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A propósito de la palabra "Lirón" en una canción popular de un pueblo del Valle de Plasencia (Cáceres)

LAHORASCALA, Pedro

Publicado en el año 1996 en la Revista de Folklore número 181.

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Aunque geográfica y en otro tiempo comarcalmente, Barrado pertenece a los pueblos de la Vera desde hace algún tiempo está adscrito a la comarca del Valle de Plasencia, de cuya economía forma parte y de cuyos planes socioeconómicos y políticos participa.

El Valle de Plasencia (también Valle del Jerte o "el Jerte”, simplemente, por haber sido formado orográficamente por dicho río, que en griego significa “gozo” o "gozoso”), se sitúa o corre al noreste de dicha localidad cacereña, provincia y capital de algunas importantes comarcas como ésta del Jerte, la Vera, el Campo de Arañuelo, el valle de Ambroz y la zona de contacto con Coria próxima, cabecera, a su vez, del Obispado de la provincia Coria-Cáceres.

A Barrado llegamos mi compañero musicólogo, Ángel Tirado García y yo, a recoger canciones durante la preparación del Cancionero Popular comentado de la Vera y el Valle del Jerte, de próxima aparición. (La Vera y el Jerte se comunican, precisamente por Barrado y su lindero Arroyomolinos de la Vera, que forman una a modo de bisagra que abre y comunica ambas comarcas sobre la cumbre de la sierra de San Bartolomé, que se sigue de la de Tormantos, desprendida del macizo de Gredos desde el puerto de Tornavacas).

Entre el considerable número de canciones que creemos inéditas, nos cantaron ésta:

Ha salido un lirón
con su corredor
que a los pies le llega,
en busca de un lechón
que se le perdió
en la montanera (bis).

Si algún día, melosita,
me lavabas el pañuelo,
y luego me lo tendías
en la mata de tu pelo.

Que la zarzamora,
que en el campo se regaba sola.
Sola se regaba,
cuando llovía y nevaba.

Como es corriente en estos pueblos por nosotros investigados (veratos y jerteños), las rondas se producen de forma espontánea y suelen pasar de una a otra a través de sus estribillos o cantando más de uno, volviendo del uno al otro; como en este caso, que son dos: la primera y la tercera estrofa, repitiéndolos, no así la copla (aquí, la segunda estrofa), que cada vez dice una letra diferente.

Me fijé en el primer estribillo (el segundo pertenece a un ciclo que con diversas variantes musicales y literarias se repite en muchos de estos pueblos) por su aparente falta de sentido: un lirón (mamífero roedor parecido al ratón) que sale en busca de un lechón (cría de cerdo) que se perdió en la montanera (1) (acción y efecto, así como lugar donde pastan los animales domésticos en libertad). Porque preguntados nuestros informantes, un grupo de hombres y mujeres entre 56 y 75 años, el lirón era eso, un ratoncillo de campo. El sinsentido no lo advertían, no paraban en ello, "se canta así". Sin embargo, no parece sino una corrupción que haya extraviado el sentido originario.

"Lirón" no podía ser lirón. O había una corrupción fonética o una derivación por afinidad. Decidí investigar la palabra "lirón". En primera consulta del Diccionario de la Lengua Española, en una tercera definición dice: Almez, árbol, también fruto del almez. Este árbol resulta ser de la familia de las ulmáceas, de fruto comestible, una drupa redonda, negra por fuera, amarilla por dentro y que en el Pirineo se le denomina "árbol madroño", según el Diccionario Etimológico Español e Hispanoamericano, de V. García de Diego (Espasa-Calpe, tercera edición, Madrid, 1989).

En este sentido de fruto comestible, puede entenderse en una canción recogida por la folklorista Angela Capdevielle (Cancionero de Cáceres y su Provincia, Diputación Provincial de Cáceres, 1969), en la localidad de Ahigal con el título "El lirón" cuyo estribillo dice: A mí me gusta el lirón, / que lirón, que lirón, cuya copla ya da una pista: Ya no tiene mi abuela / más que una muela, / para partir nueces / en Nochebuena. En lugar de nueces, "a mí me gusta el lirón", el fruto madroñero de drupa redonda, negra por fuera, amarilla por dentro del árbol del mismo nombre, más blando.

Por otra parte, también he visto en el romance El pastor desesperado, que Ramón Menéndez Pidal recoge en su Flor nueva de romances viejos (Espasa-Calpe, Madrid, 1955) su comienzo: Por aquel lirón arriba / lindo pastor va llorando..., con indudable sentido espacial; es decir, por aquél árbol (lirón o almez) arriba va, podría entenderse, arrojando luz a la interpretación que perseguimos.

Por todo ello no hay que pensar en el lirón como mamífero roedor parecido al ratón, que pasa todo el invierno oculto, sino en el lirón árbol umbelífero o madroñero, como referencia a quien sale "con su corredor (perro) que a los pies le llega". Ha salido por el lirón (orientación, por aquel árbol), o a un lirón, en donde busque comida de sus frutos, y otro, el lechón. O sea, más o menos así:

Ha salido a un lirón (árbol)
con su corredor (perro)
que a los pies le llega, (alcanza)
en busca de un lechón
que se le perdió
en la montanera.

Visto así, no parece sino que le faltara, al menos, una primera parte a este estribillo, que tratara del personaje que sale a la búsqueda, letra perfectamente olvidada, lo que pudo dar lugar a la corrupción que señalamos como oscurecimiento del sentido originario, convirtiendo aparentemente el lirón-árbol en lirón-animal, oscureciendo, a su vez, el sentido del corredor "que a los pies le llega", es decir, que va con él, al alcance de su paso. (Supuesto no fuera una corrupción de correón, correa. Pero no tentemos más).

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NOTA

(1) Montanera, pasto de bellota o hayuco que el ganado de cerda tiene en los montes o dehesas. También, el tiempo en que está pastando (Dic. de la Lengua Española). En tal estado, el animal come de lo que haya, bellota, castaña, madroño y otras drupas, como el lirón o almeza, así como tubérculos y raíces que obtiene hozando.