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CUESTIONES POPULARES DE LA VIEJA EXTREMADURA

GUTIERREZ MACIAS, Valeriano

Publicado en el año 1995 en la Revista de Folklore número 171.

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Constantemente, en la vida cotidiana, en conversaciones que surgen en la vieja y recia Extremadura, en festividades y otras reuniones sociales, suele escucharse un extenso catálogo de dichos y estrofas populares, que cabe recoger y resaltar por los valores que encierran y, sobre todo, porque, aunque de un modo fragmentario o parcial, dicho trabajo puede constituir un esbozo, una radiografía localizada de una forma de pensar, de un modo de expresarse del pueblo llano en una época determinada, que configura la identidad cultural de un grupo humano.

Seguidamente, transcribimos algunas estrofas que hemos oído, hace ya tiempo, y otras más recientes, en la vieja región extremeña y que damos a conocer a los dilectos lectores.

Pregones populares: "El que se haya encontrao / un saco con las cosas de injertar, / que se las lleve al Tío Jurrado, / que le darán por saco / lo que sea regular".

"Caballo negro / y sin señal, / muchos lo buscan / y pocos le han".

Se refiere a que no es frecuente toparse con la suerte, simbolizada aquí en este animal, por mucho que uno se empeñe en perseguirla. De una vieja copla popular es lo siguiente: (de la localidad de Serradilla, cuna de preclaros varones) "Serradilla, Serradilla, / llevas en el corazón, / con el Santísimo Cristo, / la Virgen de la Asunción. / ¡Dale la oliva, la naranja y el limón!".

De los mozos de la vida rural: "Y si los hay, no se ofrecen; / en este pueblo no hay mozos / y si los hay no se atreven, / que vienen los forasteros / y se llevan las mujeres".

Obsérvese que, hasta no hace mucho tiempo -como puede colegirse de la copla-, las mozas casaderas de los pueblos eran consideradas como "propiedad" de los varones célibes del vecindario. En la antigüedad se suscitaban serios conflictos, incluso sangrientos, por el mero hecho de mantener relaciones amorosas entre una residente y un forastero. Después, como símbolo de la "propiedad", se exigía una especie de "canon" a todo forastero que se "ennoviaba" con una moza del lugar, consistente en el pago del "piso"; lo que equivalía a invitar a todos los mozos del pueblo a unas arrobas de vino, cuya cuantía era función de la capacidad económica del novio y de las presuntas gracias de la moza.

A la bella localidad de Madrigal de la Vera, de la riquísima comarca natural de La Vera, pertenece esta canción: "A la mujer la comparo / lo mismo que a las gallinas, / que faltándoles el gallo / a cualquier pollo se arriman".

En Rotura y Cabañas del Castillo, localidades de Las Villuercas, próximas a Guadalupe, centro de devoción y de arte, se canta: "La mujer que salga brava / aunque la lleven al río / y la metan de cabeza, / no se le quita el bravio".

"A la mujer la comparo / con la botella de cerveza, que, en quitándole el tapón / se le va la fortaleza".

"Yo tuve, en tiempos, una novia, / la comparé con la breva; / yo la estuve madurando / p'a que otro se la comiera".

"Eché leña en tu corral, / pensando que me querías / y ahora que no me quieres / venga la leña, que es mía".

"Ya no me quiere mi suegra, / porque dice que soy pobre, / que dé la vuelta a tu casa / y me dé lo que le sobre".

"Anda diciendo mi suegra / que me va a dar un rosario, / teniendo yo con su hijo / corona, cruz y calvario".

"A cantar me ganarás, / pero no a saber cantares, / que tengo una arca llena / y encima siete costales".

"Anda diciendo tu madre / que la luna p'a ti es poco; / y yo, como no soy Luna, / te dejo y me voy con otro".

"Anda diciendo tu madre / que tienes un olivar; / ese olivar que tú tienes / es que te quieres casar".

"De que no te he querío, / dice tu madre: / la madeja sin cuenda (1) / ya está en el baile".

"Si el querer que puse en ti / lo hubiera puesto en un guarro, / ahora me comiera yo / bien buenos torreznos magros".

"Ya se van los quintos, madre; / ya se va mi corazón, / ya no tengo quien me tire / chinitas en mi balcón".

"Cuando los quintos se van, / las madres son las que lloran, / que las novias no lo sienten / se quedan cuatro chavales / y con ellos se divierten".

"Cuando paso por tu puerta, / cojo pan y voy comiendo, / p'a que no diga tu madre / que con verte me mantengo".

"Cuando quise, no quisiste; / ahora que quieres, no quiero, / pásate la vida triste, / que yo la pasé primero".

"A San Antonio le rezo / un Credo todos los lunes; / porque Antonio se llamaba / el primer amor que tuve".

"Me gusta el nombre de Pepe, / porque se pega a los labios; / el de Juan ya no me gusta, / porque no se pega tanto".

"Tengo un pleito con mis padres, / si no lo gano, me muero, / que quieren que yo me case / con uno que yo no quiero".

"Mis padres quieren con otro, / yo contigo, vida mía; / y más adelante veremos / quién gana en esta porfía".

En la comarca de Las Terrucas, se canta: «Ya vienen los Carnavales, / la feria de las mujeres; / la que no le salga novio / que espere al año que viene".

"P'a patatas, Navezuelas; / para vino, Cañamero, / y para muchachas guapas / en Roturas, que es mi pueblo".

"Tu madre a mí no me quiere, / ni la mia a ti tampoco; / el campo no tiene llave, / vamonos allí nosotros".

"En una fila de mozos / me pusieron a escoger; / en un Juan puse los ojos, / y en un Antonio el querer".

Este bellísimo florilegio de cantares da idea cabal del sentir y del costumbrismo de la vieja, recia y parda Extremadura, que con tanto cariño estudió el que fue magnífico escritor cacereño José Blázquez Marcos.

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NOTAS (1) Cuenda se llama al hilo que une todas las hebras de una madeja, para que no se deshaga.