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EL REPERTORIO ROMANCISTICO DE UNA MUJER DE PUENTEGENIL (CORDOBA)

PEDROSA, José Manuel

Publicado en el año 1995 en la Revista de Folklore número 176.

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El depositario y transmisor de la literatura oral sigue siendo un elemento poco atendido dentro de los estudios de esta literatura, que suelen orientarse hacia la materia textual y musical que se llega a recoger sin detenerse demasiado en los datos deducibles de su contexto y forma de transmisión. El transmisor es, sin embargo, un elemento nunca meramente pasivo, sino un activo recreador de variantes y un contribuyente indispensable al perfil que en cada época, lugar y momento presenta la tradición. Conocer su oficio, su idiosincrasia, su forma de relacionarse, aplicar y cultivar sus saberes tradicionales, puede ofrecer datos imprescindibles sobre la misma tradición. Y más cuando esa tradición se suele presentar inscrita en marcos sociales y rituales para cuyo conocimiento dependemos también de lo que nos diga el mismo sujeto que nos informa de los poemas y de las músicas que guarda en su memoria.

El presente estudio pretende analizar la persona y la memoria oral de una gran depositaria de saberes tradicionales y folklóricos, con el objeto de aportar algo al conocimiento de esa pieza clave y poco conocida de nuestra cultura literaria que es el transmisor. La señora Natividad Serrano Bailón nació en Puentegenil (Córdoba), el 22 de enero de 1921, aunque emigró al barrio madrileño de Vallecas siendo aún una persona joven. Desde niña tuvo que trabajar en labores domésticas, por lo que nunca llegó a adquirir una formación escolar. Pero el que sea una persona iletrada no significa que sea una persona inculta, sino todo lo contrario, como enseguida demostrará su enorme caudal de saberes tradicionales. Mientras vivió en su pueblo, y después en Madrid, trabajó como contratada en el servicio doméstico de varias casas. Y mientras trabajaba, cantaba. Ella opina que el haber cantado siempre mientras trabajaba la ha ayudado a mantener vivo su repertorio de canciones.

La mayoría de los cantos que conoce los aprendió en su pueblo, y más concretamente en los "zambombeos" del invierno. Ella recuerda que, en cuanto llegaba la fiesta de Todos los Santos, el día 1 de noviembre, y hacía su aparición el frío que impedía a los jóvenes divertirse al aire libre, comenzaban las reuniones de mozas, mozos y mayores, cada día en una casa, hasta bien pasadas las fiestas de Navidad. Cada vecino ofrecía un día su casa, preparaba tortillas y pestiños, sacaba alguna botella de anís, y esperaba a que, hacia las nueve de la noche, después de la cena, acudiesen a su casa otros vecinos de la misma calle, o bien algunos familiares o amigos íntimos. Allí se contaban cuentos, chistes, las novedades del día, y, sobre todo, se cantaba, echando mano de instrumentos domésticos como el almirez y la botella de anís; y, desde luego, haciendo sonar sin parar el instrumento rey de aquellas reuniones: la zambomba hecha con una cazuela, un tiesto o un pequeño barril cubierto con piel de conejo o de gato. Así, entre risas y desafíos o "piques", les solían dar las doce o la una de la madrugada.

Estas reuniones invernales han sido el mejor caldo de cultivo con que ha contado la literatura oral en nuestro país para su preservación y transmisión. Mientras que en Andalucía, Extremadura y La Mancha se suelen llamar "zambombeos" y tenían un desarrollo parecido al que hemos descrito, en las tierras del norte llevaban otros nombres -seranos, veladas, hilanderos, filandones, esfoyazas, etc.- y solían ser reuniones en las que se combinaba la diversión con el trabajo de hilar, de pelar o deshojar frutos, cereales, etc. Como el repertorio de la señora Natividad Serrano se encarga de demostrar, se cultivaba en los zambombeos sureños todo tipo de temas: religiosos, fantásticos, amorosos, satíricos... Todos eran cantados y coreados por jóvenes y viejos, que cumplían así las funciones de eslabones continuos de la tradición oral.

En los zambombeos se cantaban no sólo romances, sino también un gran repertorio de canciones que, por evidentes razones de espacio, no pueden tener cabida en este artículo. Pero baste decir que a lo largo de las diversas entrevistas que tuvimos en el año 1991, nuestra informante me cantó también canciones como las de Los primos romeros, Las doce palabras, La mosca y la mora, El hermano infame, El retrato de la dama, El cura desnudo, ¿Con quién me acuesto yo? y muchas otras aprendidas también en los zambombeos invernales de su pueblo.

Hay que dejar ya paso al repertorio de romances de esta mujer. Pero antes, falta indicar que no todos ellos forman parte del repertorio de los zambombeos. Según ella misma me indicó, el de La princesa y el segador se cantaba en las ventas y en los trabajos del campo, mientras que los de Santa Elena, Santa Catalina, Hilo de oro, Don Gato y ¿Dónde vas, Alfonso XII? se cantaban en los corros de las niñas. Y sin mayores preámbulos, conozcamos ya los romances de "la señora Nati":

EL PRISIONERO (ó.e) GERINELDO (í.o) LA CONDESITA (á)

Y allá por el mes de mayo,
cuando aprietan las calores
cuando los enamorados
regalan a sus amores,
unos les regalan flores
y otros les regalan lirios,
y yo el triste de mí,
metido en estas prisiones,
sin saber cuándo es de día
ni menos cuándo es de noche,
si no es por los pajaritos
que habitan en esta torre.
En lo alto de la torre
hay un árbol muy florido,
que lo riega Gerineldo,
mi camarero pulido.
Gerineldo, Gerineldo,

................
quién te cogiera esta noche,
tres horas en mi albedrido.
-Como soy vuestro criado
burlarse queréis conmigo.
-No me burlo, Gerineldo,
que de veras te lo digo;
a las diez se acuesta el rey
y a las once está dormido;
entre las once y las doce
puedes rondar mi castillo,
con zapatitos de seda
para no ser muy sentido.
Entre las once y las doce
Gerineldo en el castillo.
Tres vueltas le dio a la torre
y tres vueltas le dio al castillo,
y cuando no ha visto a nadie
para el palacio se ha ido.
Al subir por la escalera,
Gerineldo dio un suspiro.
-¿Quién ha sido ese traidor,
quién ha sido el atrevido?
-Señora, soy Gerineldo,
que vengo a lo prometido.
Le ha cogido de la mano
y en su lecho le ha metido,
y con palabritas dulces
los dos quedaron dormidos.
Entre las once y las doce
pide el rey sus vestidos,
que lo suba Gerineldo,
camarero más antiguo.
Unos dicen: -No está aquí;.
otros dicen: -Ya se ha ido.
El rey como lo sabía,
al cuarto de la infanta ha ido:
se los ha encontrao a los dos
como mujer y marido.
-¿Qué hago yo en este caso,
qué hago yo aquí, Dios mío?
¿Cómo mato a Gerineldo,
que lo crié desde niño?
Y si mato a la princesa
tendré mi reino perdido.
Pondré la espada por medio
que me sirva de testigo.
A los fríos de la espada
la infanta se ha removido:
-Levántate, Gerineldo,
que somos los dos perdidos,
que la espada de mi padre
está sirviendo de testigo.
-¿Por dónde me voy yo ahora,
tres horas el sol salido?
-Vete por esos jardines
cortando rosas y lirios,
y si te encuentra mi padre
te haces el desentendido.
El rey como lo sabía,
y al encuentro le ha salido:
-¿Dónde vas tú, Gerineldo,
tan blanco y descolorido?
-Vengo del jardín, buen rey,
de coger rosas y lirios,
y la fragancia de mi cara
una rosa se lo ha comido.
-No me lo puedes negar,
con la princesa has dormido.
-Máteme usted, señor rey,
puesto que lo he merecido.
-No te mato, Gerineldo,
que te crié desde niño.
Entre Francia y Portugal
se ha formado una guerra
y a Gerineldo le nombran
de capitán general.
-Si a los seis años no vengo,
niña, te puedes casar.
Seis añitos han pasado,
Gerineldo no vendrá.
Se vistió de pelegrina
y lo ha salido a buscar.
En el medio del camino
se ha encontrado una boyá.
-Boyerito, boyerito,
por la Santa Trinidad,
que me niegues la mentira
y me digas la verdad,
¿de quién es este ganado
con tantísima señal?
-Es del conde Gerineldo
que ya está para casar.
Al oír esas palabras
cayó al suelo desmayá.
-Toma esta onza de oro
y me llevas donde está.
La ha cogido de la mano,
la ha plantao en el portal,
y ha pedido una limosna,
y el conde se la fue a dar.
-Eres el demonio, romera,
que me ha salido a buscar.
-No soy demonio, romero,
que soy tu mujer carnal.
Y doña Isabel se queda
vestida y aderezá.

TAMAR Y AMNON (á.a)

El rey moro tenía un hijo
que Paquito se llamaba.
Un día en Altamores
se enamoró de su hermana.
Viendo que no podía ser
cayó malito en la cama,
con unas calenturitas
que el corazón se le abrasa.
Sube el padre a visitarlo:
-¿Qué tienes, hijo del alma?
-Padre, unas calenturitas
que el corazón se me abrasa.
-¿Quieres que te mate un ave
de estas que se crían en casa?
-Padre, mátemela usted,
que me la suba mi hermana.
Como era en el verano,
ha subido enaguas blancas.
Al subir por la escalera
como un león se le avanza.

.................
La tiró sobre la cama,
hizo lo que quiso de ella,
y hasta le escupi' en la cara.
Al bajar por la escalera,
su padre la reparaba.
-¿Qué me mira usté, mi padre,
qué tengo yo en esta cara?
Han mandado a llamar
los médicos de Granada.
Unos le tocan el pulso,
otros le miran la cara.
Por no disgustar al padre:
-Su hija no tiene nada.
A esto de los nueve meses
su padre la reparaba.
-¿Qué me mira usté, mi padre?
-Que se te alza el vestido
como una mujer casada.
-¿Qué has hecho, perro judío,
que has deshonrado a tu hermana?

(Durante el canto, se repite el primer verso dos veces, y el segundo tres veces).

LA HERMANA CAUTIVA (í.a)

La reina se paseaba
por una montaña oscura.
Se la encontraron los moros,
se la llevaron cautiva.
-Apártate, mora bella,
apártate, mora linda,
deja beber mi caballo
de esa agua cristalina.
-No soy mora, caballero,
que soy cristiana cautiva,
me cautivaron los moros
el día de Pascua florida.
-Si te quisieras venir
junto a mi caballería.
-Caballero, y estos trapos,
¿dónde me los dejaría?
-Los finos y los de Holanda
junto a mi caballería
y los que menos valieran
y el río abajo irían.
-Caballero, y mi honra,
¿dónde me la dejaría?
-Te juro al pie de mi espada
que a la cintura traía
de no mirarte y hablarte
hasta los montes de oliva.
Al llegar a aquellos montes
la niña llora y suspira.
-¿Por qué lloras, mora bella,
por qué lloras, mora linda?
-Lloro porque en estos montes,
mi padre a cazar venía,
y mi hermano Moralejo
con toda su compañía.
-¡Ay, cielo, qué es lo que oigo!
¡Virgen Sagrada María!,
que por traer una mora
me traigo a la hermana mía.
¡Abrí padres, los balcones,
ventanas y celosías,
que aquí traigo yo a la prenda
que buscábais noche y día!
Sus padres le han preguntado
-Niña, ¿tú allí qué hacías?
Lavándoles los pañuelos
Y a un morito que allí había.

(Durante el canto, a veces se repiten dos veces el primer verso, y tres veces el segundo).

BLANCAFLOR y FILOMENA (é.a)

Don Fermín se paseaba
por la mar y por la arena,
con sus dos hijas del alma
Blancaflor y Filomena.
Cierto día pasa un quinto,
se enamoró de una de ellas.
Se casó con Blancaflor
sin despreciar a Filomena.
Ya se casan, ya los velan,
ya se van para su tierra,
con mediecitas azules,
zapatos de lejas tierras.
-Adiós, mundo, que me voy,
que mi padre me destierra.
-Yo no te destierro, hija

..................
Y a esto de los nueve meses
viene el yerno en ca" la suegra.
-Buenos días tenga usté, madre
-Y tú bienvenido seas.
-¿Dónde has dejado a mi blanca,
dónde has dejado a mi bella?
-¿Dónde quié usté que esté?
Casadita en tierra ajena,
y el encargo que me ha dado,
que me lleve a Filomena,
para cuando tenga el parto
tenerla a su cabecera.
-Filomena no la doy
porque es mocita y doncella,
y ella no sabe moverse
ni su madre se lo enseña.
-Déjala, déjala usté de venir,
que no le ha de pasar nada,
que ha de llegar tan segura
como si fuera mi hermana.
-Adiós, mundo, que me voy
que mi madre me destierra.
-Yo no te destierro, hija,
que tu cuñado te lleva.
Al llegar a un monte oscuro
la ha bajado de la yegua.
Hizo lo que quiso de ella
y hasta le sacó la lengua.
Y a los gritos que ella daba
un pastor se acercó a ella
y por sus señas le decía
que pluma y papel le diera.
-Pluma y tinta te daré,
papel no te puedo dar,
en el pico del pañuelo
cuatro letras me pondrás.
Si bajara un pajarito
criado por estas sierras,
le llevaría esta carta
y a Blancaflor que la lea.
Y ha bajado el pajarito,
criado por cierta yegua;
llevó en el pico la carta,
y a Blancaflor que la lea.
Si Paquín iba corriendo
más corriendo iba la letra;
cuando Paquito llegó
la mesa ya estaba puesta.
-Ay, que carne 'ta tan dulce,
ay qué carne 'ta tan buena.
-Más buena estaba la honra
de mi hermana Filomena.
-¿Quién te ha traído a ti el parte
de tu hermana Filomena?
-Me lo ha traído un pajarito
criado de cierta yegua.
La madre que tenga hijas
no casarla en tierra ajena:
mirar lo que ha sucedido
a Blancaflor y Filomena.

(Durante el canto, se repiten los períodos de verso según este modelo: "Don Fermín, don Fermín se paseaba / por la mar, por la mar y por la arena").

LA MUERTE OCULTADA (hex. estróf.)

Ya viene don Pedro
de la guerra herido,
que viene que vuela
por ver a su hijo.

-Cúreme usté, madre,
estas cinco heridas,
que ví a entrá la sala
a ver la parida.

-¿Cómo estás, Teresa,
de tu feliz parto?
-Yo estoy bien, don Pedro,
si no vienes malo.

-Alárgame el niño,
que quiero besarlo,
por si acaso muero,
tenerlo besado.

Al salir del cuarto
don Pedro expiró,
y queda su madre
con pena y dolor.

Correr las cortinas
con mucho silencio,
que no se dé cuenta
la recién parida.

Ya cumplió Teresa
los cuarenta días
y se ha levantado
para ir a misa.

-Dígame usté, madre,
como buena amiga,
¿qué vestío me pongo
para ir a misa?

-Yo te digo, nuera,
como buena amiga,
el de seda negro,
que te convenía.

Al salir del templo
todas le decían:
-¡Qué viuda tan guapa,
qué viuda tan linda!

-Dígame usté madre,
como buena amiga,
¿qué palabras estas
que a mí me decían?
-Se ha muerto don Pedro:
tú no lo sabías.

Se entró pa la sala
con grande silencio,
y cogió un cuchillo
se cortó el pescuezo.

Doblen las campanas
con mucha tristeza,
que ha muerto don Pedro
y también Teresa.

(Durante el canto, se repiten los versos según este modelo: "Ya viene don Pedro, ya viene don Pedro, / de la guerra herido, / que viene que vuela / por ver a su hijo, / que viene que vuela / por ver a su hijo").

LA PRINCESA Y EL SEGADOR (á.a)

Y esto eran tres segadores
que a segar por la mañana;
uno de los tres llevaba
un traje fino de Holanda.
Una dama en su balcón
del segador está prendada.
-Oiga usté, buen segador,
que le llama a usté mi dama.
-¿Para qué soy yo llamado

...................?
-A ver si quiere segar
cebada de mi sembrado.
-Y esa cebada, señora,
¿dónde la tiene sembrada?

.....................
-No está en cerros ni en cañadas,
que está en medio 'dos columnas
que la sostienen mi alma.
-Esa cebada, señora,
yo no la puedo segar.
-Siégala, buen segador,
que será muy bien pagada.
A esto de la medía noche,
y el segador y la dama.
y al otro día de mañana
y el segador se levanta.
-Oiga usté, buen segador,
que se va usté sin la paga.
Le ha dado dos mil doblones
Y en un pañuelo de Holanda.
y al otro día siguiente
las campanas que doblaban:
era el pobre segador,
que la vida se le acaba.
Los doblones pa el entierro
y el pañuelo pa la cara,
y aquí termina la historia
del segador y la dama.

(Durante el canto, se repite cada verso).

LA MALA SUEGRA (á.e)

Se paseaba Elisa
por una salita alante,
con los dolores de parto
que el corazón se le parte.
A esto de la media noche
llega el yerno en ca la suegra:
-Buenos días tenga usté, madre.
-Buenos los tenga quien venga.

........................
-¡Contéstame, mi Carmela!
-¿Cómo quieres que te hable,
si los pechos del caballo
van bañados en mi sangre?
Contesta el niño chiquito
con tres días no cabales:
-No se ha muerto, no se ha muerto,
que la ha matado mi padre,
por un falso testimonio
que ha querido levantarle.

LA MUJER ENGAÑADA (hex. í.a)

Me casó mi madre
chiquita y bonita
con unos amores
que yo no quería.
La noche de novios
y el traidor se iba.
El cogió la manta
y yo la mantilla.
Me fui detrás de él
por ver dónde iba.
Se entró en una casa
que yo no quería.
Miré por la raja
por ver lo que había.
Había en una mesa
pavo y gallina.
Me fui pa mi casa
triste y aflijida.
Por la madrugada
y el traidor venía.
-Abreme la puerta,
esposa querida,
que tú eres mi esposa,
la otra mi amiga.

(Durante el canto, se repiten los períodos de verso según este modelo: "Me casó mi madre, me casó mi madre,caramba, / chiquita y boni, chiquita y boni, chiquita y bonita").

LAS SEÑAS DEL ESPOSO (é.a é)

...Sentadita en mi balcón,
bordando un pañuelo en seda,
vi venir a un soldadito
por alta Sierra Morena.
y le dije: -Soldadito,
que si venía de la guerra.
-Sí, señora, de allí vengo.
¿Tiene usté alguien en ella?
-Yo tengo a mi maridito,
tres añitos lleva en ella.
-Déme usté las señas de él,
por si yo le conociera.
-Mi marido es un buen mozo
del regimiento de Huelva,
gasta caballito blanco,
la cinta bordada en seda.
-Por las señas que usté da,
su marido muerto queda,
y a mi me tocó velar,
y en el testamento deja,
en el testamento deja,
que me case con su prenda.
-Eso yo nunca lo haría
Y eso yo nunca lo hiciera.
Tres añitos lo he esperado
Y otros tres lo esperaré.
Si a los seis años no viene,
a monja me meteré.
-¿Y esos dos hijos que tienes,
blanquita, qué vas a hacer?
-Uno les daré a mis padres
para que se sirvan de él,
y otro lo pondré en la escuela
para que aprenda a leer.
-Abre, blanquita, los ojos,
si me quieres conocer,
que el que viene en el caballo
maridito tuyo es.
Mucho que yo te he querido,
más te tengo que querer,
porque has guardado la honra
como una buena mujer.

(Durante el canto, se repiten los versos pares).

BLANCANIÑA (ó)

Estando una señorita
sentadita en su balcón,
ha pasado un caballero,
de esta manera le habló:
-¡Quién durmiera con ti, luna,
quién durmiera Con ti, sol!
-Mi marido no está en casa,
'ta en las islas de León.
Para que no vuelva más
le echaré una maldición.
Que se lo coman los perros,
lo saquen en procesión.
La ha cogido de la mano,
la metió en su habitación.
-¿Dónde pongo mi sombrero?
En la percha lo colgó.
-¿Dónde pongo mi chaqueta?
En la percha la colgó.
-¿Dónde meto mi caballo?
En la cuadra lo metió.
La ha cogido de la mano
y la mete en la habitación.
-¿Dónde pongo el pantalón?
En la percha lo colgó.
-¿Dónde pongo los zapatos?
En el suelo los dejó.
y estando en estas palabras,
y en la cama la metió.
y estando en estos momentos
el caballero llamó.
-Abreme la puerta, cielo,
y ábreme la puerta, sol.
-Mi marido no está en casa,
'ta en las islas de León.
-Abreme la puerta, luna,
que tu marido soy yo.
Al entrar el caballero
estas palabras le habló:
-¿De quién es ese caballo
que en mi cuadra veo yo?
-Tuyo, tuyo, caballero,
que mi padre lo compró.
-¿De quién es ese sombrero
que en la percha veo yo?
-Tuyo, tuyo, caballero,
que mi padre te lo dio.
-¿De quién es esa chaqueta
que en mi percha veo yo?
-Tuya, tuya, caballero
que mi padre te la dio.
-¿De quién es el pantalón
que en la percha veo yo?
-Tuyo, tuyo, caballero,
que mi padre te lo dio.
-¿De quién son esos zapatos
que en mi suelo veo yo?
-Tuyo, tuyo, caballero,
que mi padre te lo dio.
-¿Quién es ese caballero
que en mi cama veo yo?
-Es el novio de mi hermana,
de mi hermana la mayor.
y la ha cogido del brazo,
y a su padre la llevó.
-Aquí tiene usté a su hija,
que la dé usté educación.

(Durante el canto, se repiten los versos según este modelo: "Estando una señorita, con el á, con el ay-á-á, / sentadita en su balcón, que con el aretín, con el aretón, / sentadita en su balcón")

SANTA ELENA (hex. á.a)

Estando Elenita
bordando corbatas,
pasa un caballero
pidiendo posada.
-Si mi madre quiere,
yo de buena gana.
Le puso la mesa
y en medio de una sala,
manteles de hilo,
cubiertos de plata.
Le puso la cama
y en medio de otra sala,
sábanas de hilo,
colchones de holanda.
Por la madrugada
fue y se levantó.
De las tres que había
a Elena cogió.
La montó a caballo
y se la llevó
por aquellos montes
y allí la dejó.
La montó a caballo
y se la llevó,
en aquellos campos
allí la deshonró.
-Elena de mi alma,
y de mi corazón,
que he hecho contigo
una inquisición.
A los nueve meses
por allí pasó

.............
pidiendo perdón.

(Durante el canto, se repite cada verso).

SANTA CATALINA (á.a)

Por la baranda del cielo
se pasea una madama,
vestida de azul y blanco
que Catalina se llama.
-Vamos a hacer una rueda
de cuchillos y navajas.
Estando la rueda hecha,
Catalina arrodillada.
Baja la Virgen del cielo:

.....................
-Levántate, Catalina,
que Jesucristo te llama.
Vamos a echar unas cuentas
de la semana pasada.
-Las cuentas las tengo hechas

(Durante el canto, se repiten los versos según este modelo: "Por la baranda del cielo, por la baranda del cielo, / se pasea una madama, sí, sí, se pasea una madama").

HILO DE ORO (é)

-A la cinta, a la cinta de oro,
a la cinta de laurel,
que me ha dicho doña Juana
cuántas hijas tiene usté.
-Tenga las que tenga
eso no le importa a usté.
Que de tres hijas que tengo,
la mejor he de escoger.
-Una no la quiero
por fea y pelona,
otra no la quiero

...................
y esta me la llevo
por guapa y hermosa.
Parece una rosa,
parece un clavel
acabado de nacer.

LAS TRES CAUTIVAS (hex. í.a)

A la verde, verde,
a la verde oliva,
donde cautivaron
mis tres cautivas.
¿Cómo se llamaban
esas tres cautivas?
La mayor Constanza,
la menor Lucía,
y la más pequeña
Ana Rosalía.
Constanza amasaba,
Lucía cernía,
y la más pequeña
agua le traía.
A los tres viajes
-¿qué vio Rosalía?
Se ha encontrado un viejo
en la fuente fría.
-¿Qué hace usté, buen viejo
en la fuente fría?
-Allá voy en busca
de mis tres cautivas.
-¿Cómo se llamaban
esas tres cautivas?
-La mayor Constanza,
la menor Lucía,
y la más pequeña
Ana Rosalía.
-Padre, usté es mi padre
y yo soy su hija.
-Vámonos en busca
de mis dos cautivas.

(Durante el canto, se repiten todos los versos pares).

EL CALDERERO (á)

-Un calderero me ronda
las tapias de mi corral:
el maldito calderero
tiene un ojo de cristal.
Que lo tenga o no lo tenga,
yo con él me he de casar.
Al otro día siguiente,
a misa fue el animá.
A' untarse el agua bendita,
la mano se fue a lavar.
A’ hincarse de rodillas
se le fue el punto de atrás.
A 'desir creo en Dios padre
dijo: -Creo en la ensalá.
A' pasar por los altares:
-Calderas que remendar,
como si los santos fueran
a hacer una colá.
Al otro día siguiente
no tenían pa comer:
-Picaremo una ensalada
menudita y poco pan.

(Durante el canto, se repiten los versos según este modelo: "Un calderero me ronda, un calderero me ronda, / las tapias de mi corral, ay, mamá, / un calderero me ronda / las tapias de mi corral, / que le den a usté, que le van a dar, / las tapias de mi corral").

LA ADULTERA DEL CEBOLLERO (é.o)

Por las calles de Sevilla
se pasea un cebollinero,
vendiendo sus cebollines
para ganarse el dinero.
Llega a casa de una casada,
casada de poco tiempo:
-Casada, dame posada,
por Dios o por el dinero.
-Mi marido no está en casa,
y yo posada no tengo.
Que quiso o que no quiso,
el cebollinero dentro.
Y a esto de los nueve meses
ha tenido un cebollero.

(Durante el canto, se repiten los versos según este modelo: "Por las calles de Sevilla, por las calles de Sevilla, / se pasea un cebollinero, á-á-á-á-ay, se pasea un cebollinero).

DON GATO (á.o)

Estando un señor don Gato
sentadito en su tejado,
ha recibido noticias
que si quiere ser casado
con una gatita blanca
hija de un gato romano.
A la alegría que le ha entrado
se ha caído del tejado.
Se ha roto siete costillas
el espinazo y el rabo.
Ya lo llevan a enterrar
por las calles del pescado.
Al olor de la sardina
el gato ha resucitado.
Por eso decimos todos:
Siete vidas tiene un gato.

(Durante el canto, se repiten los versos según este modelo: "Estando un señor don Gato olepum / sentadito en su tejado olepum catapum catapum”)

LA MUJER DEL TAHONERO Y EL CURA (é)

-Siéntate, marido mio,
siéntate y te contaré:
ha pasado el padre cura,
me quiere pisar el pie.
-Déjalo que te lo pise
si te da bien de comer.
A la noche pa' cenar
unos buñuelos con miel.
Estándoselos cenando
en la puerta llaman: -¿Quién?
-Padre cura, mi marido,
¿dónde lo meto yo a usted?
-Méteme en ese costal
y arrímame a la pared.
Y a la entrada del marido
es lo primero que ve:
-¿Qué hay en ese costal
que está sobre la pared?
-Es un poquito de trigo
que ha caído que moler.
-Alumbra con el candil,
que el trigo lo quiero ver.
Al desatar el costal
es lo primero que ve
la coronilla del cura
más blanca que la pared.
-Buenas noches tenga, padre.
-Muy buenas las tenga usté.
-La mula se ha puesto mala,
y usté tiene que moler. a
Le engancharon a las doce,
lo soltaron a las tres.
Cuando lo desengacharon
no se le veían los pies.
Al otro día siguiente
a misa va la Isabel.
-Buenos días, padre cura.
-Muy buenos los tenga usté.
-Mi marido es muy gustoso
que a mi casa vaya usté.
-Anda, vete a los infiernos
tú y tu marido también,
que si cien años viviera,
no me engaña otra mujer.

(Durante el canto, se repite cada verso).

¿DONDE VAS, ALFONSO XII? (í)

-¿Dónde vas, Alfonso XII,
dónde vas, triste de tí?
-Voy en busca de Mercedes
que hace tiempo yo la vi.
-Pues Mercedes ya se ha muerto,
el entierro yo lo vi.
Las señales que llevaba
yo te las puedo decir.