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“Palrandu en hurdanu: Prieguh pa embai el ratu”.
(Hablano en hurdano: Apuntes para pasar el rato)

BARROSO GUTIERREZ, Félix

Publicado en el año 1995 en la Revista de Folklore número 175.

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LA CARVOCHERA EN LAH HURDIH

A ná c,arraya novriembri, s,ehcumbra Lug Santuh. Antoncih moh embaímuh con la Carvochera, un rehuihu que tamién dícinli La Magohtá u La Chiquitía, sigún el concehu de Lah Hurdih. Moh vaga di aciamenti al rebuhcu de lah cahtañah. Dímunuh fuendu pol luh lombuh y, acá nu ná, enllenamuh luh farracuh con cahtañah enhertah, que de continu dihun: "la cahtaña tiene una maña: el que la herea, l,arrepaña". Hay que tené cudiau con luh oriciuh, que son mu harrahperosuh. Peru la cahtaña no le retolea a luh carlahih, lo mehmu sea en un poti con tocinu, que cocíah en lechi de cabra, que nusotruh dicimuh socochonih.

Lah corrobrah de hombrih, que, esi día vain cumu halamíuh y con mucha sedi, vesitan, en pran de compairih, lah casah y lah bodegah, y encentan la polienta y se ponin cumu asisonih con lah mazah de lah igüeah y luh banahtruh de zulequih. Angunuh ehcolan güenuh caquéruh d,abuardienti de madroñu y s,atahinan en un verbu y, aluegu, leh peta andá de retozu con lah mozarangüelah, enhelechándusi pa cuarquié machial, andi hadin el baili garetu, u sea, zamarreá el culu y luh piedih quietuh.

Luh dagalinuh, c,anduviorin piiendu a la mañana luh guinarudh y la chiquitía, aballan en corrobrah, de gurupetería, achancan el ríu y prendin monti arriba, en cata de un güen solanu, andi enllenan la bacera con luh havíuh que recohiorin en el puebru. A la vuerta, s,embáin hadiendu canarriah pa hundealah en luh charaílih, o hugan al nau con carabonih de hollau, o hadin horcah pa luh tirabequih.

En la arquería, el tamborileru no se harta d,asoprá la gaita. La henti anda toa ehcachecía. Luh hombrih andan de moraga y lah muherih de borrahá. Acá nu ná, harrean un rehinchu y hahta loh máh cacherúh salin a marcalsi un picau, una haba, una charrá, u lu que se terci. Luh qui ehtán hechuh unuh baldragah pol el vinu qu,ehcolorin, andan cumu ununh hurraculuh, al horru, ehcarrapachauh, y no da bailau; antoncih luh chipilindrinih leh hadin corquiñah en la renga y en lah pencah u leh rehtriegan el culu con cachimbarbah y haramochuh, u leh asopran unah pelusinah que tienin lah garbolah de unah prantah chirlih, que se le metin pollah suh chierah y leh hadin ehtarnual de continu. Tamién leh hechan horrillu pol lah suh cohtillah, qu,eh cumu una grana que se saca de lah garavainah de luh rusalih machíuh y que da mucha picaña.

A ná c,abanga el día y se hadi de nochi, cuantih que pardea y rahpahila la cavachuela y emprencipia a cantá la gorulla, la henti s,arrima a la calentanza de lah hogaráh y hundea embozáh de cahtañah pa lo artu, dihiendu que son pa lah ánimah. Horman corru y se cohin de lah manuh, y el zahoril de l,arquería palra ununh latinih d,al cabu diuh te sarvi, que siempri dihiorin qu,eran pol luh nuehtruh defuntuh y lah nuehtrah ánimah. y aluegu dobran lah campanah del concehu y la henti s,ehpuerdolaga y cá cual díbasi fuendu pa la su casa.

(Nota: Todas las haches ("h") que aparecen en el texto, son aspiraciones y, como tal, así deberán pronunciarse).

TRANSCRIPCION AL CASTELLANO

La Calvochera en Las Hurdes (1)

Nada más aparecer el mes de noviembre, se divisa la fiesta del Día de Todos los Santos. Entonces nos distraemos con la Calvochera, un festejo que también lo llaman La Magostá o La Chiquitía, según el concejo de Las Hurdes. Tenemos tiempo libre para ir expresamente a buscar castañas. Vamos por los cerros y, de vez en cuando, llenamos los fardeles con castañas "enhertah" (2), que siempre se dijo: "la castaña tiene un secreto; aquel que la ve, la coge". Hay que tener cuidado con los espinos de las castañas, que son muy ásperos y con pinchos. Pero la castaña no le repugna a las personas con buen apetito, lo mismo da que sea en un pote con tocino, que cocidas en leche de cabra, que nosotros llamamos socochones.

Las cuadrillas de hombres, que ese día están como hambrientos y con gran sed, visitan, con gran libertad, las casas y las bodegas, y abren las tinajas del vino casero y se ponen como "asisones" con las mazas de las chivas y las cestas con trozos de pan. Algunos beben buenos pucheros de aguardiente de madroño y se emborrachan enseguida y, luego, les da por andar de bromas con las mozuelillas, acostándose con ellas en lo más áspero del bosque, donde hacen el amor, que consiste en mover el culo y tener los pies quietos.

Los muchachos, que estuvieron pidiendo por la mañana los "guinarduh" (4) y la "chiquitía" (5), marchan en cuadrillas, fuera de casa, pasan el río y se van monte arriba, en busca de un sitio soleado, donde llenan la barriga con las cosas que recogieron en el pueblo. Al regreso, se entretienen haciendo barquichuelas de corteza de árboles para tirarlas en los charcos profundos del río, o juegan al "nau" (6) con palos secos de durillo, o hacen horcas para los tirachinas.

En la aldea, el tamborilero no se cansa de soplar la gaita. La gente está muy contenta. Los hombres se juntan para asar carne y las mujeres para asar patatas. De vez en cuando, lanzan al modo de un relincho y hasta los más serios salen a bailar un "picau" (7), o una "jaba", o una "charrá" (8). Los que se encuentran borrachos por el vino que bebieron andan con los pantalones caídos, con los pies a rastras, con las piernas abiertas, y no son capaces de bailar; entonces los muchachos revoltosos les hacen cosquillas en la rabadilla y en los muslos o les refriegan el culo con rusco y cogollos de jara, o les soplan unas pelusas que se encuentran en el interior de una vaina de unas plantas silvestres, que se les meten en las fosas nasales y les hacen estornudar continuamente. También les echan como polvos pica-pica por las espaldas, que los sacan de las simientes que se encuentran en las vainas de los rosales silvestres, y da mucha picazón.

En el momento que cae el día y se hace de noche, en cuanto se pone el sol y pasa rasante el chotacabras y comienza a cantar el cárabo, la gente se arrima al calor de la lumbre y lanza puñados de castañas hacia lo alto, diciendo que son para las ánimas. Forman un corro y se cogen de las manos, y el "zahoril" (9) de la aldea dice unos latines de los años de Mari Castaña, que siempre se dijo que era en memoria de nuestros difuntos y nuestras ánimas. Y luego doblan las campanas del concejo y la gente parece como si se angustiara y cada cual se va marchando para su casa.

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NOTAS

(1) El término "calvochera" tiene el significado, en Las Hurdes, de "preparativos y acción de asar castañas el día de Todos los Santos". También se emplean otros nombres, como "carvochá", "calvotá", "magosta" y "carvochera". El "calvochi", "calvoti" o "carvochi" es la castaña asada.

(2) Las castañas "enhertah" son una variedad -dentro de cuatro o cinco especies- que abundan en Las Hurdes. Son muy dulces y se pelan muy bien. Después de varearse y desprenderlas de sus espinos o erizos, se llevan al "sequeru" o "zazu" (artilugio al modo de una gran rejilla formada por cañas, palos o tablas), bajo el cual permanece una lumbre encendida durante varios días, al objeto de ahumar y secar el fruto. Posteriormente, las castañas se "pilan" o se "socochan", introduciéndolas en un saco, que es golpeado por dos personas sobre un "mazón" de madera. De esta manera, la castaña pierde su cáscara, convirtiéndose en castaña "branca", "pila" o "pilonga". Esta castaña ha constituido, secularmente, la base alimenticia del hurdano. Antiguamente, la comida más común del mediodía en esta zona consistía en un puchero de castañas cocidas con tocino. Y por la noche, los tradicionales "socochónih" (castañas pilongas en leche de cabra, cocidas y con algún chorro de miel por encima). Con la enfermedad de "La Tinta", que afectó de modo muy directo a los extensos y frondosos castañares de Las Hurdes (siglos XVIII y XIX), se dio un gran varapalo a las economías hurdanas, que vieron mermados sus recursos. Aún se ven magníficos centenarios ejemplares de castaños, con troncos de varios metros de circunferencia, pero secos y carcomidos. Hoy en día, asistimos a una lenta pero feliz recuperación del castañar hurdano.

(3) Los llamados "asisónih" vienen a ser unas especies de ajos silvestres, que la gente suele desenterrar para comerlos. También se emplea esta palabra para designar a las personas que están gordas y sebosas, o que comen con gula y avaricia (ésta es la acepción que aparece en el texto).

(4) El término "guinardu" viene a ser una deformación de "aguinaldo", aunque hay que tener en cuenta que con la palabra "guinardu" o "guinaldu" se designa, en el territorio hurdano, a un chorizo pequeño, que se fabrica exprofeso en la matanza para regalarlo con motivo de ciertos acontecimientos. A los ahijados se les suele dar el,"guinardu" en Año Nuevo o Reyes. También se piden tales donativos por Los Santos o en Carnavales. Es una costumbre muy arraigada en las mal llamadas Hurdes Altas.

(5) El término "Chiquitía" es muy empleado en los concejos de Caminomorisco y Pinofranqueado, así como en otras aldeas, como Vegas de Las Hurdes. Viene a significar la colecta que el día de Todos los Santos realiza la chiquillería por el pueblo, sobre todo en casa de los familiares más allegados. Hace unos años, los muchachos recogían membrillos, granadas, manzanas, higos pasos, nueces, dulces caseros, roscas de pan y otros frutos del tiempo o elaborados en el pueblo. Actualmente, como consecuencia de una sociedad de consumo que ha penetrado por todas partes, se ha diversificado la oferta. Y así, se entregan golosinas diversas, bebidas gaseosas y de cola, dulces de fábrica... E incluso son ya muchas las personas que entregan dinero a los muchachos, a fin de que ellos compren lo que quieran y se lo coman, posteriormente, en la merendola que organizan las respectivas cuadrillas (muchachos por un lado, y las muchachas por otro) durante la tarde. El ritual de la Chiquitía lleva implícito, en ocasiones, un robo de las viandas de unas cuadrillas a otras, llegándose a utilizar la fuerza. Normalmente, se aprovecha el momento en que los componentes de la cuadrilla se desparraman para buscar leña con la que hacer la lumbre, dejando tan sólo a un vigilante, que debe velar y defender los productos que se le encomiendan.

(6) El "nao", que también se conoce como "jincarrona", es un juego de niños. Participan varios jugadores (sólo varones), los cuales van armados de unos palos aguzados en una de sus puntas, de unos 75 cm. de largo por 5 cm. de grosor. Se traza una circunferencia en terreno blando. Después del correspondiente "pinti" o sorteo, uno de los jugadores debe clavar su palo en el suelo; el resto de los jugadores tiene que intentar derribar el palo clavado mediante la acción de hincar sus correspondientes palos. El que lo consiga, arroja el primer palo hincado lejos del corro. En algunas zonas gallegas, este juego se conoce con el nombre de "Pica Roma".

(7) y (8) El "Picau", la "Jaba" y la "Charrá" son bailes característicos de la comarca jurdana. El primero de ellos se distingue por la agilidad que tienen que demostrar los danzarines a la hora de trenzar y "picar" los pies. La Jaba es un baile curiosísimo, propio de la aldea de Aceitunilla, donde los danzarines tan pronto se agarran como se abren en abanico; su ritmo es arrebatador, casi asfixiante. Y la Charrá es un baile más ceremonioso, lleno de mudanzas, en donde los danzarines, en ocasiones, se vuelven de costado y realizan curiosos movimientos con los pies.

(9) El "Zajoril" es aquella persona que guarda y transmite los saberes de los arcanos hurdanos. Es el encargado de narrar a los niños los cuentos y las leyendas. El hombre que conoce el misterio de los elementos curativos (hierbas, minerales, frutos...). El que atesora en su memoria las leyes y principios de la comunidad hurdana. El encargado de invocar a los espíritus de los antepasados. El hombre bueno, justo y sabio que pone paz en los pleitos y pendencias. En estos últimos años, la memoria de los hurdanos recuerda a Tío Eusebio Martín Domínguez, de El Gasco; Tío Alberto Azabal, de Pinofranqueado; Tío Anastasio Marcos Bravo, de Las Mestas; Tío Pedro Alejandrino Lemos, de Nuñomoral; Tío Santiago Guerrero, de Casares de Las Hurdes; Tío Moisés Crespo, de Martilandrán; Tío Baldomero Duarte Velaz, de El Cerezal..., todos ellos auténticos y legítimos "zajoriles".