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CUENTOS QUE ME HAN CONTADO XII-XV

GARRIDO PALACIOS, Manuel

Publicado en el año 1995 en la Revista de Folklore número 173.

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Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

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Traigo un manojo de cuentos que lo mismo pueden encontrarse en otros pueblos; aquí aparecen en sus versiones locales indicadas, respetando hasta el más débil respiro de quienes me los contaron, casi siempre ancianos. No concibo cómo algunos recopiladores de cuentos se atreven a modificar estas narraciones con una sola palabra de su propio verbo, o a plantar un árbol más en el paisaje que enmarca cada historia. No es lo suyo quitarles su perfume para empaparlas de colonia, por muy de marca que sea. Porque quien cuenta un cuento, aunque no lo sepa escribir, o recuente el cuento de siempre, entremete en su discurso su visión personal del más simple y a la vez más grande enigma del ser humano: la existencia, al que una coma de más o de menos puede trastocar. Existe un cuento histórico en el que un hombre va al patíbulo por este motivo: El juez dijo: «Perdón, imposible que cumpla su condena», Y el de la pluma escribió: «Perdón imposible, que cumpla su condena». Bien decía -de estas y de tantas cosas- el poeta de Moguer, que dejaran la rosa como estaba, que era así y no de otra forma. Qué manía.

XII.- LA CIGÜEÑA Y LA ZORRA (En su versión de El Gastor. Cádiz).

Un día se encontró la cigüeña con la zorra y le dijo:

- Ay, zorrita, te voy a convidar a comer gachas.

- Bueno, sí, que me gustan mucho.

Y entonces se fueron a casa de la cigüeña a comerlas. Pero la muy cuca cogió las gachas y las metió en un botijo. Claro está, con el pico tan largo que tenía, podía comer con toda tranquilidad metiéndolo por el agujero, pero la pobre zorra, con su hocico que no le cabía por allí, todo era lamer alrededor. Con un disgusto grandísimo se fue sin probar bocado. Pero al día siguiente fue en busca de la cigüeña y le dijo:

- Vaya, cigüeña, hoy te voy a convidar yo a ti, ya que fuiste tan buena ayer conmigo.

- No tiene importancia, zorrita.

Y entonces hizo gachas y las echó en una pelliza extendida, y a la cigüeña todo se le volvía picar, pero como estaban tan dispersas apenas si las cataba, mientras que la zorra daba lametones y se las comió enteras. La cigüeña se quedó esta vez sin comer, al revés del día anterior. Pero mira por donde, la historia no paró ahí. Otro día, la cigüeña le dijo a la zorra:

- Me han convidado a un banquete de una boda de unos primos en el cielo.

Y dijo la zorra:

- Yo no puedo subir, no vuelo como tú.

- Ya lo sé, zorrita, que te veo, pero te montas encima de mí y yo te llevo.

Así que la zorra se montó sobre la cigüeña y vuela que te vuela, cuando ya iban muy altos le preguntó la cigüeña a la zorra:

- ¿Ves el suelo, zorrita?

- Sí, -dijo ella-. Sube más arriba si quieres.

Y otra vez le preguntó:

- Zorrita, ¿ves el suelo?

Y entonces dijo:

- No. Sube más arriba.

- Zorrita, ¿ves la torre?

- Sí, sube más.

- Pero, ¿ves la torre?

Dijo la zorrita:

-No.

Y le dijo la cigüeña:

- Pues agárrate bien que viene el aire redondo.

Y dio media vuelta y dejó caer a la zorra al vacío. Mientras bajaba decía asustada:

- ¡Ay, madre! ¡Qué perdición! ¡Me mato del porrazo! ¡Piedras, árboles, quitarse de delante, que os aplasto! ¡Colchones, rebaños, corrales de paja, poneros debajo que voy! Pero la zorra cayó en un pedregal y se mató. Y con su muerte se acabó el cuento.

XIII.- BLANCALUNA. (Lucia Osorno. Alosno. Huelva).

Erase que se era una pastorcita que vivía en lo alto del monte, y todas las mañanas salía a sacar sus ovejas por la sierra, y mientras el rebaño comía, se entretenía en pensar en una ilusión que tenía desde siempre; era ver de cerca aquella casa que sólo veía de lejos. Cada mañana se levantaba con la misma idea, pero no podía abandonar el rebaño, ni llevarlo con ella; pero un día, fue tan grande su deseo que se levantó temprano, dejó las ovejas en el hato y se dijo:

- Ahora voy a ver la casa de cerca.

Se acercó, estuvo contemplándola por todos sitios, viendo las hermosas torres, los bonitos prados que tenía a su alrededor, y ya más tranquila se asomó a una ventana. Acostumbrada a vivir en la pobreza de su choza, se extrañaba de que hubiera personas que vivieran con tanta riqueza y lujo. Y al mirar por uno de los cristales, escuchó una voz:

- Blancaluna, ojos bellos, extiende tus cabellos, que yo subiré por ellos.

Ella se asustó, porque no estaba acostumbrada sino a sus ovejas, a su rebaño y a su costura, y entonces vio a un príncipe muy guapo que le decía:

- Blancaluna, ¿te quieres casar conmigo?

Y respondió:

- No, yo no puedo dejar a mis ovejas ni a mi rebaño, ni estos prados tan bonitos donde he vivido desde chica. No estoy acostumbrada más que a este ambiente.

Y dijo el príncipe:

- Blancaluna, no quiero engañarte. Yo soy un pastor como tú que sólo deseo casarme contigo. Todos los días te veo desde estas torres con tu rebaño y mi mayor deseo ha sido siempre decirte lo que te he pedido.

Y la pastora dijo:

- Si tú quieres venir a mi choza, yo estaré dispuesta a compartirla contigo.

Y se casaron y vivieron muy felices juntando los dos rebaños.

XIV.- LA BATALLA DEL GRILLO (Ana Vázquez. 0lvera. Cádiz)

Había una vez un nido de jilgueros en un árbol. Una zorra que andaba por allí se asomó al nido y empezó a hacer burlas a los pajaritos, y les dijo:

- Si quisiera, podía almorzarme el nido entero.

Debajo del árbol había un grillo, que era el jefe de la "Berbiquina Sabidúrica", y se dijo: - Tengo que ayudar a esos pequeños. Y fue hasta un nido de avisporras y les dijo lo que ocurría, y todas se lanzaron a perseguir a la zorra que pensaba que le estaba atacando un gigante por el ruido que traían, no viendo más salida que meterse en un charco para que no le picaran, quedando a salvo los jilgueros chicos.

En los días siguientes, la zorra llegó a pasar tanta hambre temiendo a las avisporras, que acudió al león, el que manda en todas las fieras, para que le declarara la guerra al grillo y así poder comerse ella a los pajaritos. Y el grillo estaba escuchando escondido.

Y el león llevó a la guerra a todos los animales, borricos, elefantes, jirafas, ciervos, panteras y tigres... Mientras tanto, el grillo avisó a cien nidos de avispas y mil moscas, que se lanzaron contra aquel poderoso ejército que venía con la zorra. Al ver venir volando tantos miles de insectos, todos los grandes animales se tiraron al agua:

- ¡Al charco, al charco!

Y todos se metieron en el charco a salvarse, ganando la guerra el grillo, y sabiendo la zorra desde entonces que ningún animal es demasiado pequeño como para despreciarlo.

XV.- LA ROSA Y LA VIOLETA (Consuelo M. Peranes. Ronda. Málaga)

En un país muy lejano había una casa con un jardín maravilloso. Dos hermanos pequeños cuidaban de que las flores crecieran sin que nadie las cortara. Y los del pueblo, al pasar por allí, decían:

- Parece mentira que dos niños sean capaces de hacer este trabajo.

Una señora les dijo un día:

- Yo vengo desde el último país que hay siguiendo el olor de una de vuestras flores, y os pido que me la regaléis.

- ¡Ah!, ya sabemos a qué flor se refiere usted, -dijeron los niños-. Es la reina del jardín.

La rosa al escucharlos pensó: "Hablan de mí, porque soy la más hermosa de las llores".

Pero la dama viajera anduvo con los niños busca que te busca por cada arriate, pasando de largo a la rosa, al clavel, al gladiolo, al geranio, y se agachó a coger del suelo una violeta, que nadie había visto allí antes, tan escondida vivía. Y los niños se la dieron.