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LOS CARNAVALES EN LA PROVINCIA DE CACERES

DOMINGUEZ MORENO, José María

Publicado en el año 1995 en la Revista de Folklore número 175.

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Las palabras antruejos, entruejos y carnestolendas sirvieron hasta los principios de siglo para designar en la provincia de Cáceres al período festivo que preludia la llegada de la cuaresma. La voz carnestolendas, a la que algunos eruditos dan el elocuente significado de "carnes fuera", en atención a la dieta prohibitiva de las semanas siguientes, tan sólo asoma en dichos y refranes: “Ajuye como perro en carnestolendas” o “En carnestolendas, no hay perro ni gato que te atienda”, en referencia a las pesadas bromas que habían de soportar los animales, “La vieja sin dientes, ni en carnestolendas la carne quiere”...

Mejor fortuna han tenido los vocablos antruejo y entruejo, aunque su uso indistinto ha quedado reducido en la provincia a la designación de ciertas mascaradas de carácter irrisorio (los antruejos) o de determinadas pantomimas (vaca antruejo, burro antruejo), a su participación en juegos paremiológicos (“No hay cuaresma sin antruejo”, “Antruejo, buen santo; pascua, no tanto”, “Hasta el domingo de piñata, antruejos no faltan”) y a la presencia de un cancionero que resurge en los días de carnaval. En este sentido cabe traer a colación los populares versos que se entonan en la práctica totalidad de los pueblos cacereños:

Ya se van los antruejos
por el Legío,
ya se quedan los mozos
descoloríos.

Lo único cierto es que la palabra carnaval se vino labrando un hueco en el habla popular de esta tierra, sobre todo a partir del siglo XVIII, y en la actualidad ha acabado desterrando a los anteriores términos. Por otro lado, no hay un total acuerdo en los tratadistas y estudiosos a la hora de dilucidar sobre el significado o el origen de la palabra carnaval. Para Covarrubias, que escribía en 1611, tiene su origen en una impuesta ausencia de la carne por motivo de la cuaresma, y en este sentido apuntaba: “...y los días cercanos a ella llamamos carnaval, porque nos desprendemos della, como si le dixessemos carne vale”. Otros se inclinan por una derivación de carneos, una fiesta que los lacedemonios celebraban en honor de Apolo Carneo. Un tercer grupo se decanta por ver la etimología del carnaval en el latín carrus navalis, término introducido en la Península a través del italiano car navale, en recuerdo de las fiestas que en Roma se conocían como Isidis navigium (del navio de Isis) y cuyo plato fuerte consistía en llevar procesionalmente un barco sobre ruedas.

Si complicado resulta el dar con las raíces etimológicas del carnaval no lo es menos el decidirse por unos orígenes seguros de la fiesta. Cierto es que el carnaval, tal y como actualmente lo conocemos en la provincia de Cáceres, conserva elementos que recuerdan y, en cierto punto, concuerdan con aspectos de algunas celebraciones clásicas, cuales son los casos de las Saturnalia, las Consualia, las Lupercalia y las Matronalia. Pero no es menos evidente el hecho de que en los antruejos cacereños subsistan manifestaciones que evidencian un substrato autóctono prerromano y otros que sólo son explicables desde lo que supone de contraposición a las ideas y actuaciones cristianas.

Dejando a un lado las anteriores disquisiciones filológicas y etnohistóricas, conviene ahora adentrarnos en el llamado tiempo de carnaval. Actualmente la “reglamentación” a la que está siendo sometido el carnaval cacereño, en especial el de las poblaciones más importantes, conduce a que su desarrollo se ciña a los tres días que preceden a la cuaresma. Mas no siempre ha ocurrido de esa manera e, incluso, en el medio rural los carnavales siguen muy unidos a la totalidad de los festejos del ciclo de invierno. Hay que tener presente en este sentido que ya por fechas navideñas nos encontramos con diversas botargas: la carantolla de GALISTEO y el bos de PASARON DE LA VERA. Ello, sin embargo, no significa la institucionalización del carnaval, que sí, dependiendo de las distintas poblaciones, nos lo vamos a topar en fechas posteriores. Conocido es que en SERRADILLA los carnavales siempre dieron comienzo por San Fulgencio y Santa Florentina, el 16 de enero, con la aparición de los peleles, las pegas y los acertajones. El día siguiente, San Antón, supone el arranque del carnaval en un buen número de núcleos de la provincia, cuales son los casos de MALPARTIDA DE CACERES y de NAVAZUELAS, donde el refrán es elocuente: “Por San Antón, carnavales son”. Otro tanto sucede con San Sebastián o con los Santos Mártires, ya en la segunda década del citado mes. No en vano el taraballo de NAVACONCEJO, el jarramplas de PIORNAL y las carantoñas de ACEHUCHE son festejos eminentemente carnavaleros, aunque adobados con pinceladas pseudorreligiosas. A modo de ejemplo cabe apuntarse que ha sido costumbre en AHIGAL y en ARROYO DE LA LUZ el que los antruejos tuvieran su arranque en la indicada fecha y que, resurgiendo en cada día festivo, no concluyesen hasta el Domingo de Piñata. En la última población todos estos disantos, al atardecer, se reúnen las mozas en sus respectivos barrios para cantar romances formando corros. Los jóvenes marchan de unos grupos a otros y se intercalan entre las muchachas para girar a la rueda agarrados de la mano. Obligado es que todos los romances comiencen con la copla de rigor:

La primera llegada que un galán tiene,
santas y buenas noches tengan ustedes.
A la ramá.
Tengan ustedes, resalá.

Hay localidades que aguardan hasta Las Candelas para dar comienzo a las carnestolendas, como ocurre en JERTE, mientras que son muchas más las que hacen carnavales a partir de San Blas: “Por San Blas viejo empiezan los antruejos”, “Carnaval y San Blas, lo mismo da”...Esto último es lo que sucede en GARROVILLAS y en ALDEACENTENERA. Allí toma carta de naturaleza la vaca romera por los samblases, reapareciendo en las vísperas cuaresmales, y aquí aflora un amplio repertorio cancioneril en tono jocoso, que mozuelos y mozuelas interpretan a partir del dos de febrero. Visten ellas para sus rondas vespertinas, siempre acompañadas del pandero, el tradicional atuendo de “refajo”: pollera tejida a rayas de mil colores, jubón negro, mandil de raso, pañuelo de lana, medias blancas caladas, zapatos negros cerrados y faltriquera. Ambos sexos se intercambian las pullas copleras:

-Me voy a tener que echar
un novio trujillano,
porque no saben querer
los pachochos aldeanos.

-Ya vienen los carnavales,
las ferias de las mujeres,
aunque también fuera de feria
burras y vacas se venden.

El Jueves de Compadre, dos antes del Domingo Gordo, se ha considerado inserto en los carnavales propiamente dichos, aunque en la actualidad tal día está prácticamente borrado del calendario festivo cacereño. No obstante, queda el recuerdo del mismo en ESCURIAL, CASARES DE LAS HURDES, donde es costumbre engullir parte del lomo matancero, y CEDILLO. En esta población fronteriza no ha faltado el sorteo de parejas que se harán llamar compadres a lo largo del año. La práctica de echar papeles y sacar compadres ha sido común entre los mozos y mozas de ALCUESCAR, que se reunían en las cocinas para freir y comer los suculentos buñuelos. No puede decirse lo mismo del siguiente jueves, el popular Jueves de Comadre, con el que nos topamos en VALDECASA DE TAJO, MADRIGALEJO y ESCURIAL. Desde las primeras horas de la mañana los muchachos escurialenses toman las calles provistos de jeringas llenas de agua, ceniza y salvado para descargarlas sobre las indefensas muchachas. Estas, por su parte, repartidas en pandillas se juntan en diferentes casas para, al tiempo de tomar churros, chocolate y pestiños, ensayar las canciones que van a interpretar a lo largo de la tarde. Cada comparsa, provista de la correspondiente orquesta, luce una determinada vestimenta que puede ir desde una variante de la típica de la localidad al clásico atuendo de las gitanas. Al frente va la abanderada, a la que sigue el grupo en doble fila tocando el más variado instrumental. La comitiva se dirige a casa del alcalde, a cuya puerta forman la rueda con la abanderada en el centro, y a la autoridad le dedican las primeras de las coplas, que siempre suelen responder a un mismo esquema:

Señor alcalde del pueblo,
venimos a saludarle,
a pedirle a usted permiso
para cantar esta tarde.

Con la correspondiente autorización en el bolsillo, las comparsas inician un colorista pasacalle, deteniéndose en las plazuelas, en los llanos y ante las casas de las amistades y familias para dar un recital de romances y canciones que ellas mismas han compuesto, entre los que no faltan las letras que critican o censuran aconteceres locales. Se termina la jornada con un baile que organiza la totalidad de la juventud escurialense.

También SALORINO revive las costumbres de los Jueves de Compadre y de los Jueves de Comadre con reuniones y sorteos para emparejar a los mozalbetes de distintos sexos, que pasarán a denominarse compadres y comadres, respectivamente.

A pesar de todo lo anterior hay que advertir que la “realidad” de los carnavales para los cacereños se fija a unas fechas muy concretas, las que van del Domingo Gordo al Miércoles de Ceniza. Durante estos días podemos asistir a una serie de manifestaciones, muchas de ellas consideradas como rituales arcaicos, que precisan de un desglose en su conjunto, lo que seguidamente llevamos acabo.

CORRER LOS GALLOS

Varias son las formas que los mozos cacereños, por lo general los quintos, han empleado en las corridas de gallos. En GATA, donde la ritualización también se ejecuta dentro del ciclo navideño, los gallos son enterrados hasta la cabeza y sus verdugos, uno a uno y con los ojos vendados, intentan darle en el cuello un fatídico y certero golpe con un sable. Semejante modalidad la constatamos en CAMINOMORISCO. Aquí esta práctica recibe el nombre de pita ciega, y lo que aguarda al gallo es la descarga de un palo de castaño. En AHIGAL ha sido costumbre el que los mozos, tanto en los días de la matanza como en las mañanas de carnaval, llevaran algunos gallos al Toconal de los Mahíllos, procediendo al mismo enterramiento que en los casos anteriores. Desde una distancia convenida y con los ojos tapados, y siempre tras darles varias vueltas para desorientarlos, lanzan a ras de suelo leños del grosor de una muñeca con el fin de "agañotar" al indefenso animal. En SERRADILLA y CECLAVIN generalmente se inclinaron a dar muerte a las aves a base de tiros, al igual que en CILLEROS, aun cuando en esta última localidad en la hecatombe también tienen su importancia las pedradas. Una forma de matar los gallos, que en buena medida recuerda la pignata, la constatamos en SERRADILLA. Quienes participan en la masacre son vendados y puestos bajo una soga que sostiene a las aves atadas por las patas, valiéndose los "gallicidas" de una vieja espada o garrote.

Otra modalidad de corrida de gallos nos la topamos en TORREJONCILLO. El Martes de Carnaval se reúnen las parejas de novios y salen al campo armados de varas. Sueltan un gallo, al que previamente le han cortado las alas, y lo persiguen a vardascazos hasta que consiguen matarlo.

Con todo, el procedimiento más usual consiste en colgar al gallo de una cuerda tendida entre dos puntos, bajo la cual pasan los mozos a galope e intentan decapitarlo. Los que sujetan la cuerda no cesan de bambolearla para dificultar la acción de los jinetes. Cuando un gallo muere, otro lo sustituye, ya que cada uno de los que participan en la corrida debe aportar su animal. En ALDEANUEVA DÉ LA VERA el rito se ejecuta el lunes y los caballistas procuran arrancarles las cabezas asiéndolas con las manos, lo mismo que sucede en LADRILLAR, LAS MESTAS, EL ROBLEDO y LA HUETRE. De un bastón o sable se sirven los quintos que el martes participan en la corrida de CABRERO, TORNAVACAS, NAVACONCEJO, CASAS DEL CASTAÑAR, VALDASTILLAS, donde la celebración es conocida como repingonear el gallo, y CASATEJADA, localidad en la que los mozos tienen la "consideración" de colgar a las aves luego de haberlas emborrachado para que no sientan el suplicio. El domingo hacen lo propio los mozos de SALVATIERRA DE SANTIAGO, que también compiten en las carreras de cintas.

En este caso deberán meter, a galope de caballo, un palo por unos pequeños aros suspendidos de la soga. Tales prácticas son habituales también en ZARZA LA MAYOR y en GARCIAZ.

La muerte del gallo por el jinete que por primera vez participa en el festejo supone en ALBALA un rito de paso que conlleva su integración en el grupo de los adultos. Más de un centenar de hombres toman parte en esta localidad en las corridas de gallos, que tienen lugar en todos los días que van del Domingo Gordo al Miércoles de Ceniza. En FRESNEDOSO DE IBOR los quintos eligen como fechas más apropiadas el domingo y el martes de carnaval, mientras que en CAMINOMORISCO lo dejan para el miércoles, coincidiendo con el entierro de la sardina. Toda esta larga lista puede ampliarse con otras muchas localidades que cumplen con el ancestral rito carnavalero. Sirvan a modo de ejemplo los casos de GUIJO DE GALISTEO, SANTIBAÑEZ EL BAJO, BELVIS DE MONROY, LA CUMBRE, SANTA ANA, TORREORGAZ, TORRECILLAS DE LA TIESA y ALDEA DEL CANO. En ARROYOMOLINOS DE MONTANCHEZ los quintos, una vez que concluye el sacrificio, recorren el pueblo y son invitados en las casas de cada uno de ellos a tomar roscas, pestiños y licores. Las novias de los quintos de PIORNAL, tras pingoneal los gallos, se encargan de desplumarlos y de guisarlos, comiéndolos en las furrionas del Martes de Carnaval. Estas corroblas con el fin de ingerir las aves sacrificadas son comunes en la práctica totalidad de las poblaciones cacereñas que conservan el sangriento ritual.

Distintas son las interpretaciones que los estudiosos hacen de estas ceremonias, aunque la mayor parte de ellos quieren ver una ritualización que tiene por finalidad procurar la fertilidad de la tierra por medio de la sangre del gallo. En este sentido hay quien asegura que la muerte del ave responde a una suplantación del sacrificio del antiguo rey del territorio que había de ser ejecutado para que los suelos dieran sus frutos. Sin oponernos a esta teoría, aceptamos que la muerte y la posterior ingestión del gallo por los mozos cacereños se orientan a que éstos asimilen con la comida las cualidades de este animal de reconocido prestigio genésico y fecundador.

VACAS Y VAQUILLAS

Son los carnavales un momento propicio para los "festejos taurinos", todos ellos impregnados del elemento cómico. Bien lo prueban los casos de PLASENCIA y CECLAVIN, donde se corren las encastadas vaquillas del aguardiente. El LOSAR DE LA VERA la lidia corre por cuenta de los disfrazados Hermanos de Manolo, la burlesca cofradía que durante estas jornadas presiden las "honras fúnebres" al singular pelele. Nos queda muy cercano el recuerdo del embolado toro-rebruja de SERRADILLA. Por el Valle del Jerte las capeas carnavaleras tienen su cita en CABRERO, CABEZUELA y TORNAVACAS. En esta última localidad la chota ha de vérselas con el hombre-jeno, un pelele o muñeco fabricado con un mono relleno de paja que lanzan al ruedo y que acaba destrozado a pitonazos.

La vaca romera de GARROVILLAS, que ya apareció por San Blas, puede que también haga otra salida por estas fechas. Se trata de una mascarada, de un disfraz a semejanza de bucráneo. Su actitud bípeda contrastada con el comportamiento cuadrúpedo de las múltiples vacas que se reparten a lo largo y ancho de la provincia. Por lo general las conforman dos mozos que se fijan al cuerpo un armazón con dos palos salientes en horizontal, que bien pudieran ser unas escaleras o parihuelas, cubriéndose con una manta negra a la que se le hacen algunos agujeros que permitan la visión a los disfrazados. En los varales delanteros ensartan dos grandes cuernos y en la parte de atrás una esperpéntica cola. Tampoco les falta el correspondiente cencerro. Estas vacas no parecen tener otra finalidad objetiva que la de perseguir con saña a cuantas personas hallan a su paso, sobre todo a las mujeres, a las que no dudan en alzarles las faldas.

Diversos son los nombres que esta mojiganga carnavalera recibe en la provincia. A la que sale en ARROYO DE LA LUZ la conocen como maravaquilla, al igual que a la que antaño deambulaba por las calles de CACERES. En CAMPO LUGAR y LA SAUCEDA es la vaca embolá la que despeja las aceras de curiosos el Martes de Carnaval. En VALDOBISPO tal cometido le corresponde a la vaca romera. La vaca pendona es el nombre que le dan en MORALEJA, PESCUEZA y CACHORRILLA. En las dos últimas localidades el "animal" vierte cerniza y salpica agua sucia con la cola durante el recorrido. El toro, que es como nombran al cornúpeta de MEMBRIO, se hace acompañar de un grupo de mozos haciendo ensordecedores ruidos. La misma denominación pervive en LA MUELA, VEGAS DE CORIA y NAVAZUELAS. Aquí los quintos van a su vera pidiendo por las casas huevos y chorizos. Tal costumbre se mantiene igualmente por la Tierra de Granadilla en torno a la vaca del aguinaldo. En SALVATIERRA DE SANTIAGO la vaca madrona camina con su inseparable chotino, un muchacho que viste saya blanca y lleva la cara tiznada, y con dos vaqueros, cuyos distintivos son los zahones, el sombrero, el chaleco, la faja colorada y la porra al hombro.

El Martes de Carnaval la parodia de corrida no tiene desperdicio en TORRECILLA DE LOS ANGELES con la vaca pinta, en CASARES DE LAS HURDES y OVEJUELA con la vaca pinta, en HOYOS con la vaca de antruejo, en ARROLOBOS con la vaca de los atruejos, en PINOFRANQUEADO y SANTIBAÑEZ EL BAJO con la vaca antruejo y en AHIGAL con la vaca entruejo.

Esta vaca de carnaval es vaquilla en TORREMENGA, MONTANCHEZ, SANTA CRUZ DE LA SIERRA, PUERTO DE SANTA CRUZ, BOHONAL DE IBOR, SERREJON, SERRADILLA, PERALES DEL PUERTO, TORRECILLAS DE LA TIESA, NAVACONCEJO, CABEZUELA DEL VALLE y EL TORNO. Y pasa a denominarse simplemente vaca en las hurdanas poblaciones de EL AVELLANAR, LA HUETRE, LA HORCAJADA, EL ASEGUR, ROBLEDO, CAMINOMORISCO y NUÑOMORAL, así como en la vecina localidad de LA PESGA. En los tres pueblos jerteños la vaquilla aguarda la llegada del Miércoles de Ceniza, al igual que ocurre con la vaquiña de TORNAVACAS, con la vaquija de CABRERO y con la vaca vacuja de VALDASTILLAS. Si en esta última localidad la encastada vaca es ordeñada por un aguerrido vaquerillo, en la vaquilla torniega son las mujeres las auténticas protagonistas del festejo, al enfrentarse en solitario al esperpético astado en lo que se considera un verdadero simulacro de corrida. No faltan en ella la madrina, la petición de llave, el paseíllo, las canciones romanceadas y toreras, los pasodobles y las jotas.

JUEGOS Y BROMAS

El calificado en la provincia de Cáceres como juego del cántaro es una de las manifestaciones lúdicas que se nos presenta con carácter cíclico. Ya tuve ocasión de analizar en Los Cultos a la Fertilidad en Extremadura sus orígenes religiosos estrechamente ligados con rituales orientados a procurar el renacimiento de la Naturaleza en todas sus dimensiones. Tal juego, hoy prácticamente desaparecido del ámbito provincial, aún puede verse en las mañanas del Domingo Gordo y del Martes de Carnaval en algunas localidades de la Penillanura, como es el caso de ALDEA DE TRUJILLO. Se forma un corro intercalándose mozos y mozas, separados entre sí varios metros, y se van pasando un cántaro de barro, siendo obligatorio que el lanzamiento siempre se haga al compañero contiguo. El juego se acompaña con una serie de tonadas de corro. Quien deja caer la vasija al suelo debe aportar otra nueva.

No tan inofensiva como la anterior ha sido la costumbre carnavalera de atar botes y latas al rabo de los perros para que huyan despavoridos, práctica de la que en ocasiones también se hace víctima a los gatos. Unos y otros animales perfectamente conocen lo que son los carnavales por las Tierras de Granadilla, la Sierra de Gata, el Valle del Ambroz y la Vera de Plasencia, comarca ésta en la que las perrerías encuentran su máxima expresión en las mazas de VALVERDE DE LA VERA en el Domingo Gordo. Al natural de la comarca verata Gonzalo Correas, siglos atrás, no se le escapaba este ejercicio belicoso de su tierra: "En algunas partes ponen a los perros kalabazas por mazas por el Antruexo, i a vezes llenas de taskos kon juego, u aguxeradas para ke ardan los taskos y korran por la kalle los perros...".

Una herencia del munco clásico pervive en el popular juego conocido en TORNAVACAS por el alhiguín, que el Domingo Gordo hace acto de presencia en sus calles. Un hombre disfrazado lleva un higo paso atado a una cuerda que pende de una larga caña. Los muchachos que le siguen procuran, mediante saltos, cogerlo con la boca, al tiempo que el disfrazado, que no deja de mover el palo, salmodia insistentemente:

Al higo, al higuín
con la mano, no,
con la boca sí.

Tío del jigo es como llaman en AHIGAL a este cañista que también emplea la rítmica cantinela para reclamo:

El tío del jigo
aquí esta:
la boca abierta
y la mano atrás.

Poca gracia debe hacerle a quienes reciben sobre el suelo de sus viviendas los berbajos que se les lanzan por el postigo, la puerta e, incluso, la gatera. Sin embargo, ésta es una de las bromas carnavaleras más extendidas por los pueblos extremeños. Tal costumbre también se constata durante el ciclo navideño, coincidente casi siempre con la actividad matancera. El berbajo o brebaje es un cocido de las sustancias más olorosas y repelentes que puedan imaginarse, y suele arrojarse dentro de un recipiente de barro para que se rompa al chocar contra el pavimento. Otras veces los inquilinos han de soportar los zajumerios, que no son otra cosa que botes o pucheros en los que arden guindillas, suelas, pelos, pezuñas o gomas y que por los métodos más ingeniosos se colocan en el interior de las viviendas. Abundan también los lanzamientos de pucheros con ceniza o agua, sacos llenos de botes viejos o excrementos, piedras calentadas al fuego para quemarle las manos al que inmediatamente intente recogerlas, bombillas fundidas...

El tizne es otro de los elementos a destacar en los carnavales cacereños. Día de los tiznes y día del mascarón llaman en CEDILLO al Martes de Carnaval. Jóvenes y menos jóvenes, además de pintarse sus propias caras con corchos quemados, salen a las calles dispuestos a embadurnar a quienes encuentren a su paso. En SANTA CRUZ DE LA SIERRA también los mozos agarran los tiznotes y buscan en las mujeres sus víctimas predilectas. Idéntica costumbre se ha mantenido en PUERTO DE SANTA CRUZ, donde los mozos arremeten especialmente contra las mujeres que acuden al caño. Algo semejante ocurre en CAMPO LUGAR y en ZARZA LA MAYOR. El reparto de cenizas a diestro y siniestro sobre las cabezas de los paseantes prolifera en estos días por todos los rincones de la provincia, sin que falten lugares en los que tales polvos se sustituyan por serrín, tabúas, pimentón, yeso, hollín, y sobre todo, por harina que llevan en grandes bolsas, como ocurre en el ya citado CEDILLO en el conocido por día de los enfariñamientos. El agua es otro elemento de los considerados imprescindibles en el carnaval cacereño. Cualquier instrumento es válido para enviar el líquido, no siempre limpio, en la dirección que se desea: jeringas, cañas, guisopos de escoba... Aguachótes llaman en PUERTO DE SANTA CRUZ al instrumento que los muchachos utilizan para salpicar a las mujeres que asoman a la puerta. Esta diversión es la que da el nombre de Fiesta del agua al Martes de Carnaval de ROBLEDILLO DE TRUJILLO, donde las mujeres dejan como sopas a los varones que tienen la osadía de penetrar en la plaza. El protagonismo femenino se manifiesta igualmente en las pegas o chascos, en lo que destacan sobremanera las hembras de SERRADILLA, y en el repetido interés de las cuadrillas disfrazadas de encoratar en plena calle a los valentones y a los "donjuanes" lugareños.

DISFRACES Y MOJIGANGAS

El anonimato es uno de los principios que rigen a los que participan en la mayoría de los festejos del carnaval cacereño. Tan es así que las máscaras suelen ser los complementos ideales para todo tipo de disfraz, hasta el punto de que este elemento ha acabado dando nombre al antruejo de alguna que otra localidad, como ocurre con el día de la máscara de HERRERA DE ALCÁNTARA. Entre las poblaciones que destacan por la originalidad de sus disfraces, ya se presenten tanto a nivel individual como en grupos y comparsas, hemos de citar a TEJEDA DE TIETAR, PLASENCIA, MADRIGAL DÉ LA VERA, NAVALMORAL DE LA MATA, MONTEHERMOSO, SANTA CRUZ DE PANIAGUA, PORTAJE, CORIA, PIORNAL, SANTIBAÑEZ EL BAJO, MONTANCHEZ, CACERES, MIAJADAS, SANTA ANA, ARROYO DE LA LUZ, MALPARTIDA DE CACERES, MALPARTIDA DE PLASENCIA, ALIA y VALDEMORALES, donde hasta a los burros pasean disfrazados. En otras localidades los enmascarados comparten la calle con los que en estos días festivos aprovechan para lucir la típica indumentaria: AHIGAL, ALCÁNTARA, CUACOS, CABEZUELA DEL VALLE, TORNAVACAS (con paseos de las parejas de novios a caballo en la tarde del martes), NAVACONCEJO, ARROYOMOLINOS DE MONTANCHEZ, MONTANCHEZ, ALDEACENTENERA y GUADALUPE.

La uniformidad del vestuario es total en las estudiantinas, comparsas y murgas, en cuyo haber se cuenta un amplio repertorio cancioneril. Gran popularidad gozaron años atrás las estudiantinas de ZARZA LA MAYOR. De entre las comparsas debe citarse obligatoriamente a la de Las cigüeñas de ALIA, conformada en exclusiva por mujeres, con ropajes y movimientos que simulan una bandada de zancudas y en cuyo haber se apunta una de las más bellas tonadas carnavaleras

Esta banda de cigüeñas
que hoy caemos en Alia
saludamos al alcalde
con muchísima alegría.
Vamos a volar
por esas cañadas,
a desinfectar
trigos y cebadas,
trigos y cebadas
y escarabajos
pa qu'al campesino
le luzca el trabajo.
La misión que aquí traemos
es desinfectar la siembra
de lagargijas, lagartos,
de sapos y de culebras.
Vamos a volar...
Nos bajamos a la Vega,
que hay una hermosa laguna;
allí nos atiporramos
de sapos y de tortugas.
Vamos a volar...
Nos subimos para el Roso,
que allí se estaba muy fresco;
allí nos las peleamos
con los quebrantahuesos.
Vamos a volar...
Las cigüeñas que aquí vienen,
y también los cigüenillos,
en lo alto las campanas
todas tenemos el nido.
Vamos a volar...

Actualmente las comparsas han perdido su importancia en los núcleos rurales, al tiempo que se han afianzado como una de las partes más significativas del carnaval urbano. En NAVALMORAL, PLASENCIA, CACERES, TRUJILLO, VALENCIA DE ALCÁNTARA, CORIA y MIAJADAS estos grupos cumplen su función al lado de otras actividades regladas y reglamentadas (elecciones de reinas, pregones, bailes de sociedad, desfile de carrozas...) y junto a los que viven la fiesta ajenos a cualquier tipo de normativa. En las canciones de las comparsas se conjugan la ironía, el humor y la crítica. Por otro lado hay que recordar que muchas poblaciones conservan un rico folklore carnavalero en el orden musical, que sale a flote por estas fechas. Al contrario de lo que ocurre con las chirigotas, que por lo general se renuevan cada año, estas cantinelas no precisan de ensayos porque son conocidas por todos y transmitidas de generación en generación. Baste con recordar las que se entonan en los populares corros de ARROYO DE LA LUZ ("El judío honrado", "El orontín", "Romance de Griselda" y "Fray Diego"), en los no tan conocidos de TORREJONCILLO ("Yo sembré trigo" y "Ya está el tonto en la plaza"), de PESCUEZA ("He recibido una carta") y de SANTIAGO DE ALCÁNTARA, donde destaca la famosa "Sartén sin rabo":

Una sartén sin rabo
me dio mi suegra;
cada ve que reñimo
la sartén suena.
A verme viene
Manué del alma;
a verme viene,
qu'h'estao mala.
Lo que me dio mi abuela
fueron tres cazos;
cada ve que reñimo
los descolgamos.

Dentro de este capítulo musical merecen especial atención el "Romance de Perulo" de MALPARTIDA DE CACERES, "El lirón" de AHIGAL y, sobre todo, "Los antruejos", quizás la canción más extendida en la provincia, de la que acercamos la versión recogida en CEREZO:

El antruejo se ha muerto,
Dios lo perdone,
Dios lo tenga en la gloria
que era un buen hombre.
Niña, que te vas
con los artilleros,
¿no me dices na,
carita de cielo?
Ya se van los antruejos
por la ribera.
Ya se quedan las mozas
como unas brevas.
Niña, que te vas...
Ya se van los antruejos
por el legío.
Ya se quean los mozos
descolorios.
Niña, que te vas...
Esa callita abajo
van dos varones.
El que no lleva calzas
lleva calzones.
Niña, que te vas...

El recuerdo de la contradanza de SERRADILLA, del Domingo Gordo y del Martes de Carnaval, nos acerca a una coreografía que está perfectamente representada por La jeringoncia, de gran predicamento en el área meridional de la provincia, y por el Baile de Carnaval de LA CUMBRE. En esta localidad varias mujeres cantan acompañadas de panderetas y marcan el ritmo de una danza que se ejecuta por parejas formadas en dos filas, que se alejan y aproximan a tenor de las cadencias de la música. En la letra se entremezcla lo jocoso con lo que rememora aspectos costumbristas carnavaleros:

Tienes una cinturiña,
que anoche te la medí;
con media vara de cinta
catorce vueltas le di.
De las dos que están bailando,
la de la cinta encarnada
es la novia de mi hermano;
¿cuándo será mi cuñada?
Tienes una mano blanca,
y en ella, venas azules;
se parece a los cielos
cuando están llenos de nubes.
Carnavales, carnavales,
cuándo os veré venir,
para ver a los vaqueros
con las vaquillas salir.
Los carnavales se vienen,
los carnavales se van,
y nosotros, si nos vamos,
no volveremos acá.

Las canciones suelen acompañar en estos días a las pandillas, casi siempre de quintos, que por las casas piden el aguinaldo. En MADROÑERA estas tonadas se dirigen a los más pudientes de la localidad. Por el Valle del Jerte se acompañan los mozos de la correspondiente pandereta fabricada con una piel de perro, que en CABRERO matan con este fin. El petitorio es común en la práctica totalidad de la comarca jerteña, como común es el que el vecindario "cumpla con los quintos". La chacina que se consigue va a parar a un serón que transporta una caballería que abre la comitiva. En TORNAVACAS los huevos que se sacan del aguinaldo se colocan en una cesta que sostiene un quinto disfrazado de vieja. Todo es válido para los ágapes comunitarios, entre los que destaca el de los mozos de PIORNAL el Miércoles de Ceniza, fecha en la que se inicia la Semana de los quintos, donde se degusta el arroz con chorizo, las tortillas y los gallos sobrantes de la furriona del día anterior. El programa de los quintos durante dicha semana lo llenan los paseos del macho, el comer, el beber y el aporrear los tamboriles.

Los aguinaldos también son práctica habitual en GUIJO DE GRANADILLA, PINOFRANQUEADO, EL CEREZAL, FRAGOSA y MARTILANDRAN. En esta alquería del río Malvellido el guinaldu, que se traduce en un pequeño chorizo, lo solicitan las carantoñas, jóvenes con la cara tiznada que se disfrazan de pieles y suenan cencerros que llevan sujetos a la cintura. Es en MARTILANDRAN en donde los rondadores, más que solicitar, exigen las dádivas del vecindario mediante la presión de esta copla:

Por esta calle vengo,
por la otra doy la vuelta;
si no me dais el guinaldu,
me cago en la vuestra puerta.

Enunciado quedó más arriba que el aguinaldo requiere de la inevitable comensalidad del grupo que participa en el petitorio, abundando por lo general en este ágape la carne de cerdo que se regaló en forma de embutidos. En TEJEDA DE TIETAR los mozos, que en estos días entran en quinta, invitan a todo el pueblo a comer tortillas que han elaborado a base de los huevos y chorizos recaudados. Pero el carnaval también es momento en el que, a nivel familiar, se degustan productos derivados de la matanza, cuales son los bobos de BROZAS y los buches de ZARZA LA MAYOR. También el buche combinado con coles y arroz es el plato preferido el Domingo Gordo en VALENCIA DE ALCÁNTARA. A todo esto hay que añadir la nada despreciable repostería. En atención a este último apartado no ha de extrañarnos que en HERRERUELA se conozca a alguna de las jornadas de carnaval como la del Día de la rosca de piñonate.

SIGUEN LAS PANTOMIMAS Y LOS PELELES

En la alquería hurdana de EL GASCO el Martes de Carnaval hace acto de presencia el burro antruejo. Dos hombres se esconden bajo una manta y sujetan en alto un palo que sostiene una olla de barro que simula la cabeza. El "animal" y su dueño recorren el pueblo en compañía del tamborilero, a los que sigue un grupo de muchachos pintados de negro y sonando cencerros. Junto a la fuente el dueño del "pollino" rompe la olla y éste muere. El vecindario llora hasta que llega el veterinario y lo resucita.

El mismo día sale la tarara en la vecina localidad de EL CEREZAL. Es ésta un hombre metido dentro de un amplio saco, que también se rellena de telas y de hojarascas. En la parte de la cabeza se le practican unos pequeños agujeros que le permitan la visión, colocándose una testa artificial a los pies. Animada por los quintos que la acompañan, la tarara no cesa de dar vueltas y piruetas. Otro personaje carnavalero de esta localidad es la mona. Quien se presta a encarnarla ha de cubrirse enteramente de pieles. Su "amo", que la lleva atada con una cuerda, trata por todos los medios de herrarla y de afeitarla. A este personaje, que no cesa de saltar, correr y zarandear a las mozas, le dedican sus paisanos la festiva cantinela:

Ciento cincuenta barberos
se han juntao en Barcelona,
para afeitá a esta mona
que ha venío de Toledo.
No la han podio afeitá
con buena hojilla de acero
y han tenío que empleá
un cuchillo matancero.

Distinta es la mona que, el mismo Martes de Carnaval, aparece en VALVERDE DE LA VERA. Va la mona montada en una parihuela y es paseada procesionalmente por el pueblo. En el Valle del Jerte nos topamos, siempre el Domingo Gordo, con los jarramachis de VALDASTILLAS y con los trapajoneros de TORNAVACAS. Son los primeros unos hombres que visten por completo de blanco (calzoncillos blancos y camisón). Se encaretan con unas calzonas infantiles con las pateras rellenas de heno y dispuestas a manera de cuernos. Los trapajoneros, por su parte, salen a la calle con grotesca apariencia de mujer. Llevan en las manos un palo terminado en un trapo de los que se emplean para quitar telarañas, el trapajón, con el que se mantiene a raya a un tropel de muchachos, que les lanzan objetos y les dirigen toda clase de insultos.

Si nos introducimos en el terreno de los peleles inmediatamente nos trae CACERES el recuerdo de Febrerillo, un muñeco relleno de bálago al que festejaba el gremio de lavanderas. Más al sur, en MADROÑERA, sigue repitiéndose cada año el Entierro de Manolo, el pelele que representa el carnaval. Otro Entierro de Manolo se lleva a cabo en LOSAR DE LA VERA. El Manolo de esta localidad comienza su andadura como un héroe, ya que se carga en su cuenta el haber librado a la población de los ataques de los salvajes. Poco después se eclipsa su estrella y es condenado a muerte por un incendio involuntario y por tener un hijo con una losareña sin antes pasar por el sacramento del matrimonio. La cofradía de los hermanos de Manolo lo saca de la cárcel, donde ha cogido una grave enfermedad y lo lleva a casa del padrino para proceder a su operación. Mientras manejan el bisturí los cofrades llenan la andorga de comida y bebida. Hay bautizo del hijo y el lógico convite. Luego se comunica al pueblo la muerte de Manolo y se da lectura a su jocoso testamento. El pelele es transportado a hombro de los hermanos y los losareños en masa acuden al entierro llorando a gritos o, simplemente, soltando las lágrimas a causa de un sahumerio de pimienta que, dentro de un bote, pasan bajo la nariz de los que se resisten a mostrar los tristes sentimientos.

En CASAR DE CACERES en torno a Los Bujacos se procura ridiculizar a personas o acontecimientos locales. Se trata de dos muñecos, Bujaco y Bujaca, de un tamaño superior al normal, embutidos de paja. La confección de cada uno de ellos se realiza en casas distintas. Las gentes, tras ponerles nombres, les obligan a contraer matrimonio, siempre después de proceder a la petición de la novia, llevándose a cabo los más esperpénticos rituales del casorio. Al finalizar la boda se convierten, entre los oportunos ayes y lamentos, en pasto de las llamas. En ACEITUNILLA el Martes de Carnaval pasean El Morcillo, un pelele mezcla de hombre y de macho cabrío y que muestra unos enormes atributos sexuales. Ha de morir para que se escuchen los llantos del vecindario.

VILLANUEVA DE LA VERA cuenta con la tradición carnavalera más conocida de la provincia. Se trata de la fiesta del Pero Palo, declarada de Interés Turístico. Es el Pero Palo un muñeco, de tamaño natural, que se configura sobre una armadura de madera y que visten con calzón y chaquetilla de manera que formen una sola pieza. El pelele se rellena de heno. Su cabeza es de madera, en la que destacan un sombrero por tocado y un cigarro en la boca. La faja negra y el pañuelo atado al cuello completan las prendas del Pero Palo. El domingo anterior al carnaval se anuncia la fiesta, cuando, por la tarde, los peropaleros pasean la cabeza del pelele pinchada en un palo por las calles del pueblo. La fabricación del monigote se realiza en un lugar que muy pocos saben de antemano en la noche del sábado previo al Domingo Gordo, concluyendo la confección con un redoble de tambor. Al amanecer es paseado el Pero Palo a hombros del mayordomo del pasado año y colocado en la aguja, una especie de escalera de mano que se ha puesto en un ángulo de la plaza, no sin antes sufrir la correspondiente burla o judia. Ello consiste en tender al pelele en posición horizontal y girarlo repetidamente sobre el palo que lo sostiene. Los escarnios al muñeco se repiten cada vez que vuelve a la plaza después de las repetidas vueltas, de tres en tres horas, que se le dan por el pueblo durante el Domingo y el Lunes de Carnaval, paseos que dirigen el tamborilero y los peropaleros.

El martes es el día grande de los carnavales villanovenses. Por la mañana, en el ayuntamiento, se celebran las elecciones con la sentencia del Pero Palo, que es asomado al balcón con un cartel a la espalda en el que se lee el resultado del juicio: "Condenado a muerte por traidor". Seguidamente sale por la puerta de la casa consistorial un burro atado a un ramal del que tiran numerosos hombres y que lleva sobre sus lomos a un joven con el cuerpo cubierto de arpillera, la cara embadurnada y grandes dientes hechos de patatas. Lo escolta un grupo armado de peropaleros que de vez en cuando dispara al aire salvas de pólvora. Lógicamente en este paseo el joven es la encarnación del Pero Palo. Por la tarde tiene lugar el ofertorio, presidido por el alcalde y los concejales, con asistencia de los peropaleros grotescamente disfrazados. Los oferentes, que han de depositar algún dinero, tienen por obligación "firmar" con un corcho quemado y un cuerno que hay en la mesa presidencial, recibiendo tras ello toda suerte de golpes con las calabazas que los peropaleros llevan atadas al extremo de unos palos. Durante el ofertorio se desarrolla el último de los paseos del Pero Palo, al que asiste el capitán con la bandera blanca que ostenta una media luna pintada, la capitana con una vara de zarza de la que cuelga un chorizo y numerosas jóvenes luciendo el traje típico de la localidad. Abren la marcha varios tambores. Al llegar a la plaza ofrendan al capitán y la capitana, con lo que concluye el acto del ofertorio. Instantes después será el capitán el que inicie la ceremonia de la jura de bandera, consistente en mover la enseña con gran habilidad. Tras él cualquier varón puede realizar dicho ejercicio, siendo el postrero en hacerlo el que ostentará la capitanía al año siguiente. Cuando concluyen estos rituales el pelele es desposeído de la cabeza, que se servirá para el próximo Pero Palo, y manteado en el medio de la plaza al tiempo que se le disparan innumerables tiros de fogueo.

A lo largo de estos días se cantan más de medio centenar de coplas, las llamadas coplas peropaleras, que bien pueden insertarse en una misma partitura:

Se arrejunte mucha leña
y se jaga un joguerón,
y allí se vayan echando
los de la mala intención.
Ese que llama Ravique
y por nombre Pero Palo,
ha salido en la sentencia
que tiene que ser quemado.
Tu padre es un gran judío,
un gran ladrón afamado,
que del primer matrimonio
tuvo ciento y un muchacho.
El que no quiera al Pero Palo
no se arrime a la cuadrilla;
se le den por primera vez
mil palos en las costillas.

En estos festejos ven algunos la parodia de un auto de fe celebrado en Llerena, al que acudieron distintos villanovenses acusados de matar ritualmente cada año a un judío. Otros mantienen que el Pero Palo rememora la muerte a que fue condenado un malhechor que merodeaba por estas tierras. Las coplas peropaleras, a pesar de su incongruencia, esconden un trasfondo pseudohistórico que fundamentan aquellas hipótesis sin dejar de lado, lo que nos parece más lógico, su relación con los "sacrificios" de los judas que proliferan por toda la región. Es nuestra opinión que en sus orígenes este tipo de rituales en el que "muere" el consabido pelele respondía a un hecho propiciatorio de la fertilidad, puesto que ello simbolizaba la muerte del invierno, representado en el muñeco, que hacía posible la llegada de la primavera, con todo lo que esto supone para el renacer de la Naturaleza.

La misma intencionalidad cupo atribuírsele al entierro de la sardina, que se celebra el Miércoles de Ceniza y que goza de gran raigambre en el Valle del Jerte, HOYOS, AHIGAL, NAVALMORAL DÉ LA MATA, PERALEDA DE LA MATA, TORREJÓN EL RUBIO, VALVERDE DE LA VERA y SERRADILLA. Este entierro constituye una parodia de la ceremonia religiosa funeraria. Asisten un cura vestido de forma estrafalaria, los correspondientes acólitos que llevan por acetre un cubo de agua sucia y una escoba por hisopo y una muchedumbre enlutada que sigue a un ataúd que acoge en su interior una sardina. Durante el recorrido no se cesa de llorar, de ensalzar las virtudes del difunto pescado y de entonar los oportunos gorigoris:

Pobre sardina,
ya se murió;
cantemos todos
el Kyrieleisón.

EL OTRO CARNAVAL

La religiosidad cacereña se ha manifestado como contrapunto a los festejos carnavaleros. Distintas hermandades y cofradías recogen en sus estatutos o actas fundacionales el espíritu de servir de desagravio a los pecados que se contraen en los días de carnestolendas, así como numerosas referencias al olvido al que se someten a las almas del purgatorio en tales fechas. En AHIGAL, donde hasta hace unos años los cofrades de las Animas pateaban las calles el Martes de Carnaval, sigue vigente la tradición de cantarse una solemne misa de difuntos a la que asiste todo el pueblo. VILLAR DEL PEDROSO conserva una de estas instituciones que protagonizan importantes actuaciones durante el lunes y el martes, en lo que conocen como Carnaval de Anima. Los orígenes del mismo se le atribuyen a la promesa hecha por un general del pueblo cuando se hallaba rodeado por numerosos enemigos y recurrió en el trance a las Animas Benditas. El organigrama de la institución es de corte militarista. El cargo de general recae en la persona que por promesa o manda se aviene a actuar de mayordomo; la generala será su mujer. Entre ambos, unos días antes del carnaval, nombran la soldadesca, compuesta por veinte mozos y veinte mozas. Atributos de este ejército son unos palos o alabardas que terminan en una cruz de Santiago. Al frente de la soldadesca destacan las figuras del bastonero y del alabardero. Desde su constitución recorrerán el pueblo y, a los sones monocordes del tambor y de la esquila, pedirán limosna para las Animas. Lo recaudado se entrega en casa del general.

El Lunes de Carnaval los tamborileros van recogiendo, uno a uno, a los miembros de la soldadesca y con ellos a paso marcial se dirigen a las casas del cura y del alcalde. Los dos son saludados con el explosivo grito de "¡Viva!". A la misa de este día asisten en perfecta formación y, cuando ésta concluye, dan paso al baile del "Serengue", cuya coreografía exige la formación de dos filas y los continuos saltos, animados por la oportuna cantinela:

El Serengue es un borracho
que a la taberna se va,
y su madre le regaña,
y se mete más allá.
Serengue mío,
Serengue dan;
con el Merengue
tú lo verás.

Por la tarde hay repetición de los actos mañaneros, con el sólo cambio de la misa por el rosario. El martes lo conocen como día del Ramo. Es el "ramo" un armazón de madera con dientes de los que penden grandes cantidades de roscas y de cintas. Colocado sobre unas andas a la puerta del general, es objeto de ininterrumpidas guardias a cargo de los miembros de la soldadesca desde antes del amanecer. Todos los vecinos pasan a visitarlo y son muchos los que disparan salvas ante él. Estos disparos se repiten durante el traslado del "ramo" a la iglesia, donde presidirá la misa y donde permanecerá hasta la finalización del rosario. Posteriormente es trasladado a la plaza. En este lugar se ejecutará el baile del "Serengue grande" y se dará paso a las ofrendas de limosnas y a la venta de las rosquillas que adornan el "ramo".

Cerramos el ciclo con dos celebraciones que, aunque presentan connotaciones distintas a las referidas como carnavaleras, tienen lugar en estos mismos días. Tales son la Fiesta del Agricultor que se desarrolla en JARAÍZ DE LA VERA y la Fiesta del Árbol que el martes se lleva a cabo en VILLANUEVA DE LA SIERRA, siendo esta última una tradición que se remonta al año 1805.

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NOTA

Las partituras de "Las Cigüeñas" y "Baile de Carnaval" han sido traídas de las obras de Bonifacio Gil García; la de "Los antruejos" y "Coplas peropaleras", de la de Angela Capdevielle.