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LA FIESTA DE LOS SANTOS MARTIRES EN LA ALTA EXTREMADURA

DOMINGUEZ MORENO, José María

Publicado en el año 1996 en la Revista de Folklore número 181.

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Desde antaño los pueblos cacereños han encontrado en sus fiestas tradicionales todo un símbolo de rivalidad. San Sebastián no podía faltar a ello, dándose la circunstancia de ser su oponente máximo nada menos que el cercano San Antón. El dicho, en el que se hace intervenir a un sacristán terciador, es elocuente:

De entre los santos de enero, San Sebastián el primero.

Detente varón, que primero es San Antón.

Haciendo caso a las leyes, los primeros son los Reyes.

Un análisis en profundidad de los rituales que rodean a la fiesta de San Sebastián nos descubre unas raíces eminentemente pastoriles en estrecha relación con celebraciones del mundo clásico. A simple vista observamos unos claros paralelismos entre las lupercalia romanas y los festejos cacereños del jarrramplás, el taraballo y las carantoñas, donde se patentiza el sentido purificador y fertilizador de personas y animales, dentro de un contexto de expulsión, por lo que significan de encarnación de fuerzas maléficas que impiden el renacer de la primavera. Y, puesto que es clara la relación de San Sebastián con el mundo ganadero, nada tiene de extraño que el antagónico pueblo agricultor haya recreado la chanza, muy repetida por toda la provincia, que asimila al mártir romano con la madera de algún árbol frutal:

¡Quién te conoció ciruelo!
¡Hermoso San Sebastián!
Del pesebre de mi burro
eres hermano carnal.
En mi huerto te criaste,
fruto no cogí de tí.
Los milagros que tú hagas
que me los claven a mí.

Era el jarramplás en opinión de los habitantes de PIORNAL un pecador regenerado por la doctrina cristiana. Cada año un piornalego, por voto o promesa, ha de encarnar su papel. Viste pantalón y camisa blancos, con ribetes oscuros, de los que penden cintas de colores. Se cubre con una máscara de "ojos de lechuza" terminada en cono, que sostiene una cornamenta cerrada hacia la parte superior y una melena de crines de caballo que nace del vértice. Porta tambor y cachiporra. El día 19, mañana y tarde, acompañado del mayordomo recorre el pueblo en demanda de limosnas. A las doce de la noche el jarramplás y su mujer oran a la puerta de la iglesia, uniéndosele en el rezo una gran multitud que seguidamente va a cantar "La Albora" bajo una orquestación de tamboril, botellas de anís y calderos:

A la puerta de la iglesia
vamos ahora
a rezar una Salve
a Nuestra Señora.
San Sebastián valeroso,
hoy es tu día;
todos lo festejamos
con alegría.
En los montes de Italia
hay un soldado;
y Sebastián se llama
nuestro abogado.
Mientras San Sebastián
la muerte abraza,
el pueblo a los demonios
mata a pedradas.

Horas más tarde, sobre las cinco de la mañana, los rondadores acuden a comer las reparadoras migas a casa del mayordomo, presidiendo el ágape el jarramplás y su mujer:

La mujer del jarramplás
está dormida;
si no se levanta,
no come migas.
A la puerta de la iglesia
venden zapatos,
para el santo bendito,
que está descalzo.

El día 20 sorprende a los mozos de PIORNAL cantando rondeñas a las puertas y a las ventanas de sus novias. Cuando a media mañana comienza la procesión de San Sebastián, el jarramplás, desprovisto de máscara, camina sin dar la espalda a la imagen, siempre delante de un coro de mozuelas, las mismas que antaño ejecutaban la enigmática danza del jarramplás. A la puerta del templo se detiene el desfile procesional para proceder a la puja de los banzos. Siguen la misa y el canto de "La Rosca", al que el tamboril del jarramplás le marca el ritmo. Interpreta el coro femenino las cortas estrofas, cuyos últimos versos son repetidos por un mozalbete:

Todos nos presentamos,
con humildad,
a cantar esta rosca
a San Sebastián.
A los veinte de enero,
cuando más hiela,
sale un capitán fuerte
a poner bandera.
Diocleciano al principio
su amigo era;
luego manda que a un tronco
atado muera.
San Sebastián se presenta
para el martirio,
quedando siempre fuerte,
firme y tranquilo.
Los verdugos le ataron
atrás las manos,
por el solo delito
de ser cristiano.
Le amarraron a un tronco
y allí le dieron
la muerte con saetas,
verdugos fieros.
Ha florecido el árbol
donde te amarran;
florece con el fruto
de tus espaldas.
Todo su cuerpo tiene
hecho una llaga,
y una mujer piadosa,
llamada Irene,
le ha metido en su casa
y allí le tiene.
San Sebastián y su hermano
forman guerrilla,
con la espada en la mano
de maravilla.
A veinte de enero
florece un lirio,
por eso pasa el santo
tantos martirios.
A todos los que cantan
aquí esta rosca,
y al jarramplás que toca,
dales la gloria.
También al mayordomo
y a todo el pueblo,
dale salud y gracia,
y luego el cielo.
Al mozo que repite,
¿qué le daremos?
Que este santo bendito
le suba al cielo.
¡A la guerra, a la guerra,
y al arma, al arma!
Sebastián valeroso
venció en batallas.
Salga usted, jarramplás,
no tenga miedo;
que cuando usted salga
todos corremos.

Cuando termina este canto que sucintamente narra la historia de San Sebastián, el jarramplás, que ha permanecido en el interior del templo con la cara descubierta, sale al exterior embozado de bucráneo, siendo recibido por una lluvia de nabos, de patatas y, si es posible, de bolas de nieve, que encaja estoicamente. El apedreamiento le persigue en su deambular por las calles, un apedreamiento que, al decir de algunos eruditos, rememora el castigo que los piornalegos dieron a un legendario ladrón que robaba las vacas del pueblo.

Vuelve a entonarse "La Rosca” por la tarde y vuelve la descarga de proyectiles sobre el magullado jarramplás.

Hay rosario y ofertorio en favor del mártir romano. Posteriormente, quien lo desee, puede bailar al santo. Para ello cogerá una pequeña imagen de San Sebastián por encima de la cabeza y tratará de imitar las piruetas que en esos momentos haga el jarramplás colocado a su vera.

También el día 20, valle arriba del Jerte, NAVACONCEJO celebra su peculiar San Sebastián, fiesta en la que destaca la figura del taraballo. Se trata de una botarga a la que muchos suponen la encarnación del mismo diablo. Viste el personaje un mono completamente blanco, con grandes botones negros en la parte delantera, y se cubre con una caperuza roma o con una simple careta carnavalesca. A las espaldas lleva colgado un monigote en rojo y a la altura de los glúteos se le ha fijado la palabra BESA. En una mano sostiene unas enormes castañuelas y con la otra maneja un ventril o cincha de cuero. Quince días antes de la fiesta el taraballo hace acto de presencia en las calles, anunciándose a base de salvas y cohetes. Los tiros y los petardazos se intensifican la noche del 19 y en la madrugada de San Sebastián, cuando las rondas lanzan al aire sus notas. Es en este amanecer cuando el convite del mayordomo a dulces, migas y aguardiente prepara las gargantas para la alborada.

El taraballo asiste a la misa y a la procesión. En aquélla hace la colecta y en ésta, sin dar la espalda a la imagen, va danzando al ritmo que toca el tamborilero.

Durante el desfile procesional numerosas voces femeninas cantan un "ramo", cuyas estrofas apenas difieren de las de "La Rosca" piornalega, que termina con los correspondientes agradecimientos:

¡Vivan los mayordomos,
canten victoria!,
que el que sirve a los santos
sube a la gloria.
¡Viva el ayuntamiento,
viva el alcalde,
y viva todo el pueblo,
que viene a honrarle!

Terminados los actos religiosos esta sencilla botarga de NAVACONCEJO es hostigada y atacada por los niños y por las mujeres, de los que trata de defenderse y a los que procura alejar con golpes del ventril y de las castañuelas. Hasta hace algunos años el taraballo, cargo que se ejercía por promesa a San Sebastián, recibía sobre su cuerpo constantes descargas de nabos, naranjas y castañas cocidas.

El día 19 ACEHUCHE huele a pólvora y romero. Este ha sido traído en grandes cantidades por el mayordomo y sus familiares para cubrir el suelo que pisará la procesión y el itinerario que va de su casa a la iglesia. Al caer la tarde los acehucheños se dirigen a las afueras del pueblo a esperar al tamborilero, contratado para la ocasión, que es recibido con estruendo de petardos y cohetes. En la madrugada del 20 corre por su cuenta la albora y a su cargo queda el despertar a los verdaderos protagonistas de la fiesta de San Blas: las carantoñas. Suelen ser éstas ocho hombres que se disfrazan y se prestan a la dramatización como consecuencia de una manda o promesa hecha al mártir romano. Valga aquí la descripción que de su aspecto nos trae Moisés Marcos de Sande:

Consiste en vestirse de pieles de toro, ovejas o cabra, rodeándose el cuerpo (las carantoñas) desde el cuello hasta los pies. Se cubren de las mismas pieles la cabeza con un gorro provisto de orificios para los ojos, una cincha liada a la cintura, y armada la diestra con un palo de acebuche provisto de grandes y numerosos pitones y de un metro de longitud, al que llaman cuchillo. De esta guisa, y desde la madrugada del día de San Sebastián, recorren el pueblo asustando a las mujeres y niños con el grito salvaje de “¡glu!", hasta que llega la ceremonia religiosa.

A la salida de la imagen de la iglesia los tiraores, jóvenes provistos de escopetas, disparan salvas en honor de San Sebastián, salvas que se repiten en todas las bocacalles. Durante la procesión las carantoñas caminan delante del santo. A cada trecho, de dos en dos, se vuelven hacia la imagen, la saludan con una inclinación de cabeza, le amenazan con el cuchillo y le dirigen el gutural sonido de "glu", "gu" "gugú”. Escoltan a San Sebastián en el recorrido un grupo de mozuelas vestidas "de bayeta", el traje típico de la localidad. Son las regaoras, nombre que reciben de su continuo lanzamiento de confetis hacia las andas. Estas y otras mujeres cantan unas bellas coplas en honor del santo patrón.

Llegada la procesión hasta la casa del mayordomo colocan sobre un altarcillo la imagen de San Sebastián y un familiar de aquél procede a echar la loa, una composición rimada en la que se narra la vida del mártir y se da cuenta de los favores que por su intercesión han conseguido los que le sirven ese año. Los versos terminan con un ¡Viva San Sebastián!. Décadas atrás, llegado este momento, los tiraores disparaban sus escopetas para "asustar" a las carantoñas, que se revolcaban por el suelo. Desapareció igualmente de la fiesta la presencia del galán y la madama, que durante la procesión simulaban juegos eróticos, así como la de la carantoñina, a la que las carantoñas alimentaban con papas, gachas o poleas, unos dulces de la tierra elaborados con harina, miel y leche.

Tienen vedada las carantoñas la entrada al templo, donde seguidamente va a celebrarse la misa y a cantarse el himno de San Sebastián, de un alto contenido cultista:

En la historia de Acehuche
eres guía inmemorial,
eres luz, y eres herencia
de los más puros valores,
anidados por los años
en el alma de este pueblo
que te invoca sin cesar.
No nos dejes de la mano,
no nos dejes,
Sebastián.
Sebastián,
en el alma de Acehuche
siempre vives, siempre estás.
Tú presencias sus dolores
y conoces sus angustias.
No desoigas las plegarias
en el amor de este pueblo
que te canta sin cesar.
No nos dejes de la mano,
no nos dejes, Sebastián.

A la conclusión de los actos religiosos las regaoras y las carantoñas bailan por los aledaños de la iglesia hasta que asoma la vaca-tora, dispersando a las mozas y a las máscaras. La vaca-tora la conforma otra carantoña que sostiene dos varas de cerner con astas de toro en la parte delantera y se cubre con una manta. Llama la atención su descomunal cencerro.

Para los acehucheños la vaca-tora, con parentesco con otras vaquillas carnavaleras, encarna el animal que puso en fuga a las fieras, representadas en las carantoñas, que al decir de la hagiografía se acercaron al mártir San Sebastián asaetado y abandonado en el bosque.

Un convite en casa del mayordomo a base de dulces y vino pone el punto y seguido a estas celebraciones, ya que el día 21 vuelve la fiesta a Acehuche con San Sebastián "chico". Nada varía respecto de la jornada anterior, excepto que es otro el mayordomo que, en agradecimiento por los favores recibidos, tiene a bien "servir al santo".

San Sebastián y su compañero iconográfico San Fabián, popularmente conocidos como los Santos Mártires, son objeto de especial devoción en PORTEZUELO, el pueblo que revive su historia a las sombras del castillo de Marmionda. Al oscurecer del 19 los vecinos en masa acuden a la iglesia parroquial para asistir a la Velá. A la puerta del templo se enciende una impresionante hoguera que los jóvenes saltan y a cuyo alrededor se danza al son de la gaita y del tamboril. Luego en el interior se cantan las coplas que narran la vida y el martirio de San Sebastián. Son éstas las tonadas de "Unos cantan lo que saben" y "Los pajarillos de San Sebastián", en las que se mezclan las partituras con recitados de largos romances hagiográficos:

Pajaritos de San Sebastián

Hoy se celebran las memorias
del glorioso San Fabián,
y del mártir Sebastián
se celebran sus victorias.

A los versos hagiográficos se unen otros populares alusivos a la fiesta o a los favores que los mayordomos recibieron por intercesión de los santos. Estas últimas letras, algunas recordando votos de antiguas mayordomías, se cantan igualmente en los corros, rondas y procesión del día de la fiesta, a ritmos diversos:

Tiende, Sebastián amado
tu vista a los pecadores.
Y mitiga tus dolores,
pues de Dios sois primados.
San Sebastián y Fabián,
vecinos de Portezuelo,
os venimos a ofrecer
unas rosquillas de huevo.
El mayordomo de hogaño
os sirve de voluntá,
que sacasteis a su hija
de una grave enfermedá.
Entre el ama y la criada
os han puesto mu galanos;
el ama os dio la corona,
y la criada, los ramos.
El mayordomo de hogaño
os va a dar muchas perras,
porque a Pedro, su hijo amado,
lo salvasteis de la guerra.
La señora mayordoma
os ha regalao un frontal
y su hija la María
os lo viene a colocar.
Los mozos de Portezuelo,
como os tienen devoción,
el día veinte de enero
os sacan de procesión.

Una alborá a cargo del tamborilero despierta al vecindario en la mañana del 20. Seguidamente dos hombres se le unen para, entre silbo y redoblante, ir de casa en casa salmodiando "limosna para los Santos Mártires". Luego hay misa y procesión. Esta dura varias horas, ya que exige la tradición que las imágenes de los santos sean introducidas en todas las viviendas. Las repetitivas entradas y salidas se ritualizan mediante salvas de escopetas, estallidos de cohetes y vítores a los dos mártires. De las andas y de las astas de las flechas de San Sebastián cuelgan los devotos ofrendas (chorizo, lomos, roscas...), que serán vendidas más tarde. También se les atan cintas de colores, de las que cortarán trozos los mozos que van a la mili. De regreso a la plaza un niño declama una "loa" en la que se pone de manifiesto la gracia recibida por el mayordomo. Tras pujarse "las piernas" de las andas, los Santos Mártires son metidos en la iglesia por los mejores postores, al tiempo que se dejan escuchar unos últimos cantos de despedida:

Recorridos los hogares
y de nuevo en vuestra casa,
derramad sobre este pueblo
muchas bendiciones santas.

Siguiendo por los aledaños del Tajo HINOJAL nos trae el recuerdo del "Ramo ", que aún se canta en la procesión de San Sebastián, el 20 de enero. Durante el recorrido los mozos que portan las andas se detienen ocho veces, momentos en los que suenan las salvas de los cazadores y se escucha la parte correspondiente de las treinta y tres estrofas en honor del militar romano. Se comienza, como es normal en estos casos, con el permiso y la salutación:

Con licencia del señor cura,
también de la autoridad,
las virtudes de este santo,
os venimos a explicar.
Gozosos en tu presencia,
corazón enamorado,
déjanos cantar un himno
al que fue tu fiel soldado.
Mozos que lleváis al santo,
llevadlo con devoción,
hincad la rodilla en tierra
y alzad los ojos a Dios.

Seguidamente se da un repaso versificado a la hagiografía de San Sebastián, para concluir pidiendo la protección en esta vida y su compañía en el más allá:

A vos, Santo, que gozáis
de la gloria celestial,
dadle a nuestro pueblo
salud y prosperidad.
Este favor le pedimos
al glorioso Sebastián,
que nos dé mucha salud
para volverle a cantar.
De que nosotros lleguemos
a la mansión eternal,
juntos un himno cantemos
en el coro angelical.
Y nosotros os pedimos,
a vuestras plantas postrados,
que, en saliendo de esta vida,
nos llevéis a vuestro lado.

Un capado, horca clavada en el suelo de la que cuelgan capachos impregnados de aceite, arde en la víspera de San Sebastián en CASAS DE MILLAN, que el día 21 festeja a San Sebastianino. Cuando la procesión llega a la ermita se subastan los banzos para introducir al santo y colocarlo en su altar. Para la tarde quedan las exhibiciones de bailes regionales.

Al otro lado del río TORREJON EL RUBIO celebra al mártir romano. Y más allá, ya en tierra de Los Ibores, San Sebastián tiene su día en HIGUERA DE ALBALAT, DELEITOSA, CAMPILLO DE DELEITOSA y CABAÑAS DEL CASTILLO. Por el área más meridional se le recuerda en TORREQUEMADA, donde las jovencitas desempolvan los trajes típicos y los mayordomos ofrecen al santo magdalenas para ser subastadas, en BOTIJA y en ARROYOMOLINOS DE MONTANCHEZ. Aquí su fiesta alcanza la categoría de patronal. En ella se pujan los clásicos platos de piñonate y, aunque últimamente el disanto se ha trasladado al domingo siguiente, se escuchan las canciones que conmemoran la efeméride:

San Sebastián bendito,
carambanero,
se celebra su fiesta
veinte de enero.

CACERES tuvo una singular romería en honor de los Santos Mártires el mismo día 20. Actualmente trata de recuperar el viejo esplendor con su traslado al último domingo de enero. Mayor realce reviste San Sebastián en otra población de la Penillanura, ARROYO DE LA LUZ, donde ejerce un particular patronazgo sobre los olleros, que por lo general han tenido su residencia en el barrio en que se alza la ermita, el Arrabal. Tras la misa se suceden las ofrendas de los devotos y las bailables jotas en su honor:

San Sebastián valeroso,
vecino del Arrabal,
que oyes hacer pucheros
a porrazos y patas.
Porque no te he querido
dice tu madre:
la madeja sín
ya está en el baile.
Ya está en el baile, niña,
ya está en el baile.
Porque no te he querido
dice tu madre.
San Sebastián valeroso,
vecino de la laguna.
que oyes cantar las ranas
entre las doce y la una.
Al Arroyo del Puerco
te vas a casar;
pucheros y barriles
no te faltarán.
No te faltarán, no te faltarán.
A Arroyo del Puerco
te vas a casar.
San Sebastián valeroso,
no te puedo cantar más;
tengo la media en la cesta
y la tengo que acabar.
San Sebastián valeroso,
para entrar en vuestra ermita
licencia le pido al pueblo,
a la señora justicia
y al señor cura primero.
San Sebastián valeroso,
mocito de quince años,
amarrado a un duro tronco
fuiste asaetado;
amarrado a un duro tronco,
os tiraron las saetas;
las sufristes, santo mío,
con humildad y paciencia.
Siendo carreterito nuevo
te dejastes de dormir,
sabiendo que las mocitas
no sabían el carril.
Carretín carretando,
los carreteros,
carretín carretando,
ganan dinero.
Carretín carretando,
los carreteros.

Siguiendo hacia el norte. San Sebastián tiene, el día 20, en CACHORRILLA una singular procesión, durante la cual los hombres izan o echan la bandera ante la imagen. En la tarde del 19 es TORREJONCILLO el que enciende frente a la ermita de San Sebastián, en el barrio de su nombre, una hoguera en la que arderán hasta el día siguiente toneladas de leña de encina traídas desde las dehesas cercanas. Es la velá. No le faltan a San Sebastián la misa, la procesión, las ofrendas de la mayordoma y de los devotos y el "Canto de las promesas":

Al entrar en vuestra ermita
decimos "Ave María",
y responden los devotos:
"Sin pecado concebida".
La rosquilla que traemos
es de trigo castellano;
recíbela, santo mío,
de las manos de un soldado.
Al entrar en vuestra ermita
digamos en alta voz.:
"¡Qué viva San Sebastián
y triunfe la religión!"
San Sebastián valeroso,
vecino de la Cruz Mocha,
te venimos a traer
una rosquilla de corcha.
La mujer de Marcelino,
muy triste y atribulada,
una rosquilla mandó
si la pierna le sanaba.

En CORIA, la tarde anterior a la fiesta, el mayordomo pide por las calles para el santo. A su lado, sujeta con el correspondiente ramal, marcha una chiva totalmente engalanada, que será objeto de una rifa. Porta igualmente una bandera que, al ritmo de la música de la gaita y del tamboril, puede ondear quien lo desee a cambio de la limosna de rigor. Cuando asoman las primeras sombras de la noche se enciende una hoguera en el Rollo. El día 20 nos trae una procesión en la que se reparten dulces a los niños y, ya por la tarde, el baile del "Ramo". A poco más de una legua, CALZADILLA también honra a San Sebastián.

Por la Sierra de Gata la fiesta de San Sebastián o de San Fabián y San Sebastián, los Santos Mártires, ha ido a menos. De los muchos pueblos que antaño acogían estas populares celebraciones hoy se reducen a SANTIBAÑEZ EL ALTO, ACEBO y HERNÁN PÉREZ. En las Tierras de Granadilla y en la comarca del Ambroz el santo obispo Fabián y el santo soldado Sebastián no han tenido mejor fortuna. El caso de AHIGAL es elocuente. Si se ofrece mayordomo para "vestir" a los Santos Mártires se tendrán folia a cargo del tamborilero, misa solemne, procesión, cohetes y convite. Por el contrario, en ACEITUNA es fiesta patronal, llevándose a cabo durante la procesión el izado de una pequeña bandera a los sones de la flauta y del tamboril. También a San Sebastián se le rinde pleitesía en CASAS DEL MONTE, donde es titular de la parroquia, GRANJA DE GRANADILLA, VILLAR DE PLASENCIA y SEGURA DE TORO. Un paso más allá, en el jerteño pueblo de EL TORNO, San Sebastián es disculpa para que los quintos celebren su fiesta, no faltando a la procesión, en la que pasean a la imagen en uniforme militar. A los uniformados mozos les corresponde igualmente el derecho a portar el ramo de pino confeccionado en honor del santo. En tal fecha efectúan un petitorio en compañía del tamborilero y con lo obtenido preparan la chirrinfolla: chanfaina o revuelto de menudillos con verduras, patatas y huevos cocidos. Dentro de la misma comarca BARRADO aprovecha la efeméride para hacer su romería a San Sebastián.

La Vera nos brinda el punto final a estas fiestas. Del 20 al 22 VIANDAR celebra sus Sansebastianes. TEJEDA DE TIETAR, que conserva una cofradía de San Sebastián del siglo XVIII, le honra en la víspera con el pasacalle del tamborilero y en el día gordo, el 20, con misa, procesión, canto de coplas hagiográficas y de súplicas protectoras para el pueblo, puja de las andas y convite de los mayordomos. En VILLANUEVA DE LA VERA San Sebastián comparte ermita con San Antón. En su honor se lleva a cabo la procesión de la pajarita, a la que asisten los niños portando ramas de olivo adornadas de buñuelos, roscas y otros dulces, con los que se consiguen artísticas formas.

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NOTA Las partituras insertadas a lo largo del trabajo corresponden a GARCÍA MATOS ("Pajaritos de San Sebastián") y a A. CAPDEVIELLE ("Tiende, Sebastián amado" y "San Sebastián valeroso").

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