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GAITAS Y GAITEROS DEL PAIS DE SOBRARBA (1) (1ª parte)

DE LA TORRE, Alvaro

Publicado en el año 1995 en la Revista de Folklore número 176.

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"Antes, en el tiempo clásico de los curas de pelo en pecho, bailes con gaita, sayas redondas y calzón corto, las víctimas del amor casábanse casi invariablemente con los autores. Hoy no siempre ocurre lo mismo... y la montaña, como comunidad, nada pierde".
J. Llampayas "Crónicas" (1924)

Actualmente se multiplican en Aragón los comentarios y publicaciones generales, con frecuencia precipitadas, en torno a los antiguos instrumentos de música popular, pero tiende a olvidarse que en esta parte del mundo sigue siendo prioritaria la labor de recopilación y se trata, en general, de tradiciones musicales realmente mal conocidas.

Tal es el caso de la gaita aragonesa, a pesar de lo mucho que se ha avanzado en su conocimiento desde que en 1976 Pedro Mir y Martín Blecua emprendieran desde su Sariñena natal la labor de recuperar del olvido aquella extraña cornamusa: a ellos se debe el denso trabajo que resume todos los datos conocidos hasta la fecha, y, en base a éstos, se reproducen hoy distintos ejemplares de las antiguas gaitas de odre (1).

Sin embargo, la labor no ha hecho mucho más que comenzar. En primer término, dada la gran extensión geográfica en la que este tipo de gaita estuvo presente, y la propia realidad social de su entorno, el trabajo de campo se ha limitado a algunas comarcas muy concretas, siendo muy superior el área en la que no ha existido una búsqueda sistemática. En segundo lugar, las diferencias que presentan los instrumentos antiguos conservados -entre sí y frente a los actuales conceptos musicales- plantean dificultades a la tendencia generalizada de perseguir modelos arquetípicos, simultáneamente fieles a la tradición y capaces de adaptación y desarrollo. Por último, no se da una recuperación real del uso de la gaita en su propio medio, fuera de los círculos urbanos de folk, a excepción de media docena de dances locales o agrupaciones folklóricas de ámbito comarcal.

En este contexto, nuestra contribución se ha limitado a la búsqueda de referencias sobre la gaita de odre en la comarca pirenaica de Sobrarbe, búsqueda que comenzó hacia 1986 a raíz de ciertas relaciones personales y la proximidad de esta vecina comarca. Tras casi diez años de encuestas intermitentes, habiendo documentado la existencia de una docena de gaiteros y restos de cinco de sus antiguos instrumentos, cada nueva entrevista sigue aportando datos de interés o matices importantes sobre lo ya recopilado. Pero, al mismo tiempo, las progresivas conclusiones de este trabajo, (y del mismo modo que ha sucedido en otras comarcas oscenses) sólo se han comentado de manera informal en reuniones de gaiteros, resúmenes divulgativos y publicaciones locales, de alcance muy limitado o incompletas, y de esta manera muchos datos específicos han ido apareciendo posteriormente distorsionados -con graves incorrecciones o complicadas interpretaciones- en citas y trabajos más generales, siendo ya corriente encontrar referencias contradictorias y aseveraciones en torno a la gaita aragonesa de origen inconcreto (2).

Estas notas buscan por lo tanto sumarse a las más recientes publicaciones de Mir y Blecua, exponiendo de forma completa y actualizada las referencias conocidas sobre el uso de la gaita de odre en la zona montañosa de la provincia, que concierne sobre todo a los valles de Sobrarbe, aunque esta delimitación geográfica obedece en realidad a una cuestión metódica, a causa de la coexistencia de otras tradiciones musicales en los valles colindantes, tal y como se comenta al final de estas notas.

Para esta exposición se han separado las referencias en varios apartados, en absoluta correspondencia con las dificultades de actuación a las que aludíamos más arriba. En primer lugar presentamos un resumen de lo recogido de la tradición oral en una lista pormenorizada de cada gaitero, sus circunstancias, repertorio y peculiaridades tal y como ha quedado su recuerdo en la memoria colectiva (testimonios que en algunos casos han sido de una sorprendente minuciosidad), acompañados de otras referencias suplementarias en los contados casos que los han documentado; en segundo lugar se comentan las características organológicas y anotaciones específicamente musicales de los restos de instrumentos hallados en esta zona; y, finalmente, proponemos algunos puntos de vista y opiniones sobre las incógnitas que aún plantea este tipo de cornamusa en cuanto a su filiación, datación y límites geográficos, a la luz sobre todo de los restos de instrumentos mencionados. La lista de gaiteros es tediosa, y puede carecer de interés más allá de la comarca o la provincia, pero contiene los datos básicos que dan lugar y apoyan los comentarios posteriores, y, por otro lado, no hemos encontrado la oportunidad de darlos a conocer en una publicación específica de ámbito regional o provincial. Por el contrario, las características de esta gaita de odre pueden ser de especial interés para el estudio comparativo de otras cornamusas cercanas, y muy concretamente en el caso del denso grupo francés de pequeño bordón paralelo al tubo melódico.

1. EL MEDIO. RASGOS GENERALES

El antiguo nombre de Sobrarbe designaría desde antaño las tierras montañosas por encima de la sierra prepirenaica de Arbe, y hoy delimita una comarca tradicional de considerables contrastes físicos. Popularmente se sigue hablando de Sobrarbe y as valles para diferenciar la zona meridional de los cursos altos de los ríos Ara y Cinca, junto a sus pequeños afluentes. El Ara se suma al Cinca a la altura de Aínsa, y al pie de la emblemática Peña Montañesa. Uno de los afluentes del Ara, el Arazas, conforma el célebre valle de Ordesa, germen del actual Parque Nacional, que ha crecido paralelo a la despoblación de la comarca, pasando de las 2.100 Has. en su fundación a las 15.608 Has. actuales, albergando hoy, junto a los otros valles de Sobrarbe y los del vecino Condado de Ribagorza, las cumbres más altas de toda la cordillera pirenaica.

El Ara, crecido del Arazas, conforma y atraviesa de Norte a Sur el valle de Broto, y se convierte en Ribera de Fiscal al girar hacia el Este; abre otra fértil ribera a su paso por la villa de Boltaña, la antiguamente fortificada Bol-Tan céltica, hoy cabeza de partido, ya próxima a Aínsa la mora epicentro comercial y geográfico. Por el otro lado, el Cinca desciende de su cuna en la Valle Verde formando el valle de Bielsa, que recibe algo más al sur al Cinqueta del valle de Chistau. Sigue el Cinca hacia el Sur por tierras de Laspuña y Labuerda hasta l'Aínsa, y, doblado por el Ara, corre a embalsar Mediano y El Grado para alejarse ya de las montañas. Este último tramo deja a su izquierda el valle de La Fueva, de tierra más llana y clara voluntad agrícola, rodeado de pequeñas sierras y, hacia el norte, el murallón calcáreo de Montañesa y Ferrera, distinguiendo también algunos como Fueva Alta estas laderas pobladas de caseríos dispersos, en torno al otrora poderoso monasterio de San Victorián. Los cursos de Ara y Cinca delimitan además un alto interfluvio albergando los valles de La Solana, Puértolas y Vió, que son en realidad una infinita sucesión de sierras, cañones y barrancos. Los de La Solana vierten desde Bolave hacia la Ribera de Fiscal, y los más altos de Vió y Puértolas lo hacen hacia el Cinca desde los circos superiores de Ordesa y Pineta.

Sobrarbe ha sido tradicionalmente considerado un país pobre y deshabitado. Junto a los cauces de los ríos, sus principales vías de comunicación han sido las grandes cabañeras de transhumancia, uniendo los pastos estivales de montaña con los invernales de la tierra llana meridional, y parece que esto no ha cambiado mucho desde las primeras noticias escritas, debidas a autores clásicos, cuando altus y ager del Cinga suponían el territorio más occidental de los ilergetes (3). Otra idea de su antigüedad puede dar la abundancia de topónimos y antropónimos prelatinos, y el caudal de antiguas palabras que aún se conservan en los dialectos comarcales (4). En cuanto a su origen como unidad histórica, la parquedad de documentos medievales ha ayudado a alimentar todo tipo de conjeturas a través de los siglos, y sus habitantes no dudan en afirmar con orgullo que fueron largo tiempo un reino independiente y que los cuerpos de sus siete reyes -entre ellos el mismo Iñigo Arista- descansan sepultados bajo las ruinas de San Veturián.

Hasta no hace mucho tiempo, el montañés se vio obligado a la inquietud. Vivió temporalmente en el sur -a veces, trasladando a toda su familia- siguiendo a su ganado, o acompañó madera y mineral hacia tierras más amables. También con demasiada frecuencia fue necesario ofrecer las manos vacías "sirviendo al otro lado" de la frontera internacional. Pero si Sobrarbe conoció épocas de relativa prosperidad, la situación ha cambiado sustancialmente a lo largo de este siglo. Durante la última guerra civil se vio convertido en frente de batalla, y en la primavera de 1938 el ejército republicano quedó acorralado en la tristemente célebre "Bolsa de Bielsa": la mayoría de los pueblos de los valles fueron desalojados por completo, pasando sus habitantes a Francia, donde muchos se quedaron definitivamente (5). Después, los graves errores de la administración por omisión (falta de carreteras, luz eléctrica...) o por actuaciones irracionales, como las enormes expropiaciones forestales o las destinadas a la construcción de grandes embalses, han llevado a la situación actual, que supone un verdadero desastre demográfico. Trescientas aldeas de las que nombrara Pascual Madoz han desaparecido en el transcurso de los últimos cien años, y hoy, a pesar de la masiva afluencia del turismo, la mitad de sus habitantes es mayor de cincuenta años, y su densidad total ronda los dos habitantes por kilómetro cuadrado (6).

En la búsqueda de noticias sobre los antiguos gaiteros, algunas de las referencias orales han sido por lo tanto muy confusas. Como ejemplo, de algunos de los gaiteros de Puértolas no se sabe si murieron durante la guerra civil o siguen viviendo en Francia, y por el contrario, trajimos desde lejanos parientes residentes en el país vecino noticias para los familiares que decidieron volver a este lado. De igual modo, fuera de su propio valle, la mayoría de los informantes no sabía que el último de los antiguos gaiteros murió a mediados de los sesenta, y no reparaban en el hecho de que hubiera sido el último. Por ello hemos anotado en cada caso la principal fuente de información, que permitirá al interesado proseguir en la anotación de algún aspecto concreto, o corregir posibles confusiones. Los datos oficiales -y son raros los casos en que los pertenecientes a una casa son conocidos por sus apellidos- han sido también anotados en cada caso pero no se han contrastado en archivos municipales o parroquiales, que, de hecho, no se han conservado en su mayoría. Así que todo lo que trasmitimos aquí en cuanto a los antiguos intérpretes de gaita son, más que circunstancias objetivas, la versión de las cosas tal como han permanecido en la memoria colectiva. Otras noticias complementarias se deben a autores locales, en descripciones de fiestas o artículos costumbristas donde, aunque la presencia de la gaita es casi siempre nombrada de pasada, quedaron reflejadas interesantes circunstancias de la vida cotidiana de comienzos de siglo. A esta época pertenecen también los comentarios debidos al pirineista Lucien Briet (7) que realizó frecuentes visitas a Sobrarbe entre 1891 y 1911 tomando numerosas fotografías, luego salvadas del olvido en el Museo Pirenaico de Lourdes, pero aunque sus trabajos retornan y corrigen los de otros excursionistas franceses anteriores, como Cénac Moncaut o el Conde de Saint-Saud, se llevaron a cabo por su interés geológico, y las referencias a lo intrínsecamente popular son breves y casuales. Su contemporáneo catalán Juli Soler i Santaló, también a causa de excursiones alpinas entre 1902 y 1907, reparó más en este tipo de cuestiones, y realizó igualmente una considerable cantidad de fotografías (8) que acompañan a la publicación póstuma de sus trabajos en el "Butlletí del Centre Excursionista de Catalunya", pero aunque todos estos artículos están ordenados siguiendo un mismo esquema, tan sólo en el concerniente al valle de Gistaín añade un interesantísimo apartado de "Costumbres y Fiestas", sin que podamos saber si tuvo en mente un capítulo correlativo para los demás valles. Tampoco son muy numerosas ni detalladas las descripciones musicales en las obras etnográficas posteriores de Violant, Krüger y del Arco, frente al interés que mostraron en cuidadosas anotaciones de herramientas de trabajo, arquitectura popular, indumentaria, lingüística e incluso el mismo ciclo festivo.

Como resumen, y a través de las fuentes comentadas, los gaiteros de Sobrarbe fueron casi siempre intérpretes individuales, habiendo quedado ya a comienzos de este siglo relegados al acompañamiento de las antiguas danzas y actos festivos ceremoniales (vísperas, procesiones y romerías, liturgia y cofradías...) frente a las orquestas de baile con violín, acordeón o guitarra, y, algo más tarde, viento-metal, y coincidiendo en el tiempo un considerable número de gaiteros, si bien sólo algunos lo eran más o menos profesionalmente, mientras que la mayoría limitaba su afición a su propio pueblo. Casi todos los testimonios datan del período comprendido entre el cambio de siglo y la guerra civil, tras la que esta tradición desaparece casi por completo, finalizando con la muerte de Juan Cazcarra de Bestué en 1963. A pesar de esto, tal tradición ha sido perfectamente recuperable a través de los restos conservados de los antiguos instrumentos, junto a sus lengüetas, y, sobre todo, del tipo de canto que aquí siguen llamando a son de gaita y que ha conservado tanto las características melódicas del instrumento que lo acompañó como el propio estilo y sus arcaicas alteraciones. Todo ello es por supuesto perfectamente reconocible en las melodías de las antiguas danzas ceremoniales, transmitidas hasta hoy por otros instrumentos, siguiendo el análisis propuesto por J. A. Urbeltz y J. A. Quijera para otras zonas cercanas de la Península (9). El tipo de gaita es invariablemente el de la gaita aragonesa de gran bordón exento provisto de caña simple dos octavas más bajo que la fundamental del clarín melódico, con pequeño bordón paralelo a éste, y un vestido de tela estampada recubriendo el gran boto de pellejo de cabra. Frente a otras descripciones de gaitas del resto de la provincia, las bordonetas encontradas en Sobrarbe van provistas del mismo tipo de caña doble que el clarín, presentan agujeros de resonancia, con un taladro interior mixto, y suenan al unísono de la fundamental de aquel, en torno a DO-3. En el aspecto formal, los clarines, siempre de muy buena factura, acaban en forma abulbada, y no siempre aparece la piel de culebra recubriendo las piezas de madera. Muchas descripciones hablaban también de flecos y cintas de colores colgando del gran bordón, que podía ir indistintamente por encima del hombro izquierdo o por debajo del brazo derecho.

Debemos incidir por último en el hecho de que la gaita de odre sigue siendo en Sobrarbe un instrumento corriente en la mente de los mayores. No son raras las personas que conservan la memoria de cantar con las lentas cadencias de a son de gaita, y muchas más las que pasaron largas horas de baile con su monótono acompañamiento. Siendo una tradición próxima en el tiempo, nos parece que la presencia de algunos jóvenes gaiteros actuales no se contempla en general con la expectación de una reliquia recuperada, sino con la complacencia de una natural continuidad.

Lo que sigue a continuación no habría sido posible sin la ayuda de muchas personas del otro lado de Cotefablo (10), además de la generosidad de quienes aparecen en las notas como fríos informantes. Todos ellos hablaron en el mismo idioma, y sonrieron al recrear el sentido de una música indisolublemente unida a la tierra que habitan, les incumbe y comprenden.

2.-LOS GAITEROS

Las referencias concretas de los gaiteros de cada valle son las siguientes:

2.1.-En el valle del Ara: La búsqueda ha resultado infructuosa en todo el tramo superior, (valle de Broto) hasta la Ribera de Fiscal, donde por otra parte subsiste un denso grupo de danzas de palos, cuyas características y desarrollo son similares al resto de paloteados de los valles occidentales -teniendo mudanzas comunes (Fiscal)-, que fueron tradicionalmente acompañados con flauta de tres agujeros y tambor de cuerdas. Este hecho se comenta detenidamente al final de las notas, por considerar este valle concreto el límite noroccidental de la gaita de fuelle de tipo aragonés. Las notas de Briet y Saint-Saud sólo mencionan guitarras y violines.

Más adelante, ya en la villa de Boltaña, hay vagas referencias a un gaitero local, llamado Mariano Dueso, de casa Forraje que habría muerto con cerca de ochenta años hacia 1930 (11) y cuyo apodo familiar vendría precisamente del intenso color verde del vestido de su instrumento. Se le hace protagonista de una anécdota en la que salvó la vida por tocar la gaita frente a una manada de lobos, acudiendo a tocar a San Vicente de Labuerda, y parece que sus descendientes quemaron el instrumento tras su muerte.

Queda también el recuerdo de gaiteros de otros lugares, mencionados más adelante, que también solían ir a tocar a Boltaña: así, el de Ceresuela (lugar que, aunque en el alto valle de Vió, se encuentra a cinco horas de camino gracias al paso natural de la Cruceta) aún acompañó una boda hacia comienzos de siglo, y en una época más reciente se seguía trayendo al gaitero de Bestué para las fiestas de San Pablo y San Pablé, que organizaban los casados al día siguiente. Los actuales gaiteros de La Ronda y El Paloteado han recogido además algunos temas a son de gaita, entre los que destacan una hermosa albada y otra tonada, más lenta, que narra las desavenencias entre dos casas vecinas. La melodía de la única mudanza del paloteado (una versión de un villano) es también idéntica a la primera parte de la que acompaña el cascabillo -danza colectiva en círculo- en los pueblos del valle de Vió (12).

El escritor y abogado barcelonés José Llampayas (1883-1957) el Bardo de la Montaña Madre, afincado en Boltaña, recoge en algunos de sus relatos la imagen del gaitero en esta misma villa, en torno a la ronda y la hoguera anual de San Pablo:

-¡Ah! señora -he dicho pedantescamente-: cien años menos, y habríamos visto a los boltañeses bailar alrededor de la hoguera, y a son de gaita -como aún bailan en el valle de Puértolas- el dance de los cascabeles, o cascabillo. Hace dos mil que Dionisios y Baco introdujeron la alegría en estos dances, que hoy lo mismo valen para honrar a San Pablo que a la Virgen.

En otro, narra los incidentes protagonizados por unos piquetes mineros durante la fiesta:

No saber, precisamente, lo que la hoguera de la Cofradía significa (...). Hablaron mucho: que si eran del Sindicato, que si pronto no habría ricos, que si los obreros iban a gobernar... Después pagaron el gasto mostrando sendos billetes y esta mañana se han presentado en misa escandalizando, y a la salida se han ido con la ronda, mofándose del gaitero, de los cantares, de todo. (...) Intentan vengarse los agredidos, huye el zagal, acúdele la ronda, y el cura, el gaitero, la pareja, y hasta las mujerucas de faldas acampanadas... (13).

También en el pueblo de Guaso, en un alto a la vista de Boltaña y Aínsa, tuvo la gaita nombre propio en un músico local, Ramón Solano, de casa Ramalero, una de la docena de edificios que antiguamente conformaban el barrio de El Grado. Muerto en 1920 con sesenta años de edad, su nieta Ana no llegó a conocerle, pero recuerda vivamente el vestido de la gaita y la piel de culebra que recubría sus tubos. Cree que este instrumento fue vendido a unos de Laspuña, y un violín y un acordeón "de botones" que pertenecieron al mismo músico se rompieron durante un carnaval de su infancia (14).

Un maestro de nombre Pedro Raulera compuso hacia 1910 un romance seriado, nombrando a todos los vecinos de Guaso según sus barrios. En él hay una escueta alusión a este gaitero:

Por ser el más pintoresco / nombraré el Grado el primero, / allí está el señor Pallás, / Francho el pastor y el Mediero, / también está Pepe el sastre, / el Gaitero original, / Plana el tejedor, Bara, / Bardají y el Provincial (15).

2.2.-Ya en la confluencia del Ara y el Cinca la medieval villa de Aínsa descansa sus edificios sobre la ladera de un altozano que a modo de ínsula conforman los dos ríos. Su fiesta principal gira en torno a un hecho legendario, según el cual la villa y todo el antiguo reino se habrían librado de la dominación musulmana siguiendo al caudillo Garci-Ximénez, que recibió una señal divina en el transcurso de la batalla al aparecer una cruz de fuego sobre una encina, siendo desde entonces la cruz sobre la carrasca el escudo de Sobrarbe, luego incorporado al de Aragón (16). Este episodio se conmemora aún en la actualidad en una representación teatral popular, -La Morisma- que hoy tiene lugar cada dos años, y antiguamente guardaba intervalos mayores. Se han perdido sin embargo otras costumbres anuales ligadas al mismo 14 de Septiembre, de las que una detallada descripción de comienzo de siglo contiene interesantes referencias a la presencia de la gaita:

La Fiesta de los Mozos. Tiene de típica que, después de haber rondado con la gaita a todas las Autoridades del pueblo (...) es costumbre arrancar de cuajo una hermosa y grande carrasca y llevarla entera para trasplantarla en medio de la plaza mayor, sobre un agujero hecho en una enorme piedra de mucho espesor. Huelgan los comentarios.

La Corrida de la Cuchara. Ese mismo día se disputan a correr entre los muchos jóvenes una cuchara de plata, que regala el Ayuntamiento al primero que llega en la reñida lid al lugar o punto donde se halla constituido el jurado, que lo componen el Alcalde, el Párroco, el Juez, un Concejal y el gaitero, juramentando este último para decidir en el baile, de que luego hablaremos.

(...) dicen unos que se estableció para recuerdo de la elección que hicieron en aquel tiempo de Garci-Ximénez, de un buen andarín, que fuera a llevar la nueva a San Juan de la Peña sobre la victoria obtenida contra los moros; (...)

El Baile de los "Zapatos". (...) conmemorativo del júbilo y la alegría experimentados por los cristianos luego de obtener la victoria. Consiste en un sarao á la antigua y al son de la gaita, luchando varias parejas por tiempo de una hora, premiándose al bailador con un sombrero y á la bailarina con un par de zapatos, á favor de quienes mayor destreza han revelado" (17).

Aún se recuerda en Aínsa llamar al antiguo gaitero de La Muera (Fueva Alta) para el "Baile de los Zapatos", y más recientemente al gaitero de Bestúe para acompañar las rondas de los mozos en la víspera de la fiesta. Estas ocasiones concretas evidencian, a nuestro entender, un hecho importante, común a la villa de Aínsa y los pueblos cercanos, que en una última época seguían contratando gaiteros foráneos a pesar de que su papel en el transcurso de la fiesta era reducido, pero se consideraba necesario, o más "apropiado" para determinadas ocasiones. El grupo folklórico "Viello Sobrarbe", que constata la presencia de gaiteros anterior al acordeón en muchos pueblos de la comarca, comenta al respecto:

Sólo en las fiestas mayores acudía algún gaitero, y entonces el repertorio (de danza) se ampliaba (18).

Y el mismo Anchel Conte repara en esa importancia en su estudio de clasificación de las danzas de la comarca:

Atros feitos socials teneban tamién caráter coletivo aparexiu 'as fiestas d'os lugars. As bodas, bautizos y entierros, con un ritual particular que merex tamién un estudio especial, yeran aproveitaus ta una vida común y manifestacións coletivas... O presonaxe imprescindible en todas istas fiestas yera o gaitero. Bi n'heban vels gaiters n’o país, pero'l más famoso yera o de Bestué (o zaguero murió no fa más de diez años). A gaita, o curdión y o violín yeran os instrumentos populars (19).

En la misma villa de Aínsa, a pesar del tiempo transcurrido y de no quedar memoria de ningún gaitero local, aún recogimos no hace muchos años una copla de ronda cantada a son de gaita. En muchos otros pueblos cercanos a Boltaña y Aínsa, y extendiéndose por el sur, hacia Arcusa (donde no hemos encontrado testimonios orales de la presencia de antiguos músicos de gaita de odre) son abundantes las noticias de músicos aficionados de clarines, pequeños oboes pastoriles de madera de boj -a veces, simples flautas de caña- cuya relación con el instrumento completo parece evidente, y viene comentada al describir las piezas de gaita conservadas. Uno de estos pequeños oboes viene representado, precisamente en manos de un pastor, (Fig. 5), ilustrando el artículo que R. Puyó de Columa dedicó a la villa de Boltaña hacia 1889 (20).

2.3.-Cruzando hacia el este el Cinca, y ya en la amplia hoya de La Fueva hubo al menos un gaitero en su zona alta, entre los caseríos dispersos al pie de Peña Montañesa, en la aldea de La Muera, próxima al monasterio de San Veturián. Allí vivió Clemente Broto, de casa Esteban -la única que aún subsiste de las tres que tuvo antaño- donde murió en 1921 con ochenta años de edad. Es bien recordado por su sobrino Mariano, que contaba diez años de edad a la muerte del gaitero. Este músico era hermano soltero y se ocupaba del ganado, pasando los días en una caseta en el monte, donde ensayaba con sus instrumentos, pues tocaba también el violín y algo la guitarra (21). Acudía a tocar a los pueblos cercanos, y aún queda su recuerdo en Fosado Alto y La Mula, para la fiesta de San Bartolomé, pero sus familiares afirman que fue llamado a tocar desde Campo, Tierrantona y Naval. La gaita tenía un gran boto con un vestido de flores y cintas, y Tenor, tenoreta y clarín recubiertos con piel de culebra. Apoyaba sobre el hombro izquierdo el gran bordón, del que pendían unos "flocos",... como una cola de caballo, y al que le metía una caña, mientras que debía fabricar unas "inchas" de hojalata para clarín y tenoreta. Sus familiares sostienen que fue el último gaitero que acompañó en Aínsa el baile de los zapatos y el sombrero, y comentan sonriendo que los conseguían siempre los parientes cercanos... La coincidencia de este dato con el que Anchel Conte recogió sobre un hipotético gaitero de Banastón, la falta de más datos en este último municipio y la proximidad de algunos de sus barrios con la aldea de La Muera nos lleva a pensar que se trata de una confusión con este Clemente Broto.

Algo más al este, un músico aficionado reciente llamado Ramón Altemir, de casa Castán de Fosado de Abajo, tocaba en el vecino Fuendecampo con un clarín, de gaita, de madera de haya (!), que se encontró en el caserío de Moliniás, pero de procedencia anterior indeterminada (22). En esta zona las noticias de clarines pastoriles son muy abundantes, con algunas descripciones de instrumentos de muy buen construcción. La danza ceremonial de referencia -bajo una versión más de villano- es Las Pasadillas, que aún se recuerda en Fuendecampo (23).

En el resto de La Fueva queda también memoria de otros músicos, más esporádicos, aficionados a los clarines, pero no hemos encontrado el recuerdo de ningún gaitero que acudiera regularmente allí en un pasado reciente.

2.4.-En el valle de Bielsa retornando el curso del río Cinca desde su cabecera, tampoco ha quedado memoria de ningún intérprete local, pero sí de gaiteros vecinos que frecuentaron las fiestas de la villa de Bielsa. Así lo hizo el gaitero de Santa Justa y posteriormente el de Bestué, ambos del valle de Puértolas, y en antiguos programas de fiestas se citan otros más lejanos, de La Hoya de Huesca (Monflorite) y el Somontano (Hoz), contratados eventualmente (24). Hay además un antiguo motivo iconográfico en el retablo gótico de la Adoración de la iglesia de Javierre (o Ixabierre), pueblo que es prácticamente un barrio de la villa, donde está representada una gaita de un sólo bordón y tubo melódico, ambos acabados en trompeta.

Otras referencias vagas son también muy numerosas. Badía Magarit (25) recogió la voz Carnamusa, como el alboroto que se organizaba cuando se celebraba un matrimonio en el que uno de los contrayentes era viudo... y al final en ésta se cantaban burlas alusivas al acto. Otros cantos y bailes presentan marcados rasgos de música para gaita, como la antigua albada, una de cuyas jocosas estrofas -extendida tambien por otras zonas de la Península- es aún extraordinariamente popular:

La mujer del gaitero / tiene fortuna
era tiene dos gaitas / las otras una.

Estas letras fueron cambiadas por otras muy distintas en la época en que fueron a Bielsa los "Coros y Danzas" de la desaparecida "Sección Femenina", que dio lugar a la creación de un grupo de danzas local, que siguió contratando al anciano gaitero de Bestué para acompañarles en sus actuaciones. Este músico fue luego sustituido por el maestro local y acordeonista Joaquín Riazuelo (26). Parece que de aquella época proviene la adaptación del famoso Chinchecle, que pasó a bailarse en la procesión del 15 de Agosto, y refunde en realidad tres piezas distintas en su solo baile: la primera parte de la antigua albada, dos partes del popular Vals de la Gaita, y una frase que les precede, no está sujeta a compás, y parece claramente una entrada de gaita de odre (26*).

También puede incluirse como música para gaita la versión local de El Villano, baile circular por parejas común a todos los pueblos del valle, pero que aquí creen originario de Parzán, y, como se ha visto, subsiste con pequeñas diferencias melódicas en otras danzas ceremoniales de la comarca, como Boltaña, Fuendecampo o Buerba. A pesar de su evidente relación con los cultos villanos renacentistas, extendidos además bajo formas populares por toda la provincia, parece haber sido la gaita de odre el instrumento que modeló estos villanos de Sobrarbe, como también sucede con el Bieilh Iannou del vecino valle bigordano de Campán, quien, como los peninsulares ...minyo cebos sense pá.

Es también al otro lado de la frontera internacional donde se encuentran dos cercanas representaciones de cornamusas de pequeño bordón paralelo, de las que ya dio noticias Ch. Alexandre en 1976, luego completadas por J. Baudoin (27). Una es un dibujo del manuscrito conocido como el terrier del pueblo de Esparros, fechado en 1772 (Fig. 6), hoy en los archivos departamentales de Tarbes, que representa un músico con gaita de odre compuesta de soplador, dos tubos paralelos iguales y un gran bordón debajo de su brazo izquierdo, del que cuelga una borla, estando todos los tubos acabados en trompeta. Tanto por el nombre del músico como por la propia naturaleza del manuscrito -un catastro- parece claro que se trata de un gaitero autóctono. El segundo dibujo (Fig. 7) es un apunte del natural realizado por Gastón Dumas en 1906 en el fronterizo St. Lary, conservado actualmente en el Museo Paul Dupuy de Toulouse. Este es un gaitero con alpargatas abiertas y pañuelo a la cabeza, de aspecto aragonés, aunque quizá no de los valles (28), que sostiene una gaita de gran saco, largo bordón exento sobre su brazo derecho y dos tubos paralelos entre sus manos.

Huelga extenderse sobre las estrechas relaciones de los valles sobrarbenses con sus vecinos bigordanos, aquí se habla francés como por casa y tienen su propio dialecto (29) y la mayoría de las personas mayores han pasado largas temporadas trabajando en el país vecino, a donde se exportaba además plomo y hierro de las minas de este valle, antes de abandonarse definitivamente en 1918.

Todo lo expuesto para la villa de Bielsa debe entenderse común a los demás pueblos del valle: Parzán, Chisagüés, Ixabierre y, ya en la valle verde, los caseríos de Espierba y Las Cortes.

2.5-En el valle geográfico del río Cinqueta la Comuna y Chistau, la gaita de odre fue un instrumento muy común en todos sus pueblos. En La Comuna, los lugares que se agrupan en torno al barranco afluente del Cinqueta conocido como La Sentina, la gaita fue habitual hasta comienzos de siglo. Así lo recuerda D. José Gabás en el pueblo de Serveto:

Los días festivos se hacían algunos banquetes en estas cocinas, donde acudían todos los vecinos. Se compraba un cabrito, se mataba y se guisaba de distintas formas, y con el buen vino y el buen pan casero, era muy exquisito este banquete; se hacía baile, con las castañetas y la gaita, y se bailaba la jota y la polka piké.

(...) Los mozos del pueblo hacían un payaso llamado Carnaval, lo montaban en un burro y lo paseaban... Le hacían tragar al burro botellas de vino hasta conseguir embriagarlo (...) estas rondallas llevaban música de guitarra, gaita y castañuelas; a la entrada de la casa cantaban una canción al compás de la música.

Todos estos instrumentos eran realizados por artesanos de aquellos años: la gaita era realizada con una piel curtida de cabrito,... llevaban también una pandereta consistente en un cercillo de madera cosido con una piel de cabra (30).

Pero es en el pueblo de Señes, hoy deshabitado, donde el gaitero tuvo una particular categoría en el célebre Antonio Saludas, Cañau, que fue -como bien observara Juli Soler- muy apreciado como músico en todo el valle. Los Cañau eran herreros, y poseían un torno de madera con el que construían buenos husos de hilar, lo que contribuyó a su fama. El gaitero era un hombre de calzón, de antiguas costumbres, y se casó tres veces, siempre con mujeres del mismo valle (31). Murió hacia 1930 con unos 65 años de edad, y le siguieron su hija Treseta, que desapareció en Gistaín durante la guerra civil, y su hijo Antonio poco después, en 1942, en vísperas de su boda, con 32 años de edad. Hoy hay un pajar sobre lo que fue casa y herrería.

Tal fue la fama de este gaitero que en La Comuna aún es corriente la expresión ¡La Gaita Cañau! como sinónimo de algarabía, y hay quien opina que éste fue el motivo de que desapareciera su instrumento, pues su hijo -que debía ser algo presumido-, debió quemarla cansado de las bromas de sus vecinos. Desde la muerte del gaitero hasta la desaparición del instrumento, éste estuvo colgado en la cocina de la casa: iba con un vestido estampado de pequeñas flores en fondo rojo, con un faldón por abajo, y no se recuerda que tuviera sus tubos recubiertos con piel de culebra. Solía descansar el bordón sobre el hombro izquierdo, y en algún momento llevó flecos.

Cañau acompañó las danzas ceremoniales de Gistaín y Plan, en Señes acompañaba a los mozos, con castañetas y organizaban el Baile del Rosco en cualquier ocasión, en Sín el Baile del Rosco y la Pasavilla de mozos y de casados, que tocaban con castañetas (32). Estas danzas son comunes a todo el valle de Chistau, y fueron recogidas en interesantes versiones a Antonio Palacín, casa Teixidor de Serveto, que fue músico de violín hasta época reciente, junto a otras danzas traídas desde Francia aún a principios de este siglo, y que hoy mantiene el grupo local de danzas de San Juan de Plan (33).

Pero también se recuerda a otros gaiteros en los demás pueblos del Cinqueta, Gistaín (o Chistén) el más alto y antiguo, se alza sobre los demás entre las fértiles praderas de Chesta, que dieron nombre a villa y valle. Allí vivió el gaitero Vicente Cazcarra, de casa Pascual, que murió de unos setenta años, en 1922, siendo el pastor soltero de su casa. Su sobrino heredero, Joaquín Bielsa, marchó a Francia, y hoy la casa es el corral de otra casa vecina. Este gaitero gustaba de tocar con otros dos músicos del pueblo, Baltasar con la guitarra y Ciella con el violín, de edades aproximadas. Este último músico tenía también una gaita idéntica a la de su compañero, pero que sólo sacaba de casa en las fiestas señaladas, como Carnaval, San Joaquín y San Fabián, por lo que tenía que mojar el boto, para que reviniera..., algo que debía conocer bien, pues su familia se dedicó a confeccionar pellejos para el transporte de vino y aceite. Mariano Vila Ciella tuvo otros dos hijos músicos, pero ninguno prosiguió con aquella gaita: Vicente aprendió el acordeón y Mariano el violín, y posteriormente la familia se trasladó a Barcelona (34).

Tras la muerte del primer gaitero, otro músico del pueblo -Joaquín Palacín, de casa Petris- intentó aprender a tocar la gaita de odre, pero no le gustó demasiado, y la abandonó, perdiéndose después el viejo instrumento de Pascual. A través de Petris sabemos sin embargo que aquella gaita tenía el consabido vestido de flores, un largo Bombón provisto de una caña, la tenora, con los aujeros y otro pequeño bordón algo más corto que el tubo melódico, llevando estos dos unas chispas de caña. No parece que esta gaita tuviera sus tubos recubiertos de piel de culebra, y tampoco hemos podido confirmar de manera especial el nombre chinflaina que recogió Violant i Simorra (35).

A los pueblos vecinos de Plan y San Juan, acudió con frecuencia el gaitero de Señes. En el primero recogió brevemente Ricardo del Arco el recuerdo de la gaita:

En Plan tienen el baile de los roscos,... y el de la torta, en el que un mozo baila al son de la gaita con una moza...(36).

En el segundo es aún hoy un comentario popular que una antigua gaita se cambió a unos franceses por un acordeón diatónico. Este se conserva, procede del taller de François Dedenis (Corrèze) y estaba en casa El Cuarto, donde ha habido instrumentos de siempre, sin más detalles.

La influencia del estilo de música característico de la gaita de odre es por supuesto reconocible en las canciones tradicionales, las antiguas danzas e incluso las versiones locales de bailes más recientes, sin que falten desde luego algunas coplas jocosas en torno al instrumento:

La criada del cura / dice a su amo
que quiere una gaita / para el verano...(37).

Pero el papel del gaitero en el transcurso de la fiesta está extraordinariamente plasmado en un testimonio de excepción, los textos y fotografías debidos a las visitas del excursionista catalán Juli Soler en la primera década de este siglo (38), en las que describe las distintas fiestas de Gistaín con numerosas alusiones a la gaita de odre, que cita siempre -en catalán en el original- como sac de gemecs.

Así, para las bodas:

...en casa del nuevo matrimonio ayudará la gimnasia del baile que al acabar aquel se organiza allí mismo, al son de la guitarra y de la gaita...

Para la fiesta de San Pedro, los mayordomos nombrados aquel año iban la víspera a preparar requesón con los pastores al monte, y a la mañana siguiente lo bajaban a la villa:

Allí salen a recibir a los requesoneros... toda la juventud, y a la entrada de la villa, y al son de la gaita, cantan coplas alusivas al acto, juntándose todos y yendo a recorrer todo el pueblo de una parte a otra (...) La misma tarde juntan a toda la chiquillería del pueblo... en la iglesia de San Pedro, yendo provistos cada uno de su escudilla y cuchara, y al son de la gaita y las coplas de los mozos los mayordomos les reparten el requesón. A este acto no puede faltar nadie desde los cuatro a los catorce años, pues la ausencia es interpretada como un pecado por desprecio al Santo Patrón.

Parece muy interesante la relación que este autor establece entre la presencia de la gaita y todos los actos ceremoniales, a la que añade, algo más adelante, una interesante observación:

La fiesta mayor de Gistaín la celebran para el día de San Joaquín... los mayordomos nombrados a este efecto el año anterior... contratan al gaitero, que suele ser del pueblecito de Señes, y muy apreciado en el valle, y la orquesta ("cobla") de guitarras, bandurrias y violín.

El anuncio de la fiesta se hace la víspera con un repique, de campanas y con una ronda de los mozos, que van con las castañetas.... de grandes dimensiones... adornadas con largas cintas de colores, y acompañados por la gaita y la orquesta, que alternativamente van tocando.

Vuelve a insistir en esta presencia al describir el Baile de la Rosca y uno de los actos más importantes del ciclo festivo: el cambio de mayordomos:

La fila de roscas que se llega a juntar después del baile, la llevan los mozos en ronda por todo el pueblo, y al son de la gaita y las castañetas son entregadas a los mayordomos.

Enseguida son nombrados los que al año siguiente han de ejercer las funciones de tales, y al tercer día de la fiesta, y en señal de sus atribuciones, les entregan unos flecos o ramos de flores artificiales, que son rociadas con vino, y los mayordomos elegidos hacen donación a las mozas, las cuales por este hecho quedan nombradas también mayordomas para el siguiente año; pero para que sean válidos estos nombramientos han de ser efectuados en la plaza y al son de la gaita.

El gaitero, probablemente Cañau de Señes, aparece en cuatro de las fotografías que plasmara Soler, durante la Fiesta Mayor, la Ronda de la Víspera, el baile en la ermita de San Fabián y el baile d'es blincos o de l'ascla, una danza especialmente interesante, hoy olvidada, en la que participaban los mismos mozos de la víspera, que ese año cumplían la mayoría de edad. Esta danza -que Soler no describe ni cita- ha sido posteriormente documentada en los trabajos de Joaquín Villa, junto a la melodía que la acompañó (39).

Un examen detenido de estas fotografías ampliadas (Figs. 8, 9, 10 y 11) permite ver que el instrumento iba vestido con una tela estampada, con faldón inferior y una banda ancha de color claro sobre éste (D-463), el bordón parece dañado en su copa (D-464), bajo la que presenta una ancha virola, y viene dispuesto en el odre de la forma acostumbrada, a pesar de que el músico lo cruza sobre el hombro izquierdo (D-432).

Añadimos por último otro curioso testimonio que aparece en una fotografía de D. Ricardo Compairé, de una boda en la puerta de la iglesia de Plan (Fig. 12) en la que uno de los asistentes lleva "algo" parecido a una gaita, aunque muy extraña por su forma. La explicación de esta circunstancia nos la ofreció un vecino de San Juan, es que la boda fue simulada, como frecuentemente lo fueron las fotografías de Compairé (quizá por ello tituló a ésta "Boda en Gistaín"), buscando en los tipos y trajes el mayor tipismo. Al no disponer de gaitero en aquella precipitada ocasión, uno de los asistentes tomó un pañuelo de flores y una flauta de caña, representando el papel de músico en la boda. Nos parece un acto instintivo muy significativo, relacionando la gaita de odre a este tipo de acontecimientos en una época tardía y, de nuevo, evidencia la estrecha relación que debió haber entre los pequeños instrumentos pastoriles y la gaita, como instrumento más perfecto de la misma tradición.

2.6.-Siguiendo más al sur, ya entre los ásperos valles del interfluvio de las cuencas del Ara y el Cinca, los montes de Metils separan en dos vertientes los pueblos y barrancos que conforman el valle de Vió. A un lado, Fanlo y Nerín, con escasa población, Buisán despoblado y Sercué ya en ruinas, se alzan sobre la antigua gruta de San Urbez. Al otro, Buerba, Vió, Yeba y Gallisué, con ocupación intermitente y Ceresuela, en ruinas, se esparcen entre algunas tierras de cultivo.

Entre estos pueblos ejerció como gaitero Francisco Latre, de casa Villoso de Buisán, luego casado en casa Latorre de Ceresuela, que pasó a tomar el nombre de su oficio, Sastre. Es un humilde edificio que aún se mantiene, adosado a otros dos, al lado de la iglesia, y que su hijo abandonó yendo a vivir a Grañén, donde sus descendientes -que nada recuerdan de un familiar gaitero ni de su instrumento-, siguen trabajando en el comercio textil (40).

El gaitero de Ceresuela murió hacia 1926 cuando contaba unos setenta años de edad, pero aún se le recuerda en Nerín, donde acudía para tocar en la fiesta de la Cofradía el primer domingo de septiembre (no es recordado en el cercano Fanlo, cuya fiesta mayor coincide en esta fecha) y, como queda dicho más arriba, en Boltaña, siendo ya mayor, tocando la gaita en una boda.

La danza ceremonial por excelencia es en este valle O Cascabillo, con marcadas diferencias en cada pueblo, incluso melódicas. Se danzó antiguamente en Nerín y un reciente artículo de Migalánchel Martín Pardos lo documenta en el mismo Ceresuela, mencionando a éste último gaitero (41):

M'acuerdo yo de biyer bailar o Cascabiello en Zirasuala, y un agolico, siñó Francho de casa latorre, tocaba ra musica con una gaita d'ixas de botico gordo gordo. Ixe biello yera de Buisán pero casato ta Zirasuala. Os mozos iban bailando a ro son d'a gaita, feban un ruedo y en bailaban alredor d'atro misache...

Pero es en Buerba donde esta danza siempre fue considerada original y propia, y donde aún es recordada, aunque rara vez se baila:

Es, como la mayor parte de las danzas sobrarbesas, de carácter colectivo, y ésta de forma muy especial, puesto que todo el pueblo la bailaba con el alcalde a la cabeza. Se acompañaba de gaita o acordeón. A la salida de misa, el día de la fiesta, se formaba una larga hilera encabezada por el alcalde y éste comenzaba a bailar seguido de todo el pueblo e incluso los forasteros. Se formaba un corro alrededor de un freixe (fresno); círculo que no se deshacía hasta el final de la danza (42).

Este baile fue acompañado, en una última época, por el gaitero de Bestué, que tenía una hija casada en este pueblo, pero, a falta de gaitero, ha sido acompañada en el transcurso de este siglo por músicos de Buerba y Vió con acordeón diatónico y violín. La melodía es claramente de gaita de fuelle; la primera parte es similar al villano comentado para Boltaña y Fuendecampo, y la segunda coincide con un popular aire asturiano. (Continúa)