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LA DANZA PRIMA COMO PATRIMONIO ETNOGRAFICO

VILLA BASALO, Marta Mª

Publicado en el año 1995 en la Revista de Folklore número 173.

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Este artículo forma parte de un amplio trabajo sobre el romance asturiano ¡Ay, un galán de esta villa!, romance que ha sido estudiado por varios autores, los cuales han aportado, de este modo, una cantidad considerable de bibliografía.

Quizás sea, de los romances asturianos, el que más ocupa a los estudiosos debido a su amplia difusión por el territorio astur, que ha hecho que algunos lo consideren un "canto nacional" en Asturias; afirmación rebatida por aquellos que objetan el desconocimiento de este romance en algunas zonas del Principado. Pero, cualquiera que sea la opinión, lo cierto es que se trata de un romance muy difundido y con abundantes variantes -todas ellas de cierta antigüedad- que le dan prestigio, valor y abolengo haciéndole así digno de ser objeto de estudio de prestigiosos autores, a los que me atengo para un mayor conocimiento del mismo, que fue el contenido que ocupó el trabajo en el que se inscribe este artículo.

Sin embargo, la danza en sí misma no ha sido nunca tratada sino en relación con el romance, a pesar de su indudable interés, por lo que creo sumamente interesante recoger los testimonios que conocemos desde el siglo XVIII y, a partir de ellos, intentar seguir su evolución formal y dar explicación a su origen y a cada uno de sus elementos.

Con ello deseo situar la "danza prima" en el contexto de la cultura oral y tradiciones españolas y, por lo tanto, dentro de nuestro patrimonio etnográfico.

LA DANZA PRIMA

El romance ¡Ay!, un galán de esta villa disfruta de una larga tradición en la historia del folklore asturiano. El primero en hablarnos de su existencia es Jovellanos en su Carta VIII a Ponz; carta que versa sobre fiestas asturianas y en la que el ilustrado astur trata de indagar sobre su origen (1).

Al estudiar este romance se nos describe otro "elemento" que siempre, o la mayoría de las veces, le va unido; se trata de la famosa y muy difundida danza prima. De ella es forzoso hablar en cualquier trabajo que atienda al romance que nos ocupa, pues ambas van tan unidas que una parece depender de la otra. Aunque convendría advertir que este romance es sólo uno de los que se cantan en esta danza; no es el único pero sí el favorito.

Me parece oportuno tratar primeramente las cuestiones y problemas que plantea la "danza prima" y, posteriormente, incorporar el estudio del romance, pues así resultaría un tratamiento más exhaustivo y completo de éste.

Se considera esta danza como una de las más antiguas y arraigadas en el folklore astur y de ahí el interés que despierta en muchos estudiosos: Canella, Llano Roza de Ampudia, Benito Pérez Valdés, Torner, Aramburu, Emilio Peña, etc.

El primer problema que plantea es el de su origen, sobre el que hay diferentes teorías.

Para unos es una copia fiel de la danza pírrica de los griegos, que concedían a la danza un lugar privilegiado entre las artes. Esta danza pírrica se caracterizaba por una gran rapidez y por ser guerrera e inspirar fieras pasiones; lo que hace que tal origen sea improbable pues la "danza prima" es lentísima y tales pasiones son inexistentes.

La opinión más común sigue a Menéndez Pelayo, que ve en esta danza un parecido con la que refiere Homero al describir la que talló Vulcano en el escudo de Aquiles. Apoya su creencia en los movimientos de la danza, que considera vestigio de costumbres antiguas. El citado texto homérico reza:

Una danza después allí Vulcano
talló artificiosa, y semejante
a la que en otro tiempo en la ancha Creta
Dédalo imaginó para la rubia
Aríadne. Y allí danzar se veían,
unos y otros asidos de las manos,
tiernas doncellas y ágiles mancebos...
en tirantes de plata suspendidos
cortos estoques de oro. Y unas veces
a la redonda en anchuroso cerco
danzaban todos con ligera planta
en fácil giro y en acordes pasos
así imitando la voluble rueda
que el alfarero con la mano agita
para que ruede en torno; y otras veces
en parejas bailaban divididos.
Y mucha gente la graciosa danza
mirando estaba, alegre y divertida (...)

J M. Pidal dice que "danza prima" es voz puramente latina, que expresa ya la remota fecha de origen, pero la raíz latina de esta palabra no se encuentra y no es aceptable suponer que este nombre proceda de "prima" (primera), a no ser que se tratara de un nombre culto dado a la danza más importante del folklore asturiano, lo cual no parece probable cuando hay zonas en donde no recibe tal nombre.

Otros opinan que procede de la "chorea" a que se refiere San Isidoro en las Etimologías y, para apoyar tal teoría, se basan en la descripción dada por Jovellanos, que la describe como dos ruedas: una de hombres y otra de mujeres, girando en rededor con un movimiento lento y al compás del canto.

Estas son una especie de "choreas" parecidas a las danzas de antiguos pueblos -lo que prueba la antigüedad del romance-, así como también lo prueba el hecho de que los romances entonados por el coro de los hombres fueran alternados con deprecaciones a la Virgen, que nos hacen relacionarlo con antiguas danzas en las que se entonaban así mismo alabanzas a héroes alternadas con cantos a los dioses.

También hay quien la supone parodia de parte del ceremonial de los reyes visigodos, otros se inclinan a creer que es vestigio de rito y costumbres célticas, como Aramburu y Zuloaga, apoyándose -como J. M. Pidal- en la etimología del nombre. Para Aramburu "danza prima" procede de la voz celta "dancz", que significa movimiento acompasado del cuerpo.

Costa atribuye igual procedencia al calificativo "prima", donde encuentra oculta la raíz "pra" -herir o matar- o "bhr", de las que ha derivado el sánscrito "pramatha" -carnicería-; encontrando así en "danza prima" el significado "danza guerrera". Para ello se fundamenta en el hecho de que antiguamente los mozos asturianos celebraban esta danza llevando garrotes, palos o bastones gruesos y nudosos que usaban de ordinario y al danzar llevaban erguidos en la dirección del cuerpo saliendo del hombro y que eran utilizados al final de las romerías, cuando enardecidos por las canciones de pique o conjunto de indirectas entonadas por las mujeres y con gritos de desafío o vivas, también llamados "ijujús", como ¡Viva Pilona!, ¡Viva Siero!, ¡Muera Pravia!, que iban dirigidos al otro bando, comenzaba una verdadera batalla cuyo resultado eran numerosos heridos.

En medio de fuertes "ijujús" se descomponía la danza hacia el lado más flojo dando tremendas palizas sólo con palos (2).

Otros consideran que la danza tiene un origen esencialmente religioso; ejemplo de ello es Torner, quien cree que esta danza, como la mayoría de las asturianas, tiene un origen litúrgico cristiano y se efectuaba -como se continua aún haciendo- en festividades religiosas. Para ello se apoya en la conservación del constante estribillo que es el entonado por los danzantes y en el que se invoca a la Virgen del Carmen. Considera que en un principio el romance fue religioso y posteriormente fue suplantado por el actual, no conservándose de aquel antiguo romance nada más que el estribillo, la imprecación mariana.

Además se atiene al hecho de que su melodía tiene el mismo carácter que la del Rosario que se canta en Llanes durante las procesiones de la Asunción y de la Resurrección y así la denominación de "prima" se debe al momento de su ejecución o puede ser debida a la hora canónica en que se canta -después de laudes, a primera hora de la mañana-; es decir, se llevaría a cabo alrededor de la ermita después de los oficios sagrados celebrados a primeras horas de la mañana. Pero esto parece poco probable, pues los testimonios existentes concuerdan en que la danza nunca se ejecutaba por la mañana, sino por la tarde o al final de la fiesta.

Cabría también la posibilidad de que fuera una danza medieval de salón que pasó a ser pública y se efectuaba al cierre de fiestas importantes.

Otro de los problemas que la "danza prima" presenta es el de la forma en que antiguamente se realizaba y los pasos que se sucedieron hasta llegar a la forma actual de un único corro.

Jovellanos nos la describe como dividida en dos coros, uno de hombres y otro de mujeres, cada cual con unos cantos y movimientos diferentes. El coro de los hombres danza al son de un romance octosilábico, cuyo tema era de guapos y valentones, que era entonado por uno de sus componentes, preferentemente aquel que tuviese voz buena y potente y gozase de buena memoria. El resto del coro respondía cada cuarteto con dos versos, que eran deprecaciones a la Virgen o a algún santo.

Por su parte el coro de las mujeres entona un canto que consta de un cuarteto o copla de ocho sílabas, que alterna con un largo estribillo que se repite en determinadas pausas: "Hay un galán de esta villa..." El tema del canto de las mujeres es el amor y el tema del estribillo (nuestro romance) lo describe como una retahíla alusiva a los amores y galanteos, o placeres y ocupaciones de la vida rústica, cuyos tonos son tiernos y patéticos. El canto es entonado por tres o cuatro mozas de buena voz, además de buena figura, y el resto del coro repite el estribillo a la mitad de la copla.

Estos son los datos que nos aporta Jovellanos y en los que percibimos errores, pues lo que es romance él lo entiende como estribillo y también se equivoca en la transcripción del primer verso del romance:

Hay un galán de esta villa... (Jovellanos)
¡Ay! un galán de esta villa... (correcto)

También es un error considerar que el romance trata "placeres y ocupaciones de la vida rústica", pues el tema es el amor en todas las versiones existentes.

Todo ello demuestra lo que Jovellanos constata en su obra, que no entendió el romance, pero sí la danza al explicarla, pues también nos la describe en forma de círculo doble, siendo el interior de mujeres y el exterior de hombres y cada bando con sus respectivos guías que iniciaban las palabras del canto.

D. Benito Pérez Valdés en el Romancero de Riego cuenta cómo en Candas presenció, en 1819, una danza de unos quinientos mozos con otra dentro de mozas; y Fermín Canella afirma que había danzas de hombres solos, dentro otras de mujeres y más adentro todavía, una de niños, lo que también afirma Aurelio Llano Roza (3).

Vemos así, mediante testimonios, cómo la danza fue evolucionando siendo en un principio dos corros separados y posteriormente estos distintos corros se unirían en una rueda formada por dos o tres circunferencias.

Esquemáticamente sería del siguiente modo:

En principio: Ruedas separadas por sexos.

Esta existencia de dos ruedas en la ejecución de la "danza prima" también está documentada por Juan Menéndez Pidal, que afirma la existencia de los dos coros, uno de hombres y otro de mujeres, formando una especie de "danza hebrea", en la que entonaban unos un verso y replicaban otros con el siguiente (4).

Sin embargo, el paso del tiempo llevó consigo la evolución de la danza y también el considerarla como una actividad bárbara, así aparece en el prólogo del Romancero de Riego, de 1849; las dos danzas se reducen a una, lo que supuso la pérdida de elementos de una danza para aceptar elementos de la otra. Así quedó establecido como estribillo la deprecación de los hombres (¡Válgame el señor san Pedro!, ¡Nuestra Señora me valga!, ¡Viva la Virgen del Carmen!), y como canto central el que era entonado por las mujeres. Este canto lo constituían diferentes romances, de entre los cuales el más conocido y el que más arraigo tuvo fue "¡Ay, un galán de esta villa!".

Hoy las mejores danzas de las que toman parte hombres y mujeres unidos se bailan en Llanes para la fiesta de la Magdalena, S. Roque y Santa Marina; en Pola de Siero el día del Carmen; en Mieres el día de S. Juan y en Cudillero el día de S. Pedro, acompañados de romances entre los cuales figura el que estamos estudiando.

La forma actual más común de la danza prima es la forma circular en la que las personas se colocan convenientemente trabadas por el dedo meñique, la mano o el brazo y giran con lentitud. El movimiento consiste en pasos de avance y retroceso del pie derecho, mientras que el izquierdo se mueve en sentido horizontal hacia la derecha; además del movimiento de brazos que acentúa el compás del canto.

Unos pocos llevan el hilo musical de la danza y el resto repite una frase o realiza una invocación religiosa.

Esta forma circular, ya sea doble o único el corro, es para Aramburu una representación del círculo consagrado de los celtas. Cuando la danza se organiza en doble círculo o cuando rodea una hoguera situada en el centro, es cuando con más intensidad sugiere el recuerdo de los menhires, llamados "cromlechs" (templos, lugares de reunión y cerros funerarios). Así la danza prima resulta un "cromlech" viviente y, tanto por esto como por los sitios y ocasiones en que se realizan, por lo grave y lo lento de su marcha, por la índole del canto, invocaciones, etc., parece tener un origen religioso. Pero este origen sería doble si nos atenemos al hecho persistente de que los hombres lleven palos, que reemplazarían las antiguas lanzas; origen guerrero, por tanto, que también estaría respaldado por el rudo "ijujú" que da lugar a batallar al finalizar la romería y que serían la causa de la prohibición de esta danza por parte del orden público, como aparece en Jovellanos (5).

A pesar de ello es esta danza una especie de hermanamiento entre los danzantes que la llevan a cabo en determinadas noches, bien en un rito pagano o celebración religiosa que se acompaña con el canto de distintos romances. Pero así como el romance, la danza varía, y tenemos danzas primas abiertas y cerradas (las danzas de S.Roque, de la Guía, de S. Juanón, la de Cabranes, la de Caso, son abiertas; las de Mieres, Aviles, Cadavedo, Teverga, etc., son cerradas), melódicas o monorrítmicas, de forma circular o paralela, etc. Además hay que añadir que esta danza con ser la más arraigada de las de Asturias, no es exclusiva de esta región, sino que se encuentra en otros lugares de la geografía hispana. Sin embargo, estas variantes, diferentes en la forma, canto, etc., parecen tener un mismo origen, una tradición común que las hermana.

En conclusión, hemos visto distintas teorías acerca del origen y la forma de una tradición popular e íntimamente ligada al pueblo astur: la danza prima, cuyos orígenes creo que podríamos situar en el ámbito de lo religioso, atendiendo a las manifestaciones actuales. Esta afirmación puede avalarse con el hecho de que esta danza se ejecuta en distintos lugares de la geografía astur en festividades religiosas, marianas o de algún santo (fiestas de San Roque, la Virgen del Carmen, etc.) y, aunque con distintos romances como letra, siempre aparecen imprecaciones dirigidas a santos o a la Virgen, que son cantadas por las dos ruedas mixtas o paralelas (resultado de la unión de la rueda de hombres y mujeres que atestigua Jovellanos), como respuesta de la voz masculina que va entonando la letra del romance.

Estas ruedas, como ya dije antes, se mueven de forma lenta y acompasada, con pasos de avance y retroceso del pie derecho mientras que el izquierdo se mueve en sentido horizontal hacia la derecha. Los danzantes van unidos bien por el dedo meñique, una mano o un brazo, y va a ser este hecho el que me ayude a afirmar la idea de una especie de hermanamiento entre los participantes en la danza; ya que es de orden natural en el hombre la tendencia a la unión, a la manifestación conjunta, ante hechos de alegría, de dolor o de tipo religioso.

He tratado de plasmar en este artículo la íntima ligazón que existe entre esta manifestación popular y un pueblo concreto, pudiendo afirmar que la danza prima constituye un elemento sustancial de la identidad cultural de los asturianos.

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NOTAS

(1) JOVELLANOS: Obras en prosa. Ed. de J. Caso Gonzalez. Madrid, Clásicos Castalia, 1976, p. 143.

(2) COSTA, J.: Poesía popular española y literatura celtohispanas, Madrid, 1931.

(3) LLANO ROZA DE AMPUDIA, A. de: Del folklore asturiano. Mitos, supersticiones, costumbres. Oviedo, IDEA, 1924. Madrid, pp.249-262.

(4) Poesía popular. Colección de los viejos romances que se cantan por los asturianos en la danza prima, esfoyazas y filandones. Madrid, 1885, pp. 147-151.

(5) Memoria sobre los espectáculos y diversiones publicas en España. BAE, XLVI, p. 492.

BIBLIOGRAFIA

ARAMBURU y ZULOAGA, F.: Monografía de Asturias. Oviedo, 1899, p. 107.

BELLMUNT, O. y CANELLA, F.: Asturias. I. pp. 331-35

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CANELLA Y SECADES, F.: Historia de Llanes y su concejo. Gijón. Mases Ediciones, 1984, p. 432.

COSTA, J.: Poesía popular española y literatura Celto-hispanas. Madrid, 1881.

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MENENDEZ PIDAL, R.: Flor nueva de romances viejos Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1967, pp. 89-90.