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Espacio tradicional en Pesquera de Duero (Valladolid)

BELLIDO BLANCO, Antonio

Publicado en el año 1995 en la Revista de Folklore número 170.

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En cada ciudad del imperio cada edificio es diferente y está dispuesto en un orden distinto: pero apenas el forastero llega a la ciudad desconocida y pone la vista en aquel apeñuscamiento de pagodas y buhardillas y henares, siguiendo el entrelazarse de canales huertos basurales, distingue de inmediato cuáles son los palacios de los príncipes, cuáles los templos de los grandes sacerdotes, la posada, la cárcel, los bajos fondos.

(Las ciudades invisibles, Italo Calvino).

En las últimas décadas, con la mecanización del campo y la pérdida de rentabilidad de tareas secularmente efectuadas por cada familia, el mundo rural ha sido víctima de cambios en el modo de vida que han tenido su inmediata repercusión en la fisonomía tradicional de los pueblos. A través de estas páginas vamos a esbozar una imagen, en algunos aspectos incompleta, pero fiel reflejo de las transformaciones actuales, de Pesquera de Duero con su entorno y aquellos espacios urbanos transcendentales para la vida campesina (*).

EL TERMINO MUNICIPAL

El primer elemento relevante del paisaje es su configuración geográfica. El término municipal de Pesquera de Duero incluye dos unidades morfoestructurales y ambientales ciertamente diversas: la ribera del Duero y la zona de los páramos. Al sur del municipio, donde se enclava el pueblo, encontramos la planicie modelada por el río Duero y por los arroyos que en él desembocan (el de Piñel, el de San Pedro y el de San Isidro), cuyos suelos están formados por gravas y limos aluviales muy aptos para el cultivo en general y, en la proximidad de los cauces, para las huertas. Al norte, a cierta altura sobre la ribera, se sitúa el páramo, con suelos calizos que forman una amplia extensión horizontal sólo rota por algunos valles (el del Jaramiel en este ámbito), donde antiguamente sólo había bosques.

En las laderas del páramo aparecen frecuentemente yesos, objeto de explotación (el Pico de los Conejos, en Pesquera, y Las Pinzas, en Curiel). Además, dentro de dichas pendientes, en el contacto entre las margas y las calizas superiores, por la impermeabilidad de las primeras, se forma un nivel freático que origina fuentes en las cuestas (como la de Valdemadera, dentro del término de Pesquera). El aprovechamiento antrópico actuar dedica el páramo a cultivos de secano, manteniendo algunas zonas de bosque. La ribera presenta regadío, pastos, recursos forestales (vegetación de riberas) y, en segundo término, cultivos de secano y viñedos (aunque la importancia de éstos, ya de por sí destacada, está creciendo en los últimos años en Pesquera al abrigo de la denominaciÓn de origen Ribera de Duero).

El término municipal no ha sido modificado en los últimos siglos. Sus límites se explican en parte por los accidentes geográficos que acabamos de mencionar y también por el distinto aprovechamiento que de cada zona puede obtenerse, lo que configura un ambiente en buena medida autárquico donde los frutos obtenidos resultan diversificados. Pero junto a los anteriores factores, entra en consideración la relación espacial con los pueblos próximos (fig. 1).

Al sur nos encontramos con una barrera de gran entidad, como es el río Duero. En la actualidad no se puede atravesar por ningún punto y de hecho nunca hubo puente alguno en este tramo del Duero (los más próximos son el de Peñafiel, aguas arriba, y el de Olivares, hacia abajo; aunque hasta hace algunos años existió uno más en San Bernardo), a lo que se une la alusión en el Catastro de Ensenada a la inexistencia en el pueblo de barcas (sí contaba con barca Quintanilla de Arriba, limítrofe con Pesquera). No obstante, en algún momento pudo haber contado en algún tramo de su cauce con un vado; al menos así parece haberse constatado en época prehistórica -el poblado vacceo de Pintia, situado en las proximidades del casco urbano de Pesquera, se extendía a ambas orillas del río, lo que obligaría a una comunicación continua- y no sabemos cuando llegó a desaparecer por completo.

Al sureste, el páramo forma en Las Pinzas un altozano que domina una amplia panorámica del valle del Duero y marca el límite con Curiel de Duero a pesar de su cercanía al pueblo de Pesquera. En esa misma zona se dispone Roturas, ocupando la zona superior del valle del arroyo de San Pedro. Al norte y noroeste, el comienzo del descenso hacia el arroyo Jaramiel delimita el término (dicho arroyo pertenece a Piñel de Abajo y a Valbuena de Duero). En los restantes sectores del municipio, al este y al oeste, la frontera viene a situarse aproximadamente a medio camino de Piñel de Abajo y de Valbuena de Duero, a través del valle del arroyo de Piñel y del río Duero, respectivamente.

Un aspecto que resalta a lo largo de toda esta descripción es la aparente pérdida de territorio de Pesquera en beneficio de alguna de las comunidades próximas, a pesar de contar con ricos recursos brindados por la ribera del Duero y de que su término es mayor al de otras villas del área cercana. De este modo, su localización manifiesta una cierta "inferioridad" frente a Curiel, puesto que aunque en general los límites municipales en esta área del norte del Duero se disponen a medio camino entre los núcleos urbanos, en este caso la proporción es de 3:1, beneficiándose en la ganancia territorial Curiel. Es posible que Curiel, cabeza de alfoz en época medieval, hubiese sido entonces una comunidad más importante que Pesquera, con lo que controlaría esa zona del páramo, con una posición visual dominante sobre el valle del Duero (además, en la ladera de Las Pinzas se emplazan unas yeseras y unos eremitorios medievales), aunque también pudo influir un más fácil acceso a esa parte del páramo desde Curiel. Respecto a esta dependencia, debemos indicar que Pesquera perteneció a la Tierra de Peñafiel hasta finales del siglo XIV, pero después pasó a incluirse en la Tierra de Curiel, posiblemente debido a su situación en la orilla opuesta del río Duero.

Otra peculiaridad viene determinada por el hecho de que los términos de los pueblos de toda la comarca, aunque situados sus núcleos de población en los valles del Duero, de la Esgueva o de arroyos afluentes, se desarrollan principalmente hacia el espacio intermedio entre los dos ríos principales, siendo el páramo el terreno mayor en dichos municipios. Ese reparto del espacio intermedio conduce a que el arroyo Jaramiel se constituya en límite entre Villafuerte, Villaco, Castroverde de Cerrato y Fombellida (en el valle de la Esgueva) y Valbuena de Duero, Pesquera y Piñel de Abajo (en el valle del Duero y uno de sus arroyos afluentes). Sin embargo, la propiedad de lo que constituye propiamente el valle del Jaramiel recae sobre las villas durienses, poseyendo cada una la parte lindante con su monte. A pesar de ello, la zona que habría de pertenecer a Pesquera de Duero ha sido repartida entre Valbuena y Piñel de Abajo, beneficiando sobre todo al primero. La causa reside en que el valle del Jaramiel se incluía en las propiedades del monasterio de San Bernardo, actualmente perteneciente a Valbuena.

Los caminos que unen al pueblo con el espacio circundante no han sufrido demasiados cambios a lo largo del tiempo (fig. 2). A lo sumo han aparecido algunos nuevos debido a la concentración parcelaria, pero pocos de los antiguos se han perdido (Bellido 1994, 63-4).

LA VILLA

Entrando ya de lleno en el emplazamiento de Pesquera de Duero, éste parece haberse elegido en función básicamente del lugar donde se une el arroyo de Piñel, uno de los principales de la zona, con el río Duero. A la rica zona de huerta proporcionada por el arroyo, se habría sumado la presencia antiguamente (hoy ha desaparecido) de una fuente natural que afloraba junto al cauce del Duero, y posiblemente también se tendría en cuenta la proximidad de un pequeño alomamiento, que fue aprovechado para excavar en él las bodegas.

El trazado del núcleo tradicional lo forma la aglomeración principal de casas, con una forma oval compacta, aunque con calles irregulares en su interior. Este casco urbano principal existía ya en 1752, cuando fue redactado el catastro de Ensenada. No sabemos si las viviendas abarcaban toda esta zona desde el momento de fundación de la villa o si el espacio habitado fue creciendo hasta alcanzar en el siglo XVIII una configuración compacta en torno al arroyo de Piñel. Aunque en su origen Pesquera hubiera ocupado toda esta área, la densidad de poblamiento fue aumentando con el paso del tiempo: sólo 79 vecinos (unos 316 habitantes) en 1527, rondando los 140 (550 habitantes) al final del siglo XVI y durante todo el XVII, y se habría llegado a 210 (840 habitantes) en 1752 (García Sanz 1989, 304-6). En tal caso, espacios interiores dedicados en principio a corrales, huertas, patios y caballerizas, habrían sido posteriormente, a medida que crecía la población, desplazados hacia el exterior.

La unidad de que goza el corazón del pueblo viene acentuada por el hecho de que las viviendas se orientan hacia dentro, con las fachadas dispuestas en el entramado interno de las calles, mientras que al exterior lo más abundante son muros sin aberturas o, a lo sumo, con los grandes portalones que proporcionan salida al corral o patio. La única excepción es alguna casa del siglo XVIII levantada junto al Portillo, que orienta su fachada hacia el camino Real de Valladolid. Sólo recientemente se han construido o modificado casas para abrirse hacia las calles Real y Nueva. La vida del pueblo parece volcada hasta hace poco hacia el interior del casco urbano.

Como hemos dicho, esta perfecta delimitación venía reforzada por el discurrir de los dos antiguos ramales del arroyo de Piñel (durante este siglo su trazado ha sido alterado, ya que uno ha sido eliminado y el otro se ha modificado para alejarle del pueblo), que a partir de su bifurcación poco antes de llegar al Arco de Pesquera se abrían uno por el norte y otro por el oeste y sur, desembocando en puntos distintos del río Duero.

El espacio interior manifiesta la ausencia de un desarrollo planificado, que se habría plasmado en un trazado ortogonal, existiendo por contra quiebros en las calles, entrantes y salientes y callejones sin salida. No obstante, sobresale por encima de la improvisación una gran plaza que sería el centro del espacio público, remarcada por la presencia de soportales en las fachadas, y a la que se llega directamente desde la entrada principal del pueblo, ennoblecida por un arco que en tiempos contó con una puerta. Otro elemento ligado al espacio público es la iglesia, en uno de los lados de la plaza.

Existen en la villa tres edificios con escudos, de los cuales dos de ellos tienen un carácter religioso (los de las calles del Cazo y Sacristía). Respecto al tercero, en la calle de las Eras, no parece que en época moderna haya morado ninguna familia destacada en Pesquera, ya que revisando el catastro de Ensenada encontramos cómo a mediados del siglo XVIII no había más que cuatro miembros del estado noble, que no pasaban de ser hidalgos. De hecho sólo uno -Fernando Avilés Bernabé- disponía de casa propia y de los otros tres, uno tenía una casa en renta mientras que no se menciona donde vivían los otros. No obstante, por la ubicación que puede deducirse a partir de las citas de las calles donde se encontraban las casas de Fernando Avilés y sus vecinos, bien pudiera corresponder (no estamos completamente seguros de ello) a la que posee escudo y se encuentra en la calle que en el catastro se llama de la Plazuela a la calle Nueva. Acerca del escudo la calle de la Sacristía, cuentan los vecinos que tiene relación con una habitación en el piso superior de la casa, separada del resto y a la que se accedía por una escalera independiente, a donde se acudía para pagar los impuestos a la iglesia.

Volviendo nuestra atención hacia el exterior del área de viviendas, comprobamos cómo aún actualmente se conservan algunos de los antiguos corrales a ambos lados de los caminos de Valladolid y de los Piñeles. Tal disposición coincide con la documentada hace doscientos años. Los corrales se ubicarían en las afueras del pueblo para evitar molestias de malos olores y posibles infecciones, sin que fuese necesaria la estancia y el tránsito del ganado por el interior. Las dos salidas del pueblo elegidas son las más cercanas a las zonas de pastos, llegándose hasta ellas a través de la Cañadilla y la cañada del Cornalbo.

En la tercera salida del pueblo, en dirección a Peñafiel, encontramos los lagares. De nuevo es una actividad que se saca fuera del pueblo, pero que se mantiene accesible. En este caso su localización viene determinada por la propia de las bodegas, quedando los lagares y las cocederas como hitos en su camino, aunque algunos coinciden en su emplazamiento con aquellas. Las bodegas, por su parte, están marcadas por un condicionante geográfico claro como es la existencia de un pequeño cerro que permite la excavación de estas cavidades subterráneas.

Hasta aquí hemos visto cómo era, y en cierto modo todavía es, Pesquera de Duero (fig. 3), pero esta distribución espacial ha venido desde hace menos de un siglo a sufrir distintos procesos de cambio que han difuminado la configuración tradicional. Las principales causas han sido el incremento de la población, lo que ha motivado una ampliación del espacio ocupado por las viviendas a costa de áreas destinadas a otros usos, y la pérdida de utilidad de determinadas construcciones relacionadas con prácticas agrícolas y ganaderas como consecuencia de la modernización del campo.

En el interior del antiguo casco urbano las innovaciones han sido relativamente menores en importancia. La disposición de las calles y la parcelación de las casas no parece haberse transformado demasiado en los últimos tiempos, aunque se advierte en la fisonomía de los edificios el predominio del cemento y el ladrillo, junto a nuevas formas en las casas, lo cual rompe con la estética tradicional. Se encuentran varios ejemplos en los que grandes casas han sido divididas en dos o tres partes independientes y, aunque suelen corresponder a particiones entre hermanos, hay casos en los que no se conoce parentesco, con lo cual habría que pensar quizás en divisiones muy antiguas. Asimismo existe el testimonio actual de un individuo que compra casas circundantes a la suya para ampliarla, adaptándolas sin modificar su estructura; mientras que otras veces se procede a unificar las distintas parcelas derribando todo lo anterior y levantando una vivienda de nueva construcción.

En el interior del pueblo infinidad de casas contaban en el siglo XVII con un corral anexo dentro de la propiedad; espacios que todavía se conservan al suroeste del casco urbano, fundamentalmente en las calles de las Eras, Nueva, del Caño y Barriondillo, aunque han perdido su función original. No obstante, puede apreciarse que cuando las necesidades de espacio de habitación lo hacían necesario, se ocupaban estos corrales para ampliar las casas. Esta creciente demanda de viviendas se ha trasladado también a espacios secundarios, lo que ha provocado que las mayores modificaciones las haya sufrido el entorno inmediato del pueblo, donde los edificios y espacios secundarios que formaban parte fundamental de la vida campesina hace algunos años, se han visto reorientados (y están aún en fase de cambio) hacia nuevos usos. En toda la estrecha franja de la carretera de Valladolid, hasta casi llegar al Humilladero, se localizaban diversos corrales y pajares que, aunque varios se mantienen todavía -sin usarse como tales-, han sido en buena medida reemplazados por viviendas, al tiempo que algunas parcelas se usan como huerta. En torno a la carretera de los Piñeles hoy se disponen casas, pero con anterioridad lo que hubo fueron principalmente corrales y pajares, además de algún lagar.

En la Nevera, al sur del pueblo, donde desemboca el arroyo de Piñel en el Duero, el espacio estaba ocupado por pajares y corrales. Hoy domina la presencia de casas, persistiendo algunos de los antiguos pajares ocupados como cocheras o lugares donde meter la leña o trastos que no son ya útiles en las casas. Dentro del pueblo, en la calle de la Ribera, se conservan varios antiguos pajares que se emplean como leñeras.

Las Eras Mayores se extienden por una amplia zona al suroeste y oeste de Pesquera. Ocuparon en su día todo el sur de la carretera de Valladolid hasta más allá del Humilladero y un área entre esta carretera y el camino a la ermita de Ntra. Sra. de Rubialejos a partir del Humilladero y hasta unos setenta metros. El área que circunda las carreteras de Valladolid y de Dueñas está ocupada por viviendas, las escuelas y algún edificio empleado como taller. Al sur de la carretera de Valladolid, todavía se conservan zonas de era que sólo se emplean ya para dejar el grano tras recogerlo o amontonar la paja o el estiércol de los corrales, pero sobre la mayoría del espacio se han edificado naves donde meter los tractores, arados y otra parafernalia agrícola o la paja. También se ha reunido aquí el ganado, en naves-corral para las ovejas, puesto que, como hemos visto, los espacios donde se guardaban anteriormente han pasado a emplearse para viviendas. El resto de la zona más allá del Humilladero se cultiva como huerta y algunas piezas de tierra para cereal, además de ubicarse aquí las escuelas. En las Eras todavía se conservan unas pocas casillas, sobre todo en las cercanías del Duero, junto a una zona de huertas.

De los lagares, que se intercalaban a lo largo de la calle Real hasta llegar a las bodegas, hoy los más cercanos al pueblo son viviendas o bares y sólo se conservan los que se disponen en torno a la ermita de San Sebastián (desde hace un par de años algunos de éstos han sido convertidos en vivienda). Han perdido su función original y actualmente se utilizan sólo como cocederas para el mosto. Entre el camino a las bodegas y el de los Piñeles, pero más alejadas de dichos caminos, hay varias huertas y existieron también unas eras de menor tamaño, de las que aún se mantienen unas pocas casetas. Aquí se ha levantado una nave y, aunque ya esté en desuso, existió una granja avícola hace años.

La villa de Pesquera cuenta con cinco ermitas fuera del casco urbano, además de la iglesia principal dentro del pueblo. Las ermitas de San Sebastián, San Pedro y el Humilladero o Santo Cristo se localizan en las inmediaciones del casco urbano, la primera en los lagares, la segunda en las bodegas y la última en el cruce de los caminos a Valladolid y a San Isidro. La ermita o santuario de Nuestra Señora de Rubialejos, se sitúa a un kilómetro del pueblo, a medio camino del monte en dirección hacia el pago San Isidro. Esta ermita es la principal por albergar a la patrona y por su entidad arquitectónica. Finalmente, la ermita de San Isidro (hoy derruida) se disponía bajo la ladera del páramo, en el pago con ese mismo nombre.

La religión guarda relación con el espacio no sólo por la disposición de las ermitas, sino también a través de unas festividades destacadas cuya celebración a lo largo del año se liga en muchos casos a las ermitas que acabamos de enumerar, haciendo que destaquen en momentos determinados. Su importancia se recalca con la existencia (al menos en el pasado, ya que hoy algunas han desaparecido) de diversas cofradías como las de La Cruz, San Isidro, San Antonio, San Pedro, San Sebastián y Virgen de Rubialejos.

La primera fiesta del año es la de San Sebastián (20 de enero), la única celebrada durante el invierno, conmemorada con una misa y procesión. Su importancia actual ha de ser por fuerza mucho menor a la que tuvo en el pasado al haber desaparecido su cofradía y privatizarse la ermita -que es empleada como pajar. La ermita del Humilladero sólo se abre en festividades especiales, como Semana Santa.

Las celebraciones de "la estación de amor" comienzan con La Cruz (3 de mayo). Actualmente no tiene en Pesquera una especial relevancia, pero parece que esta fiesta pervivió en casi todos los pueblos hasta finales del siglo XIX o principios del XX, siendo corriente que sirviese para asegurar las cosechas mediante la bendición de los campos y se hiciesen rogativas para conjurar el rayo y el pedrisco (Caro Baroja 1979, 85-88). La pérdida de significación nos impide conocer cómo se llevaba a cabo la bendición de los campos. No obstante, el día de San Isidro (15 de mayo), la fiesta más destacada -pese a no ser el patrón, su cofradía era la mayor de Pesquera-, sí se bendicen los campos; teniendo lugar su celebración durante tres días bajo el patrocinio del Ayuntamiento, la Cofradía y la Hermandad. La misa tiene lugar en la ermita de la Virgen, aunque quizás en principio se realizase en la ermita original de San Isidro. Todavía hoy se bendicen los campos en este día, sacándose la imagen del santo -con un haz de espigas verdes en la mano- a la pradera que existe al costado de la ermita y desde su límite, donde se domina buena parte de las tierras cultivadas del pueblo, se realiza la bendición. En caso de que durante la fiesta llueva, el santo es bajado a la iglesia parroquial para su veneración.

El patrono de la localidad es San Juan Bautista, fiesta celebrada el 24 de junio. Aunque en la actualidad no se efectúan actos de especial significación en Pesquera, se trata de una fecha relevante en el calendario agrícola que coincide con el solsticio de verano y supone para el campesino un cambio de las faenas agrícolas por la llegada del verano (Alonso Ponga 1982).

Durante la fiesta de San Antonio de Padua (13 de junio) se efectúa un cuantioso gasto de vino, pero es San Pedro Apóstol (29 de junio) el santo relacionado con las bodegas, lugar donde se sitúa su ermita y que sólo se abre en esta fecha. La cofradía de San Pedro nace en 1933 y tiene como "objeto y fin principal tributar culto y honor al expresado Santo e invocar su poderosa intercesión sobre las viñas o majuelos que posean o lleven en arriendo los cofrades y también sobre el término municipal de esta villa" (del libro de Actas de la Cofradía). Es probable que la importancia de la festividad se remonte a momentos anteriores a la fundación de la cofradía, ya que el vino siempre ha sido un cultivo sobresaliente en Pesquera de Duero.

La última fiesta del año es la patrona, la Virgen de Rubialejos (8 y 9 de septiembre). Su imagen se traslada a la iglesia durante las fiestas llevándola por el camino de San Isidro y el Postigo. La procesión de la Virgen el día de la fiesta del pueblo sigue un recorrido que se adapta al perímetro interno del pueblo por sus principales calles (C/. de la Sacristía, Cantarranas, plaza Mayor, C/. del Cazo, plaza del Postigo, C/. de las Eras e iglesia de nuevo), sin salir del trazado antiguo. También nos hemos interesado por saber si durante las rogativas para pedir agua se sacaba la imagen a los campos del mismo modo que ocurre en otros lugares de Valladolid. Sin embargo, las gentes de Pesquera no tienen constancia más que de bajar la Virgen a la Iglesia para rezarle allí, sin seguir ningún trayecto especial.

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NOTA

Agradecemos a Jesús Alvaro Arranz Mínguez la generosa ayuda que nos ha brindado al realizar este trabajo, que en buena medida es fruto de sus conocimientos y su interés por Pesquera.
BIBLIOGRAFIA

ALONSO PONGA, J. L. 1982: Tradiciones y costumbres de Castilla y León, Castilla Ediciones, Colección Nueva Castilla, Valladolid.

BELLIDO BLANCO, A. 1994: "Configuración de la sociedad rural tradicional en Pesquera de Duero (Valladolid) a partir del Catastro de la Ensenada", Revista de Folklore, nº. 164, pp. 63-72.

CARO BAROJA, J. 1979: La estación de amor (Fiestas populares de mayo a San Juan), Taurus Ediciones, Madrid.

GARClA SANZ, B. 1989: Los campesinos en la sociedad rural tradicional. Marco institucional, producción, presión fiscal y población (Tierra de Curiel y Tierra de Peñafiel, siglos XVI-XVIII), Diputación Provincial de Valladolid.

VV. AA. 1988: Análisis del medio físico de Valladolid. Delimitación de unidades y estructura territorial, Junta de Castilla y León, Consejería de Fomento, Valladolid.