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ACTUALIDAD DEL GENERO CHICO. BREVES NOTAS SOBRE EL CASTICISMO

HERRERO, Fernando

Publicado en el año 1995 en la Revista de Folklore número 171.

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Durante unos días en el Teatro de la Zarzuela dos piezas del género chico madrileño se presentan en nuevas producciones, en las que nada se ha escatimado. El Centenario de "La Verbena de la Paloma" tiene la lógica correspondencia en una visión contemporánea por parte de Emilio Sagi. La joya musical de Tomás Bretón es, asimismo, un excelente sainete. La pregunta surge inmediata, más allá de la contrastada regresión en materia teatral que se va dibujando desde ciertas instancias en relación con la actualidad de la obra global. ¿El casticismo madrileñista fue real o surgió desde la imitación de unos cuantos autores, Arniches en primer término o el propio Ricardo de la Vega? Se hace difícil transcender al presente este cuadro de "costumbres", estos personajes, Julián, la Señora Rita, D. Hilarión, D. Sebastián, Casta y Susana, la Tía Antonia... etc. Los problemas del "honrado cajista" pueden tener homologación con la actualidad y el atractivo "monetario" de D. Hilarión tiene ahora nombres propios, pero el conflicto, perfectamente desarrollado y estructurado, se aleja de nuestra preocupación y se hace menos comunicable que el que puede surgir de otras obras líricas más alejadas en el tiempo, el "Don Giovanni" de Mozart sin ir más lejos. Por ello es tan difícil, casi imposible realizar un montaje distinto, de "La Verbena de la Paloma". El texto está indisolublemente unido a un tiempo concreto y sin éste no tiene sentido.

La puesta en escena de Sagi intenta ser a la vez respetuosa con el contexto de la acción y distanciadora de los propios giros de este casticismo equívoco. Una cierta estilización en vestuario, movimiento de coros y bailes, y, sobre todo, un juego de espacios sugerente desde la alternativa abierto-cerrado (dentro-fuera) que constituye uno de los signos esenciales de toda representación.

El saínete madrileño juega siempre con la dicotomía expresada: espacio íntimo, posesivo, definitorio, taberna-domicilio-farmacia, espacio publico abierto café cantante-verbena... Los personajes también se transforman: de la cotidianeidad a la fiesta ¿dónde vas con mantón de manila, donde vas con vestido chiné? Corpóreos edificios, a lo Peduzzi, el gran escenógrafo de Patrice Chereau, que sirven de referencia, aunque el calor haga jugar también a las aceras o terrazas, que se abren para fijar el sueño, un café cantante "no popular" o una verbena con farolillos que lo es mucho más. La plasmación imagénica no intenta "reconstruir" totalmente lo real, sino mostrarlo desde la distancia del tiempo, sin romper los presupuestos estéticos de antaño, ni intentar ningún tipo de cambio temporal y geográfico que el propio texto de Ricardo de la Vega hacía inviable.

El gran director de escena inglés, afincado en Francia, Peter Brook tuvo en su tiempo como proyecto un montaje de "La Verbena de la Paloma" en un proceso que seguiría las huellas de sus magistrales y a la vez polémicos espectáculos "La Tragedia de Carmen" e "Impresiones sobre Pelleas". Lo que caracterizó estas adaptaciones fue la consecución de la esencialidad, la puesta al descubierto de unos conflictos desnudos y fundamentales, prescindiendo de todo aditamento espectacular. El previsto montaje para la EXPO de Sevilla no llegó a fraguar, quizás por los motivos que antes apunté: la especifidad insustituible de un casticismo madrileño de dudosa autenticidad documental. En todo caso, uno de los colaboradores de Brook en "Las Bouffes du Nord" llevó a la escena un proyecto relacionado con aquél, pero diferente, que integraba la música y el ambiente del género chico español titulado "Historia de un patio" que tuvo cierto éxito en Avignon y París, y que, curiosamente, en una prueba más de la indiferencia cultural de nuestro país en materia teatral, no fue presentado en España.

La producción del Teatro de la Zarzuela de esta obra maestra, acompañada por otra de una obra más sencilla "El bateo" y lograda en todos sus puntos, deja una cierta sensación insatisfactoria sin que sepamos responder muy bien a qué se debe. No, desde luego, a las pequeñas rupturas formales de un naturalismo historicista, ni tampoco a la distanciación operada en la puesta en escena de Sagi, en honor del cual hay que decir que va creando un estilo propio, un discurso estético globalizador. Quizá la razón estribe en la evidente imposibilidad de ir más allá en la exteriorización contemporánea de este género, tan temporal y anecdótico. Apuntamos los grandes méritos del libreto, ese comienzo que luego Gershwin haría suyo en el de "Porgy and Bess" y "Summertime", las escenas de calle y el dibujo de los tipos y su "verosimilitud" escénica. Además ha propiciado una música magistral, que incorpora por derecho propio a los más altos logros de este arte en un país que no la ha tenido como fundamental a lo largo de la historia.

Si desde la "teatralidad" (respuesta escénica de un clásico del pasado a los problemas del presente) "La Verbena de la Paloma" resulta difícilmente asumible, no ocurre lo mismo con el puro discurso musical. Recientísima la nueva grabación dirigida por Ros Marbá de esta partitura en la revisión musical que ahora se interpreta en la Zarzuela, el espectáculo merece la pena. Sin divos en el reparto la versión es magnífica. Todos y cada uno de los personajes están interpretados con adecuación escénica (incluso en el "pasarse" del casticismo) y calidad musical. Funcionan las escenas de conjunto, el prodigioso concertante que cierra el cuadro 3.°, las frases líricas de ese apasionado Julián, contrapunto dramático de la ironía general, o el no menos estremecedor lamento de la cantaora, acompañado por violín y piano en el cuadro 2.°, la incorporación del organillo no es sólo un elemento que refuerza la tipicidad, sino un "volver a la autenticidad" de una partitura excepcional.

En estos tiempos de crisis del teatro (ratifico que hoy se producen en el mundo espectáculos de altísima calidad, no comparables a los de épocas pasadas) la vuelta al género chico resulta justísima desde el homenaje a una obra maestra del pasado que mantiene intactos sus valores musicales, aunque la propia entidad de la producción ha probado que su asunción por los espectadores de hoy sólo es posible desde estos valores. El casticismo madrileñista y su época, en lo anecdótico y costumbrista, incluidos algunos textos de Arniches ahora repuestos, son sólo un testimonio de aquella, de difícil incorporación a la disección de la realidad presente.