1975.

(49)TRUEMAN, J.: op. cit.

(50) ROHDE, E. S.: A Garden of Herbs, London, 1920.

(51) SHIPPERGES, H.: op. cit

(52) NOHL, J.: Op. cit.

(53)TRUEMAN, J.: op. cit.

(54) HERITEAU,J.: Op. cit.

(55) Encyclopedia Britannica (1988), "Occultism", vol. 25.

(56) LUENGO y MARTINEZ, J. M.: "Gargantilla profiláctica maragata, Revista de la Casa de León en Madrid, Primavera, 1982.

(57) GYATSO, Y.: "The Secrets of the Black Pill Formulation", Tibetan Medicine, Series nº. 13, 1991.

(58) MONARDES, N.: Herbolaria de Indias, Sevilla, 1574 (facsim. 1990, Instituto Mexicano del Seguro Social).

(59) RACHEWILTZ, B. de: Eros Negro, Barcelona, 1967.

Quiero expresar mi agradecimiento al Dr. J. J. Breaux, de la Universidad de Oxford (Inglaterra), por sus sugerencias y la aportación de numerosas referencias sobre la Peste Negra.